La Teoría del Todo, patrimonio de la Escuela Austriaca de Economía


Conferencia presentada en la sede del Instituto Juan de Mariana, el 23 de Mayo de 2015

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Indice

1. Entrevista previa

2. Conferencia y preguntas

3. Entrevista escrita y ampliada

4. Resumen de la charla

5. Respuestas a las críticas


1. Entrevista previa


2. Conferencia y preguntas


3. Entrevista escrita y ampliada

3.1. ¿De qué nos vas a hablar? Quiero presentar una teoría del todo, pero no la teoría del todo que normalmente se conoce (científica), sino una teoría del todo filosófica. En términos más académicos, se puede decir que voy a intentar desarrollar una teoría general del conocimiento.

3.2. ¿Se pueden superar las divisiones entre las distintas ramas de la ciencia? Se pueden y se deben superar. Y no solo entre las distintas ramas de la ciencia, sino también entre la ciencia y la filosofía. Es necesario superar el maniqueísmo de filósofos y científicos, los unos afeando el método empírico al decir que existe un problema de la inducción, los otros rechazando la filosofía por considerarla una pseudociencia, asociando la metafísica con la religión sin pararse a pensar que existe una metafísica y una filosofía racionales, husserlianas.

No obstante, también hay que entender que esta superación de divisiones afecta exclusivamente a los principios. La división se supera porque existe un principio que traspasa todo, que se puede aplicar a todo. Sin embargo, las divisiones también son importantes para acotar el marco de estudio de cada disciplina. Hay una afirmación que creo que es de los escolásticos que dice que hay que “unir para separar”. Ese debe ser el objetivo de cualquier empresa intelectual.

3.3. ¿Hay límites a la teoría darwinista? La teoría darwinista es una teoría omnicomprensiva y generalista. Es una teoría existencial. Habla de lo que existe y de lo que no existe. En este sentido, se basa en aquellas cualidades que determinan la existencia y que están insertas en todas las cosas. No obstante, hay que entender que todo conocimiento tiene sus límites. La teoría darwiniana se refiere a principios, los define, los implementa y los desarrolla. Pero siempre quedarán flecos en ese desarrollo y, además, siempre habrá sistemas complejos que no se puedan analizar con el método de la filosofía, o que no se puedan analizar de ningún modo.

3.4. ¿Un sistema axiomático puede abarcarlo todo? De nuevo te debo responder lo mismo. Debemos entender que la Teoría del Todo no es una teoría que lo explique todo. La reducción siempre es una condición necesaria, pero no suficiente. Lo que se pretende siempre es elaborar una teoría basada en unos principios elementales, sencillos. No se pretende conocer todo, sino aplicar esos elementos básicos a todo, lo cual es muy distinto. En el segundo caso, lo único que tenemos que hacer es identificar esos elementos. No se necesita un conocimiento absoluto de todo, más bien al revés, solo requerimos el conocimiento de alguna cualidad básica.

3.5. ¿Qué problema le ves al marxismo? El marxismo es el mayor error de todos. Lo es porque contraviene el mayor acierto, la mayor verdad. El marxismo, así como las distintas denominaciones que el hombre ha inventado para designar a la misma cosa, el comunismo, el socialismo, el colectivismo o el estatismo se caracterizan básicamente por negar el hecho individual. En realidad existen dos maneras de negar ese principio básico, trocándolo por su principio antagónico (cambiando el individualismo por el colectivismo), o obviándolo deliberadamente, dejando de considerar la esencia del ser, y buscando principios en la metodología y en las formas de conocer, como hacen las corrientes filosóficas posmodernas (neokantianas).

3.6. ¿Te ves dentro de esta empresa dentro de cinco años? Si te refieres a la empresa filosófica, al afán por conocer la realidad y resaltar los aspectos más básicos de la misma, te diré que sí. La filosofía es un proyecto y una forma de vida. No se abandona nunca. Cuando uno se sumerge en la filosofía ya no emerge más. He sacrificado mucho para poder llegar a comprender algo del mundo que me rodea e, independientemente de si lo he logrado o no, no voy a renunciar a ello ahora. He construido mi propio edificio intelectual, o estoy en vías de hacerlo, y no voy a demoler o abandonar ahora esa construcción. Como dice un dicho popular que leí en un libro de Ortega y Gasset “el filósofo construye un palacio de ideas y vive en una choza” Mi sitio está en ese palacio. Para habitar ahí he tenido que aceptar una vida distinta, he tenido que abandonar muchas cosas, y no voy a renunciar ahora a eso que me ha obligado a aceptar una renuncia mucho mayor. Todo esto es independiente del hecho de que acabe o no levantando un palacio que sea digno de ser admirado. Lo único que digo y que puedo afirmar sin equivocarme es que me he esforzado mucho y no voy a tirar ahora la toalla.

Siempre me ha movido el afán de buscar unos principios básicos. En la universidad quedé seducido por la teoría de la evolución. Siempre intuí que debajo de esa teoría subyacía una verdad universal, mucho más general de lo que el propio Darwin llegó nunca a imaginar. En esos años me rondaba la cabeza una sola idea. Me preguntaba qué era la vida, no tanto como evolucionaba sino como se había originado, qué era lo que diferenciaba a la materia orgánica de la materia inorgánica. En su momento llegué a algunas conclusiones que más tarde reconocería también al estudiar la sociedad, cuando me interesé por la escuela austriaca de economía. De esta manera, concebí un sistema general de conocimiento, que es lo que intento mostrar en esta charla, y lo que me va a ocupar una buena parte de mi vida futura.

3.7. ¿Cuáles son los libros que han marcado tu vida? Aquellos que han supuesto un punto de inflexión en mi pensamiento. El gen egoísta de Richard Dawkins me permitió comprender la esencia de la biología. Los estudios de economía, política, historia y filosofía de Hayek me abrieron el camino hacia una comprensión de las sociedades humanas, y me enseñaron las relaciones que existen entre estas comunidades y toda la vida animal o vegetal. Y finalmente, existen también algunos libros de filosofía (Los Primeros Presocráticos de Kirk, Metafísica de Aristóteles, o La Acción Humana de Mises) que me han enseñado algo muy importante, que las ideas que uno se hace sobre el mundo, en biología y en sociología, se pueden basar en fundamentos reales incuestionables (axiomas), lo cual permite alcanzar finalmente un sistema de conocimiento completo, entender lo integradas que pueden llegar a estar todas las disciplinas, y denunciar la visión sesgada que tienen la mayoría de pensadores modernos.


4. Resumen de la charla

4.1. Definición del objetivo de la charla

El objetivo principal de esta charla aspira a proponer y desarrollar un sistema completo de conocimiento, una especie de Teoría del Todo que, a modo de columna vertebral, recorra el centro de todas las disciplinas académicas y las integre y vincule a un mismo cuerpo doctrinal. Por tanto, es preciso que realicemos un recorrido general por todo el conocimiento, lo cual obliga a fijar la atención en tres objetivos secundarios:

4.1.1. Identificar los fundamentos históricos (presocráticos) y teóricos (apodícticos) que sean constitutivos de una ciencia radical de evidencias absolutas. Es decir, se deberá elaborar una clasificación gnoseológica y un aparato axiomático que nos permitan obtener los instrumentos y las herramientas que son necesarias para abordar ese ambicioso proyecto.

4.1.2. Aplicar esas evidencias a las ciencias naturales (física, biología, neurología) relacionando las mismas con los principios más básicos de la teoría darwiniana de la evolución.

4.1.3. Aplicar esas evidencias a las ciencias sociales (ordenamiento social, jurisprudencia, deontología política), relacionando éstas con los principios que defiende la teoría económica de la escuela austriaca.

4.2. Tipología del objetivo de la charla: unificar la metafísica, la física, la biología, la neurología, la economía y la ética social

Es preciso superar los divorcios y los fosos que se producen entre las diversas disciplinas del pensamiento humano, cismas que muchos intelectuales ni siquiera son capaces de advertir, o se empeñan en mantener a toda costa. Por tanto, mi intención es obtener una mayor unanimidad entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, así como también entre la ciencia y la filosofía en general.

Sobre todo, es preciso unificar los fundamentos metafísicos con los comportamientos morales o éticos, a través de dos operaciones elementales: la identificación de esos elementos básicos y la implementación de dichos elementos al estudio de los sistemas más complejos (las sociedades humanas). Solo así se podrá componer un sistema completo de conocimiento.

Nuestro objetivo es el mismo que ya movía a Spinoza hace varios siglos. Dice Manuel Garrido en una introducción a la obra de Spinoza: “A los pensadores estoicos se remonta la costumbre de dividir la filosofía en dos partes: natural, que investiga el cosmos, y moral, que regula la conducta humana. Aunque ambas suelen estar disociadas en el pensamiento contemporáneo, los grandes clásicos… tendieron a pensar que la primera es fundamento de la segunda.”

También fue el objetivo de Ayn Rand, que decía que «hablar de valor como algo separado de la vida es peor que una contradicción en términos. Solo el concepto de vida hace posible el concepto de valor… el hecho de que un ser viviente “sea” determina lo que “debe” hacer. Esto es suficiente en cuanto a la relación entre ser y deber»

En mi experiencia personal también puedo destacar una anécdota muy reveladora, que pone de manifiesto lo relacionadas que pueden estar las distintas ramas del conocimiento. Descubrí a Ayn Rand al leer en la cubierta de uno de sus libros la referencia que esta autora hacía al egoísmo. Esto me chocó mucho. Uno de los libros que más han determinado mi vida es El Gen Egoísta de Richard Dawkins. Por consiguiente, también me atrajo el título del libro de Rand: La Virtud del Egoísmo. Resulta muy significativo que al hablar de economía y humanidades se reivindique la misma propiedad que cuando hablamos de moléculas.

El egoísmo que nos atribuimos los hombres no es más que la propiedad que se deriva del principio de individuación y del principio de acción, del hecho de que todos los seres son entidades existentes que buscan necesariamente su propia permanencia (de manera egoísta), consciente o inconscientemente.

La teoría filosófica de la individuación (el Ser entitativo de Aristóteles), la teoría evolutiva de la biología (el Ser vivo superviviente de Darwin), y la teoría económica de la escuela austriaca (el Ser humano individual y libre), solo son distintas variantes de un mismo tema general: el hecho existencial.

4.3. Estructura de la charla

La charla se divide en tres partes principales, que se corresponden con cada una de las disciplinas troncales que se van a contemplar en la misma.

4.3.1. Gnoseología (o epistemología): Clasificación de la teoría del Todo. La ordenación del conocimiento. Elementos básicos de la gnoseología: inducción (ciencia) y deducción (filosofía). La metodología de la escuela austriaca y sus antecedentes históricos.

4.3.2. Filosofía (o metafísica): Explicación de la teoría del Todo. El sistema axiomático. Elementos básicos de la metafísica: el axioma de la individuación y el axioma de la acción. El objetivo de la escuela austriaca, y sus antecedentes históricos.

4.3.3. Ciencia (o física): Aplicación de la teoría del Todo. Implicaciones de los axiomas en la ciencia y la economía. Elementos básicos de la física: plicadores y replicadores.

4.4. Operaciones lógicas empleadas en el desarrollo de la charla

En todas las disciplinas que voy a abordar en esta conferencia efectuaré también dos tipos de operaciones lógicas: una identificación elemental y una implementación general. El motivo de esto es sucinto y evidente. Si identificamos los elementos más básicos de la realidad, y si acordamos éstos con aquellos otros que afectan a los sistemas más complejos, habremos logrado una unificación del conocimiento completa y verdadera.

4.4.1. Identificación (o fundamentación metafísica) de los elementos más básicos de la realidad: importancia de la gnoseología, la metafísica y la física.

4.4.2. Implementación (o aplicación sociológica) de los elementos básicos en el ámbito de la historia, la economía y la ética: importancia de la Escuela Austriaca de Economía.

4.5. Fundamentos del razonamiento utilizado en la charla: axiomas

De las tres ciencias que voy a contemplar, las dos primeras (la gnoseología y la metafísica) son ciencias apriorísticas y constituyen por tanto los fundamentos más básicos de la realidad.

4.5.1. Fundamentos gnoseológicos.

Las herramientas siempre son previas a la obra y no pueden depender de descubrimientos ulteriores. Siempre se debe partir de un principio instrumental.

Cualquier búsqueda de conocimientos debe iniciar su travesía resolviendo una cuestión cardinal. Tiene que identificar el método que le va a permitir atravesar la parte del océano desconocida en la que decida adentrarse, y debe hacerlo sin emplear ninguna herramienta fáctica.

4.5.2. Fundamentos metafísicos

La segunda disciplina fundamental es la metafísica. La metafísica se basa en principios esenciales, que tampoco pueden depender de los descubrimientos que se hagan con posterioridad. La metafísica parte de hechos generales y está por tanto obligada a contemplar principios que son absolutamente ciertos. Al utilizar una evidencia inmediata, que se extrae a partir del conocimiento de un fenómeno necesario e inevitable, esta disciplina consigue superar esa condición de partida.

En este sentido, el individualismo metodológico, que designa aquello que condiciona y posibilita la individualidad (y la existencia), es el único principio filosófico que tiene la capacidad de responder a estas necesidades.

La idea seminal que constituye la matriz teórica de esta presentación se inspira en una declaración del economista y pensador Murray Rothbard, que éste escribió en 1982, en los prolegómenos de uno de sus libros más famosos: La Ética de la Libertad. En ella el autor afirmaba lo siguiente: “Todas mis obras han girado en torno al tema central de la libertad humana. Tengo, en este punto, la convicción de que, si bien cada disciplina posee su propia autonomía e integridad, en el análisis final todas las ciencias y enseñanzas de la actividad humana están interrelacionadas y pueden integrarse en una ciencia o disciplina de la libertad individual.” (Rothbard, 2009, p. 21)

Pero la libertad individual no es solo un principio de la actividad humana, es también un principio existencial; es el requisito más básico de todos. Todos los entes son estructuras independientes e individuales (si no lo fueran no serían entes, no existirían). Y la libertad es la forma en la que todos ellos se manifiestan, a través de las acciones particulares que provocan en sus entornos. Tanto la individualidad como la acción individual, constituyen propiedades de carácter absoluto, que se pueden asignar a cualquier cosa del universo, y que se predican en último término de la libertad individual que detentan todos los seres del orbe.

La libertad individual es la propiedad más universal de todas cuantas podamos concebir. La libertad individual es una expresión que apela a dos hechos existenciales inseparables, la individuación de la cosa, y la acción libre del individuo. Estas propiedades constituyen dos axiomas irrefutables, imposibles de negar. Es imposible que exista algo que no se disponga en el espacio de una manera concreta, con una identidad. Y también es imposible que una vez que haya adquirido esa identidad, esa cosa no provoque ningún efecto en el entorno beneficioso para ella, a través de algún tipo de acción que le permita conservar su existencia.

La libertad individual es una locución que se compone de dos términos: individual y libertad. Lo individual es lo identitario, la esencia del ente, su ordenación interna, su naturaleza existente, su cosificación. Por su parte, la libertad alude directamente a la acción, es la facultad que tienen todos los seres para actuar según sus potencialidades.

Estas dos cualidades, la individuación y la acción, constituyen los dos fundamentos más básicos de la realidad, y dan a la libertad individual el carácter trascendental que ésta tiene. 

4.6. Aplicaciones de los fundamentos

De las tres disciplinas que tengo a bien contemplar aquí, la física es la única que no es apriorística. Por tanto, va a ser también la única que puede utilizar herramientas empíricas. Su método es el más científico de todos. No obstante esto no quiere decir que se pueda abordar igualmente a través de un estudio de los axiomas.

La teoría darwiniana, en el ámbito de las ciencias naturales, y teoría económica de la escuela austriaca, en el ámbito de las ciencias sociales, constituyen las dos implicaciones más importantes de la teoría metafísica. Con la vida, y más concretamente con la evolución del hombre, se pone claramente de manifiesto la importancia que tienen los principios axiomáticos que aquí se contemplan, la individuación y la acción. Al aumentar la complejidad, las acciones de perpetuación van a ser cada vez más numerosas y sutiles, y van a permitir manipular y crear entornos más beneficiosos. La replicación y la reproducción, esto es, la existencia de múltiples copias de una estructura dada, hará que estas formas puedan experimentar pequeños cambios sin poner en riesgo la información acumulada previamente. Aparecen nuevos seres, surgen nuevos individuos (axioma de la individuación) y se prueban nuevas maneras de actuar (axioma de la acción).

4.7. Modo de lograr el objetivo: reivindicar los principios de la Escuela Austriaca de Economía y de la Escuela Objetivista

La Escuela Austriaca de Economía es también una escuela filosófica, heredera de los primeros y más grandes pensadores de la historia (los presocráticos), heraldo de los principios más básicos de la realidad: el dualismo y el individualismo metodológicos, y defensora de la libertad individual. Por tanto, la EA es el apero académico que nos permite completar la gran unificación del conocimiento.

El análisis de la historia humana nos ofrece una evidencia clara de la importancia que tienen los principios gnoseológicos que se contemplan aquí, el dualismo y el individualismo metodológicos. Su razón y su necesidad han quedado patentes desde el primer momento, cuando aparece la figura del filósofo. En el momento en el que surge la razón, es decir, cuando el hombre se enajena por primera vez de la mística y supera la etapa órfica, emergen también dos escuelas paralelas perfectamente distinguibles, la jónica y la itálica, en clara representación de los dos caminos que enfatiza el principio del dualismo metodológico (los jónicos representan a los primeros científicos y los itálicos a los primeros filósofos). Además, dentro de las escuelas itálicas emergen con fuerza los pitagóricos, que son los primeros que defienden el principio filosófico de la individualidad.

Si en la filosofía se considera a los descubridores del método deductivo (Euclides, Descartes, Spinoza) como grandes pensadores, y si consideramos que los presocráticos fueron los primeros seres verdaderamente racionales que avalaron y desarrollaron esta metodología, ¿por qué se ningunea a los economistas que, como Mises, han aplicado ese método en el ámbito de la economía? Esta actitud no tiene ninguna justificación, aunque muchos sepamos las causas que están detrás de ese rechazo.

Otra escuela moderna que se ha destacado por defender los principios más básicos de la realidad es la escuela fundada por Ayn Rand. Esta corriente es la única que enfatiza de forma clara el concepto de la identidad, abordando la unión entre la filosofía y la economía, basándose en el principio de no contradicción de Aristóteles y aplicándolo al estudio de la sociedad (sistema completo de conocimiento). Por su parte, quien mejor ha sabido aplicar el principio de la acción al ámbito de la economía fue Mises.

Ayn Rand centra sus investigaciones en el axioma de la existencia individual, o axioma de la identidad o individuación. Mises hace lo mismo con el axioma de la acción individual o acción humana.

Mises y Rand aplican los principios metafísicos a la economía. Con ello, logran completar la unificación del conocimiento al identificar los elementos más básicos de la realidad y aplicarlos luego a los sistemas más complejos: las sociedades.

Mi intención es poner de manifiesto las profundas relaciones que creo que existen entre la escuela objetivista que fundó la filósofa ruso-americana y la escuela subjetivista de Menger y Mises. Las rencillas intestinas que se dan entre los integrantes de estas dos corrientes no tienen ninguna justificación. Hay buenas razones para pensar que esas dos escuelas representan los pilares del pensamiento más general de todos, y que por tanto se complementan y encajan como dos piezas de puzle, en el rompecabezas del universo.

La siguiente tabla compone una visión general, que reúne los aspectos más importantes que se han destacado mas arriba:

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4.8. Logro de la charla: objetivo cumplido

Si conseguimos demostrar que el concepto de la libertad individual, y el individualismo que enarbolan con orgullo los economistas austriacos, se basa a su vez en un principio ontológico absolutamente cierto, estaremos en disposición de probar también que su concepto antagónico, la negación del individuo (el colectivismo, el comunismo, el estatismo), es la mayor mentira que jamás nos han contado, el error intelectual más grave de todos y el que peores consecuencias ha traído para la humanidad.

El mayor acierto consiste en aplicar los fundamentos más básicos de la realidad al sistema más complejo que existe (las sociedades humanas). La escuela austriaca es la única que ha completado este camino. Su objetivo es la pura aplicación de la teoría sérica, de las propiedades básicas del Ser (el axioma de la individuación y el axioma de la acción), al estudio de la economía y la ética.

El mayor error se produce al contravenir el mayor acierto, y esto se realiza de dos maneras, trocando un principio por otro, o cambiando los principios por los métodos. O sea, cambiando el atributo básico de la metafísica por su contrario (el individuo por el colectivo), como hace el socialismo, o cambiando la metafísica por la gnoseología, como hace una parte de la filosofía. Esto último es lo que yo he venido a llamar la falsa identificación entre la metafísica y la gnoseología, error que inició Platón con su teoría de las ideas (que corrige Aristóteles al fijarse en la sustancia individual), que modernizó Kant al hablar exclusivamente de principios del entendimiento, y que agravaron los filósofos posmodernos al centrarse en el lenguaje, el marco, el contexto (que solo son herramientas). Lo que tenemos que entender, si queremos reparar este grave error, es que el objetivo a conseguir siempre es ontológico y que la gnoseología solo es una herramienta, el camino que nos permite alcanzar ese objetivo. Hay que identificar claramente estas dos categorías. No se pueden buscar principios en la metodología, y olvidarse de los principios que nos enseña la metafísica (olvidarse del Ser).

Las propiedades ontológicas básicas son la individuación y la acción. El concepto de la libertad individual se refiere en su terminología a estas dos propiedades. Aquellos que defiendan la libertad individual por encima de todas las cosas serán correspondidos con el mayor de los premios, habrán alcanzado un conocimiento vitalicio, una eidética y una ética verdaderas.

Como decía Sócrates: «Solo hay un bien: el conocimiento. Solo hay un mal: la ignorancia».

Solo hay un bien incomparable: el conocimiento del más grande de todos los principios (la libertad del individuo). Y solo hay un mal superlativo: la ignorancia de ese principio (el hábito del socialismo).


5. Respuestas a las críticas

5.1. El principio de incompletitud de Gödel

El teorema de incompletitud de Gödel afirma que toda teoría matemática presenta ciertas proposiciones indecidibles, que no pueden probarse ni refutarse de ninguna de las maneras. Nunca se podrá encontrar un sistema axiomático que sea a la vez formal y totalmente decidible, en el que se puedan probar todas las verdades matemáticas que se integran en él. Por tanto, cualquier sistema axiomático consistente es también un sistema incompleto, con una serie de proposiciones iniciales que deben ser asumidas sin más. En una teoría completa todas sus fórmulas deberían poder ser demostradas, o bien debería existir una demostración de su contraria, es decir, deberían poderse refutar. Pero esto no pasa nunca. Siempre existen algunas proposiciones de partida que se deben dar por sentado. Hay quienes piensan que esta incompletitud tienen una serie de consecuencias muy peligrosas para las axiomáticas. En cambio, yo opino todo lo contrario. Es precisamente esa incompletitud godeliana lo que hace que un axioma no carezca de sentido. Un axioma no puede analizarse en los mismos términos en los que se analiza cualquier otra proposición. Por necesidad, un axioma es una verdad indemostrable. En la naturaleza existen algunas cualidades que no requieren de ninguna demostración, pues no tienen ninguna alternativa. Es decir, cualquier alternativa nos conduce necesariamente a una situación en la que no es posible ningún tipo de existencia o realidad. Hay algunas verdades que no es necesario demostrar, pues su contraria carece por completo de sentido. En mi opinión, el principio de incompletitud de Gödel cae en una suerte de cientismo cuando pretende tratar los axiomas como si fuesen verdades empíricas que necesitan en cualquier caso algún tipo de demostración, como si fuesen proposiciones que tuvieran alternativas que debiéramos descartar. Un axioma es el final de todo razonamiento. Se apoya en una necesidad impepinable, universal, y no es concebible de otra manera. Es impepinable porque su negación pondría en jaque la propia existencia de todas las cosas. Por tanto, la incompletitud de Gödel no viene a negar los axiomas. Todo lo contrario, constituye la esencia de los mismos. Si todas las proposiciones estuvieran sometidas a una recursividad infinita, si siempre pudiéramos ir hacia atrás para encontrar unas causas más profundas, cualquier proposición tendría siempre alguna otra alternativa, no habría un suelo firme sobre el que basar todo el sistema, habría en cambio una regresión infinita, un regreso in infinitum, y un consecuencialismo permanente. Todo esto entraña un absurdo para la lógica mucho mayor. Un axioma es por necesidad un presupuesto irreductible, que no cabe referirlo a ningún otro ni explicarlo más, pues criticarlo o ponerlo en duda implica una contradicción lógica insoluble, la negación de la propia realidad y de la existencia del mundo. En este sentido, el principio de individuación que he utilizado para basar toda mi exposición, es el equivalente material de los axiomas formales que constituyen el punto de arranque de las matemáticas. La individuación es una cualidad de la materia indemostrable. No se puede demostrar, no porque sea falsa, sino por todo lo contrario, porque no se puede negar. La indemostrabilidad tiene dos posibles lecturas. Un hecho es indemostrable porque es falso o porque es completamente cierto. Cualquier realidad pasa por concebir alguna estructura individual, alguna cosa. En este caso, no caben alternativas de ningún tipo. La individuación es un principio absoluto. Su carácter indemostrable no debe inducirnos a pensar que existe alguna falla en el sistema. Antes bien, la irrefutabilidad es lo que da sentido y coherencia a toda su demostración. Si no pudiéramos concebir alguna propiedad de la materia completamente general, la propia existencia carecería de sentido. La existencia lo es todo. Fuera de la existencia no hay nada. Con lo cual, podemos deducir algunas cualidades afines a ésta que no tienen alternativa. Esas cualidades constituyen la esencia de los axiomas. Negarlas significa negar la propia existencia. Afirmar que la incompletitud de Gödel pone en peligro los axiomas es no entender en absoluto lo que significan estos. Es no entender que la existencia es una condición completamente irrefutable. Los principios axiomáticos no son incompletos porque no sepamos si son ciertos, como sucede con los principios no axiomáticos. Los principios axiomáticos son incompletos porque no necesitan ser demostrados, y no necesitan ser demostrados porque son absolutamente ciertos. Es importante entender la diferencia que entraña este razonamiento. Debemos comprender que existe una dualidad fundamental, cualidades contingentes y cualidades necesarias. Los hechos y los principios que atañen a las primeras son incompletos cuando no sabemos cómo se producen. En cambio, los hechos necesarios no precisan demostración. Su incompletitud teórica, el desconocimiento de las causas más profundas que los provocan, no es un defecto de la teoría, antes bien, es su explicación. En ciencia debemos estar continuamente averiguando las causas que producen los fenómenos, y eligiendo entre todas las alternativas posibles. Pero la filosofía es distinta. La filosofía es apriorística, se basa en principios necesarios completamente generales. En su caso, la falta de demostración o de causas es más una virtud que un defecto, es la señal inequívoca de que los principios que tratamos son en realidad los que debemos considerar, aquellos que pueden sustentar un análisis deductivo. El uso del teorema de Gödel para refutar los axiomas dice mucho del carácter intelectual que acusan todos los investigadores y las personas en general. La mayoría de la gente es monista metodológica. Suelen concebir un único método de investigación, el método científico. Por tanto, no entienden que existe otra alternativa racional, el deductivismo. Por eso creen que toda demostración tiene que asentarse en unas causas y una explicación más profunda, como hace la ciencia. Y por eso aplican ese razonamiento también con los axiomas, que creen que son incompletos (en el sentido peyorativo de la palabra) si no se asientan sobre una explicación más general. Sin embargo, esta aserción viene a contradecir el propio carácter de los axiomas. Un axioma no se asienta sobre nada más, antes bien, es el asiento sobre el que descansan todas las demás cosas. Un axioma alude a una cualidad de la realidad completamente general. Por eso no puede estar basado en nada anterior. La explicación del mundo que se basa en la propia existencia de las cosas no puede tener una causa anterior. Las condiciones existenciales son la causa de todo lo demás. Para integrar una visión del mundo completamente general, tenemos que aceptar esta dualidad esencial, la existencia de principios apodícticos, que no requieren demostración, y de principios circunstanciales, que si la requieren. En definitiva, tenemos que concebir un dualismo metodológico, dos aperos intelectuales, la filosofía y la ciencia. El mundo se compone de hechos generales absolutamente ciertos y de hechos particulares y contingentes. No deberíamos obviar ninguno de ellos.

5.2. La reivindicación de la escuela austriaca

El motivo principal de mi charla ha sido el de enarbolar una defensa de los principios esenciales de la escuela austriaca, sustentando estos en dos pilares básicos, una fundamentación histórica y una fundamentación teórica. Lo que he pretendido es reivindicar los principios de esta escuela acudiendo a los principios de la filosofía. Pero mi objetivo no es incompatible con la ciencia, no niega la importancia del método empírico. De hecho, la defensa del dualismo metodológico exige que reafirmemos la trascendencia que tienen esas dos herramientas, la ciencia y la filosofía. No obstante, como la filosofía siempre suele ser apartada de los cenáculos académicos, considero imprescindible resaltar sus principios, que deben ser tan legítimos como los que aquilata la ciencia en todas sus investigaciones. Con ello, no pretendo negar la importancia de la ciencia, sino equiparar la filosofía con esta. Tampoco es mi intención decir que la escuela austriaca es la única escuela legítima, o que es una escuela superior a las demás en todo. Ninguna escuela que defienda los principios de la filosofía puede decir que tiene la exclusividad del conocimiento. Los axiomas no son el final del camino, todavía hay que detallar las implicaciones, asumir que existen mutiles sistemas complejos y cualidades que no se pueden conocer con el método deductivo, y aceptar que hay ciertas partes de la realidad que son incognoscibles. Ahora bien, la escuela austriaca ha hecho algo que no hecho ninguna otra escuela. Se ha servido de un bagaje intelectual y un aparato metodológico que las demás escuelas, ahítas de cientistas, se negaban en redondo a aceptar. Ese aparejo ha acabado siendo vital para estudiar sistemas muy complejos (caso de las sociedades) y para descubrir algunas propiedades fundamentales de los mismos (la libertad individual). En este sentido, la escuela austriaca sí es superior a las demás corrientes. Pero de nuevo debemos entender aquí que estamos defendiendo un dualismo metodológico, y que no decimos que la escuela austriaca es superior porque es la única que puede ser legitimada. Precisamente, lo que hace el dualismo es aceptar todos los caminos que llevan al conocimiento. Son los monistas metodológicos los que se sienten superiores porque solo se entienden y se aceptan a ellos mismos. Son ellos los que se creen el ombligo del mundo. En eso consiste el cientismo que infecta sus razonamientos. De nuevo, existe una falta de entendimiento del motivo esencial de la naturaleza: el dualismo. Cualquier apelación a la arrogancia de los dualistas, a su búsqueda de principios irrefutables, es en realidad una afirmación de la arrogancia de los monistas, que solo conciben un método de investigación posible, el suyo propio.

5.3. El dualismo, la falibilidad y el problema del salto ético

Al abordar el problema ético, es necesario insistir de nuevo en la misma idea que he venido resaltando en todas las respuestas que he dado con antelación. La mayoría de las críticas que se han hecho a mi exposición surgen por no comprender adecuadamente el dualismo metodológico, esto es, no se entiende que existen principios sencillos y absolutos (filosóficos) y cualidades complejas y contingentes (científicas). Cuando afirmo que existen principios básicos irrefutables no estoy negando la problemática del mundo. Simplemente, estoy identificando los problemas más sencillos, que se pueden resolver inmediatamente, de manera segura, pero no niego que existan otros problemas mucho más complejos e irresolubles. Quienes atacan mi sistema diciendo que me muestro inflexible, que no admito ninguna falla, o que no aplico la falibilidad, no entienden que no estoy afirmando una irrefutabilidad aplicable a todos los casos. Solo estoy diciendo que algunos principios básicos son irrefutables. Esto es bien distinto. Aquellos que me atacan de esta manera, carecen de la habilidad para comprender que la naturaleza está representada y traspasada por un dualismo esencial (tienen un sesgo monista), la existencia de propiedades particulares (circunstanciales) y propiedades necesarias (absolutas), y que es menester analizar esas cualidades por separado, con distintas herramientas. La falibilidad es imprescindible a la hora de abordar el estudio científico, en el que siempre hay que reacomodar los nuevos hechos para agrandar y mejorar la teoría. Pero si partimos de unos principios simples y evidentes, la falibilidad no tiene ningún sentido. En este caso, la teoría no se agranda ni se corrige. Antes bien, se implementa en los casos más concretos y se supone segura.

A muchos les resulta chocante que se pueda componer un sistema completo de conocimiento, que vaya desde la metafísica a la ética. En algunos casos me han recriminado esa actitud. Los principios axiomáticos que defiendo –me interpelan- no se pueden aplicar con el mismo rigor al comportamiento social del hombre, mucho más complejo y problemático que la mera afirmación de una tautología. En este caso debemos analizar varios aspectos importantes. En primer lugar, tenemos que puntualizar que los principios éticos no son axiomas, sino que son las implicaciones lógicas de esos axiomas. Las implicaciones no constituyen realidades absolutas, aplicables a todos los casos, tal y como ocurre con los axiomas. En mi charla solo contemplo dos hechos apodícticos, la individuación que permite la aparición de las estructuras, y la acción de perpetuación que garantiza su existencia continua. Esos dos principios se pueden aplicar a todas las cosas. Ahora bien, las implicaciones de estos hechos, especialmente, cualquier regulación social (la taxis), toda ley humana, tienen una aplicación exclusiva en el hombre, no son leyes absolutas, en el sentido de que no se aplican a todas las cosas. Pero si tienen una absolutez facultativa, esto es, podemos deducir algunas conclusiones para el caso de los humanos completamente generales, que se pueden implementar en todos los casos sociales. Del principio de individuación y del principio de acción derivamos que todos los sistemas naturales funcionan a través de estos dos axiomas. Si negamos o impedimos de algún modo que los individuos de esos sistemas actúen libremente, negamos también el motivo principal que está detrás del funcionamiento de los sistemas a los que aplicamos nuestras medidas. En este sentido, podemos decir que todas las sociedades que consigan garantizar estos principios esenciales evolucionan siempre hacia un estado más complejo. Además, también tenemos que entender que el principio absoluto que contempla el sistema axiomático que aquí se propone no describe una acción que siempre sea beneficiosa para la estructura en cuestión. El principio absoluto, el axioma de la acción, afirma que todas las estructuras que existen actúan de esa manera, produciendo algún beneficio que las mantiene como existentes, y que aquellas que no actúan así acaban desapareciendo. Por tanto, en una sociedad de humanos el principio que deberíamos contemplar no es el principio de no agresión, o el principio de máxima libertad, sino aquel otro que garantice, mediante una cierta coacción, que todos los individuos de dicha colectividad pueden disponer de la libertad suficiente como para actuar tal y como ellos consideren oportuno, en pro de su propia existencia. Los individuos, buscando su propio bienestar, pueden destruir o beneficiar a otras estructuras. Si las benefician, se coaligan con ellas y acaban constituyendo sistemas de un orden de complejidad mayor, en los que todos se integran y se benefician mutuamente. Si las destruyen, pueden ocurrir dos cosas. La destrucción competitiva de una estructura puede conllevar un beneficio para todo el sistema, que garantice la existencia y las acciones de todos aquellos componentes que salen beneficiados, al ser más productivos o eficaces. Pero la acción individual también puede suponer un perjuicio general. En este último caso las normas sociales deben impedir que se actúe en detrimento de la individualidad y la existencia de todos los individuos. Por tanto, a veces es preciso remediar los problemas que enfrenta un sistema complejo, en el que necesariamente van a aparecer algunos elementos disruptivos, a través de una coacción institucional que elimine en la medida de lo posible a esos agentes destructivos. La simple evolución y la competencia no pueden optimizar esas soluciones. La acción individual no es siempre beneficiosa. Ni la acción privada ni la acción del estado, que emergen y aparecen como consecuencia de acciones individuales, son en todos los casos buenas o malas. El principio no se puede basar en la bondad sempiterna de los entes privados (anarcocapitalismo), como tampoco en la negación absoluta de los entes públicos (estatismo). El principio es la libertad del individuo. La norma que garantiza ese principio propicia la prosperidad continuada de la sociedad. Estas normas aparecen de dos maneras. Pueden ser normas consuetudinarias, que surgen evolutivamente. Y pueden ser normas que se establecen de manera deliberada, con conocimiento de causa. Lo único que hay que entender es que la norma debe primar la libertad de acción de los individuos, y esto es independiente de que esa norma sea resultado de la competencia privada o del acuerdo institucional al que lleguen todos los componentes de la sociedad. Siempre existirá una entidad general, y siempre será necesaria alguna regulación también general. Lo importante y necesario es entender que esa regulación general no tiene que caer en manos de aquellos que no creen en la libertad de los individuos. El principio ético consiste en respetar las acciones individuales que benefician la integridad del sistema. O sea, deberemos establecer un orden mínimo que encare exclusivamente aquellos problemas que surgen con los individuos que no respetan las normas generales y que no se resuelven de manera privada (o que se resuelven en menor medida).

El principio ético no es un principio universal, que se aplique a todas las cosas (solo compete al hombre). Tampoco es un principio que afirme que los hombres actúan siempre bien, con tal de dejarles que busquen sus propios fines y objetivos. El principio ético se deriva de un principio universal, el hecho individual y la acción de perpetuación que caracteriza a todas las cosas. A partir de este principio podemos deducir varias cosas importantes. Tenemos que respetar la individualidad, que los individuos puedan actuar libremente, beneficiando o perjudicando a otros individuos (los sistemas más complejos se construyen con ese beneficio propio que redunda también en un beneficio general). Pero también tenemos que impedir las acciones de aquellos otros individuos que, al perjudicar a los demás, no lo hacen porque esto beneficie al sistema en general (por ejemplo, porque sean más eficaces a la hora de ofrecer un producto o un servicio), sino que lo hacen precisamente impidiendo la libre competencia y la manifestación individual. En conclusión, el principio que debemos constatar es el hecho individual. Todo sistema se basa en acciones individuales. Cuantos más individuos participen de ese sistema mejor para el sistema. Se debe favorecer la individuación y la acción, porque eso es lo que al final trae la evolución y el progreso (y más oportunidades para ser felices). Pero se debe comprender también que el principio no consiste en decir que todas las acciones de perpetuación son buenas o que todas permiten la existencia. Hay acciones que deben ser eliminadas, todas las que van en contra de esa multiplicidad y esa diversidad de individuos.

5.4. El problema de los niveles

Cuando se defiende la esencia del individuo no se está negando el colectivo. Todo lo contrario. Los individuos actúan, y fruto de esa acción es la creación de aglomerados de individuos que, en un nivel superior, actúan también como individuos particulares. Ahora bien, hay que comprender que la esencia de un sistema se halla en el funcionamiento y la acción de cada una de sus partes. Cualquier científico busca siempre estudiar los componentes de sus objetos de investigación. Después se podrá analizar el sistema como un conjunto. Pero resulta vital llegar a comprender como se forma el sistema y cómo interactúan los elementos constitutivos del mismo. De nuevo son los colectivistas y no los individualistas los que vienen a negar una parte de la realidad, la más esencial. El individualismo no niega el colectivo, lo fundamenta sobre presupuestos de la organización más básicos. Son los holistas (y en el caso del estudio de la sociedad los socialistas) los que se niegan a aceptar alguno de los niveles de la realidad. Son ellos los que ven el mundo compuesto solo por conjuntos y agregados, más fáciles de manipular y adoctrinar. El socialista concibe el mundo de esta manera por dos motivos, uno basado en la ignorancia y otro en el interés. Al tirano le resulta más fácil manipular un agregado de personas, sin atender a sus particularidades. Además, también ignora ese funcionamiento, que está oculto detrás o debajo de la superficie especiosa de los fenómenos, que siempre resalta por encima de su mecanismo interno. Por eso, la mayoría de las personas ignoran que se equivocan y convienen con el tirano a la hora de determinar las medidas que habrá de implementar en una sociedad, al objeto de que vaya mejor. En general, todo el mundo contribuye a acrecentar esa creencia fatal en el socialismo. No en vano, ningún tirano se podría mantener en el poder sin el beneplácito de la mayoría.

5.5. La esencia del egoísmo

Cuando hablo de la esencia del egoísmo y de la importancia de considerar un principio subyacente, no digo que todas las cosas sean egoístas tal y como lo somos los humanos. Esto sería absurdo. Simplemente estoy diciendo que el interés propio de los hombres reposa en un hecho más general, la acción de todas las cosas. Cualquier ente debe actuar de tal modo que el resultado de sus acciones le beneficie como estructura y le permita seguir existiendo. Lo primordial es ese beneficio propio, sin el cual ninguna estructura tendría existencia. El hombre, al evolucionar hacia un nivel de consciencia más elevado, ha dotado a este hecho de un marchamo volitivo. La predicción, la disposición o la volición son cualidades que se unen al hecho que define a todos los seres, la búsqueda de su propio beneficio. Pero esta búsqueda no es siempre consciente. Muy al contrario, en la mayoría de los casos esa búsqueda es inconsciente. Todas las cosas producen una acción y un efecto en el entorno que les beneficia como estructuras, ya que de lo contrario no existirían. El beneficio de los otros es una alternativa más, que también permite alcanzar el objetivo señalado. Pero el principio básico es el beneficio propio. La base fundamental de cualquier existencia y de cualquier acción es el beneficio que esta supone para las estructuras que actúan. No existe otra forma de ser y de permanecer. Esa búsqueda no es un acto consciente. Simplemente es algo que resulta del propio hecho de existir. Cuando me refiero a la esencia del egoísmo me estoy refiriendo exclusivamente a este hecho existencial. Nadie dice que los genes tengan intencionalidad. Que los hombres asociemos el egoísmo con la consciencia, o que le demos ese nombre, es solo una consecuencia del hecho de que nosotros, al provocar nuestro propio beneficio, somos capaces de preverlo o anticiparlo, gracias a la mayor complejidad y representatividad que tiene nuestro sistema nervioso.

5.6. El origen de la vida

A la hora de determinar las causas últimas que dieron lugar a la vida en la Tierra suelen aparecer siempre dos posturas enfrentadas, supuestamente irreconciliables. La posición holista, basada en la teoría de sistemas y en la búsqueda de las leyes de la complejidad, y la posición reduccionista, que, como dice Juan Moreno en un artículo del numero 9 de la revista oficial de la Sociedad Española de Biología Evolutiva, «intenta entroncar la biología con la química sin renunciar al papel crucial de la selección natural en el propio origen de la vida». La posición de Juan Moreno se centra –como él dice- en presentar argumentos que defienden que la biología es una extensión de cierto tipo de química y que la evolución darwiniana es en sus orígenes un proceso físico-químico, tal y como Darwin sospechaba cuando aludía al principio de continuidad. Por el contrario, los holistas arguyen que las propiedades emergentes no son reducibles a las partes que componen los sistemas y que por tanto se deben estudiar aparte. Vienen a negar la importancia del efecto que tiene cada componente en la organización general. Por su parte, los reduccionistas no niegan las propiedades emergentes, simplemente afirman que éstas se derivan en cualquier caso de las cualidades individuales de cada uno de los componentes que constituyen el sistema. De nuevo, creo que hay que defender una postura que integre y que no ningunee ningún tipo de cualidad. Desde mi punto de vista, los holistas son los verdaderos negacionistas de la realidad. No admiten los procesos que subyacen debajo de las propiedades emergentes. Los reduccionistas no niegan, como se suele creer, los fenómenos complejos. Únicamente consideran que la aproximación más adecuada debe partir de los elementos más simples. Solo cuando contemplamos las bases atómicas de un sistema natural podemos incluir luego todos los fenómenos y procesos que se deriven del funcionamiento de las mismas. Al revés esto no pasa. Quienes solo admiten propiedades emergentes sustentadas en el vacío, obvian la parte más fundamental de la realidad. Los holistas de la sociología obvian la libertad de los individuos porque solo conciben la sociedad como si fuera una masa informe, a la que ellos desean dar forma. Sus primos hermanos, los holistas de la biología, también yerran el tiro. En su caso, intentan explicar la vida partiendo de un punto erróneo; por el camino se dejan todos los procesos básicos que en realidad están produciendo las formas vivas. Los reduccionistas de la biología suelen fijarse en la replicación de las moléculas para aquilatar la causa que da origen a la vida. La replicación es un proceso físico-químico fundamental. En cambio quienes solo desean analizar las propiedades emergentes, suelen tener más apego por todas aquellas ideas que hablan de sistemas entrópicos disipadores de energía. Los reduccionistas no negamos el hecho de que los sistemas vivos tienen que ser sistemas abiertos que disipan energía y que cumplen la segunda ley de la termodinámica. Pero nos negamos en rotundo a aceptar que esa disipación sea la causa última de todo. La disipación de energía apela directamente al sistema en general, el cual debe producir más desorden en su entorno que el orden que se genera con la disposición de su estructura. Esta visión es holista. Advierte un fenómeno neto, una especie de conjunción material que se resuelve con una disipación global y un desorden universal. Pero no enfoca el asunto en el proceso físico concreto que lleva a los sistemas a comportarse de esta manera. En cambio, la replicación si es un fenómeno físico concreto, que nos permite entender por qué la materia inorgánica acaba complicándose de la manera que lo hace. La replicación es el proceso que mas habitualmente señala el reduccionista de la biología. Ese debe ser el proceso que nos aporte las claves para entender este fenómeno tan singular, el origen de la vida. No cabe otra manera de interpretarlo. Tampoco se deben contraponer los sistemas autopoyéticos con los sistemas replicativos. En el fondo, un sistema autopoyético es un sistema replicativo. La autopoyesis designa un sistema capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo. Y la forma de reproducción más básica de todas es la replicación molecular. Una estructura material adquiere moléculas del entorno y las ordena en un sistema complejo, solo cuando consigue replicarse. La replicación permite la complicación. Y la complicación permite una acción de mayor calado, más elaborada. Dichas acciones son precisamente las que describen todos los teóricos de la autopoyesis cuando hablan de sistemas capaces de autoabastecerse de elementos y construirse a sí mismos. No obstante, hay que entender que esa construcción proteica, esas maquinas moleculares que se reúnen para disipar energía, se basan en cualquier caso en el hecho replicativo. Evidentemente, cualquier sistema que se crea tiene que disipar energía, y más aun si el sistema en cuestión adquiere una complejidad cada vez mayor, que tiene que compensar produciendo un desorden más grande en su entorno. Pero esta no es la razón básica de su existencia. La disipación es solo una condición que tienen que cumplir como estructuras que son. En lo que hay que insistir es en el motivo último de esos ordenamientos, que no es otro que el proceso de la replicación y la copia interna.

5.7. El concepto de la teoría del Todo

Una de las críticas o preguntas más interesantes que me hicieron al terminar la charla, aludía a la necesidad de acotar el concepto de Teoría del Todo que yo empleo en la misma. En este sentido, cabe decir que yo no he intentado realizar una unificación del conocimiento que integre las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza y que consiga reunir la mecánica cuántica y la relatividad general de Einstein bajo una misma teoría. Esa labor corresponde a la ciencia, concretamente a la física. Mi intención ha sido la de señalar una empresa análoga, la unificación filosófica. Es preciso comprender que existen dos formas de abordar el estudio del mundo. La unificación que yo pretendo consiste en resaltar esos dos métodos, la ciencia y la filosofía, y en afirmar que ambos pueden integrarse en una visión racional más general. Toda unificación pretende hallar unas cualidades muy generales, con las cuales poder estudiar todos los objetos que se observan en la naturaleza. La unificación no consiste en fundir esas dos visiones para acabar construyendo una Teoría del Todo científica, que posteriormente podamos implementar en la economía o la sociedad (de nuevo apreciamos aquí un sesgo cientista). La unificación consiste en entender que existe otro método de investigación equivalente al método de la ciencia. Y sobre todo consiste en comprender que dicho método se basa en unos principios o cualidades de la materia más generales que aquellos otros que podemos llegar a dilucidar con las herramientas empíricas. La materia tiene varias cualidades realmente generales. En el fondo, todos los objetos deberían responder a una única fuerza física y a una partícula elemental; al menos eso es lo que creen los físicos, ese es el santo grial que llevan siglos buscando. Pero la materia también tiene otra propiedad más elemental. La materia está particulada. La existencia requiere siempre unos componentes finitos, identificables. La individualidad o identidad de las cosas permite que éstas existan, y por tanto es su propiedad última. Si las cosas no fueran concretas, no existirían. Esta cualidad en una necesidad existencial, irrefutable, que por tanto no requiere de un análisis empírico, y que puede tomarse como punto de partida, implementando esos principios a los casos concretos. La unificación apatece las cualidades fundamentales. Ahora bien, esas cualidades pueden ser de dos tipos, fácticas (aposteriorísticas) o intuitivas (apriorísticas). De aquí deducimos que existen dos modos de reducción y dos Teorías de Todo. Y también consignamos una teoría filosófica más general. La unificación no concite en fundir esas dos conclusiones para acabar elaborando una Teoría del Todo única, porque entonces estaríamos negando la esencia del dualismo, que también es un principio básico. En cualquier caso, si tenemos que proponer una única Teoría del Todo, ésta solo puede predicarse del principio de individuación y del concepto de libertad. La noción de individuo es más general que las nociones de fuerza o masa o que cualquier otra constante o variable de la física. En otros universos la fuerza fundamental puede ser muy distinta a aquella que consigamos descubrir algún día en el nuestro. Pero no hay duda que cualquier universo tendrá que tener cosas, estará hecho de individuos. En este sentido, solo existe una Teoría del Todo y una unificación final: la unión de todas las cosas a través del principio más fundamental que existe: la libertad individual.

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