La teoría de la imposibilidad de la trasmisión del mensaje


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Una de las cosas que se achaca al liberal, es que no sepa trasmitir su mensaje con la misma eficacia con la que los socialistas trasmiten el suyo. Se dice que el liberal no es suficientemente didáctico, y que por eso no llega a la ciudadanía como llega el socialista. De ese modo, todo el peso de la culpa cae sobre el liberal, pero también queda en sus manos cualquier posible solución. Yo pienso, en cambio, que el problema principal no reside en el mensajero, reside más bien en el receptor, y en el propio mensaje. Las ideas del liberalismo nunca podrán tener la misma aceptación que tienen aquellas que afirman lo contrario. La mayoría de esas ideas liberales son contraintuitivas, no apelan a los sentimientos, no utilizan la demagogia, y no se aprovechan de la ignorancia del destinatario. Esta visión es más desagradable, ya que deja al liberal con las manos atadas. Da igual lo que haga. El problema no depende de él. Su mensaje es intrínsecamente incomprensible y sus oyentes parecen incapaces de entenderlo. Por eso al liberal le gusta pensar que dicho problema se debe sobre todo a la forma que elige para comunicarse y no tanto a la naturaleza del recado o a la torpeza del auditorio.

La teoría de la imposibilidad del socialismo asegura que dicho sistema jamás puede funcionar con la suficiente eficacia como para permitir que la sociedad se desarrolle de manera sana. Es imposible que una élite gubernamental capte toda la información que existe en el mercado y redirija luego las fuerzas de producción en la dirección correcta. La sociedad es un sistema altamente complejo, que funciona gracias a las acciones que llevan a cabo millones de seres todos los días y, por tanto, no puede ser manipulado por unos pocos de forma centralizada. Sin embargo, también es imposible que una mayoría de personas acaben persuadidas de la veracidad de esta teoría científica y no se dejen arrastrar por las iniquidades del socialismo. Más bien, lo que todos creen es que esa elite de gobernantes es absolutamente necesaria. No se percatan del orden espontáneo y de la iniciativa privada que a cada momento, y de manera anónima, va construyendo desde abajo las redes de intercambio y la argamasa social que es necesaria para expandir la riqueza e incrementar el nivel de vida. Estas fuerzas permanecen ocultas, y son invisibles a los ojos del común de los mortales (la mano invisible de Adam Smith). Se basan en acciones anónimas que no tienen el impacto y la presencia que puede tener una movilización masiva y colectiva. Ejecutan sus movimientos buscando un interés particular y atendiendo a una responsabilidad individual que la mayoría de la gente no quiere o no sabe asumir. Además, van en contra del sentimiento de grupo, de la dedicación altruista y de la idolatría del líder que en el pasado sirvieron para cohesionar a las tribus, pero que ahora, en las sociedades modernas, se han revelado inservibles y nefastas. Por si esto no fuera poco, el liberalismo tiene que bregar con la condición humana más elemental y recalcitrante de todas: la ignorancia. La verdad siempre tiene unas raíces más profundas. Hace falta escarbar mucho más. Y la gente no está dispuesta a mancharse las manos. Para entender el liberalismo y la economía de mercado habría que leer grandes tratados teóricos, tener suficiente tiempo para dedicarse a la reflexión, abandonar las tareas cotidianas, y cuestionarse las cosas. Nada de esto se hace. El hombre está más apegado al mundo de lo que en realidad cree. La mayoría ni siquiera se plantea la opción de perder un poco de su tiempo leyendo libros que no le van a reportar ingresos. La satisfacción personal está directamente relacionada con la consecución de aquellas metas biológicas que nos impone el programa genético que tenemos incrustado en la carne. Tendremos hijos, seremos cotillas, comeremos en buenos restaurantes, animaremos a nuestro equipo de futbol, pero no perderemos el tiempo leyendo abstrusos tratados de economía o intentando entender la teoría de la relatividad. La escuela austriaca de economía, y en general todo el liberalismo, plantea una visión que requiere un profundo análisis de la sociedad. Además, la realidad no suele coincidir con las expectativas que tiene la gente. Por tanto, el mensaje que trasmite esta escuela es un mensaje frustrante, difícil de asimilar. Su falta de difusión no es un problema del transmisor. Es un problema del receptor, el cual no es capaz de entender la información que se le hace llegar.

La teoría de la imposibilidad del socialismo, que explica la depauperación en la que caen todos los países que deciden implantar un régimen soviético o comunista, tiene su contrapartida en la teoría de la imposibilidad de la trasmisión del mensaje liberal, que explica por qué esos países acaban abrazando las ideas socialistas, y caen una y otra vez en los mismos errores. La realidad y la verdad terminan por frustrar las intenciones golpistas e ilusas de los dirigentes comunistas y los utopistas fanáticos, que siempre acaban llevando al desastre a los países en donde gobiernan y acelerando de ese modo su caída. Pero, al mismo tiempo, también favorecen su ascenso al poder, ya que la verdad no suele ser un bien demasiado apreciado por la gente, y todos se empeñan en ocultarla y ningunearla, y en apoyar al sátrapa y al delincuente. La verdad es un muro infranqueable contra el que todos se estrellan una y otra vez. Los liberales tenemos la solidez de la verdad de nuestro lado. Sabemos que nuestros enemigos siempre acabarán dándose de bruces contra ella. Pero nuestros enemigos poseen también un arma poderosa. Ellos saben explotar otra cualidad de la verdad: su exigüidad. El desprecio general que despierta la realidad en la mayoría de la gente llena las plazas de tontos y hace que nadie se percate del peligro que entraña una determinada política. De esta forma, el mundo y la historia se debaten continuamente entre dos fuerzas contrarias, la verdad y la mentira, la libertad individual y la coacción gubernativa, la propiedad privada y las exacciones públicas, el progreso tecnológico y el freno del Estado, el auge de la economía y la recesión ulterior, los éxitos del liberalismo y la depauperación del socialismo, la lucha por la existencia y el ocaso de la raza. Este zigzagueo sempiterno es un sino que tenemos que aceptar, y con el que tenemos que aprender a convivir. No obstante, esto no nos puede llevar a pensar que no hay nada que hacer, y que lo único que cabe es adoptar una actitud derrotista. Los liberales representamos a una de las partes enfrentadas, aquella que está del lado de la verdad. Si claudicamos y abandonamos el combate, vencerán los malos, ya no habrá ningún contrapeso, y el mundo se dirigirá sin remedio al precipicio de la historia. Por tanto, estamos obligados a exigirnos cada día más, a no flaquear en ningún momento, y a proseguir nuestra lucha intelectual sin detenernos un instante, aunque ésta se presuma eterna y aunque el mensaje que intentamos trasmitir nunca acabe de calar.

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3 respuestas a La teoría de la imposibilidad de la trasmisión del mensaje

  1. Antonio Canosa dijo:

    Estoy en total desacuerdo. Las ideas liberales no son “per se” menos intuitivas que cualquiera otras. Las ideas son más o menos intuitivas en función de los conocimientos que tenemos referidos a esas ideas y su relación con la realidad. Para comprender eso, basta con saber en qué consiste la intuición, y como se desarrolla tal facultad.

    Para alguien que no sabe nada de mecánica, no resultará extraño intentar apretar un tornillo girando la mano en sentido anti-horario. Pero para alguien habituado a trabajar con tornillos, su intuición le dice que debe apretarlo en sentido horario, y lo hace de manera tan espontanea que ni siquiera se plantea semejante cosa. Naturalmente que hay tornillos que se aprietan al revés, pero son la excepción, no la regla.

    El liberalismo lo que necesita son dos cosas: La primera es simplemente ser explicado. Una vez explicado, comprobado y correctamente argumentado, resulta tan obvio como apretar un tornillo en la dirección correcta.

    La segunda, y no menos importante, es ser comunicado en compañía de una retórica de calidad suficiente. Si, estoy hablando decididamente y sin complejos de PROPAGANDA bien hecha. Los libertarios sabemos perfectamente que Podemos es una payasada que se sustenta únicamente en una burbuja de propaganda.

    Esa burbuja ha surgido porque les ha proporcionado la oportunidad, desde luego. Pero las oportunidades sólo puede ser bien aprovechadas cuando estamos correctamente preparados para hacerlo. Que ningún libertario piensa que será capaz de convencer a todo el mundo únicamente con sólidos argumentos. Lo que logra persuadir a las personas es la retórica y la propaganda.

    Evidentemente, cuanto mejores sean nuestros argumentos, mejor convenceremos. Pero si no utilizamos apropiadamente las herramientas de la comunicación, fallaremos estrepitosamente no en comunicar el mensaje libertario, sino cualquier pensamiento, por obvio que este sea.

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  2. Miguel Objetivista dijo:

    Los socialistas como PODEMOS, pueden convencder a la gente no tanto por la propaganda sino porque la senda la tienen trillada ya, en cambio, los liberales no, amén de que los socialistas disponen de medios de comunicación de los que los liberales no disponen. En España uno pone la Televisión española, Antena 3, Telecirco, La secta, El canal socialista de andalucía, conocido como Canal Sur, Incluso intereconomía, Telemadrid, Cadena 13 etc, que son de derecha, y uno ve que todos defienden en esencia el mismo mensaje que PODEMOS pero de otra forma y criticando solo los aspectos más radicales colectivistas de este partido, así no se puede ganar nada. No se puede ganar si la prensa supuestamente liberal defiende las tesis colectivistas, altruismo, la sociedad es superior al individuo, y cosas así. Amén de eso, los políticos se han encargado de mantener un sistema educativo monopolizado por las tesis colectivistas de forma que el que sea liberal opta por no meterse en ello, casi todos los liberales trabajan en el sector privado, en empresas alejadas muy del campo de la educación, la educación tanto preuniversitaria como universitaria es monopolizada por colectivistas, así es imposible transmitr nada. Puedes estar en este blog, pero a buen seguro solo te lo leen liberales que ya estaban convencidos. Los socialistas no leen esto, porque son fanáticos que están lobotomizados desde la infancia. Además, la gente común es incapaz debido a su nefasta educación, de comprender teorías, ya que carecen de capacidad de razonamiento conceptual lógico, cogen los eslóganes utilizados durante siglos por los colectivistas, la única forma de tener gente liberal en masa es teniendo escuelas privadas desde pequeños hasta la preuniversidad que enseñen a pensar,, pero eso es algo que los socialistas de todos los partidos se han encargado con todas sus fuerzas de impedir.

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  3. Gustavo dijo:

    Pienso que el liberalismo y el libertarismo deberían enfocarse más en los problemas de la vida de la gente común y dejar de lado cierto elitismo hacia los empresarios.

    Demostrar cómo la competencia beneficia al consumidor y al trabajador de una manera sencilla y sin populismo. Cómo se elevan los salarios, cómo bajan los precios de los productos y servicios. Cómo se mejora el trato entre empleado y empleador. El poder de tener más capacidad de ahorro. O las ventajas de emprender con una banca competitiva y libre.

    Saber que no toda propiedad privada es legítima, sino que se basa en el robo. Y siendo justos, estudiar cada caso y hacer justicia. Igual es importante plantear la importancia de la libertad, no solo en temas económicos, sino en temas más sociales, familiares, comunitarios, laborales, individuales, educativos, etc.

    También el tema de ser más críticos con las grandes empresas. De ver cómo se han beneficiado del Estado directa o indirectamente. Sobre todo en estas economías neofascistas mercantilistas, donde todo el privilegio legal está descabellado y donde un gran tamaño por tanto sería sospechoso ‘a priori’, como dijo una vez Rothbard.

    Igualmente ser más críticos en la cuestión de que se puede comparar el gran poder económico con el gran poder político. De donde pueden surgir abusos de todo tipo en ambos casos.

    Ver cómo el gran poder corporativo estaría en riesgo ante una gran competencia fortalecida y por la eliminación de todos los subsidios y ventajas legales que goza la corporación. Esto último haría que aumenten los costos de la gran empresa poniendo en peligro su estabilidad en el mercado, a pesar de su gran tamaño.

    Con estas ideas es posible que se atraigan a los que apoyan a la izquierda, a mí me pasó.

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