El secarral del político y el vergel del ciudadano


01977 alamo secarralImagina que dispones de un pequeño terreno rústico en la montaña, con una espléndida fuente de la que brota un chorretón de agua cristalina. Imagina ahora que decidieses ganarte la vida cultivando hortalizas y vendiéndolas luego en el mercado de tu pueblo. Construyes un canal para irrigar la plantación, un cobertizo para guardar las herramientas, una valla para impedir que el ganado estropee la cosecha. Ahora imagina que una mañana, mientras estás trabajando afanosamente, se acerca tu vecino, que tiene un terreno anejo al tuyo, y te propone construir una acequia que atraviese por su propiedad antes de descargar el agua en la tuya. Te cuenta que esa es una manera más eficaz de regar, y te promete estimular el crecimiento vegetativo de las hortalizas mucho más de lo que ahora lo haces tú. La tierra del vecino es un secarral. Podrías sospechar que tu vecino tiene intenciones aviesas, que está tramando algo. Pero no lo haces, aceptas la proposición sin más y le dejas que construya la acequia. Por supuesto, con el tiempo tus hortalizas dejan de crecer al ritmo que lo hacían antes. El agua que recorre la presa de tu socio se evapora y se filtra por el suelo, mucho más de lo que lo haría si solo tuviera que recorrer tu finca. Además, tu vecino utiliza una parte de esa agua para asperjar las plantas de su propio huerto. Y te sigue prometiendo una producción mayor, para que no sospeches de él y pueda así proseguir con sus planes. Solo riega tus hortalizas cuando tú estás en la finca. El resto del tiempo, como es lógico, mira por las suyas propias. ¿Verdad que esta situación es ridícula? ¿Verdad que nadie saldría a defenderte si te llamasen estúpido? ¿Verdad que hasta un niño entendería que las hortalizas crecen mejor si las riega el propietario y si el agua no se demora tanto atravesando la finca del vecino? ¿Verdad que todos sospecharían de ese vecino? Sin embargo, esto es lo que pasa hoy en todo el mundo, a nivel global, y con relación al sueldo que ganamos los adultos cada día del mes, cuando acudimos a nuestros trabajos. El Estado se lleva un porcentaje considerable del mismo, nos dice que eso avivará nuestra economía, que los estímulos públicos que realice con ese dinero aumentarán la productividad de las familias y las empresas privadas. Y nosotros le creemos a pies juntillas, admitimos la necesidad del Estado y lo defendemos como si nos fuera la vida en ello. ¿Verdad que nos merecemos que nuestras hortalizas se pongan mustias y se acaben secando? Piensa en esto la próxima vez que un político te diga que la única forma de salir de la crisis es aumentando los estímulos y la inversión pública, bajando artificialmente el tipo de interés, dando subvenciones, incrementando los subsidios, favoreciendo determinados productos, etc… Y si aun sigues permitiendo que tu dinero fluya a través de sus terrenos (a través del chiringuito que tiene montado el político), sin ni siquiera alzar la voz para denunciar el expolio, no te quejes luego de que la vida te vaya mal y de que no puedas salir adelante, por mucha dedicación que le pongas. No hay duda de que tú habrás contribuido a agravar significativamente ese problema.

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