Pablo Iglesias y la rueda de la vida


Pablo-ZapateroDurante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero algunos nos dedicamos a prevenir a la gente del problema que entrañaba la política que llevaba a cabo este nuevo gurú del socialismo internacional. Todavía tengo frescas en mi memoria las discusiones que mantenía con la mayoría de mis amigos. Afortunadamente, todo tiene un final. Después de ocho años de legislatura, Zapatero dejó el poder. Pero también dejó la nación hecha unos zorros. Mis previsiones se habían cumplido. No obstante, no creo que me deba arrogar ningún mérito. Es bastante fácil predecir la debacle del socialismo, existen múltiples ejemplos a lo largo de la historia. En cambio, sí me habría gustado que alguno de aquellos amigos con los que tanto discutía hubiera venido a mí y me hubiera reconocido el error que había cometido al defender con tanta fruición la política del PSOE. No ocurrió nada de eso. Todo lo contrario. En vez de arremeter contra los políticos, mis amigos echaban la culpa al capitalismo. Y, en vez de denunciar la intervención estatal, exigían más. Los mismos que antes defendían a Zapatero ahora me cuentan que ha nacido un nuevo mesías. Se llama Pablo Iglesias, y ha venido para salvarnos. Les veo cómo contienen la emoción al darme la noticia, y no puedo evitar que se me escape una pequeña mueca de burla. La ideología de este nuevo líder es la misma que defendía Zapatero, pero multiplicada por un factor de mil. Los que excusaban las acciones intervencionistas del gobierno de Zapatero y los que defienden ahora a Pablo Iglesias parecen no enterarse de la fiesta (que siempre se pegan los políticos, y pagamos los ciudadanos). La gente es sumamente ignorante. Está ávida de ilusiones. En vez de fijarse en la teoría política que blande este nuevo líder de masas, que siempre conduce a la depauperación del pueblo, se fijan por el contrario en el mero acto de la renovación, y exigen un voto de confianza. Como ya no les gusta ningún político actual, una vez que ha caído en desgracia el socialismo de Zapatero, lo único que quieren es cambiar la vaca sagrada. Y a los que nos atrevemos a denunciar esa renovación suya nos acusan de formar parte de la casta. Apenas se percatan del problema de fondo que está detrás de todas las ideologías de izquierda. Todos coincidimos ahora en el diagnóstico de la enfermedad: el problema es la casta política. La diferencia es que algunos de nosotros llevamos diciendo eso desde hace mucho tiempo, sin ningún resultado positivo (no es necesario que venga un muchachito de coleta para apercibirnos de esto). Sin embargo, los que se acaban de caer del guindo se adjudican ahora la originalidad de ese descubrimiento, e incluso pretenden avanzar algunas soluciones. Y como no tienen ni pajolera idea de cuál es la raíz del problema, vuelven a defender una política intervencionista, esta vez mucho más radical. La solución a Zapatero es Zapatero elevado a la enésima potencia. La solución a los problemas de la política no consiste en reducir el poder del político, curiosamente consiste en aumentarlo. La fórmula de Pablo Iglesias pretende nacionalizar empresas, elevar los impuestos, conceder subvenciones y subsidios, manipular el mercado, ceder autonomía a los gobernantes locales, etc, etc… La rueda de la vida no se detiene. Siempre repite los mismos giros. El hombre regresa una y otra vez a los mismos errores y cada vez sus piernas se hunden más en el fango hediondo que él mismo se encarga de crear. Si Pablo Iglesias llega al poder algún día, la tierra cenagosa que ahora nos llega a la altura de la cintura acabará por cubrirnos todo el cuerpo, y los que una vez defendieron su política utilizarán las últimas fuerzas que les queden para levantar la barbilla, escupir el lodo que se les haya metido en la boca, y volver a lanzar arengas a favor de algún nuevo mesías. No obstante, esta vez el líder que salga elegido solo podrá constatar su muerte. Para entonces, mis amigos se habrán convertido en esqueletos en descomposición, sumergidos en el fondo de un cenagal. Y yo, probablemente, también les acompañaré. Todo habrá quedado descompuesto.

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