Mi perfil


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Me llamo Eladio, nombre masculino de origen griego “Helas” (Grecia). Su significado es “Griego”, “aquel que procede de la Helade”.

Me licencié en Biología Molecular por la universidad de León, y he trabajado como investigador en dicha universidad, y como docente en distintos institutos de secundaria, en España y en el extranjero. En 2014 realicé el máster de economía de la escuela austriaca con el profesor Jesús Huerta de Soto, en la universidad Rey Juan Carlos de Madrid. En la actualidad me encuentro realizando el doctorado en la misma institución y con el mismo profesor.

Me considero un autodidacta. Aunque al principio me interesaba únicamente aquello que tenía que ver con la Biología y las ciencias de la vida, en seguida mi atención recayó sobre otras disciplinas anejas a ésta, la Física o la Sociología, y más tarde sobre aquellas materias que casi ningún biólogo consideraría de su incumbencia, la Metafísica, la Ontología, o la Filosofía General. Desde entonces, siempre me ha cautivado la idea del saber unificado, lo cual ha hecho que me interesasen todas las ramas del conocimiento, y que haya buscado incansablemente la manera de integrarlas en una visión conjunta suficientemente amplia. En resumidas cuentas, ese es el objetivo teórico y el prurito intelectual que ha determinado y que ha marcado mi carrera académica.

En mi vida se han producido varias catarsis intelectuales. La primera de ellas –aún no tendría dieciocho años- me llevó a descubrir el mundo interior de las moléculas y asistir a las lecciones magistrales de Richard Dawkins, las cuales me hicieron ver la naturaleza de un modo que nunca habría imaginado. De repente, toda la vida cobraba sentido. Todas las criaturas de la Tierra tenían una fácil explicación. El hechizo jónico había despertado en lo más profundo de mí ser, y reclamaba un estudio vitalicio.

La segunda catarsis, casi solapada con la primera, vino de la mano de Carl Sagan y de sus vídeos y libros sobre el universo y el gran proyecto de la ciencia. Descubrí que el mundo no se limitaba a la Tierra, y colegí por fin cuáles eran sus verdaderas dimensiones. Y en todas partes comprobé la misma mecánica general.

La tercera catarsis aconteció en el ámbito de las ciencias sociales, cuando comprendí por fin el comportamiento principal que está detrás de la acción del hombre, y me di cuenta, no sin cierto agrado, que dicho impulso está profundamente relacionado con las ciencias más básicas de la vida. Esto sucedió cuando empecé a leer a los epígonos de la Escuela Austriaca de Economía, sobre todo la gran figura de Hayek.

Finalmente, todo este peregrinaje me condujo a la última y más trascendental de todas las etapas, la catarsis filosófica. Esta purificación fue más tardía que las demás, un acceso que me avino habiendo pasado la treintena, pero que de algún modo ya estaba sentenciado de antemano (la Escuela Austriaca de Economía es, sobre todo, una escuela filosófica). De repente descubrí que la ciencia solo era una parte de la historia intelectual del hombre. La metafísica y la especulación pura podían ser tan racionales como lo son las ciencias empíricas, incluso me llevaban a contemplar unos principios más fundamentales, imposibles de apreciar de otra forma. Esto amplió mi esfera de entendimiento de una manera que todavía hoy me provoca vértigo y admiración. La comprensión del mundo apareció de repente como una vasta llanura despejada que, a grandes trazos, ofrecía una maravillosa imagen del infinito y una explicación integral del cosmos.

Últimamente, creo haber entendido el significado de todo este peregrinaje intelectual, la causa de que se haya distribuido tal y como lo he descrito. Cada una de las catarsis que he atravesado se  corresponde con una de las áreas más básicas del conocimiento. Existen dos disciplinas fundamentales, la ciencia y la filosofía, y dentro de la primera existen también tres objetos de estudio básicos, la materia inerte (Carl Sagan), la materia viva (Richard Dawkins), y la materia intelectiva (Hayek). Cada vez que he atravesado la puerta de uno de estos cuatro paraninfos, la imagen del mundo no ha vuelto a ser la misma que era: ha quedado enriquecida para siempre con todo el conocimiento que me ha traído el nuevo paradigma.

Esta atracción mía por todas las ciencias tiene una raíz genética indiscutible. En el fondo, siempre he sido un aficionado ecléctico. En general me gusta todo, las cosas más banales y también las más importantes, salir a divertirme y a recorrer las calles, o encerrarme en casa con un tocho de mil páginas en las manos. Considero que la trivialización y la frivolidad no son cualidades necesariamente negativas, igual que no lo son el sueño y el descanso. No obstante, siempre tienen que ir acompañadas de contrapesos, tales como la trascendencia o el compromiso. Cuando uno se queda dormido demasiado tiempo no está descansando: es un finado.

El título de este blog hace referencia a dos ideas que cambiaron mi vida de forma definitiva, los replicadores de Richard Dawkins, y el liberalismo económico de la Escuela Austriaca. Pero también tiene otro significado mas elocuente. Me gusta verme a mi mismo como una especie de replicador liberal. Me explico. Para mí, un replicador liberal es una persona que arguye en contra de las creencias que tienen los liberticidas (que les replica) y que hace frente a la legión de adocenados que siempre están intentando justificar y promover alguna forma de totalitarismo. Pero también es una persona empeñada en propagar el mensaje liberal (un replicador de memes), catalizando al mismo tiempo la difusión de aquellas ideas que hacen una égida razonable de la libertad. Estas dos acciones, la que interviene en segundo lugar, como respuesta a las críticas que se le vienen a uno encima, y la que actúa sin esperar esas acusaciones, emprendiendo una ardua y difícil predicación, constituyen dos caras de una misma moneda. Cualquier estratega sabe que la victoria solo depende de dos cosas, una buena defensa y un ataque certero. Igualmente, en la contienda dialéctica solo se deberían contemplar dos tácticas básicas. Este blog nace con la vocación de dar la batalla, y adquiere por tanto esta intención en virtud de esa doble maniobra indispensable en cualquier conflicto, la defensa y el ataque.

IMG_0877 - copiaIMG_0877 - copia    Donde más hay que dar la batalla es a la hora de defender la libertad en el ámbito económico. La relación comercial es la relación social por antonomasia, es el acto social más cotidiano. Sin embargo, también es la relación más vulnerada e incomprendida. En este sentido, me defino como un fiel seguidor de la Escuela Austriaca de Economía. Cuando uno acepta y comprende el ideario de ésta escuela, se traslada a una época anterior a la revolución industrial, cercana a la edad media. De repente las otras ideologías aparecen como un conjunto esotérico de adivinaciones, malamente defendidas por una masa de ignorantes y analfabetos. Uno casi siente cómo crepita el fuego de la pira que arde bajo sus pies, avivado con los soplidos del rebuzno que emiten todos esos ignaros. La gente aún cree en ese desiderátum marxista que anuncia la llegada inexorable del socialismo científico. Ante esto, solo cabe utilizar esa famosa frase que se atribuye a Galileo y que al parecer fue murmurada por éste después de ser obligado a retractarse en público. Muchos son los que afirman que el capitalismo está destinado a desaparecer… y sin embargo se mueve.

Me atraen todas las disciplinas del pensamiento, las científicas y las filosóficas. Todas me parecen importantes. Y considero que todas deben tener puesta su mira telescópica en el objetivo de la libertad. La única verdad eterna, la metafísica más trascendental, es la que se basa en el principio filosófico de la libertad individual. Asimismo, creo que la ciencia solo encuentra su camino, de continua evolución y de sucesivas rectificaciones, cuando se deja que los hombres actúen libremente, contrastando sus opiniones, en sana competencia, y en pro de las ideas y demostraciones más eficaces y prósperas, las cuales suelen ser también las que a la larga tienen una mayor aceptación.

Soy fisiócrata, minarquista e isónomo. Es decir, defiendo unas leyes sociales básicas, que estén en armonía con las leyes de la naturaleza (fisiocracia). No soy creyente, no creo en leyes divinas, y tampoco pienso que el método gnoseológico pueda aceptar las verdades de la fe. Sin embargo, no soy anticlerical, y tengo una enorme simpatía por la religión católica, que actualmente se ha convertido en una religión de paz, y constituye sin duda uno de los pilares tradicionales de la civilización occidental. Estoy convencido de que el Estado no debe entrometerse en los acuerdos voluntarios que firman o aceptan los hombres de forma natural, y que por tanto debe quedar reducido a la mínima expresión (minarquía), encargándose únicamente de defender la libertad y la vida cuando no se puede garantizar de otra manera. El mercado no puede estar determinado por la política o la creencia, que siempre son contingentes, sino que debe regirse por unas leyes naturales básicas, que aseguren el funcionamiento espontáneo de la sociedad, la voluntad individual, la igualdad ante la ley y la garantía del cumplimiento normativo (isonomía).

Toda persona debería tener siempre en mente tres proyectos o intenciones proteicas, un proyecto literario, un proyecto académico y un proyecto empresarial. Creo que estos tres itinerarios completan en conjunto el programa de vida al que debe adscribirse cualquier ser humano que desee prosperar y que quiera realizarse. No en vano, agrupan en conjunto tres acciones o aspectos medulares de la vida: pensar (idear), enseñar (mostrar), y producir (proveer). El proyecto literario se sustenta a su vez en otros dos trabajos propedéuticos, el de escritor y el de lector. El proyecto académico aspira a canalizar todo ese conocimiento aprehendido y generado con la intención de articular un gran tratado general, un doctorado, o una carrera docente. Finalmente, el proyecto empresarial se encarga de materializar esos conocimientos en forma de bienes y servicios tangibles, aptos para ser producidos en masa y consumidos y disfrutados por todos. En mi caso, las materializaciones a las que dan paso estos tres trabajos son, en el mismo orden, las siguientes:

El replicador Liberal https://www.facebook.com/elreplicadorliberal/ (blog donde vierto todo lo que pienso y escribo).

La Teoría del Todo https://www.facebook.com/Teoría-del-Todo-234956283530687/ (título general que da pie a mi trabajo académico).

El Instituto Arquitas https://www.facebook.com/groups/arquitasdetarento/ (proyecto empresarial con el que algún día aspiro a crear una institución educativa con una filosofía de enseñanza nueva).

No se si me moriré habiendo cumplido todos estos proyectos. No obstante, el mapa geográfico ya está trazado. Y eso me ofrece también una cierta tranquilidad. Puedo moverme sabiendo hacia dónde tengo que dirigir mis esfuerzos. Sin duda, esta nueva situación mejora bastante mis posibilidades reales y marca un hecho diferencial con respecto a la vida de vagabundo que llevaba antes.

Pero por encima de todas las cosas, me gusta escribir y reflexionar sobre los hechos que acontecen a diario en el mundo. Soy casador de ideas. Existen escritores que, para referirse a su profesión, han inventado un término que se ajusta bastante bien a lo que ellos hacen. Dicen que son juntapalabras. Pero esta definición apela sobre todo al estilo literario. Yo, en cambio, soy ensayista. Me preocupa la forma, pero me interesa también el contenido. Yo soy casador de ideas.

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