1. El prefacio

Colección de artículos relacionados con el asunto general y la filosofía del blog:

https://elreplicadorliberal.com/2015/12/30/filosofia-del-blog-una-sintesis-liberal/

https://elreplicadorliberal.com/2012/10/05/justificacion-del-titulo/

https://elreplicadorliberal.com/2012/09/13/la-reproduccion-y-la-libertad-motivos-vitales/

https://elreplicadorliberal.com/2014/08/13/mi-perfil-2/

Publicado en - Filosofía y metodología, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

2. La teoría del conocimiento

Colección de artículos relacionados con el asunto de la metodología:

https://elreplicadorliberal.com/2016/07/30/la-escuela-austriaca-de-economia-no-es-una-pseudociencia/

https://elreplicadorliberal.com/2015/06/01/el-fundamento-metodologico-de-la-deontologia-politica/

https://elreplicadorliberal.com/2016/10/27/dualismo-metodologico-fundamento-ontologico-y-corolario-politico-segunda-replica-a-francisco-capella/

https://elreplicadorliberal.com/2017/02/13/objetivismo-versus-subjetivismo-historia-de-un-enfrentamiento-falso/

https://elreplicadorliberal.com/2015/01/27/el-remanso-de-las-ciencias-naturales-y-el-calvario-de-las-ciencias-sociales/

https://elreplicadorliberal.com/2014/09/30/los-ismos-metodologicos/

https://elreplicadorliberal.com/2015/06/09/mi-historia-de-liberal/

https://elreplicadorliberal.com/2015/07/08/la-extension-del-trabajo-y-la-brevedad-de-la-vida-2/

https://elreplicadorliberal.com/2016/02/13/las-sinergias-del-conocimiento/

https://elreplicadorliberal.com/2016/02/25/las-bibliotecas-luces-y-sombras/

https://elreplicadorliberal.com/2020/01/26/un-paso-adelante-y-dos-atras-ascenso-y-hundimiento-de-la-humanidad/

Publicado en - Filosofía y metodología, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

3. Los principios universales

Colección de artículos relacionados con el asunto de la ontología:

https://elreplicadorliberal.com/2015/11/07/rallo-versus-capella-sobre-la-naturaleza-de-las-leyes-universales/

https://elreplicadorliberal.com/2017/07/17/la-libertad-individual-objetivo-y-metodologia-de-la-escuela-austriaca-de-economia-2/

https://elreplicadorliberal.com/2015/12/30/filosofia-del-blog-una-sintesis-liberal/

Publicado en - Filosofía y metodología, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

Las mujeres de Mircea Cartarescu

“Por qué nos gustan las mujeres. Porque tienen pechos redondos, con pezones que se yerguen por debajo de la blusa cuando tienen frío, porque tienen un trasero grande y rollizo, porque tienen caras de rasgos dulces como las de los niños, porque tienen labios decorosos y lenguas que no te repugnan. Porque no huelen a transpiración o a tabaco barato y no les suda el labio superior. Porque se dibujan y se pintan la cara con la atención concentrada de un artista inspirado. Porque tienen la obsesión de la delgadez de Giacometti. Porque descienden de las niñas. Porque se pintan las uñas de los pies. Porque son extraordinarias lectoras para las que se escribe tres cuartas partes de la poesía y de la prosa del mundo. Porque las enloquece Angie de los Rolling. Porque las enloquece Cohen. Porque sostienen una guerra total e inexplicable contra las cucarachas. Porque incluso la más dura business woman lleva bragas de florecillas y encajes enternecedores. Porque te dicen te quiero justo cuando menos te quieren, como una especie de compensación. Porque no se masturban”. (Mircea Cartarescu, 1 de Junio de 1956)

025

¿Cómo describir a la mujer que me gusta? Es imposible. Solo se puede pensar. Tiene los ojos vivísimos: las pupilas le titilan como dos luceros lejanos. Es espontánea. Se emociona como una niña recién enamorada, recién nacida. A veces es un poco caprichosa. Muy cariñosa. La mujer que me gusta tiene una pasión que se desborda con solo tocarla, una pasión que se percibe de inmediato, con cada gesto de su cara. Camina dando pequeños saltitos. Es ocurrente, pero a veces no se le ocurre nada, y se queda atribulada, traspasada por la vergüenza; que graciosa está. A veces es miedosa, y solicita mi ayuda. Otras veces expresa una decisión ingenua, pero siempre acaba teniendo razón, aunque se equivoque. La mujer que me gusta tiene las piernas rectas, los pechos firmes y desafiantes, y la boca carnosa. Pero sobre todo, lo que verdaderamente la define, lo que la hace tan hermosa, es que jamás se confunde, aunque se confunda; nunca puedo llevarle la contraria. Me gusta ver como se sale con la suya, porque cuando está contenta mueve la naricilla como un conejillo de indias, y por un momento parece que estuviera oliendo mí presencia. La mujer que me gusta ya no está conmigo; no está destinada a quedarse quieta en un lugar concreto. Me gustan las mujeres ágiles, etéreas, emotivas, bulliciosas, despiertas, vivísimas, graciosas, que tienen un carácter intenso y verdadero, una condición que no se puede domeñar ni retener demasiado tiempo. Es el precio que tengo que pagar si quiero deleitarme un instante con su presencia, disfrutando de esa hermosura evanescente y gaseosa, que se diluye poco a poco entre los dedos. Algunos darían la vida por estar con una chica sensata y tranquila. Yo doy la mía a cambio de pasar unos días con esas mujeres que me gustan, a sabiendas de que el precio que tendré que pagar es el de una soledad larguísima. En verdad merece la pena. Aunque después me quede tristísimo, llorándolas.

El feminismo contemporáneo reivindica una mujer andrógina, cada vez más parecida al hombre. Pero la verdadera libertad del individuo, y también la de las mujeres, debe caminar en sentido contrario. Las personas seremos más libres en tanto en cuanto seamos más diferentes e independientes. La mujer debe ir y venir, mostrarse tal y como la naturaleza la creó, enseñar su belleza, desplegar sus estrategias, andar de forma diferente, y, llegado el caso, irse para no volver…

Publicado en AFORISMOS, MIS AFORISMOS | Deja un comentario

El anarcocapitalismo pragmático: por qué Rallo y Capella tampoco tienen razón

1. Introducción

El baluarte intelectual más importante de la Escuela Austriaca de Economía se proyecta hacia el exterior a través de un muro fortificado que tiene en la oposición al socialismo la única justificación lógica que da sentido y coherencia a todos sus argumentos. La teoría de la imposibilidad del socialismo, así como los principios y conocimientos acerca de los órdenes sociales extensos y espontáneos, han acabildado los esfuerzos que diversos grupos de teóricos del liberalismo vienen realizando desde principios del siglo XIX. En este sentido, el colofón a todas esas ideas lo puso el premio Nobel de economía, Friedrich Hayek, el cual destacaba en su libro La contrarevolución de la ciencia lo siguiente: “El modo en que las acciones independientes de los individuos producen un orden que no forman parte de sus intenciones solo puede mostrarse en los casos más simples y sin recurrir a cuestiones técnicas; y en estas circunstancias la explicación es con frecuencia tan obvia que nunca nos paramos a examinar el tipo de argumento que nos lleva a ella. El modo en que se forman los senderos de un terreno agreste es un buen ejemplo. En primera instancia, todo el mundo buscará por si mismo lo que, a primera vista, parece la mejor ruta. Pero el hecho de que esa ruta ya haya sido utilizada una vez hace que sea más fácil de transitar, y de este modo, gradualmente irán apareciendo caminos más definidos que serán transitados en detrimento de otras posibles rutas. Los movimientos de la gente a lo largo de esa región se irán ajustando a una pauta concreta, aunque el resultado de las decisiones deliberadas de mucha gente no haya sido conscientemente buscado por nadie”

Estas reflexiones de Hayek solo pueden conducirnos a una conclusión. Existe una suerte de ordenamiento social distinta de aquella a la que aspiran los socialistas y los comunistas, que surge de forma automática y natural, que se desarrolla en el transcurso de varias generaciones, que por eso se hace invisible al ojo humano, pero que se demuestra más eficaz cuanto más complejos son los problemas sociales que los hombres estamos obligados a resolver. Es más, hay fenómenos naturales que no podemos precisar con el grado de acierto que nos gustaría. Básicamente, ello se debe al elevadísimo nivel de interacciones e interdependencias que se generan en el interior de tales sistemas. Y dado que la sociedad es el ejemplo más palmario de todos ellos, el sistema más complejo que existe en la naturaleza, con mayor número de partes independientes y redes de interacción, el afán por dirigir y gobernar de manera centralizada ese dédalo insalvable (anhelo que caracteriza sobre todo a los líderes y profetas del socialismo y el intervencionismo) se da de bruces contra una suerte de imposibilidad ontológica, la incapacidad de conocer la información que está presente en dichos sistemas y que se encuentra distribuida en cada uno de los individuos que actúan en esas sociedades, hecho que deriva en el fracaso ideológico que acontece con todas estas formas de intervención política.

Ahora bien, cabe resaltar que no todo en la teoría austriaca consiste en constatar la inhabilitación que aqueja al hombre a la hora de conocer y concebir la realidad social. La teoría austriaca deviene también en un desarrollo paralelo que ofrece una alternativa a esa incapacidad inherente del hombre. Es más, lo que la teoría viene a reivindicar es la capacidad que cada persona tiene para actuar de manera acertada dentro de su pequeño reducto de seguridad. La organización se fraguaría gracias a la información que cada uno de nosotros portamos como individuos, la cual manejamos de manera más fiable, y ponemos a disposición de los demás cada vez que realizamos alguna transacción comercial. El individualismo metodológico, la única defensa razonable de la libertad que cabe realizar (la única legítima), parte de un planteamiento que consiste en considerar a la persona como el único y exclusivo foco de información útil, en aras a conseguir los fines que cada cual persigue de manera voluntaria, que serán los que a la larga promuevan el bienestar de la sociedad como conjunto.

En el nivel epistemológico o metodológico, la teoría de la imposibilidad del socialismo se convierte en una suerte de dualismo. No podemos analizar la sociedad como lo haría un científico al uso, consagrado a la tarea de manipular las muestras que tiene delante de sus narices y que ha preparado él mismo para invocar alguna función concreta. La sociedad es un sistema altamente complejo, que no se deja analizar de dicha manera. En consecuencia, debemos actuar de forma inversa, partiendo de un principio simple, necesario, cuya constatación proviene del hecho de comprender que no hay ninguna alternativa posible. Muchos son los que conocen la tesis de Hayek en torno a los órdenes espontáneos y la imposibilidad del socialismo. Pero muy pocos los que se dejan persuadir por la lógica de ese juicio hayekiano, hasta desembocar en el concepto de axioma y su disciplina correspondiente, la metafísica (el propio Hayek rechazaba la metafísica). Todos critican los excesos del cientismo y los abusos que comete su hermano mayor: el intervencionismo político. Casi todos comprenden las circunstancias que ha traído esa rémora moderna, al ensoberbecer al investigador y elevarlo a las alturas del mesianismo, y al hacerle creer que debía aplicar los mismos aperos que propiciaron el éxito arrollador de la ciencia experimental también al estudio de la sociedad y la política. Como dice Hayek en La contrarevolución de la ciencia: “La gran desgracia de nuestra generación es que la dirección que el sorprendente progreso de las ciencias naturales ha dado a sus intereses, de nada nos sirve para comprender el más amplio proceso del que, en cuanto individuos, simplemente formamos parte, o para apreciar cómo contribuimos constantemente a un esfuerzo común sin que lo dirijamos nosotros mismos o lo sometamos a las órdenes de otros” A esto solo habría que añadir que el éxito de la ciencia, además de demostrarse inútil a la hora de realizar algunas valoraciones sociales, resulta en una suerte de ensoberbecimiento que, cuando es infundado, puede producir un efecto en las personas tremendamente dañino. Este peligro también es un motivo continuo de preocupación en Hayek y en todos sus discípulos y admiradores. Todos entienden los excesos que comete la ciencia al aplicarse al estudio de la sociedad. Sin embargo, nadie repara en esa otra manifestación del cientismo, casi inapreciable, que sigue solapando el discurso que construyen muchos liberales austriacos seguidores de Hayek, a pesar de todas las advertencias dadas por ellos mismos. Parece mentira que muchos sigan todavía anclados en la posición de partida, defendiendo las mismas opiniones que sus padres intelectuales se encargaron de combatir, aquellas que invocaban la unilateral defensa del empirismo como única herramienta de análisis y monopolio de la razón.

El criticismo hayekiano debería tener un corolario metafísico evidente. Si no podemos actuar sobre la sociedad empíricamente, debemos optar por usar un camino paralelo, el de la metafísica, y partir de un principio axiomático incuestionable, el cual podrá ser usado a priori precisamente debido a que es un principio de suyo necesario. Sin embargo, muchos austriacos siguen enrocados en una actitud claramente monista, que ha deslumbrado a tantas y tantas generaciones de investigadores, y que solo concede prestigio al método que emplea la ciencia. De ese modo, se empeñan continuamente en aplicar el análisis fáctico a todos los órdenes del conocimiento. Tenemos un buen ejemplo de esto en la actitud que adoptan Capella y Rallo con motivo del debate abierto que viene enfrentando a las facciones más anarquistas del liberalismo con aquellos liberales clásicos que abogan por el establecimiento de un gobierno limitado. El anarcocapitalismo pragmático que defienden estos autores no es más que la enésima muestra del cientifismo, otra consecuencia de esa obsesión maniática que lleva a muchos a querer aplicar la praxis del investigador en todos los asuntos intelectuales en los que deciden embarcarse. A continuación trataré de arropar con argumentos esta denuncia desnuda que acabo de realizar.

2. Admoniciones al discurso de Francisco Capella

En un artículo reciente aparecido en la página del Instituto Juan de Mariana, Francisco Capella aborda abiertamente el asunto del anarquismo de mercado, espoleado en parte por las discusiones que sobre dicho tema mantuvieron Juan Rallo y Miguel Anxo Bastos en el paraninfo de la universidad de verano que organiza todos los años el propio Instituto. No entraré a valorar la crítica general que realiza Capella en dicho opúsculo, con la que intenta poner de manifiesto los problemas que conlleva la visión del anarcocapitalismo, y con la que básicamente estoy de acuerdo. Rubrico completamente la descripción que realiza el autor a cuenta del anarquista libertario, la arrogancia que caracteriza a muchos de sus cofrades, la pose teatral e histriónica que adoptan la mayoría de ellos, la burla que ejercen y que les sirve para cohesionar a los miembros de su grupo contra otros que son enemigos y no merecen respeto o miedo, y el orgullo henchido que resulta de creerse la punta de lanza del liberalismo y la solución definitiva al planteamiento cobarde y acomodaticio que, según ellos, proponemos todos los demás (así es como Capella moteja a los anarquistas de mercado; las palabras no son mías).

Convengo también con Capella en afirmar que existe un problema de bienes públicos y externalidades (negativas o positivas) que debe resolverse con la participación de todos los miembros, y que hace absurdas esas afirmaciones que suele realizar el profesor Bastos, donde dice literalmente que el Estado no existe, o que la ausencia del mismo puede hacer más difícil la conquista de un invasor externo. Según Capella: “Es cierto que el Estado, como entidad ineficiente que es por sus problemas de información, incentivos y corrupción, no puede determinar qué cantidad y calidad de servicios de seguridad es óptima según las valoraciones subjetivas personales. Pero esto tampoco se resuelve por individuos produciendo, comprando y vendiendo en el mercado, porque la defensa es un bien especial que suele proporcionarse y recibirse de forma colectiva, en forma de cooperativa de producción y consumo. Cuánta defensa obtener y cómo conseguirlo es un problema de decisión y acción colectiva: las preferencias y capacidades de los individuos deben agregarse de algún modo para producir una única solución global, y este proceso puede resultar muy problemático. Los intercambios libres y voluntarios permiten conocer las preferencias de los individuos y la posibilidad de competencia fomenta la eficiencia, pero en algunos ámbitos no son posibles ni las decisiones puramente individuales ni la existencia de alternativas simultáneas en competencia entre las cuales elegir. Además las preferencias existen aunque no se manifiesten en elecciones individuales: puede haber individuos insatisfechos con los servicios de seguridad recibidos (por escasos o excesivos), pero también puede haber individuos que reciban grandes beneficios a costa del sacrificio de otros; y todo el mundo puede mentir en sus declaraciones verbales al respecto… El tema de la guerra es tan importante que conviene tratarlo de forma científica, con buenas teorías y buenos datos, y no con ideas sueltas y anécdotas anómalas y poco representativas… Es posible que muchos problemas de bienes públicos no existan, no sean graves, o tengan solución privada. Pero esto no garantiza que el problema de la defensa común sea poco importante o fácil de resolver” (https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/mas-problemas-del-anarcocapitalismo)

Igualmente, Capella está muy acertado cuando dice que cualquier sistema es una estructura finita que necesariamente debe presentar un nivel superior que no tenga a nadie por encima. El hecho principal sobre el que hace hincapié en todo momento es el de considerar la realidad en todas sus modalidades y jerarquías, haciendo acopio de todas las posibles soluciones que se le plantean al hombre en relación con la organización y la libertad en cada uno de estos niveles. No puedo estar más de acuerdo con esto. De hecho, llevo varios años reivindicando el doble papel que juegan el mercado y el Estado, el uno a la hora de otorgar validez a las decisiones individuales que toman a diario los individuos de una sociedad en relación con los bienes que tienen naturaleza heterogénea, y el otro en cuanto a aquellas otras decisiones de las que depende todo ese sistema de libertades y que se basan en unos principios y presupuestos incuestionables, que yo he llamado bienes homogéneos. Para más detalles, véase mi charla en el congreso de la escuela austriaca de 2015 y el artículo correspondiente:

https://elreplicadorliberal.com/2014/08/18/los-idearios-de-la-escuela-austriaca-una-critica-desde-el-minarquismo-a-las-teorias-anarcocapitalistas-y-evolucionistas/

https://elreplicadorliberal.com/2015/04/28/los-idearios-de-la-escuela-austriaca-de-economia-una-critica-desde-el-minarquismo-a-las-teorias-anarcocapitalistas-y-evolucionistas/

Pero me separo radicalmente de la línea argumental que cierra el artículo de Capella, con la que quiere concluir sus admoniciones. Dice Capella que el minarquismo también tiene muchos problemas, y que analizarlos y enfatizarlos no implica automáticamente que la respuesta sea el anarcocapitalismo. Dependerá en cualquier caso de cuáles sean más graves de resolver, y qué soluciones puedan encontrarse a los mismos. Y concluye: “Tal vez no exista una respuesta clara a cuál de los dos sistemas funciona mejor”. Casi podemos oler el tufillo cientista que desprende esta última afirmación. Con ella, parece que todo queda abierto. Todo deberá resultar de la investigación progresiva y siempre inacabada que realiza la ciencia. El autor se declara anarcocapitalista sensato, seguidor de un ideal deseado que, sin embargo, debe quedar sometido a la crítica y la investigación objetiva y continua.

Con todo, podemos constatar que el anarquismo pragmático no es más que otra versión del mismo cientismo de siempre. Para un cientista solo existe una vía al conocimiento, la vía inductiva y empírica. En mala hora aseguró Capella que hay que contemplar todas las jerarquías y circunstancias de una sociedad, si luego se olvida de la categoría epistémica que mejor define a la Escuela Austriaca de Economía, aquella que describe también una buena parte de la realidad: los axiomas y el deduccionismo austriaco que desarrolla los mismos.

Capella afirma que, aunque el Estado como gobierno monopolístico no es necesario en la mayoría de los casos, eso no significa que sea prescindible siempre. Y continúa diciendo: “…su existencia depende de ciertas circunstancias como la escala o tamaño del sistema y la complejidad de la tarea de coordinación…”. Pero, al mismo tiempo, es incapaz de aplicar estas reflexiones al ámbito de la epistemología y el anarquismo, evaluando de la misma manera las dos posibilidades que tenemos de conocer la realidad y ordenar la sociedad, la inducción científica y la deducción filosófica, la que analiza hechos complejos y se aplica en demostrarlos fácticamente, y la que parte de hechos sumamente sencillos y necesarios, que no tienen alternativa y que por tanto no requieren de ningún probatorio.

Capella aplica el criticismo (o cretinismo) científico a todas las formas de gobierno, tanto si se trata de anarquismo como si se trata de minarquismo. Lleva el método científico a todas las áreas del pensamiento; todo está sujeto a revisión permanente. De lo que no se da cuenta es que el minarquismo representa precisamente esa solución política que él pospone para dentro de cien años. Los problemas que entraña la falta de gobierno central solo pueden subsanarse con la instauración de un gobierno central. Y los problemas que resultan del gobierno central solo pueden corregirse limitando al máximo las funciones del mismo. Y esto, señores míos, no es otra cosa que la minarquía. El minarquismo es la única teoría verdaderamente inclusiva, la única que es consciente de los problemas que existen a uno y otro lado del espectro ideológico, y la única que aboga por una solución intermedia, que repare ambos tipos de problemas, haciendo uso de todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición, permitiendo el libre mercado allí donde este opera mejor, y reservando algunas funciones claves para el Estado, concretamente aquellas que desempeñan un papel colectivo insustituible, la garantía de los derechos individuales y la defensa del territorio y el marco institucional que sirven para poner en práctica esos derechos. Resulta absurdo que Capella reivindique el valor de contemplar adecuadamente todos los niveles jerárquicos y todos los problemas, y luego ponga en igualdad de condiciones al anarquismo y al minarquismo, toda vez que el primero manifiesta un grave déficit de soluciones, mientras que el segundo intenta poner en práctica todos los arreglos posibles, los que resultan de la acción en el nivel individual y los que avienen con el ordenamiento común y la jerarquía general. El único sistema capaz de optimizar al máximo las energías de una sociedad capitalista es el sistema minarquista. Esta es una afirmación invariable que no depende de demostración alguna. Pero Capella se deja seducir de nuevo por ese señuelo de la ciencia que imita el canto de las musas, y al cual tantos hombres han sucumbido a lo largo de la historia reciente. Habitualmente, la mayoría de ellos ni siquiera son capaces de concebir un mecanismo intelectual distinto. Si acaso intentas llevarles al terreno de la filosofía, y les quieres persuadir de la existencia de algunos procedimientos alternativos muy concretos, que no niegan el amplio y vasto campo de la ciencia, sino que lo enriquecen con argumentos apodícticos, enseguida te responden con alguna alusión al método científico, la falsación de Popper, el criticismo de Hayek, el escepticismo de Hume, o el empirismo de Bacon (para un ejemplo de esto véase la charla que impartí en el Instituto Juan de Mariana, concretamente la parte final donde me someto a las preguntas de los oyentes: https://elreplicadorliberal.com/2015/06/30/la-teoria-del-todo-patrimonio-de-la-escuela-austriaca-de-economia/). Parece evidente que no entienden la diferencia entre ciencia y filosofía. Estas respuestas ponen los pies fuera del tiesto, incapaces de identificar el tema que se trata de abordar, llevan el debate a un terreno baldío, y ejercen el mismo impacto que tendría una discusión de besugos en un bar de carretera.

Acaso los liberales han acabado interiorizando tanto el discurso que define a la escuela austriaca, a saber, la preeminencia del orden espontáneo por encima de las acciones deliberadas de los líderes políticos, que han terminado por rechazar cualquier organización planificada. Pero esto resulta de no entender en qué se basan esas ideas liberales que apuestan por dar preeminencia a los órdenes extensos. Estas se deben a la incapacidad implícita del ser humano para conocer una realidad compleja inaprensible. Pero nada tienen que decir de aquellas situaciones o facetas de la sociedad que se rigen por principios sencillos. Las normas negativas, la inviolabilidad de la propiedad privada, ciertos bienes públicos, o algunas externalidades ominosas, son pruebas tan claras y manifiestas de la intransigencia y deslealtad del hombre, es tan evidente la solución que requieren, y tan necesaria su puesta a punto, que no deberían plantear ninguna discusión. En este sentido, pueden ser objeto de una acción deliberada por parte del hombre. No se nos debe arrugar la cara al defender una cierta ingeniería social, y, por supuesto, no podemos aplicar el criticismo popperiano en tales circunstancias. Los axiomas y principios más fundamentales no pueden ser objeto de experimentación. Son verdades apodícticas. La minarquía se basa en esas verdades, al tiempo que afirma que tales certitudes están dirigidas a permitir la extensión de los órdenes espontáneos. La minarquía por tanto es el único sistema que contempla esa división esencial que distingue los fenómenos complejos, que no pueden dirigirse de forma centralizada y que dependen en cualquier caso de los gustos, los experimentos, las acciones y las decisiones de los particulares, de aquellos otros hechos que son tan claros y necesarios que constituyen las condiciones de posibilidad de todo el sistema, y que por tanto deben estar representados y asegurados por un único órgano central, al que llamamos gobierno limitado o estado mínimo. La minarquía es la única solución al problema del gobierno, la única que da muestras de alcanzar una mayor operatividad y optimización, la única interpretación de la realidad que tiene en consideración todos los niveles jerárquicos, todos los grados de complejidad, todas las formas posibles de gobernabilidad, y todas las heurísticas del conocimiento.

3. Admoniciones al discurso de Juan Ramón Rallo

La posición que ha acabado adoptando Juan Rallo con respecto a la anarquía es bastante similar a la que viene blandiendo Francisco Capella desde hace tiempo, al lado de sus partisanos, o delante de sus adversarios. Por este motivo, cabe catalogar también a este autor dentro de la categoría de anarquista pragmático, como por otro lado el mismo se define. Aun así, debemos repasar algunos puntos interesantes de su exposición, por lo que tienen de novedosos y originales. En la charla que impartió Rallo este año en la universidad de verano que organiza el Instituto Juan de Mariana se aprecian una serie de argumentos muy bien construidos y perfectamente ordenados y sistematizados, los cuales pretenden poner de manifiesto las fallas que presentaría el anarquismo de mercado que hoy en día se arroga la máxima pureza en cuanto a liberalismo se refiere.

Rallo comienza planteando dos dicotomías básicas. Para empezar considera oportuno diferenciar el anarquismo filosófico del político. Esto es, los ideales últimos de una teoría abstracta, de la praxis y aplicación que conlleva la misma en el ámbito de la organización social. En segundo lugar Rallo diferencia dos tipos de debate, aquel que se refiere a la posibilidad de implantar una anarquía liberal y aquel otro que analiza la conveniencia de tamaño proyecto. Esto es, la factibilidad y la deseabilidad de la empresa.

Convengo absolutamente con la segunda clasificación, como más adelante tendré oportunidad de demostrar. Pero me desligo totalmente de la primera dicotomía. Jamás he pensado que la filosofía, la ética, y la política pudieran discurrir por caminos separados. Como ya nos apercibiera Ayn Rand en el siglo pasado, la teoría y la práctica solo son correctas cuando se refieren la una a la otra; ninguna teoría es buena si no tiene una aplicación concreta, y ninguna práctica tiene sentido si no trata de demostrar alguna teoría. Esto, que es tan obvio, resulta negado una y otra vez por pensadores de la talla de Rallo, y requiere que lo recordemos tantas veces como sea necesario. Es más, la justificación del liberalismo y la ética política que éste avala, solo hallarán una defensa definitiva si consiguen demostrar la íntima relación que les une con los principios mas básicos de la realidad, los cuales solo encuentran asiento en el interior de las formaciones kársticas que dibuja el terreno de la filosofía. En este sentido, resulta bastante contradictorio afirmar que uno se considera anarquista filosófico y sin embargo tiene serias dudas sobre cómo aplicar el programa en el ámbito político. Si alguien es anarquista filosófico es porque ha llegado a la conclusión de que los principios más esenciales de la realidad demuestran la plausibilidad del programa que defiende, motivo por el cual debería ser también un programa susceptible de llevarse a la práctica. Si uno tiene dudas sobre la plausibilidad del programa, también debería plantearse las mismas dudas en lo que respecta a la filosofía que lo sustenta. Mi opinión es que Rallo intenta separar la praxis de la teoría para, a continuación, dar una cierta legitimidad e independencia al proyecto de investigación científica en ciernes que, según él, debe abordarse junto con el debate que gira en torno a la conveniencia del modelo anarcocapitalista. En este sentido, Rallo es un pragmático más. Solo concibe la investigación desde el plano de la ciencia. Piensa que la ciencia es la única empresa que puede dotarnos de las herramientas adecuadas para dilucidar el problema social al que nos enfrentamos. Y piensa asimismo que la filosofía solo puede ofrecer un ideal abstruso, que uno puede abrazar sin mancharse demasiado las manos, sin preocuparse por explicar a qué se está refiriendo o cuáles son las medidas para ponerlo en práctica, y del cual podemos prescindir para todo lo demás. Por eso comienza su charla declarando que es un anarquista filosófico, y a continuación, sin solución de continuidad, y sin detenerse a valorar alguna otra disquisición filosófica, pasa a analizar la praxis fundamental del problema. Ese desprecio hacia la filosofía que evidencia el discurso de Rallo, así como la obsesión por desarrollar en la medida de lo posible una demostración fáctica coherente, es lo que caracteriza al cientismo que ya vimos más arriba cuando diseccionamos las ideas de Capella. Es este cientismo una enfermedad tan extendida en la población que afecta incluso a la casta mejor preparada, la de los liberales austriacos, aquellos que tienen en sus manos unos argumentos filosóficos impecables, el sistema axiomático de Mises y Rothbard, la alternativa al historicismo, el cientismo, y el constructivismo social.

La segunda disposición que introduce Rallo en el debate aspira a diferenciar dos condiciones del sistema: su posibilidad y su deseabilidad. Esta apreciación es sumamente importante. En la charla que ofrecí en el congreso de la escuela austriaca en 2015 (https://elreplicadorliberal.com/2014/08/18/los-idearios-de-la-escuela-austriaca-una-critica-desde-el-minarquismo-a-las-teorias-anarcocapitalistas-y-evolucionistas/), empezaba mi crítica del anarcocapitalismo dejando claro que yo no iba a allí a rechazar de plano el programa anarquista bajo la hipótesis de que era un proyecto de suyo imposible, sino que lo que venía a demostrar es que el minarquismo es en cierta forma superior al anarquismo, sobre todo en lo que se refiere a su ejecución. Es decir, que el anarquismo es con toda seguridad un sistema factible, sobre todo en aquellas sociedades más evolucionadas que ya han interiorizado el respeto hacia el otro y las normas de convivencia. Pero que en ningún caso es el sistema más deseable, puesto que la optimización y adecuación a las reglas se consiguen solo cuando existe un gobierno central limitado. La minarquía aporta todas las soluciones posibles al problema, es una visión del mundo más acertada, completa e inclusiva. Los problemas que resultan de la falta de gobierno se solucionan con un Estado mínimo, y los problemas que nacen del exceso de gobierno se amortiguan también con un Estado controlado y pequeño. Además, la minarquía es la única teoría política realmente consecuente con los principios axiomáticos, precisamente aquellos que definen a la escuela austriaca de economía.

Por consiguiente, coincido con Rallo a la hora de considerar y avalar la posibilidad del anarquismo. Normalmente, los anarquistas de mercado pretenden desviar el debate hacia aquellas disquisiciones que intentan poner en duda la viabilidad de su sistema. De forma un tanto artera, achacan a los minarquistas que digamos que la anarquía es una utopía irrealizable. Pero el verdadero minarquismo, al menos el que yo defiendo, no afirma que la anarquía sea imposible, sino que lo que dice es que el minarquismo es un sistema más adecuado. De ahí la conveniencia de distinguir posibilidad y deseabilidad, para que los anarquistas no equivoquen el blanco cuando disparan sus rifles. El debate debería centrarse en saber cuál de los dos sistemas es el mejor (cuál es más estable), y no cuál de ellos es posible.

Ahora bien, centrándonos ya en la conveniencia del Estado mínimo, o en la utilidad de su ausencia absoluta, que dirían los anarquistas, debo manifestar mis reservas con respecto a la posición de Juan Rallo. Coincido con él en afirmar que el principio de no agresión tiene unos límites difícilmente reconocibles. Es complicado definir con precisión el sujeto al que debe ir dirigido tal principio (los menores no tiene responsabilidades y por tanto tampoco entran dentro de esas valoraciones, pero establecer una edad concreta para considerar a alguien adulto es de por sí bastante complicado y arbitrario), el tipo de propiedad (la propiedad intelectual no es objeto de protección por parte de todos los liberales), el momento en el que se establece el origen de dicha propiedad, el grado de agresión que resulta aceptable y objetivo (hasta qué punto una externalidad es realmente negativa), o cuándo se pasa de una promesa vinculante a un contrato del mismo tipo. Resulta conveniente resaltar el grado de indefinición que presenta en todos estos supuestos el principio de no agresión, sobre todo teniendo en cuenta que es el principio preferido de los anarquistas, al que atribuyen el mayor grado de absolutez.

Con todo, aunque el profesor Rallo acepta que el anarquismo de mercado presenta un equilibrio de Nash bastante bajo, lo que hace que sea muy difícil que se establezca en una sociedad estándar, en la que incluso los propios liberales no terminan de ponerse de acuerdo, en la que la mayoría de la gente cree a pies juntillas en el Estado elefantiásico, en la que los conflictos deben zanjarse en última instancia a través de la supervisión de un tribunal general, donde existen externalidades y bienes públicos que implican y afectan a todas las partes y que deben dirimirse de común acuerdo (haciendo uso de una normativa suficientemente general, unívoca y clara), y sobre todo, en una sociedad sometida constantemente a la agresión externa de otros Estados, mas fuertes y unidos gracias a la cohesión del grupo en torno a unas leyes comunes, aunque Rallo plantea todos estos problemas a la hora de considerar el anarquismo como la mejor alternativa, lo hace única y exclusivamente para demostrar, no que la minarquía es el sistema que todos deberíamos adoptar en última instancia, sino para probar que tenemos que adoptar una actitud crítica y un programa científico de investigación que resuelva finalmente todos esos hándicaps y problemas, y que nos convierta definitivamente en verdaderos anarquistas de mercado. Es decir, Rallo presupone de antemano que el anarquismo es más deseable que la minarquía, pero se cura en salud al decir que primero tendremos que demostrar experimentalmente esa afirmación. Y es aquí donde discrepo profundamente con su planteamiento.

Lo más curioso de todo es que Rallo, a pesar de abogar por la investigación empírica, se muestra también conforme con su designación de filósofo anarquista. Es decir, primero afirma que hay que investigar la viabilidad del anarquismo. Pero inmediatamente pasa a constatar que, en el ámbito filosófico, ya se habría probado la superioridad de tal sistema. Esta doble vara de medir no tiene ningún sentido, y solo se explica si entendemos que Rallo concibe la filosofía como un ideal y no como un sistema de evidencias reales (otra prueba más de su desprecio por esta disciplina). Por consiguiente, Rallo se equivoca de dos maneras, primero al pretender que la filosofía se constituya en ideal y apadrine la causa del anarquismo, y segundo al querer llevar a cabo una demostración definitiva por la vía del empirismo. Su anarquismo filosófico adolece de una demostración deductiva y ontológica suficientemente clara: es un brindis al sol. Y su programa de investigación en el ámbito del anarquismo político peca de un exceso de confianza científica: es una concesión a los mayores enemigos que ha tenido la escuela austriaca. Pero lo más paradójico de todo es que defienda la ciencia como el único método de investigación posible, y de antemano declare que la filosofía corrobora el anarquismo, siendo que en realidad es el minarquismo el único que queda constatado con este procedimiento.

4. Conclusiones

En primer lugar, debemos subrayar que el método científico no es la única alternativa epistémica que puede contemplar el investigador. Esto lo deberían saber los economistas austriacos más que ningún otro. La escuela austriaca se fundamenta en el método deductivo; nace cuando Menger declara que las ciencias sociales deben prescindir de las herramientas empíricas que utilizan los historicistas para dilucidar sus problemas, y que deben partir en cambio de unos axiomas que cobran importancia precisamente porque consiguen alejarse de cualquier demostración fáctica, renuncia que resulta vital cuando se trata de analizar sistemas altamente complejos, que no pueden someterse a experimentación. La postura de Rallo es claramente una postura cientifista, más cercana al historicismo decimonónico que combatía Menger que a la escuela a la que él mismo dice pertenecer, de la cual ha obtenido gran parte del bagaje intelectual que le caracteriza. Nadie discute el poder de la ciencia en aquellos campos que se dejan investigar. Como decía Hayek también en La contrarrevolución de la ciencia: “Tal vez sea recomendable recordar al lector una vez más que las críticas que aquí se han formulado solo se dirigen contra un mal uso de la ciencia, no contra el científico en el campo especial en que es competente, sino contra la aplicación de sus hábitos mentales en campos en los que no lo es. No hay conflicto entre nuestras conclusiones y las de la auténtica ciencia” Por el contrario, se discute su aplicabilidad en ámbitos que no le son propicios, cuando se trata de describir sistemas altamente complejos, y también cuando aspiramos a determinar la mejor manera de gobernar esos sistemas. Por tanto, nada hay que decir tampoco en relación con aquellos intentos que abogan por construir un Estado mínimo que se limite a definir el marco institucional y los términos generales de las condiciones de posibilidad que facultan al hombre para buscar su propia felicidad. La imposibilidad del socialismo se refiere exclusivamente a la incapacidad para dirigir órdenes extensos. Por tanto, esta imposibilidad no se puede aplicar a la minarquía, que únicamente decide sobre cuestiones muy básicas y elementales, de suyo conocidas. Los anarcocapitalistas meten en el mismo saco esas dos categorías, y resultado de ello es su manía por extender la crítica del socialismo también al minarquismo y el liberalismo clásico, como hace Jesús Huerta de Soto (para ver mi crítica a Huerta de Soto entrar aquí: https://elreplicadorliberal.com/2016/06/12/la-teoria-de-la-imposibilidad-del-liberalismo-la-macula-de-jesus-huerta-de-soto/). Cuando se trata de hablar de principios fundamentales, no hace falta recurrir a la ciencia fáctica, como también hacen Rallo y Capella. La discusión que enfrenta a minarquistas y anarquistas se lleva a cabo precisamente en ese plano, el de los principios más elementales. Unos abogan por implantar esos principios de manera deliberada, y otros dicen que los mismos devienen de forma natural con el paso del tiempo. Pero tales presupuestos no dependen nunca de ningún tipo de demostración fáctica. En todo caso, son principios apodícticos, condiciones de posibilidad, requisitos de partida, necesidades existenciales.

La escuela austriaca solo cobra sentido en el ámbito de los principios filosóficos mas esenciales, cuando partimos de tales principios para desarrollar la teoría liberal. Por consiguiente, resulta absurdo, y también innecesario, justificar o refutar esos principios desde posiciones científicas o fácticas (esto no viene a negar la utilidad de la ciencia incluso en el ámbito de la sociedad, tan solo hace hincapié en su futilidad a la hora de determinar algunas de las leyes más generales y básicas). Y también es contrario al espíritu de dicha escuela la manera en la que algunos de sus ideólogos pretenden justificar la ausencia del Estado. Los principios filosóficos de la escuela austriaca se sustentan en el individualismo metodológico, lo que quiere decir que el individuo es el primer elemento de comportamiento social. No obstante, esto no excluye la existencia de otras jerarquías superiores. Quienes defienden al individuo hacen mal en decir que no deberían existir órganos de dirección superior, tales como el Estado. Todo lo contrario, tiene la obligación de afianzar esos órganos sobre pilares adecuados, que convengan con las normas que tienen al individuo como la primera y más importante fuente de comportamiento. Si no cubrimos esta defensa, vendrán los enemigos a apostarse en las murallas que nosotros debimos proteger. Esos enemigos no son dignos de ocupar dichos bastiones. Ellos no creen en ningún principio. Si acaso creen en alguno, lo hacen por interés o por ignorancia, y no aciertan nunca a definir la mejor adecuación a las reglas. Si los liberales hacemos dejación de nuestras funciones, y no defendemos la libertad en todos los terrenos, tendremos que asumir tarde o temprano la derrota. Si defendemos la existencia de órdenes extensos, pero luego no disponemos de una normativa general acorde con dichos presupuestos, no podremos esperar salir victoriosos del lance.

No existe un sistema más deseable y apropiado que la minarquía, la cual aboga por resolver los problemas complejos que enfrenta la sociedad en el día a día (por ejemplo, la mejor manera de desplazarse entre dos puntos, o el gusto de los tomates) dejando que sea el orden espontáneo y la acción voluntaria de los distintos agentes y consumidores los que ejerzan como únicos decisores, y en aquellas otras cuestiones, de suyo mucho más sencillas, que describen condiciones de posibilidad y principios elementales, y que tratan de dirimir problemas generales que afectan a todos los participantes y que no pueden ser individualizados ni concentrados en ninguno de ellos, dejando que sea un órgano de decisión común (un Estado mínimo) el que defienda en última instancia las leyes más básicas. Esta, y no otra, es la única manera de alcanzar el óptimo de Pareto. Tanto el anarquismo como el minarquismo adolecen de problemas propios (nadie dijo que el mundo fuera perfecto). En esto deberíamos estar todos de acuerdo. Pero por eso mismo, también todos deberíamos admitir la superioridad de la minarquía. Para saber cual de ambos sistemas es el más adecuado, no hay que esperar mil años a los resultados que obtengamos en las pruebas de campo que hayamos planificado con anterioridad. El anarquismo nunca podrá enfrentarse con aquellos problemas inminentes que devienen de la falta de Estado, precisamente porque no cree a priori en ninguna forma general de gobierno. Por su parte, el minarquismo, al ser mas consciente de todos los tipos de problemas (los que enfrenta el hombre como individuo solitario y los que encara la sociedad como conjunto), y al entender también cuáles son los peligros que conlleva el exceso de poder y el Estado (su tendencia a volverse hegemónico y excederse en el peso), será capaz de resolver en el medio plazo todos los dilemas, tanto aquellos que provienen de la ausencia de Estado, como aquellos otros que se deben a su presencia excesiva. Un piloto de carreras tiene muchas más probabilidades de llegar a la meta en primer lugar si dispone de neumáticos de lluvia y de ruedas especiales para terreno seco. Entender cuáles son los problemas, qué tipos existen, o qué soluciones podemos adoptar para resolver cada uno de ellos, es la mejor forma de alcanzar el óptimo de Pareto. Y no hace falta ninguna investigación científica que nos demuestre eso. La minarquía es el único sistema político que dispone de ambos tipos de neumáticos, el único que hace paradas en boxes para cambiar de ruedas, y el único, en definitiva, capaz de sacar todo el provecho al vehículo que tiene, mejorando al máximo su rendimiento. Traducido a un lenguaje político, esto quiere decir que la minarquía es el único sistema que optimiza al máximo el bienestar de los individuos y el progreso de la sociedad como conjunto. La meta de todo liberal debería ser la minarquía. El anarquismo es simplemente una vana ilusión de la lógica, un objetivo falso, la zanahoria que el dueño del burro pone delante del animal, sujeta a su cuello con un palo, para que se mantenga en constante movimiento, trabajando para lograr un fin engañoso.

Publicado en ARTÍCULOS EN LA PRENSA ESCRITA, Artículos de política, Artículos periodísticos en el Instituto Juan de Mariana, MIS ARTÍCULOS | 3 comentarios

4. El mercado

Colección de artículos relacionados con el asunto del mercado y el capitalismo:

https://elreplicadorliberal.com/2015/03/04/loas-al-capitalismo-y-a-la-ciudad-de-madrid/

https://elreplicadorliberal.com/2014/12/31/el-mito-de-la-obsolescencia-programada/

https://elreplicadorliberal.com/2017/02/22/la-propiedad-intelectual-no-tiene-sentido/

https://elreplicadorliberal.com/2017/12/08/el-capitalismo-o-el-rodillo-de-la-evolucion/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

La doble función del Burka: su utilidad religiosa y su utilidad liberal

53495_12215_1El burka es una prenda que cubre el cuerpo de las mujeres musulmanas cuando estas están fuera de casa. Pero su uso no tiene que ver tanto con la religión como con las estrategias genéticas y los mecanismos biológicos que operan en el interior de los animales. El Corán no tiene en su código ningún requisito expreso que obligue a las mujeres a vestirse con esta tela. Dicho requerimiento fue interpretado de muchas maneras diferentes por los ulemas y las comunidades musulmanas. El uso extendido del burka tiene que ver sobre todo con el sexo fuerte y las imposiciones masculinas, como parte de una tradición que sirve de espita para dar salida a la naturaleza machista y abusiva que detentan los hombres de la manada con el objeto de acaparar el mayor número de hembras fértiles (o la fidelidad de cualquiera de ellas), y asegurarse de ese modo una descendencia amplia.

Con todo, en la actualidad el burka ha adquirido un segundo uso todavía más asombroso. Los liberales, aquellos que dicen ser los mayores guardianes de la libertad y el respeto mutuo, utilizan esta prenda como justificación para defender una suerte de liberalismo aberrante, basado en el principio de la propiedad privada y el derecho subjetivo, que termina aceptando esa indumentaria siempre que la mujer se muestre de acuerdo, y que acaba desembocando en el relativismo más absoluto y la permisibilidad más atroz. Con estos compañeros de viaje, a uno casi se le quitan las ganas de llamarse liberal.

El burka no solo es el símbolo que mejor representa a la religión islámica, una tiranía abyecta que lleva siglos sirviendo de escusa a todos los depravados y subhumanos que vienen al mundo a jurar en nombre de Ala, es también la herramienta más degradante que utilizan los hombres para humillar, dominar, coaccionar, reprimir y en último lugar apalear y matar a sus mujeres, sus hermanas y sus madres. No estamos hablando solo de apología. Su uso es la confirmación y culminación de una educación y una crianza detestables. Sinceramente, me importa un bledo que la mujer use esa herramienta contra sí misma de forma voluntaria. Me importa un bledo que la religión y las tradiciones obliguen a sus seguidores a cubrirse el cuerpo con esa indumentaria. Me importa un bledo que los liberales justifiquen su uso en base a una interpretación superficial e infantil del principio de propiedad. Solo me importan las millones de niñas que van a tener la desgracia de nacer en el seno de una familia que las educará para que se conviertan el día de mañana en esclavas voluntarias.

Durante los años más oscuros de la historia de Estados Unidos, decenas de miles de negros asumían su roll de forma absolutamente voluntaria. Habían nacido con esa condición. Eran los caballos de tiro del hombre blanco. No entendían la vida de otra manera. No concebían su vida sin su amo. Veían el látigo como una forma de instrucción más. Se sentían como animales y querían que les tratasen como tales. Si acaso les entraba alguna duda sobre la justicia a la que eran sometidos, apenas se atrevían ni siquiera a pensar que podrían alguna vez mirar directamente a los ojos de sus propietarios. ¿Justifica todo esto la esclavitud? Evidentemente no. ¿Justifica el uso del burka el hecho de que las mujeres que lo llevan decidan enfundárselo voluntariamente? Tampoco. ¿De qué estamos hablando entonces? ¿Cómo pueden los liberales aprobar esa vejación con la escusa de que nadie la obliga? Claro que existe obligación. El burka es el resultado de una imposición omnímoda, tan grande y eficaz que ha acabado lavando el cerebro de todas sus víctimas, como la esclavitud lo hizo antaño con el negro. A uno le sorprende que la esclavitud haya sido derogada hace tan solo unos años. Pero viendo la mentalidad de los liberales, casi parece lógico.

El criterio para determinar si un acto es legítimo, o por el contrario se debe penalizar de alguna forma, no puede fijar su atención en el grado de voluntariedad del sujeto que opera de tal manera. La voluntad particular no es un valor objetivo. El verdadero criterio de demarcación tiene que consignar todos los factores que inducen a actuar de un modo determinado, y no solo la acción momentánea del individuo en cuestión. Una persona puede estar actuando voluntariamente con total libertad en el momento presente, pero puede haber sido conminada a actuar así por medio de una serie de imposiciones y adoctrinamientos tan eficaces y perversos que solo podían conseguir que dicha persona interiorizase las humillaciones a las que era sometida hasta el punto de creer que eran buenas para ella. En ese caso, la voluntariedad nos está señalando algo muy diferente. No refleja el grado de libertad de las personas. Muy al contrario, lo que pone de manifiesto es la perfección de la maquinaria que les ha lavado el cerebro y las ha convertido en zombis vivientes y siervos sumisos.

El liberal austriaco, defensor acérrimo de la propiedad privada y la acción individual, aspira a purificar su teoría al máximo, y a veces corre el riesgo de acabar defendiendo una completa inanidad. Suele tener la manía de fijarse únicamente en la voluntad vigente que manifiesta la persona en un momento dado, obviando todos los condicionamientos y circunstancias que están detrás de cualquier acción. De esta manera, tiende a comportarse como aquel cretino que solo ve la superficie especiosa de los fenómenos y resuelve que la tierra es plana, o que el sol danza en círculos en torno a nuestras cabezas. Tanto quiere pulir su principio de la propiedad para que refulja bajo el sol que acaba convirtiendo el brillante en un montón de polvo, y defendiendo una afirmación que, de simple, termina siendo completamente inútil.

Si yo viera en la playa a una mujer con grilletes en los tobillos, y con una mordaza en la cara, que, ante mi sorpresa, me jura y perjura que se ha atado ella misma de forma voluntaria, y si luego conociera a su marido y a su familia, y constatara que la mujer solo puede ir a la playa de esa guisa, ¿qué sería lo que debería pensar?, ¿me limitaría a decir que su situación es completamente respetable, como hacen algunos puristas liberales?, ¿afirmaría que no podemos hacer otra cosa que ver como la mujer se arrastra por la arena hasta alcanzar el agua? Yo desde luego no estoy dispuesto a ser tan liberal. No señor.

Reconozco que es bastante difícil erradicar las costumbres que se generan en el seno de una familia cualquiera, ocultas en el ámbito privado, detrás de las paredes de una casa, protegidas y defendidas por todos los miembros del clan, engrandecidas por el fanatismo de una religión. Tan difícil como erradicar la violencia de género. Pero nadie dice que los maltratos físicos o psicológicos sean dignos de respeto. En cambio, muchas personas (socialistas y libertarios) creen que debemos mantenernos neutrales ante la visión fantasmagórica que nos ofrece el burka o su versión acuática (el burkini). Te conminan a que expliques cómo vas a prohibir una prenda religiosa que aceptan incluso aquellas mujeres que se la ponen, una indumentaria que forma parte de una visión fanática y que está ampliamente infiltrada y asumida en las creencias de todos los musulmanes. Cuando luchamos contra la delincuencia, no lo hacemos con la esperanza de erradicarla completamente, sino para atajar esa enfermedad social en la medida de lo posible. Las trabas que se pongan al uso del burkini no eliminarán la violencia religiosa en el seno de la familia. Pero es una medida de dignidad en cualquier sociedad libre. Y en todo caso, no es tan complicada de llevar a la práctica. Mucho más difícil fue la reconquista española y la expulsión de los moros, y no he visto que nadie criticase las luchas intestinas que permitieron que hoy España forme parte de Occidente y no contribuya a aumentar el territorio que ocupa ese atajo de tiranías y teocracias que prosperan al sur del Mediterráneo. La proporcionalidad de la pena está recogida en todas las constituciones de los países libres. Nadie va a pasar cinco años en la cárcel por llevar el burkini. Pero, carajo, tampoco podemos quedarnos paralizados, de brazos cruzados, mientras la enseña mas ignominiosa de las sociedades más fanáticas y violentas de la Tierra se pasea por las playas de medio mundo, lugar sagrado para los occidentales, que simboliza muchos de los éxitos que el hombre libre ha conseguido abrazar, el disfrute merecido después del esfuerzo que ha supuesto un combate de siglos, las vacaciones y el descanso justo posterior a la lucha a capa y espada que ha permitido eliminar de raíz precisamente esa visión fanática que ahora pretende entrar de nuevo en nuestras vidas por la puerta de atrás, a través del portón que abren deliberadamente todos los libertarios que gustan de defender ese respeto autonegador y suicida que protege cualquier acción individual por el mero hecho de serlo. Desde luego, que no esperen mi apoyo. Yo no soy tan estúpido como para matar la libertad apoyándome en ella. Trabajo nos ha costado llegar al bikini para que ahora nos salgan con el burkini. Encima tenemos que aguantar que utilicen una parte del término que designa la prenda que representa por antonomasia la liberación de la mujer, para construir el nombre de ese engendro represivo y maloliente que los musulmanes obligan a ponerse a sus esclavas sexuales desde bien niñas. Yo no he venido a este mundo para defender tamaña barbaridad. Ahí se quedan los libertarios con su libertad. Yo me bajo del carro.

No sé exactamente cómo podemos combatir esa lacra, si hay que prohibir completamente su uso o castigarlo con algún correctivo menor. Pero no voy a tararear el himno del liberal cada vez que vea a una mujer paseándose por la playa tapada hasta las orejas, mientras su marido disfruta del aire libre y la temperatura veraniega. De joven conseguí, a base de mucho esfuerzo, curarme de esa enfermedad mental que va corroyendo el cerebro poco a poco, esa patología espongiforme que llaman socialismo y que acaece, no con la vejez y la senectud, sino peor aún, con la lozanía y la pubertad, cuando todavía tienes tantas cosas que mostrar al mundo, esa enfermedad que viene a asfixiar cualquier esperanza de una vida plena y alegre. Por consiguiente, tampoco me será difícil zafarme ahora de esa otra versión del igualitarismo, la de los anarcocapitalistas que afirman que todas las actitudes individuales son igualmente respetables y que por tanto tenemos que dejar que la sociedad evolucione de la manera que sea. Ya tuve el virus en mi cuerpo una vez. Estoy vacunado. Tengo defensas.

Publicado en Artículos de sociología, MIS ARTÍCULOS | 1 Comentario

5. El feminismo

Colección de artículos relacionados con el asunto del feminismo:

https://elreplicadorliberal.com/2014/08/13/el-feminismo-y-la-feminidad-3/

https://elreplicadorliberal.com/2014/08/14/las-femicomunistas/

https://elreplicadorliberal.com/2014/09/01/feministas-iros-al-cuerno/

https://helade1975.wordpress.com/2017/06/23/hembrismo-marxista-y-feminismo-liberal-el-lenguaje-exige-una-diferenciacion-clara/

https://elreplicadorliberal.com/2018/03/09/el-feminismo-la-negacion-de-la-biologia/

https://elreplicadorliberal.com/2018/05/03/el-juez-ricardo-gonzalez-un-llamamiento-a-la-razon-en-medio-del-desierto/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

6. La democracia

Colección de artículos relacionados con el asunto de la democracia:

https://elreplicadorliberal.com/2014/09/25/por-que-no-soy-monarquico-y-tampoco-democrata-y-menos-aun-republicano/

https://elreplicadorliberal.com/2015/07/29/el-totalitarismo-de-la-democracia-3/

https://elreplicadorliberal.com/2016/03/08/la-paradoja-del-liberalismo-y-el-problema-basico-de-cualquier-teoria-social/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

7. El trabajo

Colección de artículos relacionados con el asunto del trabajo:

https://elreplicadorliberal.com/2014/08/30/la-minoria-de-la-mineria-2/

https://elreplicadorliberal.com/2015/04/09/la-infame-revolucion-del-proletariado-que-quiere-pablo-iglesias/

https://elreplicadorliberal.com/2017/05/12/jordi-cruz-y-los-mismos-energumenos-de-siempre/

https://elreplicadorliberal.com/2019/06/24/la-energia-no-se-crea-ni-se-destruye-y-las-pensiones-tampoco/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

8. El nacionalismo

Colección de artículos relacionados con el asunto del nacionalismo:

https://elreplicadorliberal.com/2014/11/07/la-sinrazon-del-nacionalismo/

https://elreplicadorliberal.com/2014/11/08/la-indisolubilidad-de-la-nacion/

https://elreplicadorliberal.com/2016/12/14/la-variable-y-el-valor-del-tamano-en-la-defensa-de-la-libertad-nacional-pequena-critica-a-juan-ramon-rallo/

https://elreplicadorliberal.com/2017/03/23/las-contradicciones-nacionalistas-de-jesus-huerta-de-soto/

https://elreplicadorliberal.com/2017/09/05/la-ley-y-las-circunstancias-sobre-la-legitimidad-del-nacionalismo-liberal/

https://elreplicadorliberal.com/2017/09/23/que-hacen-los-liberales-defendiendo-el-nacionalismo/

https://elreplicadorliberal.com/2019/05/29/nacionalismo-espanol-versus-nacionalismo-separatista/

https://elreplicadorliberal.com/2019/10/13/el-facha-y-el-progre-tanto-monta-monta-tanto/

https://elreplicadorliberal.com/2019/11/02/joker-y-torra-o-el-mismo-loco/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

9. El minarquismo

Conjunto de artículos relacionados con el asunto del Estado:

https://elreplicadorliberal.com/2014/12/13/anarcocapitalismo-el-oximoron-de-los-liberales/

https://elreplicadorliberal.com/2015/04/28/los-idearios-de-la-escuela-austriaca-de-economia-una-critica-desde-el-minarquismo-a-las-teorias-anarcocapitalistas-y-evolucionistas/

https://elreplicadorliberal.com/2015/07/24/la-tabla-ideologica-anarcocapitalistas-anarquistas-evolucionistas-socialistas-minarquistas-3/

https://elreplicadorliberal.com/2016/08/28/el-anarcocapitalismo-pragmatico-por-que-rallo-y-capella-tampoco-tienen-razon/

https://elreplicadorliberal.com/2016/10/27/dualismo-metodologico-fundamento-ontologico-y-corolario-politico-segunda-replica-a-francisco-capella/

https://elreplicadorliberal.com/2016/06/12/la-teoria-de-la-imposibilidad-del-liberalismo-la-macula-de-jesus-huerta-de-soto/

https://elreplicadorliberal.com/2015/07/14/las-concesiones-del-minarquismo-tambien-son-su-mayor-baza/

https://elreplicadorliberal.com/2016/03/01/el-decalogo-de-intenciones-del-mises-hispano/

https://elreplicadorliberal.com/2016/03/18/la-economia-colaborativa-el-bitcoin-el-software-de-samsung-y-el-anarcocapitalismo-coincidencias-problemas-y-soluciones/

https://elreplicadorliberal.com/2017/02/20/defensa-de-la-minarquia-algunas-nociones-basicas/

https://elreplicadorliberal.com/2017/09/08/el-derecho-de-autodeterminacion-o-la-secesion-individual-son-abstracciones-irreales-el-anarquismo-de-mercado-no-existe/

https://elreplicadorliberal.com/2017/10/29/el-minarquismo-y-la-ciencia-basica-una-relacion-de-iguales/

https://elreplicadorliberal.com/2019/07/29/la-respuesta-de-walter-block-a-una-pregunta-sobre-cataluna-o-por-que-los-anarcocapitalistas-no-son-lo-que-dicen-ser/

https://elreplicadorliberal.com/2019/09/27/la-autentica-egida-liberal-menos-politicos-y-menos-gobiernos/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

10. El socialismo

Colección de artículos relacionados con el asunto del socialismo:

https://elreplicadorliberal.com/2016/04/11/utopia-la-verdadera-y-la-falsa/

https://elreplicadorliberal.com/2017/07/04/el-materialismo-dialectico-la-mayor-mentira-jamas-contada/

https://elreplicadorliberal.com/2014/09/04/la-coherencia-del-liberal-a-debate/

https://elreplicadorliberal.com/2014/11/12/la-casta-de-pablo-iglesias/

https://elreplicadorliberal.com/2015/09/30/socialismo-versus-capitalismo/

https://elreplicadorliberal.com/2016/01/16/el-socialismo-salvaje/

https://elreplicadorliberal.com/2016/03/31/aritmetica-socialista-nihilismo-cultural-y-lucha-de-clases/

https://elreplicadorliberal.com/2016/07/11/las-nuevas-formas-de-genocidio-de-la-eliminacion-de-judios-a-la-eliminacion-de-toreros/

https://elreplicadorliberal.com/2018/03/30/taxonomia-marxista/

https://elreplicadorliberal.com/2019/05/20/socialismo-hoguera-de-vanidades-promesas-incumplidas-naturaleza-muerta/

https://elreplicadorliberal.com/2019/11/01/anatomia-de-la-estulticia-los-tontos-se-multiplican-pero-la-estupidez-no-es-infinita/

https://elreplicadorliberal.com/2020/04/22/la-secta-del-covid/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

11. El keynesianismo

Colección de artículos relacionados con el asunto del keynesianismo:

https://elreplicadorliberal.com/2015/01/21/la-deflacion-el-fracking-y-los-tontos/

https://elreplicadorliberal.com/2015/10/19/el-keynesianismo-sobre-la-violacion-de-la-ley-de-causalidad/

https://elreplicadorliberal.com/2019/03/21/la-curva-de-laffer-los-beneficios-de-xiaomi-y-la-ley-de-inercia-de-la-masa-keynesiana/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

12. El islamismo

Colcción de articulos relacionados con el asunto del islamismo:

https://elreplicadorliberal.com/2015/01/08/la-barbarie-del-islamismo-y-la-estulticia-medrosa-de-occidente/

https://elreplicadorliberal.com/2015/11/27/la-pesadilla-del-yihadismo-el-sueno-de-los-cobardes-y-el-desvelo-de-los-justos-3/

https://elreplicadorliberal.com/2015/03/14/la-generalizacion-y-el-islam/

https://elreplicadorliberal.com/2016/08/22/la-doble-funcion-del-burka-su-utilidad-religiosa-y-su-utilidad-liberal/

https://elreplicadorliberal.com/2017/06/09/ignacio-echevarria-oda-de-homenaje-a-un-heroe-caido-en-combate/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

13. La religión

Colección de artículos relacionados con el asunto de la religión:

https://elreplicadorliberal.com/2018/08/11/el-problema-de-dios-ciencia-religion-y-marxismo/

https://elreplicadorliberal.com/2016/01/06/carta-de-un-ateo-a-otro-ateo-la-noche-de-reyes/

https://elreplicadorliberal.com/2018/09/06/religion-y-socialismo-dos-necedades-y-un-mismo-error/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

14. La política

Colección de artículos relacionados con el asunto de la política:

https://elreplicadorliberal.com/2016/01/25/politica-liberal-problemas-y-soluciones/

https://elreplicadorliberal.com/2015/02/20/miguel-sebastian-un-animal-politico-al-servicio-del-estado/

https://elreplicadorliberal.com/2014/08/21/pablo-iglesias-y-la-rueda-de-la-vida/

https://elreplicadorliberal.com/2014/09/14/el-secarral-del-politico-y-el-vergel-del-ciudadano/

https://elreplicadorliberal.com/2015/04/21/el-corrupto-bueno-y-el-corrupto-malo/

https://elreplicadorliberal.com/2014/11/20/el-arte-y-la-politica/

https://elreplicadorliberal.com/2015/02/06/la-futilidad-del-politico-y-la-educacion-elemental/

https://elreplicadorliberal.com/2015/11/01/el-desmantelamiento-del-estado-un-proyecto-de-plazos-6/

https://elreplicadorliberal.com/2015/12/04/albert-rivera-y-pablo-iglesias-la-cantera-del-kantismo/

https://elreplicadorliberal.com/2016/02/23/la-cesion-ignominiosa-del-psoe/

https://elreplicadorliberal.com/2016/04/26/el-igualitarismo-de-izquierdas-y-los-pactos-de-estado/

https://elreplicadorliberal.com/2016/06/26/el-brexit-y-la-union-europea-la-economia-y-la-politica/

https://elreplicadorliberal.com/2016/11/09/las-elecciones-en-los-estados-unidos-libertad-economica-frente-a-libertad-politica/

https://elreplicadorliberal.com/2017/01/31/la-sciocracia-la-enesima-distopia-totalitaria/

https://elreplicadorliberal.com/2017/03/13/reduccion-del-estado-tres-objetivos-claves/

https://elreplicadorliberal.com/2017/06/04/populismo-liberal-revilla-que-maravilla-y-los-chicos-musculados-de-la-alt-right/

https://elreplicadorliberal.com/2018/10/14/rallo-no-es-dios-tambien-se-equivoca/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

15. La educación

Colección de artículos relacionados con el asunto de la educación:

https://elreplicadorliberal.com/2014/11/27/la-teoria-de-la-imposibilidad-de-la-trasmision-del-mensaje/

https://elreplicadorliberal.com/2017/01/10/burrologia-defensa-de-la-educacion-publica-universal/

https://elreplicadorliberal.com/2017/01/20/el-mensaje-liberal-quien-tiene-la-culpa-de-que-no-se-transmita-el-mensajero-o-el-receptor/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

16. La libertad

Colección de artículos relacionados con el asunto de la libertad:

https://elreplicadorliberal.com/2015/01/13/los-limites-de-la-libertad-de-expresion/

https://elreplicadorliberal.com/2015/05/11/la-censura-del-nuevo-leviatan-y-el-lamentable-caso-del-profesor-rallo/

https://elreplicadorliberal.com/2014/09/05/1736/

https://elreplicadorliberal.com/2015/09/06/las-imprevisiones-del-liberal-con-motivo-de-la-avalancha-de-refugiados-sirios-pequena-objecion-al-pensamiento-de-juan-ramon-rallo/

https://elreplicadorliberal.com/2016/07/16/el-estado-de-la-ley-y-la-calidad-de-la-libertad/

https://elreplicadorliberal.com/2015/12/26/indice-de-impacto-estatal-la-medicion-del-nivel-de-libertad/

https://elreplicadorliberal.com/2018/11/25/50-sistemas-sociales-en-los-que-la-razon-objetiva-y-la-libertad-han-quedado-relegadas-y-suplantadas-por-el-totalitarismo/

 

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

17. El determinismo

Colección de artículos relacionados con el asunto del determinismo:

https://elreplicadorliberal.com/2015/09/18/el-liberalismo-es-determinismo/

https://elreplicadorliberal.com/2016/05/08/el-cancer-los-genes-y-el-ambiente-la-polemica-esta-servida/

https://elreplicadorliberal.com/2014/12/01/james-watson-descubridor-del-adn-y-cabeza-de-turco-de-los-biempensantes/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

18. El conservadurismo

Colección de artículos relacionados con el conservadurismo:

https://elreplicadorliberal.com/2018/10/27/por-que-soy-un-liberal-conservador/

https://elreplicadorliberal.com/2018/11/03/mis-amigos-los-conservadores-carta-de-un-liberal-2/

Publicado en - Ciencias sociales, TEMAS | Deja un comentario

19. El aborto

Colección de artículos relacionados con el asunto del aborto:

https://elreplicadorliberal.com/2014/09/23/1798/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

20. La alimentación

Colección de artículos relacionados con el asunto de la dieta y la alimentación:

https://elreplicadorliberal.com/2014/10/20/la-economia-del-tiempo-y-dieta-paleolitica-del-hombre-moderno/

https://elreplicadorliberal.com/2014/08/18/coman-hamburguesas-carajo-que-no-comen/

https://elreplicadorliberal.com/2017/02/28/ludismo-alimentario-el-veneno-de-la-leche-de-vaca/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

21. La mecánica cuántica

Colección de artículos relacionados con el asunto de la indeterminación cuántica:

https://elreplicadorliberal.com/2017/01/28/principio-de-individuacion-versus-principio-de-indeterminacion-filosofia-y-ciencia/

https://elreplicadorliberal.com/2017/01/17/la-incertidumbre-cuantica-y-el-principio-de-identidad-dos-hechos-compatibles/

Publicado en - Ciencias naturales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

22. El evolucionismo

Colección de artículos relacionados con el asunto de la evolución:

https://elreplicadorliberal.com/2017/08/24/el-evolucionismo-austriaco-y-el-fundamento-intelectual-de-la-escuela-austriaca-de-economia-una-refutacion-epistemica-contra-la-teoria-de-cesar-martinez-meseguer/

https://elreplicadorliberal.com/2017/05/05/los-errores-de-interpretacion-del-evolucionismo-en-el-ambito-de-la-escuela-austriaca/

https://elreplicadorliberal.com/2017/04/28/darwinismo-social-el-verdadero-y-el-falso/

https://elreplicadorliberal.com/2017/05/28/el-sistema-inmunologico-el-problema-del-islam-y-las-tres-barreras-naturales/

https://elreplicadorliberal.com/2018/03/23/creacionismo-liberal-en-el-siglo-xxi/

https://elreplicadorliberal.com/2018/12/01/historia-de-la-energia-una-epopeya-biblica/

https://elreplicadorliberal.com/2019/02/28/de-la-igualdad-de-las-clases-a-la-igualdad-de-las-razas-doscientos-anos-de-mentalidad-comunista/

https://elreplicadorliberal.com/2020/02/18/maximo-sandin-maximo-exponente-del-evolucionismo-colectivista/

Publicado en - Ciencias naturales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

23. El ecologismo

Colección de artículos relacionados con el asunto del ecologismo

https://elreplicadorliberal.com/2019/12/04/el-cambio-climatico-otra-vuelta-de-tuerca-de-la-izquierda-progre/

Publicado en - Ciencias sociales, TEMAS | Deja un comentario

24. El futuro

Colección de artículos relacionados con el asunto de la tecnología:

https://elreplicadorliberal.com/2017/06/20/la-inmortalidad-biologica-del-hombre-mito-o-realidad-la-conquista-de-la-juventud/

https://elreplicadorliberal.com/2016/02/05/la-singularidad-tecnologica-la-ultima-batalla-del-liberalismo/

https://elreplicadorliberal.com/2016/11/12/la-importancia-de-elon-musk-en-la-evolucion-de-la-tecnologia/

https://elreplicadorliberal.com/2015/08/19/la-libertad-y-la-tecnologia/

https://elreplicadorliberal.com/2016/12/26/los-robots-generan-puestos-de-trabajo-los-socialistas-se-vuelven-a-equivocar/

https://elreplicadorliberal.com/2018/08/29/el-marxismo-acaba-de-fichar-a-un-nuevo-integrante-el-transhumanista/

Publicado en - Ciencias sociales, El Replicador Liberal: Libro temático, TEMAS | Deja un comentario

¡La Escuela Austriaca de Economía no es una pseudociencia!

descarga (4)Con frecuencia, se suele acusar a la Escuela Austriaca de Economía de ser una doctrina liberal devenida en pseudociencia. La razón de dicha recriminación tiene varios orígenes posibles, pero sobre todo se basa en una creencia bastante extendida entre la élite intelectual. Muchos mamertos piensan que el método científico, las matemáticas, o la lógica euclidiana, son las únicas herramientas de trabajo que están legitimadas para entender la realidad del mundo. Pero como quiera que la EA utiliza un camino inverso que parte de principios apodícticos y que se sirve del lenguaje natural, muchos creen que esto aleja a dicha escuela de la realidad, tornándola en una suerte de superchería delirante, con ínfulas de seriedad, y abocándola a la marginación y el desprecio más absolutos.

Frente a estas críticas, y a tenor de la envergadura que han venido tomando las mismas en los últimos tiempos, solo cabe ofrecer una respuesta directa, tenemos que armar una réplica lo más detallada posible. Vamos a coger el toro por los cuernos. Veamos hasta que punto esas acusaciones, de las que son objeto los economistas austriacos, gozan de algún fundamento real. Vayamos por partes. Dividamos el pensamiento en tres categorías principales: Epistemología (métodos de conocimiento), Ontología (principios esenciales) y ciencias aplicadas (implementación de los principios abstractos al caso concreto del hombre). Y a continuación, una vez establecidos los parámetros del campo, pongamos a prueba las tesis de la EA con cada una de esas tres disciplinas básicas.

Uno de los pilares más importantes de la EA es la epistemología o gnoseología general. Tal vez no exista otra escuela en el panorama intelectual que haya hecho más esfuerzos por aclarar ese ámbito del conocimiento tan necesario. La gnoseología es una disciplina propedéutica, que resulta fundamental para iniciar cualquier proceso de investigación. A ningún arquitecto se le ocurriría comenzar la construcción de un edificio sin el consiguiente aparejador, que se encarga de determinar las técnicas y los medios que se requieren para llevar a cabo la obra. Y en el ámbito del conocimiento en general pasa exactamente lo mismo. Ningún investigador debería iniciar sus estudios sin haber recibido antes unas nociones básicas de epistemología, o sin tener claro cuáles son los límites, las herramientas y los aperos de la técnica que decida utilizar. En este sentido, la EA se ha preocupado más que ninguna otra corriente de pensamiento (con un celo exquisito rayano en la obsesión) por conocer y determinar las circunstancias concretas que estarían avalando la propia investigación. Así, ha venido a descubrir y apoyarse en una teoría sumamente importante para la indagación social, a saber, la teoría de la imposibilidad del socialismo.

Si por algo se caracteriza la ciencia básica, es por haber asumido los límites a los que se expone el hombre cuando pretende conocer la realidad que le rodea. Esa es la razón de que los científicos hayan renegado de la fe, o que al menos la aparten cuando entran en un laboratorio y se exponen ante una nueva prueba o examen. La ciencia es la antítesis de la religión, y jamás podrá haber una reconciliación entre ambas que vaya más allá de la mera aceptación. La primera solo corrobora un hecho cuando lo puede demostrar de manera segura, utilizando todo tipo de precauciones y sistemas redundantes. La segunda en cambio, afirma una realidad histórica irrepetible, muchas veces inventada o manipulada, que solo se basa en la palabra revelada de una autoridad designada a tal fin, o en opiniones tergiversadas y modificadas por el paso de los años y el deseo de los trasmisores, en una serie de afirmaciones que se atreven a ponderar sobre ciertas cuestiones del más allá, que de suyo están fuera del alcance de nuestras posibilidades como seres cognoscentes, y que por tanto se prestan a todo tipo de maquinaciones y fantasías.

Esta prudencia que caracteriza a la ciencia se traslada al ámbito social de la mano de la EA, que es la única que ha sabido delimitar el conocimiento de esta disciplina dentro de unos márgenes seguros. No en vano, la teoría de la imposibilidad del socialismo viene a decir que el hombre es incapaz de determinar el funcionamiento de un sistema altamente complejo. La sociedad humana es un conglomerado de acciones sumamente intrincado, el más complejo e impredecible que existe, que, como todo sistema complejo, está formado por muchos elementos distintos, los cuales funcionan solo cuando se deja que actúen las partes que los integran, con la información que cada una de ellas recibe a cada instante del entorno, sin pretender que uno de esos nodos (por ejemplo, una camarilla de políticos) controle y domine el orden y el movimiento de todos los demás. Pues bien, la EA ha sabido identificar correctamente esta barrera insuperable para el ser humano, y de ahí ha derivado lo que ha venido a convertirse en la principal crítica que se le podrá hacer jamás al socialismo, y en general a cualquier forma de totalitarismo, a saber, la de acusarle de pretender unas capacidades inverosímiles, imputándole la intención manifiesta de dirigir y dominar amplios sectores de la población, con la escusa de llevarles del ronzal por el buen camino, hacia una prosperidad y una salvación que se anuncian apoteósicas. Porque, no lo olvidemos, la EA es la única corriente de pensamiento que ha sabido oponerse con claridad a esas nuevas manifestaciones de religiosidad que surgen del comunismo, las cuales vienen a sustituir a los dogmas tradicionales, y acaban trocando la imagen del altar por el cacique del barrio. Por eso resulta harto ridículo que algunos quieran emprender a estas alturas una cruzada contra la EA, que la acusen de practicar la superchería, cuando es precisamente esta escuela la única que ha sabido darse cuenta a tiempo de las mutaciones que ha venido padeciendo la propia religión, de culto tradicional a creencia secular.

Lo paradójico de todo este asunto es que exista un amplio número de doctos científicos que defiendan el laicismo y el agnosticismo en los claustros y en las aulas, y que sin embargo se aferren de forma incondicional a la creencia del socialismo cuando platican en el bar, abogando por una ideología que tiene tantos ejemplos de paralelismo con la ortodoxia religiosa que a veces casi ni se distinguen. Y lo que más asombra es que estos mismos letrados acusen a la EA de defender una doctrina esotérica basada en supercherías y creencias irracionales, cuando en realidad son ellos los únicos que han decidido cambiar la fe tradicional por esa otra forma de religión que ha venido a sustituirla: el comunismo o socialismo (o en términos más generales estatismo), y que a día de hoy tiene casi tantos adeptos como ciudadanos existen en el mundo. Ningún país se libra de esta nueva plaga. La mayoría de personas apoyan al Estado de forma incondicional, y le dotan de poderes divinos, para que intervenga en la sociedad de forma masiva, como si de un Dios omnipotente se tratase. Resulta verdaderamente irritante que un adepto a estas nuevas formas de religiosidad te acuse a ti, un simpatizante de la escuela austriaca, de ser una persona crédula y devota, miembro de una secta marginal, siendo que ellos son ahora mismo los representantes en la tierra del mayor conglomerado de fanáticos religiosos que han existido nunca: los devotos del Estado moderno. En cambio, la EA, al haberse separado de todas esas doctrinas totalitarias y al haber adoptado una metodología basada en la prudencia, la epistemología y la falibilidad popperiana, ha retomado el camino de la ciencia en el ámbito de la sociología, y ha tomado el testigo del escepticismo y el pensamiento crítico, precisamente en aquellas áreas donde más falta hacía, aquellas en las que más autoridades pugnan por hacerse con el poder.

La ciencia solo se atiene a las pruebas verificables; no atiende a ninguna otra autoridad. Esa ha sido la clave de su éxito. Su equivalente en la economía es la EA, que sigue luchando para derribar las últimas autoridades que quedan todavía en la sociedad civilizada: los políticos.

El otro pilar de la escuela austriaca hace referencia a la segunda disciplina que hemos señalado más arriba: la ontología. Una vez establecido el método de trabajo, lo segundo más importante que debemos hacer es aclarar los principios que nos guían y nos avalan en esa labor. Puesto que ya hemos dicho que no confiamos en ninguna autoridad, y dado que carecemos de la capacidad de predicción que otros se arrogan falsamente, siendo que es imposible dirigir y controlar todas las variables que dominan un sistema complejo, lo único que podemos hacer es redirigir nuestra atención hacia aquellos hechos de la naturaleza tan simples y evidentes que no precisan de demostración alguna. Es aquí donde nace ese otro presupuesto de la gnoseología que al cabo se convertirá en el fundamento metodológico más importante de la EA: el dualismo metodológico. La ciencia experimental, la estadística y la medición empírica pueden abstraer ciertos datos de un sistema complejo. Pero también podemos partir de principios sumamente sencillos, que damos por ciertos, y derivar a continuación algunas conclusiones seguras. Lo que hace básicamente la EA es rescatar el concepto de axioma euclidiano, propio de las matemáticas, y reciclarlo y aplicarlo al objeto y a la causa de la sociología.

En este sentido, la EA se basa en un elemento absolutamente incuestionable: la acción humana. De nuevo, la ciencia también se caracteriza por buscar de forma incansable la verdad en las evidencias más generales. Aunque debe ser consciente de sus propios límites, y practicar una prudencia acorde con esa asunción, su principal objetivo es llegar a conocer el mayor número de certezas posibles. En esto la escuela austriaca se distingue de manera clara del resto de doctrinas, apareciendo como una de las escuelas que mejor se adecúa al carácter esencial de la ciencia canónica, pues no hay mayor verdad que aquella que alude directamente a la existencia de las cosas, señalando la acción que sin duda compete a todos los objetos que están presentes en el mundo, elucidando las características básicas que corresponden a esa acción, y consignando el carácter entitativo e individual que están obligados a tener todos los elementos que se avienen a dicha existencia. En el caso del hombre, esto se traduce en un principio de suma importancia: la acción individual, la acción humana. Que la escuela austriaca haya sido la única corriente de pensamiento que ha sabido poner en valor este principio, la única que lo ha utilizado para basar toda la teoría política y económica que ha producido a lo largo de su vida, habla muy bien de esta escuela de pensadores, y la sitúa como la primera corriente en conseguir analizar la sociedad con un claro espíritu científico. Y por eso, también resultan patéticos todos los magufos que ahora intentan relacionar a la EA con el esoterismo o con la magia negra.

En tercer lugar, debemos saber qué es lo que afirma la EA en materia de política y economía, a la hora de aplicar los principios gnoseológicos y ontológicos en los que se basa. La tercera cuestión importante que debemos abordar, luego de aclarar los métodos y los principios que otorgan notoriedad a nuestra disciplina, es conocer el modo por el cual dichos principios se aplican y se implementan en todos aquellos aspectos de la realidad que están más directamente relacionados con la vida diaria de las personas. Es decir, tenemos que abordar las ciencias sociales utilizando para ello la luz que proveen los principios arriba señalados. Y es aquí, al implementar el apero básico de la escuela austriaca, cuando nos damos cuenta de lo comprometida que está esta corriente de pensamiento con la búsqueda infatigable de la verdad. La EA ha basado siempre su teoría económica en el ahorro y la producción de bienes reales, en contraposición con todas las demás corrientes, que han abogado habitualmente por la fabricación artificial de moneda, la preeminencia de bienes nominales, la adulteración de los precios, la manipulación de las mercancías, la intervención del Estado y las arbitrariedades del gobierno de marras. La EA es la corriente de pensamiento que más abiertamente se ha manifestado en contra del Estado y las políticas Keynesianas, las cuales intentan cambiar y mejorar la situación de la economía como si de un taumaturgo se tratara, tocando a la gente con su barita mágica, modificando las cosas con decretos ley, sin atenerse lo más mínimo a la realidad. Según estos nuevos prestidigitadores, si los salarios son demasiado bajos, lo único que hace falta es que un político apruebe una norma que obligue a todas las empresas a subir los sueldos. Si hay demasiados pobres, solo tenemos que arrebatar una parte de las ganancias de las empresas para dársela a las clases más necesitadas. Si sube el tipo de interés, solo tenemos que bajarlo. Si los bancos quiebran por falta de moneda, solo tenemos que apretar el botón de producir más dinero. El verdadero esoterismo en la economía consiste en intentar paliar todos los problemas que afectan a los ciudadanos haciendo que los conejos salten de la chistera del mago de la política, de tres en tres. La mayor superchería de todas es aquella que busca paliar el hambre de los pobres distribuyendo los bienes entre las clases depauperadas sin acudir a las verdaderas causas que están detrás de esa depresión, que no son otras que la falta de productividad. El creacionista de turno siempre antepone los deseos a la realidad. Le gustaría que el mundo tuviera un sentido elevado, y que pudiéramos conseguir todo lo que nos proponemos con solo desearlo. El paniaguado del socialismo enfrenta los problemas de forma parecida. Solo acierta a ver la superficie especiosa de los fenómenos, y muy pocas veces percibe las causas últimas que están detrás de todo problema social, que únicamente se hallan en los primeros estadios de la cadena productiva. El socialista solo alcanza a emocionarse cuando un niño recibe un trozo de pan en alguna aldea apartada de la civilización. Pero le traen sin cuidado todas las medidas que han tenido que implementarse para fabricar esa barra. No hay nada más alejado de la ciencia que la visión miope y cortoplacista que padece el socialista de turno. Y no existe una corriente de pensamiento que más haya hecho por derribar ese mito socialista que la insigne escuela austriaca de economía. Por eso, cada vez que algún nuevo iluminado sale a la palestra para acusar a la EA de practicar la superchería, a uno le hierve la sangre y se le salen los ojos de las órbitas al ver cómo esos paniaguados pueden afirmar tal cosa y al mismo tiempo hacer la contraria (de cómo pueden arrogarse la función de guardianes máximos de la verdad y a la vez defender la mayor mentira de todas: una economía keynesiana basada en el gasto indiscriminado, la deuda galopante, las promesas de futuro, y la distribución arbitraria de bienes y servicios inexistentes). Sobre todo, resulta abracadabrante que estos nuevos ungidos ocupen puestos de catedrático en las principales universidades del país, y que hayan venido colonizando un amplio sector del ámbito “científico”. Vivimos en un mundo que se encuentra patas arriba, donde se confunde a los verdaderos científicos con los mayores estafadores y charlatanes de la historia, y a los más prudentes economistas con los peores alabarderos del régimen. En estas circunstancias, no podemos menospreciar el importante papel que desempeña la EA, su función como garante última de la verdad y como primera abanderada de la ciencia en el ámbito de la sociología. Pensadores de la talla de Mises y Hayek han abierto una brecha enorme con respecto a sus colegas, al haber convertido la economía y la política (últimas fronteras del conocimiento) en verdaderas ciencias.

Las ciencias sociales se dedican al estudio de los sistemas más complejos que existen en el universo, las sociedades de humanos. Por eso constituyen la última frontera que le queda por atravesar al hombre, el último camino transitable. En este sentido, la EA representa la vanguardia del conocimiento. Sus elites intelectuales deben jugar el papel de zapadores, convertirse en diestros exploradores, y construir los puentes que aún hacen falta para cruzar las últimas vaguadas que restan antes de alcanzar el éxito. Y deberán asumir también las primeras bajas que se produzcan en el ejército como consecuencia de las arremetidas y emboscadas que les tiendan los bárbaros y los salvajes. Son las demás corrientes de pensamiento las únicas que ostentan el título de pseudociencias, las únicas que defienden las creencias órficas de los pueblos fronterizos, las únicas que todavía creen en el fantasma de Keynes. Por su parte, la Escuela Austriaca es la única que se aviene al método racional de la ciencia en el ámbito de la política y la economía, la única que ha sido capaz de combatir a esas hordas de incivilizados, la única que ha aprendido a manejar las herramientas y los principios apropiados, la única que ha sabido determinar las causas reales y profundas del desarrollo humano (el ahorro y la productividad), y la única, en definitiva, que siempre ha ido con la verdad por delante.

Publicado en Artículos de filosofía, Artículos relacionados, MIS ARTÍCULOS | 5 comentarios

Documental: vida y obra de Friedrich A. Hayek (1899-1992)

 

Friedrich A. Hayek es sin duda el representante más conocido y divulgado de la Escuela Austriaca de Economía, el único que recibió el premio Nobel, uno de los que mejor escribía y exponía los argumentos, el que tenía una visión más amplia de la economía, y el primero que tuve el placer de conocer. Este documental sobre su vida y sus ideas es una joya del pensamiento universal, un estímulo sin parangón y un canto a la libertad.

Publicado en BIOGRAFÍAS, Friedrich A. Hayek | Deja un comentario

El estado de la ley y la calidad de la libertad

descarga (3)Con frecuencia, el debate político que acaece en torno a las formas de gobierno y las estructuras de poder adquiere unos tintes y unos derroteros harto insustanciales. Muchas veces, los hombres tendemos a perdernos en los detalles más nimios, sin acudir a la verdadera raíz del problema; nos fijamos exclusivamente en el dedo que señala la luna. ¿Cuál es el mejor sistema de gobierno? Algunos dicen que es la democracia. Pero a buen seguro existen monarquías que son mejores que muchos sistemas parlamentarios de libre elección. Aunque también hay realezas de corte tiránico, cuyas elites superan en vileza y pillaje a las peores democracias que alguna vez existieron. Hay quien dice que el tamaño del país es el principal factor a tener en cuenta. Pero hay países pequeños donde la barbarie cobra unas dimensiones estratosféricas. Y hay otros cuya miniaturización ha permitido que floreciera una libertad más duradera. Por su parte, los anarquistas de mercado aducen que es el tamaño del Estado lo único que importa. Pero hay sistemas anárquicos donde la violencia de las sectas y las facciones tribales se han infiltrado tanto en el tejido social que acaso sus ciudadanos lo ven ya como una cosa normal, y asumen la cesión de un diezmo a estos clanes mafiosos, con la condición de que no les hagan daño. Es verdad que todos estos factores que acabamos de señalar contribuyen en cierta medida a decantar el poder hacia uno u otro lado. No deberíamos pasarlos por alto. Pero muchas veces nos perdemos analizando este tipo de cualidades secundarias, y no atendemos al principal valor que tendría que servir para medir el grado de libertad de un país, que no es otro que el respeto hacia aquellas leyes que protegen nuestra vida y nuestra propiedad. Así, cualquier situación social puede ser recomendable siempre y cuando se dé la condición principal, a saber, el estado de la ley, la adecuación correcta de la Taxis (orden creado) al Kosmos (orden espontáneo), y la transición paulatina hacia un régimen de mayor libertad ciudadana. No nos ofusquemos intentando determinar el tamaño óptimo de un país o el grado de participación de sus ciudadanos. Miremos la luna. Contemplemos las leyes. Admiremos el principal factor que incide en la determinación del sistema de gobierno que más se adecúa al propósito de todo debate: la mejora de la nación. Analicemos el estado de su constitución, la calidad de sus normas y la aplicación de sus edictos. Hagamos que la legitimidad política recaiga en el imperio de la ley. No en vano, Hayek buscó un apelativo que describiera con rigor el sistema que él pensaba que era sin duda el más adecuado, y lo encontró en el concepto de isonomía, que significa igualdad ante la ley. Solo cabría añadir a este concepto hayekiano otro término si cabe más preciso: bonusnomía, leyes buenas, y uno más que nos dé la clave para saber qué entendemos por bueno: minarquía, leyes mínimas, gobierno limitado, prevalencia del individuo y del orden espontáneo, la seña de identidad del pensamiento de Hayek.

Publicado en MIS NOTAS, Notas de política | Deja un comentario

Las nuevas formas de genocidio: de la eliminación de judíos a la eliminación de toreros

descarga (2)Existen dos tipos de personas, las que valoran la vida humana por encima de todas las cosas, y las que ponen dicha vida al servicio de sus fines y sus intereses personales. Los liberales y la gente de bien preferimos sin duda la primera jerarquía. En cambio, los socialistas y los comunistas se han destacado siempre por abrazar la segunda postura. Si por algo se caracterizan las revoluciones marxistas, es por haber sacrificado millones de vidas en el altar de las ideologías. Todo vale con tal de alcanzar el paraíso que anuncian las acémilas del régimen. Por eso, no me asombra en absoluto que los defensores de los animales y, en concreto, esa subespecie de mutantes que conforma la clase antitaurina, medren por lo general en las filas de la izquierda más rancia e intolerante, desposeida de sus antiguos imperios, desheredada por la propia evolución, y a punto de perder las últimas colonias. Antiguamente, los marxistas ocupaban continentes enteros y tenían carta blanca para cazar y matar judíos a diestro y siniestro. En aras de su lucha, enviaban al gulag a todos los representantes de la burguesía o del clero que podían atrapar, y no les temblaba la mano cuando llegaba la hora de ajusticiarlos. Hoy en día, al haberse civilizado la sociedad, los lacayos de Lenin han visto como mermaban sus fuerzas. Ya no pueden manifestar su infecta naturaleza como lo hacían antes, se han quedado para vestir santos, se sienten un tanto frustrados, y llenan las horas del día escribiendo panfletos y manifiestos en los que piden y desean la muerte de toreros o policías. Resultan ciertamente patéticos, anacrónicos, verdaderos monstruos del pasado, fantasmas de la muerte a medio camino entre dos mundos, zombies descabezados. Antes defendían las ideas que les inoculaba cualquier nuevo megalómano que saltara a la arena política, y anteponian las consignas del lider a la vida de sus conciudadanos o familiares. Así fue como se forjaron muchas tiranías. Ahora colocan al toro donde antes ponían al líder supremo. Antaño defendían abiertamente las mentiras que asperjaban y predicaban los turiferarios del materialismo dialéctico y los esbirros de Stalin. Pero ahora deben ir con más tino, pues se ha hecho patente que dichas ideas no contribuyen en nada a crear la sociedad moderna de la que ellos también se benefician. Por eso es que han sustituido la égida soviética por la causa animalista o por la religión del cambio climático. Ahora ponen a un toro de lidia o a una foca del Ártico por encima del hombre. Cualquier pensamiento es bienvenido con tal de que promueva la muerte de aquellos seres humanos que no opinan igual o que se interponen en su camino. Ese es el verdadero rostro de estos nuevos indeseables. Son los mismos misántropos de siempre con otros collares. Siempre han estado en contra del progreso y de la creación humana. Por eso no les importa nada la vida de los demás. Tienen a bien despreciar al principal impulsor de todos esos desarrollos: el ser humano. Llevan los genes de aquellos que antaño se jactaban de matar judíos y mendigos para limpiar las calles de escoria. Son sus dignos sucesores; sus reencarnaciones; sus imágenes especulares, sus continuadores. Matan al hombre para salvar al animal, igual que antes lo hacían para salvar al tirano que les sujetaba la brida.

Publicado en MIS NOTAS, Notas de sociología | Deja un comentario

El ‘Brexit’ y la Unión Europea: la economía y la política

1e7fdafebc72ded3de2d45a9d6bd8ffa (1)Todo planteamiento relativo a la Unión Europea, y, en general, cualquier propuesta que tenga que ver con la unión de un grupo concreto de naciones, debería considerar, en primer lugar, una diferenciación de suma importancia, necesaria para entender dicho proceso de integración. Debería tener en cuenta la existencia de dos tipos de uniones de suyo incompatibles, la unión económica y la unión política. La primera consiste nada más que en eliminar las barreras al flujo de bienes, capitales y personas. La segunda en cambio aspira a conseguir todo lo contrario. La unión política no es otra cosa que la unión de todas aquellas fuerzas que, desde distintos flancos y con distintas escusas, han venido impidiendo desde siempre la función del libre mercado y el flujo internacional. Cualquier unión económica implica y demanda el respeto de unas leyes básicas que garanticen ese tránsito general. Pero esto no puede denominarse unión política. En todo caso, será una unión jurisdiccional. La unión política solo puede resultar en un aquelarre de burócratas, reunidos en torno a una hoguera de vanidades, con alevosía y nocturnidad, para convocar a todas las fuerzas del mal de las que son capaces (que son muchas).

La construcción de la Unión Europea se ha realizado en dos fases. Primero el mercado común, luego la unión política. No obstante, el primer paso nunca requirió del segundo. Eso es algo que nos quisieron vender los políticos que esperaban tener un retiro agradable en las instituciones europeas a cargo de todos los contribuyentes. Para eliminar fronteras y permitir la libre circulación de bienes y personas no hace falta crear un monstruo burocrático. El libre mercado requiere de menos leyes, y no de más. La construcción de la Europa postcomunista se basa en una concepción de la política que en realidad no disiente tanto de la que tenían los propios burócratas de la Unión Soviética. Ambas uniones han quedado en entredicho por la vorágine depredadora del recaudador de impuestos, y se han visto lastradas por la codicia infinita y el ansia de poder de los políticos, actitudes que se acrecientan si cabe más por su condición de exiliados en la ínsula de Bruselas, sede del Consejo Europeo, a donde van a parar todos los cadáveres de los ministeriales que agotan la legislatura en sus naciones de origen. Sabido es que los gatos viejos y moribundos, cuando están acorralados, son casi tan peligrosos como un tigre hambriento.

La Unión Soviética y la Unión Europea han dado muestras de ser parecidas. Y es probable que ambas acaben de igual manera. La separación de Inglaterra que anuncia el declive de la Unión Europea, se puede asemejar, salvando las distancias, a la caída del telón de acero que terminó dando la puntilla de gracia al proyecto megalómano de Stalin, y refutando de esa manera la teoría de Marx que previamente había augurado el éxito rotundo del comunismo y el socialismo internacional.

Quienes defendemos la libertad y el libre comercio solo podemos alegrarnos con este nuevo hecho histórico. Debemos agradecer a Inglaterra que haya dado el primer paso. Las sonrisas que ahora se dibujan en nuestras caras son las mismas que destacaban en los rostros, por otro lado escuálidos y demacrados, de los hombres y mujeres que se apostaban encima del muro de Berlín la noche que éste dejó de ejercer su función y de tener sentido.

Creo a pies juntillas en la unión económica y el mercado común. Desearía que esa unión fuera mundial, en el caso de que algún día pudiera ser posible. Por eso deseo que Inglaterra se separe definitivamente del resto de países europeos. Esto no es ninguna contradicción. Lo que impera hoy es una unión política que dificulta e impide la unión económica en torno a aquellos principios de libre mercado en los que yo siempre he creído. Más que una contradicción, mi apoyo al Brexit supone una reafirmación de mi posición inicial como liberal y como persona. No creo en la burocracia europea. Pero sí deseo que Europa camine hacia una mayor integración de su economía. Ese era el sueño inicial. Al principio solo había un mercado común. Luego vinieron los políticos, crearon las instituciones gubernamentales, se pusieron unos salarios exorbitados, toquetearon aquí y allá, como siempre hacen, y acabaron con aquel bello proyecto. La separación de Inglaterra recupera ese ideal perdido. Los países del continente seguirán comerciando con la isla en las mismas condiciones, por la cuenta que les trae. Solo cabe esperar un único peligro, el mismo de siempre, que los políticos resentidos de la Unión Europea castiguen ahora a Inglaterra con un embargo a la cubana. Ya hay algunos ministros que se han manifestado en este sentido. Esperemos que esto no ocurra jamás. Pero si ocurriese, no debería extrañarnos nada. Los políticos no aprenden. La maquinaria de la burocracia no descansa nunca. El populismo y la ensoñación marxista constituyen su combustible habitual. Y los pozos del alma humana que albergan ese comburente tienen reservas para mil años más. Solo cabe esperar que el hombre descubra algún día una energía más limpia, es decir, que se dé cuenta de que su destino no pasa por aceptar todo lo que le viene dado de la política, sino por entender que las únicas fuerzas que realmente estimulan el progreso social tienen una raíz económica, se deben a la iniciativa privada y las ganas de mejorar, y se hallan por tanto en el interior de cada individuo. Esos son los verdaderos resortes que habría que implementar en el aparato de la Unión Europea.

Publicado en MIS NOTAS, Notas de política | Deja un comentario

La teoría de la imposibilidad del liberalismo: la mácula de Jesús Huerta de Soto

lockerothEl teorema de la imposibilidad del socialismo fue desarrollado inicialmente por la escuela austriaca de economía, en los años más negros del comunismo, precisamente para combatir de frente esta ideología nefanda, con el único objetivo de demostrar de una vez por todas cuán equivocados estaban aquellos ideólogos marxistas, y cuan errados están todos los que defienden sin paliativos el predominio del Estado y lo público a expensas de la propiedad privada y la libertad del individuo. Según el citado teorema, el socialismo deviene siempre en una planificación imposible, toda vez que no existe ningún ente que pueda manejar con la suficiente eficacia el volumen de información que se pone en movimiento en el seno de una sociedad moderna.

Las sociedades actuales constituyen sistemas enormemente complejos, compuestos por millones de individuos, actores permanentes que ni siquiera saben la mayoría de las veces qué plan acabarán prefiriendo al cabo del día. La información está distribuida entre cada uno de los elementos que componen el sistema. Y los procesos acontecen al momento, de forma inmediata, y muchas veces de manera inconsciente. No existe en el mundo ordenador alguno que pueda manipular semejante volumen de datos. Pero, incluso en el caso de que la cantidad tuviera un valor asequible, la cualidad de la información (de carácter tácito) vendría a dar al traste con cualquier intento de control centralizado. Con menos motivo por tanto puede arrogarse esa labor una camarilla de políticos insignificantes.

Ahora bien, en un alarde de profesionalismo, algunos autores austriacos han creído que podían extender la teoría del la imposibilidad del socialismo haciendo que incluyese también al liberalismo clásico (uno de ellos es el profesor Jesús Huerta de Soto). De esta manera, se han denominado a sí mismos anarquistas de mercado, y se han solazado pensando que se emancipaban para siempre de sus padres ideológicos, mucho más moderados y conservadores. En esto, han aprovechado para elevar su ego académico a la categoría más alta a la que éste puede aspirar, la de nuevos descubridores. Su rechazo absoluto del Estado se ha venido a convertir en una suerte de teoría definitiva, de la que ellos son los principales artífices. Con todo, cabe decir en honor a la verdad que esa extrapolación extrema, que han terminado practicando los liberales, no tiene el menor sentido.

El socialismo incurre en un error cuando pretende intervenir en la economía de forma masiva. Por eso es imposible que resulte en algo positivo. Pero no es verdad que el minarquismo y el liberalismo clásico incurran también en el mismo error. El liberalismo clásico no espera que el Estado acapare tamaño poder. La teoría del gobierno limitado defiende un ordenamiento social básico, casi residual. Precisamente, insta al Estado a reducirse a la mínima expresión porque es consciente de que no existe ningún gobierno que pueda maniobrar un sistema tan complejo como ese. Todos aquellos anarquistas de mercado que acusan al minarquismo de cometer los mismos pecados que comete el socialismo decimonónico eluden deliberadamente un hecho cardinal, a saber, que  la tesis central que cimenta el minarquismo es sin duda la misma que ellos utilizan para justificarse ante los tiranos y prevenirse de los sátrapas. Los anarquistas de mercado omiten deliberadamente ese pequeño matiz. La teoría que les da legitimidad, aquella que demuestra la imposibilidad de facto del socialismo, fue gestada en la cabeza de los liberales clásicos y los minarquistas mucho antes de que ellos –los anarquistas de mercado- aparecieran en escena. Sin embargo, estos últimos se empeñan una y otra vez en combatir ellos solos al dragón, y, no contentos con esto, acusan al resto de liberales de proporcionar alimento a la bestia, tal y como hacen los socialistas y los comunistas. Han llegado los últimos de todos, pero, curiosamente, pretenden hacerse con la hegemonía de la guerra. Yo llamo a esto orgullo de novato.

Lo mismo ocurre con ese otro reproche típico, que encandila a los nuevos adalides del liberalismo, y en el que se insinúa que cualquier Estado, tenga el tamaño que tenga, es de suyo incompatible con la causa libertaria, pues tiende a crecer de forma natural y a convertirse tarde o temprano en un gobierno eminentemente socialista. De nuevo esta acusación se vuelve en su contra. Si hay un sistema que pueda considerarse peligroso para la causa del liberal, ese es el sistema anarquista. El Estado siempre ha surgido de una situación previa de desorden y anarquía. Lo que más anhelan aquellos indeseables que están siempre al acecho, esperando una oportunidad para hacerse con el dominio de las instituciones por la fuerza, es que no exista ninguna ley general clara que se interponga en su camino. Los delincuentes siempre han florecido y se han enriquecido con el vacío de poder y el interregno.

En cualquier caso, sea como fuere, el anarcocapitalismo tampoco se libra de sufrir el acoso constante de esa parte de la sociedad que nunca querrá transigir con las normas y el orden establecido, con el agravante añadido de que, al no gozar de ninguna garantía general mínima, los anarquistas de mercado ven más comprometida su estabilidad que si dieran en conceder al Estado alguna función en esta materia, caso del gobierno limitado.

Por supuesto, nadie está afirmando que el anarquismo de mercado no abrace ningún tipo de orden. Precisamente, el apellido “de mercado” hace referencia a un orden espontáneo y natural, que emerge en la sociedad cuando se deja que los distintos elementos que componen la misma compitan en libertad. Todas las discusiones con anarcocapitalistas terminan en uno de estos dos callejones sin salida, o bien te aseguran que cualquier estado mínimo acaba volviéndose mucho más grande, o bien te reprochan que digas que el anarquista de mercado no defiende también un tipo de organización concreta. Ahora bien, lo que resulta inconcebible es que, si se defiende tal cosa, no se vea necesario al mismo tiempo establecer alguna norma general básica. Incluso en un sistema anarquista extremo debe existir una normativa general gracias a la cual se garantice un cierto respeto generalizado. El anarquista puede decir que ese respeto se obtiene de manera natural, dejando que actúe el orden espontáneo, a lo cual un minarquista debe contestar que, aunque eso es en parte cierto, no lo es menos que un orden prefigurado, establecido de antemano, pueda también contribuir a agrandar el sistema en el que ambos creen. El minarquismo es una teoría más inclusiva. Concibe un orden espontáneo, pero no se olvida de las ventajas que tiene el orden deliberado, para aquellos casos en los que las leyes son más elementales, todas las cuales constituyen el marco de regulación que permite dicha emergencia espontánea. Si el anarquista de mercado siguiera su doctrina a rajatabla, hasta sus últimas consecuencias, como hace en política, debería abogar por la supresión incondicional de cualquier orden establecido de manera deliberada y con carácter previo, por ejemplo, debería rechazar la administración de aquellas vacunas y medicamentos que ya sabemos de antemano que son buenas para prevenir una enfermedad. Si podemos establecer con carácter previo algunas cuestiones evidentes y objetivas en el ámbito de la medicina, con más motivo debemos buscar también las mismas en el ámbito de la política y la organización social. Si creemos que hay que obligar a unos padres desconsiderados a incluir a sus hijos indefensos en el programa de vacunación, con más motivo debemos apostar por unas leyes básicas que incluyan a todos los individuos dentro de la categoría de seres humanos, con derecho a existir y a buscar su propia felicidad. Renunciar a esto es renunciar al logro y el éxito intelectual que ha permitido al hombre hacer algunos descubrimientos incuestionables. No debemos confundir el orden espontáneo con la dejación absoluta de funciones en materia legislativa o con la implantación de varios códigos de conducta que compitan en igualdad de condiciones. Solo existe un código civil que favorece la libre competencia, y es con este con el único con el que no debemos promover la competitividad. Tenemos que diferenciar la dimensión teórica de la propia ley, que siempre es general y universal, de la situación que ésta trata de describir, que, en el caso de las sociedades, es una situación variopinta, compleja y competitiva.

En definitiva, el anarquista de mercado carece por completo de razón cuando afirma que su sistema es considerablemente mejor que aquel que siempre ha defendido el liberal clásico. Pero sobre todo, la falla intelectual que más le deslegitima es la que intenta extrapolar la teoría de la imposibilidad del socialismo, haciendo que sirva también para criticar al minarquista. En este caso, el anarquista parece desconocer por completo el sentido y el propósito de dicha imposibilidad, así como también las razones históricas y los motivos teóricos que estarían detrás de la misma. La imposibilidad hace referencia a la incapacidad que padece cualquier grupo de poder para conocer y manipular de forma óptima un sistema complejo. Pero nada dice acerca de la manipulación de otros factores mucho más sencillos. Evidentemente, ningún líder podrá saber jamás qué le conviene a cada uno de los individuos que conforman la sociedad que él intenta dirigir desde su posición de poder. Pero existen algunos presupuestos simples que nadie puede negar y que podemos establecer a priori sin miedo a equivocarnos. Por ejemplo, el hecho de que deba haber una seguridad y una defensa básicas en todo el territorio, la propia idea de unidad territorial, y el marco constitucional que garantice esa situación y esa libertad, son condiciones necesarias para que nadie se arrogue después el privilegio de gobernar a los demás con mano de hierro, y de forma arbitraria.

Esa igualación absoluta entre hechos complejos y hechos sencillos (inmanejables los unos y de necesaria utilización los otros), la falsa identificación de ambas categorías, la equiparación de aquellas leyes que ponen claramente en riesgo la libertad de los individuos (al entrometerse de forma masiva en sus vidas privadas), con aquellas otras que simplemente buscan establecer unas condiciones básicas de partida (libertad negativa), es sin duda el principal error teórico que cometen los anarquistas de mercado, su talón de Aquiles, la vía de agua que terminará llevando su nave a pique, y el mejor argumento de que disponemos los verdaderos liberales para desenmascarar a esas novicias del liberalismo, anarquistas todas.

A veces me imagino a mi mismo en un universo paralelo, compartiendo vida y mantel con una versión de Huerta de Soto ligeramente distinta, más científica, menos religiosa, más liberal, y menos anarquista. Me veo escuchando sus conferencias y sus clases magistrales con la boca abierta, sin tener que asistir también a esas oraciones y jaculatorias que suele realizar al final de las mismas y que mete con calzador en el programa de sus clases. ¡Qué magnífica imagen!, Huerta de Soto, gran orador, maravilloso divulgador, enorme académico, y también agnóstico o ateo, y liberal clásico. Cuan apartadas están de la ciencia y la prudencia todas sus apelaciones al demonio, o su defensa del anarquismo más radical. Qué maravilla sería tener a un Huerta de Soto aristotélico, baconiano, dawkiniano, gran humanista pero también gran científico. No me interpreten mal. Tal vez vivamos en uno de los mejores universos posibles. Es difícil que se vuelva a repetir la figura que representa Huerta de Soto para todos los liberales. Admiro profundamente su legado y su obra. Pero esto no obsta para que admire un poquito más a un Huerta de Soto imaginario. Déjenme soñar. Tengo derecho. Me lo permite la ley.

Publicado en Artículos de política, MIS ARTÍCULOS | 2 comentarios

El cáncer, los genes y el ambiente: la polémica está servida

telomerosAgingpeqOKHace unas semanas, el cantante de Jarabe de Palo, Pau Donés, publicaba en un medio de comunicación una emotiva carta donde anunciaba que padecía cáncer y aprovechaba para apuntillar que se disponía a combatir la enfermedad con la serenidad que esta se merecía. La carta en sí es una llamada a la vida. El cantautor afirmaba en ella que pensaba seguir disfrutando del momento como lo había hecho siempre. No se lamenta de su situación, ni se hace la víctima, lo cual es de agradecer. Todo lo contrario, afronta el drama con valentía y con tesón. Se congratula de haber tenido la suerte de poder disfrutar de una vida intensa, al lado de su familia, enamorado de los suyos y de la música.

Carta de Pau: http://verne.elpais.com/verne/2015/12/23/articulo/1450892655_528925.html

Pero, si bien el principio de la carta es un verdadero canto a la vida, el final es en cambio un alegato de la muerte y una admonición del progreso. Según el autor de la misiva, los hombres vivimos en un mundo enfermo que nosotros mismos hemos propiciado: “Hay algo que estamos haciendo mal, no cabe la menor duda. Y ese algo tiene que ver con nuestra manera de vivir, seguro; ¿sociedad del bienestar? Sí, pero ¿a qué precio?”

Para el cantante, el cáncer ha adquirido un impacto mayor como consecuencia de algo que estamos haciendo mal. Pero esto es completamente falso. Lo cierto es que el cáncer ha aumentado porque lo estamos haciendo cada vez mejor, cada vez vivimos más años, y por eso cada vez las enfermedades relacionadas con la vejez tienen un impacto social más grande.

Hay personas que opinan que la mayor longevidad de nuestra sociedad occidental no explica el fenómeno del cáncer. En la era de Napoleón –nos dicen- las ciudades sufrían una incidencia de tumores muy superior a aquella que acumulaban los habitantes del campo. También nos invitan a que admitamos que las poblaciones con regímenes alimenticios ancestrales empiezan a aumentar vertiginosamente sus tasas de cáncer tras adoptar las dietas postindustriales. Bajo esta tesis, los factores principales del cáncer serían sin duda aquellos que tienen relación con el ambiente y los hábitos sociales del hombre (dieta, estilo de vida, etc…)

En realidad, el ambiente siempre es un factor a tener en cuenta, pero ni mucho menos el más decisivo. Si uno se fija en el proceso del cáncer, se dará cuenta que éste se debe menos a las mutaciones que provocan nuestros hábitos y más al programa genético que llevamos inserto dentro de nosotros. ¿Por qué digo esto? Muy sencillo. A lo largo de nuestra vida todos sufrimos diversos episodios de cáncer, mutaciones en nuestras células que no llegan a más porque tenemos potentes mecanismos de reparación que, o bien corrigen inmediatamente esas alteraciones, o bien conducen a las células mutadas a un suicidio o apoptosis programada. Y no es hasta que somos viejos que no empiezan a fallar esos sistemas de reparación, con el consecuente acumulo de mutaciones y la consabida aparición del cáncer (que requiere que se den a la vez varios tipos distintos de alteraciones genéticas). Por eso afirmo que, en términos generales, importa más el genoma que el ambiente. El entorno provoca todo tipo de mutaciones, pero mientras tengamos sistemas de reparación eficaces, esas alteraciones no tienen ningún efecto importante. Es el propio programa genético el que conlleva una disminución de las alertas que saltan en nuestros tejidos cuando aparece una mutación peligrosa, a medida que nos hacemos mayores.

No voy a negar que el ambiente y las costumbres influyan de manera importante a la hora de contraer una enfermedad. Nunca me ha gustado ese maniqueísmo absurdo que otorga importancia solo al entorno, o solo a los genes. El hombre es el resultado de ambas cosas, y estas influyen en mayor o menor medida en todos los aspectos de su vida y su destino como persona. Es posible incluso que el ambiente sea más decisivo en ciertos procesos biológicos. Pero en términos generales, cuando tratamos con la senectud, creo que tiene más importancia la carga genética.

Habitualmente, solemos dar demasiada relevancia a los factores exógenos, tales como la dieta o las costumbres. Los motivos de esto son variopintos, y nos ofrecen una perspectiva clara de la naturaleza humana. Nos enseñan a prevenirnos de esa otra enfermedad mental casi tan devastadora como el propio cáncer: la ignorancia y la estupidez.

Sobre todo, está esa idea anticapitalista que insiste en prevenirnos del progreso y la tecnología, que asegura que el hombre está esquilmando los recursos de la Tierra y que terminará agotando todas las reservas del planeta. Esa idea es la primera causa de muerte en muchos países, y es también el motivo de que haya tanta gente que de una importancia mucho mayor al ambiente que a los genes. A esto se suma el propio desconocimiento de los mecanismos moleculares que operan en el interior de las células, mucho más ocultos a la vista del hombre que esas escenas bucólicas que nos atiborran de emociones, con las que se muestran bellos paisajes, cabriolas de gacelas, exuberantes lagos, etc…, todo lo cual contribuye a incrementar esa sensación de apego a la tierra que nos lleva a considerar que el entorno es la única variable a tener en cuenta.

Independientemente de que el ambiente ejerza también una influencia considerable, lo que está claro es que el hombre tiene una enorme querencia hacia todas esas ideas que, en alguna medida, intentan oponerse al avance de la sociedad, avisándonos de lo mal que estamos haciendo las cosas, y poniendo todo tipo de palos en las ruedas del carro que impulsa el progreso humano.

Es verdad que la sociedad se encuentra profundamente enferma. Pero no es cierto que la sintomatología de su dolencia tenga algo que ver con el maltrato que los hombres propiciamos al planeta. Muy al contrario, la enfermedad presenta un cuadro clínico completamente distinto. La dolencia acusa una idiocia diferente, la cual lleva al hombre a renegar de las verdaderas causas que están detrás de su éxito y su bienestar. No se está destruyendo el planeta. Se está destruyendo el futuro de la humanidad. No se esquilman los bosques ni se secan las cuencas. Se esquilma la creatividad y se secan sus fuentes originarias. Se combate al empresario, se anatematiza el capitalismo, se promueve la vuelta al arado romano y se reivindica la bicicleta de pedales. Se apuesta por todo aquello que supone un mayor atraso, pero al mismo tiempo se disfrutan los bienes que se obtienen como consecuencia del abandono de todas esas costumbres ancestrales. La enfermedad por antonomasia del ser humano no es el cáncer o la vejez. Y tampoco lo es su ambición o su codicia. Su principal enfermedad se llama hipocresía, y se manifiesta de muchas maneras, ora con el comunismo, ora con el socialismo, ora con la ecología, ora con el feminismo, ora con el ludismo. En todas estas manifestaciones existe siempre un máximo común denominador: sus pacientes aquejan una profunda obcecación, que les lleva a enfrentarse a todo aquello que les permite existir, la libertad de trato, el libre intercambio, el comercio basado en acuerdos voluntarios, las recetas del capitalismo, los bienes del empresario, etc… Este trastorno obsesivo-compulsivo es semejante  a aquel que padecen las personas que sufren una variante rara de Lesch-Nyhan, un síndrome autodestructivo que lleva a los sujetos a morderse los dedos y los labios, llegando en casos extremos a la mutilación. Sin embargo, el síndrome de los socialistas es mucho más grave. Aquí no estamos hablando de una enfermedad rara, ni de unos pocos muñones amputados. La idiocia está ampliamente descrita y los casos de autodestrucción son numerosos. Sus efectos se dejan sentir en las cámaras y congresos de medio mundo, y afectan incluso a las personas sanas, que no sufren los síntomas. Y aunque existe una cura, parece que nadie está dispuesto a tomarse la pastilla. Nadie reconoce que está enfermo. Es más, la propia enfermedad lleva al paciente a creer que es la persona más lúcida que existe sobre la faz de la tierra. Ese motivo de arrogancia (la fatal arrogancia de la que nos habla Hayek en sus ensayos) es otra de las dificultades que enfrentan los médicos que intentan paliar esta enfermedad. Parece que la epidemia va para largo. Es posible que acabemos sucumbiendo a sus efectos. En el mejor de los casos, quedaremos renqueando. Puede ser que un día encontremos un antídoto que nos permita convivir con la enfermedad en mejores condiciones. Esa es la única esperanza a la que se aferran los familiares de aquellos pacientes a los que se les ha diagnosticado una dolencia crónica. Y esa es también la única esperanza que tenemos los liberales. No podemos ser optimistas. Pero al menos nosotros somos inmunes. Tal vez algún día los anticuerpos sean algo común en la sangre de todos los hombres. No obstante, el mundo sigue progresando. La pandemia socialista no ha conseguido que se detenga. Las enfermedades más virulentas tienen focos muy reducidos, se extienden rápido, pero también desaparecen rápido. La capacidad infecciosa siempre es inversamente proporcional al grado de mortalidad que tiene la enfermedad. El socialismo ostenta una capacidad infecciosa muy alta, y ha matado a millones de personas a lo largo de toda la historia. Ese es el motivo de que sus focos acaben extinguiéndose por sí mismos, como se extingue el Ebola cada vez que resurge. Es tan devastador que ni siquiera tiene tiempo de trasmitirse con suficiente eficacia. La Unión Soviética también implosionó por sí misma. Puede ser que el mundo avance tan rápido (la técnica progresa exponencialmente) que los políticos no tengan tiempo de ponerle trabas. La esperanza del liberal se halla, no en su capacidad de convencer a los ignaros (que no la tiene), sino en la propia fuerza de su verdad y en la habilidad que siempre ha demostrado la vida para abrirse paso. El liberal apuesta sin duda por un comportamiento humano más acorde con el mundo real. Y será ese envite el que al final prevalezca y acabe teniendo un mayor predominio en la naturaleza. Las falacias no funcionan demasiado tiempo. Los hombres con alas siempre acaban dándose de bruces contra el asfalto, por mucho que afirmen que pueden volar.

Publicado en Artículos de sociología, MIS ARTÍCULOS | 2 comentarios

La infame revolución del proletariado que quiere Pablo Iglesias: feliz día del consumidor

Como trabajadores, los hombres no podemos convertirnos nunca en soberanos de nuestras vidas, porque entonces estamos obligados a actuar también como dictadores, y a decidir sobre la vida de los demás. En términos económicos, el trabajador es un elemento productivo; es un bien de capital. Constituye la mano de obra con la que se fabrican los bienes de consumo. Como productor, no puede decidir qué produce o deja de producir. La soberanía que importa aquí es la del consumidor, no la del trabajador. La libertad que hay que garantizar es la que se genera cuando se eligen los bienes de consumo, no la que acontecería si se pudieran elegir los bienes de capital sin tener en cuenta los gustos de los consumidores. Un trabajador siempre tiene cierto margen de decisión, puede elegir si quiere trabajar, incluso puede elegir donde hacerlo. Pero nunca podrá escoger el salario que le gustaría ganar, o el mejor sitio para obtenerlo. Todo eso depende en último lugar de la demanda que exista en un determinado momento.

El trabajo siempre debe tener un componente desagradable. La mayoría de las cosas siempre cuestan esfuerzo. Venimos a este mundo con una mochila vacía, y para llenarla es necesario trabajar duro. Pero es que, además, el trabajo no es algo que podamos elegir nosotros, en virtud de aquello que nos guste. Cuando trabajamos nos convertimos en productores de bienes de consumo, lo que quiere decir que fabricamos bienes que están destinados al consumo de otras personas. Mientras no pretendamos obligar a los demás a consumir los productos que nosotros les digamos, tendremos que fabricar aquellos artículos que demanden ellos de manera voluntaria. Esto no tiene vuelta de hoja. El trabajo no es algo que esté dirigido a agradarnos a nosotros. Muy al contrario, tiene que venir determinado por los gustos y las apetencias de los consumidores. Si yo quiero ejercer la medicina, pero resulta que ya hay una oferta de médicos que cubre toda la demanda, solo tengo dos opciones. Puedo hacer que los demás enfermen, y aumentar así esa demanda, o puedo esforzarme para superar a mis colegas y agradar a un mayor número de clientes. Si acepto lo primero me habré convertido en un tirano. Si acepto lo segundo deberé esforzarme duro y afrontar todas las adversidades que vengan. Y muchas veces tendré que asumir que no puedo trabajar en aquello que me hace a mí más feliz. La demanda de un puesto de trabajo nunca coincide con la oferta. Y coincidirá menos si solo tenemos en cuenta los gustos del trabajador. Si esto fuera así, todos tendríamos un puesto agradable, estaríamos trabajando como capitanes, navegando en un bonito yate, recibiendo unos emolumentos abundantes, y dejándonos arrastrar por las olas, hacia una isla caribeña. Y todos los consumidores tendrían que comprarnos ese viaje. Sin embargo, los hombres tienen necesidades que exigen trabajos mucho más duros. Por ejemplo, necesitamos comer naranjas y patatas, y por tanto hace falta que alguien trabaje removiendo el abono que necesitan los campos. Si este ejemplo de trabajo no parece suficientemente desagradable puedo poner muchos más.

En cualquier caso, lo que tenemos que entender es que las personas tienen gustos profesionales que no coinciden al cien por cien con las necesidades reales que presentan por término medio todas las personas que consumen. Esta fórmula es bastante sencilla.

Que yo describa la realidad como algo desagradable no quiere decir que me jacte de que sea así. Simplemente, constato una situación, y afirmo que existe una regla sencilla que refuta esa creencia ingenua que aboga por abolir el trabajo, o por sustituirlo por otros empleos más agradables. Me niego a creer en estas pamemas. Pero eso no quiere decir que me agrade el sufrimiento de los demás, o que no me emocione cuando veo que alguien lo pasa mal. En cierta medida, todos lo pasamos mal, todos venimos a este valle de lágrimas a sufrir, y la mayoría de nosotros trabajamos en oficios que no nos gustan demasiado. La realidad siempre es más dura de lo que imaginamos. Y si creemos que nos podemos librar de esta pena, acabaremos sufriendo todavía más: chocaremos contra un muro de piedra infranqueable; terminaremos siendo consumidores insatisfechos, laminados por la tiranía del trabajador.

Las condiciones laborales deben mejorar, y de hecho lo hacen, gracias a que la capacidad productiva aumenta a medida que las sociedades capitalistas se desarrollan y se apoyan más en la técnica y el conocimiento científico. Pero no deben mejorar porque lo diga un determinado sindicato, o porque constituya un deseo general o una apetencia profesional. Los deseos se convierten en realidad solo cuando la realidad quiere.

La única soberanía legítima es la que viene impuesta por la voluntad del consumidor. Todos somos consumidores de bienes. La libertad auténtica debe respetar los gustos de cada uno de los individuos, sin hacer excepciones. Debe prevalecer la voluntad de aquellos que utilizan esos bienes. Pero la revolución del proletariado, tal y como la conciben los comunistas, utiliza exactamente el argumento contrario. Centra sus reivindicaciones en torno a la figura del trabajador y del obrero. Y, al hacer esto, deja de defender que cada uno haga y consuma lo que quiera, y pasa a exigir que todos consuman lo que el productor decida, en virtud de las necesidades que le sean afines. El comunismo aduce que su compromiso es la lucha contra el empresario. Sin embargo, lo que hace es convertir al empresario en el mayor de los tiranos, ya que le permite decidir qué quiere producir, sin atender a las necesidades de las personas (en general, en eso consiste precisamente la planificación social y económica que llevan a cabo todos los partidos políticos, sus arengas a favor de los supuestos sectores estratégicos, y su defensa del empleado).

Artículo completo aquí:

https://elreplicadorliberal.com/2015/04/09/la-infame-revolucion-del-proletariado-que-quiere-pablo-iglesias/

Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Bitácora de un NICARAGÜENSE 18

Publicado en MIS EXTRACTOS | Deja un comentario

Los papeles de Panamá y el papelón de los políticos

imagen-sin-tituloLos papeles de Panamá han provocado ríos de tinta en las redes sociales y medios de comunicación de todo el mundo. Todos se llevan las manos a la cabeza ante el enorme escándalo que se ha destapado. Pero, ¿cuál ha sido la causa principal de este alboroto? Ni más ni menos que el intento por parte de muchos propietarios de pagar menos al fisco. Todos los años, el común de los mortales hace lo mismo cada vez que presenta la declaración de Hacienda. De otra forma, se comportarían como verdaderos estúpidos. Sin embargo, cuando eso lo hacen personas conocidas el caso se convierte en un verdadero serial.

Los políticos se llevan en impuestos la mitad del dinero que ganamos en un año. Dichas exacciones les sirven para corromper las instituciones y corromperse a si mismos. Podemos ha estado financiándose de manera ilegal durante todos los años en los que ha existido. Pero nadie se plantea seriamente ilegalizar a esta formación. Sin embargo, aparecen unos papeles que demuestran que los hombres de negocios son medianamente inteligentes, esto es, que se llevan el dinero a países que no se sirven del mismo para pervertir y corromper las instituciones, e inmediatamente todos se rompen las vestiduras.

Comprendemos bastante bien lo que significa la libertad cuando nos desplazamos por el mundo sin tener que dar cuentas a ningún mandatario. Pero, paradójicamente, casi nadie entiende que esa libertad se extiende también a nuestro dinero y nuestros bienes. ¿Quién es nadie para decirnos dónde tenemos que crear una sociedad o cómo tenemos que invertir nuestro capital? Nos ponemos estupendísimos cuando hablamos de derribar los muros de la vergüenza. Pero nos comportamos como verdaderos sinvergüenzas cuando pretendemos obligar a la gente a utilizar sus emolumentos como nosotros queramos. Al apoyar todas estas delaciones le estamos haciendo el caldo gordo a los políticos, que son los verdaderos hacedores de las corruptelas, y estamos haciéndoles la cama a los exiliados que huyen de las prisiones fiscales en las que se han convertido sus países, con la legítima esperanza de encontrar un lugar más propicio para vivir, donde no les roben el dinero.

Este artículo ha sido publicado en el diario digital MadridCode:

Los papeles de Panamá y el papelón de los políticos

 

Publicado en ARTÍCULOS EN LA PRENSA ESCRITA, Artículos periodísticos en MadridCode | 1 Comentario

El igualitarismo de izquierdas y los pactos de Estado

images (1)El igualitarismo que ponen en práctica los partidos de izquierdas tiene un claro corolario a nivel filosófico. Se llama relativismo. En política, la igualación alude directamente a las personas, y se deriva de esa manía marxista que clasifica a los individuos en función de su clase social, como si fueran castas hinduistas. Esta determinación brahmánica esclerotiza a la sociedad y condena a las personas a llevar una vida estéril, falta de motivaciones y recompensas. En cambio, en el plano de la filosofía, son las propias ideas las que acaban sufriendo esa igualación atroz. Cualquier valor destacable es tomado por un privilegio burgués, e inmediatamente deja de tener prioridad.

La sociedad está absorbida por esta relativización del pensamiento, la cual se deja sentir a todos los niveles. Cuando los votantes reclaman a la clase política un pacto de Estado, en realidad están diciendo que no les importan las ideas que tengan, con tal de que lleguen a un acuerdo.

Normalmente, cualquier solución tiene siempre dos posibles respuestas. Las hipótesis se plantean, y luego se confirman o se refutan. No existen terceras vías. El espacio y el tiempo son absolutos, como decía Newton, o cambian en función de la velocidad y la aceleración, como aducía Einstein.

Con la teoría política ocurre exactamente lo mismo. Solo existen dos soluciones posibles; dos hipótesis. O bien defendemos una reducción paulatina del Estado y una mayor liberalización de la economía, o bien apoyamos la injerencia del burócrata en todos los ámbitos. Los pactos entre partidos acaban distrayendo la atención del votante, impidiendo que se dé cuenta de cuál es la hipótesis verdadera, y disolviendo cualquier argumentario en el ácido corrosivo de la componenda política y el acuerdo de Estado. Hoy en día, son muchos los que se manifiestan claramente a favor de los pactos. Pues bien, no solo no tendrán pactos (ya que es imposible que los partidos que se encuentran a ambos lados del espectro ideológico puedan pactar nada) sino que además tampoco tendrán un gobierno estable. La crisis institucional que vive España actualmente es un producto más de ese relativismo cultural que acarrea la retórica del pueblo, ahíta de trampantojos marxistas.

Este artículo ha sido publicado en el diario digital MadridCode:

El igualitarismo de izquierdas y los pactos de Estado

Publicado en ARTÍCULOS EN LA PRENSA ESCRITA, Artículos periodísticos en MadridCode, MIS NOTAS, Notas de política | Deja un comentario

La celebración del libro y el aguafiestas del Estado

mujer_libros_biblioteca

 

En el día del libro, comparto con todos vosotros mi biblioteca personal (los libros que he leído y ojeado a lo largo de mi vida), y os animo a que hagáis lo mismo conmigo:

https://elreplicadorliberal.com/category/mi-biblioteca/

El libro es quizás el único elemento de la vida que engloba y supera a todos los demás. El libro intensifica y concentra la vivencia humana hasta unos extremos insospechados. Escribir es pensar en las cosas con una parsimonia y una perspectiva de siglos, mucho más profunda. La lectura permite ralentizar y detener el tiempo, viajar a épocas remotas, soñar con el futuro de la tecnología, o experimentar la vida de los autores (ochenta o noventa años) en el transcurso de unas pocas horas (el tiempo que se tarda en embaularse un texto). Leer es controlar el tiempo y el espacio, viajar por las dimensiones, llenarse de universo. Desgraciadamente, existen algunos badulaques del gobierno que entienden ese control de un modo bastante distinto. También aquí, en este lugar sagrado, nos encontramos con el Estado y sus adláteres, sus burócratas y sus lacayos. ¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué motivo todos los libros tienen hoy un 10% de descuento? Pues simple y llanamente porque el Estado lo impone por ley, no permite disminuir aún más su precio final, impidiendo de ese modo que nos salgan más económicos. Lo llaman tribunal de la competencia. Pero yo lo llamo ignominia y ganas de joder.

Publicado en MIS NOTAS, Notas de sociología | Deja un comentario

Instituto Arquitas: introducción a la sociología empresarial

Instituto Arquitas de Tarento

Organización dedicada a la promoción de la libertad individual y el progreso tecnológico. Nuestros referentes académicos son la escuela económica de Carl Menger (la Escuela Austriaca de Economía) y la corriente transhumanista de Ray Kurzweil (la Universidad de la Singularidad)

https://www.facebook.com/groups/arquitasdetarento/

Hashtag: #sociologiaempresarial

La Singularidad tecnológica como condición empresarial

A la larga, la verdad siempre prima sobre la mentira. Por mucho que el socialista repita una y otra vez aquello de que los mercados deben estar protegidos, a medio y largo plazo la realidad se acaba imponiendo a sus ideas como el día lo hace con la noche. Si dice que hay que proteger el sector del taxi, surge Uber; si afirma que la agricultura autóctona es un bien estratégico que hay que cuidar, surgen mil formas nuevas de transportar y conservar los alimentos que provienen de otros lugares; si dice que no se deben difundir determinadas ideas, aparece internet; si asegura que la energía solar es la esperanza de millones de personas, estalla la crisis de las renovables. A un socialista no se le puede convencer con las ideas. Su seña de identidad es la tozudez. Por algo tienen esas creencias. Pero sí le podemos llevar del ronzal en el terreno de la praxis. A la hora de poner en marcha sus pensamientos, el socialista tiene todas las de perder, ya que choca una y otra vez contra el muro de la verdad. Sus falacias no funcionan. Esta reflexión me lleva a ser profundamente pesimista en lo tocante a la educación y el proselitismo (como ya he dejado claro en algunos artículos https://elreplicadorliberal.com/2014/11/27/la-teoria-de-la-imposibilidad-de-la-trasmision-del-mensaje/ ). Nunca convenceremos a los socialistas de que están equivocados; son mayoría y tienen la demagogia de su lado. Sin embargo, soy optimista en lo que respecta a la razón y la tecnología (articulo: https://elreplicadorliberal.com/2016/02/05/la-singularidad-tecnologica-la-ultima-batalla-del-liberalismo/ ). Por eso reconozco en la acción empresarial algo sumamente importante y necesario para alcanzar el progreso social y acercarnos a la Singularidad tecnológica, caballo de batalla de este foro de debate. Los arquitanos debemos honrar a esos hombres valientes que utilizan las ideas del mejor modo posible, para trasformar la sociedad a través de la acción individual (empresarial). Mas allá del propio pensamiento (sociología académica) se encuentra un mundo de empeños y nuevas victorias, un mundo de empresarios y autónomos, de luchadores y de gente responsable, que eleva la sociedad a nuevas cotas de progreso, y que permite que todos los demás podamos disfrutar de una vida más propicia y feliz (sin duda, les debemos nuestra situación actual). Este foro también hablará de la mercadotecnia y las hazañas de esos héroes anónimos que, en contraposición con la clase política, trabajan a diario animados por un ansia personal de mejora (que se traduce al cabo del tiempo en una mejora sustancial de toda la población), para crear nuevas empresas, aplicaciones informáticas y soluciones productivas, sin que por ello reciban la más mínima atención de los medios de comunicación, los cuales sin embargo sí se fijan (y hasta se deshacen en elogios) en todos esos estadistas y politicastros de tres al cuarto que, por término general, suelen dificultar con sus acciones las gestas del empresario.

Publicado en Indice de materias, Think tank: Instituto Arquitas de Tarento | Deja un comentario

Instituto Arquitas: introducción a la sociología académica

Instituto Arquitas de Tarento  

Organización dedicada a la promoción de la libertad individual y el progreso tecnológico. Nuestros referentes académicos son la escuela económica de Carl Menger (la Escuela Austriaca de Economía) y la corriente transhumanista de Ray Kurzweil (la Universidad de la Singularidad)

descarga (5)

https://www.facebook.com/groups/arquitasdetarento/

La singularidad tecnológica como una condición académica

Los arquitanos también hablamos de política y economía. Existen, por lo general, dos maneras diferentes de afrontar la vida y la carrera intelectual. En una analizamos los hechos con una cierta parsimonia, consagrándonos a la difícil tarea de desarrollar una teoría verdaderamente general. En la otra, nos dedicamos a comentar los casos más particulares, de rabiosa actualidad, con artículos en prensa y comentarios en los principales medios de comunicación. Se pueden hacer las dos cosas, pero hay una cierta tendencia a volcarse más en una de ellas, por aquello de la limitación de espacio y de recursos. Jesús Huerta de Soto y Juan Ramón Rallo son dos casos prototípicos, el primero por estar enfocado a la vida académica, y el segundo por ser más visible en los medios de comunicación. Tanto el uno como el otro elaboran juicios de valor y desarrollan teorías económicas, y actúan al amparo de las mismas para transmitir esas ideas al público en general. No obstante, el primero se centra más en la elaboración de las propias ideas y el pensamiento en abstracto, mientras que el segundo adquiere una dinámica mas apegada a la realidad cotidiana, proselitista y periodística. Uno se dedica a enfatizar el pensamiento y la teoría general. El otro hace lo propio con la acción y el compromiso diario con las ideas que defiende.

Aunque el pensamiento y la acción deben ir de la mano, y ambos autores cultivan las dos facetas con gran maestría, es conveniente distinguir en ellos una cierta tendencia a especializarse en un campo determinado. De esa doble vertiente nacen y se constituyen todos los Think -Tank.

Pero no solo la divulgación y la política se ven afectadas de manera directa por esta dualidad operativa. En ingeniería pasa exactamente lo mismo. El inventor se centra en las nuevas ideas. Mientras que el empresario o el capitalista se encargan de ejecutarlas y ponerlas en práctica utilizando esos conocimientos al objeto de satisfacer los gustos de la gente y permitir las propias acciones de los ciudadanos.

Las ideas tienen un esplendor evocador. Son la semilla de la que nace toda la materia de la evolución. Además, constituyen un revulsivo importantísimo, ya que inspiran el amor por la sabiduría y la atracción por el conocimiento. Pero, en el fondo, son meras abstracciones sin ningún valor práctico inmediato. Hace falta un empresario para darles forma. Las acciones son las formas efectivas que culminan todo el proceso de conocimiento. En el análisis social, deberemos atender a ambos aspectos. Esta es la razón de que dividamos la sociología en dos ramas diferentes, sociología académica y sociología empresarial, y que las distingamos en función del cometido de la noticia o la enjundia de la reflexión que queramos presentar.

La acción es el tocado de cualquier pensamiento intelectual. No obstante, cualquier acción positiva debe ir precedida siempre de una buena idea, que se aprende y se transmite a las siguientes generaciones con resultados productivos. Ese es el espíritu de la sociología académica, el análisis de las ideas sociales que impulsan el progreso de la civilización y nos acercan cada vez más rápido a la última de las fronteras, la Singularidad tecnología, el Sancta Sanctorum de este grupo de debate. Efectivamente, no lo duden, los arquitanos también deseamos hablar de política y economía. Aunque nos atrae sobremanera todo lo que está relacionado con la tecnología y la ciencia, entendemos al mismo tiempo que la organización social y el ámbito del humanismo constituyen el caldo de cultivo en el que tiene lugar la cocción de las ideas y las acciones que, a fin de cuentas, son las principales impulsoras de la tecnología y la investigación que nos acerca a la Singularidad y a la inmortalidad.

Publicado en Indice de materias, Think tank: Instituto Arquitas de Tarento | Deja un comentario

¡Cumplimos veinticinco artículos!

foto blog

Esta bitácora acaba de cumplir veinticinco artículos (me refiero aquí exclusivamente a los artículos largos). En el enlace que aparece abajo están todos esos escritos, para el que quiera consultarlos, ordenados cronológicamente, según han ido apareciendo: https://elreplicadorliberal.com/category/mis-articulos/

Aprovecho la conmemoración para agradecer a todos los que me siguen el hecho de que lo hagan. La madre de Flaubert repetía continuamente a sus amigas que tenía un hijo que estaba obsesionado con la literatura, y a su hijo le decía que las palabras le acabarían matando. Para Flaubert, la literatura era simplemente una forma de vida, una necesidad de la que no podía prescindir. Perfeccionista hasta la exasperación, tenía que repasar mil veces un texto para acabar medio satisfecho con lo que había escrito. Cioran decía que todo literato es un incauto y un perdedor «echado a perder por su talento». Cuando un amigo le anunciaba ilusionado que estaba preparando un libro, Cioran le respondía con un consejo lastimoso: “Al penetrar en el infierno literario, va usted a conocer sus artificios y su veneno; sustraído a lo inmediato, caricatura de sí mismo, ya no tendrá más que experiencias formales, indirectas. Se desvanecerá usted en la palabra. Los libros serán el único tema de su charla. En cuanto a los literatos, ningún provecho sacará de ellos. De esto solo se dará cuenta usted demasiado tarde, tras haber perdido sus mejores años en un medio sin espesor ni sustancia. ¿El literato? Un indiscreto que desvaloriza sus miserias, las divulga, las reitera: el impudor desfile de reticencias es su regla; se ofrece… vaciado por su fecundidad, fantasma que ha gastado su sombra, el hombre de letras disminuye con cada palabra que escribe”.

Aquellos que estamos obsesionados con la literatura, sabemos por experiencia que el esfuerzo de escribir es una labor bastante ingrata. Nunca acabamos de estar contentos con lo que publicamos. La tarea que realizamos demanda un trabajo ingente, que nunca finaliza. Sacrificamos nuestra vida en el altar de las palabras, sin que muchas veces recibamos nada a cambio. Generalmente, se nos ningunea y se pone en cuestión el trabajo que hacemos. Asimismo, levantamos una polvareda de críticas y admoniciones que acaban tapando los pocos cumplidos que también recibimos, y a veces ocurre que se nos olvida incluso el motivo de lo que hacemos. No escribimos porque queramos obtener el aplauso del público, aunque su aliento también nos haga bastante bien. Escribimos porque sentimos una necesidad imperiosa en lo más hondo de nuestros corazones. Escribimos porque, si no lo hiciéramos, caeríamos fulminados de inmediato. Escribimos sencillamente porque necesitamos vomitar todo lo que llevamos dentro, para que no se nos indigeste. La madre de Flaubert se equivocaba. La literatura no te mata. Como mucho te deja inválido, postrado en la cama, incapaz de desempeñar otra tarea que no sea la de escribir. Lo que te lleva a la tumba es exactamente lo contrario, constatar que ya no puedes construir otra frase, que te han abandonado las musas y que nunca más van a volver.

Publicado en MIS NOTAS | Deja un comentario

Utopía: la verdadera y la falsa

dibujo_utopia_www_gracielabello_com_ar_300Desde hace cierto tiempo vengo escuchando, de boca de algunos socialistas y comunistas de tomo y lomo, un mantra que se repite una y otra vez y que en cierta medida pone al descubierto la estafa piramidal en la que ha acabado convirtiéndose esa doctrina de postín, la lírica del Marxismo. Afirman éstos que el capitalismo, tal y como está planteado por los liberales, es una ideología idealista, una nueva utopía social, y que por tanto no tiene nada que envidiar a las que ellos defendían sin dobleces hasta hace bien poco. ¿Acaso se han quedado sin argumentos? ¿Por qué recurren a las mismas acusaciones que nosotros siempre hemos empleado contra ellos? Puede que ya no tengan nada más que decir. ¿Acaso se han dado cuenta de que su defensa resulta insostenible? ¿O puede ser que no tengan más balas en la recámara? ¿O tal vez es un síntoma de que se sienten acorralados? No sé muy bien cuáles son las causas de esa reacción. Sin embargo, incluso si conviniéramos en aceptar esta crítica hodierna, a saber, que el capitalismo es otra utopía más, cabría distinguir al menos dos tipos de idealismo, uno verdadero y otro falso.

La utopía comunista es una utopía sensu estricto, esto es, un delirio irrealizable, ontológicamente imposible. Los socialistas insisten, y en ello sustentan todo su debate, en una idea que a todas luces es imposible de aceptar: la igualación de los individuos y su dilución en el ácido clorhídrico del colectivo. No se puede igualar a los hombres sencillamente porque ninguno de ellos es igual a los demás. Su naturaleza los ha creado diferentes desde el mismo momento en que son individuos, discernibles del resto de cosas. No se puede crear una sociedad sobre la base de una única clase de trabajadores, pues es evidente que el progreso implica a muchos tipos distintos y conlleva siempre una especialización laboral y productiva inerradicable y constitutiva.

Por su parte, la utopía capitalista es en realidad una utopía falsa. Solo es utópica en un sentido meramente utilitarista y circunstancial (cultural). Es irrealizable porque la mayoría de la gente no cree en ella y no la quiere llevar a la práctica, y no porque en la naturaleza exista una ley que contradiga sus postulados básicos. Más bien, la naturaleza se muestra acorde con las ideas que blasona en su escudo el ideario capitalista. La competencia, la diversidad, el orden espontáneo, son aspectos comunes de la vida, que también se reflejan en el mundo animal, y que desde siempre han impulsado la evolución y la mejora adaptativa. Si la utopía capitalista no se puede llevar a la práctica, no es porque no sea una teoría correcta, sino porque los hombres no suelen estar de acuerdo con las teorías correctas; siempre suelen equivocarse, y nunca atienden a razones. El capitalismo prospera, no porque los hombres se entusiasmen con las ideas que éste plantea, sino porque se entusiasman con los resultados tecnológicos que produce, a despecho de las trabas que en principio van poniendo los ignaros por el camino. La utopía capitalista no se puede llevar a la práctica porque existe generalmente una estupidez innata en el ser humano que le hace ir en contra de las reglas más básicas de la naturaleza. El capitalismo sólo será posible cuando el hombre deje atrás esa cerrazón. En cambio, el socialismo sólo sería posible si modificásemos las reglas del universo. La quimera del capitalismo descansa sobre una idealización antropológica. En cambio, la ilusión socialista halla sus raíces en una imposibilidad ontológica y cosmológica. En el primer caso la utopía es tal porque defiende una teoría absolutamente correcta, que tiende a ser rechazada. En el segundo caso lo es porque defiende una teoría falsa, imposible de cumplir. Hay una enorme brecha entre estas dos concepciones. Cuando el socialista alega que nosotros también defendemos un objetivo imposible, en realidad de lo que se está dando cuenta es de lo imposible que resulta convencer a la gente para que adopte ese tipo de visión. A día de hoy, el capitalismo auténtico no tiene posibilidad de llevarse a la práctica simple y llanamente porque no existe un amplio consenso en torno a él. Y no existe ese consenso porque el hombre ha decidido dar la espalda a la razón y la verdad, y se mantiene anhelante, esperando la segunda venida del Señor (Marx).

Nadie ha expresado mejor que Rothbard esta diferencia radical entre unos utópicos y otros. En su libro Hacia una Nueva Libertad afirma lo siguiente: “Si bien para el libertario es vital sostener ante todo su ideal último y extremo, esto no lo hace, en contraposición con lo que dice Hayek, un utópico. El verdadero utópico es el que defiende un sistema contrario a la ley natural de los seres humanos y del mundo real. Un sistema utópico es aquel que no podría funcionar aun si fuera posible persuadir a todos de que lo lleven a la práctica… El objetivo utópico de la izquierda, el comunismo –la abolición de la especialización y la adopción de la uniformidad- no podría funcionar incluso si todos estuviesen dispuestos a adaptarlo de forma inmediata. Y no podría hacerlo porque viola la naturaleza misma del hombre y del mundo, en especial la unicidad e individualidad de cada persona, de sus habilidades e intereses, y porque significaría una drástica caída en la producción de riqueza tan grande como para sentenciar a la mayor parte del género humano a una rápida inanición y extinción. En resumen, el término utópico, en el lenguaje popular, combina dos tipos de obstáculos en el camino de un programa radicalmente diferente del statu quo. Uno es que viola la naturaleza del hombre y del mundo, y por ende no podría funcionar al aplicarse. Un ejemplo es la utopía del comunismo. El otro es la dificultad de convencer a una cantidad suficiente de personas de que el programa debería ser adoptado. El primero es en realidad una mala teoría, porque viola la naturaleza del hombre, el último es sencillamente un problema de la voluntad humana, la dificultad de convencer a una cantidad suficiente de gente de la validez de la doctrina. En el sentido peyorativo del término común se aplica sólo al primero. Por tanto, en el sentido más profundo la doctrina libertaria no es utópica sino eminentemente realista, porque es la única teoría realmente consistente con la naturaleza del hombre y del mundo… el libertario no niega la variedad y diversidad del hombre, la glorifica y busca dar a esa diversidad su expresión total en un mundo de absoluta libertad. Y al hacerlo también genera un enorme aumento en la productividad y en la calidad de vida de todos, un resultado eminentemente práctico que por lo general los verdaderos utópicos desdeñan como si fuera un perverso materialismo.”

A pesar de todo, el mundo sigue hacia delante, la vida se abre camino, y el capitalismo prosigue acaparando más cuotas de poder. Y esto es así porque en realidad el capitalismo no es otra cosa que la manifestación más pura de la naturaleza, expresada través de las acciones humanas. Como también dice Rothbard, un poco después del párrafo que hemos incluido más arriba: “El libertarianismo triunfa con el tiempo debido a que él y sólo él es compatible con la naturaleza del hombre y del mundo. Únicamente con la libertad puede alcanzar el hombre la prosperidad, la realización y la felicidad… En pocas palabras, el libertarianismo triunfa porque es verdadero, porque es la política correcta para la humanidad, y finalmente la verdad triunfará”.

La globalización y, en definitiva, cualquier acción de progreso encaminada a promover la unicidad de las ideas capitalistas en torno a los principios que dicta la madre naturaleza, tiene en suma el mismo efecto sobre dichas acciones: su desarrollo. Siempre se me achaca que defienda una minarquía mundial, una proyección de los ideales capitalistas aplicados en el mayor territorio posible. Para mi es raro que alguien que cree en una idea concreta y que hace proselitismo de la misma, no quiera luego que esta se extienda como la pólvora al mayor número posible de regiones. Me parece una contradicción, máxime cuando lo que defendemos es la ampliación de la libertad de conciencia, de movimiento, de capitales, o de palabra, de todas las gentes del planeta. También me han dicho, desde algunos cenáculos liberales, que la minarquía mundial es otra utopía más que añadir al ya abultado saco de ideales que el hombre lleva a sus espaldas. No obstante, lo que yo defiendo es la tendencia a asumir también una cierta globalización en las ideas. No pretendo que la minarquía mundial sea una realidad mañana. Digo que es a lo que hay que tender, la asíntota a la que debemos acercarnos en la medida de nuestras posibilidades. La utopía socialista está convencida de poder implantar de la noche a la mañana un socialismo real. Igual hacen los anarquistas de mercado, convencidos como están de que van a ser capaces de eliminar por completo el Estado. Lo que yo promuevo es bastante más realista (y prudente), una tendencia a la globalización, que nos permita ir deshaciéndonos de aquellas partes del Estado (la mayoría) que son claramente inservibles. Además, tampoco defiendo una minarquía universal que tenga a bien controlar todos los asuntos. La minarquía se basa exclusivamente en unos principios muy básicos (una legislación comunal), y deja que las distintas regiones y comunidades compitan entre ellas para disponer de una legislación particular que ofrezca una mejora progresiva comparativamente mayor. No se puede decir, por tanto, que yo sea un utópico, y que los demás son unos simples incomprendidos.

Los socialistas tienen una concepción de la libertad bastante equivocada. Creen en una suerte de libertad positiva. Asumen que el hombre solo será libre cuando consiga deshacerse de las ataduras que le impiden alcanzar todos los objetivos que se propone en la vida. Esto les lleva a defender una teoría completamente irreal, que se opone de facto a la naturaleza. Las propias leyes de la vida son vistas también como enemigas de esas aspiraciones. Los socialistas sólo serán libres cuando todos sean absolutamente ricos, cuando el paraíso que anunciaba el marxismo haga acto de presencia (un poco más tarde de lo que en principio se preveía) y todos puedan cantar al unísono La Marsellesa. Pero como esto es completamente imposible, los socialistas acaban promoviendo la pobreza mucho más de lo que ellos se imaginan.  

La libertad tiene un carácter inmanente, alejado de cualquier anhelo particular. No es un capricho que el hombre quiera ser libre a todas horas, ni ha de pensarse en la libertad como un constructo humano o una adopción circunstancial, ni siquiera como una idea esencial en economía. La libertad radica en algo mucho más fundamental, se basa en una ley natural (el hombre es una mera manifestación de esa norma). Dentro del conjunto de leyes que la naturaleza pone a nuestra disposición, la libertad se encuentra en el escalafón más alto. La libertad es un principio metafísico. Renunciar a la libertad es renunciar a la existencia. Ir en contra de la libertad del individuo es ir en contra de la estructura y el surgimiento de la vida. Querer que lo individual se diluya en la masa, que desaparezca, o promover la colectivización en todos los órdenes sociales, o defender la hegemonía absoluta del Estado, es tan contrario a la naturaleza como querer construir una casa sin ladrillos, o como querer estudiar un átomo sin hablar de los electrones y los protones que lo constituyen. Si un arquitecto proyecta una construcción sin tener en cuenta la argamasa y los cimientos, estará condenado desde el principio al fracaso más absoluto. El arquitecto estaría dando la vuelta al orden lógico por el cual han venido sucediendo todos los fenómenos, estaría yendo en contra de la misma naturaleza, al querer que las cosas dejen de ser tal y como son, esto es, que dejen de ser cosas (individuales). No existe ningún acto de negación de la vida y del mundo más grande que ese. Pero curiosamente, tampoco existe una ideología con más seguidores. Es en lo que cree la mayoría de la gente (los comunistas y los socialistas). Muchos suelen estar predispuestos a aceptar esas ideas que afirman que la sociedad se construye desde arriba, empezando por el tejado, con la mano divina de los políticos, sin pararse a valorar el verdadero fundamento que está detrás de cualquier sistema organizado, esto es, sus partes individuales y su acción independiente e interesada. Su postura es tan absurda que, trasladada a otras ciencias, resulta simplemente esperpéntica. Es como si un físico dejara por un momento de creer en los átomos para hacerlo solo en las macromoléculas, o como si un biólogo dejara de creer en el gen y pasara a hablar solamente de organismos. Igualmente, los economistas que no creen y que no fundamentan sus teorías en el principio de propiedad privada y la libertad individual, están abandonando la metodología que más éxitos ha reportado a la raza humano: el reduccionismo científico.

En resumidas cuentas, podríamos decir que la esencia del colectivismo y el intervencionismo socialista consiste en tomar las consecuencias (los agregados) como causas (como entes individuales, indivisos y responsables) y en hacer de ese motivo una suerte de principio histórico ineludible. No en vano, el socialismo siempre acarrea alguna defensa del agregado sobre la parte (el bien común, la clase única, el estado omnímodo). En este sentido, no existe una utopía que merezca más esa denominación. El progresismo socialista no es en absoluto un progresismo. El progreso se basa en las acciones individuales de los distintos seres, y el socialismo lo que está defendiendo es una parusía definitiva, el estado inerme de un compuesto isotónico, y la inalterable situación de un mundo de agentes iguales en todos los aspectos.

Las acciones (libres) de cada uno de los entes materiales que constituyen cualquier colectividad vienen a conformar el funcionamiento conjunto de todo sistema. Toda la naturaleza resulta de la acción individual y las peculiaridades de cada uno de los componentes que quedan dispuestos de tal o cual manera, pero siempre de forma independiente al resto de existencias, en el interior de las estructuras. La libertad individual (la acción libre de los individuos) está en la base de todo, y no hacemos mal en considerarla un principio de tipo superior. Vasili Grossman dice en una novela suya que: “la historia de la humanidad es la historia de su libertad…el progreso es en esencia el progreso de la libertad humana. Ya que la vida misma es libertad, la evolución de la vida es la evolución de la libertad” Ivan Grigorievich, el personaje con el que Grossman introduce al lector en estas reflexiones sobre la libertad, siente y comprende todo eso de una forma especial: “Por enormes que sean los rascacielos y potentes los cañones, por ilimitado que sea el poder del Estado y imponentes los imperios, todo eso no es más que humo y niebla que desaparecerá. Lo que permanece, se desarrolla y vive es solo una verdadera fuerza, que consiste en una sola cosa: la libertad… A Ivan Grigorievich no le sorprendía que la palabra libertad estuviera en sus labios cuando, de estudiante, fue a parar a Siberia, que la palabra viviese en él y que ahora tampoco hubiese desaparecido de su cabeza”. Por lo mismo, no debería sorprendernos que la libertad pueda tomarse como un axioma a partir del cual podamos explicarlo todo. La libertad es un concepto universal basado en un hecho también universal, el hecho de existir y disponerse, de actuar y de influir en el entorno. La existencia exige una libertad fundamental, la libertad de ser y de actuar de un modo particular. Esta libertad surge espontáneamente al ocupar una posición, al existir. La existencia es la manifestación más pura de la libertad. La única premisa para obrar libremente es haber existido.

Sin embargo, algunos empiezan a pensar que la libertad que defendemos los individualistas supone otra idealización, es decir, una nueva utopía. Habría que ver qué entienden ellos por libertad. Si consideran que la libertad tiene que ser absoluta, es normal que también acepten ese estatus de quimera. Pero los únicos que defienden una libertad absoluta son los socialistas. Solo ellos quieren alcanzar sus objetivos políticos a costa de negar las leyes y los límites más básicos de la naturaleza. Los verdaderos liberales defienden una utopía muy distinta, consustancial a la existencia, prosaica. Promueven una cierta libertad, que siempre va ligada a las restricciones que impone la vida, de las que ellos también son conscientes. Para los auténticos liberales, la libertad es esencial (y absoluta) en el sentido de que representa un principio completamente general. No obstante, el contenido de ese principio está llamado a describir la realidad de la vida. Y la realidad es que el hombre es un ser individual, finito, limitado, que nunca podrá gozar de una libertad absoluta.

Quienes piensan que la libertad constituye otro ideal más, acaso quieren que ésta sea tan imposible de alcanzar como aquellas medidas que ellos defendieron en el pasado y que ahora les empiezan a fallar. O acaso quieren que la libertad sea la nueva excusa para imponer un dominio completo, aquel que va en paralelo con el devenir de sus predicamentos y sus intervenciones. Pero la libertad solo es absoluta y fundamental en un sentido axiomático. Todos estamos llamados a ser libres. La naturaleza en general no es otra cosa que la manifestación de millones de acciones libres, independientes, e individuales. Y es por eso mismo que la libertad no puede ser absoluta en términos de potencia, ya que los individuos no pueden hacer todo lo que desearían. Precisamente, si existe libertad individual es porque hay individuos, y si hay individuos es porque existen entes que son concretos y finitos (limitados). La consideración de existente implica algún tipo de límite. Los verdaderos idealistas son aquellos que niegan al individuo y se decantan por una libertad absoluta (inalcanzable) y un dominio omnímodo y paralizante (edénico), contrarios a la realidad más básica de cualquier ser vivo. Y los falsos utopistas (los verdaderos liberales) son aquellos que creen en la posibilidad de un mundo más libre en lo político (menos político), a pesar de que reconocen que existen grandes intereses creados y fuertes cortapisas ideológicas, y a pesar de que asuman también unas limitaciones naturales infranqueables (pero necesarias).

La libertad es un principio fundamental, apegado a la realidad más básica de todas las criaturas. Cualquier cosa, por el mero hecho de existir y ocupar una posición determinada, adquiere una independencia y una actuación que no es otra cosa que la manifestación más elemental de esa libertad. La existencia implica libertad de acción. Y muchas cosas disponiéndose de muchas maneras dan lugar a muchas libertades. La existencia supone libertad, en el sentido más estricto de la palabra. Y la acción libre e independiente que emana de las cosas que existen viene a constituir el mundo que vemos. Esa acción es lo primero. Pero, precisamente porque se debe a la existencia, ha de ser también una acción concreta, que no puede proceder como si fuera ilimitada. Como dice Sartre en su ensayo sobre verdad y existencia, «El fundamento del saber es la libertad. El límite del saber es también la libertad. La libertad no crea la finitud; por el contrario, gracias a la finitud hay libertad». La libertad individual siempre estará sometida a las circunstancias que rodean y determinan a cualquier sujeto, precisamente porque esa condición de sujeto es lo que otorga la única posibilidad que tenemos de existir y de ser libres. Esa condición de frontera es la única alternativa de que disponemos para gozar de una cierta libertad, la mayor posible, y para morirnos cuando ya hayamos superado todos los límites. Por su parte, toda negación del individuo, en cualquier grado (cualquier ideología de corte colectivista) es asimismo una negación de la libertad y un error del sistema. 

Publicado en Artículos de política, MIS ARTÍCULOS | Deja un comentario

Documental: Apocalipsis: Stalin – El demonio

¿Quién fue Stalin? ¿El hombre que derrotó al nazismo? ¿El “Padre de los pueblos”? ¿O el criminal más grande de su tiempo? En Apocalipsis Stalin se pinta el retrato de uno de los déspotas más feroces del siglo XX, utilizando película de archivo de la época.

Stalin, citando al propio Hitler: “No podemos gobernar sin la ayuda de la fuerza. Todos lo medios están justificados. Cuando la política lo exige, uno debe mentir, traicionar, e incluso matar. Emancipo al hombre de la humillante quimera llamada conciencia”

http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/documaster/documaster-apocalipsis-stalin-demonio/3561459/?media=tve

Imagen | Publicado el por | 1 Comentario

Instituto Arquitas: introducción a la filosofía vital

Instituto Arquitas de Tarento

Organización dedicada a la promoción de la libertad individual y el progreso tecnológico. Nuestros referentes académicos son la escuela económica de Carl Menger (la Escuela Austriaca de Economía) y la corriente transhumanista de Ray Kurzweil (la Universidad de la Singularidad)

Realdad

https://www.facebook.com/groups/arquitasdetarento/

Hashtag: #filosofiavital

La Singularidad tecnológica como condición unamuniana

La idea central sobre la que gravita todo el pensamiento de Unamuno, y la angustia que le acompañó cada día de su vida, queda resumida con una sola palabra: muerte.  La constatación de ese dramático final, para el que todos tenemos que estar preparados de una u otra manera, y las ganas irremisibles de vivir, que también afectan a la mayoría de los seres conscientes, se confabulan para producir en el hombre un malestar y una pesadumbre rayanas con la metafísica. El óbito tiene para Unamuno una categoría ontológica. Es lo que el filósofo denomina el sentimiento trágico de la vida. La conclusión a la que llega Unamuno, después de meditar largo y tendido, revela una condición del hombre irrecusable (como toda ontología), la necesidad de trascender este mundo y creer en alguna forma de vida eterna: “… hay que mitologizar respecto a la otra vida como en tiempo de Platón…, no hay modo de concebir sin contradicciones y despropósitos la visión beatífica y la apocalipsis ¡Y sin embargo…! Hay que anhelarla, por absurda que nos parezca, es más, hay que creer en ella. Para vivir ¿eh?, no para comprender el universo… Hay que creer en la otra vida, en la vida eterna de mas allá de la tumba, y en una vida individual y personal, en una vida en que cada uno de nosotros sienta su conciencia y la sienta unirse, sin confundirse, con las demás conciencias todas en esa otra vida para poder vivir esta y soportarla y darle sentido y finalidad. Y hay que creer acaso en esa otra vida para merecerla, para conseguirla… Y hay sobre todo que sentir y conducirse como si nos estuviese reservada una continuación sin fin de nuestra vida terrenal después de la muerte”

Unamuno no consiente en aceptar esa suerte de indiferencia que practican algunos ateos irreverentes, mediante la cual consiguen ser tan felices, al menos, como los creyentes más comprometidos. Y tampoco concibe esa otra vertiente del ateo no menos comprometida, que, por mor de una honradez intelectual, lleva a sus adeptos a la muerte con una sonrisa en la boca, sabedores de que van a desaparecer, pero conscientes también de que se han mantenido honestos, firmes en sus convicciones escépticas, amantes fieles de la vida material, conscientes de las maravillas de este mundo, cuyo disfrute ya nadie les podrá arrebatar. La última mujer de Carl Sagan tiene unas hermosas palabras a este respecto: “Cuando mi esposo murió, porque era muy famoso por no ser creyente, muchas personas se me acercaban – todavía me sucede algunas veces – y me preguntaban si Carl había cambiado al final y se había convertido a la creencia en una vida después de la muerte. También me preguntan frecuentemente sí creo que lo volveré a ver. Carl enfrentó su muerte con infatigable valentía y nunca buscó refugio en ilusiones. La tragedia era que ambos sabíamos que nunca nos volveríamos a ver. Nunca he esperado volver a reunirme con Carl. Pero, lo más grandioso es que cuando estuvimos juntos, por casi veinte años, vivimos con una vívida apreciación de cuán corta y cuán preciosa es la vida. Nunca trivializamos el significado de la muerte fingiendo que era alguna otra cosa diferente a un último adiós. Cada momento que estuvimos vivos y que estuvimos juntos fue milagroso – pero no en el sentido de haber sido inexplicable o sobrenatural. Sabíamos que habíamos sido beneficiarios del azar… Que el puro azar haya sido tan generoso y tan amable… Que nos pudimos encontrar, como Carl escribió de forma tan hermosa en Cosmos, sabes, en la vastedad del espacio y en la inmensidad del tiempo… Que hayamos podido estar juntos por veinte años. Eso es algo que me sostiene y que es mucho más significativo…La forma en la que me trató y la forma en la que yo lo traté a él, la forma en la  que nos cuidábamos el uno al otro y cuidábamos a nuestra familia, mientras vivió. Eso es mucho más importante que la idea de que lo volveré a ver algún día. Creo que no volveré a ver a Carl nunca más. Pero lo ví. Nos vimos el uno al otro. Nos encontramos el uno al otro en el cosmos, y eso fue maravilloso.”

No obstante, si todavía no nos convencen estas exhortaciones ateas, pero tampoco nos persuaden aquellas otras que insisten en someternos al juicio de Dios, todavía tenemos una última forma de trascender y cumplir de ese modo con la condición vital que describe Unamuno en sus ensayos. La singularidad tecnológica es lo más parecido a la vida eterna que tienen los incrédulos. La singularidad tecnológica es la religión de los ateos. En ella, también se proclama una resurrección final (suspensión de la vida); también hay un paraíso esperándonos al otro lado del abismo (la llegada de los robots supondrá el final del trabajo físico); y por supuesto, también existe un demiurgo: la razón y el potencial humano. No obstante, este nuevo dios no tiene los mismos atributos que describen los apóstoles de las religiones tradicionales. Más bien, viene a ser todo lo contrario, es un dios material, es el hombre convertido en dios, es el fin de la ciencia: su conclusión más radical. Pero es lo más parecido que existe a la figura que tienen en mente los devotos. En la sección de filosofía vital de este grupo, trataremos todos estos aspectos del alma humana, su relación íntima con las máquinas, la parusía tecnológica, y el sentimiento trágico que trae aparejado este nuevo advenimiento. No analizaremos el fondo del universo, como hacemos en la sección de filosofía general, sino que miraremos hacia dentro, al fondo del corazón humano, al corazón unamuniano.

Publicado en Indice de materias, THINK TANK: INSTITUTO ARQUITAS DE TARENTO | Deja un comentario

Instituto Arquitas: introducción a la filosofía general

Instituto Arquitas de Tarento

Organización dedicada a la promoción de la libertad individual y el progreso tecnológico. Nuestros referentes académicos son la escuela económica de Carl Menger (la Escuela Austriaca de Economía) y la corriente transhumanista de Ray Kurzweil (la Universidad de la Singularidad)

images (2)

https://www.facebook.com/groups/arquitasdetarento/

Hashtag: #filosofiageneraldelametafisica

La Singularidad tecnológica como condición evolutiva

La singularidad tecnológica representa el último hito de la evolución del ser humano. Tan es así, que aún estamos esperando impacientes a que llegue. Pero, en un sentido amplio, el mecanismo de la evolución se extiende a lo largo de toda la historia del hombre, y mas allá todavía. En consecuencia, son muchos los jalones que salpican el camino. Para comprender ese último paradigma podemos retrotraernos en el tiempo y analizar también todos aquellos sucesos significativos que le han precedido. De ese modo, la singularidad tecnológica se enmarcaría dentro de una visión bastante más amplia, que abarca otras singularidades de tipo físico, biológico y humano. Quizás, la mejor manera de comprender el progreso de la tecnología sea entender también el desarrollo que ha experimentado el propio universo a lo largo de su existencia, esto es, los hitos de la materia. Es por ello que reservamos este bloque temático: la filosofía general, para entender y profundizar en el estudio de la evolución como concepto universal. Parafraseando a Carl Sagan, podemos decir que «la evolución (o el universo) representa todo lo que es, todo lo que ha sido y todo lo que será». O como dijo el genetista ruso Theodosius Dobzhansky, «nada tiene sentido si no es a la luz de la evolución». Hablaremos pues de la evolución en si (filosofía general de la metafísica), de la evolución del universo (filosofía general de la física), del origen de la vida (filosofía general de la biología), de la aparición y el progreso del hombre (filosofía general de la sociología) y, finalmente, del advenimiento de la era tecnológica y la inteligencia artificial (filosofía general de la técnica). Veremos cuáles son los principios generales que marcan esa evolución y comprobaremos hasta qué punto estamos determinados a convertirnos en máquinas inmortales. Esta última fase del desarrollo es el colofón perfecto para una historia plagada de sorpresas y llena de ambrosias intelectuales.  La extensión de la vida permitirá, en último lugar, que seamos testigos de excepción de esos acontecimientos únicos, y que podamos verlos en primera fila. Déjenme que termine esta nota introductoria con una frase de Kurzweil: “El advenimiento de la inteligencia artificial fuerte es la transformación más importante que presenciará este siglo. De hecho, es comparable a la importancia que tuvo el advenimiento de la propia biología. Significará que finalmente una creación de la biología ha dominado su propia inteligencia y ha descubierto los medios para superar sus limitaciones”

Al objeto de cumplir los propósitos que nos hemos marcado más arriba, dividiremos la temática de este grupo en cinco grandes bloques, los cuales estarán a su vez compuestos por dos categorías distintas. En total, abordaremos diez grandes temas de discusión, todos los cuales estarán dedicados a analizar los retos y dificultades que enfrenta el hombre actual (sociológicos, tecnológicos, físicos, biológicos, económicos, filosóficos) a la hora de alcanzar la última de las fronteras, la singularidad tecnológica, el advenimiento de la inteligencia artificial, la muerte de la muerte, y la colonización del universo. A continuación se exponen los asuntos que serán del interés de este foro:

  1. Filosofía

1.1. Filosofía general: Análisis de los principios generales de la libertad y el desarrollo evolutivo y tecnológico. Aquí abordaremos cinco grandes temas principales relacionados con los principios de la evolución material: metafísica, física, biología, sociología y tecnología

1.2. Filosofía vital: Análisis de las relaciones que entabla el ser humano con las máquinas.

  1. Sociología

2.1. Sociología académica-Think (solución parcial): Análisis de las ideas y los órdenes sociales que fomentan la libertad y el cambio tecnológico.

2.2. Sociología empresarial-Tank (solución definitiva): Análisis de las ideas y los órdenes sociales que favorecen y desarrollan la mercadotecnia.

  1. Biología

3.1. Biología criónica (solución parcial): Análisis de las técnicas y métodos que permiten la suspensión controlada de la vida.

3.2. Biología gerontológica (solución definitiva): Análisis de las técnicas y métodos que permiten la detención del envejecimiento.

  1. Tecnología

4.1. Tecnología biónica (solución parcial): Análisis de las técnicas y  métodos que permiten la creación de ciborgs.

4.2. Tecnología robótica (solución definitiva): Análisis de las técnicas y métodos que permiten la creación de robots.

  1. Física

5.1. Física solar (solución parcial): Análisis de las técnicas que permitirán la exploración del sistema solar.

5.2. Física galáctica (solución definitiva): Análisis de las técnicas que permitirán la colonización del universo.

Publicado en Indice de materias, THINK TANK: INSTITUTO ARQUITAS DE TARENTO | Deja un comentario

Aritmética socialista: nihilismo cultural y lucha de clases

filoEl socialismo procede siempre a través de dos operaciones opuestas, una igualación y una diferenciación. En la primera operación se tiende a equiparar a todas las culturas. En la segunda se insiste en las diferencias que dividen a las clases sociales que integran una misma nación. El socialista aplica un doble rasero. Defiende el multiculturalismo, el relativismo, la armonía y el hermanamiento de todas las civilizaciones y, a continuación, utiliza esos mismos principios igualitarios para promover la lucha de clases. Las incoherencias son palmarias. Por un lado dice que todo el mundo debería ser igual, tener los mismos derechos, los mismos ingresos, las mismas necesidades. Pero por otro lado se cuida mucho de distinguir el estatus social de cada persona. ¿Cuál es el motivo de que las razas y las culturas deban convivir en paz y sin embargo las clases sociales tengan que matarse? No tiene ningún sentido. En realidad, debería haber más diferencias entre aquellas personas que pertenecen a distintas culturas que entre aquellas otras que conviven dentro de una misma sociedad.

No hace falta ser demasiado listo para darse cuenta de las nefastas consecuencias que traen aparejadas estas dos operaciones. Por un lado, se enfrenta a los ciudadanos de una misma cultura, impidiendo su convivencia y su desarrollo pacífico. Y por el otro se obvian completamente los principios legales que llevan a determinadas sociedades a prosperar mucho más rápido que otras.

El descalabro de Europa al que asistimos hoy en día tiene bastante relación con esta aritmética. La lucha de clases fomenta el odio hacia el rico y despierta las envidias de los ciudadanos, reduce la inversión y provoca desmotivación y abulia entre los trabajadores, produce inseguridad y genera paro, etc. Y la multiculturalidad acaba creando guetos en el corazón de las ciudades, omite aquellos delitos que cometen algunas culturas con más frecuencia, rompe las normas de convivencia, y acaba con una tradición de siglos basada en el respeto y los logros sociales.

La política de subvenciones a la que se adscribe Europa ha lastrado el desarrollo de determinadas zonas durante décadas. Andalucía es un buen ejemplo. Las ayudas a la ganadería y la agricultura impiden que las regiones caminen hacia modelos más sostenibles, que abandonen la economía de subsistencia y la sustituyan por los servicios o las tecnologías. Y las políticas de integración han tenido como resultado un aumento progresivo de la violencia y los delitos. Lo que está pasando estos días en Colonia con los refugiados sirios y los norteafricanos debería despertar nuestra cautela.

En definitiva, la aritmética socialista consta de una serie de adiciones, multiplicaciones y divisiones erróneas que acaban traduciéndose en una mengua de los logros occidentales que tanto ha costado conseguir. Solo cabe esperar que la fracción no sea total y aun quede tiempo de remediar la situación.

Este artículo ha sido publicado en el diario digital MadridCode:

Aritmética socialista: nihilismo cultural y lucha de clases

Publicado en ARTÍCULOS EN LA PRENSA ESCRITA, Artículos periodísticos en MadridCode, MIS NOTAS, Notas de política | Deja un comentario

La obsesión literaria de Celine

“Andaba por ahí enfundado en una bata atada con una cuerda; era una especie de polichinela que metía, por qué negarlo, un poco de miedo. Ya no comía casi. Se saltaba los almuerzos y las cenas; solo tenía una gran pasión por los croissants. Su vida, sus últimas energías, las gastaba en el trabajo. Escribía en las pocas horas matutinas de alivio que le dejaban las migrañas cada vez más fuertes. Luego, por la noche, me llamaba para leerme lo que había hecho. Declamaba fuerte, a trompicones rompiendo las frases. Pero nunca se quedaba contento con lo que hacía. Volvía a escribir diez, veinte veces el mismo capítulo. Siempre en busca del ritmo musical perfecto… Pero sus ataques se volvieron cada vez más violentos y seguidos, hasta que llegó el definitivo, el 1 de julio de 1961. Acababa de terminar Rigdón. Murió sin permitirme que llamara a un médico.” (Luciette Destouches, la mujer de Celine)

CELINE-1955

Solo quiero leer y escribir. Ya sea que acabe ganando el premio Nobel de literatura, o que termine siendo ignorado por todos y muriendo en la más absoluta de las indigencias, la de la soledad y el olvido, en realidad solo existen dos cosas en esta vida que quiero hacer. Solo quiero leer y escribir. Estoy ávido de nuevas lecturas, y me obsesiona la posibilidad de que me muera sin escribir aquella frase, o sin corregir ese texto. Lo reconozco. Soy esclavo de mis ideas. Padezco una enfermedad compulsiva para la que no existe ninguna cura. Es una variante del síndrome hipercinético que cursa con un exceso de producción literaria. No hay medicina que me pueda devolver a la inopia feliz de la infancia, ni nada que resista la corrosión que produce esta locura adictiva; ningún paliativo. Los síntomas me paralizan de cuerpo entero, y me incapacitan para el resto de tareas. Solo puedo leer y escribir. Y la enfermedad es más grave si tenemos en cuenta las circunstancias personales, pues es bastante probable que termine muriéndome de hambre que no ganando el premio Nobel de literatura. Flaubert decía que la corrección de una frase le podía llevar varios días de trabajo. Pero Flaubert escribió una buena novela. Lo peor es emplear ese tiempo sin obtener nada a cambio; ningún reconocimiento. Eso me produce cierta ansiedad. En sus textos biográficos, Schopenhauer agradecía a la suerte el no tener mujer ni hijos, y a su padre que le hubiera dejado una renta suficientemente grande, con la que poder dedicarse el resto de su vida a la única actividad para la que se veía capacitado y animado, a saber, el estudio y la ciencia. ¿Cuántos schopenhahuer han carecido de la misma suerte? Lo peor de las vocaciones es que te arrastran a una situación para la que no existe normalmente ningún remedio. Toda tu vida gira en torno a la obsesión, lo cual hace que vayas perdiendo poco a poco el contacto con la realidad. Todo se vuelve onírico y etéreo, y un poco más tarde terminas perdiendo también el sentido que antaño te permitía valorar con prudencia tus capacidades reales. Es la locura.

Ayer tuve un sueño. Voy al médico. Me ausculta. Me trata con la parsimonia de un profesional, poniendo el máximo cuidado en todo lo que hace. Luego, tras realizar la valoración pertinente, se acerca a mi con idéntica tranquilidad, y me recomienda un protector. De primeras, no comprendo muy bien lo que me quiere decir. No responde a mis insinuaciones, ni le importa el silencio que se acaba abriendo entre los dos y que suplica algún tipo de aclaración. Pero los sueños siempre tienen una salida para todo. Al cabo de unos segundos me doy perfecta cuenta. Intuyo que se refiere a la figura del mecenas que siempre solía acompañar a todos los filósofos de renombre. Efectivamente. Sin que yo le pregunte, el doctor toma la iniciativa, se acerca todavía más, y asiente con la cabeza. Me da la impresión de que es un poco anacrónico, pero acepto la prescripción sin rechistar.

En la farmacia me miran mal. Tenemos protectores de estómago, me dicen. Es evidente que no han entendido la receta. Salgo a la calle de nuevo. ¿A dónde voy? ¿Alguien sabe cómo puedo conseguir un protector de mentes? Camino dando tumbos. Todas las calles se estrechan. Voy de mal en peor. Cada vez me exaspera más la vida, o mejor dicho, las tareas habituales que van incluidas en el paquete, esas funciones vitales y repetitivas con las que tenemos que vivir querámoslo o no, y a las que estamos obligados a dedicar la mayor parte del día. Todas se vuelven insoportables a medida que pasa el tiempo, y, a la vez, dramáticamente, se hacen mucho más evidentes. Oigo los latidos de mi corazón retumbar dentro de la caja torácica, y me parece que estoy escuchando el sonido que hace una bomba de relojería a punto de explotar. Soy consciente de que cada vez me queda menos tiempo. Esa sensación apremiante me lleva a valorar mucho más el poco provecho que saco de la vida. Por eso, solo quiero leer y escribir. Pero tengo que comer, y dormir, y descansar. El marasmo no me deja respirar. Todo me molesta. La ropa me pesa. Me tengo que vestir. Solo quiero leer y escribir.

Publicado en AFORISMOS, MIS AFORISMOS | Deja un comentario

La economía colaborativa, el bitcoin, el software de Samsung y el anarcocapitalismo: coincidencias, problemas y soluciones

economia-colaborativa-874x492Las empresas tecnológicas, que buscan mercado en el sector de la fabricación de teléfonos móviles, han venido utilizando estos últimos años dos estrategias distintas. Por un lado, Apple se ha centrado en el desarrollo de un código cerrado, su sistema operativo solo corre en los teléfonos que fabrica la propia compañía. Por otro lado, Samsung ha preferido usar un sistema completamente abierto, al alcance de todos los usuarios. Ambas estrategias tienen ventajas y desventajas. El software de Apple corre mucho mejor que el de la competencia, ya que se ajusta con mayor eficacia al hardware que la propia compañía diseña en exclusiva para dicho programa. Pero Samsung le gana en versatilidad. Su sistema operativo no funciona con tanta eficacia, ya que tiene que gustar al mismo tiempo a muchas novias. Pero, al ser abierto, está disponible para cualquier empresa que desee adoptarlo, y son muchas las que se afanan en utilizarlo y en mejorarlo. Esta competencia abierta estimula el progreso de la técnica y facilita los cambios y las mejoras de los terminales. Apple no puede competir en ese terreno. No obstante, las dos estrategias tienen éxito, ya que saben explotar las ventajas que presentan cada una de ellas. Pero uno no puede dejar de pensar si sería posible utilizar lo mejor de ambas para crear una compañía superior.

Existe en política una situación bastante similar. Se suele debatir mucho sobre si sería más conveniente descentralizar algunos servicios y funciones del Estado o, por el contrario, hay que dejarlos tal y como están ahora. Los samsunianos de la política desearían descentralizar todos los servicios habidos y por haber, hasta que no quedase ni rastro del Estado. Les gustan los códigos abiertos. El equivalente de Samsung en el ámbito de la política es el anarcocapitalismo. Por su parte, los applelianos mas comprometidos ven en esta acción un claro peligro. Su estrategia consiste en centralizarlo todo, dejando en manos de la compañía (el Estado) el diseño tanto del software como del hardware. El equivalente político de Apple es el estatismo.

Los applelianos son más eficaces a la hora de coordinar las partes que integran su sistema. Los samsunianos lo son a la hora de sacar provecho de la competencia. Tal vez deberíamos razonar, igual que en el caso anterior, que el punto óptimo se alcanza exclusivamente al combinar las dos estrategias, usando las ventajas de cada una de ellas, centralizando algunos servicios fundamentales, pero permitiendo la competencia en todos los demás sectores. Pues bien, esa combinación fetén se da solamente con la minarquía. La descentralización es efectiva siempre y cuando no se quiera centrifugar también aquellas funciones básicas que constituyen las reglas de juego que sostienen todo el sistema.

Aquellos desarrolladores del software telefónico que apuestan por permitir la máxima descentralización, tienen que subsanar los perjuicios que esta decisión trae aparejados. Sus terminales son mucho más vulnerables a las infecciones y los virus que circulan a diario por la red, y están continuamente batallando con ellos. Afortunadamente, su habilidad consiste precisamente en ser buenos competidores. Un caso típico de esto que estoy diciendo es el sistema de bitcoin. Puesto que sus creadores han elegido que esta moneda funcione mediante códigos abiertos, deben realizar un gran esfuerzo para desarrollar un software seguro que garantice la masa monetaria de sus usuarios.

En general, caminamos hacia una economía bastante más descentralizada de la que tenemos hoy en día, en la que cada cual tendrá la posibilidad de comerciar directamente con los productores, facilitando de esa manera el trasiego de mercancías, y disminuyendo el coste final de las mismas. Es lo que se ha venido a llamar economía colaborativa, que no es otra cosa que el descubrimiento que algunos han hecho del capitalismo. En términos generales, esto traerá cambios sustanciosos y muy beneficiosos para todos. Pero también va a suponer algunos problemas. El mayor de ellos es la seguridad. Con este sistema de mercado, los individuos también tendrán que asumir la responsabilidad en materia de protección. De la misma manera, si no existe Estado, son los individuos los únicos responsables de contratar una agencia de seguridad privada. Pero esta estrategia, llevada al extremo, conlleva muchos conflictos innecesarios. Si no existe un marco legal básico y común, es difícil saber a qué atenerse cada vez que se enfrenten dos litigantes. La teoría del minarquismo viene a remediar en parte este problema. Existen determinadas funciones básicas y generales que no se pueden descentralizar bajo ningún concepto. Los desarrolladores del software de bitcoin se están dando cuenta también que para maximizar la seguridad de sus programas es necesario implementar un cierto control general, aunque para todo lo demás sigan manteniendo un código abierto.

El Estado solo sirve para articular unas leyes generales, en cuyo caso sobran el 90% de los políticos que hoy en día asisten campanudos al congreso de los diputados. Cuando la tecnología avance lo suficiente como para permitir que prescindamos de casi todos los intermediarios, también podremos deshacernos de los políticos, que son los únicos intermediarios que no aportan valor alguno al producto final, y que lo único que hacen es poner trabas al libre intercambio y a la relación que surge espontáneamente entre los productores y los consumidores.

Publicado en MIS NOTAS, Notas de sociología | 2 comentarios

La felicidad de Sigmund Freud

“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo” (Sigmund Freud, 1856-1939)

sigmund-freud

No cabe duda de que la felicidad es un estado perceptivo difícilmente objetivable. Siempre acaba dependiendo, de uno u otro modo, del ánimo y la disposición que tenga el sujeto en un momento determinado, esto es, de su condición, sus circunstancias, o su fortuna. No tiene por qué estar relacionada con los hechos de la realidad. Pero por lo mismo tampoco tiene por qué obviarlos. Hay muchas formas de ser feliz, dentro de las cuales también se encuentran aquellos estados que sienten emoción cuando buscan comprender la verdad, o cuando consiguen alcanzarla.

Ninguna de las dos maneras de ser feliz que apunta Freud en el adagio que aparece más arriba tiene nada que ver con la realidad. En una, la felicidad se consigue dando la espalda a la verdad. En la otra se logra engañando a los demás. Sin embargo, Freud se olvida de un tercer motivo de felicidad, completamente distinto de los dos anteriores. Existe un estado de gracia que aviene solo cuando observamos la realidad, y cuando utilizamos la razón para descubrir el mundo que nos rodea. Los filósofos lo llaman amor por la sabiduría. Los científicos prefieren usar otros términos más asépticos. Pero en el fondo todos están apelando a lo mismo.

La omisión del psicoanalista londinense no es anecdótica, resulta mucho más grave de lo que parece, pues no existe una felicidad más segura y precisa que esa que está basada en la objetividad. Las otras dos dependen, en mayor o menor medida, de una convicción bastante frágil; completamente subjetiva. En cambio, ésta tercera consigue hacer pasar los sentimientos por el arco del triunfo de la razón, obteniendo de ese modo una argamasa emocional más consistente, más consciente.

Existen igualmente dos formas distintas de filosofar, la de aquellos que buscan construir un sistema de pensamiento completo, y la de aquellos otros que solo tratan de cargárselo. Los primeros hallan su felicidad en la razón y la observación de los hechos. Los segundos la localizan allende los mares, en el piélago de irracionalidad y cerrazón que conlleva todo comportamiento destructivo. Ortega y Gasset, Aristóteles, o Kant, pertenecen al primer género. Cioran y Nietzsche son algunos de los representantes del segundo grupo.

Emil Cioran dice que: “no comenzamos a vivir realmente más que al final de la filosofía, sobre sus ruinas, cuando hemos comprendido su terrible nulidad, y que era inútil recurrir a ella, que no iba a servirnos de ninguna ayuda… Para concebir la irrealidad y penetrarse de ella es preciso tenerla constantemente presente ante el espíritu. El día que se la siente, que se la ve, todo se hace irreal, salvo esa irrealidad, que es la única que hace la vida tolerable”.

En la misma línea, Nietzsche se aviene con estos argumentos cuando trata de destruir, por todos los medios, cualquier símbolo o baliza moral que convenga al hombre, el código de las religiones, o el sistema de las ciencias. Nada le vale. Todo le parece ridículo. Incluso, su propia enfermedad, que le llevó a la muerte, puede servirnos aquí de metáfora para entender el cariz que tenía su pensamiento. En cierta ocasión se puso a conversar amablemente con un caballo; ahí radica el inicio de la locura y la sinrazón que le llevaría años después a la tumba.

Por el contrario, veamos lo diferente que es la definición de filósofo que nos ofrece Ortega y Gasset: “hay en el teorizador, sobre todo en su forma prominente, que es el filósofo, una fruición de descifrador de enigmas en que, por lo pronto, pierde el enigma todo el carácter patético que por accidente puede envolver y lo empareja con el jeroglífico, la charada y las palabras cruzadas”. Para Ortega la filosofía es algo más que la mera complacencia de una fábula o un crucigrama. Es una reflexión verídica, no es un juego de artificios: “El frente común religión-mito-poesía consiste pues en una interpretación puramente imaginativa del mundo y a ella habría el hombre de acogerse definitivamente si no hubiera existido filosofía… la filosofía no es demostrar con la vida lo que es la verdad, sino estrictamente lo contrario, demostrar la verdad para, gracias a ello, poder vivir auténticamente.”

En todos estos filósofos pervive siempre un único propósito general, la búsqueda sincera de la felicidad, que solo hallan a través del estudio continuo y la abnegación personal. No obstante, muchos de ellos creen haberla encontrado cuando rompen todo lazo de unión con el mundo. El propio Freud describe la felicidad como un sucedáneo de la mentira o la ignorancia (de unos y de otros). Pero la felicidad no se cocina solo en el cazo de la incultura. Una felicidad mas sólida, segura y sana surge de entre los escombros, al contemplar el nuevo mundo que queda abierto delante de nosotros cuando descubrimos algo y constatamos que la realidad no se reduce a las sombras chinescas que se proyectan en la pared, sino que se extiende más allá, que nos rodea y nos sobrepasa y nos sobrecoge. Entonces, caminamos todo el día perplejos, aprendiendo a contemplar esa magnificencia deslumbrante, contrayendo las pupilas, y admirando al mismo tiempo las habilidades que nosotros mismos mostramos a la hora de encontrar nuevas soluciones, cada vez más cerca del foco del que emana esa luz cegadora.

Sin embargo, no todos pueden gozar de las ambrosías científicas. Algunos tienen miedo. Se sienten más seguros en el interior oscuro y húmedo de la cueva. Pero esas cavernas platónicas, como así se llaman, también son el hogar del sentimiento más bajo que puede haber. Si basamos nuestra felicidad en una mera apreciación subjetiva, en un gesto onanista, o en la visión que tenemos del cuerpo de los demás, corremos el riesgo de padecer los vaivenes anímicos que afectan también a esos organismos, y en tales casos, somos incapaces de salir indemnes, y quedamos subyugados. En cambio, aquellos que pueden mirar al sol de frente, sin quemarse las retinas, alcanzan un estado de felicidad mucho más fiable. Son correspondidos con el amor incondicional que aporta la filosofía, o se deleitan con los éxitos y descubrimientos que depara la ciencia. Sienten un gusanillo que les recorre la piel de arriba a abajo. Y consiguen finalmente una satisfacción objetiva mucho más duradera y permanente. El sol siempre sale por el Este. Si nos produce felicidad ese hecho incontrovertible, tendremos asegurada una vida repleta de alegrías, una sucesión de matinales, y una orgía perpetua. En cambio, si pensamos que el Sol sale por Antequera, y basamos en esto toda nuestra felicidad, probablemente mañana descubramos que no llevábamos razón, y entonces todas nuestras ilusiones habrán sido en balde, y quedaremos afligidos para el resto de nuestra vida. No digo que el hombre no pueda vivir de ilusiones falsas. Digo que se vive mejor si esas ilusiones están asociadas con hechos verídicos, asentadas sobre roca madre. La verdad nunca te traiciona. La felicidad del científico no se acaba jamás. En cambio, la del enamorado tiene los días contados. Dura lo que tarda en llegar el desengaño.

Publicado en AFORISMOS, MIS AFORISMOS | 1 Comentario

La paradoja del liberalismo y el problema básico de cualquier teoría social

paradojaSiempre que intentemos establecer un régimen social adecuado, el que nosotros consideremos más oportuno, nos vamos a encontrar de frente con un dilema que tiene difícil resolución. Supongamos que tenemos razón, y que la propuesta que ofrecemos es realmente la mejor. En primer lugar, tenemos que convencer a la mayoría de la gente de que dicha proposición les va a reportar más beneficios. Pero al mismo tiempo, constatamos que las mayorías históricas nunca se han caracterizado por compartir tales proposiciones. Casi siempre han elegido la peor opción. Por un lado, está el hecho de que las mayorías no suelen acertar a la hora de definir y colegir la verdad de las cosas. Este atributo siempre ha pertenecido a las minorías. La verdad es difícil de aceptar, cuando no imposible de ver. Su aprehensión requiere grandes dotes, una inteligencia superior a la media, y sobre todo mucho esfuerzo. Nacemos ignorantes y es muy difícil quitarnos de encima ese estigma. La mayoría acaba muriendo casi igual que nació. En la caverna de Platón solo hubo un hombre que consiguió arrastrarse hasta la salida y contemplar el Sol naciente. Y cuando regresó a la cueva para contar a sus amigos su gran descubrimiento, que las sombras que veían eran en realidad un espejismo, el efecto óptico que provocaban sus cuerpos opacos al interponerse entre la luz que provenía de afuera y las paredes de la gruta, estos le tacharon de loco y casi le matan. Esta metáfora platónica nos ofrece una lección sobre el comportamiento humano. La característica más reconocible en las mayorías es la ignorancia. Unida a la tozudez, de la que también disponen a raudales, produce en ellas el efecto que hemos apuntado más arriba: casi siempre se equivocan.

Pero, por otro lado, también es un hecho que las decisiones de las mayorías son, hasta cierto punto, un mal necesario con el que hay que convivir. No en vano, muchos liberales insistimos recurrentemente en la idea de que la mejoría solo será posible en la medida en que perfeccionemos el canal que nos permite llegar a la gente de a pie y trasmitir el mensaje que proclamamos. No tendría sentido que insistiésemos en hablar y debatir con los demás si no comprendiésemos, al mismo tiempo, aunque solo sea de manera tácita, que nunca vamos a conseguir nada si no convencemos a la mayoría de que está profundamente equivocada. Al apelar a la razón, y al identificarnos con cualquier medida que se muestre renuente con la violencia y que apueste por las buenas maneras,  implícitamente estamos admitiendo que el éxito de nuestro discurso debe pasar necesariamente por convencer a esa mayoría de personas que constituye el foro al cual van dirigidas nuestras palabras, y la masa en la cual se deben materializar. El barro con el que trabaja el sociólogo o el filósofo político está compuesto de muchedumbres. Su obra pasa por moldear a estas gentes, hacerlas entrar en razón, enmendar su voluntad. Si un alfarero o un ceramista tuvieran a bien considerar que la estructura y la consistencia del barro que cobra forma en sus manos no es un asunto de su incumbencia, inmediatamente dejarían de ser alfareros y ceramistas. Igualmente, si un sociólogo rechaza la idea de que debe convencer a la gente para que esta apruebe el grueso de sus medidas (aquí nos referimos solo a medidas básicas y normas marco; no entramos a valorar la vida personal de cada cual, que para nada tiene que ser moldeada), inmediatamente deja de ser sociólogo y se convierte, bien en otro profesional, bien en un tirano en potencia.

Por tanto, es necesario convencer a la gente (hay que aplicar el consenso). El convencimiento es un prerrequisito para alumbrar una sociedad más libre; tenemos que aceptarlo (ya lo aceptamos cuando insistimos en trasmitir el mensaje). Sin un consenso mayoritario (y no es que yo crea demasiado en la democracia) es difícil que la sociedad emprenda un proyecto estable a largo plazo. No hablo de convencer a todos. Simplemente digo que, si no hay una masa crítica de convencidos, el sistema se vuelve inestable, surgen revueltas aquí y allá, y finalmente se bien abajo. Una sociedad libre se debe basar en ciertas reglas sociales que se habrán de implementar de manera coactiva. Casi nadie pone en cuestión la aplicación de coacción en aquellos supuestos aislados en los que el criminal no se ajusta a las normas cívicas, y pretende romper la convivencia y el respeto mutuo. No obstante, el problema sigue siendo el de conseguir que la mayoría escéptica se amolde a esos presupuestos sin alzarse en armas. El problema no es una minoría de inadaptados. El problema aviene cuando una mayoría de gente abandona en bloque esas normas de convivencia y se revuelve contra el sistema. Es aquí cuando surge la gran paradoja del liberal, a saber, la de denunciar costumbres y creencias que siempre han pertenecido a la mayoría, y hacerlo al mismo tiempo contando con esa mayoría, a fin de integrarla en el proyecto.

He ahí la gran contradicción. El liberal, y toda persona que tenga la intención de establecer un modelo de sociedad correcto (véase que no tiene por qué ser un liberal; no estamos ahora valorando el modelo de sociedad, sino las dificultades que surgen a la hora de implementarlo), está llamada a revertir el carácter mayoritario de la gente, que siempre suele estar en contra de la verdad, como ya hemos demostrado más arriba. Por tanto, el liberal es consciente de que los principios de las mayorías suelen derivar en teorías arbitrarias, que por lo general no tienen relación con la realidad y no conllevan ningún progreso. Prueba de ello son los honores que siempre han recibido las ideas socialistas, en todas las modalidades en las que se han presentado. La democracia, que no es sino el poder de las mayorías, deviene frecuentemente en tiranía, precisamente por eso que estamos diciendo. En palabras de Hayek: El liberalismo es una doctrina sobre lo que debiera ser la ley; la democracia una doctrina sobre la manera de determinar lo que será la ley… con independencia del peso de las razones generales a su favor, la democracia no entraña un valor último o absoluto y ha de ser juzgada por sus logros… los liberales consideran muy importante que los poderes de cualquier mayoría temporal se hallen limitados por principios… La soberanía popular es la concepción básica de los demócratas doctrinarios. Significa según ellos, que el gobierno de la mayoría es ilimitado e ilimitable. El ideal democrático, originalmente pensado para impedir cualquier abuso de poder, se convierte así en la justificación de un nuevo poder arbitrario… La democracia degenera en demagogia si se parte del supuesto según el cual lo justo en una democracia es lo que la mayoría decide como tal.”

Pero así como somos conscientes de que las mayorías y las democracias entrañan casi siempre grandes mentiras, repetidas de manera sistemática, también debemos hacernos a la idea de que esas mayorías son por lo general violentas y reacias. La única solución pasa por conseguir que lo dejen de ser. Carlos Rodríguez Braun, que de esto sabe mucho, aprecia de manera significativa el pensamiento de Adam Smith, precisamente por esa moderación que recorre toda su obra. En la introducción que hace al libro de Smith, La Teoría de los Sentimientos Morales, nos dice lo siguiente: “La moderación smithsiana se observa en los criterios que recomienda seguir para las reformas… Las reformas han de hacerse con cautela y con una permanente atención al consenso popular. Hay que adaptarse a lo que piensa la gente y seguir el consejo de Solón: no buscar el mejor sistema, sino el mejor que el pueblo sea capaz de tolerar”. No estaría de más que interiorizásemos ese consejo de Solón, a fin de contemplar las posibilidades reales que tenemos de alcanzar el éxito. Nuestro proyecto se basa en unas premisas verdaderas. Nadie mínimamente sensato pone en duda eso. Pero la verdad también está compuesta por una mayoría de gente que se muestra reacia a aceptarla. Esa es la gran paradoja del liberal. Solo tenemos un material de trabajo: la masa humana. Pero, por lo que sea, ese material es el menos propicio para trabajar. Solo podemos obrar con moderación, siguiendo escrupulosamente los dictados de la realidad. Pero al mismo tiempo, solo podemos laborar con una materia prima en cierta medida inservible. Los átomos que manipula el físico no se rebelan contra él.  Los del sociólogo o el economista sí que lo hacen. Ese será siempre su gran problema.

Publicado en Artículos de política, MIS ARTÍCULOS | 1 Comentario