El sistema inmunológico, el problema del Islam y las tres barreras naturales


Un organismo biológico evolucionado presenta hasta tres barreras principales de entrada, que le protegen de las agresiones externas y le permiten conservar su homeostasis y su equilibrio interno. Una primera línea de defensa mecánica constituida por distintos tegumentos y mucosas, y que en los mamíferos denominamos piel. Una segunda barrera que constituye el sistema químico inmunitario. Y una tercera frontera formada por todas las membranas que protegen la información genética y que dan consistencia y cobertura a las células que albergan dicha información.

A su vez, cada uno de estos bastiones pueden dividirse también en tres empalizadas distintas que evitan en mayor o menor medida la entrada de patógenos en el organismo. La piel está constituida por una epidermis queratinizada, una dermis conjuntiva y una hipodermis adiposa. El sistema inmunitario protege los organismos de las infecciones con tres líneas de defensa de especificidad creciente: la inflamación y la fiebre, la inmunidad innata y la inmunidad adquirida. Y el sistema citológico (celular) cuenta también con hasta tres barreras de entrada: dos membranas en las células animales a las que se añade una pared celular cuando el organismo es un vegetal.

La piel es un bastión prácticamente inexpugnable, el mayor órgano del cuerpo, una barrera protectora que aísla al organismo del medio que lo rodea. Miles de millones de bacterias beneficiosas colonizan la superficie de esta fortificación y ejercen como soldados solícitos, impidiendo que otros bacilos dañinos invadan esas regiones y produzcan infección.

El sistema inmunitario tiene toda una batería de respuestas químicas (sistema del complemento) y celulares que, bien de manera innata (leucocitos), bien de forma adquirida (linfocitos), atacan y neutralizan de inmediato cualquier agente que se introduzca en el torrente sanguíneo o en las zonas intersticiales del cuerpo.

Las células de nuestro organismo también están repletas de mecanismos para expulsar las toxinas y demorar la entrada de virus y demás agentes infecciosos. Antes de llegar al núcleo celular, estos agentes deben atravesar una membrana externa y otra interna. Y en el caso de los vegetales también deben superar una rígida pared celular constituida por fibrillas de celulosa perfectamente entretejidas.

Todo el cuerpo es una barrera detrás de otra. Pero en estas, llega el liberal hodierno a la evolución y reduce todas sus explicaciones sobre inmigración a una política de fronteras abiertas. Si alguien no tiene claro cuál va a ser el desenlace que trae aparejada ésta falta de estrategias, es que no sabe nada de biología.

Debemos estar atentos a cualquier negligencia que se pueda cometer en relación con los derechos humanos y en materia de libertades. Y atacar sin escrúpulos, como hacen los linfocitos, de manera específica. Por ejemplo, la indumentaria que porta la mujer musulmana no es solamente una moda ingenua o una costumbre religiosa. Tiene detrás toda una significación totalitaria. Me da igual que la dueña acepte con devoción vestirse con esa prenda opresiva. La cuestión de fondo es que la sociedad en la que se ha criado no acepta que ella se vista de otra manera, y desde pequeña la educa y la adoctrina para que prefiera tamaña sumisión.

Cuando permitimos que la sociedad se llene de familias que tienen entre sus más altos principios obligar a los demás y obligarse a sí mismas a llevar ciertas prendas y comportarse de determinada manera, que no nos extrañe luego que esa sociedad libre que tanto nos ha costado construir empiece a resquebrajarse.

Denunciar esta invasión no es sinónimo de racismo. A mi me importa un bledo la raza de una persona, siempre y cuando sea una criatura completamente libre, llena de posibilidades. Pero seguiré señalando y denunciando cualquier raza o cultura que acepte mayoritariamente la imposición voluntaria o involuntaria de una determinada actitud. Y también a todos aquellos occidentales, pazguatos permisivos, que no se dan cuenta del peligro al que nos someten a los demás con su excesiva transigencia.

Decía un amigo mío una vez que el jamón es el control de paso fronterizo más barato y efectivo del mundo. Te lo comes, pasas. No te lo comes, pues no pasas. Con esto nos evitaríamos muchos radicalismos islámicos. Por supuesto esta propuesta tiene un aire jocoso bastante irreal. Pero entraña una verdad como un puño. Hay que cerrar las fronteras al fanatismo o abrirlas para expulsar a los radicales. Hay que detectar a los fanáticos analizando comportamientos familiares y tradiciones indignas de una sociedad libre. Muchos se entretienen en detectar lo que denominan micromachismos sociales, pero no quieren percatarse del verdadero machismo inserto en la mayoría de familias musulmanas. Hoy Europa se ha convertido en una enorme piruleta roja. Todos corean canciones de amor. Pero nadie propone medidas de excepción contra el fanatismo. Solo amor. Mañana volverán a morir asesinados. Muchos serán niños, jóvenes, inocentes.

La libertad debe protegerse con hasta tres barreras distintas: jurídicas, legislativas y ejecutivas. Estos tres poderes serían semejantes a los tres tipos de barreras que parece que siempre utiliza la naturaleza para blindarse de todas las agresiones externas. Sin estos mecanismos de protección no hay ser vivo que sobreviva. Y tampoco se puede constituir ninguna sociedad libre. Metanselo en la cabeza todos aquellos liberales puristas que creen que la emancipación del individuo consiste tan solo en ir incrementando la libertad indefinidamente, abogando por la desnaturalización paulatina del ejército, o el levantamiento de toda frontera. Nadie duda que el liberalismo se basa en la libertad de movimiento de capitales, personas y bienes. Pero cuando lo que se mueven son agentes patógenos indeseables, resulta indispensable establecer un cordón sanitario de varias capas, y una unidad territorial infranqueable. La integridad territorial de una nación es un monopolio natural que hay que cuidar de forma unívoca y unilateral, con barreras comunes y con toda la determinación que sea posible. No existen varios territorios en competencia. Existe solo una nación amenazada, un organismo a proteger, un enemigo común (el totalitarismo) y una única forma de libertad (la libertad individual).

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