La cesión ignominiosa del PSOE


1452775552_335656_1452775957_noticia_normalHay formas muy decorosas de ceder el asiento. Por ejemplo, cuando entra una chica embarazada en el vagón del metro y no tiene un lugar donde sentarse. Y luego están las formas ignominiosas. Verbigracia, cuando un político cede su escaño para que se siente un colega suyo de otro partido. En este caso, la ignominia se agrava todavía más si el colega en cuestión no representa las ideas que defiende el partido que decide sacrificar a su compromisario. Y todavía se complica mucho más cuando nos enteramos que ese tipo de cesiones se realizan con vistas a obtener otros acuerdos más oscuros, que probablemente jamás llegaremos a conocer. Pero lo más grave de todo es que exista una ley (o un vacío legal) que permita a una organización política cometer ese tipo de tropelías.

El PSOE ha renunciado a cuatro escaños para que el partido de Artur Mas y ERC formen grupo en el senado. Lo llaman cortesía parlamentaria. Pero ni el eufemismo oculta las razones macabras que pueden estar detrás de este gesto. ¿Dónde queda la cortesía con los ciudadanos que han votado a un partido concreto y ahora se enteran que su voto ha sido utilizado para aumentar la representación de otro grupo? Habría dado igual que alguien les hubiera puesto una pistola en la cabeza y les hubiera conminado a votar a otras siglas, justo delante del colegio electoral. Se suele pensar que esto solo ocurre con las dictaduras. Pero no es así. La democracia suele ser a veces una dictadura encubierta. Y este caso es un buen ejemplo de ello.

Ya no es solo que los votos no valgan lo mismo según el partido que queramos que nos represente (ley D’hondt). Es que luego los políticos pueden cederse los escaños como si fuesen simples cromos, sin importar cuántos les hayamos otorgado los votantes. Al margen de los problemas intrínsecos que entraña cualquier sistema democrático, que son muchos, lo que clama al cielo es que ni siquiera se respeten las preferencias electorales de los ciudadanos. Por supuesto luego todos dicen ser muy democráticos.

¡Y todavía me preguntáis cuál ha sido el motivo de que no haya ido a votar! No quiero legitimar un sistema ignominioso, del que todos los políticos participan y que muchos ciudadanos aplauden. Aquellos que decidieron utilizar su voto para alimentar este circo mediático deberán callarse el día que arrecien todas las desgracias. Yo soy el único que podrá quejarse. Yo no he contribuido. Prefiero ceder mi asiento a una embarazada antes que dárselo a un político.

Este artículo ha sido publicado en el diario digital MadridCode:

La cesión ignominiosa del PSOE

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