El derecho de autodeterminación o la secesión individual son abstracciones irreales: el anarquismo de mercado no existe


De todos es conocida la famosa frase que espetó el profesor Bastos en uno de los congresos de economía austriaca que organiza todos los años el Instituto Juan de Mariana en la ciudad de Madrid: “El Estado no existe”. Posteriormente, el propio profesor puntualizó, en un artículo más reposado, que dicha afirmación respondía más a un deseo suyo que a una realidad actual. Pero ya no es que la frase apele únicamente a una posibilidad futura, es que es una aseveración que jamás será posible. Así pues,  lo verdaderamente real es todo lo contrario: el anarcocapitalismo no existe. Cualquier proyecto o defensa que queramos emprender debe basarse, para existir, en algún principio último de regulación. Por ejemplo, una de las proclamas que más les gusta repetir a los anarquistas de mercado es la que hace referencia al derecho de autodeterminación o a la secesión mas radical de todas: la secesión individual. Rallo usa la siguiente cita de Mises: “El derecho de autodeterminación del que hablamos no es el derecho de autodeterminación de las naciones, sino el derecho de autodeterminación de los habitantes de cualquier territorio lo suficientemente grande como para conformar una unidad administrativa independiente”. Y también nombra a Jesús Huerta de Soto: “Son tres los principios esenciales que han de regir la relación sana, pacífica y armoniosa entre las diferentes naciones: el principio de autodeterminación, el principio de completa libertad de comercio entre las naciones, y el principio de libertad de emigración e inmigración.”. Pues bien, para que los habitantes de cualquier territorio puedan conformar una unidad administrativa independiente, y para que los principios de Huerta de Soto puedan dar paso a una relación armoniosa entre las diferentes naciones, hace falta algún marco regulatorio general que incumba a todas esas naciones; siempre hace falta una institución de última instancia. Por tanto, solo existe el minarquismo. Cualquier forma de anarquía (también la anarquía de mercado) obedece a una abstracción irreal sin ningún tipo de lógica. Por extensión, teniendo en cuenta otros principios sagrados del liberalismo, es indudable que la defensa de un estado mínimo (o gobierno limitado, llámenlo como quieran) se hace necesaria y real en cualquier situación imaginable.

Postdata: El anarquista de mercado suele responder que él no está en contra del gobierno general, pero que éste debe resultar en cualquier caso del acuerdo mutuo y transitorio que firmen mediante contrato las partes que conforman un mercado libre (empresas, asociaciones, individuos). Pero si lo que decimos es que la condición básica del mercado es que exista de antemano un marco jurídico legítimo, este tampoco puede resultar a posteriori, o quedar al arbitrio de la evolución o las decisiones sociales. Para mejor de todos, el marco institucional es lo primero que hay que establecer, y casi lo único que debe conservarse. Solo entonces habrá mercado libre, cuando exista un entorno de libertad garantizado por la ley. Y esto sin duda es lo que se conoce como `Estado´ de derecho. No tiene otro nombre.

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