Las nuevas formas de genocidio: de la eliminación de judíos a la eliminación de toreros


descarga (2)Existen dos tipos de personas, las que valoran la vida humana por encima de todas las cosas, y las que ponen dicha vida al servicio de sus fines y sus intereses personales. Los liberales y la gente de bien preferimos sin duda la primera jerarquía. En cambio, los socialistas y los comunistas se han destacado siempre por abrazar la segunda postura. Si por algo se caracterizan las revoluciones marxistas, es por haber sacrificado millones de vidas en el altar de las ideologías. Todo vale con tal de alcanzar el paraíso que anuncian las acémilas del régimen. Por eso, no me asombra en absoluto que los defensores de los animales y, en concreto, esa subespecie de mutantes que conforma la clase antitaurina, medren por lo general en las filas de la izquierda más rancia e intolerante, desposeida de sus antiguos imperios, desheredada por la propia evolución, y a punto de perder las últimas colonias. Antiguamente, los marxistas ocupaban continentes enteros y tenían carta blanca para cazar y matar judíos a diestro y siniestro. En aras de su lucha, enviaban al gulag a todos los representantes de la burguesía o del clero que podían atrapar, y no les temblaba la mano cuando llegaba la hora de ajusticiarlos. Hoy en día, al haberse civilizado la sociedad, los lacayos de Lenin han visto como mermaban sus fuerzas. Ya no pueden manifestar su infecta naturaleza como lo hacían antes, se han quedado para vestir santos, se sienten un tanto frustrados, y llenan las horas del día escribiendo panfletos y manifiestos en los que piden y desean la muerte de toreros o policías. Resultan ciertamente patéticos, anacrónicos, verdaderos monstruos del pasado, fantasmas de la muerte a medio camino entre dos mundos, zombies descabezados. Antes defendían las ideas que les inoculaba cualquier nuevo megalómano que saltara a la arena política, y anteponian las consignas del lider a la vida de sus conciudadanos o familiares. Así fue como se forjaron muchas tiranías. Ahora colocan al toro donde antes ponían al líder supremo. Antaño defendían abiertamente las mentiras que asperjaban y predicaban los turiferarios del materialismo dialéctico y los esbirros de Stalin. Pero ahora deben ir con más tino, pues se ha hecho patente que dichas ideas no contribuyen en nada a crear la sociedad moderna de la que ellos también se benefician. Por eso es que han sustituido la égida soviética por la causa animalista o por la religión del cambio climático. Ahora ponen a un toro de lidia o a una foca del Ártico por encima del hombre. Cualquier pensamiento es bienvenido con tal de que promueva la muerte de aquellos seres humanos que no opinan igual o que se interponen en su camino. Ese es el verdadero rostro de estos nuevos indeseables. Son los mismos misántropos de siempre con otros collares. Siempre han estado en contra del progreso y de la creación humana. Por eso no les importa nada la vida de los demás. Tienen a bien despreciar al principal impulsor de todos esos desarrollos: el ser humano. Llevan los genes de aquellos que antaño se jactaban de matar judíos y mendigos para limpiar las calles de escoria. Son sus dignos sucesores; sus reencarnaciones; sus imágenes especulares, sus continuadores. Matan al hombre para salvar al animal, igual que antes lo hacían para salvar al tirano que les sujetaba la brida.

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