Ignacio Echevarría: oda de homenaje a un héroe caído en combate


Estos últimos días hemos asistido a una nueva masacre de los extremistas islámicos. Entre las víctimas se encontraba un muchacho español, Ignacio Echevarría, que, pertrechado con un simple patinete, la emprendió a golpes con los carniceros que estaban acuchillando a una mujer en el puente de Londres. La muerte de Ignacio a manos de los islamistas pone sobre la mesa, otra vez, el principal problema que está en el origen de todas estas olas de atentados indiscriminados, que no es otro que la posición que adoptamos los occidentales ante tales situaciones, nuestra complacencia, nuestra ignorancia, nuestro relativismo.

Aquí se juntan muchas cualidades. La cobardía es una de ellas. Pero yo creo que por encima de todas destaca la estupidez y la ignorancia. Muchos han alabado la acción de Ignacio. Pero muchos otros la critican, dicen que se sacrificó inútilmente, que fue en contra de su propia condición de ser humano, o de la ley natural de la supervivencia. Hay todo un batiburrillo de explicaciones pseudointelectuales de personas aburridas y acémilas estúpidas que infestan las redes sociales, incapaces de entender la psicología evolutiva, la genética, la historia y la naturaleza humana, íntimamente unidas a la empatía, la solidaridad, la unión, las neuronas espejo, la especiación biológica y tantas otras virtudes y mecanismos de la vida, que son la base de la sociedad, la civilización, la evolución y el respeto mutuo.

La mayoría de objetivistas randianos, humanistas obsesivos, y mucha gente normal, no termina de entender bien la relación natural que existe entre el egoísmo y el altruismo. Los que más presumen de conocer el principio del egoísmo son los más ignorantes al respecto. El altruismo es una forma de egoísmo y eso es lo que quería decir Ayn Rand. Somos individuos que vivimos y nos beneficiamos de la sociedad colectiva. Por tanto la acción de ayudar a los demás es una actitud egoísta y un impulso innato y adaptativo que en último término y en lo general nos beneficia a nosotros como seres egoístas. Y eso es todo. La muerte de Ignacio es el típico acto egoísta de un individuo gregario, una actitud que ha hecho el mundo, y que está en la base de todo el progreso civilizatorio.

¡Ánimo Ignacio! Los enemigos cabalgan dentro y fuera de las murallas. Tu has sido víctima de ambos dos, de los islamistas iracundos y de los occidentales imbéciles e imberbes, de la inteligencia maléfica y de la estupidez bonachona y bien pensante. Por eso eres un héroe por partida doble. Descansa en paz. La verdad siempre estará de tu lado. Esa jamás la podrá vilipendiar ninguno de tus enemigos. Descansa. Te lo mereces. Has hecho más en un segundo de lo que han hecho todos los políticos y todos sus palmeros en el último siglo de imbecilidad histórica.

 

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