āLa religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión siempre habrĆ” buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión.ā

Alguien dijo alguna vez que el camino al infierno estĆ” sembrado de buenas intenciones. Esta frase puede aplicarse a la religión como tal, pero tambiĆ©n a la polĆtica actual. En general, cualquier maldad tiende a perpetuarse por medio de la justificación. Cualquier tirano te dirĆ” sin parpadear que las atrocidades que comete son por el bien de los hombres, ya para que se salven una vez muertos (religión), ya para que se complazcan aquĆ en la tierra (polĆtica). Frente a esto, no valen medias tintas. Hay que decirlo claramente. El mayor logro de Occidente consistió en romper ese lazo genĆ©tico que une a la mayorĆa de los hombres con la bondad reglada de las religiones laicas o etĆ©reas. Dejamos de creer que debĆamos imponer las virtudes que nosotros admiramos. Renunciamos a exigir al otro una prueba de fidelidad. Dejamos de imponerle las leyes divinas o paganas que nosotros sublimĆ”bamos. Este paso representa un punto de inflexión en la historia del hombre. Pero requiere grandes esfuerzos y un poder de abstracción descomunal. El hombre debe salir de su reducto mental, liberarse de los lastres de su innatura, y de la numinosidad que rodea su rictus y sus acciones cotidianas. La naturaleza ha dotado de gran importancia a todas esas acciones. La supervivencia depende de que la vulgaridad se vuelva sagrada. Si pensamos que comer, reproducirnos, o defecar son hechos trascendentes, reforzaremos los vĆnculos que nos unen a la vida y acabaremos teniendo mĆ”s Ć©xito. Esto es, seremos las criaturas que sobrevivan y habiten la tierra. Por eso todos los hombres han acabado abrazando alguna forma de religión. Pero existen claras diferencias. En occidente la religión ya no tiene el peso que tenĆa en el pasado. Los musulmanes moderados no son como los cristianos moderados o como los occidentales moderados. Hay entre ellos un porcentaje mucho mayor de fundamentalistas. Si solo existiese un grupo de radicales dispuestos a inmolarse en el nombre de AlĆ”, el problema no serĆa tan grave. Pero de lo que no quiere darse cuenta la gente, tal vez porque entonces descubrirĆan una realidad mucho mĆ”s cruda, es que existe ahĆ, en esos paĆses Ć”rabes, una masa de creyentes, en buena medida representativa del sentir general, que estĆ”n dispuestos a educar a sus hijos en el odio a las otras religiones (al menos les inoculan un rechazo frontal). Defienden prĆ”cticas y costumbres que en occidente han quedado abolidas hace mucho. Apoyan las diferencias de trato entre hombres y mujeres. Opinan que el apóstata debe morir a manos de los popes y los guardianes de las tradiciones que ellos representan. Muchos parecen buenas personas, conviven con nosotros de forma habitual, tienen mĆ”steres y ocupan puestos de representación en empresas de renombre. Pero, a pesar de todo, son la hez del mundo, y un problema de rabiosa actualidad. Siguen pensando y defendiendo posturas que a nosotros nos parecen superadas. Creemos que la edad media forma parte del pasado y sin embargo la tenemos ahĆ, en el patio de atrĆ”s, reproduciĆ©ndose como cucarachas. Muchos musulmanes apenas se ocupan de su aseo intelectual, no se preguntan si sus acciones son buenas o malas, solo si estĆ”n aprobadas por las escrituras corĆ”nicas. Esta es una postura anticientĆfica que en occidente ya sabemos que consecuencias depara. Pero muchos paĆses Ć”rabes siguen anclados en la Ć©poca de las cruzadas y las luchas religiosas. Como dice Weinberg, la religión es la Ćŗnica cosa que hace malos a los buenos. Y esto es el mayor de todos los problemas a los que se enfrenta la humanidad. Si solo fuera una cuestión de malos y buenos, las lĆneas estarĆan claramente trazada, los adalides de BelcebĆŗ, serĆan pocos y estarĆan seƱalados. El problema es que la mayorĆa de la gente se vuelve mala cuando quiere hacer cosas buenas. El problema es que los malos son malos y los buenos tambiĆ©n son malos. El problema es que la mayorĆa de musulmanes levantan el brazo cuando alguien les preguntan si creen que la mujer adĆŗltera debe ser lapidada hasta la muerte. La semilla del odio y el fanatismo estĆ” inserta en un porcentaje muy alto de la población. Y es eso lo que hace que el problema adquiera una dimensión real sumamente peligrosa. El buenismo es la verdadera lacra social. En occidente nos lo hemos sacudido en parte al impedir que la religión accediera a los parlamentos y tomara decisiones de importancia a nivel gubernamental. Pero en cierta medida lo hemos traspasado a la polĆtica, y ahora estĆ” actuando a travĆ©s de los estadistas y los burócratas. Y en Oriente ese mismo buenismo es todavĆa mĆ”s ominoso, pues sigue anclado en la fe ciega, actuando a travĆ©s de la religión y el fanatismo secuaz, aupado por el pueblo crĆ©dulo y devoto, apoyado por las mayorĆas representativas, y encumbrado y jaleado por la estupidez y la cerrazón humanas, que tambiĆ©n son mayoritarias.

