Las bibliotecas: luces y sombras


20160201_022933La biblioteca es un lugar extrañísimo; es un espacio paradigmático, un paraninfo de contradicciones. Dentro de una biblioteca se experimentan al mismo tiempo dos sensaciones contrapuestas, antípodas del sentimiento: una soledad cenobítica y una compañía inquebrantable. El estudio meticuloso exige un total aislamiento, una prueba de fuego. Pero, a cambio, uno está encerrado en compañía de miles de libros, en una grata comunión. Estar en una biblioteca es estar solo y a la vez estar acompañado por una multitud de personajes de ahora, de antes y de todos los tiempos. En una biblioteca se experimenta la mayor soledad y el mayor acompañamiento que pueda imaginar el hombre. No existe otro lugar en la Tierra tan cargado de vida y al mismo tiempo tan aislado del resto. Divina paradoja, confluencia de sentimientos, ensalada de hojas, reino de los cielos. Esa mirada solo existe en las bibliotecas personales, y en los ojos de aquellos hombres que han tenido la precaución de construir un zaguán de libros en la entrada de su casa, para retomar la lectura inmediatamente, cuando huyen del mundo. La luz mortecina. El silencio absoluto. Y los libros. Los libros llenos de voces y de resplandores; conocimientos. Divina paradoja. La penumbra y la luz. El silencio medicinal de la palabra impresa. El zumbido constante de la literatura y la inteligencia. La oscuridad y la ilustración, y la luz mortecina, y la luz.

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