La tabla de los elementos de la física: campos bosónicos y campos fermiónicos

La física es la ciencia que estudia los elementos más fundamentales de la realidad. Toda la naturaleza está constituida por unos pocos ladrillos esenciales que los físicos denominan partículas. La noción moderna de partícula es la misma que Demócrito daba a sus átomos. Las partículas físicas son entidades indivisibles; puntos cuánticos. Con el tiempo los físicos se han dado cuenta de que todas esas partículas tienen un campo de energía asociado a ellas que se extiende por todo el orbe. De modo que el concepto de partícula no sería tan fundamental como se creía. En realidad, los elementos más fundamentales de la naturaleza son los campos de energía. Y las partículas no son otra cosa que excitaciones de estos campos en algunos puntos concretos. De momento el ser humano ha conseguido identificar siete campos principales. Cinco de ellos dan lugar a las partículas de fuerza (higgs, gravitón, fotón, W y Z, y gluon) y dos a las partículas de materia (leptones y Quarks).

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Si nos atenemos sólo al grado de profundidad, la teoría estándar de partículas es la construcción intelectual más impresionante que ha parido el ser humano. Se ha enfrentado a numerosos problemas, y todos los ha ido solventando con éxito. Sin embargo, todavía no ha conseguido resolver todas las cuestiones. Podemos dividir los problemas que aún quedan por solucionar en tres clases diferentes:  1- ¿Por qué las partículas y las fuerzas tienen esas cualidades en concreto y no otras distintas?; 2- ¿Existen otras fuerzas y otras partículas además de las que contempla la teoría estándar?; y 3- ¿Podemos unificar las fuerzas y las partículas que conocemos en una teoría más general?

1. ¿Por que las partículas y las fuerzas tienen estas características?

Todavía no sabemos por qué las partículas que conocemos tienen los valores que tienen: tres familias de partículas, la masa del Higgs, o el valor de la constante cosmológica (la fuerza positiva de la energía oscura). Hay valores teóricos que no coinciden del todo con los que vemos en los experimentos. Y hay otros que no coinciden en nada. Así, si suponemos que la energía de vacío es la que produce la energía oscura, los cálculos de su valor dan lugar a cifras mucho más altas de las que realmente estamos midiendo. Esto se conoce como el problema de la jerarquía. 

También hay que tener en cuenta que los valores concretos de las partículas pueden atender a lo que se conoce como principio antrópico (a un accidente histórico), y no a una necesidad fundamental implícita en la teoría. Así, podría haber una infinidad de universos paralelos con distintas soluciones, y el nuestro solo sería una de las muchas historias que se han dado a lo largo de la eternidad.

Tampoco sabemos explicar muy bien la función de onda de las partículas, su movimiento por el espacio a través de todos los posibles caminos, la interferencia destructiva que lleva al colapso de la onda, y la diferencia con los sistemas macroscópicos que viven en el colapso permanente. Todos los objetos recorren una trayectoria de mínima energía en línea recta. Pero parece que las partículas microscópicas son capaces de avanzar al mismo tiempo por muchos caminos distintos y elegir a posteriori los de menor energía (experimento de la doble rejilla) mientras que los objetos de mayor tamaño solo lo hacen por uno.  

En cualquier caso, todas las excitaciones del campo presentan una cualidad microscópica fundamental, que se conoce como superposición de estados, suma de historias, o principio de indeterminación. Es decir, las partículas elementales se encuentran al mismo tiempo en distintos estados, generando una onda de probabilidad. Este sistema no tiene equivalente en el mundo macroscópico. Así, cuando se alcanza una masa crítica, o cuando las partículas son influenciadas por un aparato de medida, la onda decae en un único estado (colapsa), y por eso es que no vemos gatos vivos y muertos al mismo tiempo. 

El campo de Higg asociado al vacío también tiene una interacción detrás, se llama interacción de yukawa, por tanto sería la quinta fuerza elemental, la quinta interacción. Pero de nuevo desconocemos algunas cosas sobre esta interacción descubierta hace solo unos pocos años. En realidad, hay mucho sitio al fondo, como diría el afamado físico Richard Feynman. Apenas estamos rasgando la escala de energías. 

2. ¿Existen otras fuerzas y otras partículas?

No sabemos si existen otras interacciones y otras partículas. A ese vacío de conocimiento lo llamamos energía y materia oscura. Una posible solución es asumir las predicciones de la teoría de supersimetría que dice que todos los fermiones tienen un compañero bosónico igual que ellos pero con spin entero, y que todos los bosones tienen un compañero fermiónico con spin fraccionario. Esas nuevas partículas teóricas aún no descubiertas serían los candidatos perfectos a ostentar el rango de materia oscura. 

Otras soluciones han sido convenientemente descartadas. Por ejemplo, la materia oscura no puede estar hecha de neutrinos porque estos casi no tienen masa, y no puede estar hecha de bosones Higgs porque estos no son estables y se desintegra muy rápido. Las propiedades de la materia oscura requieren de partículas pesadas y estables, que constituyan el 30 % de la masa del universo.

Por su parte, la energía de vacío puede ser la responsable de la energía que está acelerando la expansión del universo. Pero esta hipótesis nos obliga a aceptar unos resultados absurdos, con unos valores mucho más grandes que la cantidad de energía oscura que debería existir. Por tanto sigue siendo también un campo ignoto.

3. ¿Podemos unificar las fuerzas y las partículas?

No sabemos cómo se unifican las fuerzas. Suponemos que existe una teoría M o teoría de campo unificado. Al parecer las interacciones físicas convergen en una magnitud a energías muy elevadas. La energía de planck y la energía de unificación son mucho más altas que la energía que ahora somos capaces de producir en los aceleradores de partículas.

Para entender el universo en términos generales solo hay que aceptar que todo lo que vemos está formado por una serie de campos superpuestos que se extienden por todo el espacio. En física, un campo no es otra cosa que la distribución de una magnitud determinada, una propiedad cuyos valores disímiles acaban generando una extensión geométrica. 

Los campos presentan siempre dos estados posibles, un estado basal, y una excitación en algunos puntos. Esta excitación puede ser de dos tipos. Si la excitación produce una onda de propagación lineal, dará lugar a lo que se conoce como partículas bosónicas (interacciones). En cambio, si la excitación está producida por una onda estacionaria, la energía se concentrará en un punto concreto, y tendremos partículas fermionicas (materia). De ese modo, los bosones se encargan de transmitir la información a lo largo y ancho de todo el campo, son las partículas que arrojan esa información y que permiten que las otras se comuniquen. Estas otras partículas, que intercambian información, y que se ven afectadas por los bosones, son los fermiones. 

El principal problema al que se enfrentaba la física del siglo XX provenía del hecho de que las partículas eran consideradas como puntos imaginarios; sin extensión alguna. Este no es simplemente un problema de concepto. Es un problema matemático básico. Dicha consideración conduce a soluciones absurdas que dan lugar a resultados infinitos. La solución a este problema se ha remediado en parte de dos maneras distintas, y en ambos casos se ha tenido que aceptar que las partículas no son los elementos más fundamentales de la naturaleza, sino que lo son otras entidades que, en este caso, sí que tienen dimensiones. La primera solución consistió en describir la realidad como una suerte de campos extensos que cubren todo el espacio (teoría de campos unificada). Y la segunda nos ha llevado a creer que las partículas son en realidad cuerdas pequeñísimas, del tamaño de planck, pero con cierta extensión física (teoría de supercuerdas). Estas dos visiones constituyen hoy en día la avanzadilla de la exploración moderna para encontrar el santo grial de la física, la Teoría del Todo. Ambas se disputan el trono del reino de la materia de altas energías.

La solución a este dilema pasa por construir aceleradores de partículas cada vez más grandes y potentes, para analizar rangos de energía cada vez más elevados. Solo así seremos capaces de descubrir nuevas partículas y nuevas interacciones, que acaben dando la razón a unos u otros. Veremos quién se alza al final con la victoria, si los campistas o los locos de las cuerdas. La carrera no ha hecho más que empezar.

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Mis comentarios en Facebook – Año 2018

Año 2018: parerga y miscelánea

Toda la parafernalia que existe en torno a las llamadas dietas saludables, todas las retóricas y discusiones que tratan de esclarecer las bondades de determinados regímenes alimenticios, no son en el fondo otra cosa que una disculpa y una maniobra de distracción para evitar la única solución saludable y gratuita que podemos adoptar: comer poquito de todo. Pero claro, comer poca cantidad, y comer cosas normales, no entraña ningún secreto abstruso, no implica ningún ritual pagano, no permite seguir a ningún gurú, ni creer en ninguna teoría conspiranoica. Y ya sabemos lo que nos gusta todo esto. Las soluciones sencillas y baratas no venden. En cambio, la aparatosidad impostada ofrece al ignaro una apariencia de seriedad que éste no duda en utilizar para suplir sus propias carencias, rellenando de paja los múltiples huecos que socavan su mente.

28 dic. 2018 09:48

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TODAS LAS CONDENAS DEBERÍAN SER DE CADENA PERPETUA REVISABLE.

Solo existen dos opciones para dejar en libertad a un preso, hacerlo después de asegurarse al máximo que se ha curado y no va a delinquir, o dejarle libre sin ningún miramiento, sin preocuparse antes por saber si volverá o no a las andadas nada más salir. Me parece increíble que tanta gente esté en contra de la prisión revisable incluso para aquellos casos más monstruosos. A veces los demonios habitan dentro de nosotros, ocultos detrás de las buenas intenciones, sin que ni siquiera sepamos que los tenemos ahí. Este buenismo enfermizo lleva a situaciones tan contradictorias y absurdas como la que se crea cuando el sistema deja libre a un depredador de mujeres sin que nadie se queje y luego se condena a un hombre que pone las piernas un poco abiertas al sentarse en el metro, o que dice un piropo a una chica guapa. Todas las condenas deberían ser de cadena perpetua revisable. Asimismo, algunos también deberían revisar las cadenas (de razonamiento) que les llevan a dejar libres a los depravados sexuales al tiempo que afirman que todos los hombres son una raza de violadores potenciales.

21 dic. 2018 10:31

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Si es tan evidente que el machismo no implica necesariamente el asesinato de una mujer, ¿por qué se afirma con tanta rotundidad que el asesinato de una mujer es siempre un acto machista?

18 dic. 2018 16:22

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La violación y asesinato de una mujer a manos de un delincuente varón no es un acto machista. El violador no piensa que la mujer es inferior a él. O al menos no es eso lo que le conduce a asesinarla. La causa principal es el deseo enfermo de un desequilibrado sanguinario, condición humana que carece de género y tiempo, y que por tanto no se puede utilizar para señalar a todos los hombres que hoy habitan la Tierra, haciéndolos partícipes de la muerte de la mujer. En un sentido lato, la violación feminista de la presunción de inocencia, que busca incriminar a todos los hombres del planeta, no es muy distinta de esa otra violación que acaba con la vida de una persona. En ambos casos se presupone que los demás son objetos que se pueden utilizar y manipular para satisfacer un impulso irracional e irrefrenable, ya sea practicando el coito o arengando a las masas para que practiquen el linchamiento público.

18 dic. 2018 02:35

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El absurdo del anarcocapitalismo se revela con toda su inconsistencia cuando algún acólito fervoroso afirma que la Tierra entera, al no estar regida por ningún supragobierno, ya es de por sí un sistema anarcocapitalista planetario. Este argumento, que suele ser empleado en defensa propia, es en realidad la punta del iceberg de una teoría que hace aguas por todas partes. Si el anarcocapitalismo ya es una realidad a nivel planetario, ¿que hacen sus defensores luchando denodadamente para propagar su mensaje? ¿Por qué no están conformes con la situación actual? Yo se lo diré: no están satisfechos porque lo que ellos defienden como deseable, la ausencia de un Estado general de mínimos, conduce casi siempre a la existencia de decenas de Estados más pequeños que compiten para ver cual es más eficaz a la hora de limitar las libertades de las personas. Esa es la situación que existe actualmente en el mundo, lo que demuestra que la ausencia de gobierno es casi tan mala como su presencia excesiva. Los anarcocapitalistas se percatan de que la Tierra funciona, a nivel general, como un sistema anarquista. Pero no son capaces de llevar el razonamiento un paso más allá, a saber, que el anarcocapitalismo favorece la existencia de decenas de sistemas totalitarios o fallidos, como es el caso de nuestro planeta. Esto les obliga a seguir luchando, aunque se contradigan al aseverar que la Tierra ya ha alcanzado aquello con lo que ellos sueñan.

15 dic. 2018 08:36

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La idea de Dios es y será siempre el resultado lógico de un desconocimiento abismático, que ha de acompañar al hombre mientras éste exista, por los siglos de los siglos. Ningún conocimiento futuro podrá jamás ocupar el espacio que aprovecha la creencia para medrar, pues es imposible que desaparezca el más allá por muy allá que lleguemos en nuestros descubrimientos mañaneros. La eternidad que los creyentes atribuyen a Dios es oportunista, se alimenta de esa otra eternidad que asegura que nunca vamos a poder estar completamente convencidos de que ya no existe nada más que conocer. La idea de Dios, la muerte, o el desconocimiento de una parte de la realidad son hechos consustanciales a la vida. Podemos vivir de espaldas a Dios. También podremos inventar el elixir de la eterna juventud. No obstante, la muerte no va a dejar de ser una posibilidad. Siempre habrá un cuarto oscuro al final del pasillo para aquellos que quieran dejar de existir. Y de igual manera, siempre habrá un más allá para aquellos que deseen pensar que la vida no se acaba después de la muerte. Ni siquiera el conocimiento de todo el universo puede garantizar que conoceremos todo lo que existe. Siempre habrá un agujero negro al final del pasillo. Y siempre existirá la religión.

14 dic. 2018 00:15

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Lo que más miedo produce de la muerte es que exista la reencarnación. Con el número de estultos que nacen las perspectivas no son nada halagüeñas.

8 dic. 2018 12:45

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Decir que las grandes superficies van a matar a las tiendas de barrio es tan absurdo y ridículo como decir que los elefantes del África subsahariana van a propiciar la extinción en masa de las hormigas rojas. Si un biólogo dijera esto, sería inmediatamente apartado del cuerpo. Sin embargo, existe un número importante de economistas que vienen pronosticando la pronta desaparición del comercio local a manos de las grandes corporaciones, sin que ello suponga ningún perjuicio para sus carreras académicas.

2 dic. 2018 12:01

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Huerta de Soto dice que el Dios cristiano es libertario. Escohotado por el contrario dice que la religión cristiana está en el origen del comunismo ¿Por qué? ¿Que lleva a interpretaciones tan distintas? Pues eso mismo, que las religiones son creencias arbitrarias y siempre son interpretables.

25 nov. 2018 13:02

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Aviso de alarma dirigido a todos los cabezahueca que pueblan la Tierra: todas las variantes sexuales y hormonales que no están catalogadas como normales (y que no dan lugar a los dos prototipos básicos: hombres y mujeres), es decir, gays, lesbianas, transexuales, travestidos, poliamorosos, orcos, ositos, pepas, marialiendres, etc… tienen en último lugar alguna causa genética, como todo en esta vida. Lo cual no quiere decir que no tengan también una influencia cultural. No me sean maniqueos. Ahora bien, la influencia genética puede ser descrita de tres modos diferentes. El comportamiento sexual se puede deber a un gen alterado que produce una disfunción inadaptativa, pero que se conserva como consecuencia de alguna otra ventaja que desconocemos. En segundo lugar, puede deberse a un gen neutral que es invisible a la presión de la selección. Y en tercer lugar puede estar motivada por un gen con un beneficio directo que aumenta el fitness adaptativo del individuo o la población que lo porta. Dejen ya de decir que los gays padecen una enfermedad, o que son individuos completamente normales. Pueden ser las dos cosas, y habrá que esperar a que la ciencia nos diga algún día si esos comportamientos han promovido el éxito de la especie, o por el contrario son un defecto derivado que la evolución no ha podido evitar. Entonces tendremos que redefinir el concepto de enfermedad. Si por enfermedad se entiende la aparición de un mal que modifica la fisiología óptima del individuo y reduce su capacidad de adaptación y supervivencia, entonces la homosexualidad puede ser considerada una enfermedad solo si conseguimos demostrar que ha tenido ese impacto negativo en las poblaciones. Si por enfermedad entendemos todo proceso fisiológico y psicológico que daña y altera las emociones de una personas, entonces los enfermos son todas aquellas personas intransigentes que hacen la vida imposible a una persona solo porque no están dispuestos a permitir que esta se acueste con quien le de la real gana.

25 nov. 2018 12:04

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La defensa conservadora de la patria, los símbolos o las tradiciones antiguas no tiene un resultado claro; puede derivar en algo malo o bueno para el país, según los casos. Dependerá de la cultura o las circunstancias a conservar. En cambio, la defensa del socialismo es incondicionalmente mala, y sus perjuicios siempre son intrínsecos.

24 nov. 2018 08:20

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LOS ÁMBITOS DE LA LIBERTAD: el futuro de la humanidad pasa por aumentar la libertad del hombre en cuatro escenarios principales:

– EL DOMINIO DE LA FÍSICA: la colonización de Marte, y en general la carrera espacial, nos librará algún día de las ataduras gravitacionales que ahora nos fijan como lapas a la superficie caduca de la Tierra. Técnicas: ingeniería astronáutica, terraformación.

– EL DOMINIO DE LA BIOLOGÍA: la erradicación de las enfermedades relacionadas con el envejecimiento nos librará de la muerte que procura el deterioro temporal del cuerpo. Técnicas: modificación genética, regeneración celular, células madre.

– EL DOMINIO DE LA SOCIOLOGÍA: la adopción de un sistema político centrado en el mercado libre (librecambista) y un orden social garantista basado en el Estado de derecho, nos librará del totalitarismo, el intervencionismo, el socialismo y los abusos de poder que a día de hoy todavía lastran la economía de una buena cantidad de países. Técnicas: paciencia, educación, seguridad, proselitismo, minarquismo.

– EL DOMINIO DE LA TECNOLOGÍA: la creación de máquinas completamente autónomas, con inteligencia artificial, alimentadas con energía barata y ubicua, nos librará del trabajo extenuante y obligatorio al que hoy en día estamos sometidos. Técnicas: fusión nuclear, células fotoeléctricas, redes neuronales, tecnología de materiales.

POSTDATA: el dominio de la sociología es el más complicado, mientras que el dominio de la biología es el más perentorio. En ambos casos estas cualidades se deben a la propia condición humana. Somos tan tozudos que seguramente nunca vamos a aprender del todo cómo funciona una economía. Ahora bien, cualquiera que sea el resultado, lo que está claro es que solo llegaremos a verlo si solucionamos antes el problema biológico de la muerte. Por su parte, el dominio de la tecnología supondrá el último salto importante en la evolución anatómica y fisiológica de nuestra especie. Mientras que el dominio de la física abrirá las puertas a la última y más grande de todas las epopeyas, la colonización del universo.

22 nov. 2018 18:18

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Algún día la inteligencia artificial mirará hacia atrás y dividirá a la especie humana en dos poblaciones animales: muy tontos y medianamente tontos. Los razonamientos de los políticos son cada día más estúpidos. Si no quieres aprobar mis presupuestos es que eres un inmovilista o que solo te mueve el interés partidista. Yo no. Yo no soy partidista. Yo sí modifico mis planteamientos. Es increíble el ridículo que hacen la mayoría de políticos y lo pobres e intrascendentes que son sus opiniones ¿Qué esperan que hagan los demás partidos cuando tu propones por la puerta de atrás unas políticas contrarias a sus principios? No tienen ningún sentido de la realidad.

18 nov. 2018 19:55

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El ser humano es un animal paradójico. Ahora que frecuento la medina, asisto a veces a una circunstancia muy curiosa. Suelo discutir con personas cultas que, después de pasarse una mañana regateando con todo tipo de vendedores para intentar bajar al máximo el precio de las mercancías, son capaces de defender, solo un poco después, un precio justo mínimo impuesto por el Estado. Como digo, son personas cultas, y la discusión transcurre en unos términos exquisitos, cosa que agradezco. Pero es precisamente esa corrección lo que más desazón me produce. Existen muy pocos antídotos que sirvan para contrarrestar los efectos devastadores que tiene la contradicción sobre los cerebros de las personas. Por un momento, pienso que la humanidad no tiene salvación ni en cien mil años de existencia. Y me invade un profundo sentimiento de vacío.

11 nov. 2018 23:23

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Una de las ideas más poderosas del liberalismo hace aparecer al Estado como un mero intermediario. Incluso los socialistas más recalcitrantes pueden entender que los intermediarios encarecen siempre el producto final. Hasta tal punto eso es así que muchos hablan de ellos con desprecio, a pesar de que avalen luego al único intermediario realmente inútil: el Estado, que existe por imperativo legal y no porque lo demande el mercado. Es fácil comprender que, si prescindimos de la cantidad de burócratas inútiles a los que hay que pagar antes de que un producto llegue a manos del consumidor, este se abarataría de forma considerable y todos seríamos mucho más felices.

11 nov. 2018 19:28

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Siempre la maldita plusvalía. Toda la izquierda y parte de la derecha sigue creyendo en ese espantajo comunista que supone el mayor error intelectual de la historia. Si creen que los bancos no van a repercutir el impuesto de las hipotecas en los clientes es simple y llanamente porque piensan que existe una mayoría de banqueros que ingresan mucho más dinero del que deberían y que tienen amplio margen para absorber las cargas impositivas que los políticos les obligan a pagar. Casi parece que la plusvalía es tan infinita como las continuas subidas de impuestos que encadenan los distintos gobiernos. Sin embargo, hay dos reglas básicas que no dejan de pisotear: el principio de la separación de poderes, cuando enmiendan la plana al alto tribunal para no perder autoría, y el principio de la competencia, cuando exigen a los bancos que ajusten los costes de producción dentro de un margen social justo (que incluye también los salarios de los banqueros y la dichosa plusvalía), sin entender que dichos costes ya han sido ajustados antes por efecto de la competencia y la demanda constante del consumidor.

9 nov. 2018 00:25

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Cursi: “No somos objetos, somos personas”.

RAE: Objeto 1.m. todo lo que puede ser materia de conocimiento o sensibilidad de parte del sujeto, incluso este mismo.

Yo: ¡incluso ESTE MISMO!

8 nov. 2018 19:54

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Solo un inútil puede pensar que un símbolo no significa nada. La esencia del símbolo es su significado.

Actualizado 5 nov. 2018 17:58

5 nov. 2018 17:58

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EL LIBERALISMO EN LA VIDA

Les invito a que desglosen su vida, los momentos cardinales que les condujeron finalmente al liberalismo. Empezaré yo:

– En el instituto me fascinó una idea por encima de todo, el mecanismo molecular tan preciso que despliegan las células para realizar sus funciones vitales, hecho que me llevó a apreciar la ciencia y el conocimiento básico.

– En la universidad, integrado con el resto del colectivo reivindicativo, tal vez en alguna de esas conversaciones que manteníamos para cambiar el mundo, me percaté de lo extremas y sesgadas que eran algunas opiniones, y de lo alejadas que estaban de las medidas necesarias para promover el avance tecnológico y social. Fue ahí cuando me empecé a desengañar del ideario socialista.

– Carl Sagan hizo que me enamorara todavía más de la ciencia. Y Richard Dawkins me enseñó lo importante que es conocer las causas últimas que están detrás del origen y evolución de la vida para entender el mundo en general.

– Posteriormente, el padre de mi novia por aquel entonces, un hombre sin estudios pero con una inteligencia natural y práctica por encima de lo común, me sentó en una silla de la cocina de su casa y me obligó a escuchar La linterna de la economía, programa que dirigía el gran Jiménez Losantos. De repente descubrí que todo encajaba. Mis dudas se disiparon y abracé el liberalismo.

– En algún programa de Jiménez Losantos hablaron sobre la Escuela Austriaca y empecé a devorar libros escritos por autores pertenecientes a esta corriente intelectual, empezando por Hayek y siguiendo por todos los demás.

– Una noche de verano allá por el 2009 descubrí en Internet a un tipo arrollador dando clase en una universidad de la que ni siquiera había oído hablar. Era Huerta de soto. Sus ideas, así como su forma de expresarlas, me hipnotizaron de inmediato. Me pasé el verano esperando que colgaran la próxima sesión.

– En 2014 pude cumplir un sueño. Cursé el máster de economía de la escuela austriaca y recibí lecciones de mano del propio Huerta de Soto.

– En 2016 aceptaron mi solicitud para realizar el doctorado en el departamento del profesor Huerta de Soto. Mi tesis versa sobre la economía biológica o bioeconomía. Es una integración o fundamentación de las principales teorías económicas con base en leyes de la evolución y la biología molecular. Por fin puedo fusionar las dos cosas que más me han impactado en la vida, aquella maquinaria celular que me dejó deslumbrado cuando asistía al instituto, y la organización social más compleja de todas, basada en la economía de libre mercado que propugna la Escuela Austriaca, a la que tanto debo y de la que tanto he aprendido (las ideas de los economistas austriacos también despertaron mi interés por la filosofía). No puedo imaginar una vida mejor.

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Actualizado 2 nov. 2018 12:43

2 nov. 2018 12:43

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

La reacción de un amigo me ha llevado a deducir que, para él, los liberales tendríamos que tener una clara vocación de masocas para ser coherentes. Nos tiene que gustar trabajar doce horas al día sin importarnos las condiciones. Como yo le he dicho que mi filosofía de vida se basa en el ahorro, el trabajo y el esfuerzo, él se ha creído que yo deseo dejarme la espalda en el curro, si puedo elegir. Tengo que aclararle algunas cosas. Solo los tontos trabajan a destajo cuando descubren que las contraprestaciones que reciben (económicas o no) son cada vez más pequeñas, y, por lo mismo, también serán tontos si quieren trabajar más cuando los beneficios son los mismos. El deber por el deber se lo dejamos al bueno de Kant, que se paso la vida esclavo de las horas sin salir de casa para poder escribir.

La esencia del liberalismo consiste en afirmar que los beneficios conseguidos con esfuerzo son solo de la persona que los ha ganado trabajando, y nadie se los puede arrebatar para distribuirlos entre la población. Esto no implica que debas esforzarte más. Antes bien, supone que cada uno es libre de trabajar en lo que buenamente pueda o quiera, las horas que le dé la gana.

Mi amigo se ríe si le digo que soy un liberal convencido y a continuación insinúo que estoy más cómodo trabajando menos horas por el mismo salario. Y es que no entiende lo que significa la palabra liberal. Cuando afirmo que creo en el ahorro y el esfuerzo, lo que quiero decir es que una sociedad que promueve esas costumbres es una sociedad que prospera más rápido. Pero eso no implica que a mi me guste trabajar, y menos aún que me guste laborar por amor al arte. Son muy pocos los que pueden desempeñar un trabajo que les apasiona. Lo que debe mover a trabajar son los estímulos subjetivos (individualizados) que provienen del resultado beneficioso que para cada uno tiene su trabajo, y no el deber autoimpuesto o el gusto por el trabajo. El deber por el deber o el gusto por el gusto no son buenos incentivos (no sirven para promover la prosperidad), ya que son muy poco frecuentes. En general, lo que debemos hacer para ganar dinero no es satisfacer nuestros gustos particulares, sino saciar los que tiene el consumidor. Esta es otra lección del liberalismo que mañana te explicaré con más detalle, mi querido amigo.

29 oct. 2018 22:11

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En el mundo retorcido y tragicómico que nos ha tocado vivir, se dan cosas tan curiosas como que un comunista declarado como Pablo Iglesias, pupilo y abnegado estudioso de la obra de Marx (reconocido por él), tache de facha a un liberal al que jamás se le pasaría por la cabeza apelar a la figura de Mussolini para justificar su posición ideológica. Son cosas del MundoToday.

29 oct. 2018 20:59

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La izquierda nunca entenderá el mensaje liberal. Es inútil buscar apoyos para mejorar la sociedad hablando con esta gente. Es más productivo hacer amigos en la derecha, apoyar los movimientos políticos que empiezan a aparecer después de una noche de excesos zurdos, y reconocer que ésta es la única forma que tiene el liberalismo de sacar la puntita.

29 oct. 2018 18:35

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Como la iglesia, el mensaje que los comunista han venido lanzando al mundo durante los últimos dos siglos, ha ido moderándose a medida que la evidencia de los hechos pasaba por encima de sus falansterios arrasando todo. Como la iglesia, que finalmente ha aceptado la teoría de la evolución y se ha retractado de muchas lecturas literarias extraídas de la Biblia, así también el comunismo ha derivada en una socialdemocracia descafeinada que ha perdido todo sentido. Pero no se equivoquen. La fe en la salvación sigue estando presente en ambos dos. Cuidado con los nuevos profetas. Marx todavía vive en muchos corazones. Y está más resentido que antes.

29 oct. 2018 18:04

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

La diferencia entre un comunista y un fascista es que el primero utiliza las herramientas del Estado para imponer por la fuerza una igualación aparente absoluta, mientras que el segundo las usa para fraccionar a la sociedad en virtud de su sangre, su etnia o su ideología. De aquí extraemos varias paradojas. Al mismo tiempo que el comunista denuncia las facciones injustas que el fascista emplea para clasificar y discriminar a los hombres, él mismo ordena a éstos de igual manera, en dos grupos antagónicos: los obreros y los capitalistas, y los enfrenta siguiendo las mismas pautas que el fascista. Y para rizar el rizo, el comunista gusta de llamar fascistas a todos aquellos que no congenian con sus ideas, siendo que él es el mayor fascista de todos, pues está claro que también quiere promover a toda costa dos bandos enfrentados a muerte, de los cuales solo uno tiene derecho a la vida.

La explicación de esto es bastante sencilla. Los comunistas se fijan solo en una consideración superficial, la distinta clasificación que hacen ellos y los fascistas, mientras que obvian la cuestión mollar: que ambos quieren someter a los hombres y despojarlos de su libertad. Parece que se creen imbuidos de una suerte de santidad incuestionable, por el hecho de ser ellos los únicos que al parecer defienden a las clases más desfavorecidas. Pero en el fondo no hacen otra cosa que dividir y segregar a la población de manera arbitraria, eliminando luego a una de tales facciones.

Todo esto nos lleva a dos conclusiones. Primero, que el análisis de la realidad que hace el comunismo es fruto de una observación pobre y pueril, que no es capaz de ver más allá de la superficie especiosa que envuelve los hechos. Y segundo, que la estupidez viene muchas veces acompañada de la tiranía, y que la libertad, por el contrario, nace del esfuerzo, el respeto y el entendimiento que permiten comprender cómo funciona de verdad la vida.

Vayamos finalmente a las soluciones. El problema no nace de clasificar a la sociedad en grupos distintos. Las clasificaciones siempre son necesarias. El problema surge al ordenar la sociedad en función de la clase, la sangre, o la religión que tengan sus ciudadanos, y hacerlo con el objetivo de eliminar o defenestrar a uno de esos grupos de población. Y la solución pasaría por eliminar solo a aquel grupo (o camarilla) de individuos que sostiene y defiende una tiranía que conduce a la segregación y el asesinato de personas por razón de sexo, raza, clase o creencia.

29 oct. 2018 12:24

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Aristóteles decía que la madurez intelectual se alcanza a partir de los 40. No entiendo por qué se deja votar antes de esa edad.

28 oct. 2018 18:08

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

La libertad también necesita de limitaciones. El tránsito de mercancías y personas debe estar regulado igual que lo está el de bombas y delincuentes. Una frontera en un país que regule el paso de personas es una primera barrera de entrada importantísima que nos protege de agentes malignos y evita males mayores. Cualquier unidad física tiene una barrera que la delimita y la separa del exterior. No es un capricho humano. Es la ley universal de la identidad. Desde el momento que existen distintas culturas y civilizaciones, con distintos tipos de normas, deben existir también fronteras. El día que esas normas se unifiquen (para bien) ese día podremos hablar de eliminar las barreras.

20 oct. 2018 10:40

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Solo hay algo que iguala la grandeza de la visión darwiniana y la diversidad de animales y plantas que embellecen la superficie de la Tierra, y es la visión del origen evolutivo y la riqueza caleidoscópica de palabras y lenguajes.

13 oct. 2018 17:29

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Solo recuerdo haberme manifestado en la calle cuando ETA asesinaba niños y mujeres, o en los días más estúpidos de mi vida, cuando era un adolescente iracundo, en contra el mercado y el vil dinero. Pero, incluso entonces, las aglomeraciones ya me producían una cierta sensación de agobio, como de no ser yo. En medio de aquella masa informe de brazos y bocas, parecía que me moría; que dejaba de existir. Los futuros socialistas se crecen cuando hay miles de camaradas eufóricos aplaudiendo a su alrededor. En cambio, los que apuntan maneras de liberal padecen un tipo de agorafobia congénita que les lleva a abominar de los espacios abiertos llenos de gente desconocida. Siempre he sentido más apego hacia esta segunda versión del hombre, no porque no me guste hablar con la gente, sino porque no me gusta que hablen por mi.

5 oct. 2018 06:09

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Los políticos son una muestra representativa de la humanidad. Las bajezas políticas son en realidad las bajezas humanas.

11 sep. 2018 17:42

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Más de una vez me he topado con la afirmación de que las larvas de los tunicados, cuando les llega el momento de optar por una vida sedentaria, se comen su propio cerebro, como los profesores adjuntos cuando consiguen plaza fija” Richard Dawkins.

A esta deliciosa cita de Dawkins sólo cabría añadir, para completar la información, que el grupo de los tunicados tiene, además de los profesores adjuntos, otros dos bellos representantes: los políticos y los funcionarios de carrera.

8 sep. 2018 12:06

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La política es la única ciencia que aborrece las demostraciones.

4 sep. 2018 19:47

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Hay algo que no acabo de entender. Hace algún tiempo escribí un artículo en el que daba por hecho que la República es una suerte de democracia extrema, como se entiende generalmente aquí en España. La etimología de la palabra me daría la razón: cosa pública. Pero resulta que luego empezaron a surgir movimientos liberales en España y Sudamérica reivindicando el republicanismo para sí mismos y ligándolo al imperio de la ley. Seguramente sea un problema léxico. Pero a mi no me parece apropiado asociar la República con un sistema político del que se dice que gobierna la ley. No hay en esa palabra nada que nos pueda hacer pensar que es un término liberal. Todo lo contrario. A mi siempre me ha gustado la denominación de minarquía, que si se refiere en este caso al gobierno de la ley, siendo que la disminución del número de políticos y parlamentarios elegidos por el pueblo implica también la disminución del poder popular y oligárquico y la suplantación por un orden basado, esta vez sí, en el concepto de ley natural. Al menos es un término que se ajusta mejor a lo que realmente quiere transmitir el liberalismo.

1 sep. 2018 10:58

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La inmigración en España y Europa tiene dos graves problemas, uno interno y otro externo. El interno es el estado del bienestar que emponzoña la economía continental. El externo es el estado teocrático que impera en los países de origen. El resultado es un inmigrante subvencionado, ocioso, con mucho tiempo libre, y con unas ideas que son incompatibles con las democracias occidentales y que acaban generando desórdenes, tumultos y fanatismo. Las soluciones pasan por eliminar las subvenciones, expulsar a los extremistas religiosos, y permitir solo que se queden aquellos hombres y mujeres modernos, que trabajen, que se integren, y que no lleven bolsas de basura en la cabeza.

29 ago. 2018 10:06

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Uno de los micromachismos que más odio es el del canario macho, que al cantarle a la hembra provoca que le crezcan los ovarios.

28 ago. 2018 18:37

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SOBRE EL MONO MADURO DE VENEZUELA:

El metro es una unidad de longitud que se define como la distancia que recorre la luz en el vacío en un intervalo de 1/299 792 458 segundos. A su vez, un metro consta exactamente de 100 centímetros. Si quitamos un cero a esa cifra, la torre Eiffel sigue teniendo los 300 metros de altura que ha ostentado siempre. Pero Nicolás Maduro y su tropa de secuaces y chimpancés analfabetos piensa que, quitando ceros al valor que tiene actualmente el bolívar, la economía de Venezuela podrá empezar a recuperarse en los próximos días a ritmo acelerado. Si alguien nos dijera que es capaz de disminuir la velocidad de la luz en el vacío simplemente quitando ceros al metro, le tacharíamos inmediatamente de loco y no le dejaríamos tomar ninguna decisión más allá de aquellas que solo le afectasen a él. Pero el gorila Maduro dirige un país entero desde hace demasiado tiempo ¿Hasta cuando un hombre con el cerebro de un gibón puede estar al frente de una nación relativamente moderna? Esa es la pregunta que debemos hacernos. Todo depende del grado de cobardía, estupidez o desesperación al que pueda llegar la población que está padeciendo o favoreciendo a este prehomínido territorial de Sudamérica de hábitos nocturnos.

23 ago. 2018 08:04

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El próximo que me vuelva a decir que hay un eslabón perdido que pone en duda la teoría de Darwin le mandó al rincón de pensar. Primero, hay una cosa muy parecida a los chimpancés que solo se diferencia de estos en que iba erguido sobre dos patas. Son los Australopithecus. Luego hay unas formas antropoides más evolucionadas que llamamos homo primitivo (habilis, erectus), con cerebros más grandes pero rasgos todavía simiescos. Y a continuación viene el hombre moderno. Y entre estos tipos principales existen otros especímenes intermedios que llenan una lista de decenas de tipos morfológicos. Lo dicho. Si alguien me vuelve a decir que existe un eslabón perdido tal vez le utilice a él para rellenar ese vacío.

21 ago. 2018 19:40

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Los lemmings (hombres) son tan tontos que hasta el nombre que llevan es resultado de una creencia estúpida. Los lemmings (animales) no se suicidan en masa.

19 ago. 2018 19:30

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SOBRE TESLA

Tesla tiene un valor en bolsa que no se corresponde con el escasísimo número de coches que vende. Abajo tienen todos los datos. El valor está claramente inflado por las expectativas de futuro que muchos clientes ponen en la empresa. Para algunos esto es una burbuja que está condenada a explotar tarde o temprano. No obstante, no todas las sobrevaloraciones son burbujas desinflables. Algunas están basadas en perspectivas reales. Casi nadie en los medios distingue entre estos dos tipos de burbuja, las que están rellenas de aire y las que se inflan a base de inyecciones de cemento armado. Casi nadie discute hoy que el coche eléctrico será el futuro. Por supuesto tampoco sabemos si Tesla tendrá dentro de unos años el predominio que ostenta hoy. Pero no hay duda que tiene todas las de ganar. En cualquier caso, comparar cualquier expansión artificial del mercado con la situación actual de Tesla es cuanto menos una análisis bastante simplón. Por mucho que repasemos una y otra vez los datos comerciales de las principales empresas automovilísticas

Esta es la capitalización bursátil de varios grupos y empresas automovilísticas, tras el cierre de mercado del 8 de agosto de 2018.

Toyota: 207.347 millones de dólares.

Daimler: 73.081 millones de dólares.

Ford: 40.057 millones de dólares.

Volkswagen: 84.698 millones de dólares.

Honda: 55.665 millones de dólares.

Tesla: 63.177 millones de dólares.

General Motors: 53.134 millones de dólares.

Y estas son las cifras de coches vendidos durante el último año natural, 2017, por cada uno de esos grupos.

Toyota: 10,163 millones de coches.

Daimler: 2,665 millones de coches.

Ford: 6,254 millones de coches.

Volkswagen: 10,413 millones de coches.

Honda: 5,359 millones de coches.

Tesla: 103.000 coches.

General Motors: 6,875 millones de coches.

10 ago. 2018 22:56

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Uno de los argumentos que más lástima merecen, por la pobreza intelectual que transpiran, es ese que pretende relacionar las posiciones que dudan de que el aborto sea siempre un acto legítimo con el conservadurismo, o la falta de libertades. Quieren que creamos que el voto de la mujer y su derecho a detener el embarazo cuando a ella le dé la gana son la misma cosa. Quieren que pensemos que su equiparación con el hombre como ser humano y el asesinato de un niño a punto de nacer son dos hechos intercambiables. Pobres mentes. Les falta mucho para llegar a tener un mínimo de discernimiento.

10 ago. 2018 08:52

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CONTRA EL FEMINISMO Y A FAVOR DEL PIROPO:

Cuando piropeo a una mujer por la calle (si lo hiciera), igual que si se me escapase un gritito de asombro al contemplar una obra de arte, no estaría haciendo otra cosa que manifestar la admiración que siento hacia la inteligencia y la genialidad del ser humano, su cualidad más excelsa. El cuerpo en forma de guitarra de las hembras llama a la puerta de mis instintos para que le dé mi aprobación. Y no me da la gana de callarme. Las caderas anchas que destacan en ese perfil femenino guardan una relación estrecha con el grado de inteligencia que atribuimos con razón a nuestra especie. Cuando piropeo a una mujer por la calle estoy celebrando esa cualidad magnífica del ser humano. Gracias al diámetro de esas caderas, los niños pueden nacer con grandes cabezas y grandes cerebros. Esa ha sido la principal adaptación evolutiva que ha determinado el éxito de nuestra estirpe. Gracias a esas caderas, el número de tontas del bote se ve limitado a unas cuantas feministas iracundas enfadadas con el mundo y la realidad. Seguiré alabando esas caderas cada vez que las vea, consciente de que son la razón de que existan personas como Einstein, Van Gogh, o Arquímedes. Y seguiré dando gracias y honrando a la naturaleza, siempre tan sabia, que ha construido un cuerpo femenino capaz de traer al mundo a tantos seres inteligentes, para desmedro de aquellas pocas feministas estúpidas que no han sabido aprovechar el hueco que dejan las caderas para sacar por él una cabeza y un cerebro dignos de su especie.

8 ago. 2018 20:00

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Los mayores imbéciles de la historia de la humanidad viven entre nosotros. Siempre ha habido estúpidos. Pero los de ahora están alfabetizados e informados, y siguen siendo tontos. Al meno antes tenían disculpa. La mayoría de los ciudadanos que vivían en la Unión Soviética no tenían forma de saber nada sobre el régimen más sanguinario que jamás ha existido. Quienes hoy defienden ese régimen desde posiciones informadas tienen que ser infinitamente más imbéciles que aquellos que se morían de hambre y que solo tenían tiempo para sentarse cuando se quitaban los piojos.

8 ago. 2018 14:58

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Adivina adivinanza…

¿Qué es un comunista que confunde la libertad individual con la colectiva?: un anarquista defendiendo una contradicción.

¿Qué es un liberal que confunde la libertad individual con la colectiva?: un anarcocapitalista defendiendo el derecho de autodeterminación.

4 ago. 2018 12:55

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El juego del amor, y solo tienes que fijarte en cómo el palomo atosiga a la paloma por toda la plaza, consiste en un macho que insiste y una hembra que se hace la remolona hasta que al final transige, muchas veces de forma tácita. No voy a aclarar aquí las razones de esta etología, que las hay, y muy evidentes. Estudiad. Simplemente, para aquellos estúpidos que no sepan nada de biología, y sobre todo para aquellos ministros y feministas que no saben nada de nada, diré que estos comportamientos son generalizados en la naturaleza y se han civilizado con la aparición del hombre, lo cual no quiere decir que hayan desaparecido. Si pretendemos que las mujeres den su consentimiento explícito cada vez que accedan al coito, nos cargamos de inmediato el juego del amor, renunciamos al lenguaje de las miradas, trocamos los papeles, y convertimos en ridícula una relación que debería ser completamente natural. Pero sobre todo, cabría entender que no estamos solucionando nada. ¿Qué es eso del sí explícito? ¿Cómo se demuestra? ¿Debemos acostarnos también con un notario? ¿Vamos a imponer los tríos por obligación? ¿Cuantas veces la ministra se ha acostado con un hombre sin haber firmado un documento dando su consentimiento? Todo es tan estúpido que uno ya no sabe si la política es una actividad desempeñada por personas de carne y hueso o por seres de luz venidos del futuro que juegan con nosotros a los médicos al objeto de medir la flexibilidad de nuestra idiocia para saber hasta qué punto el ser humano puede ser imbécil sin que la sociedad se venga abajo. Imagino que estarán llegando al límite.

11 jul. 2018 09:47

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Cuando un vegano se dirige a mí para llamarme asesino y acusarme de instigar la destrucción de la Tierra y romper el equilibrio del planeta, suelo mandarle a freír espárragos, nunca mejor dicho. Pero antes le ilustro con algunas de las funciones que tienen los carnívoros en el equilibrio ecológico de la madre Gaia. O le hago ver que nada de lo que él hace habría sido posible de no haber aparecido los creodontos allá por el mioceno, o los consumidores heterótrofos de segundo orden en la era precámbrica. Y ahí se acaba la discusión. Como le suena a chino lo que digo, no suele preguntarme por los detalles. Y se va a freír espárragos, literalmente.

5 jul. 2018 11:15

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El liberalismo es la dictadura de la libertad.

1 jul. 2018 15:57

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El principal pecado que comete el liberal es el de confundir la libertad de las personas con esa clase de absolutismo que pasa por defender dicha libertad sin ninguna condición o contemplación, confundiendo los principios universales con una suerte de simplismo cósmico que niega las diferencias y los peligros que acechan en el alma de algunos individuos, y que solo se pueden combatir con más autoritarismo y limitación de sus libertades. Por ejemplo, yo estoy a favor de la libertad de movimiento, necesaria para que las personas puedan acudir a una oferta de trabajo en cualquier parte del mundo sin sufrir impedimentos. Pero no estoy a favor de la libertad absoluta de movimiento. Igual que creo que debe haber un orden policial interno que controle el tráfico de personas dentro de un país, también creo que debe haber un control de las fronteras exteriores, para evitar el paso de delincuentes, o el tránsito masivo de personas sin ningún orden económico, que son la consecuencia de graves errores cometidos en los países de origen. Lo repetiré mil veces. El pecado de muchos liberales es el de caer en el absolutismo de la libertad, sin atender a ninguna limitación o consideración previa.

24 jun. 2018 07:24

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No todo lo que es pacífico tiene que ser correcto ni todo lo que es correcto tiene que ser pacífico.

20 jun. 2018 22:24

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Todas los sistemas tienen dos componentes esenciales, la fuente de alimentación (su dinámica) y el mecanismo para el cual está destinada esa energía (su cinemática). Por eso, los dos avances que más van a determinar el progreso de nuestra especie en los próximos años son las baterías de litio y el procesamiento cuántico. Ambos avanzan hoy en día a la par, lo cual va a permitir que en el próximo lustro asistamos a una revolución sin precedentes, que nos llevará por un lado a tener baterías con un coste inferior a los 100 euros el kw y ordenadores cuánticos con más de 100 qubits. Esta barrera, a la que a mi me gusta llamar la frontera de los cienes, marcará un punto de inflexión que sin duda será la garantía para el progreso continuo e infinito que vamos a experimentar en los próximos siglos.

20 jun. 2018 07:31

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Mucho más grave que el agua con azúcar es el agua y el azúcar con impuestos, la homeopatía del socialismo, el placebo de la política.

17 jun. 2018 20:45

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Los seres humanos somos el resultado de dos únicos reservorios de información. Los que están grabados en el genoma y en el cerebro. Si tenemos que definir la vida humana atendiendo a algo en concreto, no hay una manera más objetiva de hacerlo que aquella que refiere el momento en el que se constituye el ADN y el sistema nervioso, esto es, la creación de toda la información que determina el estado y el funcionamiento del organismo material que somos. Todo lo demás es pura palabrería y afirmaciones sin fundamento. A los que creen que el nacimiento determina algo, los científicos les llamamos astrólogos. Muchas feministas no son otra cosa que simples sucedáneos de Rappel.

15 jun. 2018 21:23

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

El aborto es, cuanto menos, un problema complejo que requiere una enorme dosis de prudencia. Es uno de esos temas grises que no admiten posiciones cerradas ni demostraciones axiomáticas. Puedo entender cualquier posición que utilice este tipo de moderación. Lo que me horroriza es esa actitud que festeja el aborto con alharacas y confetis como si fuera un avance seguro o un descubrimiento apodíctico. Me asombra ese progresismo pagado de sí mismo que tacha de conservador a todo aquel que duda sobre un problema tan complicado y que prefiere la prudencia al atrevimiento. No me considero conservador. Pero reconozco en el conservadurismo ciertas cuitas y prudencias con las que sí me puedo identificar. Creo a pies juntillas en la libertad de la mujer. Pero me asombra que se comparen los límites que obligan a las mujeres a respetar la vida de los nonatos con otras restricciones de carácter tradicional como la prohibición de la eutanasia, los matrimonios homosexuales o la prohibición de las drogas. Nada es comparable con el problema del aborto, el cual viene a cuestionar la propia vida y los marcos en los que esta se desarrolla. No estamos tratando un asunto claro de libertades. Tampoco queremos limitar la libertad de la mujer porque si, porque nos de la gana, o porque queramos dominarla de alguna manera. Estamos coartando su libertad porque creemos que puede incurrir en un delito de asesinato. Es absurdo que se comparen las leyes contra el aborto con otras leyes restrictivas que afectan la libertad individual. Absurdo todo.

14 jun. 2018 21:26

Parerga y miscelánea compartió una publicación.

Actualizado 14 jun. 2018 17:22

14 jun. 2018 17:22

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Es completamente absurdo que la definición de ser humano con derechos dependa exclusivamente del hecho circunstancial que atiende al trasiego del feto por el canal del parto. Ahora no soy humano. Ahora sí lo soy. Magia potagia Completamente absurdo, y muy poco científico.

14 jun. 2018 13:19

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Hay dos maneras de conseguir que los países gobernados por inútiles socialistas quiten todos los aranceles y subvenciones que destruyen el progreso y la libertad de sus ciudadanos. Puedes bajar los aranceles de tu nación para que el resto de países aprendan con el ejemplo. Pero este camino subestima sobremanera la estupidez general que caracteriza a todos los gobiernos del mundo. Es una vía estéril. La otra estrategia consiste en hacer todo lo contrario, subir tus aranceles de forma exorbitante para hacer la vida imposible al resto de países y obligarlos a pasar por el aro. Esta alternativa no suele gustar a muchos liberales porque es anti intuitiva y pareciera que lo empeora todo. Pero este castigo es el que se aplica también a los niños que no entienden otra cosa, y todo hace pensar que es justo lo que hay que hacer con esos políticos infantiles que se niegan a quitar los aranceles a pesar de toda la evidencia en contra. Este camino aún no se ha puesto a prueba. Estados Unidos es el único país con capacidad para hacerlo. Y Trump el único dirigente con los huevos necesarios. Le deseo todo lo mejor.

10 jun. 2018 13:13

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Una de las cosas negativas que tienen las redes sociales es que consiguen reunir a todos los gilipollas del mundo en torno a un montón de reivindicaciones estúpidas, al tiempo que hacen llegar sus memeces a oídos de los políticos, que son otro grupo de gilipollas que termina por implementar esas estupideces en forma de leyes absurdas. Y como los gilipollas son siempre los que más aúllan y los políticos actúan de colectores y amplificadores de toda la mierda que traga el alcantarillado público, al final la sociedad entera acaba atascada e inmersa en su propia inmundicia.

9 jun. 2018 08:06

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

El anarcocapitalista comete el mismo error cuando dice que el Estado no existe que el ignorante cuando dice que las razas no existen.

8 jun. 2018 07:20

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

El socialista tiene dos obsesiones que no le dejan dormir: la ayuda a los pobres y el odio a los ricos. Ahora bien, resulta que la condición básica para ayudar a los primeros pasa por convertirlos en los segundos. Pero, como quiera que el progre aborrece sin excepción a todas las personas pudientes, el único remedio que acaba aportando termina por mantener, e incluso incrementar, el estado de pobreza de aquellos infelices a los que en principio intentaba ayudar. Sus medidas tienen por tanto el efecto contrario al pretendido. El absurdo no puede ser mayor.

7 jun. 2018 21:01

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

La euforia con la que algunos reciben al nuevo gobierno me recuerda la que tuvo lugar con Zapatero, un síntoma claro de la devoción con la que se recibe siempre a la política, la creencia de que la intervención del Estado juega un papel decisivo en la evolución positiva de una sociedad, una visión optimista e ingenua que corresponde con el punto álgido del ciclo de continuas debacles a las que nos vemos sometidos cada vez que la izquierda (de todos los partidos) asciende al poder, transcurre un tiempo y acaba dejándolo todo arruinado. Quién sabe cuándo entenderá el mundo que el socialismo no funciona nunca, independientemente de quiénes sean los ministros o cuantas veces hayan subido al espacio.

7 jun. 2018 12:48

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

La teoría geocéntrica de Zapatero obtiene de nuevo mayoría parlamentaria:

El modelo de democracia de Pablo Iglesias consiste en preguntar al pueblo sí debe comprarse un chalet, pero no si debe gobernar un país en coalición con el PSOE

Hoy hemos asistido a un hecho insólito. Un partido más corrupto todavía que el que acaba de caer toma el poder por la vía rápida para solucionar precisamente un problema larvado de corrupción. Al mismo tiempo, le apoyan otra serie de partidos nacionalistas que reclaman democracia y tildan al Estado de dictador mientras avalan una moción que da la espalda a los votantes y rechaza la convocatoria de elecciones democráticas. Todo muy sensato.

1 jun. 2018 20:29

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

El problema es que el ser humano, en cuanto tiene una mínima oportunidad, le da por convertirse en un tirano. En el momento en que las mujeres han tenido la oportunidad que les ha dado la sociedad para reclamar sus libertades, en vez de hacer eso, han empezado a imitar los machismos de antaño convirtiéndose en un movimiento tan repugnante como aquel que dicen combatir. Por eso lloramos.

28 may. 2018 07:09

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Las soluciones a la corrupción y la precariedad que proponen los políticos y las mayorías que les respaldan siempre son las mismas: más política. Los resultados también son siempre iguales. Imaginan un mundo en el que Newton hubiera pasado por la vida sin pena ni gloria. Imaginan que nadie le hubiese creído, por mucho que las pruebas dijesen lo contrario. Pues eso pasa con la política. Nadie hace caso a los pocos que creen que las soluciones sociales pasan por reducir el tamaño del Estado, y muchos son los que siguen una y otra vez santificando las subvenciones, los impuestos, las injerencias burocráticas y a los sátrapas. Se puede decir que en materia política estamos en un continuo estado de infancia. La sociedad avanza gracias a una pequeña élite de científicos que pasan desapercibidos, trabajando en sus laboratorios. La mayoría de la gente es retrasada mental. Y como la política depende de la mayoría de la gente y no de la élite científica o los laboratorios, la política no hace otra cosa que reproducir esa estupidez general una y otra vez, sin atender a las pruebas empíricas. Soy pesimista. No auguro nada bueno. Las cosas seguirán como están. La política no es ciencia y nunca lo podrá ser.

27 may. 2018 14:22

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Pregunta para anarcocapitalistas: si no creéis necesario imponer un modelo general (isonómico) de organización social, por qué lucháis con encono para convencer a todo el mundo de que tiene que aceptar vuestro modelo social basado en la anarquía de mercado y la propiedad privada.

25 may. 2018 06:52

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Mi autonomía como individuo es incompatible con las autonomías como modelo de sociedad. Si todos los individuos debemos ser iguales ante la ley, no podemos ser encerrados en corrales autonómicos y tratados como ovejas de distinta clase. Fuera las autonomías de una puñetera vez!!

24 may. 2018 09:30

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Quienes defendemos una concepción liberal de nación, no podemos dejar de emocionamos al contemplar la posibilidad real de llevar a cabo ese ideal liberal que solo se puede materializar con un proyecto común que reclame, como no podía ser de otra manera, la igualdad ante la ley de todos las personas nacidas en la Tierra, igualdad que es condición sine qua non para mantener y respetar una desigualdad constitutiva en todo lo demás. Por el contrario, aquellos nacionalismos empequeñecedores y empobrecedores que quieren quebrar la nación y quedarse con un cachito de tierra, sustentan sus arengas en un principio que es el opuesto al ideal arriba expresado. En su caso quieren igualar y homogeneizar cada aspecto de su cultura, el más mínimo comportamiento individual, enfrentándolo con aquellos otros que se encuentran fuera de su ridículo terruño, y concibiendo la desigualdad sólo como una herramienta de dominación necesaria para alcanzar los privilegios de facto que ellos deben disfrutar para imponer por mandato ese folclore paleto. Que nadie me vuelva a decir que el nacionalismo español y el nacionalismo catalán son la misma cosa. Son visiones antitéticas que están en las antípodas del conocimiento. ¡Basta ya de tanta estupidez tribal! ¡Si los meaprados quieren un territorio para ellos que se compren un bancal y lo llenen de orines!

22 may. 2018 18:13

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

50 sistemas sociales en los que la razón y los hechos objetivos dejan de tener importancia y quedan sustituidos por algún tipo de cualidad subjetiva arbitraria:

– Nazismo: la condición de rubio te da la razón

– Comunismo: la condición de obrero te da la razón

– Socialismo: la condición de progre te da la razón

– Keynesianismo: la condición de moroso te da la razón

– Democraticismo: la condición de mayoría te da la razón

– Mesianismo: la condición de iluminado te da la razón

– Supremacismo: la condición de blanco te da la razón

– Africanismo: la condición de negrata te da la razón

– Integrismo: la condición de salvaje te da la razón

– Igualitarismo: la condición de semejante te da la razón

– Feminismo: la condición de fea te da la razón

– Multiculturalismo: la condición de emigrante te da la razón

– Indigenismo: la condición de nativo te da la razón

– Servilismo: la condición de pope te da la razón

– Pobrismo: la condición de marginado te da la razón

– Relativismo: la condición de ignorante te da la razón

– Pedagogismo: la condición de alumno te da la razón

– Academicismo: la condición de colegiado te da la razón

– Esnobismo: la condición de innovador te da la razón

– Buenismo: la condición de mártir te da la razón

– Optimismo: la condición de ingenuo te da la razón

– Anarcocapitalismo: la condición de propietario te da la razón

– Evolucionismo: la condición de superviviente te da la razón

– Sindicalismo: la condición de liberado te da la razón

– Infantilismo: la condición de llorica te da la razón

– Nacionalismo: la condición de patriota te da la razón

– Conservadurismo: la condición de antigualla te da la razón

– Moralismo: la condición de pesado te da la razón

– Mercantilismo: la condición de agricultor te da la razón

– Ludismo: la condición de retrasado te da la razón

– Nudismo: la condición de despojado te da la razón

– Vegetarianismo: la condición de herbívoro te da la razón

– Animalismo: la condición de bestia te da la razón

– Corporativismo: la condición de oveja te da la razón

– Culturismo: la condición de quebrantahuesos te da la razón

– Culturalismo: la condición de cultureta te da la razón

– Holismo: la condición de irreductible te da la razón

– Hegelianismo: la condición de ininteligible te da la razón

– Esoterismo: la condición de alienado te da la razón

– Hedonismo: la condición de vago te da la razón

– Pensionismo: la condición de jubilado te da la razón

– Mercachiflismo: la condición de charlatán te da la razón

– Sectarismo: la condición de elegido te da la razón

– Maniqueísmo: la condición de incompatible te da la razón

– Altruismo: la condición de desprendido te da la razón

– Paletismo: la condición de pueblerino te da la razón

– Ecologismo: la condición de ciclista te da la razón

– Naturalismo: la condición de natural te da la razón

– Intervencionismo: la condición de político te da la razón

– Fusionismo: la condición de chef te da la razón

16 may. 2018 13:16

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

La política satisface necesidades colectivas que no se pueden individualizar. La economía satisface necesidades individuales que no se deben colectivizar.

10 may. 2018 15:19

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

Algunos liberales afirman que no es menester discutir las diferencias que existen entre el milagro económico español de los años 60 del pasado siglo (dictadura franquista) y la España soviética a la que nos abocaba el régimen republicano del 36, o la Venezuela actual con Maduro a la cabeza. Supongo que si algún día tienen que elegir ellos tampoco mirarán la realidad a la cara y escogerán seguir callados; muertos intelectualmente. La vida no es un menú con decenas de platos. Muchas veces solo podemos escoger dos opciones, y ninguna de ellas es todo lo buena que querríamos. No me gustaría tener a estos liberales al frente de un país si es que algún día nos vemos enfrentados a ese tipo de tesituras. Tampoco me gustaría tenerlos de jefes al mando de un experimento que consista en descubrir la verdad de las cosas. Son incapaces de hacer abstracción, están impedidos. Y tampoco pueden entender las circunstancias reales en las que vivimos inmersos.

10 may. 2018 10:01

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

La única forma de practicar el altruismo es siendo egoísta. Cualquier acción encaminada a beneficiar al prójimo tiene como condición inexcusable la propia existencia de benefactor. Si no te encargas primero de procurarte algún beneficio como individuo no esperes luego poder ayudar a los demás. El altruismo es una variante del egoísmo. El egoísmo es el presupuesto fundamental, el punto de partida. Alabado sea el egoísmo.

10 may. 2018 01:05

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

A veces, para eliminar una tiranía, hace falta una dictadura. Se llaman dictaduras buenas.

A los liberales se les llena la boca (con razón) cuando parafrasean al padre Juan de Mariana usando esa reflexión suya donde legitima el asesinato del rey para derribar una tiranía clara. Sigamos ese argumento lógico. Si el rey está apoyado y protegido por una gran cantidad de ciudadanos (lo cual pasa frecuentemente), lo que nos dice la lógica es que también es legítimo matar a su camarilla y sus acólitos. Y si el respaldo ciudadano se prolonga en el tiempo, lo lógico es establecer un periodo de excepción que permita la transición hacia una verdadera democracia limitada. Se llama dictadura. ¡¡Y es buena!! Ciertos liberales maricomplejines dicen que todas las dictaduras son malas, pero al mismo tiempo corean al unísono la frase del padre Juan de Mariana que, indefectiblemente, nos lleva a considerar a la dictadura como una posibilidad necesaria y legítima en algunos casos. Se llama hipocresía.

8 may. 2018 22:49

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Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un Gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente” Friedrich Hayek, El Mercurio (12-4-1981)

En realidad el sistema óptimo de organización solo puede ser una mezcla de dictadura y democracia. Un sistema social tiene que ser una dictadura respecto de aquellas normas básicas sin las cuales no se puede decir que tenemos una sociedad libre y democrática, y tiene que ser una democracia respecto de aquellas otras cuestiones menos importantes que afectan a la vida y las decisiones en común de un grupo de ciudadanos. Por tanto, existen dictaduras que, aunque no admitan el plebiscito, si se basan en principios verdaderos pueden ser incluso mejores que algunas democracias que votan para eliminar esos principios de rigor. Quienes dicen que no existen dictaduras mejores y peores también están diciendo que no hay principio mejores y peores. Y por tanto están faltando a la verdad. La dictadura es un sistema que impide a la mayoria cambiar las normas de una determinada sociedad. Si esas normas se fijan sobre cuestiones básicas buenas, la dictadura también será buena. Lógicamente, las dictaduras conllevan otros problemas de ordenación que conducen a condenarlas. Pero lo que sí es seguro es que en términos relativos una dictadura puede ser incluso mejor que una democracia. Y esto es así porque al final lo único que importa son las leyes que se apliquen y no su forma de elección. Y no hay que tener miedo a decir eso porque es la verdad.

5 may. 2018 17:58

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La mujer se ha convertido en la nueva vaca sagrada del hinduismo vaginal: un demiurgo incuestionable con forma de víctima.

3 may. 2018 17:28

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Los padres de la constitución dieron nacimiento a la España democrática moderna al tiempo que colocaban debajo de su brazo una bomba de relojería: las comunidades autonómicas. Hoy ese reloj está marcando los minutos que faltan para la disolución completa del Estado español. La única unidad de desactivación de explosivos que hoy quiere desactivar esta bomba de relojería llama Vo

2 may. 2018 22:27

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Una sociedad que no individualiza y no discrimina a sus ciudadanos es una sociedad condenada al fracaso y la guerra, que acaba promoviendo el enfrentamiento colectivo, la lucha de bloques, el parasitismo corporativo, el trasvase artificial de recursos, las envidias malsanas, o los beneficios injustificados. Solo la individualización del gasto y el ingreso puede impedir que los viejos acaben creyendo que tienen derecho a robarle a los jóvenes, las mujeres a los hombres, los empleados a los empresarios y los políticos a todos.

1 may. 2018 13:31

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Me queréis explicar una cosa: si la sentencia llega a la conclusión de que no se puede saber con seguridad si hubo consentimiento, y si eso es lo que tira abajo la acusación de violación, por lógica pura la misma imposibilidad de demostrar consentimiento debería tumbar también la acusación de abuso. Por tanto, la sentencia es contradictoria y lo correcto sería absolver a los acusados. Ese es el único camino razonable cuando no hay forma de demostrar la falta de consentimiento.

29 abr. 2018 23:31

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Este mundo se ha convertido en un gigantesco pueblo lleno de cotillas, habladurías, juicios morales, presiones familiares, peleas de lindes y linchamientos públicos. Éramos tan ingenuos que creímos que yendo a vivir a la ciudad nos civilizábamos y escapábamos del ambiente enrarecido de los pueblos. Pero lo único que ha cambiado son las dimensiones del valle. Las nuevas tecnologías de la comunicación, twitter, Facebook, han conseguido que todos nos conozcamos otra vez y compartamos las mismas historias en torno al fuego. La Tierra es hoy una verdadera aldea global. Y los comportamientos paletos se repiten a lo largo del tiempo como las formas fractales lo hacen sobre el papel. Solo estamos imitando a nuestros ancestros del campo. El hombre no cambia. Nunca ha cambiado. Y nunca cambiará. Siempre afloran las mismas bajezas. Lo que cambia es la época y el escenario en el que éstas se representan.

28 abr. 2018 22:47

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Me sorprende sobremanera esa afirmación peregrina que busca equiparar el nacionalismo español y el autonomismo regionalista. No es extraño oírlo de boca incluso de algunos liberales ilustrados (se lo he escuchado incluso a Rallo, tan sensato en todo lo demás). En estos casos, no hay nada mejor que apelar a la razón. Apliquemos la lógica de la epistemología científica. Mantengamos todas las variables fijas salvo una, la que queremos analizar. A igualdad de circunstancias, para un mismo número de hectáreas y unas mismas leyes, siempre será mejor disminuir la cantidad de políticos o unidades de gobierno que aumentarla. Liberales, dejen ya de acaudillar la libertad y la disminución del Estado promocionando en algunos casos exactamente lo contrario. El liberal está obligado a defender la isonomía legal, no la heteronomía relativista. Nacionalistas, dejen ya de utilizar el apelativo de fascista para motejar a todos aquellos españoles que apoyan esa eficacia regulativa que nace sólo de la unificación administrativa. Son ustedes los que quieren hipertrofiar la política, al más puro estilo mussoliniano.

24 abr. 2018 14:57

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Hay mucha más honestidad e integridad en una persona que tiene un sueldo público o una subsidio pero lucha todos los días para eliminar esos privilegios, que en una que no vive del dinero público pero se pasa en día votando y alentando a los políticos.

19 abr. 2018 23:22

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El progreso depende solo de unos pocos genios. La élite científica no tiene que ser demasiado numerosa. La educación puede ser mala y sin embargo seguir nutriendo la investigación tirando de las raras excepciones. Lo que importa es que exista libertad para innovar y comerciar. La única calidad que tiene que incluir a todos los ciudadanos es la calidad institucional que permite la libertad de expresión y de trato.

16 abr. 2018 22:45

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En un mundo atávico y primitivo los malos no tienen reparo en mostrarse tal y como son. En cambio, en una sociedad evolucionada más consciente los malos están obligados a cambiar de estrategia para no levantar sospechas; intentan aparecer como buenos. Como consecuencia de ello, esta segunda etapa de la historia se caracteriza por la hipocresía y el buenismo incondicional que impregna todas las capas de la sociedad. Les suena de algo. Ahí estamos: soportando la misma maldad de siempre. Lo único que cambia ahora es que también tenemos que ver como los malos se hacen los demócratas, suplantan nuestra identidad y nos llenan de insidias. No ha existido otro periodo de la historia en el que el sentido de la justicia se haya visto tan dañado.

16 abr. 2018 16:04

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El pensamiento numinoso siempre ha estado retrocediendo desde que apareció la ciencia. Ahora solo puede acudir a esos lugares abstrusos a los que ni siquiera la ciencia puede llegar. Hoy el “más allá” ha quedado restringido al periodo que precede al Big Bang. Pero los creyentes no han dejado por ello de defender las mismas ideas. Sobre esto cabría decir dos cosas:

– Toda la historia del pensamiento numinoso es una historia de hipótesis fracasadas cuando no estériles.

– La ciencia ha demostrado mil veces su superioridad como sistema para conocer la verdad.

– Las únicas opiniones supuestamente válidas que hoy alberga el creyente se encuentran relegadas a aquellos lugares insondables de los que nadie puede hablar sin abandonar un mínimo de coherencia y honestidad intelectual. No obstante, esto mismo debería anular también cualquier propuesta que haga el creyente.

15 abr. 2018 19:38

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Es que el principio liberal no está a favor de la libre circulación de personas. Está a favor de la libre circulación de aquellas personas que no cometan delitos.

15 abr. 2018 19:34

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Epitafio: “No temo a la muerte. Temo a la reencarnación. Dejó un mundo plagado de idiotas y tengo miedo volver a él convertido en uno de ellos. Descubrir la verdad dos veces seguidas ya es mucha suerte.

11 abr. 2018 14:53

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Algo falla en este silogismo de la izquierda:

– Primera premisa: Cristina Cifuentes obtuvo un máster en la universidad pública española.

– Segunda premisa: Los socialistas denuncian a Cristina Cifuentes por sacarse un máster falso en connivencia con una institución corrupta española.

– Conclusión: La universidad pública española es ejemplo de normalidad y buen hacer, y hay que defenderla por encima de todas las cosas, sin cuestionar su sistema.

8 abr. 2018 08:53

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Los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren. La Unión Europea, sin ser un organismo biológico, también ha transitado por los mismos estadios. Nació como mercado común, firmando un prometedor tratado de libre comercio que eliminaba todas las barreras físicas a la circulación de bienes, capitales, personas y servicios, con la intención clara de no repetir los estragos de la guerra que había desencadenado el nacionalismo alemán (nazismo) algunos años atrás. Pero luego degeneró poco a poco en nacionalismo europeo, creciendo de forma desorbitada y reproduciéndose como supraestado (político), sin reducir lo más mínimo los gobiernos nacionales que florecían como setas al amparo de su sombra, en cada uno de los países firmantes del tratado. Y finalmente está muriendo de la mano, otra vez, de la nación y la justicia alemanas, que ahora se entretiene en fomentar, ya no el nacionalismo germano de antaño, sino ese chovinismo paleto de baja estopa, reinventado en una pequeña comunidad autonómica, sobre el cual se alzan de nuevo los mismos patanes de siempre, personas ovíparas que no tienen otra cosa mejor que hacer en la vida que usar los ganglios basales alojados en su cerebro reptiliano para defender el territorio que han elegido sus cónyuges al objeto de camuflar la puesta de huevos que evacuan todos los años a través de la cloaca, repitiendo el ciclo de la vida, y las generaciones de chalados.

8 abr. 2018 08:44

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A-narcocapitalista: persona que se dedica al narcotráfico de ideas tóxicas en grandes cantidades.

7 abr. 2018 18:20

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Hay muchos dilemas que ponen de manifiesto las zonas grises a las que se debe enfrentar el razonamiento libertario que utiliza la propiedad privada como principio absoluto. Obligar a las personas a donar sus órganos a no ser que firmen algún documento negándose a hacerlo, es una de ellas. Siendo que a mi la propiedad me parece un principio fundamental sin el cual no puede existir progreso, no me parece tan necesario cuando se trata de la propiedad de un muerto o un menor. El principio es importante porque sin él no puede funcionar una sociedad de adultos vivos. En ese sentido, la propiedad de un muerto no es tan relevante. Y como tampoco creo, como algunos libertarios piensan, que ciertas acciones del Estado tengan que derivar necesariamente en un holocausto fatal, pues no se me ocurre poner el grito en el cielo. Soy consciente de que es un asunto delicado, pero lo que de verdad hay que defender es la propiedad de los vivos. Si además tenemos en cuenta que la medida salvará muchas vidas y no ocasionará problemas graves de ningún tipo, creo que podría darle mi apoyo. Pero desde luego no me voy a rasgar las vestiduras.

Quizás hay una solución salomónica. Imaginemos que todo es como ahora. Por defecto, nadie es donante. Pero al hacer cualquier gestión administrativa, por ejemplo el carnet, solo haría falta poner una casilla para que la gente se tuviera que enfrentar a esa decisión. El tiempo perdido sería insignificante y el número de donantes aumentaría significativamente.

7 abr. 2018 14:17

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Los CDs que se fabricaron allá por los años 90 empiezan a degradarse y ya han saltado las primeras alarmas. Pero, ¿a quién le importa que los caballos se mueran si ya no viajamos en carruajes? Hoy en día tenemos un sistema fabuloso y prácticamente gratuito por el que miles de personas desconocidas dedican su vida a renovar cada poco todos los CDs que guardan nuestros recuerdos más íntimos y queridos. Se llama nube. Y en términos generales se llama CAPITALISMO.

3 abr. 2018 18:30

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La vida de Brian es la única película de contenido sarcástico que gusta por igual a gente de derechas e izquierdas. Lo que no sabe ninguno de ellos es que ese gusto compartido se debe a que critica en parte a ambos dos. Por un lado es una crítica a la religión tradicional. Y por el otro denuncia esa otra forma de religión (laica) que viene a sustituir a la primera. A la derecha le gusta la crítica que hace de los abusos de la razón que comete la izquierda comunista. Y a la izquierda le agrada que se metan con la religión cristiana. Ninguno de ellos sabe que la película es en realidad una crítica liberal. Los liberales somos los únicos que denunciamos por igual los sofismas antirracionales que campan a sus anchas en la izquierda (cientista) y la derecha (religiosa).

1 abr. 2018 10:55

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Tres cosas que deberían saber las feministas:

LA LEY no discrimina a las mujeres. Y no está bien que lo haga. Es un logro de las sociedades occidentales que ha costado mucho esfuerzo.

El EMPRESARIO puede o no discriminar a las mujeres. Lo correcto es que disponga de total libertad para contratar a los trabajadores que necesite.

LA NATURALEZA si discrimina a las mujeres. Y no hay nada que podamos hacer. Lo correcto en este caso es entender cómo funciona la biología sin intentar adivinar qué es lo más correcto.

30 mar. 2018 22:14

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La separación de poderes es la fórmula social que mejor define a una democracia constitucional. La mayoría de políticos hinchan sus grandes papadas y se pavonean delante de sus votantes cacareando la palabra democracia como si hubieran sido ellos los inventores de tal sistema. Pero luego no pierden ocasión de violar el principio de la separación de poderes sin el cual la democracia no tendría sentido. Estoy harto de escuchar de boca de los políticos esa frasecilla que afirma que los problemas políticos se solucionan desde la política y que no hay que judicializar la política. Esta afirmación, que no es otra cosa que una invitación que busca condenar el trabajo de los jueces, para dar manga ancha a los políticos, para que estén eximidos de cumplir las leyes, deja sin efecto las medidas jurídicas que resultan de la separación de poderes y que quebrantan los valores supremos de la democracia. No podemos permitir que los políticos repitan ese mantra sin que se les caiga la cara de vergüenza. Puigdemont, ya estás preso. Ganó la democracia.

25 mar. 2018 21:54

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Muchos libertarios empezando por Molinari y sus hijos ancap confunden aquellos principios naturales que se cumplen y afectan a todos los elementos estudiados, de aquellos otros que son normativos y se deben articular mediante aplicaciones legislativas precisamente porque no se cumple en todos los casos. Que los objetos caen en la Tierra atraídos por la gravedad es un hecho que solo puede ser usado para establecer un principio natural inviolable. Que los humanos mantenemos todas nuestras propiedades por siempre no es un hecho inviolable. Existe el robo. También se puede usar la propiedad de uno para dañar la propiedad ajena. En este caso el principio normativo deliberado es lo único que puede mantener un cierto orden en la naturaleza.

17 mar. 2018 09:38

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Si la prisión tiene por objeto la reinserción, como dice el progre, lo más lógico es que sea permanente revisable.

13 mar. 2018 07:53

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La ciencia trata de comprender la naturaleza para mejorarla mediante intervención artificial. La política socialista no entiende la naturaleza y por eso intenta subvertir sus normas mediante una intervención artificial a gran escala. Y el liberalismo es esa clase de ciencia que trata de comprender al hombre para mejorar su vida, y habiéndolo comprendido, sólo interviene puntualmente para corroborar sus actos y asegurarse de que se ajustan a los preceptos que establece la naturaleza.

1 mar. 2018 09:29

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Para entregar el dinero a las personas no hace falta dárselo antes a los políticos para que lo repartan. YA LO TIENEN LAS PERSONAS

9 feb. 2018 06:12

Parerga y miscelánea compartió una publicación.

Actualizado 31 ene. 2018 17:35

31 ene. 2018 17:35

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Año nuevo

2 ene. 2018 00:11

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La secta del Covid

En toda secta se pide a sus incondicionales y sus egresados una entrega total a la causa, acompañada siempre de dos formas de piedad: unanimidad y devoción. Estas dos características son mutuamente dependientes. Sin unanimidad no existe entrega total. Y sin devoción la unanimidad no tendría una causa a la que poder recurrir para concitar el acuerdo general. 

Asimismo, existen dos clases de sectas: ortodoxas y heterodoxas. Las sectas heterodoxas no pasan de unos cuantos centenares o miles de seguidores. En cambio, las sectas más ortodoxas se extienden por el mundo como una enfermedad silenciosa, y la gente en masa adopta sus ideas sin ni siquiera ser conscientes de que están participando de un aquelarre más irracional y mucho más peligroso que el de aquellos que adoran a satán en una cueva habitada por un grupillo de acólitos. Este segundo tipo de sectas son, con diferencia, las más dañinas.

Es sabido que, para convocar la unanimidad y alimentar la devoción, hace falta también consignar algunos milagros. Los milagros son hechos de la realidad que han sido adulterados para adaptarlos al mensaje de la secta. Un milagro puede ser cualquier cosa: una curación imposible, una excepción a las leyes naturales, una aparición mariana,  o una venida divina. Las señales milagrosas están por doquier en todas partes, pero se intensifican sobre todo en momentos de crisis, o cuando aparecen cataclismos y desastres naturales. No hay nada más natural que un cataclismo, pero a la gente le gusta pensar que son obra de alguna divinidad.

Las plagas son una de las señales más comunes que utilizan las sectas. Y el Covid 19 es la señal que está de moda ahora. Por tanto, no es extraño que la irracionalidad este a flor de piel en estos aciagos días del juicio final. Decíamos más arriba que la irracionalidad se caracteriza por dos cosas: unanimidad y devoción. Y son estas dos cualidades las que se vuelven a exigir a los feligreses de todo el mundo hoy en día, mientras penamos nuestras culpas encerrados en las celdas y los conventos en los que se han convertido nuestras casas.

La unanimidad es un imperativo categórico. Los gobiernos necesitan unanimidad, para que nadie les cuestione o les saque los colores. Y las beatas se callan como momias embalsamadas, consagradas a la causa de sus gurús. Y si se te ocurre disentir, te excomulgan, te queman, te llaman insolidario y te mandan a rezar.

Una vez que la secta se ha asegurado la unanimidad, hay que alimentar la devoción con un mensaje consecuente. En este caso, se dice que ha llegado el momento de cambiar el modelo económico, para no dañar más a la madre naturaleza. Y todo se interpreta en estos términos, como si mamá gea estuviera enfadada: una nubecilla que amenaza tormenta, un volcán en erupción, la nieve en abril, los posos del café, etc… 

Unos se dedican a quemar las antenas 5G porque piensan que son las que provocan los síntomas  de la enfermedad. Otros rechazan las vacunas porque dicen que es la manera que tiene el nuevo orden mundial de inocular a los ciudadanos las cepas más virulentas, para propiciar su muerte masiva. Y los más disparatados de todos anuncian a bombo y platillo que el sistema económico y laboral, que nos hemos venido dando los hombres hasta ahora, se encuentra definitivamente agotado, y está sentenciado, precisamente cuando más agotados estamos todos, cansados de estar en casa sin oficio ni beneficio.

No es difícil identificar al sectario: se alimenta del desastre como un parásito lo hace de la sangre que recorre el cuerpo de su hospedador. Siempre que el mundo se desmorona, ellos aprovechan para evangelizar. El modelo capitalista -nos dicen- está dando sus últimas bocanadas, víctima de sus propias incoherencias. Pero por mas que miro a mi alrededor lo único que veo es gente pasando las de caín como consecuencia de haber abandonado el capitalismo, el comercio, la globalización, los viajes, la libertad. Si algo nos enseña esta pandemia es que las cosas van mucho peor cuando el capitalismo se ve amenazado. No sé cómo alguien puede extraer la idea contraria, a saber, que el sistema capitalista es el culpable de esta situación de desamparo que estamos viviendo. Solo se explica si la persona en cuestión está adscrita a la secta del covid, y antes que a esta, a la fraternidad de la hoz y el martillo, o a la logia de Greenpeace, o a la masonería del panecologismo y el buenismo ludita. Obediencia al líder. Unanimidad. Y devoción. Sobre todo devoción. Esta epidemia la vamos a parar. Quédate en casa. Haz acto de contrición. Y cuando acabe todo, cambiamos el modelo económico. En vez de volver a salir a la calle y reanudar la vida normal, hay que regresar a las cavernas; sigamos en las cavernas, el planeta no se merece nuestra presencia, lo estamos destruyendo, viva la cuarentena, que mierda de cuarentena, no aguanto más, quédate en casa, que viva el gobierno, me subo por las paredes, quédate en casa, no podemos seguir contaminando, que ganas de coger el coche para ir a la sierra, quédate en casa, me bajo al bar, el libre mercado es un modelo agotado, echo de menos ir de compras, quédate en casa, ¿quíen soy? Eres un socialista lleno de contradicciones, un seguidor de la doctrina del Covid, un encantador de serpientes, el mismo de siempre. 

El gobierno pide unanimidad. Las beatas callan como momias. Los votantes se dedican a evangelizar. Y los agoreros hacen su agosto. El zoológico del Arca de Noé abre sus puertas. Pasen y vean. La función acaba de empezar.

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La tabla de la peligrosidad de una enfermedad infecciosa: para el caso de la covid-19

La gravedad de una infección puede ser medida utilizando cinco índices clave. El sumatorio de todos ellos nos da la oportunidad de calcular una tasa general en tanto por ciento que, si tiene un valor poco significativo (por ejemplo, por debajo del 50%) diremos que nos estamos enfrentando a una epidemia, y si su valor supera esa cifra estaremos tratando con una pandemia. Si el valor está por debajo de 25% será una epidemia leve, y por encima una epidemia grave. Si está entre el 50% y el 75% será una pandemia leve, y por encima de 75% una pandemia grave.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todos los índices biológicos remiten a un único valor determinante, el impacto negativo en la economía. Estos serán tanto más acuciantes cuanto mayor sea el efecto de la recesión derivada del problema sanitario que ocasiona la epidemia. Por eso es tan importante considerar este último dato, y tenerlo en cuenta en el contexto general de la crisis. Aquellos que dicen que, en época de alarma, la economía no debe ser una prioridad, no saben de lo que hablan. La economía es una prioridad siempre, y si no se quiere ver esto entonces tampoco se puede uno quejar cuando vengan mal dadas. No se trata de poner en un segundo plano a la economía para atender los problemas más urgentes que acaparan nuestra atención en los hospitales. Los problemas de salubridad son en realidad de abastecimiento, y la única ciencia que estudia y soluciona la escasez y la distribución de recursos es la economía. 

La economía proverá de los medicamentos necesarios y aportará las soluciones definitivas, la curación de la enfermedad. Es absurdo plantear el problema como si hubiera dos alternativas mutuamente excluyentes, o salvas vidas o te preocupas de conservar una economía sólida. Lo uno no puede ir desligado de lo otro, antes bien, son absolutamente dependientes. La economía es la vida, el ecosistema del ser humano, y es precisamente ese ecosistema el que está siendo puesto en peligro por el patógeno.

Una de las claves más importantes para resolver el problema pandémico consiste en calcular la atención médica que puede dispensar un país afectado, y compararla con la capacidad productiva del mismo, o su déficit global. En cualquier caso, cuando aparece la enfermedad hay una mayor cantidad de recursos que se tienen que desviar hacia esta atención clínica primaria. Pero por otro lado, las medidas de contención de la infección: cierre de fronteras y empresas, restricción del comercio, y reclusión de los ciudadanos, provoca la disminución de los recursos de un país (también la producción de instrumental médico), que es inversamente proporcional a su incapacidad para combatir la enfermedad, y puede por tanto contribuir a incrementar el número de muertos. Hay que conocer estos valores y calcular el punto de equilibrio óptimo en el que la intervención permite detener la enfermedad sin poner en demasiado riesgo la productividad de la sociedad. Puesto que el coronavirus no llega a una TG de 50%, no podemos catalogar la enfermedad como pandemia grave y, en consecuencia, opino que no es necesario aplicar medidas extremas de intervención, siendo además que muchas de ellas pueden resultar contraproducentes y pueden provocar más infectados y muertos de los que se logran curar en los hospitales. 

Y hasta aquí todo lo que puedo analizar sobre este peliagudo problema. He intentado matematizar la situación todo lo posible. Por supuesto, los sistemas complejos como las sociedades, y en concreto las propagaciones de enfermedades a través de ellos, no se prestan a un análisis exhaustivo, y siempre conllevan riesgos inesperados. Podríamos estar subestimando la infección, y que esto produjera a medio plazo una pandemia mucho peor. Pero la vida es así. A veces hay que tomar decisiones sin disponer de toda la información, y hacerlo lo mejor posible, utilizando todos los datos que tenemos a nuestro alcance, e intentando llegar a un equilibrio sin obviar ninguna consecuencia. No he pretendido elaborar una fórmula matemática que contemple todos los factores que participan en el proceso infeccioso. En cambio, he aplicado a todos los datos una simplificación que creo necesaria para aclarar algunos conceptos complejos.  No obstante, la fórmula siempre puede ser objeto de nuevas adiciones que mejoren su predicción. Simplemente, he querido clasificar los determinantes principales (5) que ponen de manifiesto la peligrosidad de la patología y sobre los cuales después se pueden hacer todo tipo de precisiones. 

Es evidente que el modelo es susceptible de mejora, podemos otorgar pesos distintos a cada una de las variables. Como ya he dicho en otro sitio, el valor más importante es el número relativo de muertos al final de la crisis (y la tasa de mortalidad), pues es éste el que reúne todo el impacto que acaba teniendo la enfermedad, ayudando a predecir los cuadros más graves. Repito que estos valores no están ajustados, se pueden calibrar yendo a los casos prácticos, o estudiando con mayor detenimiento a toro pasado. La fórmula que he presentado es solo una herramienta propedéutica, susceptible de ser mejorada. No obstante, es un intento de integrar en una sola medida todos los factores y determinantes que hacen de una enfermedad infecciosa un peligro para la población humana, y poder así llevar a cabo un análisis aproximado durante el proceso infeccioso, cuando todavía podemos ponerle remedio o mitigar sus efectos.

Llevo varios días avisando del riesgo que tiene el alarmismo exagerado que parece estar contribuyendo a agravar la situación. Por supuesto, no estoy en contra de muchas de las medidas que puedan tomar las instituciones o los particulares para no contagiarse, siempre y cuando no pongan en grave riesgo la productividad real de un país. Por ejemplo, la higiene, las mascarillas, los controles de temperatura, los test rápidos, etc… Pero se debe hacer hincapié en una cuestión que puede pasar más desapercibida, a saber, que las medidas que toman países totalitarios como China: cuarentenas de millones de ciudadanos, pueden ser más un problema que una solución. A primera vista parece que reduce la infección y aporta más beneficios que perjuicios. Pero ojo con lo que vemos a primera vista. Como dijo Bastiat, hay que analizar lo que se ve y lo que no se ve. Y lo que no se suele contemplar nunca son los efectos que concita una economía improductiva. La paralización industrial de todo un continente debida a las restricciones al movimiento que buscan detener la enfermedad, puede conducir a una falta de suministro hospitalario que conlleve la muerte de un número de infectados mayor que aquel que se consigue salvar con esas medidas draconianas. A veces el alarmismo puede ser nuestro mayor enemigo.  

Es difícil valorar el grado de afectación o la capacidad de aguante que puede tener la economía de un país que está paralizado por el pánico y las medidas restrictivas del gobierno. Y más cuando las medidas son tan absurdas y precipitadas como las que está llevando a cabo a la desesperada el gobierno español: cierre de empresas, confiscación de productos, prohibición del despido. Lo que no puede ser es que las soluciones que se aplican para paliar una crisis sean calcadas a aquellas que aconsejan los países comunistas para cualquier momento. No puede ser que, si creemos que el libre mercado y las sociedades abiertas y democráticas funcionan mejor que los sistemas totalitarios, luego pretendamos imitar a estos países en los momentos más delicados, cuando lo que tendríamos que hacer es ahondar en las medidas que tan buen resultado nos han dado. Imaginen qué habría pasado si los controladores de tierra en Houston hubieran dejado de creer en la fuerza de la gravedad justo cuando más la necesitaban, durante el accidentado viaje del Apolo 13.

Lo que está claro es que llega un momento en que el remedio que se aplica siempre acaba siendo peor que la enfermedad que se trata de paliar. Habrá que saber calcular la dosis para no caer en la inconsciencia que aquel que piensa la economía como si fuera algo secundario, y aboga por ponerla en cuarentena. Imagino, si viviera hoy Winston Churchill, lo que diría: “Os dieron a elegir entre la pandemia y el confinamiento en casa. Elegisteis el confinamiento y ahora también tendréis la pandemia.”. 

Un tratamiento adecuado sería hacer un seguimiento minuciosos de los contagios, para así no tener que encarcelar en sus casas a toda la población . Algunos países asiáticos como Corea del Sur han optado por estas medidas, y les ha ido mucho mejor que a España o Italia. Pero claro, para implementar esas soluciones hay que tener una economía fuerte y un desarrollo tecnológico considerable. En cambio, en España hemos renunciado hace tiempo a cuidar de nuestra economía, y ahora pretendemos cuidar de nuestros pacientes. Incurrimos en déficit, desbordamos la deuda, pusimos palos en las ruedas de los empresarios, subimos los impuestos, ahuyentamos la inversión, y luego, cuando deviene la crisis, lloriqueamos y exigimos que nos ayuden, y clamamos en contra de los países del norte, que sí sanearon sus cuentas a tiempo. Por si esto no fuera poco, acusamos de insolidarios a aquellos mismos que nos tendieron la mano no hace mucho. Para ser solidarios primero tenemos que cumplir los compromisos fiscales que adquirimos con ellos.  No se como no se les cae la cara de vergüenza. A mi ya me resulta embarazoso pedir dinero, cuanto más me resultaría si tuviera que pedir más préstamos sin haber pagado los anteriores. Y encima se enojan. Desde luego, no deseo que la gente se muera en los pasillos de los hospitales. Pero España se merece lo peor. 

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Mis comentarios en Facebook – Año 2017

Año 2017: parerga y miscelánea

Lunes, 4 de diciembre de 2017 a las 23:51 UTC+01

Ray kurzweil dice lo mismo que Cordeiro y no es ningún magufo. Entre otras muchas cosas, a él le debemos que los teléfonos de hoy entiendan nuestra voz. Desde luego Cordeiro puede ser un excéntrico, puede engordar su currículum y puede pecar de optimismo. Pero lo que vende NO es un crecepelos. Es el futuro. Seguramente falla en las fechas. Pero no habla de utopías irrealizables. Abre una ventana al futuro para mucha gente que, de no ser por sus charlas, nunca habría conocido la potencialidad que entraña la tecnología.

Sábado, 2 de diciembre de 2017 a las 13:02 UTC+01 

Lo bueno de la estupidez es que nunca funciona y sus orates simplemente acaban orando en el desierto, miembros exclusivos de un mundo que no existe.

Domingo, 5 de noviembre de 2017 a las 16:26 UTC+01

Está claro que el marxismo es una aporía con patas, una suma de imposibilidades ontológicas convenientemente disimuladas. Pablo, no necesitas aportar más evidencias. No se puede defender la unidad de España y al mismo tiempo criticar la acción de los cuerpos de seguridad y los jueces que se encargan de velar por esa unidad. No se puede denunciar a los independentistas y los constitucionalistas al mismo tiempo. Es imposible que exista una Cataluña unida y separada de España al mismo tiempo. La superposición de estados solo se da en el ámbito de la mecánica cuántica.

Domingo, 22 de octubre de 2017 a las 18:47 UTC+02

Concebir la secesión, las fronteras abiertas, la voluntariedad, o incluso la propiedad privada como principios absolutos implica relegar a un segundo plano el que debería ser el principio máximo: la libertad irrenunciable del individuo.

Domingo, 22 de octubre de 2017 a las 18:44 UTC+02

Las religiones, como los nacionalismos, no son de por sí malos o buenos, pueden ser excluyentes o inclusivos. Cuando son excluyentes, no se diferencian mucho. Ambos son peligrosos, quieren dividir y destruir las redes pacíficas y el comercio internacional que deviene con el progreso y la internacionalización. El nacionalismo español mira al futuro y es integrador. En cambio el catalán busca la desunión y la desintegración. Por eso no son equiparables. El primero es bueno y el segundo no. El primero es necesario y el segundo no. El primero es una cosa y el segundo la contraria. A ver si les queda claro a esos nacionalistas facinerosos que solo quieren destruir, o a esos exégetas melifluos que mantienen una equidistancia vergonzante entre el Estado español y la Generalidad catalana.

Viernes, 6 de octubre de 2017 a las 12:35 UTC+02

Y que me dicen de ese liberal que, teniendo en su mano la posibilidad de acudir al derecho que ya le otorgan los estados libres: la libertad de movimiento que le faculta para irse a vivir a centenares de países distintos, elige quedarse en su tierra y apoyar el derecho colectivo de secesión que obliga a todos los demás, sus convecinos, a vivir en una nación nueva que no estaba ahí cuando ellos acordaron construir sus casas y tener a sus hijos. El derecho de secesión individual es una futilidad innecesaria y el de secesión colectiva una bravuconada estatista

Viernes, 6 de octubre de 2017 a las 12:05 UTC+02

Vamos a ver liberales, la secesión como principio es una filfa: – Los políticos no tienen los mismos incentivos que las empresas. No compiten como éstas, compiten para ser peores y menos eficaces. – La secesión individual ya existe. Se llama emigración. Hay mil sitios a los que poder ir. No hagan más experimentos sociológicos, por favor. – La secesión nacional es otra forma de colectivismo, es el nacimiento del colectivismo, la pura creación de una identidad sanguínea basada en la raza y la tierra y no en la razón. – La secesión es arbitrariedad y es relativismo legal. El liberalismo es internacionalista. La ciencia es objetiva. El derecho a la secesión es puro subjetivismo y pura inconsistencia. – La secesión no es una regla, es una excepcionalidad reservada para aquellos casos en los que sí resulta conveniente romper una dictadura.

Domingo, 1 de octubre de 2017 a las 23:26 UTC+02

Antes creía que existían dos tipos principales de personas: liberales y estatistas. Ahora creo que los dos grupos son estos: liberales universalistas (defensores del principio universal de la libertad) y el resto (relativistas, pseudo liberales, separatistas, chovinistas, estatistas). A mi lo que me da pena es que mis hermanos liberales le hagan el caldo gordo a los separatistas y vendan su alma al diablo para defender una idea de secesión que no es otra cosa que una invitación a la ruptura, el relativismo y la proliferación de políticos y administraciones Como siempre ha pasado a lo largo de la historia humana, los instintos animales más bajos vencen a la razón por goleada y se llevan todos los triunfos y los aplausos del público. La gente prefiere frotarse en los árboles para impregnarlos de almizcle, miccionar en los arbustos para empaparlos de orines, y pelearse con otros grupos para dirimir el territorio, que buscar una solución verdadera, la cual siempre debería pasar por hallar una razón común y universal (científica). Cataluña y los separatistas solo son un ejemplo más dentro de esa historia de animalidad. Lo más curioso del asunto es la forma en la que esos instintos se visten de racionalidad (liberales) o de democracia (charnegos) para aparentar una cosa que no son. Lo más patético de todo es ver como una banda delincuentes sediciosos se pasan la ley por el arco de triunfo y se hacen los demócratas y las víctimas. Seguro que ahora muchos atracadores de banco dejarán las pistolas y asaltaran las cajas con una urna bajo el brazo. Los nacionalistas están votando entre gritos y lágrimas, como si vinieran de una dictadura y llevaran cien años sin plebiscitos. En el pasado, cuando el mundo era mucho más bárbaro, nadie se andaba con chiquitas y se usaba la fuerza sin contemplación, para implantar la tiranía. Ahora que todos nos hemos moderado, se enarbola la democracia para hacer exactamente lo mismo. Antes los débiles eran las víctimas. Ahora los débiles se hacen las víctimas. Si los buenos fueran siempre aquellos que reciben palos, cómo podríamos justificar los palos que reciben los malos?

Martes, 26 de septiembre de 2017 a las 14:54 UTC+02

Se suele decir que el 1% más rico tiene tanto patrimonio como todo el resto del mundo junto. Lo que no se dice es que, en un sistema capitalista, el 99% de la población tiene necesidades y las satisface sólo mediante el provecho que saca de aquel 1% que sabe proporcionarselas.

Lunes, 18 de septiembre de 2017 a las 12:59 UTC+02

Si los anarquistas de mercado creen que las constituciones y las leyes también deben competir entre sí, al modo que lo hacen las empresas privadas en el mercado libre, no les debería importar lo más mínimo que Cataluña fuese socialista, comunista o como sea que quieran sus ciudadanos, siempre y cuando se independizase de España y entrase en ese juego de libre competencia. ¿Qué hacen entonces algunos de ellos defendiendo la secesión de naciones pero apostillando a continuación que no están de acuerdo con la separación nacional en el caso concreto de Cataluña? ¿Qué especie de contradicción es esta? ¿No será que también ellos creen en unas reglas mínimas fundamentales, supranacionales, aunque no lo reconozcan? ¿Es quizás el minarquismo un forma de organización ineludible, incluso para los anarquistas? ¿No será que no vale cualquier cosa, y que siempre debemos partir de unas normas básicas, incluso para competir?

Sábado, 16 de septiembre de 2017 a las 09:49 UTC+02

Yo estaré siempre con aquellos que quieren construir naciones más libres, y no con aquellos que quieren más naciones. La calidad antes que la cantidad

Sábado, 16 de septiembre de 2017 a las 09:48 UTC+02

La economía real se apoya en el principio negativo de la libertad individual. Y la política en el carácter positivo y universal que tiene todo principio. Algunos liberales, guiados tal vez por un exceso de celo a la hora de reivindicar las diferencias individuales, no entienden ese aspecto universal que es condición sine qua non para proponer cualquier teoría. Por su parte la mayoría de políticos (por no decir todos) están tan fanatizados y abducidos por su visión de grandeza y su acción unitaria y hegemónica, que en su caso no comprenden (ni respetan) las necesidades privadas que detentan los distintos individuos. Entre unos y otros estamos aquellos pocos que sí entendemos y abordamos todos los aspectos de la realidad y la teoría, su contenido económico y su esencialismo político, la independencia de los particulares y la unidad de los universales. Hacia nosotros va dirigida toda la metralla que disparan los demás grupos. Pero solo nosotros conocemos toda la verdad que atesora el mundo, sus dos aspectos principales.

Miércoles, 13 de septiembre de 2017 a las 14:07 UTC+02

Un territorio nacional grande tiende a ordenar sus instituciones sobre el principio de unidad de destino en lo universal del que nos habla Ortega y Gasset. En cambio, un territorio nacional pequeño tiende a fomentar los sentimientos chovinistas, la autarquía, el cisma, el embrutecimiento pedáneo, la reducción al absurdo y todos aquellos sesgos y querencias que alientan el salvajismo tribal, alejan al ser humano de la objetividad y la razón y le acercan a los animales.

Jueves, 7 de septiembre de 2017 a las 09:43 UTC+02

Un amigo me decía el otro día que Juan Rallo no está a favor de la independencia de Cataluña, pero que lo dice tan bajito (al final de sus artículos, con la boca pequeña) que parece que sí lo esté. Rallo se entretiene en hacer un análisis teórico bastante peregrino, donde expone las razones para defender la legítima secesión de cualquier país. Y solo al final, en la letra pequeña, afirma estar en contra del independentismo catalán. Mi amigo me decía que Rallo está invirtiendo deliberadamente el orden de los argumentos, y que eso le hace un flaco favor a la égida liberal. Estoy totalmente de acuerdo con él. Yo no voy a decir que Rallo defiende la segregación nacional en todos los casos, también para Cataluña. Esta es otra mentira que resuena en muchos medios. Lo que pasa es que Rallo se enfrenta a sus propios fantasmas y contradicciones, como buen anarquista filosófico que es. En el caso del nacionalismo catalán, el anarcocapitalismo se enfrenta a sus propias incoherencias. Según una de las tesis del anarquismo de mercado, la competencia en materia legislativa mejora las constituciones de los distintos países en liza. Pero con Cataluña se ven abocados a defender una región con clara vocación totalitaria. Si los anarquistas fueran consecuentes, les daría igual el nivel de tiranía del país escindido, pues según ellos la división aumenta la competencia y la competencia de leyes, al igual que la competencia empresarial, mejora la eficacia de las distintas entidades. Pues no. Esto es completamente falso. El error de nuevo consiste en confundir las necesidades heterogéneas (privadas) con una necesidad homogénea absolutamente vital (el marco legal). Llevo mucho tiempo subrayando esta dicotomía esencial y usándola como crítica del anarcocapitalismo, sin demasiado éxito. Igual este caso me da un poco la razón. No tengo ningún reparo en decir que yo creo en un bien colectivo que se limita a los principios de libertad que todos los individuos libres deben respetar para mantener esa condición. En cambio tu te alejas del liberalismo cuando abrazas ese anarquismo absurdo que ni siquiera contempla la inviolabilidad de unas leyes generales, las tuyas, que son necesarias para abanderar alguna defensa.

Domingo, 3 de septiembre de 2017 a las 22:12 UTC+02

Ningún liberal que se precie de serlo puede defender de forma unilateral, ora el independentismo, ora la unión del Estado. Lo único que el liberal defiende siempre es la libertad, que en unos casos aumenta con la fragmentación y en otros con la unión. Ahora bien, a igualdad de condiciones, o cuando existe una situación relativamente parecida, yo siempre veré más preferible apoyar un proyecto unitario que uno rupturista, por el simple hecho también de que sólo hay una verdadera libertad. La separación la dejo para los casos más graves, cuando se trata de romper un Estado realmente totalitario

Domingo, 3 de septiembre de 2017 a las 21:31 UTC+02

Cada vez que el hombre elucubra un nuevo plan para crear un paraíso con cabida para toda la humanidad, en realidad acaba concibiendo un edén donde solo cabe una pequeña porción de individuos. Todos los demás son exterminados al momento. Si el paraíso en cuestión se encuentra allende el universo, lo que tenemos es una institución religiosa. En cambio, si la tierra prometida se halla aquí abajo, consignamos un sistema comunista. Ambos dos amenazan a la humanidad como ninguna otra cosa lo puede hacer. Esto no quiere decir que todas las religiones y todos los comunismos sean igual de peligrosos. Algunos simplemente están ahí, como pequeñas reliquias del pasado. Pero no hay duda de que, si algún día el planeta se va a freír espárragos, la causa de la debacle tendrá que ver, o bien con el comunismo, o bien con la religión. El paraíso entonces todavía se volverá más angosto. Quizás solo sobrevivan unos cuantos grupos humanos esparcidos por toda la geografía devastada. A lo mejor desaparece toda la especie. El edén soñado, con cabida para toda la humanidad, será sin embargo un mundo sin ningún rastro de vida inteligente. Tal vez ese sea el estado habitual del auténtico vergel.

Viernes, 1 de septiembre de 2017 a las 11:40 UTC+02

La secesión individual ya existe. España no es una cárcel. Yo puedo ir a vivir a una infinidad de países distintos. No hacen falta más experimentos políticos rupturistas, sino unir al mayor número de países en torno a los principios unívocos del liberalismo. Y eso pasa por construir una nación liberal en crecimiento, geográficamente mayor. Y no estoy hablando de ostracismo o destierro obligatorio. De lo que yo hablo es de poder moverse voluntariamente de un país a otro y de las múltiples opciones que ya existen para vivir. Me parece innecesario y peligroso aferrarse a la ingeniería social para defender la creación de nuevos experimentos y territorios soberanos, que a saber cómo serán. Luchemos por extender las libertades y no por multiplicar los nichos políticos. Ese debería ser el auténtico camino del liberalismo.

Viernes, 1 de septiembre de 2017 a las 10:25 UTC+02

El absolutismo de la propiedad privada, la máxima que sostienen muchos libertarios ancaps, fija tanto su atención en los derechos del individuo que se olvida del mayor y casi único valor colectivo que existe, aquel que condiciona esos derechos individuales: la unidad y la igualdad ante la ley de toda una nación. Así, muchos de ellos acaban defendiendo el mismo argumentario que excreta ese arrabal de ideologías estatistas que abanderan los nacionalistas catalanes o vascos. Pura bosta de burro.

Lunes, 28 de agosto de 2017 a las 13:18 UTC+02

La separación de la ciudad de Berlín en dos zonas políticas distintas, después de la guerra, da la impresión de haber sido proyectada por el más aséptico y escrupuloso de todos los investigadores experimentales habidos en la Tierra. Es difícil imaginar un experimento más exhaustivo que ese. También es difícil imaginar una respuesta por parte de la sociedad más estúpida. Ante la evidencia de un experimento científico de tal magnitud, aún son muchos los que se niegan a aceptar las conclusiones, esto es, la superioridad innegable del capitalismo y la falacia teórico-práctica que sostiene la creencia en el socialismo.

Viernes, 25 de agosto de 2017 a las 19:33 UTC+02

Estamos de acuerdo. No se puede demostrar experimentalmente la inexistencia de Dios, como tampoco se puede demostrar su existencia. Sin embargo, aquí los únicos que parecen creer que han confirmado algo en concreto son los creyentes. Así que no es justo achacar a los ateos su incapacidad para demostrar la veracidad de todos estos supuestos ficticios (religiosos). Más bien hay que afear el gesto de aquellos que aseguran que Dios existe.

Martes, 15 de agosto de 2017 a las 13:27 UTC+02

Discutía yo este verano, entre chapuzón y chapuzón, con un buen amigo que defendía la autosuficiencia económica y que intentaba alimentarse de productos que él mismo cultivaba en el jardín de su chalet de lujo. Paradójicamente, al mismo tiempo es un empresario de éxito al que admiro mucho. Intenté durante días explicarle que la división del trabajo y la especialización laboral que él practicaba con tanta habilidad es incompatible con su defensa de la economía de subsistencia y la extensión del sistema de autoabastecimiento a toda la población. No se si lo logré, pero este caso ilustra muy bien el fenómeno en cuestión, nos habla de lo pegajosas que son todas esas ideas del buen salvaje y el maravilloso pasado agrario, contrarias al desarrollo, que exaltan un periodo de la historia que ahora por fortuna ya no tenemos que padecer, y que por eso algunos se pueden permitir el lujo de defender desde su atalaya de nuevos ricos.

Lunes, 14 de agosto de 2017 a las 14:46 UTC+02

Yo soy muy tranquilo. Pero hay una clase de personas que no soporto, aquellas que están todo el rato juzgando y criticando tu forma de vivir o tu manera de actuar. No soporto que vayan dando lecciones morales sobre cuestiones gustativas de la vida diaria de uno. No soporto que utilicen una medición correctiva basada únicamente en sus propias querencias, que te juzguen mal en función de lo que ellos creen que es bueno para ti, y que lo hagan sobre algún asunto baladí, y que lo hagan continuamente, y que te traten con superioridad. Uno siempre está incómodo con ese tipo de gente. Te desprecian porque no actúas como ellos, porque no eres como ellos, te recriminan cuando violas esas reglas sagradas llenas de minucias cotidianas. No soporto que te hablen con la voz engolada para apercibirte sobre tu forma de caminar, tus costumbres nocturnas, tu desapego de la tierra, tu elección profesional, o tu afición a los helados de cucurucho. No soporto que te perdonen la vida cada vez que te diriges a ellos. No soporto que te ofrezcan la mano mientras ponen una cara de circunstancias y te ponen condiciones, que te regalen su compañía a cambio de un montón de reprimendas y admoniciones pueriles. Nunca me gustaron esos visajes machacones de corte moral. Luego descubrí la teoría del valor subjetivo de la escuela austriaca y pude dar por fin un fundamento académico y una visión global (económica, geopolítica, deontológica) a todas esas intuiciones mías. Fue agradable comprobar que el instinto que había guiado mi voluntad y mi determinación durante la etapa juvenil, tenía en realidad un poso teórico sólido, de naturaleza universal. Fue agradable comprobar que la teoría del valor subjetivo no tiene excepciones, y que se puede aplicar para refutar cualquier injerencia, tanto las tesis del socialismo y el marxismo histórico como las filípicas de esos inquisidores anónimos que te avasallan todos los días y a todas horas.

Domingo, 13 de agosto de 2017 a las 13:40 UTC+02

Yo prefiero usar la expresión “la batalla de las ideas” en vez de “el mercado de las ideas”. Cuando las ideas son sumamente fundamentales, cuando está en juego la defensa de la vida y la lucha por la libertad del individuo, se batalla, no se mercadea; se mata, no se convence. Cuando alguien te quiere eliminar, solo puedes sobrevivir si te anticipas a él. Así es la vida. Y así es la muerte.

Martes, 8 de agosto de 2017 a las 18:17 UTC+02

Una dictadura es un régimen político en el que una sola persona gobierna con poder total, sin someterse a ningún tipo de limitaciones y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad. Estamos de acuerdo en que dicho sistema es de lejos una de las peores situaciones a las que se puede ver abocado un país. Ahora bien, existe una remota posibilidad no descartable de que el dictador decida establecer un régimen de excepción más o menos bueno. En último lugar son las leyes que se aplican y no quien las ordena lo que determina las bondades de un gobierno. Imaginen además que ese régimen dictatorial viene a sustituir a una verdadera tiranía. Yo no tengo ninguna duda: la dictadura puede ser en ocasiones extremas la única tabla de salvación a la que poder aferrarse. Y no voy a obviar esta posibilidad por mor de la corrección política o la mojigatería barata que hoy copa todas las discusiones sobre el tema. Tampoco voy a ocultar la idea de que el régimen de Franco, con todos sus errores, pudo haber sido un buen ejemplo de esto que estoy diciendo, librándonos del sistema estalinista que empezaba a fraguarse en el 36 de la mano de la izquierda, y dando paso a su muerte a un Estado democrático mucho mejor. Tal vez debamos más a Franco que a todos los presidentes elegidos en las urnas que han venido después de él. Y no es que yo sea un apasionado defensor de las dictaduras. Todo lo contrario. Lo que pasa es que soy amante de la verdad y no cambio mi opinión en virtud de lo bien o mal que ésta pueda sentar o parecer.

Martes, 8 de agosto de 2017 a las 18:14 UTC+02

El hombre necesita una bandera que le dote de una identidad y le otorgue una patria. El color de la tela o el lugar de nacimiento es lo de menos. Creo que el valor supremo en este caso reside únicamente en la simbología y el significado de la enseña. Yo elijo convertirme en ciudadano del país que mejor sepa representar y defender mis opiniones y mis certezas. Y me importa mucho menos aparecer registrado en el lugar donde casualmente he nacido. En este sentido, aprecio más las ideas que los genes. Todos necesitamos una identidad. Yo construyo la mía con el pensamiento y la reflexión que salen de mi mente, y no con la sangre o el acervo, o cualquier otro fluido corporal. La verdad no tiene patria genética. La verdad tiene una bandera que ha sido cosida con el hilo de Ariadna y el esfuerzo intelectual de miles de personas. Yo quiero ser valorado por mis ideas o mi educación, y no por mi cuna o por los actos de los abuelos que me hayan tocado en suerte, condiciones éstas que me han sido otorgadas de antemano y de las que no puedo reclamar ninguna clase de mérito, y tampoco sufrir castigo alguno.

Jueves, 27 de julio de 2017 a las 13:03 UTC+02

Yo creo que es erróneo equiparar el apriorismo con falta de experiencia, más que nada porque la falta absoluta de experiencia es absurda. Intentar ridiculizar el apriorismo diciendo que es una falta de experiencia es un poco ingenuo. Cómo puede alguien afirmar que se puede conocer algo sin experiencia? Lo que dice el apriorismo es que se puede conocer algo sin experimentación, que es distinto. Cabe distinguir experiencia de experimentación. Lo primero es consustancial a todo. Lo segundo forma parte del método científico aposterioristico que tiene una alternativa epistémica: el apriorismo y la razón pura. Esa es la única forma de entender correctamente el apriorismo.

Jueves, 27 de julio de 2017 a las 12:39 UTC+02

Los parásitos se pueden combatir de dos maneras distintas. O bien se reduce su grado de virulencia, o bien se disminuye su número y su distribución geográfica. Con el Estado pasa lo mismo. Hay que combatirlo en dos frentes distintos: reduciendo y neutralizando su capacidad de hacer daño, y reduciendo su número, su variedad y su distribución geográfica. La primera es una lucha contra el socialismo y el intervencionismo dañinos. Y la segunda es una lucha contra el nacionalismo, la creación de nuevos centros de mando, y la multiplicación geográfica de Estados y de políticos.

Martes, 18 de julio de 2017 a las 20:41 UTC+02

No es cuestión de mezclar nada. Precisamente es cuestión de saber diferenciar, entender para qué vale el método deductivo y para qué sirve el empirismo. La ciencia analiza hechos contingentes, que pueden ser de muchas maneras (por ej. el color de un objeto). Por el contrario, la metodología deductiva se fija en determinantes básicos, condiciones de posibilidad, que no tienen alternativas. El dia que se comprenda eso se podrá aceptar toda la realidad física del mundo. Hasta entonces seguirán pensando que la metafísica es teología, o que la escuela austriaca no admite el método empírico. Desde luego en la escuela austriaca también hay un buen número de hemipléjicos crónicos que creen que la sociedad solo se puede estudiar por el método deductivo de Mises. A estos les falta la otra mitad del cerebro

Jueves, 13 de julio de 2017 a las 11:57 UTC+02

El concepto de raza (la denominación que le demos es lo de menos) hace referencia a una noción absolutamente necesaria para identificar y describir un hecho biológico irrefutable. Me parece tan increíble negar las razas como negar la categoría de clases sociales. Quienes así pensáis no estáis haciendo otra cosa que lo mismo que hizo Marx en el manifiesto comunista. La única diferencia es que vosotros, en vez de perseguir y negar la existencia de una variabilidad laboral o industrial, estáis negando la existencia de una variabilidad natural y genética. Y todavía me parece más asombroso que confundais el racismo que siempre busca la eliminación de todas las razas salvo una (como Marx quería hacer con las clases), con el hecho científico y diverso que afirma la existencia lógica de distintos grupos de razas. Llevo varios días asistiendo a este tipo de debates entre liberales y sinceramente estoy atónito con lo que leo. Me da la impresión de que me encuentro en medio de una jauría de comunistoides, contemplando una carrera entre socialistas y buenistas adoradores de la corrección política, para ver cual de ellos es el más igualitarista de todos. Parece más una pataleta repentina de sociólogos y politólogos ignorantes, que un debate científico serio y sosegado entre biólogos y genetistas.

Viernes, 7 de julio de 2017 a las 15:24 UTC+02

Que bien me lo paso viendo desde arriba a todas esas hormiguitas de una colonia de cientistas lanzándose con las mandíbulas abiertas contra los miembros de otro hormiguero de aprioristas maniqueas. ¿Cuándo comprenderán esos bichitos que existen dos métodos igualmente valiosos para analizar toda la realidad: social y natural, y que el sistema misesiano y la matematización y modelización de la sociedad son perfectamente complementarios.

Lunes, 12 de junio de 2017 a las 20:24 UTC+02

Todos los políticos son de izquierdas. Y con más razón todos los dictadores. Es decir, todos creen en el estatismo, el intervencionismo masivo, el ninguneo del individuo. Todos están en contra de la libertad de las personas y la expresión de sus diferencias. Que unas veces quieran homogeneizarlas usando la excusa de la raza (nazismo) y otra la excusa de la clase (comunismo) es un hecho accesorio. Al final todas quieren lo mismo: un solo tipo de persona, coaccionar e imponer para matar la diversidad y la libertad individual. Efectivamente, comunistas y nazis son la misma cosa y son de izquierdas. Y los que les combatimos somos la verdadera alternativa.

Lunes, 12 de junio de 2017 a las 13:30 UTC+02

Me hacen mucha gracia las personas que hablan y hablan desde el humanismo sobre si el hombre tiene sentimientos innatos, si está o no está determinado por los genes, o si el cerebro es o no es una máquina de pensar, pero luego nunca realizan una aproximación al problema desde el campo de las ciencias naturales, y hasta dicen que no hace falta.

Viernes, 9 de junio de 2017 a las 10:06 UTC+02

La muerte de Ignacio a manos de los asesinos islamistas pone sobre la mesa, otra vez, el principal problema que causa esta ola de atentados, que no es otro que la posición que adoptamos los occidentales ante esta situación, nuestra complacencia, nuestra ignorancia, nuestro relativismo. Aquí se juntan muchas cualidades. La cobardía es una de ellas. Pero yo creo que por encima de todas está la estupidez y la ignorancia. Muchos han alabado la acción de Ignacio. Pero muchos otros la critican, dicen que se sacrificó inútilmente, que fue en contra de su propia condición de ser humano. Hay todo un batiburrillo de explicaciones pseudointelectuales de personas aburridas y acémilas estúpidas que infestan las redes sociales, incapaces de entender la psicología, la genética, la historia y la naturaleza humana, íntimamente unidas a la empatía, la solidaridad, la unión, las neuronas espejo, la especiación biológica y tantas otras virtudes y mecanismos de la vida, que son la base de la sociedad, la civilización, la evolución y el respeto mutuo. La mayoría de objetivistas randianos y mucha gente normal no termina de entender bien la relación que existe entre el egoísmo y el altruismo. El altruismo es una forma de egoísmo y eso es lo que quería decir Ayn Rand. Somos individuos que vivimos y nos beneficiamos de la sociedad colectiva. Por tanto la acción de ayudar a los demás es una actitud egoísta y un impulso adaptativo que en último término nos beneficia a nosotros como seres egoístas. Y eso es todo. La muerte de Ignacio es el típico acto egoísta de un individuo gregario, de una actitud que ha hecho el mundo y está en la base del progreso. Ánimo Ignacio. Los enemigos cabalgan dentro y fuera de las murallas. Tu has sido víctima de ambos dos, de los islamistas iracundos y de los occidentales imbéciles e imberbes, de la inteligencia maléfica y de la estupidez bonachona y bien pensante. Por eso eres un héroe por partida doble. Descansa en paz. La verdad siempre estará de tu lado. Esa jamás la podrá vilipendiar ninguno de tus enemigos.

Martes, 6 de junio de 2017 a las 23:38 UTC+02

Pablo Lato: “Pocas frases apoyan tanto mi teoría sobre los comportamientos y el estado de bienestar como esta frase que vi en forma de información sobre París recién en twitter: “El agresor es un estudiante argelino de unos 40 años (!). Resultó herido en las piernas ” Efectivamente. Tenemos lo que hemos sembrado: no lloréis hipócritas. Existen barrios enteros de musulmanes que viven de las subvenciones del Estado del bienestar, ese que todos habéis contribuido a crear. Otra vez el socialismo igualitario fomentando la guerra y el odio, el exterminio, el enfrentamiento y el atraso. Precisamente esa idea de que los musulmanes no se integran porque no les dejamos es la base del problema y despista sobre las soluciones que habría que aplicar. Todo lo contrario, hemos sido absolutamente permisivos e integradores. Esa ha sido la política hasta ahora y mira lo que se ha logrado. Porque narices no podéis considerar la posibilidad de que existan culturas como la gitana que NO QUIEREN integrarse y que solo cabe combatir.

Lunes, 29 de mayo de 2017 a las 11:08 UTC+02

Los socialistas te llaman conservador porque defiendes el capitalismo y la innovación tecnológica. Los liberales nacionalistas te llaman conservador porque defiendes esa unidad en lo esencial que constituye la base de la civilización y el desarrollo social. Los abortistas te llaman conservador porque defiendes la vida y el futuro de los nonatos. Ahora solo queda que los conservadores de verdad te llamen conservador porque siempre has mantenido la idea de que el conservadurismo es en realidad un relativismo con esmoquin y pajarita. Si defiendes la unidad de la nación te llaman conservador. Y si defiendes su fragmentación te llaman progresista. De donde se deduce que la unión, la creación, la internacionalización y la integración son atavismos, y la división y destrucción encabezan el progreso. Por supuesto, nadie está hablando de una cultura única sino de una unidad en lo esencial, SÓLO EN LO ESENCIAL. Además, nadie afirma que la unión sea buena de por sí. Lo que hace buena a la unión son los principios que respaldan la misma. Pero luego, la condición para que esos principios se apliquen es que exista algún tipo basal de unida

Martes, 23 de mayo de 2017 a las 09:31 UTC+02

El sistema inmunológico tiene hasta tres barreras distintas que evitan la entrada de patógenos en el organismo. Las células de nuestro cuerpo están repletas de mecanismos para expulsar las toxinas y demorar la entrada de virus y demás agentes infecciosos. Antes de llegar al núcleo, estos agentes deben atravesar una membrana externa y otra nuclear. Todo el cuerpo es una barrera detrás de otra. En estas, llega el liberal hodierno a la evolución y reduce todas sus explicaciones sobre inmigración a una política de fronteras abiertas. Si alguien no tiene claro cuál va a ser el desenlace que trae ésta falta de estrategias, es que no sabe nada de biología.

Jueves, 11 de mayo de 2017 a las 19:18 UTC+02

Existen tres posibles placeres que te esperan a la vuelta de la esquina cuando decides invertir en bolsa siguiendo las enseñanzas de la escuela austriaca y del propio Paramés. El primero es sentir que te estás aprovechando de la estupidez ajena. El segundo es sentir que contribuyes a minimizar el impacto negativo que tiene esa estupidez a nivel social y que es resultado de todas las malas inversiones que realiza la gente al cabo del día. Y el tercero es la propia felicidad que obtienes al ganar dinero y mejorar tu nivel de vida.

Lunes, 8 de mayo de 2017 a las 10:31 UTC+02

Te pasas la mitad de la vida intentando demostrar la existencia de unos principios axiomáticos de necesario cumplimiento, lees mil libros de filosofía y otros tantos de metafísica. Tampoco escatimas la lectura científica, para tener una visión de conjunto verdaderamente universal. Intentas encajar ese conocimiento para fundamentar aún más la idea de libertad. Lo aplicas a las ciencias naturales y sociales. Y al final del camino viene alguien y te dice: “no has hecho mucho, todos defendemos los mismos principios, yo también creo en la libertad y la propiedad privada”. 😨 Vamos a ver. Que parte del argumentario no se entiende! Una cosa es defender los mismos principios y otra muy distinta llevarlos hasta sus últimas consecuencias.

Viernes, 14 de abril de 2017 a las 20:26 UTC+02

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Pero lo que en realidad pasa es que hay miles de personas que no son capaces de leer una sola palabra. Lean… y después miren… y verán las cosas con otros ojos. Los libros te aportan una visión preciosista y detallada del mundo que no tiene sustituto. En cambio, las imágenes apenas alcanzan a rascar la superficie especiosa de la realidad y los fenómenos.

Martes, 11 de abril de 2017 a las 14:53 UTC+02

El anarquismo de mercado es otra forma de irracionalismo. En realidad, existen dos modelos básicos de irracionalismo. En uno se inventa la realidad. En el otro se obvia una parte considerable de la realidad. El primero es un irracionalismo religioso. El segundo es un irracionalismo secular. El primero está representado por diversas congregaciones y grupos de devotos. El segundo está motivado por millones de votos populares y movimientos políticos que, en unos casos niegan la realidad del individuo (socialismo, comunismo) y en otros niegan la realidad del colectivo (anarquistas de mercado). Se trataría por tanto de pasar por alto uno de los niveles estructurales que existen en la naturaleza. Esa es básicamente la manera que tienen los laicos y los profanos de tergiversar también la realidad, y potenciar de ese modo lo irracional y lo pasional, concediendo a la razón un papel secundario en el concierto intelectual.

Lunes, 3 de abril de 2017 a las 21:59 UTC+02

El materialismo dialéctico descubrió América varios siglos después de que la ciencia ya hubiera asumido que el mundo está hecho de materia que cambia y se transforma continuamente. Para ese viaje no hacían falta estas alforjas. No obstante, los marxistas creen haber hecho un descubrimiento revolucionario. Si a esto añadimos que su teoría sobre la materia y el cambio es completamente falaz, ya tenemos todos los ingredientes para cocinar una tiranía: arrogancia e ignorancia.

Jueves, 30 de marzo de 2017 a las 23:06 UTC+02

Lo único que cabe hacer es seguir luchando eternamente contra el maléfico, contra el socialismo. Puede ser una idea muy pesimista. Pero la vida es así. Igualmente tendremos que enfrentarnos siempre a una muerte segura. No queda otra. Y el socialismo también es muerte.

Jueves, 30 de marzo de 2017 a las 15:30 UTC+02

En los telediarios de la mayoría de canales sale la noticia de que algunas asociaciones denuncian supuestos machismos en los anuncios publicitarios que usan a la mujer como objeto simplemente por explotar visualmente alguna de sus características físicas. Esto, aparte de ser una solemne gilipollez, de prosperar dejaría sin trabajo a miles de mujeres. Y además lo dicen en los telediarios, donde todas las presentadoras son bastante monas. Hipocresía infinita.

Jueves, 30 de marzo de 2017 a las 15:25 UTC+02

La libertad de expresión no es un principio absoluto. Está supeditado a un presupuesto todavía mayor: el respeto a la vida y a todo lo que ésta significa. No todas las expresiones cumplen con ese respeto. En algunos casos la apología del terrorismo o la instigación del asesinato son verdaderamente ominosos. La libertad de expresión cumple el cometido social de generar respeto, crítica, diversidad y apertura. Pero cuando esa libertad se usa para apoyar todo lo contrario, el principio pierde todo sentido y entonces no es necesario consentirlo. La linea que separa el respeto de la libertad de expresión de su condena firme puede ser algo confusa y discutible. Pero no me voy a rasgar las vestiduras si un tribunal condena las expresiones de una persona.

Martes, 28 de marzo de 2017 a las 12:34 UTC+02

El problema ético tiene que ver sobre todo con la defensa de la libertad individual y no tanto con el agente que protagoniza esa defensa. La ética se basa en hechos y su juicio no debe favorecer a autores concretos. Para algunos aspectos que tienen que ver con la naturaleza de los principios, dicha égida solo la puede acometer un órgano general. Asi que la forma ética más elevada es aquella que no escatima recursos y que atiende a todas las posibles soluciones, vengan de donde vengan, de los individuos o del Estado.

Lunes, 20 de marzo de 2017 a las 19:59 UTC+01

Es ciertamente kafkiano que los liberales, para justificar la defensa del liberalismo y la forma de organización social más evolucionada, tengáis que acudir a ejemplos como los de los mocosos que según vosotros ya tienen conciencia de propiedad, o las tribus primitivas que viven en anarquía.

Sábado, 18 de marzo de 2017 a las 17:31 UTC+01

Es increible las falacias a las que pueden llegar algunos libertarios cuando dicen defender la propiedad privada o la libertad absoluta de cualquier persona con respecto a cualquier cosa. Ni entienden la libertad ni entienden la propiedad El liberalismo no se basa en defender cualquier cosa. Se basa en proteger la libertad y la vida. Y por tanto lo que hay que determinar es si el feto es un ser con derecho a la vida y no si la madre es un ser con derecho a hacer con su cuerpo lo que le dé la gana

Sábado, 18 de marzo de 2017 a las 17:30 UTC+01

El liberalismo no se basa en defender cualquier cosa. Se basa en proteger la libertad y la vida. Y por tanto lo que hay que determinar es si el feto es un ser con derecho a la vida y no si la madre es un ser con derecho a hacer con su cuerpo lo que le dé la gana

Martes, 14 de marzo de 2017 a las 19:37 UTC+01

Lo único malo de defender la tecnología del coche eléctrico es que tengas que compartir lugares comunes con personas que despotrican en contra de los combustibles fósiles.

Domingo, 12 de marzo de 2017 a las 00:55 UTC+01

Siempre me gusta comparar estas afirmaciones con la ciencia auténtica. Qué pensaríamos si Einstein hubiese renegado de Newton de la misma manera que algunos libertarios de hoy reniegan del liberalismo clásico? Pues eso.

Jueves, 9 de marzo de 2017 a las 19:37 UTC+01

Tal vez sea verdad que sólo somos polvo en el viento, como dice la canción. Seguramente desaparecerá todo lo que hemos construido cuando el universo entero colapse sobre su propio peso, o se extienda hasta quedar reducido a la nada. Pero lo que es seguro es que nadie va a arrebatarme éste tiempo y éste espacio. Hagan algo con sus vidas, ahora que pueden.

Domingo, 5 de marzo de 2017 a las 21:03 UTC+01

La ética y la utilidad van de la mano. Un valor es útil porque es ético y a la inversa. La libertad es buena porque funciona y por eso es ética. No puede existir un valor que sea funcional y que no esté basado en la libertad porque lo funcional es lo verdadero y la libertad es la verdad.

Domingo, 5 de marzo de 2017 a las 12:39 UTC+01

El verdadero radical, el que lleva la defensa del principio de la libertad al extremo, el único que la quiere defender desde el inicio, extendida al máximo territorio posible y aplicada al mayor número de personas, es el minarquismo. Los tibios socialdemócratas son los anarquistas de mercado, que dejan esa defensa en manos del azar o el orden espontáneo, permitiendo que dependa del populacho, de los gustos particulares de cada individuo, comunidad o región, y permitiéndose el lujo de soñar con un sistema irreal, sin un control general claro, y en el que lo único radical que se defiende es la ausencia del Estado y no la defensa de la libertad.

Miércoles, 1 de marzo de 2017 a las 22:57 UTC+01

Aquí habría que distinguir entre la primera acepción del diccionario que dice que enfermedad es una alteración que se sale de lo normal (y claro que la transexualidad lo es) y la segunda acepción que dice que es una alteración que produce daño. Pues bien cuando naces con cuerpo de mujer y te sientes hombre lo que más daña tu vida es seguir viviendo con ese cuerpo que no reconoces. En ese caso la enfermedad se mantiene mientras no te operes para cambiar tu sexo.

Miércoles, 1 de marzo de 2017 a las 15:15 UTC+01

SOBRE LA POLÉMICA DEL AUTOBÚS DEL PENE Y LA VULVA No estoy de acuerdo con lo que dicen muchos liberales. No estoy de acuerdo ni con aquellos tontos que dicen que el género no existe, ni con estos que afirman que todo está muy claro y que somos hombres y mujeres sin dudas sexuales acerca de nuestra condición. Porque seamos sinceros, el autobús no viene a manifestar solo que los niños tienen pene y las niñas vulva. Intenta adoctrinar a los niños para que crean que la homosexualidad es una enfermedad psíquica y debe ser erradicada o curada. Y por ahí tampoco paso. Yo me niego a que la educación se convierta en un campo de experimentación o un circo mediático de payasos. Yo defiendo la educación de materias importantes, troncales. Todas las demás, educación sexual, educación para la ciudadanía etc… las eliminaría para dejar espacio a las otras y así de paso también nos ahorrabamos toda la polémica. Así que si, estoy a favor de que se prohíba la circulación del dichoso autobús que conduce la derecha conservadora, como también estoy en contra de que la izquierda reparta condones mezclados con golosinas. En general ambos son liberticidas, los primeros con respecto a las libertades sociales y los segundos con respecto a las libertades económicas e individuales Matices: también eliminaría todos los centros de educación pública, lo cual no significa que esté en contra de cualquier legislación estatal en materia de educación. Defiendo un sistema de cheques que ayude de verdad a los más pobres, y un control mínimo para garantizar que los niños no aprenden cualquier chorrada que se les pase a sus padres o a sus educadores por la cabeza. Postdata: lo dicho vale solo para el caso en el que el autobús recorra las escuelas adoctrinando a los menores, diciéndoles lo que tienen entre las piernas. No me opongo a que recorra las calles. Pero hay que recordar que el objetivo último de sus patrocinadores sería ese adoctrinamiento infantil.

Martes, 28 de febrero de 2017 a las 12:30 UTC+01

Jesús Huerta de Soto, en su manifiesto nacionalista, viene a decir lo siguiente: siempre que se cumplan los principios a los que nos hemos referido, un liberal debería apoyar el nacionalismo. Señores: ¡¡siempre que se cumplan los principios!! ¿Y cuáles son esos principios? Pues todos los que defiende el liberalismo clásico. Por tanto, eso no es nacionalismo. Huerta de Soto crea una gran confusión entre los más advenedizos al denominarlo así. Eso es una única nación libre asentada sobre unos valores simples y claros. Eso es el minarquismo liberal de toda la vida.

Domingo, 26 de febrero de 2017 a las 17:41 UTC+01

Vale ya de tanta tontería. La ingesta de leche es producto de una adaptación favorable. Somos hijos del neolítico. La leche es un producto más que trajo esa fabulosa revolución que consistió en la domesticación de plantas y animales. La leche es fruto de la revolución neolítica como las fábricas lo son de la revolución industrial. Ir en contra de la leche es como ir en contra del telar, la jornada laboral, o el carbón. Es una especie de ludismo alimentario. Los vegetarianos y los animalistas son los luditas de la dieta. Igual que hay luditas de la revolución industrial, e igual que empiezan a aparecer luditas de la revolución robótica en ciernes que pronostican que las máquinas nos van a dejar sin trabajo, también hay luditas de la revolución neolítica que se oponen a todo lo que tenga que ver con la domesticación de los animales y el consumo de sus derivados. ¡A ver si empezamos a creer en el progreso de verdad!

Sábado, 25 de febrero de 2017 a las 15:24 UTC+01

Ser objetivista lleva a muchos a no contemplar el enorme legado de la filosofia. Es como si yo me declarara darwinista y no apreciara los avances en otros campos de la ciencia previos o posteriores a Darwin. Si ya se, los objetivistas también admiran la figura de Aristotélica. Pero nada más. Casi no existe filosofia o conocimiento fuera de estas dos autoridades. Y muchos se atreven incluso a disputarles las ideas a los científicos más consumados. Por eso me suscribo a las ideas de Ayn Rand, considero su importancia, el enorme placer que entraña su lectura, pero no soy objetivista. Aspiro a ser filósofo, o cuanto menos amante de la filosofía en su sentido más amplio.

Lunes, 20 de febrero de 2017 a las 11:01 UTC+01

Yo lo que defiendo es la ingesta de todo tipo de alimentos en proporciones bajas. Por eso me rio cada vez que sale un nuevo estudio que habla mal sobre algún tipo de alimento, desmontando la paranoia de todas esas dietas que favorecen un tipo de comida por encima de otro.

Sábado, 18 de febrero de 2017 a las 03:35 UTC+01

Los cenutrios y los zangolotinos, que son mayoría, ante cualquier leve problema, dirigen su mirada acusadora hacia el empresario o el burgués. Luego van a trabajar a sus empresas, para no caerse muertos de hambre. Y votan con fervor a los políticos, para no caerse de hinojos delante de otros crucifijos. Los liberales, que somos los menos, dirigimos nuestro dedo acusador hacia los políticos y los burócratas. Y no santificamos ningún tótem estatista. Pero somos minoría. La religión es el opio del pueblo. No hay mucho que hacer.

Domingo, 12 de febrero de 2017 a las 22:33 UTC+01

Nacionalista liberal, creo que no tienes en cuenta la dinámica interna del socialismo. Dices que un país pequeño se vería obligado a comerciar o morirse de hambre. Precisamente, a los políticos les importa un comino cómo vaya el país mientras se enriquezcan unos pocos. Y eso lo pueden hacer esclavizando a la mayoría.

Jueves, 9 de febrero de 2017 a la 01:49 UTC+01

Frases como “derecho a decidir” o “los problemas políticos se deben resolver sólo desde la política” son tan estúpidas y están tan vacías de contenido que me asombra que puedan ser afirmadas por un miembro adulto perteneciente a una especie animal que ha basado todo su éxito evolutivo en la capacidad craneal.

Martes, 7 de febrero de 2017 a las 14:48 UTC+01

Los monos deberían vivir con los monos, en la selva. Para eso sirven los muros y las fronteras. Para separar las especies. Para construir la civilización. Esto no significa que todos los muros sean buenos. Pero sí significa que deberíamos preocuparnos mucho más por purgar las calles de chimpancés que por defender un mundo sin ningún filtro, sin ninguna frontera. Apoyo la libertad de movimiento de capitales, bienes y personas. Pero solo cuando sean bienes y personas de verdad. Los gorilas en la reserva.

Jueves, 2 de febrero de 2017 a las 03:29 UTC+01

Siempre me parecen absurdas las disputas entre aquellos que defienden a los individuos y aquellos que defienden a los colectivos. Ambas entidades existen. Lo único que hay que entender, y aquello por lo que yo me considero individualista y liberal, es que los individuos son la referencia principal y la base para desarrollar la teoría y para elaborar el principio de comportamiento.

Domingo, 29 de enero de 2017 a las 13:28 UTC+01

Los éxitos que más emociones mueven (los deportivos) son los que menos contribuyen al progreso de la humanidad. En cambio, aquellos que más contribuyen al progreso (los científicos) son los que menos emociones mueven.

Martes, 24 de enero de 2017 a las 12:15 UTC+01

Los políticos son corruptos porque tienen muchos incentivos para serlo. Pero también porque el ser humano muchas veces es un miserable y está corrompido por dentro.

Domingo, 22 de enero de 2017 a las 20:36 UTC+01

Los mercados son distintos. Pero no todos los bienes son heterogéneos. La condición de posibilidad que necesita cualquiera de esos mercados para existir es un requisito universal y homogéneo. Vosotros los anarquistas sois incapaces de diferenciar esas dos categorías, lo universal y lo particular. Ese es vuestro error ontológico y epistemológico, y el origen de todas vuestras contradicciones.

Viernes, 20 de enero de 2017 a las 19:01 UTC+01

Las temperaturas se desploman. La demanda energética sube. La oferta se encarece. Se impone el precio marginal que establecen las eléctricas más caras del mercado. Todo muy lógico. Pero como vivimos en un mundo de palurdos y mercachifles, todo el mundo corre a decir que se viene el fin del mundo. Extrapolan los valores actuales de la energía para pronosticar un gasto adicional en la factura de cientos de euros a final de año. Calculan que moriran de frio al menos algunos miles de personas. Quieren intervenir todavía más el mercado de las energías, sin tener en cuenta que eso incrementará el coste aún más. Quieren fijar precios, desconociendo completamente los factores naturales que influyen en esos valores. Esto es un cataclismo -nos dicen. Pero en unos días todo volverá a la normalidad, salvo el comportamiento irracional de todos estos “expertos” de la economía, que seguirá mostrando un grado de anormalidad cada vez mayor. Parece que se reafirman con cada nuevo fracaso o falso pronostico de sus tesis elementales. Ignoran por completo la ley de la oferta y la demanda, la teoría marginalista, la tabla del dos. Se hacen llamar economistas. Dicen que han estudiado. Pero son un atajo de inútiles. Una caterva de físicos y químicos de pacotilla jugando a ser científicos, intentando determinar el grado de solubilidad de una sustancia concreta sin aceptar primero la existencia del átomo.

Viernes, 20 de enero de 2017 a las 19:01 UTC+01

El discurso de Trump ha estado marcado por una contradicción imposible y un error flagrante. La contradicción: 1. Vamos a eliminar el terrorismo islámico de la faz de la Tierra. 2. No vamos a invertir y despilfarrar más recursos en guerras por el mundo. El error: Vamos a proteger y favorecer nuestras empresas para que nuestra nación sea mucho más rica y grande. Pero el nacionalismo empresarial no produce beneficios netos. Solo el libre mercado los produce. Las empresas no son buenas o malas por ser de un país concreto. Son buenas si venden más bienes y satisfacen más necesidades. Por eso las empresas deben competir en el mercado internacional y sobrevivir sólo si benefician al consumidor medio. Si se protegen las empresas del propio país, se obliga a los estadounidenses a consumir sus propios bienes, se les prohíbe acceder al mercado internacional y se les impide buscar productos mejores y más baratos alrededor del mundo. Y esto disminuye enormemente sus probabilidades de tener éxito y encontrar aquello que les hace más felices. Mal empieza la legislatura de Donald Trump. Pero no por lo que dice la izquierda, sino porque Trump no es más que otro socialista, un estadista, un socialista de derechas, un nacionalista de mercado.

Viernes, 13 de enero de 2017 a las 19:03 UTC+01

La libertad ofrece las condiciones de partida necesarias para que avance el mundo y el mundo progresa luego gracias a los avances científicos. La evolución de la humanidad consiste en dejar que el individuo actúe libremente (mercado libre) para satisfacer sus necesidades a través de la invención y el descubrimiento (ciencia y tecnología)

Miércoles, 4 de enero de 2017 a las 15:47 UTC+01

Cuanto más combustible fósil usemos y mas CO2 produzcamos, antes llegaremos a la etapa en la que podremos usar la tecnología para prevenir cualquier desastre. El peligro no es el cambio climático. El peligro reside en esas excusas baratas que buscan defender la idea de que hay que detener el avance del hombre porque pone en riesgo el planeta. El planeta solo se salvará si la raza humana tiene el poder suficiente para salvar el planeta. Y esto ocurrirá pronto si no se meten por medio los ecologistas y toda esa ralea de impresentables y agoreros que pretenden asustar a la gente para que vuelva de nuevo a las cuevas.

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Máximo Sandín: máximo exponente del evolucionismo colectivista

Máximo Sandín, profesor emérito de la Universidad Autónoma de Madrid, es la única persona que conozco capaz de decir dos palabras e incurrir en tres errores. La tergiversación a la que somete a la teoría evolutiva de Darwin sólo tiene parangón en el ámbito del creacionismo más casposo y antediluviano. Cada frase que utiliza es peor que las anteriores. Su discurso está plagado de sesgos y rumbos equivocados, que emplea a diestro y siniestro para arrimar el ascua a su sardina ideológica, impúdico frente a los hechos de la realidad, impreciso con la historia de la ciencia. La teoría evolutiva es una construcción intelectual enorme, que no merece las simplezas que le dedica este señor.

En esencia, la tergiversación de marras consiste en decir que la teoría darwiniana, así como el capitalismo, sistema social que se trata de equiparar a la primera, describe un mundo de competencia salvaje en el que no hay cabida para la colaboración y la cooperación naturales. En este escenario, Darwin aparece como un burgués irrestricto de hábitos excéntricos que vive de explotar a la gente en el interior de la campiña inglesa.

Pero vayamos a los hechos. Darwin tiene un tratado delicioso donde aborda la vida natural de las lombrices de tierra, unas criaturas de lo más insignificantes pero con un papel biológico nada desdeñable. En ese libro se repasan todos los beneficios que los susodichos anélidos estarían procurando al ecosistema. Casi tan desconocidas como las propias páginas que dan cuenta de ellas, estas diminutas criaturas se dedican día y noche a horadar en la tierra, movidas única y exclusivamente por su voluntad de sobrevivir, atendiendo a sus necesidades vitales, y mirando solo por su beneficio. Pero generando al mismo tiempo un provecho difícil de cuantificar, que llega a tener dimensiones planetarias. Y es que al autor del Origen de las especies jamás se le pasó por la cabeza que la competencia salvaje (y el impacto negativo) fuera la única fuerza evolutiva que opera en la naturaleza. Sería absurdo pensar que nadie coopera y que todos se aniquilan a la menor oportunidad.

El problema básico de Máximo Sandín viene determinado por su ideología política, y por la ceguera sobrevenida que ésta ideología le provoca. Su idea de sociedad, vinculada con la izquierda, le lleva a exagerar el papel que tiene el colectivo como entidad organizadora, al tiempo que ningunea el interés egoísta y privado de los individuos y de todas las formas de supervivencia. Y como quiera que todos los organismos sin excepción buscan su éxito reproductivo impelidos primero por el interés particular que despierta la competencia con otros especímenes, lo que acaba defendiendo Máximo es una caricatura de la evolución, una exégesis falsa.

Claro que los individuos compiten entre ellos: a veces se matan. La lucha de vencedores y vencidos forma parte del espectáculo de la vida, para algunos significa el éxito, y eso es lo único que hace falta para transmitir los genes a las siguientes generaciones, y existir como tales, aunque sea a costa del resto de seres vivos. Pero esto no es óbice para constatar que la vida es mucho más que una competición a muerte. La mayoría de las veces los organismos siguen una segunda estrategia de supervivencia que no está reñida con la primera, pues ambas tienen como objetivo la prevalencia de determinados fenotipos y genotipos. Hay dos maneras de obtener beneficio, compitiendo a muerte o cooperando. Y es esta segunda forma de persistencia la que más extendida está en todos los órdenes y reinos de la naturaleza. No en vano, nunca se podrían haber creado estructuras más complejas si los genes, las células y los organismos no hubieran establecido vínculos estrechos para convertirse en genomas, tejidos y poblaciones. Decir que la teoría de Darwin solo describe una competencia aniquiladora es desconocer por completo las bases históricas y racionales que enhebran dicha teoría. Justificar además la crítica al capitalismo, bajo esta absurda admonición del darwinismo, supone un acto de ignorancia sin precedentes. No se puede obviar la idea central que dirige toda la producción, la oferta y la demanda de bienes, y la evolución humana, y al mismo tiempo erigirse en defensores del progreso social.

La mano invisible de Adam Smith representa la búsqueda particular de beneficios, expresada no como una fuerza exterminadora y agresiva, sino como una fuente continua de cooperaciones y de todo tipo de simbiosis colectivas, las mismas que actúan en la biología favoreciendo a aquellas especies o individuos que han aprendido a colaborar y sacar partido de ello. Solo es necesario entender qué es lo que quiso decir el economista con esa expresión. Cualquier beneficio comunitario tiene su origen en el interés egoísta que mira solo por el beneficio propio, pero que se ve obligado a satisfacer también un interés ajeno al suyo. Los comunistas, los socialistas, y los evolucionistas como Máximo Sandín, se saltan ese primer requisito, basado en el individuo, y conciben el colectivo como una suerte de emergencia mágica que surge por arte de birlibirloque (que curiosamente hay que forzar), con unos deseos igualitarios y unos objetivos comunes. Incapaces de explicar las razones atómicas que llevan a la creación de los sistemas complejos, denigran los intereses particulares, por mor de la masa, y con ello terminan secando la fuente de toda cooperación, que no es otra que la intención particular de cada individuo por salir adelante y sobrevivir, el eje vertebrador de cualquier éxito reproductivo, y la razón última también de que todos tengamos pan encima de la mesa, cualquier día del año, como decía Adam Smith. No es mi interés lo que hace que pueda comer una barra de pan, sino el interés del panadero por salir adelante vendiendo barras. No es el interés de una planta lo que la lleva a disponer de un terreno oxigenado y removido, apto para enraizar, sino el interés de un anélido insignificante por sobrevivir y granjearse un futuro mejor comiendo y procesando la tierra. La supervivencia del más apto no implica necesariamente la muerte de todos sus competidores, antes bien, es la causa principal que hace aflorar la cooperación entre muchos de ellos. Sin interés particular no hay cooperación, pues no existe colaboración posible si no hay un beneficio mutuo, y no habrá un beneficio mutuo si no existe un interés egoísta que impulse a los participantes a colaborar al objeto de obtener alguna ventaja para sí mismos. No es difícil de comprender: el beneficio personal asegura la existencia de los individuos, los cuales a su vez garantizan la existencia del colectivo. El problema sempiterno de socialistas y comunistas es que siempre han buscado una colectivización en ausencia de egoísmo, sin entender que la auténtica cooperación nace de la ambición personal y el intercambio voluntario, de la misma manera que las moléculas surgen a partir de átomos individuales que intercambian fuerzas.

Máximo Sandín es otro colectivista más. En este caso lo que hace es crear una caricatura de Darwin para, a continuación, defender una sociedad alejada del capitalismo y el poder económico, una sociedad que coopera sin atender a la demanda, el egoísmo, y los deseos subjetivos de cada uno de sus componentes, una sociedad infundada. Darwin supo, ya desde el primer momento de su vida como naturalista, que nada puede existir si no se procura un beneficio particular. El axioma no tiene ninguna brecha. Simplemente, las cosas dejan de existir cuando dejan de obtener beneficios que permiten que permanezcan más tiempo. Y esta afirmación se aplica sobre todo a los ladrillos más fundamentales de la estructura compleja, aquellos que constituyen sus partes individuales. Todos los individuos son egoístas; es obligatorio que lo sean. Su existencia depende siempre de un beneficio particular incuestionable. Ahora bien, en muchas ocasiones ese beneficio elemental viene procurado por la colaboración con otros organismos, y solo se alcanza a través del beneficio y el equilibrio general del que son partícipes todas las criaturas implicadas.

El capitalismo, así como la biología, se basa en múltiples relaciones voluntarias (personales o animales), aquellas que se establecen con total libertad, aquellas que se mueven bajo la seguridad de la propiedad privada, porque se sabe que nadie va a venir a deshacer lo que se ha acordado y logrado, que nadie robará el fruto del trabajo de un tercero, que nadie minará la moral y la motivación personal (egoísta) de quienes buscan mejorar sus vidas a través de la colaboración que surge del hecho de producir, vender y comprar bienes en el mercado libre. Todo lo demás es una burda falsificación. Sandín utiliza el concepto de competencia para construir un espantajo del capitalismo y la evolución, con la intención de infundir temor a sus alumnos, un muñeco de paja inmóvil que poder sacudir mientras se ríe de todo a mandíbula batiente. Se suele decir que la facultad de ciencias políticas es un nido de zurdos y comunistas. Pero no se diferencia mucho de las facultades de ciencias ambientales: aquí también se aparece el fantasma de Stalin. Y a veces se puede ver recorriendo los pasillos una figurilla muy parecida a aquella que representó el ala oficial de la biología dentro del aparato comunista ruso: la escuela de Lysenko. Resulta bastante bochornoso pensar que puede haber profesores de universidad que claman, todavía hoy, en contra del darwinismo. 

En definitiva, lo que Máximo Sandín no entiende (o no quiere entender) es que la auténtica cooperación nace siempre del egoísmo interesado. Y no comprende tampoco que la sociedad se funda en el mismo principio. Darwin, a pesar de pertenecer a una clase acomodada, o tal vez por ello (disponía de suficientes recursos y de mucho tiempo libre para pensar), supo inspirarse en los mejores economistas y describir la realidad que le rodeaba mejor que nadie, sin los sesgos ideológicos que el propio Sandín acusa en cada una de sus frases.

La apelación al colectivo es el recurso más manido de comunistas y socialistas. Su obsesión por la igualdad y la justicia social les lleva a fundar sus ideas en una visión de conjunto (holística) que les impide apreciar la constitución elemental y la argamasa de la que está hecho cualquier sistema complejo. Este acto es una violación flagrante del principio epistemológico más importante en la ciencia: el método reduccionista. Cuando esa violación es cometida por sociólogos y políticos con escasa formación, tenemos afines al régimen comunista. Si, además, los paladines del régimen son biólogos de carrera, aparecen individuos tan tétricos como Lysenko, que en tiempos del pogromo soviético se dedicaron a ensalzar a Stalin al tiempo que negaban la genética mendeliana, o personajes tan pintorescos como Máximo Sandín, que todavía hoy se atreven a contradecir los postulados básicos de la teoría de la evolución de Darwin, por mor de un colectivismo inane incapaz de explicar nada.

Es importante señalar que el eje vertebrador sobre el cual pivotan todas las ideas de Sandín es la destrucción del concepto de individuo y su suplantación por la idea de colectivo o comuna. Esta pretensión tiene un rancio abolengo en la política y la economía, donde se ha usado para defender todo tipo de posturas cercanas al comunismo. La utopía totalitaria que conocemos como marxismo no tiene otro objetivo que el de hacer que las personas pierdan su estatus de individuos, dejen de ser sujetos, abandonen el interés por emprender, se integren en la masa, y pasen a formar parte del comité de marionetas que reciben al régimen movidas todas al mismo tiempo, sostenidas por los hilos del Estado. El programa de igualación puede variar en intensidad dependiendo del régimen del que estemos hablando, pero siempre es un intento burdo de equiparar las rentas y los resultados de todos los ciudadanos, al objeto, según nos dicen sus acólitos, de eliminar la pobreza y las injusticias del mundo. El análisis en cuestión es bastante deleznable (utilizo deleznable en sus dos acepciones: despreciable e inconsistente). Quienes así piensan suelen Identificar la pobreza con la desigualdad, y la desigualdad con la inmoralidad, el favoritismo y el abuso. Para ellos, toda forma de desigualdad es de por sí un caso grave de atropello a las libertades de las personas. Pero hete aquí que la desigualdad es la única manera que tiene la naturaleza de gestionar los recursos y ordenar sus cosas. Sin desigualdad no existirían intereses, ni motivación, ni división de trabajo. Todos los sistemas están formados por elementos disímiles, cada uno con sus propias funciones, características y demandas, las cuales, si no se cumplen, conducen inevitablemente al desmoronamiento de toda la estructura. Los elementos que componen cualquier conjunto de cosas contribuyen, cada uno a su manera, a crear la organización compleja, y no se pueden obviar sus diferencias elementales sin poner en riesgo las valiosas contribuciones que acaban dando lugar al sistema en el nivel superior. El problema de Máximo Sandín, así como el de otros tantos holistas y colectivistas, es precisamente el de incurrir, una y otra vez, en esa grave omisión. No se puede explicar ningún sistema complejo si antes no entendemos sus partes, y no se pueden entender sus partes si no somos capaces de aceptar la inerradicable diferencia que define y caracteriza a cada una de ellas. No es extraño por tanto que los colectivistas sientan un rechazo acerbo hacia el método reduccionista de la ciencia, que pretende describir el mundo acudiendo primero a las partes que constituyen una determinada estructura. Y de ahí viene también su rechazo del capitalismo y el libre mercado, y su apego a todas aquellas ideologías totalitarias y uniformistas que, de una u otra manera, niegan y laminan las diferencias, las discrepancias, y las libertades individuales (y con ellas también la propiedad privada, el libre emprendimiento, la riqueza, la excelencia, los deseos de mejora y los acicates de la vida) en favor de una suerte de estado colectivo monitorizado, inaceptable desde todo punto de vista, infundado, insostenible, asfixiante, entumecido, mágico, e ineficaz.

Máximo Sandín tiene el aspecto externo de un sindicalista de Comisiones Obreras, barbudo, gordinflón, rollizo. Habla de poderes económicos, de fuerzas fácticas, se pelea con las farmacéuticas: no quiere manipular la naturaleza, solo respetarla. Defiende la redistribución de las rentas. Denuncia que la ciencia también participa del sistema de poderes que acumula el capital. Afirma que el método científico tiene la obligación de estar abierto a la duda permanente, y lo dice para denunciar el ostracismo que sufre dentro de la academia, como si eso ya fuese suficiente prueba para avalar sus cuestionamientos. Sus conferencias están imbuidas de una humildad casi insoportable, impostada. Dice que solo viene a aportar datos, que no quiere hacer juicios de valor, pero luego se pasa toda la charla hablando mal de la persona de Darwin, haciendo juicios ad hominem, resaltando su fama de eugenista y su formación de clérigo. Porque a Sandín también se le nota la vena anticlerical que tienen todos los creyentes en el materialismo dialéctico. Como si la suya no fuera también una religión. Sandín ha cursado estudios en la universidad de la Habana. Es amigo acérrimo de Joseph Pamies, un pseudocientífico que apoya las medicinas alternativas sólo cuando él no está enfermo. Sandín es zoólogo de formación. Aterrizó en la genética de forma tardía. Esto puede explicar algunas cosas. En realidad, todos estos detalles de su vida no tendrían ninguna relevancia si no fuera por el contexto en el que son expuestos: una vida dedicada a defender en cuerpo y alma el evolucionismo colectivista, la versión biológica del comunismo político. En este contexto, las anécdotas más insignificantes son claros indicios que marcan una tendencia como la suya (heterodoxa), y ayudan a entender mejor de qué pie cojea nuestro amigo. También es conveniente situar a Darwin en su contexto histórico, para no caer en la trampa que nos tiende Sandín, distrayendo nuestra atención con comentarios que hablan del racismo y la xenofobia que al parecer deja traslucir Darwin en alguna ocasión, con la intención manifiesta de que rechacemos toda su obra. Darwin era un hombre de su época, hay que entender eso también. Pero la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. Newton era un prolífico alquimista y no por eso se nos ocurre decir que la ley de la gravitación es un completo fiasco. 

Otra característica de la mentalidad colectivista, que limita también el discernimiento de Sandín, es aquella que lleva a pensar que la afirmación de las razas, o la descripción de algunas características superiores en unas y otras, es un primer paso para defender la eugenesia y el perfeccionamiento de la especie humana, como si la mera descripción de una debilidad ya fuera motivo suficiente para justificar el exterminio de los más débiles. Esta disonancia cognitiva lleva a Sandín a relacionar el nazismo con la figura de Darwin, cuando este todavía no había aparecido en Alemania. Los colectivistas no soportan ninguna superioridad, lo cual conduce a que muchos de ellos no entiendan ni respeten aquellas superioridades beneficiosas (y merecidas) que son fruto de la excelencia, el trabajo bien hecho, el servicio a los demás, la especulación mercantil, el descubrimiento de una oportunidad de negocio, la cobertura de una necesidad humana, el intercambio voluntario, y todas las relaciones que llevan a que las personas salgan de la pobreza y sean cada vez más ricas sin necesidad de usar la violencia. Como no admiten ninguna superioridad, es que tampoco permiten que la sociedad en su conjunto camine hacia un estado superior de evolución.

El batiburrillo de ideas inconexas, críticas ad hoc, y citas desordenadas que acompañan a Máximo Sandín, en todas sus conferencias, es difícil de asimilar si uno no tiene algunos conceptos claros. Desde luego, no se entendería si no apreciasemos una unidad básica: su discurso está marcado por una obsesión patológica, un rechazo beligerante de la figura de Darwin. Al mismo tiempo se observa una predilección, rayana en la idolatría, por la teoría de Lamarck, la alternativa que por aquella época se barajaba como una de las mejor posicionadas para describir la fuente principal del cambio evolutivo por selección natural. A Sandín ni siquiera le llega la cabeza para entender que, aunque la evolución lamarckiana puede estar actuando en algunos casos concretos, no por ello debemos abandonar la idea de que la teoría darwiniana explica la gran mayoría de fenómenos biológicos. Es una realidad incuestionable que las especies no evolucionan por cambios en su parte somática (como afirmaba Lamarck). Lo hacen solo cuando las mutaciones afectan a la línea germinal y tienen la oportunidad de propagarse a la siguiente generación, lo cual no es impedimento para que, en algunas ocasiones excepcionales, algún mecanismo desconocido pueda estar trasladando un cambio somático a los gametos de las gónadas. A medida que conocemos al personaje nos vamos dando cuenta que Sandín es incapaz de distinguir grises, y solo admite una de las varias posibilidades, aquella que le viene bien para ratificar sus creencias.

Pero vayamos caso por caso, viendo las contribuciones que ha hecho el bueno de Máximo a la ciencia de su tiempo (ponemos sus afirmaciones en cursiva):

  • La evolución no está motivada por cambios puntuales en los genes, sino que depende de grandes reordenaciones materiales mediadas por algún factor ambiental. Una de las constantes en Sandín es esa permanente apelación a los factores ambientales como motores del cambio. Por un lado se esmera en recordarnos la enorme complejidad que entraña la biología molecular, los genes HOX, los transposones, el splicing alternativo, la transcriptasa inversa, los virus, etc… y por otro delega cualquier responsabilidad de cambio en el ambiente externo. Hasta tal punto esto es así, que se le puede ver defendiendo la idea de que las enfermedades no se deben en ningún caso a factores endógenos (todas son fruto de infecciones provenientes del exterior). Pero, ¿acaso los genes no se reordenan por recombinación?, ¿no es cierto que existen mutaciones debidas a una lectura errónea de la enzima que duplica el ADN? Sandín pretende negar el papel que juegan algunos condicionantes evolutivos, o bien hace que sean incompatibles. Pero uno no alcanza a entender cómo es posible que alguien supuestamente inteligente, no vea que el cambio azaroso de algunas secuencias genéticas es un ingrediente más en el mecanismo evolutivo, no el único por supuesto, pero sí uno muy importante. No se entiende dónde puede residir la incompatibilidad entre un cambio provocado por el propio mecanismo interno de la estructura biológica y otro propiciado por agentes externos a ella (los dos son posibles). Uno no lo entiende hasta que repara en el hecho de que Máximo Sandín, como todo colectivista que se precie, sólo acierta a ver una parte de la realidad, aquella que le viene bien a sus sistema de convicciones basado en el marxismo. Un cambio interno apela, en cualquier caso, al elemento individual del cual está formado el conjunto, y esto es un agravio a la inteligencia de un comunista. Un lacayo del comunismo no acepta que existan partes independientes que actúen y cambien por su cuenta, puesto que todo tiene que girar en torno a la comuna. Un cambio azaroso también es una ofensa al régimen. Hay que tener toda la situación bajo control. Los prejuicios colectivistas de Máximo Sandín atienden a un sistema de clasificación que ordena las cosas según sea su grado de compromiso con la causa igualitarista. Y esto es algo que Máximo trasplanta sin solución de continuidad al ámbito de la biología, donde defiende posturas maximalistas que terminan negando la existencia más básica, las partes individuales, las unidades discretas de información: los genes.
  • La selección artificial de los animales domésticos, aberrantes, no puede convertirse en base para demostrar la selección natural de las especies normales. ¿Qué son para Sandin los animales aberrantes? Acaso no entiende que ese concepto, utilizado aquí, resulta totalmente absurdo. Un ser vivo no tiene necesidad de ajustarse a la media para ser apto y poder sobrevivir. En la naturaleza salvaje no existe ningún herbívoro que se parezca a una vaca. Pero es que tampoco existe ningún nicho ecológico que sea como una cuadra. En cualquier caso, podemos decir que un organismo es aberrante si adquiere alguna inadaptación. Sin embargo, las vacas son seres vivos perfectamente adaptados a su medio, que no es otro que el entorno que ha creado el hombre para su beneficio. 
  • La evolución no es gradual, opera a grandes saltos. Tampoco soy capaz de entender por qué motivo una cosa no es compatible con la otra. Los cambios pequeños tienen más probabilidad de ser beneficiosos, y en principio debemos suponer que son estos los que determinan la evolución en todas las criaturas. Pero no hay motivo para negar que a veces pueden darse grandes reordenaciones, apareciendo en un breve espacio de tiempo muchos más organismos de los que existían antes. De nuevo la postura maniquea que adopta Sandín a este respecto sólo tiene sentido si la interpretamos desde la óptica de su ideología. Los grandes cambios sugieren la imagen de un sistema biológico sin partes diferenciables, actuando al unísono, en un todo integrado, como lo hace el conjunto de ciudadanos amedrentados que sufren un régimen totalitario.
  • La vida no apareció en la tierra a partir de moléculas orgánicas, sino que vino del espacio sideral. El universo es eterno y la vida es un estado más de la materia. Aquí Sandín sigue acusando los mismos sesgos que le llevaron a abrazar el saltacionismo y el lamarckismo. La vida forma parte del todo. Es la típica visión de un panteísta, acompañada por esa sensación de pertenencia que nos une al cosmos y que a muchas personas les sirve como sucedáneo de la religión. El comunismo no es otra cosa que un panteísmo telúrico, materialista, una religión al fin y al cabo, con sus mártires y sus dioses-hombre.
  • Las especies tampoco pueden aparecer a partir de mutaciones puntuales. De nuevo, Máximo se niega a aceptar que existan elementos discordantes dentro de su visión de conjunto. En este caso manifiesta además un grave desconocimiento en materia de biología (o al menos lo oculta: no puedo creer que un doctorado en ciencias biológicas sea tan ignorante en su campo). Afirma que es imposible que una mutación puntual, en un individuo de la población, que le incapacita para reproducirse con sus congéneres, acabe extendiéndose por esa misma población y dando lugar a dos especies distintas. Habría que explicarle a Máximo cómo se forman las especies. Primero ocurren cambios en las líneas somáticas, que no afectan a la línea germinal, pero que van comprometiendo la anatomía de las distintas poblaciones hasta el punto de impedir que se reproduzcan entre ellas. Esos cambios pueden estar provocados por una barrera física, pero también por cambios genéticos en el ambiente celular (esos que no le gustan a Sandín). Y puede ser que, llegado el caso, estos cambios se acumulen solo en determinados grupos de la población, bien porque se especialicen en explotar algún recurso, bien porque queden aislados. Entonces, una simple mutación puntual (una de tantas), que afecte a la línea germinal de una de tales agrupaciones, será suficiente para impedir que los gametos de dos poblaciones se fusionen, apareciendo una nueva especie. 
  • El dogma central de la biología, a saber, que cada gen es responsable de la expresión de una única proteína y que la información fluye siempre desde el ADN, ha quedado refutado y, en consecuencia, todo el edificio darwinista se ha venido abajo. De nuevo, Sandín es incapaz de disociar dos cosas distintas: las teorías y las leyes. Mientras que una teoría hace referencia a un hecho general demostrado, una ley es un apartado teórico y, por tanto, puede tener ciertas variaciones a medida que ajustamos la teoría. Por supuesto, hoy sabemos que un gen puede dar lugar a varias proteínas (por splicing alternativo), sabemos también que existe ADN saltarín (transposones), ADN no codificante, que el ARN puede retrotranscribirse e insertarse en el genoma para convertirse de nuevo en ADN. Hoy sabemos muchas cosas que ayer desconociamos. Pero solo son detalles que en nada afectan al carácter general de la teoría evolutiva por selección natural. Solo están describiendo el mecanismo concreto por el cual se expresan los genes, mucho más complejo de lo que pensábamos, pero no pone en duda sus fundamentos esenciales: las unidades genéticas siguen siendo objeto de selección tal y como predijo el darwinismo. Igualmente, Darwin no sabía de la existencia de los genes (él los llamaba gémulas), y su descubrimiento posterior no alteró en nada sus teorías. Todo lo contrario, la existencia de unidades de transmisión hereditaria vino a confirmar las ideas de Darwin. Hay que ser muy cortos de entendederas para pensar que un detalle operativo (en el mecanismo de funcionamiento) puede poner en duda toda una teoría completa, basada en fundamentos profundos.
  • La teoría neodarwiniana es un intento desesperado de reparar los desaguisados y las incoherencias que habrían hecho de la teoría darwiniana una construcción intelectual en claro declive. Esta afirmación es para echarse a reír y no parar. Máximo Sandín es incapaz de diferenciar (como siempre) entre distintos niveles de jerarquía. No lo hace en el plano ontológico, cuando rechaza o ningunea el nivel del individuo para exaltar al colectivo, como si las cosas no estuvieran hechas de partes más elementales. Y no lo hace tampoco en el plano gnoseológico, cuando afirma que la teoría sintética es un remedo de la teoría darwiniana que solo busca paliar sus numerosos errores. La genética compleja se creó para dar respuesta a todos aquellos casos de herencia que no podían ser explicados con la teoría mendeliana, pero en ningún caso viene a refutar (o intenta corregir) al padre Gregorio. Mendel demostró la existencia de los genes en las variedades de Pisum sativum, y lo hizo utilizando los casos más sencillos, sin tener en cuenta que a veces los genes pueden tener más de dos alelos, que otras veces esos alelos no mantienen una relación de dominancia simple, o que otras muchas sufren interferencias epistáticas o cromosómicas. Esto le sirvió a Mendel para sentar las bases de la genética molecular en una época en la que no se sabía nada de la existencia de los alelos y los cromosomas. Pero en ningún caso se puede decir que estuviera equivocado. Antes bien, todas las ciencias proceden siempre desde los supuestos más sencillos (reales), y van añadiendo luego nueva información a medida que esta se va obteniendo. No se puede decir que una teoría es errónea sólo porque observe los casos más simples que aparecen en la naturaleza. Los principios se establecen siempre a partir de una generalidad, antes de entender otras situaciones más complejas. Ese es el proceder habitual de toda investigación. Los colectivistas como Máximo Sandín intentan saltarse estos pasos previos, y lo hacen seguramente porque quieren llegar cuanto antes a la panacea utópica que anhelan alcanzar. En su mente hay un diablo que les grita al oído y les dice que la solución es sencilla, consiste simplemente en igualar a todos los humanos por la fuerza (independientemente de sus habilidades o sus méritos), para que no existan diferencias hirientes entre unos y otros. No saben que ese diablillo es la vis cómica de un genocida totalitario, y que su programa de igualación es la muerte del individuo, y por tanto de la sociedad, la misma sociedad que ellos enaltecen como conjunto. No hay moléculas sin átomos. No existen conjuntos sin partes diferenciadas. Ni seres vivos sin desigualdades. Ni cooperación sin competencia. La mente hemipléjica de todos estos colectivistas es incapaz de apreciar las compatibilidades que dan sentido a todas estas dicotomías. Su enfermedad tiene un etiología clara: solo conciben el sistema acabado, cuando todos los elementos se han integrado por completo y solo alcanzamos a ver la superficie especiosa y la emergencia fenoménica. Y sólo conciben así la realidad porque confunden el deseo de que todos mejoremos (legítimo) con el hecho de que todos debamos ser iguales en todos los aspectos (si todos somos iguales es imposible que seamos mejores). Al fin y al cabo, su problema no es distinto del que afecta a cualquier otra religión. Todos ellos confunden los deseos con la realidad y enajenan una teoría que, a todas luces, se parece más a una prédica divina que a una construcción intelectual.

Por fin me he desquitado. Le he dicho a Máximo todo lo que pienso de él. El personaje es una mala copia de Lysenko. Profesor de universidad, parece sin embargo un sindicalista de Comisiones Obreras. Bajo la apariencia de biólogo serio, hay un comunista de libro incapaz de distinguir la importancia que tienen las mutaciones puntuales en el proceso de adaptación. Anticapitalista acérrimo, utiliza a Darwin como espantajo para criticar el libre mercado y atemorizar a los neófitos que acuden desprevenidos a sus clases de evolución humana. Resulta triste pensar que toda una generación de estudiantes se haya echado a perder por culpa de este señor, después de pasar por los talleres de creacionismo que el profesor impartía en la Universidad Autónoma. Sandín niega que su visión tenga algo que ver con el creacionismo religioso. Si no lo es, se parece mucho. En cualquier caso, sus ideas hacen un flaco favor a todos los que, con esfuerzo denodado, han conseguido poco a poco que la gente deje de creer en Adán y Eva.

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Un paso adelante y dos atrás: ascenso y hundimiento de la humanidad

Marble statue of a bearded Hercules?Roman, Flavian period, A.D. 68-98

La comprensión del mundo procede a través de tres etapas básicas. Primero es la ignorancia la que lleva las de ganar, haciendo que la gente abrace toda suerte de ficciones. Aquí se inventan los mitos, las leyendas, las quimeras, y se da pábulo a los chamanes y los aprendices de brujo. Luego aparece la ciencia y la razón, que, a caballo del sentido crítico, va desentrañando poco a poco todas las causas reales que están detrás de los fenómenos naturales. Finalmente, cuando la ciencia agota su campo de estudio, y la teoría queda establecida en sus términos generales (y ya solo puede reconfirmarse o detallarse), aparece de nuevo una horda de estúpidos que, al no poder realizar un descubrimiento significativo, empiezan a proponer teorías absurdas para alimentar su vanidad o para que parezca que todavía tienen algo importante que decir. Hasta tal punto esto es así que se puede saber si una ciencia ha llegado a su madurez por el número de imbéciles que dicen tener la solución a algún problema.

Sinceramente, creo que estamos iniciando esta tercera fase. El Renacimiento, la Ilustración y los avances del siglo XX han dilucidado ya los principales problemas a los que se enfrentaba el mundo a la hora de conocer cómo funciona el universo. Por tanto, ahora solo queda aplicar el conocimiento y ponerlo al servicio del hombre, y, si acaso, desentrañar algunos asuntos técnicos complejísimos para los cuales casi nadie tiene la suficiente preparación. Es por eso que han empezado a aparecer un sinnúmero de estudios nuevos que pretenden colarse en los cenáculos académicos por la puerta grande, con poco más que unas frases hechas y algunos conceptos abstrusos y alambicados. ¿Cuántas tesis doctorales que se escriben hoy pasarían la prueba del nueve? El posmodernismo, con sus cuadros hechos de cáscaras de nueces y mondas de plátano, con sus imposturas intelectuales y su relativismo irracional, es la muestra más palpable de que estamos entrando en la tercera etapa. Ya se han pintado todas las obras y se han confirmado todas las teorías importantes. Ya se han alcanzado todos los derechos que antaño eran objeto de reivindicación. El fin de la ciencia augura un futuro de imposturas gobernado por una multitud de imbéciles y soberbios que quieren cambiar el mundo aunque sea para mal, haciendo que retroceda. Hasta los humanistas se aburren. Para no caer en la abulia hay que inventarse nuevas situaciones. Pero no pueden ser las mismas. No podemos levantarnos de nuevo y caminar otra vez a hombros de gigantes. Primero tenemos que caer. Así las cosas, las universidades ya empiezan a mover algunos hilos: imparten grados de feminismo e igualdad. Las tesis versan sobre deconstrucción (de la vagina). Y el ágora se llena de gentes que solo hablan de performances. Dicen que todo vuelve tarde o temprano a su ser, a su estado inicial. Parece que ahora estamos retornando a la época de las cavernas, luego de haber salido de ella. Por un momento, disfrutamos de buenas conversaciones. Todo ha quedado atrás. Toca pues regresar a la gruta de la que nunca llegamos a salir del todo. La fama se paga. Morimos de éxito. Todo tiene un fin ¿Quién nos iba a decir que acabaríamos hablando de patriarcados gallináceos, de vacas explotadas o de sexo líquido? Nosotros, que disfrutábamos platicando sobre la sustancia de Aristóteles o el arjé de Anaximandro, allá en el foro, en compañía de los clásicos.

La posverdad ha llegado para quedarse. Es el sino de los tiempos. Un paso ilógico, pero con un trasfondo lógico desolador. La progenie siempre acaba siendo más imbécil que sus progenitores. Ya no le quedan cosas que descubrir, pero si muchas que perder. Y a eso se dedica.

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El cambio climático: otra vuelta de tuerca de la izquierda progre

El debate en torno al cambio climático se enmarca dentro de una controversia mucho más general relativa a la mejor manera de organizar y gestionar una sociedad. Es este un debate enconado, sempiterno, que no parece tener una fácil solución a medio plazo: existen múltiples partes enfrentadas, enrocadas detrás de sus prejuicios y sus paranoias, profundamente ideologizadas. La cuestión básica es que hay personas que prefieren sacrificar el desarrollo social en aras del cuidado del medio ambiente, y otros que no están dispuestos a demoler los cimientos del progreso solo porque exista una hipótesis que propone al hombre como el principal culpable del calentamiento global.

Pero, a pesar de que la polémica se centra en el clima, las posturas enfrentadas son herederas de dos visiones irreconciliables, que han venido enturbiando siempre cualquier posible entendimiento: la izquierda y la derecha, o si se quiere, los intervencionistas y los liberales. No es esta una cuestión baladí. La sociedad está partida en dos, profundamente dividida: puede verse a sí misma como un colectivo homogéneo, o como una cualidad emergente que se explica única y exclusivamente a partir de las propiedades individuales de sus elementos. Estas dos visiones están implícitas en la propia organización jerárquica de todos los sistemas físicos, y se corresponden a su vez con dos estructuras neuronales completamente distintas. Es como si la naturaleza se hubiera encargado de reproducir en el cerebro la misma dicotomía básica que aparece una y otra vez en todos los sistemas, pero lo hubiera hecho de forma sesgada, ora creando unos cerebros con un pensamiento más holístico, ora creando otros más individualistas. 

Los debates políticos responden a una realidad tan incrustada en la propia esencia de la teoría de sistemas, y en las cabezas de los hombres, que el mero hecho de intentar llegar a un acuerdo de mínimos se vuelve una tarea casi imposible. La mitad de la población vive en un universo unidimensional, donde todo son colectivos y en el que el individuo queda completamente difuminado. El resto habita un universo paralelo, con libertades individuales de las que emergen todas las propiedades que aparecen en los niveles inmediatamente superiores. Estos dos universos psicológicos apenas se influyen. Solo unos pocos agujeros de gusano permiten el paso de algunos individuos a través de ellos, cada muchos años. Por lo general, el socialista que llega a la edad adulta como socialista, se muere socialista. Y el liberal, que consigue viajar a través de un agujero de gusano, ya nunca vuelve sobre sus pasos, y se aleja cada vez más rápido, a la velocidad de la luz, hacia nuevos horizontes. La mayoría de las veces resulta imposible que un socialista se encuentre con un liberal en un espacio común, son galaxias paralelas cada vez más alejadas por la expansión del universo. Para llegar al planeta del liberal hace falta una nave de libros y de lecturas que el socialista apenas sabe que existe.

Es muy posible que un día la tecnología solucione por fin el problema de la polución ambiental (si es que hay algún problema). Pero los mamertos del cambio climático seguirán achacando esa solución a sus presiones para cambiar el modelo de producción, mientras que los defensores del sistema capitalista tendrán que seguir aguantando la lluvia de críticas vertidas sobre ellos a pesar de ser los únicos adalides de esos avances. Aquel día, nada habrá cambiado bajo el Sol abrasador.

Todos dicen tener la razón, y los datos que unos y otros se tiran a la cabeza no parece que resuelvan nada. Resulta frustrante discutir en este ambiente tan enrarecido. Se trata de analizar sistemas complejos difíciles de mensurar, que se prestan a todo tipo de interpretaciones, referencias, números y cantidades. Todo el mundo tiene una ristra de cifras que saca a colación cada vez que alguien les lleva la contraria. Yo por mi parte tengo las mías, pero si acaso se me ocurre ponerlas encima de la mesa, al momento quedan tapadas con otras tantas dataciones que parecen demostrar lo contrario, sacadas vete tu a saber de qué revista. Es frecuente que los detractores me interpelen para pedirme la fuente de la que he extraído la información, como si eso pudiera zanjar el asunto. Antes bien, todos decimos tener fuentes de reconocido prestigio.  

No me resultaría difícil convertir este artículo en un batiburrillo de gráficas y expresiones matemáticas a favor o en contra del calentamiento climático antropogénico. Pero no pasaría nada. Alguien afirmaría que esas curvas están manipuladas, que las fuentes no son fiables, que las correcciones no tienen en cuenta este o aquel otro dato, y al instante ya tendría a una jauría de perros, a caballo de sus fórmulas, dirigiéndose en tropel hacia mi.

A pesar de todo, nunca renuncio a mostrar esas gráficas. Algunas ponen de manifiesto la gran cantidad de enfriamientos y calentamientos que se han dado a lo largo de la historia de la Tierra, mucho antes de que apareciera el hombre. Otras van acompañadas de imágenes de satélite de La Nasa donde queda patente el aumento de la masa forestal o el incremento del hielo de La Antártida. También se puede mostrar la ridícula cantidad de dióxido de carbono que existe en la atmósfera en comparación con otros gases (0,035%), a pesar de todo el que el hombre ha vertido a la misma en los últimos siglos.

Todos los días, al amparo de la noche, billones de criaturas marinas microscópicas (zooplancton) ascienden a la superficie de todos los océanos del mundo para alimentarse del fitoplancton. Por el día, el fitoplancton ha estado tomando dióxido de carbono para utilizarlo en el ciclo de Calvin al objeto de producir trillones de kilos de sustancias orgánicas. Luego, los microorganismos defecan sobre las profundidades gran parte del carbono que han tomado de sus presas, el cual se queda atrapado de manera efectiva por los siglos de los siglos, evitando su reingreso a la atmósfera. Sin embargo, los humanos somos capaces de sacrificar una gran cantidad de recursos, que podríamos destinar a nuestro bienestar, para crear programas inútiles que buscan fijar el CO2 mediante alguna técnica novedosa, o que pretenden detener las emisiones contaminantes, sin saber que ya existe un mecanismo mucho más rentable inventado por la naturaleza al amparo de la noche en la noche de los tiempos.

El mundo no está hecho para que lo comprenda el hombre. Es difícil que sepa cómo funciona. Tiende a creer que todo gira en torno a él. No tengo ninguna esperanza en que recapacite. Los números no le van a convencer. Billones de microorganismos no son nada si se comparan con el ego humano. Cuando los sistemas que se abordan son altamente complejos, la única solución que puede sacarnos del atolladero de cifras y datos, es la de fijarnos en algunas cuestiones esenciales de suyo incuestionables. Este sistema de herramientas utiliza el llamado apriorismo para llegar también a algunas conclusiones evidentes, evitando así el trasiego de guarismos que los cientistas se intercambian cada vez que tienen que resolver una cuestión peliaguda, como si eso fuera lo único que se puede hacer.

Hagamos lo que hizo Descartes en la filosofía, cuando tuvo que enfrentarse a la verdad de la que se hablaba en su época, y a las dudas que se generaban en torno al conocimiento aprehendido antes de su llegada. Intentemos partir de algunas proposiciones absolutamente ciertas, como ha hecho también la Escuela Austriaca, esta vez en el ámbito de la economía y los sistemas (complejos) formados por decenas de millones de personas. 

¿Cómo podemos encontrar un principio seguro si el problema es que la muestra (la Tierra) resulta demasiado compleja como para que podamos estudiarla sin caer en algún tipo de ambigüedad? Descartes se hizo la misma pregunta: ¿cómo puedo estar seguro de todo lo que me han dicho mis antecesores, si todos ellos han hablado desde su propia subjetividad y si yo mismo estoy atrapado en la misma mismidad? Esta apreciación es incuestionable, y debido a ello la seguridad de las afirmaciones, cualquiera que estas sean, se viene abajo de inmediato. A esta idea es a la que se aferran todos los relativismos. El individuo es un sujeto, y eso, además de constituir una afirmación irrefutable, echa por tierra cualquier intento de objetivación. Pero existe una forma de dar la vuelta al argumento, para favorecer a los objetivistas, y eso es precisamente lo que hizo Descartes. Puesto que la subjetividad de los individuos es un hecho incontrovertible, tomemos esta afirmación para construir un axioma del que partir a la búsqueda de la verdad, en el umbral de la revolución intelectual. “Pienso, luego existo”. La subjetividad no solo sirve para poner en duda todo lo que construye el hombre usando esa atalaya particular. Dado que es una afirmación incontrovertible, también puede usarse para partir de un principio seguro y construir una serie de conocimientos también infalibles. Ya sea que utilicemos la propia individualidad (como hizo Descartes), ya sea que tomemos la acción que emana directamente del sujeto (como hace Mises en La Acción Humana, donde deduce todas las reglas de la economía), podemos comenzar diciendo que el hombre es una criatura subjetiva, y a partir de ahí arbolar toda una serie de razonamientos e implicaciones que, sin duda, llenarán miles de páginas. Si ponemos cuidado y seguimos un razonamiento escrupuloso, podremos estar seguros de que lo que digamos va a tener el mismo efecto y el mismo grado de certitud que la afirmación de partida (es decir, un grado absoluto).

Traslademos todos estos pensamientos al ámbito de la política y las acciones medioambientales. Asumamos por una vez que los datos y las gráficas no consiguen que lleguemos a ningún consenso. Partamos de las mismas cuitas, que casi siempre se deben al mismo problema: la complejidad. Admitamos que el clima es también un sistema tremendamente complejo. No podemos utilizar datos porque estos parecen decir una cosa y la contraria, y se prestan a todo tipo de interpretaciones y malentendidos (la culpa no es tanto de los datos como de los humanos). Lo único absolutamente cierto es que estamos hablando de un sistema altamente complejo. Tomemos por tanto esa única verdad. Los ecologistas utilizan esta circunstancia engorrosa para arrojarnos a la cabeza decenas de estudios. Para Descartes el problema reside en la subjetividad del ser humano. Su habilidad consistió en tomar esta subjetividad como principio absoluto, y extraer de ella todos los postulados que defendía en sus razonamientos y sus escritos. Nosotros vamos a partir también de la duda metódica para construir nuestro propio edificio. Nadie de los que discuten sobre las consecuencias del cambio climático puede poner en duda que el clima es un sistema complejo. Aprovechemos esa certitud para asentar el conocimiento, como haría Descartes.

Si hacemos lo que acabamos de decir, el debate sobre el cambio climático bascula a favor de los escépticos (o negacionistas, según se nos conoce) y contradice a todos los que afirman que el calentamiento antropogénico es una verdad irrecusable. Esto se debe a que los escépticos son los únicos que de verdad tienen en cuenta la complejidad del clima.

Las implicaciones que tiene esta primera afirmación, cuando la tomamos como axioma, son básicamente de dos tipos. En un caso podemos referirnos a las causas del calentamiento, y en otro a las consecuencias que tienen o tendrían las medidas propuestas para enfrentarnos al mismo. Vayamos por partes. Empecemos por las causas.

Puesto que el clima es un sistema complejo, podemos usar esa certeza surgida de nuestra incapacidad (como la subjetividad) para negar todo lo que vienen a decirnos los ecologistas y las madres del Planeta. Es materialmente imposible afirmar que los cambios de temperatura están provocados por el hombre cuando son tantas las causas que intervienen en la motivación de los mismos (punto para los escépticos). No hace falta acudir a los datos, podemos usar el sentido común y la lógica pura. Esto no es un ataque a las ciencias que utilizan magnitudes mensurables para analizar la realidad. Como no hay forma de dilucidar quién tiene razón, y asumiendo que nunca nos vamos a poner de acuerdo por muchos datos que acumulemos, lo lógico es emprender un camino paralelo que parta de un consenso real, esta vez compartido por todos: el hecho de que el clima es un sistema altamente complejo.

Muchos son los que dicen que hay que respetar el consenso científico, los descubrimientos en materia ambiental que se han venido realizando en las últimas décadas. En realidad, no es un problema de conocimiento y consensos científicos. Es un problema de desconocimiento profundo. El clima, como la sociedad, es un sistema altamente complejo y lo prudente aquí es decir que, de momento, somos incapaces de saber si el hombre está provocando el cambio climático, toda vez que existen muchas causas. Tampoco podemos saber si hay un cambio significativo. Las temperaturas han variado en un grado mucho más alto a lo largo de la historia pre homínida. El consenso popular dice que el hombre es el principal culpable, pero comete un grave error. El socialismo y el intervencionismo político incurren también en el mismo error cuando se arrogan la capacidad de redirigir y controlar la economía al objeto de resolver el cálculo económico que resulta de la acción de millones de individuos. No es extraño por tanto que ecologistas y socialistas vayan siempre de la mano a todos los encuentros y aquelarres que ellos mismos patrocinan.

La Tierra es un sistema con múltiples soluciones tampón y sistemas de retroalimentación. En dos palabras: se regula a sí misma. Bien podría ser que estuviera muy lejos de perder el equilibrio, a pesar de estar sometida a la acción humana de desgaste que denuncian los grupos de calentólogos que suben a la palestra a pronunciar sus peroratas.

Desde hace unos años se viene diciendo que el declive de los gorriones tiene su causa en el entorno contaminado. Pero también puede ser que se deba a que la ciudad esta mucho mas limpia y ahora tienen que competir con las palomas torcaces, que antes no se acercaban tanto a las zonas habitadas debido a su naturaleza más propensa a padecer los efectos de la contaminación. Como vemos, las causas que afectan a un hecho pueden ser muy distintas, a veces hasta contradictorias. Y esto se agrava cuando analizamos, no ya dos especies de pájaros, sino todas las especies que habitan el Planeta, junto con todos los procesos físicos que lo determinan.

Todos los problemas se dividen en dos: determinar si el hombre es el principal causante del cambio climático y, en el caso de que lo sea, determinar también si la estrategia correcta para combatir ese cambio es la de reducir las emisiones de dióxido de carbono. Yo creo que no se puede aseverar que el hombre es el principal causante del cambio. Otros muchos fenómenos están contribuyendo también a este efecto. Existen fenómenos terráqueos como el vulcanismo (que emite mucho más CO2) y los ciclos de realimentación negativa (que controlan el incremento de los gases atmosféricos), los cuales alteran y modelan el clima en una proporción bastante significativa, harto ignorada por muchos. Luego están los fenómenos asociados al Sistema Solar, las variaciones en la órbita de la Tierra (los ciclos de Milankovitch), los ciclos del Sol (las manchas solares), y los impactos de meteoritos. Y finalmente también hay que tener en cuenta la alteración que provocan los fenomenos cosmicos: las radiaciones cósmicas que impactan contra las capas altas de la atmósfera e influyen en la formación de nubes, e incluso las explosiones de otras estrellas del entorno de la Vía Láctea. 

A todo esto hay que añadir que, si el hombre fuera el culpable principal del cambio climático, la solución no sería reducir las emisiones de dióxido de carbono, sino avanzar lo más rápido posible, para que la tecnología nos ofrezca las soluciones que precisamos. Poner trabas al desarrollo, como quieren los ecologistas, es lo que más perjudica al Planeta, como se puede ver en las gráficas que revelan la enorme contaminación que provocan los países en vías de desarrollo en comparación con las naciones más avanzadas. 

Existe un desacople entre las mediciones de temperatura atmosférica que ha hecho La Nasa utilizando sus satélites y las mediciones de producción de dióxido de carbono en las últimas décadas.  Los datos no coinciden tal y como se esperaría que lo hicieran si fuera el dioxido el único culpable del ascenso de temperatura. Lo lógico es pensar que los cambios se deben a otros factores. Como hemos visto, candidatos no faltan: hay causas interestelares, planetarias, terráqueas.

Lo único de lo que podemos estar seguros es de la enorme complejidad que acusa el sistema que tratamos de analizar, lo cual dice mucho en favor de todos aquellos que negamos que el cambio tenga solo una causa antrópica, o que estemos a las puertas de una catástrofe medioambiental de proporciones bíblicas, como consecuencia del aumento de la producción y la industria fabril. 

Además, podemos usar el mismo axioma de partida para analizar las consecuencias que derivan de las medidas propuestas por unos y otros. Volvemos al mismo supuesto de partida: la sociedad es un sistema complejo, sostenido por una frágil linea de acontecimientos, consistente en la acumulación sucesiva de conocimientos, herramientas de trabajo, y materiales de construcción. Nadie con dos dedos de frente puede negar, por ejemplo, que el carbón y el petróleo han sido cruciales para incrementar la calidad de vida y elevar a la sociedad a las cotas de bienestar de las que hoy en día disfruta. He dicho nadie con dos dedos de frente. Al parecer, algunos homínidos si tendrían una escama frontal más corta. Al margen de todo esto, lo que es cierto es que la vida (nuestra vida), tal y como la conocemos ahora, no puede existir sin el carbón y el petróleo, igual que tampoco puede existir la vida en general sin las cianobacterias o las bacterias con fotosíntesis oxigénica (que llenaron la atmósfera de oxígeno cuando este gas todavía era mortal para la mayoría de seres vivos). Los ecologistas pueden patalear todo lo que quieran, pueden infligir cierto daño a las sociedades, a cuya sombra han medrado. Pero lo que es absolutamente seguro (tan seguro como el principio del que partimos) es que casi nadie está dispuesto a cambiar el sistema capitalista que hoy nos nutre con todo tipo de parabienes, por otro que intente, como antaño pretendía el comunismo, cambiar el modelo de producción para adaptarlo a las exigencias ilusorias que plantea el ecologismo. La hipocresía acaba dando la victoria a los justos. Luchamos contra unas personas que proponen algo que jamás podrá cumplirse. Como dice Manuel Llamas: Décadas atrás, los estudiantes critican el capitalismo con la excusa de que empobrece a la “clase obrera”… Hoy, siendo ya clase acomodada (con su ropa de marca, sus Iphone y sus viajes por toda Europa) gracias al capitalismo, su excusa es “salvar el planeta”. 

Las excusas sirven para justificar un hecho que jamás se va a ver corroborado con acciones. Nadie va a cambiar de modelo. Afortunadamente, seguiremos avanzando y contaminando lo que tengamos que contaminar, para que algún día podamos, esta vez sí, utilizar fuentes de energía más limpias y rentables. A la gente le gusta vivir bien, esa es la mayor fuerza de la naturaleza, y ningún ecologista puede hacer nada para cambiarla. 

No albergo la esperanza de que los ecologistas den dos pasos atrás y reconozcan que se equivocaron. Cuando todo haya pasado, dirán que ellos fueron los paladines de ese cambio a mejor, a pesar de que la realidad les demuestre lo contrario, que solo el capitalismo, unido de la mano de la libertad, es lo que permite progresar y alcanzar tamaños niveles de pureza ambiental:  “Quizás Greta ha perdido muchos días de colegio por estar en huelga por el clima y no sepa que el crecimiento económico es la mejor manera de combatir el cambio climático. Está demostrado que cuando el PIB per cápita de un país llega a los US$5.000 a la gente le empieza a importar lo que pasa con el medio ambiente. Antes de eso está demasiado preocupada con sobrevivir. Por eso cocinan con leña, comen proteína animal, se calientan con carbón, se movilizan en vehículos viejos, no tienen alcantarillado y usan recipientes plásticos para conservar líquidos. Quienes ya tienen resueltas estas necesidades básicas, como ocurren en Suecia, la tierra de Greta, pueden darse el lujo de ser veganos, de conducir vehículos eléctricos, de usar paneles solares y de tomar agua de la llave en vasos de cristal.” (Luis Guillermo Vélez Cabrera, La República, miércoles, 25 de septiembre de 2019).

Estamos acabando con el planeta. Eso es lo que repiten una y otra vez, como papagayos, la mayoría de la gente, adscritos todos a ese pensamiento agorero por otro lado nada nuevo. Pero el planeta aún conserva muchos recursos. Además, el hombre también tiene muchos recursos propios que explotar, su inteligencia, su disposición, sus inventos, habilidades nuevas que se suman a las capacidades que ya de por sí tiene la Tierra. Estos últimos son recursos que aumentan cada año que pasa. Sumados a los de la Tierra suponen una cantidad casi inagotable. Todo esto no se tiene en cuenta. Un lápiz de memoria ha salvado más árboles que todos los ecologistas que han existido.

La tecnología nos salva continuamente de los problemas naturales. La sociedad se liberaliza y se independiza gracias a la tecnología, cuando se descubren y se explotan nuevas fuentes de energía, y se impulsan otras ideas. El marxismo y el ecologismo surgen también después de la revolución industrial, cuando se descubre carbón y petróleo, y el hombre goza de más tiempo libre para pensar (también en cosas absurdas). Hoy en día estamos asistiendo a una nueva revolución, y nada ni nadie va a detenerla.

Los ecologistas llevan años haciendo predicciones fallidas. No vale que hayan dicho mil veces que la Tierra se va a destruir. Nunca han acertado. Las causas del calentamiento son diversas, no solo tienen su origen en el hombre. El sistema global es lo suficientemente complejo como para que al menos dudemos de que sabemos a ciencia cierta que somos nosotros los que lo estamos poniendo en riesgo. Además las soluciones a ese supuesto calentamiento son tan absurdas como sus predicciones. Lo que se proponen es irrealizable. Tendrían que detener el crecimiento de todos los países en desarrollo, con el consecuente perjuicio añadido para millones de personas que ahora mismo están pasando las de caín. Algunos privilegiados vivimos en Occidente y ya hemos aprovechado los beneficios que trajo la revolución industrial y el capitalismo del siglo XIX. 

Con las feministas pasa lo mismo. Su ideario pretende obligarnos a todos a hacer lo que ellas decidan, en la creencia de que las causas que están propiciando esa supuesta desigualdad entre hombres y mujeres tienen solo una raíz social o cultural. Igual que los comunistas, también ellas obvian todas las diferencias naturales y la innumerable cantidad de fuentes que están provocando el fenómeno en cuestión. Igual hacen los ecologistas, que dan la espalda a las causas naturales que producen los cambios en el clima, en uno de los ejemplos anticientificos más ominosos de toda la historia. Como no podía ser de otra manera, sus soluciones sólo se basan en más imposiciones, más impuestos, y más lastres para la economía, el desarrollo natural, y las vidas de millones de personas. Cuando no se tiene razón, cuando toda la naturaleza está en tu contra, solo te queda una salida: la fuerza del Estado. Feministas, ecologistas, socialistas, todos ellos acuden en masa atraídos por el poder que despliega la mafia más grande de todas. 

El socialismo es un sentimiento congénito y aprendido al mismo tiempo, basado en la creencia de que toda forma de desigualdad humana entraña siempre algún tipo de dominación injusta. El desideratum en cuestión se alimenta con glotonería a partir de varias fuentes irracionales: la rabia incontenible que provoca la propia inutilidad, la frustración que deviene con el fracaso, el deseo de mejora malentendido, la envidia malsana, o la simple y llana ignorancia de los fenómenos eidéticos que propician el desarrollo social. En consecuencia, el enfermo está predispuesto a pensar en el cambio radical, quiere derrumbar todas las instituciones, se alía con las fuerzas del mal para acabar con las tradiciones y la naturaleza, y se ve a sí mismo como un héroe de las causas perdidas y los desamparados. El problema básico de esta ideología igualitaria es que se empeña en contravenir los mismos mecanismos que mueven el mundo y hacen que prospere, el aliciente del éxito, la diversidad natural, la superioridad de la excelencia, o la complementariedad de los opuestos. 

El socialismo real o socialismo marxista tuvo su apogeo y declive en los siglos XIX y XX con la lucha de clases y las guerras mundiales. El socialismo biológico o naturista es la vuelta del socialismo más radical, el socialismo real (marxismo), reconvertido esta vez en el rechazo más burdo hacia todas las diferencias que determinan la naturaleza. Una vez fracasada la vía de Marx basada en el repudio de las clases sociales, se buscan otras diferencias y otras fuentes de dominio a las que poder atacar, y se encuentran en la biología y la biopolítica. El socialismo se transmuta en naturalismo y se normaliza todavía más. Los cienciólogos del comunismo, que antes se limitaban a estudiar la sociedad humana, aspiran ahora a convertirse también en reputados naturalistas. Ya no vale con eliminar el sistema de clases sociales, extirpando así las diferencias laborales que esclavizan al hombre, ahora hay que reinterpretar también toda la diversidad natural y toda la realidad. Si el absurdo era ya muy grande con Marx, ahora el ridículo roza lo esperpéntico. 

Dentro del socialismo de corte naturista se pueden distinguir tres movimientos principales, según sea el motivo igualitario que alimenta su causa. El feminismo rechaza el supuesto dominio del varón sobre la mujer mediante la negación o la ridiculización de todas las diferencias de índole sexual. El anti racialismo rechaza el supuesto dominio de la raza blanca sobre las demás mediante la negación de las propias razas, y recurriendo a veces a la trasnochada excusa del colonialismo. Y finalmente, el ecologismo hodierno (el veganismo, el animalismo, el holismo, la pachamama, etc… ) rechaza el supuesto dominio de la especie humana sobre las demás especies mediante la igualación absoluta de todas las clases animales, vegetales y minerales.

Como vemos, las diversas versiones del socialismo han ido invadiendo la vida de todas las personas, han pervertido todas las ciencias, y han sabido explotar todos los niveles del sistema, sociales y naturales. Ya no existe un sitio virgen que el igualitarismo no haya pisoteado. Volvamos al principio. Descartes. Neguemos todo (por algo nos llaman negacionistas). Pero neguemos sobre la base sagrada de la duda metódica. Afirmemos que el sistema es muy complejo, que el hombre es muy ignorante y que la naturaleza tienen muchos medios. No hay forma de saber quién o qué está produciendo el cambio climático. Y aunque se supiera, no se puede detener el progreso como quiere la izquierda. Muy probablemente no exista ninguna amenaza. Y aunque la hubiera, la solución no consiste en impedir el desarrollo. Pero sobre todo, no hace falta confirmar estas afirmaciones con datos y números. Si el mundo es tan complejo, y lo es, ninguna de las arengas de los ecologistas tiene sentido. El axioma vence allí donde los datos han fracasado. Quizá no podamos demostrar empíricamente que tenemos razón. Asumamos eso (aunque hay muchas pruebas a nuestro favor). Pero lo que nadie puede refutar es que estamos hablando de un sistema complejo, que se retroalimenta, que está provocado por muchas causas, y que no va a detener su progreso ascendente por muchos palos que pongamos en sus ruedas.


MÁS INFORMACIÓN:

https://elreplicadorliberal.com/2019/04/19/el-mito-de-la-deforestacion/

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La tabla de los tipos de socialismo: la naturalización de la igualdad y los socialismos del siglo XXI

El socialismo es un sentimiento congénito y aprendido al mismo tiempo, basado en la creencia de que toda forma de desigualdad humana entraña siempre algún tipo de dominación injusta. El desideratum en cuestión se alimenta con glotonería a partir de varias fuentes irracionales: la rabia incontenible que provoca la propia inutilidad, la frustración que deviene con el fracaso, el deseo de mejora malentendido, la envidia malsana, o la simple y llana ignorancia de los fenómenos eidéticos que propician el desarrollo social. En consecuencia, el enfermo está predispuesto a pensar en el cambio radical, quiere derrumbar todas las instituciones, se alía con las fuerzas del mal para acabar con las tradiciones y la naturaleza, y se ve a sí mismo como un héroe de las causas perdidas y los desamparados. El problema básico de esta ideología igualitaria es que se empeña en contravenir los mismos mecanismos que mueven el mundo y hacen que prospere, el aliciente del éxito, la diversidad natural, la superioridad de la excelencia, o la complementariedad de los opuestos. 

El socialismo real o socialismo marxista tuvo su apogeo y declive en los siglos XIX y XX con la lucha de clases y las guerras mundiales. El socialismo biológico o naturalista es la vuelta del socialismo más radical, el socialismo real (marxismo), reconvertido esta vez en el rechazo más burdo hacia todas las diferencias que determinan la naturaleza. Una vez fracasada la vía de Marx basada en el repudio de las clases sociales, se buscan otras diferencias y otras fuentes de dominio a las que poder atacar, y se encuentran en la biología y la biopolítica. El socialismo se transmuta en naturalismo y se normaliza todavía más. Los cienciólogos del comunismo, que antes se limitaban a estudiar la sociedad humana, aspiran hoy en día a convertirse también en reputados naturalistas. Ya no vale con eliminar el sistema de clases sociales, extirpando así las diferencias laborales que esclavizan al hombre, ahora hay que reinterpretar también toda la diversidad natural y toda la realidad. Si el absurdo era ya mayúsculo con Marx, ahora el ridículo roza lo esperpéntico. 

Una primera clasificación del sistema socialista nos permite diferenciar dos tipos básicos, un socialismo tradicional aplicado a las ciencias humanas (humanista), obsesionado con la igualación económica y la lucha de clases, y un socialismo hodierno, adscrito a la rama de las ciencias naturales o ciencias de la naturaleza (socialismo naturalista).

El socialismo humanista puede ser marxista si lo que busca es la igualación absoluta de todos los factores de producción, socialdemócrata si solo quiere equiparar las rentas, o nacionalista si lo que pretende es homogeneizar las costumbres, las tradiciones, el folclore o las creencias (teocracia).

Dentro del socialismo de corte naturalista se pueden distinguir también tres movimientos principales según sea el motivo igualitario que alimente su causa. El feminismo rechaza el supuesto dominio del varón sobre la mujer mediante la negación o la ridiculización de todas las diferencias de índole sexual. El indigenismo rechaza el supuesto dominio de la raza blanca sobre las demás mediante la negación de las propias razas, la apología del antioccidentalismo, la obsesión antiamericana, y la excusa trasnochada del colonialismo. Y finalmente, el ecologismo hodierno (el veganismo, el animalismo, el holismo, la pachamama, etc… ) rechaza el supuesto dominio de la especie humana sobre las demás especies mediante la igualación absoluta de todas las clases animales, vegetales y minerales.

Como vemos, las diversas versiones del socialismo han acabado por invadir la vida de todas las personas, han pervertido todas las ciencias, y han sabido explotar todos los niveles del sistema, sociales y naturales. Ya no existe un sitio virgen que el igualitarismo no haya pisoteado.

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SOCIALISMO HUMANISTA

Aboga por la homogeneización de la sociedad humana

SOCIALISMO NATURALISTA

Aboga por la homogeneización de toda la naturaleza

Marxismo o comunismo

 Sistema filosófico, político y económico que busca eliminar las diferencias de clase, expropiando todos los factores de producción, y provocando el resentimiento y el enfrentamiento de trabajadores y empresarios.

Feminismo

 Sistema filosófico, político y económico que busca eliminar las diferencias sexuales, negando o ridiculizando dichas diferencias y provocando el enfrentando entre hombres y mujeres.

Democratismo o socialdemocracia

 Sistema filosófico, político y económico que busca eliminar las diferencias entre ricos y pobres, expropiando las rentas y el producto de los trabajadores, usando para ello los impuestos y el pago a las administraciones, y provocando el resentimiento y el enfrentamiento de unos y otros. 

Indigenismo

 Sistema filosófico, político y económico que niega las diferencias raciales, la existencia de razas, o la superioridad de ciertas culturas, y que denuncia el colonialismo como forma de opresión, instigando el resentimiento y el enfrentamiento entre las distintas etnias. 

Nacionalismo o chovinismo

 Sistema filosófico, político y económico que busca eliminar las diferencias en las tradiciones, la historia, la lengua, los productos o las creencias religiosas, prohibiendo aquellas manifestaciones que no tengan un arraigo en la tierra, valorando solo la identidad colectiva de un pueblo, y enfrentando a oriundos y foráneos por motivo de nacimiento.

Ecologismo

 Sistema filosófico, político y económico que busca eliminar las diferencias animales, vegetales o minerales, prohibiendo la ingesta de carne, tratando como iguales a hombres y animales, enfrentando a unos y otros, e impidiendo la explotación de la Tierra y el uso generalizado de sus recursos.

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Adagio de Hervey Allen sobre las nuevas generaciones

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…que debe ser reprimida con educación.

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Joker y Torra, o el mismo loco

Una sociedad desquiciada. Un loco esquizofrénico. Una panda de mamarrachos camorristas. El loco se está medicando, pero sufre agresiones repetidas. Primero unos mocosos le dan una paliza en un callejón de mala muerte. Luego son un grupo de niños de papá borrachos los que le apalean en el metro. De repente, el loco cree que todos los ricos de la ciudad están conspirando contra él, y que eso es el detonante de su desgracia. Toda esta situación está acompasada por una masa de gente enferma que solo necesita una excusa y un símbolo para arrasar la ciudad, muchedumbre corriendo por las calles, tapada con caretas de payasos, incendiando contenedores y agrediendo a las fuerzas del orden. Impunidad, sordidez, decrepitud. Una madre abusadora, generaciones educadas en la violencia: el loco cuida de la madre que en otro tiempo lo maltrataba. La perpetuación del asesinato. La reincidencia del delito: el loco vuelve a matar incluso después de pasar por la cárcel. Impunidad otra vez. Irresponsabilidad por parte de las instituciones. Dejación de funciones. Un presidente desaparecido ¿De qué estoy hablando? Podría ser una reseña de la que ya es a día de hoy la nueva sensación en todos los cines del mundo: la película de Joker. Pero también podría ser Cataluña, con sus CDR dirigidos por el loco de Torra, con los progenitores abusadores campando a sus anchas en el exilio o entre bambalinas, con las calles apestadas de violentos, y el fanatismo caciquil velado con una crítica soterrada al capitalismo. Y lo peor de todo: con la justificación, el tsunami democrático, la resistencia pasiva, la verborrea pacífica, y los eufemismos cansinos. Y todo mientras queman vehículos, rompen farolas, detienen el tráfico, lanzan adoquines, impiden la libre circulación, y pretenden obligar a la mitad de la población a dejar su país.

También hay gente que sale del cine pensando que los asesinatos que comete Joker están justificados en parte por el nivel de violencia que este sufre a lo largo de su vida. A fin de cuentas la crítica al capitalismo, que permea y pudre toda la sociedad, no solo la ficticia sino también la real, es una deriva esquizofrénica omnipresente, protagonizada por gente ignorante y enferma, ofendiditos, inútiles, sin trabajo ni beneficio (como Joker), que solo saben destruir mobiliario o inventarse chivos expiatorios.

Por supuesto, existen tantas interpretaciones como espectadores asistentes, pero para mí la película es una clara crítica al movimiento anticapitalista, a sus amigos los nacionalistas, los catalanistas, los chovinistas, y a toda esa nueva forma de violencia que parece haberse instaurado en las sociedades modernas, y que pretende hacernos creer que las agresiones solo son denunciables si las comete el orden constitucional, mientras ellos pueden impedir el paso de miles de ciudadanos, quemar sus ciudades, obligarles a trabajar para reponer los desperfectos, adoctrinarles en las escuelas, y finalmente quitarles la nacionalidad que la mayoría nos hemos dado.

Quizás, lo que menos aguanto es ese cinismo latente en las calles, del que también participan muchos espectadores que asisten a la nueva película de Joker. Un mundo basado en el capitalismo y el respeto de la propiedad y el orden cívico, que se levanta en armas para combatir precisamente aquello mismo a lo que tanto debe. Un mundo de ignorantes incapaces de entender las bases mismas sobre las que caminan y se divierten, que aprovechan esa vida lúdica para destruirlo todo. Por consiguiente, a quien menos aguanto es a ese espectador que sale de la película de Joker creyendo que el objetivo del guionista ha sido denunciar la situación de desprecio que sufren las clases más desfavorecidas, y el abuso al que los ricos someten a toda la gente de bien. La misma inventiva que sobrevuela las calles de Cataluña disfrazada de pacifismo, derecho a decidir, y fiesta democrática. El derecho a decidir al que aluden estos nuevos fariseos no es otra cosa que la decisión del derecho que a cada uno le venga en gana.

No soporto la estupidez, pero aún aguanto menos el cinismo, la hipocresía o el blanqueamiento que algunos pretenden hacer de la violencia, utilizando otros nombres, parapetándose detrás de las urnas, o ignorando la libertad de movimiento. La criatura que más repulsión me suscita es la de aquel estúpido redomado que nos trata a los demás como si todavía fuéramos más tontos que él. Desgraciadamente, esa criatura tiene hoy en día muchas manifestaciones y muchos disfraces: el catalanista, el anticapitalista, el sindicalista, el catedrático, el político, o el espectador de Joker. Y la única verdad es que todos ellos son hijos rebeldes del capitalismo, deudores de los ricos, caprichosos, y delirantes. Joker no es un psicokiller cualquiera, es un aviso a navegantes, una denuncia social de la deriva que están tomando los acontecimientos, en la noche de los tiempos. Traspasada la línea roja que ha marcado el comunismo del siglo XX, sus nuevos becerros se visten de monaguillos y reivindican ahora el ecologismo, la paz en el mundo, el derecho a decidir, la lucha de la mujer, pero todo forma parte de la misma representación: el odio al rico, la penalización del éxito, el drama de la frustración, la envidia de los imbéciles, el desprecio del capital, la banalización del ahorro y el esfuerzo, la exaltación de la vulgaridad, y la apología del asesinato como única vía de escape para redimir las culpas. Es la misma canción que viene tarareando el inútil desde que el mundo es mundo, un soniquete de fondo que, si sirve para algo es para que recordemos lo difícil que resulta entender la naturaleza del progreso, la fragilidad del terreno que pisamos, y las motivaciones que llevan a que la mayoría de la población acabe esquizofrénica, con los ojos inyectados de sangre, enferma de envidia, e incapaz de hacer nada productivo, a las puertas de un cine, en una película de culto, en el parlamento autonómico, o en una manifestación callejera.

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Anatomía de la estulticia: los tontos se multiplican pero la estupidez no es infinita

La mayoría de la gente, como es inútil y no sabe producir nada nuevo, o no es capaz de emprender un negocio fecundo, piensa que la pobreza y la necesidad se solucionan interviniendo los precios, impidiendo el comercio voluntario o repartiendo los bienes producidos. No saben generar riqueza. En consecuencia no quieren producir, solo experimentan frustración y envidia, y solo conciben como alternativa posible la manipulación y la expropiación de los bienes ajenos, la adulteración, la rapacidad, o el parasitismo. Sin embargo, no hay otra solución para cubrir las necesidades de la gente que el aumento de la producción de bienes con alta demanda. Cualquier medida alternativa solo es un remedo fraudulento.

A esto tenemos que añadir que también se utiliza la necesidad (cualquiera que esta sea) como justificación para obligar a la gente a comportarse de determinada manera. No se promueve la producción real, aquella que cada uno puede ejercer sin problema. En cambio, se busca prohibir la prostitución, el vientre de alquiler o los contratos precarios, supuestamente para mejorar las condiciones de vida de las personas. Pero, en tanto en cuanto tu condición de inútil solo te permita tener un trabajo precario a tiempo parcial, si te quitan también esa posibilidad, y siendo que nadie puede sacarte de tu condición de imbécil (y que ese hurto te vuelve todavía más inepto), lo que se consigue con todas estas medidas antiproductivas es que ni siquiera puedas dedicarte a aquello poco para lo que vales. En consecuencia, la pobreza se agrava y las necesidades aumentan de forma exponencial.

Vivimos en un mundo lleno de inútiles y analfabetos, que se retroalimentan positivamente, incapaces de entender cuales son las causas de la riqueza, van dando tumbos por la vida, parcheando las dificultades, y agravando su situación. Como no saben producir, no quieren producir. Como no quieren producir, solo conciben como remedio a sus problemas el uso fraudulento de los bienes ajenos, las imposiciones, las regulaciones, y el socialismo. Y como son muchos y están convencidos de lo que piensan, y cada vez se hunden más en la miseria, el efecto retroactivo que esto tiene para la sociedad en su conjunto aboca a la misma a un ciclo permanente de explosiones de miseria seguidas de tímidas recuperaciones que nunca acaban de cuajar. Esta es la esencia de la historia humana. Avanzamos a regañadientes, a rebufo de aquellos pocos individuos que sí están capacitados para crear riqueza, pero lastrados por hordas de imbéciles, acumulando conocimientos, pero también destruyendo cada cierto tiempo una buena parte de lo conseguido.

Al fin y al cabo el mundo parece que sigue una línea ascendente. Y esto se debe también a otra faceta del estúpido: su hipocresía. A pesar de todo, la masa de gente acaba eligiendo aquello que le procura algún beneficio real. La selección natural impera por encima de todas las cosas. La estupidez no es infinita, como creía Einstein.  Solo decimos estupideces en la medida que podemos hacerlo, esto es, si las tonterías en las que creemos no nos llevan a la tumba. Se establece así un equilibrio entre lo que uno quiere hacer y lo que realmente puede hacer. Y es aquí donde hace acto de presencia la hipocresía, para salvar a la humanidad. La gente suele defender verdaderos dislates, pero luego no los aplican en sus vidas diarias. No son consecuentes con lo que creen porque saben (al menos inconscientemente) que ello les perjudicaría gravemente. Los que no siguen esta doctrina farisea, no suelen vivir para contarlo. Es por eso que el mundo avanza a trancas y barrancas, a pesar de todos los inconvenientes y obstáculos que el hombre pone en su camino una y otra vez. El mundo avanza aureolado por una masa ingente de tontos y majaderos. Así viene siendo desde siempre. Y así será siempre. Habitamos un planeta que se mueve desde tiempo inmemorial alrededor del Sol, impulsado por la fuerza de la gravedad y la fuerza centrífuga, y nos movemos dentro de él impelidos también por otras dos fuerzas contrapuestas: la estupidez y la hipocresía, creyendo mentiras pero obligados a vivir realidades.

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El mito del comunismo

“No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y el suicidio.” (Ayn Rand)

1. Che Guevara: de mito a sanguinario: “El hombre que posó para tantos fotógrafos, que quedó inmortalizado en un retrato con boina y mirada perdida, no está superando bien el juicio de la Historia. En estos tiempos, en que la violencia y la lucha armada son cada vez más reprobadas públicamente, emergen los detalles de sus desmanes y las víctimas de aquellos años comienzan, finalmente, a ser escuchadas” (Yoani Sánchez).


2. La historia del comunismo: “El documental echa por tierra todo el blanqueamiento del comunismo que lleva a cabo buena parte de la izquierda europea desde hace décadas”

‘La verdadera historia soviética’: excelente documental sobre los crímenes comunistas

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El facha y el progre: tanto monta, monta tanto

De todas las antinomias que existen, tal vez la que obtiene un resultado más contradictorio es esa acusación que lanzan los progres contra sus enemigos ideológicos, en la que vienen a llamarles fascistas o fachas. Si preguntan a alguien por este concepto, la respuesta más habitual que van a escuchar es la que relaciona el fascismo con el odio al extranjero y la exaltación de la nación de la que uno es oriundo.

Sin embargo, el progre puede convivir con dos afirmaciones antitéticas sin que le estalle la cabeza. Por un lado, apela a la igualdad para vituperar la riqueza, y con ella a los ricos, y por otro lado se siente perfectamente cómodo usando invectivas que acusan al enemigo de criminalizar al extranjero. Siendo ellos los primeros que han dividido a la sociedad en dos clases enfrentadas, no se entiende que acusen a los demás de hacer lo mismo. La única diferencia es el tipo de magnitud que unos y otros estarían midiendo. El progre mide los caudales, y en función de los mismos concede a unos hombres más derechos que a otros. En cambio, el fascista lo que mide es el origen del individuo, al objeto de usar este dato para segregar a la población. 

Cualquier acusación que realice un progre, con intención de denunciar la falta de igualdad, está de antemano capada por la simple razón de que el proponente del argumento carece de toda credibilidad debido a que defiende una discriminación muy parecida a aquella contra la que quiere querellarse. Para que el antifascista pueda afirmar sin contradecirse que el fascista es un totalitario de derechas que privilegia a sus compatriotas, debe primero sacudirse el estigma del comunismo bajo el cual se han cometido las mayores segregaciones de la historia, y con el cual se sigue jugando a diario cada vez que se marca a las personas por el dinero que tienen.

El facha es un individuo que exalta los méritos de su nación solo porque es la suya. Hasta ahí todos estamos de acuerdo. Sin embargo el progre quiere que pensemos que cualquier defensa nacional es una exaltación irracional. Y eso es claramente una falacia de primer orden. Si esto fuera así, no se podría hacer defensa de ninguna nación, y, con ella, tampoco de ninguna fórmula legal. Y si no podemos hacer un objeto de las leyes, la ciencia se convierte en un batiburrillo de opiniones subjetivas más o menos defendibles que nadie puede llegar a demostrar. Lo que nos viene a decir el progre indirectamente es que no existen unas ideas mejores que otras. Sabido es la relación íntima que siempre ha existido entre el socialismo y el pos-modernismo o la post verdad. En ese afán por igualarlo todo, se cae también en una relativización del pensamiento que busca remediar la frustración de los débiles o los inútiles a costa de rebajar o laminar las habilidades de quienes sí han podido descollar en algún campo. Igual que no se quiere ricos, tampoco se quiere que la gente humille a sus coetáneos al mostrarles las deficiencias intelectuales que por lo general padecemos los hombres. La mayoría, ni sabemos enriquecernos, ni somos inteligentes. Y esto escama a muchos ingratos. No soportan el agravio comparativo, y terminan por aniquilar cualquier rastro de superioridad, venga de donde venga. 

El problema del socialismo es su incapacidad para entender la raíz de la superioridad. Sin apenas analizar a qué se debe, embisten contra cualquier capote que parezca descollar en lontananza. Y claro, también se cargan aquella superioridad que está basada en un esfuerzo legítimo, o que devuelve a la sociedad mucho más de lo que gana. 

El progre no solo entra en contradicción al acusar al facha. Además, ni siquiera se para a analizar a qué se debe el rechazo que el supuesto facha dice emplear para envolverse en la bandera. La patria también se defiende del bárbaro. La patria puede estar representando unos valores legítimos y honorables. Su defensa no solo es irracional, también puede tener fuertes razones objetivas. Si el progre utiliza el apelativo de facha para referirse a todo aquel que defiende su nación, deberá aceptar también que todas las normas son igual de legítimas, que no se pueden hacer distingos entre unos ciudadanos y otros en lo relativo a sus ideas, que todas las naciones defienden los mismos valores, y que él, como defensor de unos principios socialistas, tampoco goza de la menor relevancia. De nuevo, otro contrasentido acude a su encuentro. Un agujero negro no encierra tantas paradojas como un socialista eufórico.

No señores. Debemos decirlo alto y claro. El nacionalismo tiene dos vertientes que no se pueden confundir, porque son lo contrario. Puede ser irracional cuando solo se defiende la nación porque es una nación, porque puede crearse o escindirse (como hacen los nacionalistas catalanes o vascos, los socialistas que les alaban el oído, o los liberales que creen en la segregación nacional incondicional), o puede defenderse buscando la protección del acoso de los bárbaros que, allende los mares, intentan saquear las instituciones para hacerse con el poder (como hace Vox cuando promete devolver a los delincuentes a su país de origen).

El nacionalismo es legitimo o ilegitimo, igual que es legítimo o ilegítimo defender a los ricos dependiendo de si han obtenido su dinero de manera lícita, con esfuerzo y servicio, o si lo han ganado con impuestos, arrimándose a un político. Los progres lapidan al empresario y al autónomo con piedras de hacienda hasta que ya no puede mantenerse en pie, y luego favorecen la extensión de la política, a cuya sombra se enriquecen los banqueros de pitiminí, los empresaurios, y las asociaciones y colectivos de toda laya y de dudosa reputación. 

El progre no es capaz de hacer un análisis más allá de sus propios prejuicios. Podría haber acertado por casualidad. Pero tampoco lo hace. Su obsesión por igualarlo todo le lleva paradójicamente  a segregar a la población, para emprender a continuación una batalla contra la excelencia y el poder legítimo de la ley. Él es el único facha que existe, aparte de aquellos pocos reductos que todavía niegan el holocausto judío. Atado a estas ideas, solo sabe responder con una admonición: ¡eres un facha de mierda!  Y hace un pequeño esfuerzo mental para obviar que los fachas como él suelen hacer este tipo de monigotes, reduciéndolo todo a un insulto y una acusación ad hominem, sin pararse a ver que hay detrás de la defensa nacional. 

El progre es un pobre hombre, una víctima de su propia incapacidad, que lucha contra la marea en un mar de contradicciones, y que solo sabe salir del paso acusando a los demás de algo que en el fondo debería atribuirse a su propia persona. Ya se sabe lo atrevida que es la ignorancia. La próxima vez que te acusen de facha por defender tu país, recuérdales las aniquilaciones que se cometen en nombre de la igualdad de oportunidades o el relativismo cultural, y las cimas a las que ha llegado el hombre después de defender los derechos básicos del individuo, de cuya legitimidad depende el orgullo por la patria y el sentimiento de nación. Solo hay un pequeño puñado de países que defienden la vida y la propiedad, y no hay nada más honorable que sentir amor hacia esas regiones.       

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La auténtica égida liberal: menos políticos y menos gobiernos

La ÉGIDA LIBERAL busca reducir al mínimo el peso que ostenta la política dentro de una sociedad. Su objetivo es aumentar la libertad individual, la diversidad natural, la responsabilidad personal, el estimulo empresarial y la iniciativa privada. Este combate contra el intervencionismo del Estado tiene dos frentes principales: la reducción del número de políticos que componen un gobierno, y la reducción del número de gobiernos políticos que administran un territorio. En este sentido, la minarquía es el único sistema que ataca al Estado desde ambos flancos, con toda la maquinaria de guerra.

Los MINARQUISTAS aspiran a reducir el peso de la política en todos los frentes: número de políticos y número de gobiernos. Son los liberales más coherentes.

Los ANARCOCAPITALISTAS quieren reducir el número de políticos aumentando sin límite el número de gobiernos. Piensan ingenuamente que los políticos se pondrán a competir de inmediato como hacen los empresarios, buscando la máxima eficacia, sin que medie ningún control general. Su única receta es la segregación nacional y el orden espontaneo.

Los SOCIALISTAS buscan aumentar el número de políticos y reducir el número de gobiernos. Piensan ingenuamente que el intervencionismo internacional es la única solución posible a todos los problemas que abaten al hombre. Aspiran a controlar toda la sociedad desde el poder central. Por eso engrosan las filas del Estado con más burócratas, y extinguen de inmediato cualquier revuelta o competencia local.

Los NACIONALISTAS abogan por aumentar el número de gobiernos y el número de políticos. Piensan ingenuamente que sus políticos están mucho mejor capacitados para gobernar una sociedad. Este chovinismo barato les lleva a proponer la creación de un nuevo Estado dentro del mismo territorio, el cual no dudan en ampliar con más y más “servidores públicos”, si les dejan actuar.

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Conversaciones con mi primo a la sombra de un árbol relativo

I

Las conversaciones que mantuve con mi primo este verano, durante los días que estuve alojado en el chalet de sus padres, resultaron muy gratas, y también bastante útiles. Pero no puede decirse que fueran sorprendentes: están precedidas por muchas otras iguales. Pocas personas hay con las que pueda discutir sobre temas que me apasionan durante tantas horas (escribí este artículo hace ya más de diez años; entonces todavía no conocía a ningún liberal de la Escuela Austriaca). 

La finca que administran mis tíos está ubicada en el municipio de Gata, un pueblote típico de la costa mediterránea, que reverbera bajo el sol del estío, con sus casas encaladas, a veces mal repartidas, a veces rodeadas de palmeras y cubiertas de jazmines, y siempre abiertas al turismo, con las calles repletitas de coches extranjeros y tiendas de suvenires. El entorno que rodea el pueblo es incomparable. Se sitúa en una zona privilegiada. Corresponde a esa parte del litoral alicantino que limita por el sur con los alcores yermos de Benidorm, y por el norte con las fértiles huertas que conforman la ribera valenciana, una zona que además se encuentra surcada de montañas relativamente altas, con una orografía compuesta de riscos escarpados y quebradas, cuyas imágenes enhiestas contrastan bellamente con la llanura infinita que ofrece la superficie del mar. El encuentro en la costa de esas geometrías tan distintas, vertical una y horizontal la otra, dibuja una línea de ensenadas y pequeñas calas a las que se llega por caminos y carreteras abruptas, que parecen que van a dar a una tierra inexplorada. No obstante, dicha sensación no dura mucho. Una vez llegamos a la arena, debemos ir esquivando las toallas, que se extienden hacinadas en el pequeño espacio que conforma la playita, los aullidos incontrolables de los niños, que acuden a la alarma de sus madres, el rumor constante que proviene de los chiringuitos, el sonido artificial de vasos y enseres domésticos, o el estrépitos de los vehículos, cuando aparcan al borde mismo de la arena, como si fueran enormes anfibios metálicos. Existen pocas calas inmunes, que no hayan sucumbido al acoso progresivo de los turistas. No obstante, con mucha frecuencia, si uno se aleja lo suficiente, acaba descubriendo rincones apartados bellísimos, que, en este caso, sí permiten percibir la sensación de ultramar, que seguro sintieron también los navegantes que arribaban por primera vez a un continente nuevo. 

Decidí visitar a mis tíos porque es eso lo que se suele hacer con la familia (de todas maneras, iba a pasar por Alicante de camino a la isla de Tabarca, donde había quedado en verme con unos amigos). Pero también y sobre todo porque mis tíos siempre han sido unos anfitriones excelentes (me agasajan con toda clase de productos endémicos: uvas moscatel, paellas, higos, pasas, vino). Además, existe una especie de reminiscencia infantil muy agradable que siempre justifica mis visitas, y que me sobreviene cuando transito por esas tierras tan hermosas. Tengo todavía fresco el recuerdo de mis primeras vacaciones, cuando mi padre aún tenía ganas de viajar y nos llevaba por toda la costa, desde Barcelona donde vivíamos, hasta llegar a la casita de su hermana, casi siempre de sorpresa, sin avisar, para comprobar la cara de alegría y embobamiento que se les quedaba a todos cuando nos veían aparecer. En aquellos años mi padre aún conservaba el gusto por lo imprevisible, y no denostaba esa frescura espontánea y desenfadada que tiene la vida. Desgraciadamente, con el tiempo se le ha ido agriando el carácter. Ahora manifiesta siempre un temperamento sobrio y adusto. Los años no pasan en balde. Mi padre ha llenado su existencia de rigideces, muestra casi siempre unas facciones sostenidas, defiende una moral kantiana, se impone unas costumbres ascéticas…, pero queda el recuerdo de aquellos años infantiles. 

Todos los motivos que acabo de referir habrían bastado por sí solos para visitar a mis tíos. Pero no voy a ocultar que existe uno más que siempre tengo presente, cada vez que voy a verles. Sé que me encontraré con mi primo, y que discutiremos durante horas sobre cuestiones que nos interesan a nosotros dos solos y a nadie más en la familia. Mis padres y los suyos suelen reprendernos si hablamos un poco más alto de lo normal, o si mantenemos enfrentamientos dialécticos que por lo general se prolongan durante toda la tarde. Muchas personas no entienden que se pueda discutir acaloradamente sin acabar malogrando la amistad. Normalmente, piensan esto porque ellos no son capaces. La gente tiene miedo de discutir; saben que acabarán enfadándose y que entonces la relación se enturbiará para siempre. Por tanto, optan por evitar las discusiones. Y a esa elusión la llaman respeto, para justificarse. Pero a mí me parece que el respeto es algo muy distinto. Se trata de aceptar la controversia sin alterar la relación. Lo otro no es respeto, es un silencio falaz e hipócrita que esconde la verdadera opinión, que se oculta para no molestar ni molestarse, porque no se respetaría.

Pero mi primo no es así. Encuentro en él una serie de cualidades que suelen escasear en los demás. Un conocimiento aceptable de las materias que aborda. Un interés por los temas más fundamentales y abstractos. La capacidad de discutir ciñéndose al asunto que se trata, sin entrar a valorar la posible inconveniencia de la discusión. Y una pasión igual que la mía, que a veces se desborda, y que le lleva a interrumpirme (lo cual comprendo y reconozco). Pero sobre todo, mi primo alberga una cualidad que es imprescindible para poder debatir y polemizar conmigo: está profundamente equivocado. Esto me da a mí la oportunidad de pulir y aquilatar las ideas, armando una defensa más cuidada, que contrarreste la calidad que tienen los ataques. Considero que mi primo es suficientemente inteligente, aunque esté a veces bastante desacertado. El error no está reñido con la inteligencia, y muchas veces se alimenta de ella. Existen grandes intelectuales que han defendido grandes estupideces. Miren sino a Sartre, cuya dialéctica y prosodia eran impecables, pero que estuvo toda la vida apoyando la misma causa que espolea a los comunistas de todas las épocas, y que le llevó a abrazar una ideología achicada basada en una creencia ilusoria y pueril, una utopía de tres al cuarto que ha llevado al cadalso a millones de personas en todo el mundo. Sartre era un hombre con una inteligencia superior a la media. Pero nadie jamás pudo convencerle de que la Unión Soviética era un hervidero de asesinos, que estaba destinada a ser el mejor ejemplo de estupidez y barbarie humanas. 

Mi primo está equivocado en todos los asuntos fundamentales que propone: siempre acaba en alguna forma de relativismo. Todavía recuerdo cómo me decía, las primeras veces que discutimos, recostados debajo de un árbol centenario y rotundo, de esos que son frecuentes en los climas benévolos de la franja mediterránea, que era imposible afirmar con total seguridad que tales árboles existían. Todo es producto de un concepto dado por el hombre, para servirle solo a él, me decía. Mi primo siempre ataca las clasificaciones, seguramente vea en ellas el intento del hombre por ordenar el pensamiento, al objeto de conocer y aprehender mejor la realidad. Mi primo dice que no se puede ver el árbol como un elemento perteneciente al conjunto de todos los árboles, y que la idea que nos hacemos de esas clasificaciones es fruto de un afán arrogante, profundamente arbitrario, empecinado en etiquetar todas las cosas que vemos. Los últimos años me he dado cuenta de que ya no defiende el relativismo de forma tan clara. 

Últimamente (igual me equivoco) noto en él un cariz más realista. Ya no le gusta tanto que le llamen relativista. Recuerdo que al principio aceptaba con mayor honor ese epíteto. Pero un análisis más profundo deja entrever en sus palabras el mismo gusto innato por esta ideología informe, que nunca ha dejado de defender del todo. Mi primo sigue empeñado en afear esa costumbre que yo tengo de definir y etiquetar todas las cosas, como si eso fuera un hábito insano y presumido, como si todo el conocimiento no consistiera en otra cosa que en un mero ejercicio de inventarios, como si la ciencia, que nos ha provisto de tantas cosas, no estuviese basada en esa obra clasificatoria que luego permite hablar de los fenómenos y discutir las leyes que los provocan, como si antes que Darwin no hubiera existido Linneo, que clasificó a todos los seres vivos y permitió que el propio Darwin supiese a qué atenerse cuando describía las prácticas dispares que observaba en los distintos grupos de animales. Sin taxonomía, no hay ciencia; no hay nada. 

Pero mi primo es relativista. Odia las clasificaciones en la medida en que son la manifestación más clara del ordenamiento objetivo que siempre han perseguido los hombres de ciencia. Su elaboración prueba que la realidad presenta unos patrones definidos, al alcance de la inteligencia humana. Los relativistas están en contra de cualquier certeza aparente. El relativismo de mi primo no se ensaña solo con la taxonomía. Su ataque es general, impugna todas las ciencias. Esto me da la opción de elaborar también una defensa general. Este artículo pretende resumir las controversias que nos mantuvieron entretenidos las pasadas vacaciones. La temática que abordamos fue muy extensa. Por tanto, me siento obligado a considerar todas las disciplinas que existen. Con este objeto, me voy a referir a las tres grandes materias que, desde mi humilde punto de vista, acaparan todo el conocimiento que es posible consignar: la Epistemología, la Metafísica, y la Física. Defenderé la objetividad que albergan las enseñanzas que nos proponen esas disciplinas. Y al mismo tiempo iré desgranando las ideas que expuso mi primo en relación a cada una de ellas.

 

II

La epistemología es la rama de la filosofía cuyo objeto de estudio es el conocimiento. La epistemología, como teoría del conocimiento, se ocupa de problemas que tienen que ver con las circunstancias históricas, psicológicas y sociales que llevan a la obtención de la información, y los criterios por los cuales dicha información se justifica o invalida, así como la definición clara y precisa de los conceptos epistémicos más usuales, tales como verdad, objetividad, realidad o creencia. Sin duda, la epistemología aborda cuestiones realmente esenciales, necesarias para acometer cualquier empresa intelectual. La metafísica es otra disciplina de la filosofía que también trata asuntos cardinales. En su caso, estudia la naturaleza, estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad. Trata aquellas cuestiones o cualidades de la naturaleza que son necesarias para la existencia de cualquier cosa y que por tanto no necesitan ser demostradas o ponderadas. Finalmente, la física sería el estudio y la consecuente acumulación de todo ese conocimiento más detallado que no se compone de principios realmente fundamentales. También estaría compuesta por principios, pero estos no dependerían de verdades necesarias e imprescindibles, y por tanto requerirían algún tipo de demostración. Suele llamarse física a la rama que estudia las propiedades y el comportamiento de la energía y la materia, como también cualquier cambio en ellas que no altere su naturaleza, así como el tiempo y el espacio, y las interacciones entre todos estos conceptos. Pero esta definición es demasiado estricta, se refiere solo a algunas de las cosas que podemos medir. En cambio, la definición que yo pretendo usar aquí es más extensa, comprende todas las ciencias experimentales, diferentes de esas otras que no requieren ningún tipo de demostración. Mi intención es oponer la física a la metafísica y elaborar así una clasificación general que abarque todo el conocimiento, basada en las tres disciplinas que he anunciado más arriba. En este sentido, llamo física al estudio propiamente científico, que trata todos los fenómenos físicos que se manifiestan con relativa claridad y que pueden ser objeto de análisis, a través de una serie de comprobaciones muy exhaustivas, que utilizan el método científico. 

La epistemología trata de los métodos para conseguir el conocimiento. La metafísica y la física describen ese conocimiento, y se diferencian entre ellas porque la primera analiza verdades incuestionables, apriorísticas, mientras que la segunda desvela verdades contingentes, que por tanto son refutables, podrían ser de otra manera, y necesitan ser comprobadas (se obtienen a posteriori, después de un análisis exhaustivo). 

Los científicos, y la mayoría de intelectuales, debido tal vez a una profunda deformación profesional, hartos de comprobaciones y acostumbrados a asumir un papel que requiere un laborioso trabajo de investigación, fundado en experimentos repetibles, asépticos, pormenorizados, necesarios en cualquier caso, no suelen dar crédito a ese otro conocimiento, metafísico, que no necesita laboratorios y que es producto únicamente del pensamiento humano. De esta forma, siempre han denigrado la filosofía, creyendo que la metafísica supone la aceptación de unas ideas falsas, que recogen todas esas creencias del pasado y del presente fundadas en supersticiones abstrusas y desiderativas, que en ningún caso se someten al diagnóstico y al filtro del método científico. No se dan cuenta que las creencias incontestables, aquellas que dicen no requerir ninguna demostración factual, pueden tener dos orígenes distintos. Efectivamente, pueden ser producto de una fe, una cerrazón y una ignorancia absolutas, y entonces serán completamente falsas. Pero también pueden ser producto de una evidencia sustancial, apoyada en una cualidad de la naturaleza indubitable, necesaria para que exista cualquier cosa, y entonces serán completamente ciertas. Aunque esta metafísica verdadera tenga cierto parecido con esa otra basada en la fe y la revelación, ya que las dos aseguran no necesitar a los científicos experimentales, no se puede deducir que son exactamente lo mismo, y denigrar una por los mismos motivos que se rechaza la otra. Esto lo hacen los científicos, en un arrebato de celos, porque no soportan que los filósofos lleguen a conclusiones más profundas sin esforzarse como lo hacen ellos, usando solo el pensamiento. Sin embargo, deberían hacer caso de las palabras que dijo en una ocasión Ludwig von Mises: “no se dan cuenta de que la percepción es más que la sola aprehensión sensitiva, que es un acto intelectual de la mente humana”.

El acto de conocer, fundamento de todo proceso intelectivo, exige siempre una primera observación accesible a través de los sentidos, y espontánea. Tenemos que tener constancia del mundo, de algún tipo de realidad, para ser conscientes de que existe la necesidad de buscar. Solo así estaremos en disposición de elaborar a continuación un plan de estudio efectivo. La epistemología es el primer paso serio y concienzudo hacia la obtención de ese conocimiento que deseamos. Ahora bien, existe también un conocimiento abstracto, que surge de la mera especulación, y que no requiere de la erística que la ciencia utiliza con el objeto de demostrar cómo funcionan las cosas. A este tipo de conocimiento lo llamamos conocimiento metafísico o filosófico, y también deviene espontáneamente. Esto, a los científicos que deben elaborar toda una serie de medidas de control, muy necesarias para alumbrar los descubrimientos que se dan en el ámbito de las ciencias experimentales, les resulta difícil de comprender, y suelen denigrar la filosofía por lo mismo que denigran las creencias que profesa el fideísmo, basadas en una idea inicial igualmente indemostrable.

Cuando aceptamos el método de estudio más apropiado (mediante análisis epistemológico), debemos también aceptar unos principios fundamentales e irrefutables (metafísicos), y abordar a continuación el estudio de ese otro conocimiento que compone la ternada y que, al ser menos fundamental, es más arbitrario y requiere una serie de comprobaciones exhaustivas (este tercer tipo de conocimiento nos lo aporta la física, entendiendo por ésta la propia física, pero también todas las otras ramas experimentales: la química, la biología, la sociología, la economía, etc.) Considero muy propicio dividir el conocimiento en esos tres tipos principales, incluyendo la filosofía, a pesar de lo que digan o quieran los propios científicos, que únicamente vanaglorian sus métodos de análisis, ignorando la existencia de otras formas de conocimiento. Todo parte de un acto intelectivo, que primero debe asentarse en una metodología concreta (epistemología), y que puede progresar de dos maneras, de forma meramente especulativa (metafísica), utilizando el único instrumento que nos es dado de antemano: la mente, o mediante toda una serie de aperos experimentales que permitan ir describiendo los detalles concretos que componen el mundo que nos rodea (física).

Las controversias que dinamitaron el tiempo de mi primo y el mío, durante las pasadas vacaciones, versaron sobre temas de índole muy diversa. Por eso creo conveniente resumir y ordenar los asuntos de esas discusiones apelando a las tres ramas principales del conocimiento, que me he encargado de detallar más arriba. En cada una de ellas mi primo defiende una postura esencialmente relativista. Sospecho que no se encuentra demasiado a gusto con esta etiqueta que yo le asigno. Sin embargo, es indudable que esta pose suya constituye el aliciente que desencadena todas las polémicas que tenemos, ya que yo siempre me he considerado un realista empedernido y un enemigo acérrimo del relativismo en todas sus versiones: cultural, praxeológica, religiosa, etc.

En primer lugar, voy a referirme a la epistemología, es decir, a los métodos que permiten alcanzar el conocimiento. Mi primo defiende claramente la idea de que la religión y la ciencia son la misma cosa, que da igual una que otra, al menos en lo que respecta a las cualidades más fundamentales. Como buen relativista que es, se niega a aceptar cualquier diferencia esencial. Según me dice, el poder del método científico es relativo, y siempre se basa en convenciones sociales que nunca podrán desvelar el auténtico entramado de la realidad. No digo que mi primo acepte que la ciencia es lo mismo que la religión. Él refiere algunas diferencias que le sirven para rehuir momentaneamente la acusación que yo le hago, al exigirle que me aclare esa actitud absurda y estéril que adopta en todos los debates, empeñada en negar continuamente la verdad, diciendo que todas las afirmaciones son iguales y están expuestas a las mismas incertidumbres. Tampoco estoy diciendo que mi primo se niegue a aceptar ciertas verdades. Lo que digo es que estas pequeñas diferencias que él sí conviene en admitir le sirven para ocultar una defensa del relativismo que va más allá de lo que yo puedo considerar aceptable (yo soy consciente de que el conocimiento científico también tiene límites y que la subjetividad se impone en determinados casos, pero no hasta el extremo de negar la diferencia esencial entre dos aprehensiones tan distintas: la religión y la ciencia, supersticiosa una e ilustrada la otra). 

Mi primo afirma que la religión, así como la ciencia, aspiran a encontrar un conocimiento determinado, y que el acicate que mueve dicha búsqueda está basado en lo mismo: el miedo y la inseguridad que produce la vida. Yo le contesto que esto es verdad para la religión y para toda las creencias espurias que inventan una realidad agradable, que siempre se amolda a las necesidades y los deseos de la mayoría de hombres, pero no puede ser cierto en el caso de la ciencia, la cual trata de evitar esas creencias agradables elaborando un método que pretende columbrar la verdad, independientemente de lo dura o inaccesible que ésta se pueda mostrar. Si no, ¿a qué viene tanto cuidado, tantas pruebas y tanto análisis? No nos preocuparíamos si no hubiera que desterrar todas esas creencias iniciales, que alimentan nuestros gustos y nuestros deseos. La esencia que está detrás del método científico, su razón de ser, todas las herramientas que implementa (la reproducción del experimento, los falsos negativos, las condiciones asépticas), así como las conclusiones a las que llega (que nunca han sido del agrado de la gente), tienen el claro objetivo de desterrar cualquier prejuicio y guiarse únicamente por la necesidad de encontrar una evidencia objetiva, descartando esas otras necesidades que tienen un carácter desiderativo. Pero mi primo se empeña afirmar que no existen diferencias esenciales entre la religión y la ciencia. Con ello está demostrando que no entiende en qué consiste la ciencia. Sigue obcecado en defender que la búsqueda científica surge también como consecuencia del miedo que nos produce la vida. Intenta transmitir la idea, muy extendida entre los relativistas más acérrimos, de que todo el conocimiento que alcanzamos es producto de una necesidad ilusoria y subjetiva, creada para agradarnos únicamente a nosotros, y que no hay manera de escapar a ella. 

Con relación a la metafísica, mi primo es de esos que no le dan crédito alguno, igual que la mayoría de científicos, los cuales aceptan únicamente aquellos hechos que han sido demostrados mediante experimentación, en un ejercicio de arrogancia que a mi me parece muy poco aconsejable. Mi primo piensa que los apriorismos de la metafísica, al no basarse en ningún otro principio, son entidades absolutamente arbitrarias, producto también de convenciones sociales. No se da cuenta de que los fundamentos necesarios que componen esos apriorismos, verdaderos, son los más esenciales de todos, que están basados en unas necesidades omnímodas que hace que no requieran ninguna prueba y tampoco ningún otro fundamento más esencial. Si una cualidad es necesaria para que existan todas las cosas, no es necesario demostrarla con experimentos, y por supuesto tampoco puede decirse que sea arbitraria. No es necesario demostrar que el universo tiene que tener algún tipo de regularidad. Si no fuera así, no existiría el universo, o todo se habría desmoronado hace tiempo. La ciencia que practican los experimentalistas está llena de arbitrismos que es necesario resolver, porque el universo bien podría ser de otra manera (con otras fuerzas físicas y otras partículas). Por eso existe el método científico. Pero la metafísica es distinta. Aquí la evidencia va implícita en el propio hecho de existir, porque las cuestiones que se tratan no pueden ser diferentes. 

Mi primo piensa que una teoría irrefutable (o indemostrada) siempre será una teoría defectuosa, y que estas cualidades jamás podrán promover una virtud intelectual. Se equivoca. Igualmente hacen muchos científicos, cuyo celo profesional impide que aprecien otras formas de conocimiento que no sean aquellas que ellos acumulan, y que siempre les exigen la elaboración de una batería de pruebas. Mi primo también comparte este error con los relativistas, que no conciben ninguna seguridad y que siempre acaban abrazando el anarquismo solo para estar a salvo de cualquier doctrina. No se dan cuenta de que las doctrinas no son malas por sí solas. Para ser malas tienen que estar equivocadas. Si no existieran doctrinas tampoco existiría el mundo. El mundo debe tener un funcionamiento fijo, que cuando se desentraña solo puede tomar la forma de doctrina. Y existen algunas particularidades de ese funcionamiento sin las cuales ningún mundo podría existir, que por tanto no es necesario demostrar, y cuya aseveración no se puede comparar con las certezas insostenibles que defienden todos los que creen en los milagros que vienen recogidos en los libros sagrados, o con ese otro comportamiento cerril que no atiende a explicaciones. La intransigencia, como cualquier cualidad referida a un sujeto, como la propia irrefutabilidad o las visiones doctrinarias, necesita siempre una aclaración. En sí mismas, no son malas ni buenas; depende de qué sea lo que estemos dispuestos a salvaguardar. Si estamos dispuestos a proteger la vida, o si defendemos ideas verdaderas, la intransigencia, la seguridad, o las doctrinas que afianzan esas ideas ciertas, siempre serán virtudes importantísimas. 

 

III

Finalmente, el último día que estuve en la casa de mis tíos, surgió entre mi primo y yo un tema de conversación que resulta incómodo incluso para nosotros: el nacionalismo. Ya he hablado de la epistemología y la metafísica, y he denunciado el modo particular que tiene mi primo de abordar estas materias, que es el mismo que tienen todos los relativistas. Pero ahora quiero detenerme en el tercer tipo de conocimiento: la física. En este sentido, las políticas nacionalistas me ofrecen la oportunidad de tratar también esta materia, y al mismo tiempo criticar otra vez esas posiciones sesgadas que acusan todos los movimientos que sustancian y enfatizan el relativismo. 

La política es una ciencia que se enmarca dentro del tercer tipo de disciplinas que he descrito más arriba (la física), las cuales abarcarían todo el conocimiento que se obtiene mediante experimentación. La política es una ciencia práctica, porque se practica con asiduidad. También es una ciencia experimental: todos los días experimentamos sus efectos. Y a la vez es una ciencia que trata asuntos contingentes, que siempre requieren algún tipo de demostración o matización a posteriori. Sin embargo, esto no quiere decir que solo debamos tener en cuenta los experimentos. Evidentemente, cualquier disciplina práctica tiene que estar basada también en una serie de presupuestos metafísicos, si quiere albergar alguna solidez, y a su vez tiene que usar los recursos que se emplean en el análisis epistemológico. Además, la política nunca va a ser una ciencia puramente experimental, porque su objeto de estudio es un sistema absolutamente complejo: el ordenamiento social, cuyas variables son imposibles de controlar y predecir con exactitud. Pero esto no quiere decir que no se puedan implementar diversos registros y pruebas: el estudio de la historia deja clara constancia de cuáles han sido los peores regímenes. Además, las ciencias físicas, como yo las he definido, abarcan todas aquellas ramas del conocimiento que tratan fenómenos observables, independientemente del grado de precisión que puedan alcanzar estas observaciones. También son las ciencias encargadas de analizar y describir los detalles concretos y las particularidades que caracterizan el mundo que habitamos, al margen de los principios necesarios que siempre son los mismos. Es decir, son ciencias que analizan hechos contingentes, que pueden tomar diversas formas, y que por tanto siempre será necesario demostrar. Y no hay duda de que la política encaja perfectamente dentro de este tipo de descripciones. La política trata de analizar un sistema físico, la sociedad, que es el más arbitrario y complejo de todos, que ha venido tomando multitud de formas, y que aún deberá tomar muchas más. La política es una ciencia física.

La teoría y la práctica (la metafísica y la física) siempre deben ir de la mano, en cualquier estudio que hagamos. Cuando describimos una teoría fundamental tenemos que derivar de ella todos los casos prácticos que podamos, porque eso es precisamente lo que pone a prueba su cualidad fundamental. Igualmente, cuando analizamos los hechos contingentes estamos obligados a basarnos en algunas ideas irrefutables. Cuando digo que la política es una ciencia práctica no estoy diciendo que no deba contemplar ciertos principios necesarios. Por lo mismo, tampoco afirmo que los experimentos que lleva a cabo esa ciencia tengan que obtener un conocimiento completo del objeto que se trata de analizar. Quiero dejar claro esto porque los relativistas siempre utilizan esas contingencias y esas incertidumbres para intentar demostrar que las cosas pueden ser de muy diversas maneras, sin percatarse de que todas esas alternativas y posibilidades deben basarse siempre en algún principio fundamental, a partir del cual todas se deriven. Igualmente, tampoco se percatan de que no es necesario alcanzar un conocimiento perfecto de todo para estar seguro de las cosas. Aunque no se conozcan los detalles, los principios siempre se mantienen fijos y claros; siempre serán los mismos. Aunque no sepamos con exactitud qué deriva puede tomar la sociedad, y cuáles van a ser los descubrimientos que cambiarán nuestras vidas, sabemos que avanzaremos más rápido y mejor en la medida en que respetemos ciertas leyes generales y permitimos que los individuos que constituyen esa sociedad puedan trabajar en condiciones favorables. Para los liberales esas condiciones favorables vienen determinadas por la libertad. El Estado debe abstenerse de intervenir. No debería prefijar un camino concreto (con subvenciones que favorecen determinados desempeños), y tampoco impedir que los ciudadanos sigan el curso que ellos deciden (con impuestos que gravan sus acciones). La libertad es un principio fundamental, y su verosimilitud no depende de ninguna demostración detallada.

El mayor enfrentamiento con mi primo siempre gira en torno a las ciencias que tocan más de cerca al hombre: la política, la economía, la ética. Aquí es donde más se agrava su pensamiento relativista. Mi primo está a favor de esas doctrinas nacionalistas arraigadas en las zonas rurales (el padre de mi primo es oriundo de Gata, un pueblito del norte de Alicante que, a pesar de enmarcarse a pocos kilómetros de la costa, en las zonas más turísticas de la región, sigue conservando ese aire provinciano que tienen todos los pueblos), y en algunas localidades de España, que consideran conveniente emprender una inmersión cultural radical, aleccionando y adoctrinando a la ciudadanía, inculcando una serie de ideas subversivas y una patriotería barata que asegura que existen distintas clases de regiones, algunas con una historia más importante, tan distinta que merece una categoría a parte. Los separatistas son los encargados de materializar estas diferencias; desean crear una nación independiente, como si el mero establecimiento de la misma ya pudiera remediar todos sus males, que siempre achacan al país del que forman parte y que consideran invasor. Una ideología basada en una afirmación de este tipo nunca puede asumir los principios correctos que tendrían que corregir los defectos de un pueblo o de un gobierno determinado. Si lo más importante es que se gobiernen ellos solos, y si los causantes de los problemas siempre son los demás y ellos no tienen la culpa de nada, todas esas ideas solo pueden derivar en una cosa: el establecimiento de un régimen arrogante que facilite el ascenso de aquellos líderes que demuestren una petulancia y una estrechez mayores. Eso es lo que defiende cualquier nacionalista que apoye el derecho de autodeterminación, anteponiéndolo a todos los demás, prefiriendo las decisiones arbitrarias de los ciudadanos de una determinada región (estas decisiones sí son arbitrarias, y no los axiomas que critica mi primo por la misma razón), en vez de fijar los objetivos en la construcción de una nación más grande, donde poder implementar las ideas verdaderas, y en la que la legislación defienda a todos los individuos por igual y no se limite a complacer únicamente el gusto de algunos de ellos, del colectivo chovinista, de las minorías recelosas, o de una mayoría de enajenados. 

Mi primo afirma que el sentimiento más importante es el sentimiento de pertenencia, el sentimiento identitario que hace que te identifiques con un pueblo y una historia determinada. Esta ha sido siempre la argucia que han utilizado todos los tiranos cuando han intentado instaurar un régimen totalitario. Los pogromos siempre seleccionan a aquellos individuos que, según el pensamiento del líder, poseen unos sentimientos acordes con los destinos de la patria. Yo le digo a mi primo que las cosas más importantes no pueden basarse en una defensa que prima un sentimiento particular, sino en una que brinda la posibilidad de que las personas expresen el sentimiento que quieran, independientemente de lo que cada uno pueda considerar como sentimiento fundamental. Los sentimientos siempre han sido exacerbados desde el poder; en eso consiste la demagogia. Los líderes apelan a los sentimientos porque saben que el ser humano es fácil de convencer cuando se le invita a sentir algo. El sentimiento patriótico, de pertenencia, es uno de los afectos más arraigados que existen. El odio al extraño, al extranjero, y la exaltación de todo lo que tenga que ver con la familia o con el clan al que uno pertenece, es uno de los sentimientos más primitivos, y siempre ha sido el motor de todas las guerras, desde las primeras tribus nómadas a las naciones y los pueblos que se asentaron luego en determinadas partes del mundo. El sentimiento nacionalista prende con una simple chispa, y produce unas llamaradas enormes. Esto lo saben todos los líderes, y por eso alientan a las masas para que reivindiquen su derecho de autodeterminación. El régimen que disfruta el dirigente político depende de esto. Cuantos más países y gobiernos existan, más nichos habrá para que esa caterva de líderes, que está esperando una oportunidad, salte a la palestra y elabore un estatuto nuevo que satisfaga sus aspiraciones presidenciales. Existe un claro interés en esa arenga que hacen los líderes, alentando a las masas para que reivindiquen una patria nueva. Saben que este tipo de discursos darán lugar a muchos recelos y promoverán la división de los ciudadanos, y que ellos podrán encabezar entonces los gobiernos que surjan de estas escisiones, y establecer las normas que quieran los diversos grupos, las cuales no se basarán nunca en unos principios auténticamente generales. 

Mi primo es un relativista cultural a ultranza. No quiere un gobierno general, basado en unas leyes auténticas. Él solo quiere que existan todos los gobiernos que consigan segregarse. Luego ya habrá tiempo de establecer el marco legislativo correcto, y en todo caso no existe un marco legislativo único. En cambio, yo procedo al revés, asegurando primero un marco general correcto, y viendo luego qué diferencias legislativas pueden adoptarse en cada uno de los casos. 

Si todas las regiones que lo decidan pueden establecerse como nación, con tal de que haya un grupo mayoritario de ciudadanos que vote a favor de esta medida, hay que reconocer también que existen muchos marcos legislativos igualmente válidos. Si lo más importante es que los países se dividan y que los grupos de ciudadanos que así lo decidan puedan segregarse e instaurar una nueva nación, importa menos el tipo de nación que acaben constituyendo. Esto da pie a que cualquier tiranía pueda considerarse legítima, con tal de que ostente el poder en una región concreta del planeta.

Quiero que el lector se dé cuenta que existen dos tipos de problemas. No solo está el problema que surge a la hora de elaborar un marco legislativo concreto. También hay una cuestión previa. Antes hay que decidir si queremos que exista un marco legislativo, que sea el mismo para todos. Mi primo se equivoca a la hora de abordar esos dos problemas. En medio de la conversación, siempre quiere saber cuáles son las leyes que yo defiendo, para decirme a continuación que pueden ser (las mías) unas normas falsas, muy distintas de las que puedan considerar otros, a los que también habría que respetar (el relativismo consiste en un respeto desmedido hacia todo el mundo, incompatible con ese otro respeto a la verdad que solo puede honrar determinadas ideas, aquellas que son ciertas). Esta afirmación entraña dos acusaciones: 1- mis leyes son falsas, y 2- mis leyes son hegemónicas y no respetan a las otras. Estas acusaciones de mi primo se corresponden con esos dos problemas que acabo de referir: la elaboración de un marco legislativo correcto, y la decisión que debería evaluar la necesidad de un marco común, igual para todos. Analicemos cada una por separado.

1- Las leyes son falsas. Esta acusación de mi primo no tiene ningún fundamento real y está basada sólo en prejuicios suyos. Yo defiendo unas leyes diferentes a todas las demás, que tal vez por eso no se entienden bien. Son leyes que protegen la libertad individual, y por tanto nunca pueden estar equivocadas, ya que no pretenden establecer unas normas de conducta concretas, y únicamente dejan que las establezcan todos los individuos, con sus actos diarios. Cuando las leyes solo protegen la libertad, los ciudadanos acaban siendo los únicos responsables de las equivocaciones que se puedan cometer. Además, mis leyes están basadas en normas que no nacen para alentar la segregación, y que por tanto no intentan enfatizar los atributos de un pueblo en particular, sino que defienden los derechos que asisten a todos los individuos, por el mero hecho de existir. Mi primo no lo entiende esto, y por eso desea saber qué leyes defiendo yo, y cuando le digo que no defiendo ninguna virtud en particular, que mis leyes no pretenden fomentar ninguna aptitud, más allá del propio respeto que sirve para permitir que la gente se exprese y viva de la manera que quiera, mi primo dice que eso no son leyes ni son nada. 

2- Las leyes son hegemónicas. Mi primo también desea saber cuáles son las leyes concretas que yo defiendo para poder así achacarme una actitud totalitaria. Él piensa que la única forma de no caer en esos excesos totalitarios pasa por no defender de forma clara ninguna ley. Hay que aceptar el derecho de cada pueblo a decidir las leyes que quiera, ya que es imposible determinar cuáles serán mejores. Sin embargo, me resulta difícil entender que una defensa de algo no deba implicar algún tipo de convencimiento. Y cuando estamos convencidos de una cosa, no entiendo que no queramos también que tenga una aplicación general. Las ideas generales no son malas porque sean generales, sino porque son falsas. Si dudamos de la doctrina que queremos avalar, al menos tenemos que reconocer que existen algunas normas verdaderas que deberían poder aplicarse en cualquier caso, para lo cual no podemos defender la segregación de los países bajo cualquier circunstancia.  

Pero mi primo niega también este supuesto: el marco común. Con la misma fuerza, niega cualquier acusación que le haga quedar a él como un relativista carente de principios, aunque luego aplique ese relativismo en todas las esferas del conocimiento. Igualmente, mi primo niega que su visión sea la misma que tienen todos los totalitarismos, aunque luego defienda ese arbitrismo que abre la puerta a cualquier forma de política. Por el contrario, afirma que siempre tiene en cuenta al individuo. Mi primo dice que es liberal, y que defiende el individualismo. Esto resulta tremendamente sorprendente, viniendo de una persona con esas ideas. No consigo hacerle entrar en razón. No logro que vea la contradicción en la que incurre con su razonamiento. O se defiende al individuo y se pretende construir una nación que proteja esta entidad, cuanto más grande mejor (ya que así un mayor número de individuos serán defendidos), o se quiere favorecer a determinados colectivos, ya sean regionales, laborales, etc…, y entonces no se puede defender a todos los individuos. Mi primo dice que él defiende al individuo porque protege su derecho a decidir el gobierno que quiere, y a no estar obligado a obedecer unas leyes concretas y generales. Dice que el derecho de autodeterminación es la garantía para que los individuos puedan librarse de la tiranía y el absolutismo, que siempre intentará impedir cualquier disidencia. Esto sería cierto en el caso de que esa tiranía existiese, o si el derecho de autodeterminación no fuera reivindicado en cualquier circunstancia. Pero los nacionalistas consideran que este derecho es una condición suficiente, y que cualquier pueblo puede decidir en las urnas si quiere erigirse o no como nación. Es indudable que este pensamiento también animará a todos aquellos que quieran separarse para constituir una nación dictatorial. Por tanto, ese tipo de reivindicaciones no pueden suponer la base de ninguna defensa de los individuos (del hecho individual). Más bien están defendiendo a un tipo de individuo muy concreto: aquel que quiere dictar y promover las leyes que él decida en cada uno de los casos. 

Mi primo defiende la tiranía. Cuando uno defiende el hecho individual, y considera que lo más importante es que existan cuantos más individuos mejor, no defiende que algunos de estos individuos puedan segregarse y dividirse, porque las leyes tienen que proteger y garantizar la libertad de todos. El carácter general de la ley es la garantía del auténtico individualismo, aquel que protege a muchos más individuos y que hace hincapié en la importancia de esa égida absoluta. En cambio, si lo que se defiende es que existan regiones que se puedan constituir como Estados independientes, bloques de colectivos donde la libertad esté secuestrada por algunos hombres, que serán libres de elaborar una constitución propia, no se está defendiendo la individualidad y la libertad, sino a determinados individuos y grupos. Si se defiende determinado sentimiento (chovinista), no se defienden los sentimientos de todos, solo los de aquellos que suelen querer que todos sintamos lo mismo que ellos. Es conveniente no confundir estas dos defensas del individuo y de la libertad, porque son exactamente lo contrario. 

Mi primo sigue esa tradición platónica que siempre ha creído que lo más importante es encontrar un dirigente que presente una serie de virtudes muy concretas. En los diálogos que componen Las Leyes, Platón habla por boca del extranjero ateniense (Cicerón, en el primer libro de sus Leyes, dice que el extranjero ateniense es el mismo Platón) y afirma lo siguiente: “¿A qué conduce todo este razonamiento y que nos proponemos probar con él, sino que todo legislador un poco hábil, y sobre todo el de Creta, instruido como estaba por Júpiter mismo, no se propone otro objeto que la más acrisolada virtud, la cual, según Teognis, no es otra que una fidelidad a una prueba en circunstancias difíciles, fidelidad que se puede llamar con razón justicia perfecta?”. Toda la filosofía política de Platón pretende encontrar esas virtudes en función de las cuales el dirigente será capaz de obrar con suma diligencia. La filosofía política de Platón obtuvo eco en el maquiavelismo y en las ideas posteriores de Hobbes, que también buscaron esas virtudes. No fue hasta el periodo de los escolásticos españoles, y posteriormente con Locke y Hume, cuando se empiezan a cuestionar las ideas de Platón y Maquiavelo, y con ellas la idea del virtuosismo que debía caracterizar a los buenos gobernantes. Locke establece las bases para un estado de derecho que proteja al individuo frente al gobernante. Antes que él, Juan de Mariana había defendido el regicidio en aquellos casos en los que corriera peligro la vida de los ciudadanos. Estas actitudes filosóficas marcan un punto de inflexión en el pensamiento político, y separan dos concepciones muy distintas, que tienen arraigo en dos momentos de la historia muy diferentes. El maquiavelismo consideraba esencial ofrecer al príncipe una serie de argucias y fórmulas que le permitieran mantenerse en el poder el máximo tiempo posible, unas virtudes que debían seguirse a rajatabla, a pesar del sufrimiento que pudieran desencadenar en los ciudadanos. Pero los padres del Estado moderno vieron más importante garantizar la protección de esos ciudadanos, frente a los excesos que pudieran cometer sus dirigentes. De esta manera, inauguraron el periodo moderno de la ciencia política, que tiene al individuo como principio fundamental.   

Cuando uno se fija en unos sentimientos o unas virtudes concretas, no está defendiendo a los individuos, que siempre son diversos. Y cuando las virtudes que se defienden acentúan el carácter del líder, tampoco se salvaguarda la libertad de los ciudadanos. Si pretendemos adiestrar al gobernante, al objeto de conseguir que sea un líder idóneo, cometemos un error muy peligroso: confiamos en la infalibilidad del hombre. Los anarquistas creen en la infalibilidad de todos los individuos; por eso les dejan hacer. Luego están los demócratas, que creen en la infalibilidad de las mayorías, por eso confían en cualquier dirigente que salga elegido de las urnas. Y finalmente están los totalitarios, los platónicos o los maquiavélicos, que creen en la infalibilidad de un único individuo. Todos están equivocados: la infalibilidad está basada en un presupuesto falso. El único sistema que no incurre en este error, que no muestra esa arrogancia, que no fija de antemano unas virtudes concretas, que no señala cuales habrán de ser los mejores gobernantes o vendedores de ideas, y que asume de forma natural la falibilidad del ser humano, es el sistema capitalista, que permite la competencia, a sabiendas de que habrá muchos que no conseguirán tener éxito, al no aportar nada beneficioso a la sociedad. El capitalismo es un sistema de competencia que selecciona sólo aquellos trabajos que demuestran realmente alguna valía. El capitalismo promueve este mecanismo de selección, y para ello establece un marco normativo que se funda en la importancia del hecho individual. Son necesarios muchos individuos para asegurar ese mecanismo, para permitir la competencia y para conseguir que algunos de ellos descollen, obteniendo un éxito que acabe beneficiando a todos los demás, también a los más ineptos. En el mercado libre que establece el capitalismo cualquiera puede comprar y conseguir productos que han inventado y desarrollado las mentes más privilegiadas. Además, el precio siempre acaba siendo marginal, para acaparar mayor cuota de mercado, lo cual hace que aquellos que tienen pocos recursos también puedan beneficiarse de esta situación. Desde luego, no es un sistema perfecto, donde todos consiguen lo que quieren (si pretendiera la perfección no se distinguiría de esos otros sistemas que defienden los platónicos). Pero sí es el mejor sistema que existe, uno muy bueno, y el único que puede funcionar.

Sin embargo, mi primo, igual que todos los nacionalistas y los relativistas culturales, piensa que cualquier sistema es legítimo, siempre que esté apoyado por una mayoría. Esto es lo mismo que decir que hay que defender cualquier cultura. Dicha defensa nunca se basará en leyes apropiadas y objetivas, sino en decisiones arbitrarias que dependerán siempre de los gustos de las personas, o del grado de adoctrinamiento al que hayan sido sometidos los ciudadanos que decidan defenderlas. Esto implica promover también determinados comportamientos y virtudes, dándoles un marco legislativo favorable, cada vez más engorroso. 

Mi primo es un buen nacionalista. En su visión prima el sentimiento de pertenencia. Por eso nunca podrá creer en la libertad, aunque se le llene la boca cada vez que pronuncia esta palabra. Son cosas muy distintas. La libertad exige una defensa radical del individuo, no la defensa de un tipo de individuo o de un grupo de ellos. La libertad exige la defensa del hecho individual. El hecho individual está presente en todos los individuos, no sólo en aquellos que abrazan determinado sentimiento o cultura, o que quedan limitados dentro de determinadas fronteras. La libertad es una cualidad que exige una implementación total. No se puede querer que solo sean libres unos pocos. Normalmente, cuando se pretende la libertad de un pueblo en particular es porque se quiere someter a todos sus habitantes. Aquellos que creemos que la libertad es un principio universal deseamos que todos los pueblos unidos se acojan algún día a las medidas que determinan esa libertad. Queremos construir una nación más grande, y no dividir la que ya tenemos.

Lo que más tristeza me produce es constatar hasta qué punto mi primo puede llegar a defender los crímenes terroristas, con la falsa excusa de que España siempre ha sido un Estado opresor al que hay que combatir. Comparte los argumentos espurios de los asesinos, aunque al mismo tiempo diga que no lo hace, e intente limpiar su imagen y su conciencia. Sin embargo, cualquier mínima justificación o coincidencia con el terrorismo es en sí un hecho tremendamente lamentable. No sé de qué Estado opresor está hablando. España tiene muchos defectos, pero es una nación moderna que pertenece a la Unión Europea, en la que existe un marco legislativo garantista que aspira a proteger a todos los ciudadanos. En cualquier caso, es una nación que busca aliarse con los países más desarrollados y libres del planeta. Los nacionalistas, en cambio, buscan proteger solo a unos ciudadanos concretos, y siempre tienen puestas sus miras en la consecución de un objetivo retrógrado, una involución que consiste en restituir las fronteras, separar de nuevo a las personas, y dejarlas igual que antes, cuando el mundo no estaba conectado, cuando no existía el comercio mundial, y cuando todos vivíamos en aldeas aisladas y solo nos juntábamos para pelear. 

Cuando mi primo habla de un Estado opresor siento que está en un universo completamente distinto del mío. La doctrina nacionalista ha minado su inteligencia hasta un extremo insoportable. Es asombroso el poder que puede llegar a tener esta ideología, capaz de inflamar las mentes más cabales y educadas. Considero que mi primo es una persona de una cierta categoría intelectual. Por eso me asombra que se avenga a esas directrices paletas y totalitarias, poniéndose del lado de los agentes más estúpidos, y acompañando a todas esas personas que creen que España sigue siendo un Estado franquista, o que continúa oprimiendo y expoliando a las colonias (que ahora son las regiones del extrarradio), como lo hacía antaño, cuando era un imperio decadente y se resistía a perder esa condición. 

Sin embargo, a pesar de todas nuestras desavenencias, o tal vez gracias a ellas, mi primo mantiene una convicción que lo aleja de los planteamientos que defiende, y lo aproxima más a los míos. Yo creo que los enfrentamientos dialécticos nunca deberían poner en riesgo una buena relación. Esta convicción deriva directamente del individualismo que yo defiendo. Hay que respetar (hasta cierto punto) las diferencias de carácter de los demás, y aceptar todos los pensamientos y los gustos, aunque no coincidan con las virtudes que uno desearía, siempre y cuando no intenten imponerse por la fuerza. Este respeto no consiste en aceptar la independencia de cualquier colectivo regional, por los motivos que sean, ya que depende de unas leyes generales que tienen que proteger la independencia de todos los individuos, sin tener en cuenta la región que habiten. Ese respeto tampoco consistirá en quedarse callado, igual que hacen muchos miembros de mi familia, para que parezca que existe algún acuerdo. Hay que encajar los golpes sin enojarse, o con un enojo que se va a las primeras de cambio, en el momento que termina la discusión. 

Los cementerios no son un ejemplo de paz y de respeto, porque allí nadie tiene la posibilidad de iniciar ninguna discusión; todos están muertos. La autentica paz se consigue cuando los vivos, en el uso de sus facultades, deciden dejar las armas y convivir de forma tranquila. De igual modo, el respeto hacia la opinión del otro no queda confirmado cuando se evita la discusión, sino cuando, habiéndola tenido, se decide seguir aceptando al oponente. Eso es algo que echo de menos en mi entorno (mis parientes son muy dados a callarse la boca, para no alterar la paz de la casa, para no despertar viejos resentimientos, o para no armar un escándalo que dañe la imagen de la familia). Y es algo que admiro profundamente en mi primo, con el que siempre puedo hablar sin ningún tipo de tapujos. Mi primo discute sin apelar a las formas. Le importa menos que nos exaltemos o que podamos dar una imagen indebida. Esto permite centrarnos en el tema que queremos tratar. No es como esos otros que, habiendo sido acorralados argumentalmente, sin nada más que decir, empiezan a analizar y desaprobar la forma que uno tiene de discutir. 

Espero que todo siga igual, y que podamos discutir muchos años más. Aquellos que nos reprenden cuando discutimos, afirman que estamos perdiendo el tiempo, que nunca podremos llegar a un acuerdo. No entienden que la discusión sólo tiene sentido cuando existe desacuerdo. Piensan que el mero hecho de no alcanzar un consenso significa que la discusión no sirve de nada. Nosotros en cambio sabemos muy bien que todas esas discusiones tienen una gran utilidad. Sirven para distraer la mente y hacerla trabajar. Sirven también para elaborar una defensa que permita asentar las ideas que uno tiene. Y sobre todo sirven para asentar la amistad, que será más sólida a medida que se ponga a prueba y se endurezca con el calor de los debates. Para todo esto sirven las discusiones, y no hace falta que el otro te dé la razón o se avenga a lo que tú dices. No es necesario ese tipo de acuerdos. Basta con querer seguir discutiendo, para lo cual solo es necesario reafirmar la amistad una y otra vez, después del enfrentamiento.      

Publicado en Conversaciones con mi primo a la sombra de un árbol relativo, MIS OPÚSCULOS | Deja un comentario

La respuesta de Walter Block a una pregunta sobre Cataluña, o por qué los anarcocapitalistas no son lo que dicen ser

¿Se imaginan a un liberal que defienda la libertad individual bajo la premisa de que todas las personas pueden hacer lo que les dé la gana, incluso los delincuentes y los asesinos? Pues eso es lo que hacen en esencia algunos liberales cuando defienden la secesión nacional casi a cualquier precio. Lo curioso es que alegan en su favor que lo hacen por principios. Ahora bien, hay que ver cuáles son esos rudimentos que utilizan para justificarse, en los que dicen apoyarse, para transmitir integridad. Los principios no son buenos porque sean principios, sino porque tengan un contenido adecuado a la realidad. Y una persona tampoco es íntegra porque utilice principios, sino porque defienda la verdad y la justicia. Los asesinos también tienen principios. En este caso, los principios de algunos liberales anteponen la secesión colectiva de una región determinada a la libertad franca y el derecho que tiene cualquier ciudadano a ser libre. Es la eterna paradoja de la tolerancia de Popper. El principal pecado del liberalismo consiste en confundir la libertad con el libertinaje, los derechos individuales a los que sin duda tienen acceso las personas que respetan las leyes, con los derechos colectivos de casi cualquier entidad que podamos imaginar. Por ejemplo, muchos liberales defienden la secesión de Cataluña a pesar de asumir de antemano, con total naturalidad, que la comunidad autónoma en cuestión acabará convirtiéndose en una república socialista. Y dicen que lo hacen por principios, para no caer en la posición opuesta, la del utilitarismo. No se dan cuenta que están haciendo todo lo contrario, alejarse de los principios que defienden al individuo, para caer a continuación en la más grave y común de todas las equivocaciones liberales, aquella que denunciaba Popper en su famosa paradoja de la tolerancia, aquella que lleva a pensar que cualquier entidad puede hacer lo que le venga en gana, con tal de decir que lo hace porque es libre o porque así lo quiere la mayoría. Es fácil hablar de mayorías cuando puedes encoger el territorio todo lo que quieras para tener en cuenta solo a aquellas poblaciones locales que reivindican la separación. Cualquier minoría se convierte entonces en una mayoría, con lo que el principio deja de tener sentido. Del mismo modo, cualquier declaración se puede convertir en un principio liberal si lo único que se utiliza como filtro es una idea vaga de libertad basada en el continente del concepto y no en su contenido real, en la propia libertad y no en lo que se hace con ella. Por supuesto, Cataluña podría ejercer su libertad si acabara independizándose. Pero, ¿a costa de qué?, ¿con qué consecuencias?, ¿y con cuántas víctimas? Eso es lo que hay que analizar en primer lugar. No podemos caer en ese absurdo concepto absolutista que manejan los anarcocapitalistas, con el que pretenden enarbolar la bandera del liberalismo, y convencernos al resto de lo íntegros que son. Ni son probos ni son justos.

A menudo me enfrento con anarquistas de mercado, y en todos los casos parece que tengan una aureola de luz alrededor de sus cabezotas, o por lo menos eso es lo que ellos piensan. Se creen los guardianes de los principios liberales, los únicos que son fieles a los preceptos del movimiento, aquellos que llevan los principios hasta sus últimas consecuencias. Eso te dicen. En este pequeño artículo creo haber demostrado que en realidad son unos farsantes. Sus principios no son tales. Y su defensa no tiene nada que ver con la libertad que tradicionalmente ha defendido la Escuela Austriaca y la mayoría de corrientes liberales.

A algunos les costará creer que los liberales puedan llegar a estas conclusiones, siendo que se tienen como los máximos defensores del individuo. Si no me creen, lean la respuesta del economista de la escuela austriaca Walter Block (por supuesto un anarcocapitalista confeso) a una pregunta de Erick Flores:

– Profesor Block, el gobierno catalán quiere separar Cataluña de España. En principio, cualquier libertario apoyaría este proceso, pero tiene al menos tres problemas: primero, se basa en mentiras (falsificación histórica y adoctrinamiento en las escuelas); en segundo lugar, ¿qué pasaría con aquellas personas que quieren permanecer en España (que bien puede ser la mayoría del pueblo catalán)? y tercero, en caso de éxito, la supuesta “República Catalana” sería casi un Estado socialista. Por lo tanto, desde un punto de vista utilitario, en este momento sería mejor quedarse en España que separarse. ¿Qué piensa? Gracias por su atención.
Sinceramente, D.

+ Querido D: Primero, no soy capaz de juzgar las “mentiras” que usted menciona. En segundo lugar, las personas que quieran permanecer en España, o establecer su propio país separado de la nueva nación de Cataluña, deben ser autorizados a hacerlo. Tercero, sí, desde el punto de vista utilitario, no se debe permitir que los catalanes socialistas se separen. Pero desde una perspectiva libertaria, la libre asociación es crucial. Nadie, ni siquiera los zurdos, deben ser obligados a asociarse con las personas contra su voluntad. Es una lástima que la mayoría de los separatistas (Quebec de Canadá, Irlanda del Reino Unido) sean socialistas. Pero, incluso los socialistas tienen derechos, lo sostengo. Me doy cuenta de que esto es una situación complicada, ya que los socialistas no conceden a nadie más derechos, pero, como un libertario firme, trato de decidir por principios, no importa el caso. Saludos, Walter Block.

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La energía no se crea ni se destruye, y las pensiones tampoco

La ley de conservación de la masa, ley de conservación de la materia o ley de Lomonósov-Lavoisier, es un principio fundamental de las ciencias naturales. Dicha ley afirma que la masa total en un sistema cerrado permanece siempre constante, es decir, la masa consumida de los reactivos que constituyen ese sistema es igual a la masa de los productos obtenidos en la reacción. Esto se puede trasladar, mediante una simple asociación, al caso más cercano de las personas. Lo que produce una sociedad solo puede ser igual a lo que consume. Por ello, los individuos que componen el sistema social tienen que tender a igualar sus gastos y sus ingresos. Si no es así, el sistema acaba sufriendo algún tipo de desequilibrio. Por supuesto, ningún país es un sistema completamente cerrado, y por tanto existe la posibilidad de pedir créditos a otras naciones y seguir endeudándose. Pero esto tiene un límite claro, que viene marcado por la morosidad y la credibilidad en los pagos del país deudor. A todos los efectos, la sociedad planetaria como conjunto sí que puede considerarse un sistema cerrado, que tarde o temprano acaba cobrándose las deudas. 

La solidaridad intergeneracional en la que se basan las pensiones en España es la causa de que ahora la caja del Estado no cuadre para pagar a todos los jubilados. El problema es el mismo de siempre: es un problema más genérico. La solidaridad forzosa en la que se basa este sistema acaba distorsionando la relación que debe existir entre ingresos y gastos, e impidiendo que ambos se igualen en el medio plazo.

Tanto la solidaridad intergeneracional como la solidaridad interterritorial, como cualquier otro tipo de solidaridad, acarrean siempre los mismos problemas, abocan a las sociedades a un mismo tipo de vía muerta. Dicho problema solo se soluciona cuando los ingresos y los gastos se hacen recaer sobre la misma persona, obligándola a depender solo de sus ganancias o sus esfuerzos.

La desigualdad entre ingresos y gastos es también la causa principal que ocasiona las burbujas recurrentes que padece la economía mundial cada cierto tiempo. La gente gasta más de lo que produce, y luego tienen que pagarlo los abuelos, que usaron su casa como aval, o los nietos que se ven obligados a buscar trabajo en plena crisis. Al final, alguien tiene que cargar con las deudas. Y lo peor es que siempre suelen pagar el pato aquellos que no tienen la culpa de nada.

Miles de personas salen ahora a las calles para exigir al gobierno que siga persistiendo en el mismo error. Quieren que suba las pensiones, lo cual (en el sistema actual) solo se puede hacer a cargo de los ingresos que obtienen los trabajadores actuales. De esta manera, no hay forma de saber lo que ha ganado cada cual a lo largo de su vida, y por tanto lo que puede gastar en un momento dado. Y tampoco hay forma de solucionar el problema de fondo.

Para más inri, muchos exigen que sigamos cayendo en el mismo error que nos ha llevado hasta aquí: la solidaridad obligada (las pensiones públicas). La única solución sin embargo es hacer que los gastos y los ingresos que afectan a una misma persona tiendan a igualarse en el tiempo, lo que siempre se ha llamado cuadrar las cuentas. Y la única medida a tomar para conseguir esto es la de privatizar las pensiones, para que cada uno gaste solo aquello que ha producido (¡Mira que es sencillo el razonamiento!). Esto, que debería ser considerado una teoría física y una verdad aplastante, basada en la ley de la transformación de la materia y la energía, resulta que todavía es motivo de enconados debates y discusiones por parte de la mayoría de economistas. Muchos son incapaces de ver la raíz del problema, que es mucho más profunda que la mera incertidumbre que generan a día de hoy las maltrechas pensiones. Por eso insisten una y otra vez en aplicar medidas que solo pueden agravar la cuestión de fondo. En pleno siglo veintiuno todavía seguimos discutiendo la forma geométrica que tiene la Tierra, sin ponernos de acuerdo.

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Nacionalismo español versus nacionalismo separatista

Los que comparan el nacionalismo catalán con el español deberían saber que, mientras el primero se basa en la negación radical de cualquier principio de igualdad (aplicable a todas las personas), el segundo subraya la importancia cardinal de tales principios, cualquiera que sea el contexto social. El primero solo concede legitimidad a las instituciones si sus leyes se aplican a determinadas comunidades, mientras que el segundo tiende a concebir la ley como algo que está al margen de la raza, el gremio o el lugar de nacimiento.

El nacionalismo periférico concede a la descentralización un valor absoluto y exclusivo. Mientras más descentralización exista, mejor le irá al país. Su objetivo final es la completa destrucción de la nación: la secesión. Por el contrario, el nacionalismo español aboga por una descentralización moderada, que conserve algunas competencias centrales. Uno se obstina en observar solo lo que nos divide, y el otro conviene en defender también aquello que nos une. Por tanto, no pueden ser más opuestos.

El nacionalismo de corte excluyente es incapaz de apreciar todos los matices de la realidad, y solo alcanza a ver una alícuota: los particularismos. En cambio, el nacionalismo español contempla el mundo desde una atalaya más alta, observando todo el paisaje, lo que nos separa, pero también lo que nos une, las diferencias en competencia, pero también las condiciones generales que estarían permitiendo esas diferencias. Uno se quiere cargar la unidad española. El otro en cambio solo habla de recuperar algunas competencias esenciales.

Por supuesto, yo me quedo con la visión más general, la idea de que existen cosas fundamentales que son comunes y cosas particulares que son privadas. Y lo que no voy a aceptar es que se pretenda comparar los dos tipos de nacionalismo (las churras con las merinas), como si todos los que defendemos la idea de España (una cierta unidad) pudiéramos ser tachados también de nacionalistas radicales. El auténtico nacionalista es aquel que no cree en ningún fundamento general, y todo lo condiciona al terruño en el que vive. Por el contrario, el nacionalista español, aunque respeta la división provincial, la deslocalización del poder, no pierde de vista tampoco los fundamentos centrales que dan solidez a ese proyecto, y el acondicionamiento del terreno de juego (el contexto internacional) que estaría permitiendo la globalización de aquellos principios de libertad que se dicen defender.

Los independentistas, y algunos liberales como Rallo (vease: https://blogs.elconfidencial.com/economia/laissez-faire/2019-05-27/elecciones-municipales-autonomias-contrapoder-derecha_2037130/?fbclid=IwAR3fQYTjm_ubbbbJ0M5W02MQDKIjwoRstQLwNukucKZD1PC20EbClDueies), se escudan detrás del papel que ellos adjudican, no sin cierta razón, a la organización territorial autonómica, como importante contrapoder y alternativa de gobierno. Pero ese papel lo pueden desempeñar perfectamente las provincias y los municipios, evitando así las duplicidades innecesarias y la deriva nacionalista. Eliminar las autonomías no es lo mismo que centralizar todo el gobierno, como parecen afirmar algunos rallistas. Esa relación que intentan hacer los seguidores de Rallo es totalmente falsa. Para aumentar o disminuir el grado de descentralización, y fomentar con ello la competencia fiscal, no es necesario disponer de varios niveles territoriales. Puedes centrarte en uno solo y aumentar o disminuir a continuación algunas de sus competencias políticas o económicas. Y sobre todo, no hace falta un nivel (autonómico) que lo único que hace es exacerbar el espíritu de conquista que solivianta a algunos políticos, y que promueve en otros el sentimiento tribal que alimenta el odio entre las regiones, y el nacionalismo excluyente.

El objetivo principal que persigue cualquier búsqueda intelectual, ya sea de científicos o de filósofos, es conseguir integrar y relacionar los aspectos más particulares de la realidad con aquellas leyes universales que trascienden el plano de lo cotidiano. Solo de esta relación es de la que sale todo el conocimiento que el ser humano va acumulando sobre el mundo a lo largo de la historia. Y la política no es una excepción. Todos aquellos que rechazan lo universal en favor de lo particular (nacionalistas y secesionistas), y los que al revés se quedan con lo universal mientras ningunean la vida particular y pisotean las libertades individuales (totalitarios), no saben cómo funciona en realidad una sociedad moderna, y tampoco pueden arrogarse ningún éxito duradero. Solo una España unida en lo universal, pero respetuosa al mismo tiempo con las particularidades y capacidades de cada provincia o cada individuo, es capaz de integrar en una única teoría política todos los niveles de concreción necesarios que requiere un análisis profundo, y todas las posibilidades que ofrecen esos niveles de acción; la única que puede aplicar una acción eficaz para la organización del territorio.

Los españoles (algunos) que abogamos por la unidad territorial no estamos a favor, ni de la España herida de muerte que quieren los nacionalistas, ni de la España completamente centralizada que algunos difamadores dicen que defendemos. Lo que queremos es una España viva formada por muchas células provinciales en libre competencia, que no pierda por ello su identidad de nación. Ni somos iguales que los separatistas, ni somos centralistas estrictos. No nos equiparen con ellos, y tampoco tergiversen el mensaje. Nosotros somos los únicos que combinamos un mundo de fundamentos con una realidad independiente y particular. Precisamente, esa es nuestra mayor fortaleza, no somos nacionalistas, y tampoco somos ese espantajo absurdo que agita Rallo en los medios de comunicación para trasmitir la idea de que el españolista, cuando aboga por la desaparición de las autonomías, lo que quiere en realidad es concentrar todas las competencias en el Estado central, como si las autonomías fueran las únicas unidades territoriales legítimas, las únicas sobre las que se puede actuar para contrarrestar el poder. Antes bien, existen muchas más provincias que autonomías.

Los españoles no estamos en contra de la descentralización. A lo que nos oponemos es a la mala descentralización, la que quiere cargarse el Estado. ¿Que sentido tiene el traspaso de competencias si al final ya no queda nada que traspasar? No se puede acusar de centralistas a quienes creen en el estado de las provincias. Y sobre todo, no se nos puede acusar de nacionalistas. Nuestra pretensión no es la de organizar la sociedad atendiendo exclusivamente a la división en distintas regiones, sino la de hacerlo contemplando también el hecho más importante que nos une.

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Socialismo: hoguera de vanidades, promesas incumplidas, naturaleza muerta

Decía Margaret Thatcher que el peor enemigo del socialismo no es el capitalismo. Es la realidad ¡Que gran razón! Si tuviera que elegir una clasificación simple para ordenar la abigarrada cantidad de comportamientos que caracterizan a la especie humana, sin duda me decantaría por esa que, sin aire de ofender, separa a los idealistas por un lado y a los realistas por el otro. Esta clasificación queda de manifiesto con carácter especial cuando tratamos de establecer las bases de la política. Resulta infinita la cantidad de cantinelas que alimentan los deseos más vanos del ser humano cuando éste se pone a especular sobre la sociedad que quiere dejar a sus hijos. Es casi seguro que no existe una ciencia más teñida de ilusiones que aquella que se da en llamar ciencia política. Resulta patente la miríada de embaucadores y turiferarios que doran la píldora y suavizan una realidad para que parezca menos cruenta de lo que es.

No hay prácticamente ningún tema de conversación en el que los socialistas (y por extensión todos los políticos) no hagan acopio de una retórica hiperbólica para dulcificar la realidad, atraer a sus correligionarios y conservar el mandato. La ciencia es una trituradora de mitos, la mayoría de ellos están basados en vanas esperanzas y utopías. Pero la principal contumacia que acusa el hombre es la confusión que sufre a la hora de distinguir lo que es la realidad y lo que desearía que fuera.

Pongamos un ejemplo concreto. Lo ideal sería que no se cometieran violaciones y que todos los abusos hacia la mujer tuvieran un castigo ajustado a derecho. Pero esto es imposible; ni la justicia más implacable puede resolver positivamente todas sus pesquisas. La única forma de atrapar y condenar a todos los violadores es metiendo en la cárcel a todos los presuntos delincuentes. Pero para esto hay que saltarse el principio más importante que armoniza el derecho, la propia presunción de inocencia. Sin embargo, asombra la cantidad de personas que no tienen reparo en hacer esto. Hasta ese punto está dispuesta a llegar la izquierda para reivindicar su política feminista. No les vale la realidad. Desearían que todos los delincuentes pudieran estar entre rejas. Y, para conseguirlo, no les importa aplastar y segar la vida de un montón de inocentes. Suelen decir que es mejor condenar a unos cuantos inocentes que tener a un violador en las calles. Esa misma monserga fue aplicada por el comunismo totalitario para teñir la sociedad de rojo durante las grandes revoluciones del siglo XX. Había que conseguir una sociedad igualitaria, y si para eso teníamos que cargarnos a una parte considerable de la población, debíamos estar dispuestos a hacerlo. Al final la sociedad igualitaria no se consiguió; no hay forma de engañar a la realidad. Lo único real fueron los millones de muertos que quedaron por las cunetas. Se dulcificó la verdad con todo tipo de promesas para, a continuación, recrudecer la vida hasta un nivel nunca antes visto.

Otro ejemplo claro de bonhomía política son las migraciones. La izquierda siempre reclama libre circulación de personas, pero evita pronunciarse sobre las consecuencias de una inmigración descontrolada. Lo ideal sería que no existieran fronteras. Pero para llegar a ese punto primero hay que resolver otra serie de problemas más acuciantes. No podemos abrir las vallas si antes no nos aseguramos de que las personas que transitan entre las distintas zonas geográficas del planeta lo hacen en condiciones legales, para trabajar u ofrecer algún servicio real a la sociedad que los acoge. No podemos abrir las fronteras sin antes asegurarnos de que el socialismo no va a ofrecer ayudas y subvenciones a todas las personas que entren al país, hasta quebrar la caja del Estado. No podemos abrir las fronteras a naciones que en principio todavía no han superado la Edad Media, con culturas incompatibles con el estado de derecho al que se van a acoger, con problemas graves de integración, o con costumbres antidemocráticas incompatibles con la nuestra.

Pero todo esto a la izquierda le importa un bledo. Su eslogan sólo insiste en dejar pasar a todo el mundo. No obstante, previamente se encargan de cobrar altos aranceles a todos los productos que vengan del exterior, condenando a aquellas personas más hábiles y trabajadoras que envían esos productos desde otras regiones del mundo y que ni siquiera necesitan desplazarse a nuestros países para ofrecernos algo. No es fácil entender porqué hay que abrir el paso a cualquier persona que lo pida, pero hay que restringirlo cuando de lo que se trata es de dejar pasar los bienes que producen esas personas. Por una parte, se castiga el trabajo realizado (los productos importados) y por otra se permite entrar a todo hijo de vecino sin evaluar antes la necesidad real de mano de obra o la idoneidad ideológica del inmigrante. Así opera el socialismo.

Por denunciar estas cosas te acusan de racista o machista. Si acaso dices que hay que respetar la presunción de inocencia, eres además un fascista.

Playa del tarajal. Un grupo de inmigrantes asaltan a nado la frontera española. La policía responde con armas disuasorias. Se ahogan 15 personas. La justicia resuelve que no hay evidencia de que los policías incurrieran en un delito grave de omisión de socorro. No se puede demostrar. Por supuesto, es posible que algún agente, viendo como se acercaba aquella marabunta de nadadores, decidiera lanzarles pelotas a la cabeza a ver si con suerte mataba a alguno. No obstante, me parece más lógico pensar que las cosas ocurrieron de otra manera. La policía está adiestrada para disuadir los asaltos, cosa que por otro lado es perfectamente normal. Los inmigrantes intentaban pasar esa barrera fronteriza a nado. Era de noche. Casi no sabían nadar. Se asustaron. No creo que ningún policía en el ejercicio de sus funciones pueda sentarse en la playa y recibir con aplausos a los inmigrantes. Pero tampoco es lógico pensar que planeasen tirar a matar. El hecho luctuoso fue una verdadera desgracia. Nadie en su sano juicio desea que esos inmigrantes mueran ahogados en las aguas. Y por supuesto tampoco la policía. La omisión de socorro es un delito tipificado en el código penal que tienen muy presente los agentes del orden que han sido adiestrados para salvar vidas y proteger a la población. En cualquier caso, la justicia no ha podido demostrar nada. Sin embargo, ¿cuál fue la lectura que hizo la izquierda en bloque? Pues para una gran mayoría los policías debían de haber sido condenados por asesinato en primer grado. De nuevo se cargan la presunción de inocencia y afean a los jueces para asegurarse una caza segura. Da igual la realidad. No importa que no podamos demostrar los hechos. Tampoco importa que exista la posibilidad real de que los policías actuasen correctamente, sin pretender matar a nadie. Lo único que interesa es meter entre rejas a todos los sospechosos.

De nuevo, vemos como un hecho real es completamente distorsionado por la maquinaria del partido y la bonhomía del votante. Todos deseamos que no muera nadie. Pero, aquellos que solo se guian por el deseo, confunden habitualmente estos sentimientos con la realidad, y creen que las circunstancias acaecidas solo podían tener una solución positiva. Si mueren personas, tiene que haber necesariamente algún culpable cerca. Y quién mejor que la policía para recibir esta acusación.

Para asegurarse de que todos los violadores acaban con sus huesos en la cárcel, la izquierda está dispuesta  saltarse a la torera la presunción de inocencia y condenar a todos los inocentes que haga falta. Les llaman mártires, pero no les preguntan si realmente están dispuestos a sacrificar sus vidas. Igualmente, al idealizar el mundo, los socialistas también quieren dejar pasar a todos los inmigrantes que así lo deseen. Para ello, están dispuestos otra vez a vulnerar un código de conducta fundamental, necesario en las relaciones internacionales de cualquier país, la capacidad disuasoria que tienen los ejércitos y la policía que se encarga de cumplir las leyes de los respectivos países.

Podemos decir que queremos una sociedad más libre, en donde cada vez haga menos falta que haya fronteras. Pero lo que no podemos es pretender que esas fronteras dejen de funcionar en el estado actual. Nuevamente, la izquierda confunde los deseos (de futuro) con la realidad del ahora. Y para ello vuelve a condenar a una infinidad de inocentes, todos los que a buen seguro tendrán que soportar con sus impuestos una inmigración masiva, descontrolada, subvencionada, y delictiva. Para asegurarnos que pasan la frontera todas las personas honradas que vienen a trabajar (y que realmente son necesarias), tenemos que dejar pasar a todo el mundo, a pesar de que ello implique una aglomeración de personas difícilmente sostenible.

Los recursos son limitados. No obstante la ensoñación del socialismo es infinita; juega a creer que no existe ningún tipo de límite. Eso es precisamente lo que diferencia a las personas sensatas de aquellas otras que no lo son. Los límites. La realidad está llena de límites. La ciencia intenta realizar una aproximación congruente. Cada nueva teoría es un intento de saber qué márgenes puede abrazar la nueva explicación (o generalización). Pero el socialismo solo ve deseos. Existen dos tipos de hombres. Los primeros son conscientes de sus posibilidades. Los segundos son esclavos de sus pasiones. Los primeros tienen claro hasta dónde pueden llegar. Los segundos tienen claro que ninguna realidad les va a estropear el plan. Los primeros son científicos y escépticos. Los segundos son hiperbólicos, incautos, cándidos… y socialistas.

Jamás se ha podido clasificar mejor a los hombres como cuando se dijo que hay unos que tienen los pies en la tierra y otros que tienen la cabeza en las nubes. La clasificación que se hace en política para diferenciar a la derecha liberal de la izquierda socialista es un caso particular. No en vano, la política es el mayor criadero de ilusos. Todos prometen. Todos aprenden a imaginar cómo les gustaría que fuera el mundo (pero sus mandatos son escasos, y cuando se extienden por tiempo ilimitado es porque se han convertido en tiranos). Todos quieren opinar. Todos pueden opinar (en democracia), el diletante y el experto, el ama de casa y el ama de llaves, el párroco y el funambulista. Solo hay que tener dieciocho años. No es extraño que la política termine convirtiéndose en un conjunto esotérico de habilidades, sepulcros blanqueados y sitios comunes. Los tontos porque son tontos. Y los listos porque son demasiado listos. Es imposible detener los deseos de tanta gente expresados en las urnas en una jornada maratoniana, de baño de masas.

Hoy en día se utiliza a los dirigentes políticos para suplantar a los ídolos sagrados abatidos por el Nietzscheanismo. Y el paraíso se convierte de repente en una cosa pedánea (y pedante), aquí en la tierra, previo pago de una cuota, que a veces tiene el valor de la vida. El marxismo es la única teoría supuestamente científica que ha requerido de millones de cobayas humanas para refutarse. Margaret Thatcher sabía lo que se decía. La realidad es la principal enemiga del socialismo. Ilusiones vanas. Hoguera de vanidades. Promesas incumplidas. Víctimas propiciatorias. Mártires. Izquierda mediática. Olor a cerrado. Naturaleza muerta. Gente inocente en la cárcel y depredadores fuera. Porque eso sí, todos los hombres acusados de violencia machista tienen que pasar por la cárcel, aunque no se demuestre que son culpables. La propia palabra de la mujer vale como prueba. Pero los violadores reales, esos son víctimas del sistema. Una vez cumplida la condena hay que darles otra oportunidad, independientemente de cómo estén de arrepentidos.

Todos los hombres son malos. Toda la policía dispara a matar. Todos los delincuentes tienen derecho a una segunda oportunidad. Las víctimas son siempre buenas, y nunca tienen la culpa. El sistema es ese ente abstracto al que siempre se puede culpabilizar. Y los que gozan de una posición privilegiada dentro de él son siempre responsables de todas las atrocidades, y da igual que hayan alcanzado esa posición con esfuerzo e ingenio, siempre serán sospechosos.

El mundo está hecho de una mayoría de estúpidos y pobres inutiles que odian y envidian a una minoría de empresarios ricos, a los que demonizan solo por el hecho de ser más poderosos que ellos. Olvidan que el poder y la capacidad, o el estado social, también se puede lograr aportando cosas buenas a la humanidad. Olvidan que las mejores personas son las que se hacen ricas satisfaciendo a más gente. Pero ellos jamás harán nada provechoso. Solo se limitan a condenar a los poderosos, para lavar sus culpas y esconder su vergüenza. O simplemente porque son tan estúpidos que no saben diferenciar la verdad de la mentira. Pero la verdad no se puede esconder, y tarde o temprano viene como la muerte, para llevarse las almas que acaso osaron ponerla en duda. El peor enemigo del socialista es la realidad, decía Margaret Thatcher.

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Mis comentarios en Facebook – Año 2016

Año 2016: parerga y miscelánea

Miércoles, 28 de diciembre de 2016 a las 13:10 UTC+01

Los axiomas son postulados absolutos. Pero incluso si no lo fueran, admitiendo alguna de las críticas de sus enemigos, lo que está claro es que siguen siendo generalizaciones fundamentales, imprescindibles para conocer la realidad. Toda crítica a los axiomas es una futilidad sin demasiado recorrido.

Miércoles, 28 de diciembre de 2016 a las 12:52 UTC+01

Pero que mania con decir que el liberalismo no se basa en evidencias científicas, o que no se basa en la filosofia y la lógica. SE BASA EN LAS DOS COSAS Y LAS DOS APORTAN COSAS. Vale ya de tanto maniqueísmo. Este grupo trata el liberalismo desde el punto de vista de la ciencia. Otros grupos abordan su filosofía. Y bien está.

Lunes, 26 de diciembre de 2016 a las 23:17 UTC+01

Vamos a ver si soy capaz de explicarme. El principio fundamental no puede ser el respeto a la propiedad privada porque es evidente que ese respeto no existe siempre, ni siquiera en la mayoría de relaciones humanas. Lo que hay que buscar es un principio universal. El respeto a la propiedad es una asunción o adopción humana sometida a derecho, excepcional, exclusiva de algunas sociedades, que proviene y resulta de observar la naturaleza y colegir sus principios y condiciones más básicas. Y son esos presupuestos básicos los que tenemos que determinar. Puesto que la naturaleza de las cosas no tiene otro fundamento que la existencia de individuos con intereses particulares, la libertad individual, la existencia y la acción de esos individuos es el principal motor de cualquier evolución y mejora natural. Por mor de esto, cualquier medida social que respete los incentivos que ponen en marcha las acciones individuales, fomenta en la misma medida la evolución y el progreso de los sistemas. Y dado que la ética tiene por objeto establecer las normas dirigidas al bien, y en la medida en que el bien es lo que se supone o se espera que debe ocurrir teniendo en cuenta la realidad, y sabiendo que ocurre y evoluciona solo aquello que funciona y aquello que se ajusta a un criterio de verdad, y puesto que la mayor realidad de todas es la que queda expuesta con el principio de la libertad individual, la normativa ética correcta deberá ajustarse a este principio, respetar la individualidad, la vida y la propiedad privada. Y eso es, en resumidas cuentas, lo que relaciona la ética con la naturaleza, y sus normas sociales (particulares de una comunidad) con los principios naturales más objetivos (de suyo universales). En la revista Proceso de Mercado tengo publicado un artículo donde explico más en detalle la naturaleza universal del principio de libertad individual. Aquí dejo el enlace al número donde aparece dicho artículo, por si alguien está interesado en leerlo. https://elreplicadorliberal.com/2016/01/22/la-libertad-individual-objetivo-y-metodologia-de-la-escuela-austriaca-de-economia/

Domingo, 25 de diciembre de 2016 a las 21:51 UTC+01

Parerga y miscelánea actualizó su estado.

La mecanización de la sociedad no empeora la vida y por tanto no se le puede tener miedo. Los robots no vienen a destruir nada, sino a construir una sociedad más eficaz: 1. Los robots destruyen muchos puestos de trabajo pero también generan otros nuevos. 2. Los robots incrementan la productividad y abaratan los costes y el precio de todas las mercancías, con lo cual benefician a todos los consumidores, y de éste modo todos pueden trabajar menos para acceder a los mismos bienes, o trabajar lo mismo para obtener más productos y generar más tránsito de mercancías y más empleo. 3. Los robots amplifican el papel que habitualmente juega la microeconomía, y por tanto empoderan al individuo, favorecen la relaciones de intercambio, ponen al alcance de la mano de todos los ciudadanos aquellos factores de producción y aquellas herramientas que permiten ganar más dinero y trabajar más y mejor. Todos nos volvemos pequeños productores, generamos riqueza, movilizando el mercado y creando muchas más necesidades laborales. Se suele llamar a esto “economia colaborativa”, pero eso es un pleonasmo, la economía siempre es colaborativa, pues no tiene otro sentido que el de intercambiar bienes y colaborar con el prójimo en esta tarea. Yo lo llamaría economía de pequeños productores. Hoy en dia todos somos consumidores pero solo algunos pueden ejercer la función de productores. Mañana todos seremos consumidores y productores, y eso traerá aparejada una explosión de relaciones, colaboraciones y oportunidades de negocio nuevas nunca antes vistas. Como vemos, el trabajo no disminuye con la robotización de la economía sino que aumenta, se potencia, se renueva, y se diversifica. Trabajaremos lo mismo para ser mucho más ricos.

Domingo, 25 de diciembre de 2016 a las 21:34 UTC+01

Hoy se celebran dos efemérides trascendentales para la historia de la humanidad, el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios, y el nacimiento de Newton, el mayor científico de todos los tiempos. De este modo, festejamos al mismo tiempo dos acontecimientos sociales determinantes, el surgimiento de la cristiandad, que ha dado lugar a la religión monoteísta más civilizada y extensa de la Tierra, y el surgimiento de la ciencia moderna, que también ha propiciado sobremanera el desarrollo de nuestra civilización. Felices fiestas, amigos de Facebook! No hay otro día mejor en el año que éste para celebrar la vida y para reunirnos todos (laicos y piadosos) en torno a la mesa y las ideas que abogan por la libertad y el desarrollo del hombre. FELIZ NAVIDAD!!

Domingo, 25 de diciembre de 2016 a las 21:25 UTC+01

Normalmente, se suele definir a los liberales como aquellas personas que rechazan de plano el poder y la acción del Estado. Pero en contra de lo que pueda parecerles a algunos, los liberales tampoco defendemos el mercado. No defendemos entidades colectivas. Defendemos al individuo en contra de los estados hegemónicos y los mercados intervenidos. Defendemos la libertad de las personas, los contratos voluntarios, la soberanía del consumidor y la competencia empresarial que mejora el consumo. Y nos oponemos a las políticas socialistas del Estado tanto como a las empresas que aprovechan estas políticas para hacer negocios en nombre del mercado.

Martes, 20 de diciembre de 2016 a las 03:44 UTC+01

La zoofilia es una atracción sexual por los animales y el veganismo es una atracción amorosa por los animales. Amor y sexo a veces van de la mano y a veces no. En cualquier caso, los dos son parafilias 🙂

Martes, 13 de diciembre de 2016 a las 19:00 UTC+01

Coincido con Rallo a la hora de valorar los derechos individuales por encima de cualquier sentimiento nacional particularista y subjetivo. Pero es esto mismo, la defensa objetiva del individuo, lo que me lleva a disentir de Rallo a la hora de equiparar completamente un terruño pequeñito con una nación mucho más grande. Precisamente, la reivindicación que proclama el derecho a la segregación, y el chovinismo localista que ello conlleva, insisten mucho más en esa misma subjetividad y arbitrariedad nacionalista de la que Rallo huye, y de la que yo también reniego. A igualdad de condiciones, el nacionalismo es más nacionalismo y se hunde más en sus propios errores y falacias cuanto más hace por defender la separación y el aislamiento de terrenos cada vez más pequeños y pueblerinos. A igualdad de condiciones, esto es, para dos naciones más o menos iguales, con el mismo grado de intervencionismo, lo que debemos defender es la unidad en torno a los principios universales de la libertad. La objetividad camina siempre en el sentido de la generalización y no en el de la atomización de ideas, y por tanto cuando hablamos de principios sociales y marcos esenciales de convivencia, lo correcto es defender la nación que sea más grande en términos geográficos y humanos. Por supuesto, siempre hablo desde la comparación de dos países más o menos iguales en todos los demás factores, esto es, cuando la variable solo es el tamaño. Un país pequeño está legitimado para segregarse e independizarse solo cuando intenta huir de una nación opresora más grande y solo cuando quiere fundar un sistema más libre. Pero si no existe esa diferencia con respecto a la nación madre, lo mejor siempre es defender su unidad, y con ella la posibilidad de extender los preceptos del liberalismo a un mayor número de gente. Nuestros principios serán más fuertes y verdaderos si conseguimos aplicarlos con éxito a un mayor número de situaciones, igual que pasa con cualquier hipótesis científica. En los siguientes artículos desarrollo un poco más estas ideas: https://elreplicadorliberal.com/2016/08/20/5-el-nacionalismo/

Lunes, 12 de diciembre de 2016 a las 17:12 UTC+01

En términos generales la tecnología nos beneficia todos. En términos particulares seguro que perjudica a algunos en algunas facetas de su vida. No hacen falta datos para afirmar esto. Lo cual no quiere decir que los datos y las estadísticas sean inútiles. Contribuyen a reafirmar lo que por otro lado es evidente a la luz de los hechos. Hace falta ser muy estúpido para fijarse solo en los casos concretos de perjuicio y no relacionar el progreso y la tecnología con el bienestar general

Viernes, 2 de diciembre de 2016 a las 06:33 UTC+01

A menudo, el problema viene porque no se entiende suficientemente el dualismo metodológico. La falsación es una herramienta de las ciencias fácticas aposterioristicas. Pero existe otro método que no opera mediante falsación, sencillamente porque se basa en hechos apodícticos, tan elementales que no cabe ni tiene sentido ponerlos a prueba, y de los cuales se puede partir para construir un edificio intelectual complementario al de la ciencia. Y los dos métodos se basan en hechos de la realidad. Lo que pasa es que uno de ellos no necesita poner a prueba esa realidad con experimentos en el laboratorio.

Sábado, 12 de noviembre de 2016 a las 22:29 UTC+01

Ahora no paro de escuchar que Facebook está en horas bajas y que será reemplazado por Twitter o Instagram y que la gente no quiere tantas parrafadas y que una imagen vale más que mil palabras y bla bla bla. No se si será cierto o no pero denota y pone de manifiesto la mediocridad intelectual que aqueja a esta sociedad. Particularmente creo que Facebook nunca puede desaparecer, pues siempre habrá personas interesadas por la profundidad del análisis, aunque sean minoría. Facebook representa el bastión de la cultura y la inteligencia en mucha mayor medida que el resto de plataformas.

Jueves, 10 de noviembre de 2016 a las 05:06 UTC+01

Lo que es de fanáticos y creyentes es pensar que un sistema tan complejo como el clima y la Tierra puede determinarse hasta el punto de asegurar que el cambio climático solo tiene una causa antropológica y que nos llevará irremisiblemente a la destrucción. Lo que es de fanáticos es plantear unas soluciones que implicarían un parón en el progreso y el desarrollo mil veces más dañino que los posibles efectos del consumo de combustibles fósiles. Eso no es ciencia. Es religión.

Viernes, 7 de octubre de 2016 a las 12:09 UTC+02

El Nobel de la Paz recae este año en el presidente de Colombia. Me parece estupendo. Si fuera el Nobel de la Libertad, Santos sería la última persona en la Tierra que debería llevárselo. Pero es el Nobel de la Paz. La paz no es la antítesis de la violencia. Muchas veces, la paz es el resultado más lógico del éxito rotundo de la guerra y la tiranía. En Corea del Norte hay paz. En un cementerio de las FARC también. Por eso el Nobel de la Paz se suele dar a los mayores sátrapas y amigos del terrorismo. Es evidente que son ellos los que, a través del magnicidio, el pogromo, y el miedo, más hacen por implantar la paz, esto es, por conseguir que nadie les discuta y todos se dejen dominar de forma pacífica. El premio Nobel de la Paz es un premio a la violencia, al asesinato, y al totalitarismo. Y está bien que se llame así. El problema viene cuando una marabunta de estúpidos y analfabetos (las mismas ovejas que han sido apaciguadas) cree que el premio Nobel de la Paz es un reconocimiento honorable y legítimo.

Miércoles, 28 de septiembre de 2016 a las 21:18 UTC+02

Más allá de que se logre o no en el plazo que dice Musk, lo realmente importante es que, después de muchos años, el mercado y la empresa privada quieren viajar al espacio. Esa incorporación, unido al avance exponencial de la tecnología, son los factores más determinantes. Calculamos el tiempo tomando la referencia del pasado, en la que los cambios eran bastante más lentos. A partir de ahora todo irá mucho más rápido. Eso produce asombro entre los escépticos. Los pesimistas son hoy mucho más pesimistas que ayer. Y los optimistas tienen más razones para pensar como piensan. Y la sorpresa también es mucho más alta.

Miércoles, 28 de septiembre de 2016 a las 00:02 UTC+02

Estamos encerrados en una burbuja de metal y a menos que asomamos la cabeza nos encontramos con un entorno totalmente inhóspito. La impresión que nos ofrece nuestro muro es que estamos rodeados de liberales. La verdad es que habitamos un bungalow en medio de Marte. El 99% son grupos antiliberales.

Jueves, 22 de septiembre de 2016 a las 21:19 UTC+02

Y luego está esa sensación que te inunda cuando piensas que todo lo que haces no solo no tiene sentido sino que acabará desapareciendo para siempre tarde o temprano, junto con todas las cosas que el hombre ha creado, cuando el universo se extinga.

Miércoles, 14 de septiembre de 2016 a las 17:38 UTC+02

Si yo no me dirijo a un anarcocapitalista designándole con el nombre de anarcocomunista, por qué diablos un anarquista de mercado me llama a mi, que soy minarquista, socialista o colectivista. Lo tomo como otra prueba más de la falta de discernimiento que suele afectar al anarquista (de mercado).

Miércoles, 7 de septiembre de 2016 a las 23:05 UTC+02

A ver si os enteráis. Amancio Ortega se hizo a sí mismo dando un servicio ampliamente demandado e incrementando la felicidad de la gente común. Por el contrario políticos como Artur Mas se han hecho a sí mismos a costa de quitarles el dinero a los contribuyentes para aumentar el salario de sus señorías y facilitar la corrupción. Resulta increíble que la gente denuncie con tanto furor al primero y critique al segundo con la boca pequeña y el voto en la mano. Sois mu tontos!

Martes, 6 de septiembre de 2016 a las 13:05 UTC+02

Hoy la mayoría de alemanes son recordados por mirar para otro lado y negar la evidencia mientras las facciones de Hitler construían campos de concentración y masacraban a los judíos. Igualmente en el futuro muchos libertarios ancap y progresistas de izquierdas serán recordados por hacer la vista gorda mientras el islamismo avanzaba hacia Occidente y se infiltraba en nuestros barrios. Puede que esta vez no haya desembarco de Normandía. Puede que la cobardía y la estupidez inclinen la balanza en esta ocasión del lado de los malos. Pero esto es solo una predicción. Todavía estáis a tiempo de limpiar vuestra conciencia. No desaprovecheis la ocasión.

Jueves, 1 de septiembre de 2016 a las 09:58 UTC+02

EL CIENTÍFICO: este experimento no funciona. Debemos cambiar las condiciones de la muestra si queremos obtener resultados. EL POLÍTICO: estas elecciones no funcionan. Debemos mantener las mismas condiciones y convocar un número enésimo de elecciones para obtener los mismos resultados. EL VOTANTE: este voto no sirve para nada. Votaré las veces que hagan falta. Me da igual el resultado.

Lunes, 22 de agosto de 2016 a las 16:22 UTC+02

El burka no solo es el símbolo de una tiranía abyecta, es también la herramienta más degradante que utilizan los hombres para humillar, dominar, coaccionar, reprimir y en ultimo lugar apalear y matar a sus mujeres, sus hermanas y sus madres. No estamos hablando solo de apología. Su uso es la confirmación y culminación de una educación y una crianza detestables. Me importa un bledo que la mujer use esa herramienta contra sí misma de forma voluntaria. Me importa un bledo que la religión obligue a sus seguidores a vestir con esa indumentaria. Me importa un bledo que los liberales justifiquen su uso en base a una interpretación superficial e infantil del principio de propiedad. Solo me importan las millones de niñas que van a tener la desgracia de nacer en el seno de una familia que las educará para que se conviertan el día de mañana en esclavas voluntarias. Durante los años más negros de la historia de Estados Unidos, decenas de miles de negros asumían su rol de forma absolutamente voluntaria. Habían nacido con esa condición. Eran los caballos de tiro del hombre blanco. No entendían la vida de otra manera. No concebían su vida sin sus amo. Veían el látigo como una forma de instrucción más. Se sentían como animales y querían que les tratasen como tales. Si acaso les entraba alguna duda sobre la justicia a la que eran sometidos apenas se atrevían ni siquiera a pensar que podrían alguna vez mirar a los ojos de sus propietarios. Justifica todo esto la esclavitud. Evidentemente no. Justifica el uso del burka el hecho de que las mujeres que lo llevan decidan ponérselo voluntariamente. Tampoco. De qué estamos hablando entonces. Cómo pueden los liberales aprobar esa vejación con la excusa de que nadie la obliga. Pero si es que el burka es el resultado de una obligación omnímoda, tan grande y eficaz que ha acabado lavando el cerebro de todas sus víctimas, como la esclavitud lo hizo con el negro no hace tanto. A uno le sorprende que la esclavitud haya sido derogada hace tan poco tiempo. Pero viendo la mentalidad de los liberales, con respecto al burka a uno deja de parecerle tan extraño.

Domingo, 21 de agosto de 2016 a las 21:21 UTC+02

Reconozco que es muy difícil erradicar las costumbres que se generan en el seno de una familia cualquiera, ocultas en el ámbito privado, detrás de las paredes de una casa, protegidas y defendidas por todos los miembros del clan, engrandecidas por el fanatismo de una religión. Tan difícil como erradicar la violencia de género. Pero nadie dice que los maltratos físicos o psicológicos sean dignos de respeto. En cambio, muchas personas (socialistas y libertarios) creen que debemos mantenernos neutrales ante la visión fantasmagórica que nos ofrece el burka, o su versión acuática. Te conminan a que expliques cómo vas a prohibir una prenda religiosa que aceptan incluso aquellas mujeres que se la ponen, una indumentaria que forma parte de una creencia fanática y que está ampliamente infiltrada y asumida en las creencias de todos los musulmanes. Cuando luchamos contra la delincuencia, no lo hacemos con la esperanza de erradicarla completamente, sino para atajar esa enfermedad social en la medida de lo posible. Las trabas que se pongan al uso del burkini no eliminarán la violencia religiosa en el seno de la familia. Pero es una medida de dignidad en cualquier sociedad libre. Y en todo caso, no es tan complicada de llevar a la práctica. Mucho más difícil fue la reconquista española y la expulsión de los moros, y nadie critica las luchas intestinas que permitieron que hoy España forme parte de Occidente y no contribuya a aumentar el territorio que ocupa ese atajo de tiranías y teocracias que prosperan al sur del Mediterráneo. La proporcionalidad de la pena está recogida en todas las constituciones de los países libres. Nadie va a pasar cinco años en la cárcel por llevar el burkini. Pero carajo tampoco podemos quedarnos paralizados, de brazos cruzados, mientras la enseña más ignominiosa de las sociedades más fanáticas y violentas de la Tierra se pasea por las playas de medio mundo, lugar sagrado para los occidentales, que simboliza muchos de los éxitos que el hombre libre ha conseguido abrazar, el disfrute merecido después del esfuerzo que ha supuesto un combate de siglos, las vacaciones y el descanso justo posterior a la lucha a capa y espada que ha permitido eliminar de raíz precisamente esa visión fanática que ahora pretende entrar de nuevo en nuestras vidas por la puerta de atrás, a través del portón que abren deliberadamente todos los libertarios que gustan de defender ese respeto autonegador y suicida que protege cualquier acción individual por el mero hecho de serlo. Desde luego, que no esperen mi apoyo. Yo no soy tan estúpido como para matar la libertad apoyándome en ella. Trabajo nos ha costado llegar al bikini para que ahora nos salgan con el burkini. Encima tenemos que aguantar que utilicen una parte del término que designa la prenda que representa por antonomasia la liberación de la mujer, para construir el nombre de ese engendro represivo y maloliente que los musulmanes obligan a ponerse a sus esclavas sexuales desde bien niñas. Yo no he venido a este mundo para defender tamaña barbaridad. Ahí se quedan los libertarios con su libertad. Yo me bajo del carro. De joven, conseguí, a base de mucho esfuerzo, curarme de esa enfermedad mental que te va corroyendo el cerebro poco a poco, esa patología espongiforme que llaman socialismo y que acaece, no con la vejez y la senectud, sino peor aún, con las lozanía y la pubertad, cuando todavía tienes tantas cosas que mostrar al mundo, esa enfermedad que viene a asfixiar cualquier esperanza de una vida digna y alegre. Por consiguiente, tampoco me será difícil zafarme ahora de esa otra versión del igualitarismo, la de los anarcocapitalistas que afirman que todas las actitudes individuales son igualmente respetables y que por tanto tenemos que dejar que la sociedad evolucione de la manera que sea. Ya tuve el virus en mi cuerpo una vez. Estoy vacunado.

Sábado, 13 de agosto de 2016 a las 09:57 UTC+02

Acudir a declaraciones particulares para defender la postura y la tendencia general de un pueblo es tan absurdo como apelar al buen carácter de alguien para describir la sociedad en la que vive. Podrá haber rabinos que digan salvajadas. Eso no importa lo más mínimo. Lo que importa es darse cuenta qué cultura es mejor. Hace unos años, cuando había reunido varios cientos de ejemplares en mi biblioteca, libros de divulgación y ensayos varios, de repente un dia me di cuenta que una proporción elevada estaban escritos por judíos o por autores de tradición judía. No los había seleccionado. Pero ahí estaban. Los mejores libros de ciencia eran de judíos o tenían ascendientes judíos. Eso es lo que vale para considerar una cultura.

Martes, 2 de agosto de 2016 a las 17:41 UTC+02

La intuición se da cuando creemos haber descubierto algo de forma repentina y espontánea. Pero nada más lejos de la realidad. Detrás de esa adivinación existe todo un proceso de análisis tácito basado en una experiencia de años que por eso se ha ido convirtiendo en automático y que ahora aflora de manera inmediata. No obstante eso no quiere decir que no sea un proceso racional sino que es un mecanismo que pasa desapercibido.

Domingo, 17 de julio de 2016 a las 11:28 UTC+02

Causas de yihadismo: 1. La naturaleza ignorante y abyecta del ser humano medio. 2. El coadyuvante de la religión, que potencia esa ignorancia y esa maldad. 3. La mojigatería y complacencia de las víctimas, que ignoran su condición de cultura superior.

Sábado, 9 de julio de 2016 a las 13:04 UTC+02

En Facebook te encuentras siempre dos tipos de personas. Están las que se limitan a exponer casos y a debatir sobre los argumentos más o menos elaborados, y finalizan sin más la conversación cuando lo creen conveniente. Y luego están aquellas que terminan enseguida el razonamiento apelando a los conocimientos y las horas de lectura de los demás, sin conocerlos, y con una vanidad supina acaban repitiendo como papagayos que son los otros los no están a la altura, que no exponen argumentos o que no dicen nada en absoluto. Tu perteneces a este segundo género. Por tanto me parece perfecto que cortes el hilo de tu argumentación. También te lo agradece mi salud intelectual.

Sábado, 2 de julio de 2016 a las 14:50 UTC+02

En cualquier caso el monopsonio sería algo excepcional. Lo que quieren los socialistas es tomar estos ejemplos marginales y aplicarlos a toda la economía. Es como si yo digo que el enanismo debería obligar a todas las madres a dar leche complementada con hormonas del crecimiento a todos sus hijos

Domingo, 26 de junio de 2016 a las 15:31 UTC+02

En realidad, son precisamente los que no votan quienes más pueden quejarse cuando los partidos que han elegido aquellos que votan terminen fracasando de la forma que lo hacen siempre.

Viernes, 24 de junio de 2016 a las 15:15 UTC+02

La división o segregación territorial es buena cuando se huye de algo peor y mala cuando se escapa de algo mejor. Inglaterra es ejemplo de lo primero. Cataluña de lo segundo. Europa es peor que Inglaterra y Cataluña es peor que España. Y mira que España es mala.

Domingo, 19 de junio de 2016 a las 23:21 UTC+02

La moral es el catálogo de los grandes principios, dentro de los cuales destaca como el primero de todos la libertad individual. Por el contrario, la moralina es una falsa moral, un antojo que busca estirar los preceptos al máximo, de forma que abarquen cada aspecto de la vida de los demás, asfixiando de ese modo su libertad individual.

Jueves, 9 de junio de 2016 a las 15:17 UTC+02

Estos tíos creen que la sociedad se desarrolla a golpe de varita mágica. En vez de permitir que la gente produzca bienes y servicios mediante el uso de sus capacidades reales, devalúan la moneda, manipulan los precios, condicionan los acuerdos voluntarios y recaudan impuestos que luego vuelven a inyectar en la sociedad de la que los han extraído, y allí donde ellos piensan que van a ser más necesarios, en los sectores más improductivos. Estamos rodeados de estúpidos. El chamán de la tribu que antes prometía la sanación de un enfermo, hoy promete la recuperación de un país entero. Al menos, los antiguos adivinos gozaban de algunos conocimientos básicos. Algunas de las plantas que recetaban producían un efecto positivo en el paciente. Hoy en día los chamanes modernos proponen medidas que agravan la enfermedad todavía más y que afectan sin excepción a toda una nación. No hay duda. La estupidez también progresa.

Miércoles, 8 de junio de 2016 a las 19:23 UTC+02

Todos acaban achacando al anterior la situación deficitaria que vive el país, y aduciendo que no les queda otra alternativa que subir los impuestos, afirmando indirectamente que no están dispuestos a recortar gasto alguno, sino que lo que quieren es que todos paguemos sus dispendios, con lo cual vuelven a incurrir en déficit, los que vienen vuelven a echar la culpa a los anteriores, se vuelve a incrementar el déficit, y así hasta el infinito. La rueda de la política pasa por encima de todos los ciudadanos, aplastando la esperanza de la gente y ahogando el progreso.

Miércoles, 8 de junio de 2016 a las 02:12 UTC+02

El socialista tiene dos obsesiones que no le dejan dormir: la ayuda a los pobres y el odio a los ricos. Ahora bien, resulta que la condición básica para ayudar a los primeros pasa por convertirlos en los segundos. Pero, como quiera que el progre aborrece sin excepción a todas las personas pudientes, el único remedio que acaba aportando termina por mantener, e incluso incrementar, el estado de pobreza de aquellos infelices a los que en principio intentaba ayudar. Sus medidas tienen por tanto el efecto contrario al pretendido. El absurdo no puede ser mayor.

Sábado, 4 de junio de 2016 a las 15:39 UTC+02

Los socialistas no entienden que el individuo es un ser libre. Los anarcocapitalistas no entienden que el individuo es un ser social. Los comunistas no entienden nada. Los filósofos del posmodernismo no quieren entender. Algunos liberales católicos no entienden que la religión y la ciencia son dos prácticas completamente distintas, que no se deben mezclar. Algunos objetivistas desnortados no entienden que la conciencia es un producto más de la naturaleza, tan material como el corazón o como el páncreas mismo. Los científicos no entienden que existe un método de conocimiento alternativo al suyo propio, axiomático. Los filósofos no entienden las matemáticas. Los chovinistas no entienden que las fronteras acaban por asfixiar el progreso. Los mercantilistas nunca comprendieron que el progreso y la prosperidad no entienden de fronteras. Los políticos no entienden de economía. Los niños ya no saben sumar. Los padres no entienden a sus hijos. Los hombres y las mujeres nunca se entenderán. Y yo ya no sé a qué grupo social pertenezco. Cuando me preguntan, me quedo callado. ¡Aquí nadie entiende nada!

Sábado, 4 de junio de 2016 a las 15:38 UTC+02

Me imagino a mi mismo en un universo paralelo, compartiendo vida y mantel con una versión de Huerta de Soto ligeramente distinta, más científica, menos religiosa, más liberal, menos anarquista. Me imagino a mí mismo escuchando sus conferencias y sus clases magistrales con la boca abierta, sin tener que asistir también a esas oraciones y jaculatorias que suele realizar al final de las mismas y que mete con calzador en el programa de sus clases. Que magnífica imagen. Huerta de Soto, gran orador, magnífico divulgador, enorme académico, y también agnóstico o ateo, y liberal clásico. Cuán apartadas están de la ciencia y de la prudencia sus continuas apelaciones al demonio, o su defensa del anarquismo más radical. Que maravilla sería tener a un Huerta de Soto aristotélico, baconiano, dawkiniano, gran humanista pero también gran científico. No me interpreten mal. Tal vez vivamos en uno de los mejores universos posibles. Es difícil que se vuelva a repetir la figura que representa Huerta de Soto para todos los liberales. Admiro profundamente su legado y su obra. Pero esto no obsta para que admire un poquito más a un Huerta de Soto imaginario. Déjenme soñar. Posdata: la semana de la libertad que ha organizado el Instituto Juan de Mariana este año, ha sido la más anarquista y religiosa de todas a las que he asistido. Aun así, disfruto enormemente. Me lo tomo como una anécdota (es una anécdota). Es parte del espectáculo y es fruto de la diversidad de opiniones y la libertad que impera en el instituto. Y seguiré participando y contribuyendo en futuras convocatorias. Pero bueno, ahí queda mi impresión. Dicho lo cual, lo importante fue el magnífico discurso general que nos ofreció una vez más el premiado, Huerta de Soto.

Miércoles, 1 de junio de 2016 a las 20:29 UTC+02

He leído todos los ensayos de Rand y ninguna de sus novelas. Los primeros me parecen magníficos. Sobre su literatura de ficción no puedo opinar. A mi si me gustan las grandes novelas. No he leído la ficción de Rand por dos motivos. Primero porque el tiempo es un recurso limitado y uno debe elegir constantemente, sobre todo si los gustos son tan diversos. Y segundo porque creo en la especialización del trabajo, y pienso que ningún buen escritor de ensayos podrá superar jamás a los grandes novelistas, ni tampoco estos podrán escribir ensayos tan buenos como los de los otros. Por consiguiente, mi decisión de no leer la novela de Rand se basa en dos principios económicos de la Escuela Austriaca: el de los bienes escasos y el de la especialización del trabajo. Una decisión intachable 🙂

Miércoles, 18 de mayo de 2016 a las 06:54 UTC+02

Una de las mayores tonterías que habitan en el imaginario colectivo de los españoles en los últimos tiempos consiste en pensar que el apoyo masivo que recibe Pablo Iglesias se debe únicamente al pésimo papel que están jugando los demás partidos. No seré yo el que diga que lo están haciendo bien. Todos están muy alejados de la dignidad que yo consentiría en aprobar. Pero tampoco congenio con la opinión que dice que el votante de Podemos o de Izquierda Unida se define por la hartura que muestra hacia la política. Todo lo contrario. El votante de Podemos apoya una ideología que, lejos de estar harta de los políticos, lo que quiere es incrementar su presencia en las instituciones. La principal cualidad del militante podemita no es su animadversión a los políticos, sino su idolatría y su adoración (en eso consiste el comunismo). Su principal cualidad es la estupidez. Todo el que se ufana de votar a alguien que ha manifestado abiertamente que Venezuela es una democracia legítima, que Lenin es un ejemplo a seguir, que los medios de comunicación deberían estar controlados, y tantas y tantas gansadas más, no merece ser tratado como una persona inteligente. Es más estulto todavía que todos los que apoyaban en el pasado a Stalin o Hitler, pues ahora tenemos muchas más pruebas gráficas y televisivas de los desmanes que cometen los tiranos en ciernes, y sin embargo ninguno de ellos da su brazo a torcer, y todavía se deshacen más en halagos y genuflexiones.

Domingo, 1 de mayo de 2016 a las 21:17 UTC+02

Si existe el derecho a elegir el trabajo que uno quiere hacer, existe también la obligación de todos los demás a consumir lo que a ese trabajador le dé la gana producir. Por esta vía sólo se legitima el totalitarismo.

Domingo, 1 de mayo de 2016 a las 12:02 UTC+02

Arenga de Arquitas. Manifiesto para ser compartido. Cuelguen en sus muros esta apología del grupo para que seamos más y seamos mejores: Si deseas pertenecer a un grupo de Facebook único en su especie, que aborda el análisis de los principios filosóficos de siempre, junto con los temas científicos y técnicos más candentes del momento, y los problemas que enfrenta el hombre a la hora de determinar la organización social y económica de un territorio, y si deseas analizar todos estos temas desde una perspectiva fresca y esperanzadora, con la mira puesta en la evolución ulterior del ser humano, el advenimiento de la robótica, la derrota del envejecimiento, el final de la muerte, y la singularidad tecnológica, no dudes en unirte a nosotros y compartir en tu muro esta entrada, para que seamos más y seamos mejores. Estas invitado. El Instituto Arquitas de Tarento es un grupo con dos Almas mater: 1° Alma mater: La Universidad Francisco Marroquín, es una institución privada y laica ubicada en la ciudad de Guatemala, y fundada en 1971 en torno a los principios de la libertad que defiende la Escuela Austriaca de Economía. Su principal misión es la enseñanza y difusión de los fundamentos éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables. 2° Alma mater: La Universidad de la Singularidad es una institución académica situada en el Silicon Valley, cuya finalidad es reunir, educar e inspirar a un grupo de estudiantes para que se esfuercen por comprender y facilitar el desarrollo exponencial de las tecnologías y puedan de ese modo resolver los grandes desafíos de la humanidad. El álter ego de las ciencias: la tecnología, y el álter ego de las humanidades: la economía, se unen por fin en este grupo para generar un nuevo debate y un nuevo futuro. No te quedes atrás. Comparte.

Martes, 26 de abril de 2016 a las 07:15 UTC+02

Cuando me refiero al altruismo entiendo perfectamente que debe existir un interés egoísta detrás. Como decía Ayn Rand el altruismo puro no existe. Pero esto no quiere decir que no exista el altruismo, ni que sea malo ayudar a los demás sacrificando parte de tu vida (lo cual es necesario siempre que antepones la ayuda al prójimo). El interés propio de muchos cristianos se ve reconfortado cuando ayudan a los demás y eso tiene que tener un nombre. Se llama altruismo. Y en ese sentido lo uso.

Sábado, 23 de abril de 2016 a las 11:18 UTC+02

Es que neutralidad no es sinónimo de verdad. Más bien es al contrario. Neutralidad es sinónimo de relatividad, inconsistencia, nulidad.

Viernes, 22 de abril de 2016 a las 21:45 UTC+02

Cuando un tirano en ciernes se prepara para sodomizar a la población, ataca a los medios de comunicación velando el discurso con todo tipo de eufemismos. Uno de los más frecuentes es ese que subraya la necesidad de abrir un debate en torno a la ética que mantiene la prensa. En realidad lo que está diciendo es que quiere cerrar la boca de todos aquellos hijos de su madre que no opinen como él. Lo dijo Stalin. Lo dijo Hugo Chávez. Y lo dice Pablo Iglesias. La historia se repite

Martes, 5 de abril de 2016 a las 20:41 UTC+02

Efectivamente, la educación se ha convertido en el arma arrojadiza de los políticos y ha dejado de ser esa ciencia objetiva que acaso era antes. Es asqueroso ver cómo las ciencias troncales se transforman en asignaturas regionales y moralinas varias, o se reducen en favor de todo un rosario de disciplinas menores.

Lunes, 4 de abril de 2016 a las 22:05 UTC+02

Totalmente de acuerdo. De hecho, una de las cosas que más me han chocado al conocer las tripas de la escuela austriaca es que existan personas que defiendan a ultranza a Hayek en contra de Mises, o en contra de Rand. Me parecen mentalidades pequeñas, atrofiadas por la idolatría que procesan a un único autor. Yo siempre creí que no podía haber discusión con respecto a eso, sobre todo en lo esencial. Por eso me chocó ver el maniqueísmo que padecían algunos.

Sábado, 2 de abril de 2016 a las 12:06 UTC+02

Cuando el Estado Islámico acceda a la bomba atómica, o destruya un central nuclear, la mojigatería europea clamará por fin algún tipo de solución militar contra este país de asesinos. Para entonces, la especie humana, tal y como la conocemos hoy, habrá quedado reducida a unos cuantos grupos de tribus, y estará a punto de pasar a la historia, como dinosaurios de una era pretérita. En el caso de los reptiles tal vez fue el tamaño de su cuerpo lo que les llevó a la extinción. En nuestro caso será el tamaño de la estupidez el que haga el trabajo.

Sábado, 26 de marzo de 2016 a las 11:29 UTC+01

La religión ampara a las mentes débiles y a los niños que aún no pueden razonar. La religión alienta la vida de las personas que no han tenido la suerte de estudiar y razonar. La religión amalgama a la sociedad, da un sentido a la vida que fortalece el carácter y estimula el emprendimiento. La religión es un rasgo adaptativo. La religión es una fuente de felicidad. La religión es un código de honor, es un agregador de tradiciones y es un mecanismo instigador de la evolución

Sábado, 26 de marzo de 2016 a las 09:55 UTC+01

Una de las mayores hazañas, en lo que va de siglo, ha sido la de reproducir el mecanismo de la vida desde sus bases más elementales. Aunque estas investigaciones pertenecen al ámbito de la biología, entroncan directamente con la robótica y la cibernética. Para construir un humanoide completamente autónomo tendremos que conseguir que realice también la operación más elemental de la biología: la reproducción. Y para conseguir eso debemos primero aprender dicho mecanismo de la propia naturaleza. De hecho, ya lo estamos haciendo. Hemos conseguido construir un genoma a la carta, con los genes que son imprescindibles en toda reproducción. En este caso, han conseguido que un genoma minimalista logre replicarse por su cuenta, de manera autónoma. Lo verdaderamente grandioso sería conseguir eso mismo a un nivel más elemental, que un puñado de moléculas se reorganice a tal efecto y empiece también a replicarse por su cuenta. Ese sería el origen real de la vida. El problema al que se enfrentan los científicos para alcanzar ese propósito es una simple cuestión de nivel. Ya han logrado crear en el laboratorio células artificiales. Tal vez mañana consigan que las moléculas adquieren las mismas destrezas. Entonces habremos demostrado definitivamente el proceso que dio origen a la vida. Y estaremos más cerca también de crear vida artificial, robots inteligentes, autónomos y autopoiéticos.

Viernes, 25 de marzo de 2016 a las 10:56 UTC+01

Si basamos la inteligencia robótica exclusivamente en la inteligencia humana tendremos también ignorancia, pues la inteligencia humana campa por su ausencia.

Martes, 22 de marzo de 2016 a las 17:33 UTC+01

Nace un nuevo grupo de Facebook que aúna dos pasiones complementarias, el amor a la libertad individual y a la Escuela Austriaca de Economía, y el entusiasmo que engendra la tecnología en ciernes y las teorías que proponen los decanos de la Universidad de la Singularidad, comandados por Ray Kurzweil. Este grupo de debate estará dedicado al análisis de los retos y dificultades que enfrenta el hombre actual (sociológicos, tecnológicos, físicos, biológicos, económicos, filosóficos) a la hora de alcanzar la última de las fronteras, la singularidad tecnológica, el advenimiento de la inteligencia artificial, la muerte de la muerte, y la colonización del universo. Si te sientes identificado, quieres formar parte de este maravilloso proyecto, y te interesa saber cuáles son los últimos avances o eventos en este camino, hazte miembro.

Miércoles, 16 de marzo de 2016 a las 21:23 UTC+01

Este es el nivel de muchos economistas actuales. Para hacernos una idea, sería como si un biólogo te dijera que las bacterias se crean por generación espontánea, a partir de la porquería.

Domingo, 13 de marzo de 2016 a las 09:15 UTC+01

Al leer el artículo que has publicado esta semana por este medio he podido comprobar, con agrado, que en la primera parte del mismo (concretamente en el segundo párrafo) realizas una clara apología del dualismo metodológico y el principio axiomático. Puesto que a mi me parece una de las patas más importantes de la teoría austriaca, si no la más, y puesto que yo he defendido eso mismo en numerosas ocasiones, incluso en contra de tu propia visión (véase mi charla en el Instituto Juan de Mariana), he pensado que tal vez me estaba equivocando y que no había entendido correctamente lo que tratas de decir. Sería interesante para mí que me explicaras exactamente a qué te refieres cuando dices que el pensamiento completo se basa en dos vías de conocimiento, una argumentación deductiva, general y axiomática y otra inductiva y concreta e hipotética. Pues eso es justamente los que yo vengo defendiendo siempre, a despecho de la marea de monistas metodológicos que, desde todos los flancos, también dentro de la propia escuela austriaca (por ejemplo, la rama evolucionista de Meseguer), tratan de acaparar el mercado de las ideas aduciendo que solo existe un método de investigación. Gracias de antemano por tu respuesta. Siempre es un gusto leer tus artículos. Un saludo.

Sábado, 5 de marzo de 2016 a las 13:52 UTC+01

Esas imágenes en los semáforos reflejan muy bien lo que realmente son muchas feministas radicales. Por un lado no quieren ser mujeres porque eso resalta las diferencias con los hombres. Pero por otro lado deben conseguir que su identidad de mujer prevalezca sobre la del varón. El resultado de esta contradicción queda resumido en esas imágenes de hombres con falda, hembras marimacho, señoras hormonadas, mujeres ariscas y carentes de toda sensualidad. El sexo neutro. La nada. El absurdo.

Viernes, 4 de marzo de 2016 a las 19:08 UTC+01

Pedro Sánchez, candidato a la presidencia, dice constantemente que su programa político aboga por el equilibrio presupuestario y, al mismo tiempo, sin solución de continuidad, defiende y promueve el gasto estatal en una infinidad de materias. Este oxímoron parlamentario tiene unas causas lógicas más profundas, y me sugiere la misma reflexión de siempre. Si la gente entendiera una regla de la lógica tan básica como es esa que afirma que para consumir un bien primero hay que producirlo, todavía quedaría algo de esperanza en este mundo, una última salida. Pero la gran mayoría se opone radicalmente a los recortes y la austeridad, y está a favor de la deuda, el gasto incondicional del Estado y los servicios “gratuitos”. Podemos, el PSOE, los nacionalistas, e incluso el PP, así como todos los que han votado a estos partidos, se preocupan menos por el incremento de la deuda de lo que lo hacen por las bellotas de mar. Si la gente ni siquiera es capaz de respetar una ley tan básica como esta, no hay que extrañarse luego de las consecuencias calamitosas que tiene cualquier medida política. Tenemos al frente del gobierno a una caterva de políticos imberbes, aupados al poder por una grey de ignorantes y analfabetos. En este sentido, no cabe esperar mucho más de la humanidad. Más bien, no cabe esperar nada en absoluto.

Martes, 1 de marzo de 2016 a las 17:45 UTC+01

Resumen del programa de Pedro Sánchez: más gasto, otra vez el fiasco de las energías renovables, encarecer el despido, becas para todos, ayudas a mansalva. En definitiva, su propuesta afianza al mismo tiempo el gasto del Estado y las zancadillas al emprendimiento. Gastar sin producir. El eterno desideratum del socialismo y de sus votantes analfabetos.

Sábado, 27 de febrero de 2016 a las 18:08 UTC+01

El programa Madrileños por el Mundo ha pasado de entrevistar a personas con iniciativa, que han salido del país buscando un nuevo futuro, a entrevistar pseudo paletos, a los que pagan el viaje y que se pasan toda la entrevista gritando como si fueran concursantes de Gran Hermano. Ya no me interesa. Solo refleja el constante declive de la televisión de masas.

Sábado, 27 de febrero de 2016 a las 14:56 UTC+01

El principio supremo de algunos liberales confunde el contenido y el continente de la proposición. Como el principio alude a la libertad, estos creen entender que cualquier acción voluntaria es legítima. Algunos llegan a defender cualquier comuna. Con tal de que sea una comuna, todo vale.. vaya principio. Eso no es un principio. Es un final, el final de cualquier principio. Desgraciadamente el liberalismo tiende al relativismo, efectivamente, esa es otra lacra moderna

Viernes, 26 de febrero de 2016 a las 19:41 UTC+01

Solo quiero leer y escribir. Ya sea para bien o para mal, ya acabe ganando el nobel de literatura o muriéndome en la más absoluta indigencia, solo quiero leer y escribir. Estoy obsesionado. Mi ofuscación es mayor en tanto en cuanto en mucho más probable que termine muriéndome de hambre. He ido al medico y me ha aconsejado que busque un buen mecenas. En la farmacia me han mirado mal. No han entendido la receta. ¿Alguien sabe donde puedo conseguir uno? Cada vez estoy peor. Las tareas habituales de la vida, las que tienen que ver con las funciones vitales, cada vez me exaspera más, se vuelven más insoportables a medida que pasa el tiempo, y a la vez, dramáticamente, se hacen más evidentes. Cada vez me queda menos tiempo y cada vez valoro más el provecho que saco de la vida. Por eso solo quiero leer y escribir

Viernes, 26 de febrero de 2016 a las 18:31 UTC+01

La gente suele decir que los robots no serán nunca como los seres humanos; que no tendrán sentimientos. Y a las primeras de cambio todos se compadecen de un androide que dentro de unos años nos parecerá tan primitivo como el homo antecesor. Son miles los que han atestado las redes sociales denunciando las supuestas agresiones y vejaciones que sufre Atlas en el video de su presentación. En el fondo, estamos programados para tener empatía y para detectar patrones humanos por todas partes. Los robots del futuro serán integrados en nuestras relaciones de forma natural y nadie se extrañará de que los tratemos como a hermano, o que les demos la consideración de hijos. En realidad ya lo son, son hijos del progreso. Son nuestros hijos; una generación mejorada.

Jueves, 18 de febrero de 2016 a las 19:22 UTC+01

La filosofia es muy buena a la hora de hablar sobre generalidades. Pero no puede suplantar a la ciencia en el ámbito de los hechos concretos, aun cuando sus teorías refieran cualidades comunes en esos hechos.

Martes, 9 de febrero de 2016 a la 01:22 UTC+01

Cualquier forma de promoción del terrorismo de ETA lleva implícita la leyenda: te voy a matar. Cualquier disculpa en este sentido me parece repudiable. Y decir que es libertad de expresión me parece que es manchar esa bonita palabra. Todo asesinato comienza con una idea o una palabra. Y cualquier apología de ETA tiene detrás más de 1000 muertes. A mi me parece repugnante. Has visto la pagina de los titiriteros? Sabes cómo piensan estos? Si hasta el propio Pablo Iglesias hace apología del terrorismo.

Lunes, 8 de febrero de 2016 a las 21:14 UTC+01

Todos los días se extinguen especies y muchos caminos evolutivos llegan a su fin después de millones de años de evolución. Las adaptaciones, buenas en ciertos momentos de la historia, pueden ser malas bajo otras circunstancias. La inteligencia del hombre, su mayor adaptación, puede trocarse en estupidez y provocarle la muerte. No hay nada escrito.

Martes, 2 de febrero de 2016 a las 14:27 UTC+01

La biblioteca es un lugar extrañísimo. En él se juntan la soledad y la intimidad más cenobíticas con la compañía más grande que puede haber, la que hacen los libros. Es estar solo y al mismo tiempo estar acompañado por una multitud de personas de ahora, de antes y de todos los tiempos. En una biblioteca se experimenta la mayor soledad y el mayor acompañamiento que pueda imaginar el hombre. No existe otro lugar en la tierra tan cargado de vida y al mismo tiempo tan aislado del resto. Divina paradoja, confluencia de sentimientos, ensalada de hojas, reino de los cielos. Esa mirada solo existe en las bibliotecas personales, y en los ojos de aquellos hombres que ha sabido construirse un zaguán de libros en la entrada de su casa, para retomar la lectura de manera inmediata cuando se huye del mundo. La luz mortecina. El silencio absoluto. Y los libros. Los libros llenos de voces y de resplandores; conocimientos. Divina paradoja. La penumbra y la luz. El silencio de las palabras impresas y el zumbido constante de la literatura. La oscuridad y la ilustración, y la luz mortecina, y la luz.

Domingo, 31 de enero de 2016 a las 16:44 UTC+01

El problema de no tener gobierno es que, aunque esto nos garantiza que los políticos no van a seguir jodiéndonos, también garantiza que las cosas no irán a mejor. El impasse deja en pie todas las leyes y mandatos que hasta ahora ha venido articulando el Estado, y esto también es muy grave.

Viernes, 29 de enero de 2016 a las 16:51 UTC+01

La palabra socialismo la puedes dividir en otras dos: “socia” y “lismo”. Si a la palabra “socia” le cambias la “o” por una “u”, y a la palabra “lismo” le cambias la “m” por una “t” ya tienes la definición completa de socialismo. Te lo pongo más simple todavía. Coge la palabra socialista y solo tendrás que cambiar la “o” por una “u”

Viernes, 15 de enero de 2016 a las 09:58 UTC+01

Ya no es solo que los votos no valgan lo mismo según el partido al que votes. Es que luego pueden cederse los escaños sin importar cuantos les hayan dado los ciudadanos. Al margen de los problemas intrínsecos que entraña el sistema democrático, que son muchos, lo que clama al cielo es que ni siquiera se respeten los votos. Por supuesto luego todos dicen ser muuuyyy democráticos. Y después me preguntáis cuál ha sido la causa de que no haya votado. No quiero legitimar un sistema ignominioso, del que TODOS los políticos participan y que muchos ciudadanos aplauden. Todos los que participan en este circo deberán callarse cuando vengan las desgracias. Yo soy el único que podrá quejarse. Yo no he contribuido.

Jueves, 14 de enero de 2016 a las 09:39 UTC+01

Bonita carta, salvo por el final. El cáncer no ha aumentado, como dice el cantautor, porque estemos haciendo algo mal como sociedad. Ha aumentado porque lo estamos haciendo cada vez mejor, cada vez vivimos más y por eso cada vez las enfermedades relacionadas con la vejez tienen un impacto mayor. Me dicen: En mi opinión la mayor longevidad no explica el fenómeno del cáncer. En la era de Napoleón en las ciudades un epidemiólogo observó como el cáncer ‘crece como la pólvora’ en contraste con el campo. Poblaciones con dietas ancestrales empiezan a aumentar vertiginosamente sus tasas de cáncer tras adoptar dietas industriales. Stefansson dedicó gran parte de su vida a este tema de las enfermedades que crecen con ciertos estilos de vida ‘industriales’. Los factores principales para mi serian de tipo ambiental como dieta estilo de vida etc Bueno el ambiente es un factor a tener en cuenta pero ni mucho menos el más decisivo. Si te fijas en el proceso del cáncer te darás cuenta que este se debe menos a las mutaciones que provocan nuestros hábitos y más al programa genético que llevamos dentro. Y por qué digo esto. Muy sencillo. A lo largo de nuestra vida todos sufrimos diversos episodios de cáncer, mutaciones de nuestras células que no llegan a más porque tenemos potentes mecanismos de reparación que, o bien corrigen esas alteraciones, o bien conducen a la célula mutada al suicidio o apoptosis programada. Y no es hasta que somos viejos que no empiezan a fallar esos sistemas de reparación con el consiguiente acúmulo de mutaciones y aparición del cáncer (que requiere para darse que ocurran a la vez varios tipos distintos de alteraciones genéticas). Por eso creo que importa más el genoma que el ambiente. muy bueno. Creo que damos demasiada importancia a factores exógenos, como la dieta. Por supuesto que comer sano alarga la vida. Pero el cáncer….es otra cosa.

Lunes, 11 de enero de 2016 a las 23:29 UTC+01

Solo existe una institución capacitada para defender un principio general. Esta institución es el Estado, que es la única forma de gobierno que tiene también una circunscripción general.

Lunes, 11 de enero de 2016 a las 17:36 UTC+01

Quizás Eladio pueda ver si hay similitud con aquellos organismos unicelulares que se unieron hace millones de años para formar un ser pluricelular con predominio de algún órgano directriz como el cerebro (Estado)… Hoy estas células son incapaces de vivir aisladamente tal como le ocurre a muchas personas de hoy. No es completamente comparable. Pero si es igual en una cosa. En todos los niveles hay una jerarquía social reconocible. Yo pienso que muchos libertarios se obcecan tanto con el individuo que pierden de vista cualquier nivel superior. Famosa es la frase de Miguel Anxo Bastos Boubeta donde este viene a negar la existencia del Estado. Bastos matiza luego ese punto de vista en un artículo muy interesante aparecido hace poco. Pero muchos liberales no recorren ese camino, obvian cualquier análisis más profundo y se quedan únicamente con el eslogan emocional que transmite dicha afirmación: el estado no existe, el estado no existe!! Ahí se acaba toda la historia.

Domingo, 10 de enero de 2016 a las 23:04 UTC+01

Muchos liberales tienden a confundir la libertad del individuo con el derecho incondicional del mismo a la libre secesión, con su derecho de adscripción a un territorio determinado, y con todas aquellas defensas que luchan en mayor o menor medida para que los pueblos gocen de una completa independencia jurídica. Pero por ese camino los liberales no están defendiendo ninguna égida individual. Cualquier separación que implique a un territorio completo y que modifique las normas de toda una región no puede ser en ningún caso una acción o un derecho individual, más bien será un ejercicio colectivo. Esos mismos liberales, y por los mismos motivos, tienden a equiparar más de lo debido el nacionalismo español y el nacionalismo catalán. Con ello, están contraviniendo completamente sus principios liberales. No solo dan alas a los políticos de todas las regiones habidas y por haber. Además, defienden una causa que está muy alejada de aquella que siempre ha inspirado la búsqueda objetiva que caracteriza a la ciencia y que es la seña de identidad de cualquier proyecto racional. La unidad nacional entraña siempre una postura racional más objetiva, más acorde con los principios de cualquier teoría científica (simples y únicos). En cambio, la defensa que hacen los chovinistas y los separatistas se aleja siempre de esta postura. En segundo lugar, aquellos que igualan el nacionalismo centrífugo con el centrípeto se olvidan de que el primero excluye cualquier ventaja que pueda abrigar el segundo (ej. mayor eficacia y economía de las normas, unión en torno a la única defensa legítima, generalización de la teoría, extensión de la libertad), mientras que el segundo no excluye las ventajas que habitualmente se atribuyen a los Estados pequeños (ej. se puede mantener cierta autonomía regional sin destruir completamente el estado de derecho, como quiere los independentistas; se puede fomentar la competencia entre regiones y la independencia fiscal sin necesidad de renunciar por completo a los principios fundamentales que tienen que regir en todas ellas; es más, solo se puede competir de esta manera si existen unos principios centrales que guíen las decisiones de todas las autonomías; más allá de eso toda división es un error).

Martes, 5 de enero de 2016 a las 20:22 UTC+01

Carta de un ateo a otro ateo, la noche en la que vienen los Reyes Magos: Es importante no arruinar a los niños esa ilusión navideña que les llena de felicidad y satisfacción. Es más, no hay que arruinarles ninguna ilusión, por falsa que ésta sea. Me desesperan esos padres ateos que se niegan en rotundo a educar a sus hijos en la fe, robándoles las ilusiones que seguramente solo podrán sentir en ese momento de su vida. Yo no soy creyente, pero a mis hijos les educaría con gusto en la religión. Los niños necesitan cuentos, fantasía, y eso es independiente de las conclusiones agnósticas a las que hayan llegado sus padres de adultos. Me exaspera esa suficiencia adulta que convierte al niño en una imagen especular de su padre, como si éste ya tuviera que nacer crecido. Si uno ha de ser ateo, lo mejor es evolucionar y conseguir ese estado desde una posición previa de ignorancia e ilusión. Esa es la mejor manera de apreciar los logros racionales de la madurez, y también la mejor forma de disfrutar las visiones idílicas que nos ofrece la infancia.

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El mito del cambio climático

1. CAUSAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

1.1. La opinión de los científicos: “Sí, hay cambio climático, si hay calentamiento atmosférico, dicen 83 grandes científicos italianos. Pero no es causado por el hombre, sino por la naturaleza.”

https://elmanifiesto.com/naturaleza/953061889/Grandes-cientificos-italianos-sueltan-una-bomba-sobre-el-cambio-climatico.html

1.2. La estafa del calentamiento global: Documental, producido y emitido por el Canal 4 en Gran Bretaña en 2007. Más evidencias de que la teoría del Calentamiento Global causado por el hombre es un engaño. “La gran estafa del Calentamiento Global”, está apoyado por eminentes científicos que critican el aceptado consenso de que el cambio climático está causado por el hombre.

Nos mostrará un grupo de respetados científicos atacando a la “propaganda” que ellos alegan está matando a los pobres del mundo. Incluso el cofundador de Greenpeace, Patrick Moore, es mostrado reclamando que los países africanos deberían ser animados a producir mas CO2. Nadie en el documental defiende la teoría del efecto invernadero, sin embargo reivindican que el cambio climático es natural, ha estado ocurriendo durante años y el desprendimiento de hielo de los glaciares sucede precisamente en la primavera, tan normal como que las hojas caigan en otoño. El controvertido director Martin Durkin dijo: “Tu puedes ver las incoherencias con la ciencia del calentamiento global, pero la gente no te cree, son necesarios diez años para conseguir este objetivo.” “Pienso que se recordará en la historia como el primer capítulo en una nueva era de las relaciones entre los científicos y la sociedad. Los científicos legítimos -gente con títulos- son los chicos malos.” “Es una gran historia que va a causar polémica” “Es muy raro que una película cambie la historia, pero pienso que este es un punto de inflexión y en cinco años la idea de que el efecto invernadero es la principal razón del calentamiento global será visto como una total gilipollez”.

1.3. Las ideas de Manuel Toaria:

1.4. Provocaciones de un geólogo: El polémico investigador holandés Salomón Kronnenberg, considerado por algunos “un poeta entre geólogos” y por otros, un provocador incendiario. Geógrafo físico vinculado a la universidad de Delft, controvierte los diagnósticos de alarma frente al cambio climático.

1.5. La estafa del dioxido de carbono

 

1.6. Dr. Patrick Moore, cofundador de Greenpeace

 

1.7. El ecologista escéptico:  polémico libro de Bjorn Lomborg (1965–) publicado originalmente en danés con el título Verdens sande tilstand, literalmente El estado real del mundo (Forgalet Centrum, 1998). Posteriormente se publicó una edición inglesa, revisada y mejorada con el título The skeptical environmentalist (Cambridge University Press, 2001) que sería la base de traducciones posteriores.

https://es.wikipedia.org/wiki/El_ecologista_esc%C3%A9ptico


2. CONSECUENCIAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

2.1. La calidad de vida: “Si queremos afrontar nuestros problemas futuros sin renunciar a nuestra calidad de vida, deberemos hacerlo desemponzoñando el debate de falsedades y manipulaciones ideológicas”

https://blogs.elconfidencial.com/economia/laissez-faire/2019-10-14/demagogia-anti-neoliberal-mas-pais-errejon_2281159/

2.2. La deforestación: “Tanto la deforestación como la reforestación se han mantenido prácticamente estables en todo el mundo. Sucede algo distinto en el caso de nuestro país. Y es que España ha pasado de tener una masa forestal del 27,6% en 1990 al 36,9% en 2016, según el Banco Mundial.”

https://www.libremercado.com/2019-04-19/el-mito-de-la-deforestacion-espana-tiene-hoy-mas-bosques-que-hace-26-anos-1276636889/

Una de las consignas más repetidas del movimiento ecologista es que el sistema capitalista destruye el planeta y genera una insostenible deforestación. Sin embargo, esto no es cierto. Según un estudio de Robert M. Ewers (2006), mientras más rico sea un país, menos deforestación sufre, y, al contrario de lo que muchos esperarían, los países más ricos tienden a reforestar, es decir, a aumentar la cantidad de masa forestal.

La deforestación no es un problema en los países desarrollados y, en muchos casos, registran incluso reforestación en términos netos. Sin embargo, los países pobres tienden a una mayor deforestación.”

2.3. El negocio de la ONU: una excelente entrevista al ingeniero civil Industrial de la U de Chile, don Douglas Pollock sobre el cambio climático

2.4. Medias verdades: La expresión ‘cambió climático’ se ha extendido por todo el mundo y, con ella, la insinuación de una pavorosa amenaza que dirige a nuestro planeta hacia su destrucción. Sin embargo, ¿sabemos exactamente de qué se trata y cuáles son sus causas? ¿Nos están manipulando? ¿Quién hace caja con el ‘apocalipsis medioambiental’? En esta edición de ‘El Zoom’, Javier Rodríguez Carrasco examina, con la ayuda de expertos, las medias verdades que avalan unas iniciativas ‘verdes’ no del todo altruistas.

2.5. Las élites ecologistas: en este articulo de Peter B Meyer nos habla de como las élites nos están engañando con el supuesto cambio climático generado por el hombre.

2.6. Los recursos son inagotables, por Miguel Anxo Bastos

 

2.7. El fin del mundo: soy UTBH y en este vídeo repaso el affair de las Naciones Unidas con la jóven activista Greta Thunberg y explico como posiblemente el ecologismo y el cambio climático sean las nuevas corrientes ideológicas moralistas que marcarán la tendencia de occidente durante los próximos años.

 

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La curva de Laffer, los beneficios de Xiaomi, y la ley de inercia de la masa keynesiana

Subir los impuestos a menudo disminuye la recaudación. Esto es lo que predice, a grandes rasgos, la curva de Laffer, una expresión matemática sencilla que, en palabras de su propio autor, entienden sus alumnos de primero, pero apenas comprenden los políticos: “Como profesor universitario, siempre intenté que mis estudiantes comprendiesen fácilmente todo lo que les explicaba. En mis clases introducía ejemplos de la vida cotidiana, anécdotas… La curva de Laffer, antes de ser la Curva de Laffer, era simplemente una de las curvas que presentaba durante mis lecciones. Con ese gráfico simplemente pretendía recordar a mis alumnos que subir impuestos no siempre genera los ingresos esperados. De hecho, en ocasiones se puede recaudar más con tasas más bajas. Mis alumnos lo entendían a la primera, pero los políticos… ¡Con ellos todo es mucho más complicado de lo que debería!”

Laffer solo está poniendo de manifiesto una obviedad. El sentido común nos dice que la bajada de impuestos favorece un escenario propicio para el crecimiento y la proliferación de nuevas empresas. En cambio, la presión fiscal ahoga el ahorro y la inversión privadas. Pongamos un ejemplo sencillo que entienda todo el mundo. En un campo de naranjos también hay que favorecer el crecimiento de los árboles para esperar una buena cosecha. Sin embargo, por lo general los políticos hacen todo lo contrario, esperan una buena cosecha aunque no sepan nada de cultivos. En lo único que son expertos es en matar a la gallina de los huevos de oro. Solo se ocupan de recaudar, hasta que todo queda esquilmado.

La curva de Laffer se puede aplicar también al sector privado. La empresa china Xiaomi ha obtenido en los últimos años una recaudación muy superior al resto de competidores. Para ello, solo ha tenido que seguir una política de reducción de ingresos por artículo. Al disminuir el margen de beneficio en todos sus productos, ha conseguido aumentar la demanda ciudadana, y el balance neto ha sido tremendamente positivo. Si el Estado rebajase el beneficio que obtiene por cada ciudadano reduciendo también los impuestos que le cobra, lograría incrementar los ingresos al propiciar un aumento del número de empresas que seguro proliferarían en ese caldo de cultivo, empresas que son a fin de cuentas las únicas entidades que llenan las arcas del gobierno. Esta sencilla regla de tres la entiende hasta un niño de cinco años. Pero continuamente es puesta en duda por los políticos, que solo saben retraer dinero del cliente (los contribuyentes) sin reparar en las necesidades monetarias y económicas que son requisito fundamental para la aparición de nuevas empresas y para la consecuente recaudación de una parte de sus beneficios.

En su mayoría, los políticos se suman alegres a la recolección de la naranja, pero ignoran todo el trabajo que hay detrás de esa acaparación final, el cultivo y cuidado de los árboles hasta que llegan a adultos. En cualquier caso, es el mismo problema que evidencia un gran número de personas. Es muy fácil gastar el dinero que otros han conseguido con esfuerzo, pero muy difícil producir los bienes y servicios que otros demandan.

El Keynesianismo es la constatación académica de un error masivo. El imaginario colectivo está plagado de este tipo de sofismas. Al poner por delante el consumo a la producción, se traslada el esfuerzo a los demás, se justifica la vagancia y la irresponsabilidad, se ponen las bases de una mala previsión, se altera el orden lógico de los sucesos, y se dinamitan las causas de la riqueza. Los ciudadanos parecen niños pequeños, pidiendo todo el rato juguetes nuevos que nadie puede fabricar, o rompiendo aquellos que ya se han producido. El keynesianismo ha intentado vestir de seriedad lo que solo es un montón de imbecilidades pueriles, y todo ello ha redundado en un problema mucho mayor. Ahora las universidades y los falansterios estatales se llenan también de imbéciles y de gente infantil. Todos reclaman derechos. Pero nadie conoce cómo se producen los bienes que nos dan derecho a hacer esas reclamaciones y que permiten acceder libremente a aquellos servicios que mejor cubran nuestras demandas.

El tramo descendente de la curva de Laffer no es otra cosa que la expresión matemática de la fuerza de inercia que arrastra a las masas a pensar que la ecuación de gasto que les propone el Estado, y que sufraga con altos impuestos, solo puede traer más beneficios a la economía. Todos creen  que el consumo por sí mismo estimulará la inversión. Keynes les ha contado esa filfa, y ellos se ven muy contentos. El paraíso ha llegado. La solución mágica ya está aquí. No hay que producir nada. Todo te lo dan hecho. La cigarra puede echarse a dormir. Solo hace falta gastar lo que otros han generado con antelación. El problema llega después, cuando ya no hay otros que produzcan y se acaban las reservas. Entonces el elíseo se viene abajo. Los niños crecen de golpe. Y el tramo descendente de la curva de Laffer (con niveles más altos de impuestos) se hace más patente y grave que nunca.

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De la igualdad de las clases a la igualdad de las razas: doscientos años de mentalidad comunista

La gran diversidad de vida que acoge nuestro planeta ha obligado a los naturalistas a utilizar una amplia jerarquía de categorías taxonómicas para abarcar el estudio de todos los animales y plantas que componen la delgada capa que solemos conocer como biosfera. Las diferencias se dejan sentir en todos los niveles, desde aquellas pequeñas variaciones que dependen del clima, y que afectan a las distintas poblaciones, hasta aquellos arquetipos anatómicos capaces de dar lugar a todo un nuevo reino de organismos.

Parece que no hay ningún problema a la hora de aceptar las diferencias que existen entre seres autótrofos y heterótrofos, o entre vertebrados e invertebrados. Pero en los últimos tiempos ha venido consolidándose un nuevo paradigma (o creencia) un tanto absurdo, que sin embargo ha calado con rapidez incluso en el seno de algunos cenáculos científicos. Dicha convicción asume como verdadero lo que solo es una proposición superflua, poniendo en duda la necesidad de diferenciar, dentro de una misma especie, varios grupos de individuos adaptados a distintos biotopos. Las razas han venido jugando el papel de taxón, para clasificar distintas poblaciones pertenecientes a una misma especie. El objetivo siempre ha sido resaltar las diferencias que sin duda existen entre aquellos grupos adaptados a diferentes entornos, pero que todavía no han divergido lo suficiente como para poder ser clasificados en especies distintas. Sin embargo, ahora parece que ese rol que siempre ha jugado la raza ya no tendría razón de ser.

Resulta significativo que esta nueva forma de negacionismo se fije de manera especial en el coeficiente intelectual del ser humano, e insista en afirmar que apenas existen diferencias entre unos cerebros y otros, mientras acepta sin problema otros rasgos diferenciadores como el color de la piel, la forma de los ojos, la masa muscular, o las razas de canes. Pareciera que existe una dualidad cartesiana entre el cuerpo y la mente, o entre los animales y el hombre. Resulta curioso ver a algunos supuestos científicos defender de soslayo una dicotomía tan anticuada.

En el fondo, se trataría de renegar de la idea siempre presente de una naturaleza fría e insensible (real), ajena a nuestros deseos, cercenadora de esperanzas, una lotería de genes “totalitaria”, indecidible, que estaría dictando la vida futura de todos los seres humanos, y que sólo concedería sabiduría o ingenio a una pequeña minoría de privilegiados. Aunque la cultura y la educación pueden poner algo de remedio, muchos ya parten de una posición intelectual más baja, que jamás podrán remontar por mucho que se esfuercen. Es contra esta condición indubitable contra la que se revelan todos aquellos que ven con cierto desagrado como la vida les ha reservado un papel secundario. Dado que son incapaces de enmendar a la mismísima naturaleza, acuden a la cultura para afirmar que todas las diferencias entre los seres humanos son fruto de una educación patriarcal, se hacen las víctimas propiciatorias del sistema, y culpan de su ineptitud a los que desde arriba les estarían impidiendo prosperar. Eso sí, jamás reconocen sus limitaciones. En este sentido, una de las expresiones más claras de esta nueva pataleta consiste en negar las razas. Las razas son la puerta de entrada a muchas justificaciones que estarían avalando un escenario totalmente distinto de aquel que gusta imaginar a muchos. Algunos son incapaces de entender la realidad natural de la que todos provenimos. Desde sus atalayas culturales, devenidos en progres, se revuelven contra su destino (u origen) biológico, en un intento suicida y desesperado por escapar de él, empleando la misma argucia que usan los creyentes cuando arguyen que la muerte no es el final de la vida. A veces se imaginan paraísos. Pero en otras ocasiones, cuando ya no tiene religión a la que acudir, el hombre laico se afana en negar la biología en un intento por borrar cualquier rastro del pasado que recuerde alguna injusticia, o que propicie alguna parcialidad, desconociendo completamente que la propia existencia de la vida es de por sí la mayor fuente de discriminación y selección que existe. Nada se puede hacer ante esto. La selección natural está continuamente discriminando individuos superiores e inferiores. Si aspiramos a eliminar la discriminación, hemos de saber que estamos yendo también contra los fundamentos del progreso biológico y cultural, y contra el principal proceso de mejora que utiliza la naturaleza.

Si algo ha descubierto la ciencia es que la verdad no se corresponde con las expectativas que tiene la gente. En un principio, la evolución fue negada por los fundamentalistas religiosos porque contradecía su idea numinosa del origen (del mundo). Ahora es negada también por la izquierda laica porque, de nuevo, pone en duda su concepto de paraíso, la opinión de que todos somos iguales y debemos aspirar a tener las mismas oportunidades.

Como la naturaleza demuestra una y otra vez que existe una distinta condición natural (genética) de la que parten todos los seres vivos, una buena parte de la izquierda socialista ha acabado asumiendo la idea falsa de que los genes (su influencia) y la evolución natural son en realidad un constructo ideológico de la derecha reaccionaria para introducir con calzador sus medidas discriminatorias. De lo que no se dan cuenta es de que la discriminación se halla en la esencia misma de la vida (no se puede extirpar), y va implícita en la existencia de las cosas y del mundo; viene en el mismo paquete. Solo podemos aspirar a una igualdad en derechos básicos y libertades, lo cual quiere decir que no podemos obligar a las personas a modificar su naturaleza, sólo permitir que expresen aquella con la que han nacido. Sin embargo, muchos siguen empeñados en cambiar al hombre por la vía de la ingeniería social, para que se parezca en todo (oportunidades y rendimientos). Doscientos años de comunismo (igualitario) no han bastado para cambiar esta opinión masiva (y espuria).

Si existen diferencias exteriores entre negros y blancos (la piel), ¿cual es el motivo para negar la posibilidad de que existan también diferencias interiores (estructura cerebral, inteligencia)? Ni siquiera es cuestión de demostrar nada. Todo cambiaría si al menos aceptásemos, serenamente, la posibilidad de contemplar esas variaciones naturales, como hacemos con muchas otras. Tampoco se trata de decir que el cerebro de una raza es superior al de otra en todos los aspectos. Cada uno de ellos puede ser mejor en una determinada tarea cognitiva. Lo que no se puede negar es que existen diferencias sustanciales también dentro de la misma especie. Por tanto, se hace necesario atender a esa diversidad utilizando alguna clasificación taxonómica. La categoría de raza siempre ha cumplido ese papel. Es absurdo negar la existencia de las razas o buscar un nombre distinto para algo que siempre ha tenido una designación clara y específica ¿Cuál sería la razón de esta nueva moda negacionista? En este artículo se intentan esclarecer las claves para entender dichos motivos.

El maniqueísmo es una de las mayores lacras intelectuales, se encuentra ampliamente extendido por toda la historia del pensamiento. En concreto, el maniqueismo metodológico consiste en apreciar sólo los beneficios intelectuales de la ciencia o de la filosofía, sin reparar en el hecho de que ambas aportan muchos gananciales al conocimiento. Su correlato político aduce que solo son buenas las entidades privadas o las públicas, sin caer tampoco en la cuenta de que ambas dos desempeñan un rol social importante. Pero todavía existen muchos otros maniqueísmos adicionales. Y entre ellos, uno de los más extendidos avala la creencia de que el comportamiento humano solo está moldeado por la cultura. Este maniqueísmo cultural cobra materialidad de muchas maneras distintas. Su efecto más sonado es la negación de la biología o influencia de los genes, lo cual ha llevado a muchos a rechazar la existencia de las razas y sustituirla por otros conceptos, como el de etnia o población. Género y etnia son palabras que se usan hoy a modo de eufemismos, para dar al lenguaje una carga menos biológica, evitando así vocablos otrora tan extendidos como el sexo o la raza. Esta negación flagrante de la biología constituye uno de los apartados más graves dentro de ese esnobismo cultural, cada vez más extendido, que viene a negar diversos aspectos de la realidad natural, una tendencia que está teniendo un amplio eco en las sociedades modernas, ahitas de información, sumidas en la post verdad y repletas de relativismo.

La ciencia consiste en clasificar y describir objetos. Por tanto, es impropio del científico obviar ese fenómeno natural que lleva a algunas poblaciones de organismos a separarse y adaptarse a un entorno ligeramente distinto, modificando con ello su genotipo y fenotipo, sin que por ello constituyan una especie nueva. Es de rigor nombrar a ese fenómeno de alguna manera. No es lo mismo que una población se separe del grupo local y adopte algunos rasgos particulares a consecuencia del clima o la dieta, a que lo haga una población que termina por convertirse en una especie diferente, tras quedar aislada genéticamente y evolucionar por su cuenta durante millones de años.

Resulta absurdo que algunos crean necesario escribir decenas de artículos para demostrar que las razas son un invento cultural, casi tan absurdo como tratar de probar la redondez de la Tierra en los tiempos actuales ¿Cómo no van a existir las razas? ¿Cómo llamamos entonces a aquellas poblaciones de una misma especie que se han adaptado a un entorno particular y que muestran por ello algunos rasgos fenotípicos comunes?

La raza es una unidad taxonómica con los mismos derechos que cualquier otra, que sirve a todos los efectos para catalogar a un grupo de individuos emparentados, que evoluciona durante miles de años para adaptarse a un entorno concreto, sin que por ello se constituyan dos especies independientes. Dentro de una misma especie existen dos tipos de variabilidad genética, aquella que distingue a un individuo de los demás y que lo hace único, y aquella que identifica un grupo poblacional adaptado a determinadas condiciones del entorno (raza).  

La etnia sirve también para catalogar aquellos grupos de personas que pertenecen a una unidad cultural dentro de una especie determinada. Y la raza hace lo mismo con las unidades genéticas. Vuelvo a preguntar: ¿cómo llamáis vosotros a un grupo de gente que pertenece a una unidad genotípica y fenotípica? No son individuos aislados. No son especies distintas. No son etnias culturales. Son razas.

Como he dicho más arriba, la ciencia consiste en clasificar cosas. Eso no quiere decir que las clasificaciones sean perfectas, o que debamos saber exactamente cómo podemos ordenar todos los objetos, y menos aún cómo podemos incluir las transiciones, las mezclas, los eslabones perdidos, u otros casos más complicados. No sabemos exactamente todos los pasos que ha dado la naturaleza, o toda la serie de transiciones evolutivas de todas las especies que habitan la Tierra. Pero eso no obsta para defender la teoría de la evolución. No sabemos cómo clasificar todas las variedades adaptativas que nos encontramos en el reino animal. Pero esto no es motivo tampoco para negar las razas. Aunque no podamos determinar todos los aspectos de la teoría, sabemos que existen grupos de población que se han adaptado a grandes regiones continentales, y que eso debe ser catalogado de alguna manera (subespecie o raza, me da igual). Que existan otras adaptaciones distintas (más locales), por ejemplo la adaptación a la altitud, no anula lo dicho anteriormente. Todo lo contrario, nos obliga a seguir clasificando, entendiendo, ordenando, y avanzando (científicamente hablando).

También están los que se decantan por evitar el nombre de raza y prefieren usar la denominación de subespecie. Pero esto es una mera cuestión nominal. Además, por qué habríamos de empobrecer el idioma, renunciando a una categoría, cuando tenemos dos formas de agrupar a los seres vivos. Teniendo en cuenta el elevado número de diferencias anatómicas y fisiológicas que existen dentro de una misma especie, es bastante probable que en algún momento tengamos que necesitar los dos nombres.

A veces me recriminan que diga que las mujeres que juegan al fútbol constituyen un subconjunto de la población con un porcentaje más alto de marimachos. Pero, ¿por qué tenemos que negar que hay hombres afeminados y mujeres andróginas? Hombres y mujeres son distintos. Cuando un hombre o una mujer tiene algunos rasgos del otro género fuera de lo normal lo único que podemos hacer es nombrar ese comportamiento con alguna designación diferente: marimachos y afeminados son palabras que catalogan estos aspectos. Cuando hay algo que no gusta, la gente tiende a negarlo, y lo primero que hace es evitar usar el nombre por el que se conoce a esa realidad. Esto pasa también con las razas.

La justificación más frecuente que se alega para negar las razas consiste en decir que dicho concepto está manchado de sangre, ya que ha sido utilizado muchas veces para disculpar la masacre de millones de personas. Pero, ¿qué más da que haya sido usado de manera errónea y vil? Un cuchillo también se utiliza para matar, y no dudamos en usarlo todos los días para partir la carne. Lo que hace que el comportamiento y el pensamiento de un individuo sean magnánimos no es la ocultación de una verdad, sino su admisión sincera (y difícil), en este caso la aceptación de las diferencias raciales, que a continuación habrá de ser respetada en oposición a aquellos que usan esa misma realidad como arma arrojadiza para enfrentar a los seres humanos. Me niego de plano a cambiar de designación, obligado por esos energúmenos que matan y masacran a la ciudadanía en nombre de la raza. Lo que es absurdo es negar la diversidad sólo porque ésta se utilice para justificar el asesinato. Es como mandar callar a otro porque no opina lo mismo que tu, y creer luego que ese silencio impuesto es un síntoma de respeto.

Abandonemos todo prejuicio y usemos preguntas objetivas (posibles) ¿Por qué no puede haber razas que sean superiores intelectualmente a otras? Con esto no quiero decir que la raza blanca sea superior en todo. Eso no está demostrado. Aunque tampoco sería imposible.

Lo que sí se ha comprobado es que la raza negra es superior en muchos deportes explosivos, ya que tiene más masa muscular. A esta idea no se opone nadie. Por su parte, la raza blanca es superior en las pruebas de natación, debido a que sus huesos tienen menos densidad, lo que hace que aumente la flotabilidad del cuerpo. ¿Por qué no podría haber también una raza con un coeficiente intelectual superior a la media?

El fenotipo es la suma del genotipo y el ambiente. Si se aceptan las diferencias fenotípicas se tienen que aceptar a continuación las variables genotípicas, por muy pequeñas que éstas sean, y llamar a eso de alguna manera: razas. Un 0.001 ya sería suficiente para justificar la necesidad de dar algún nombre a esas diferencias. Después de leer el genoma humano supimos que las diferencias genéticas se traducen en unas diferencias fenotípicas mucho mayores, que evidencian las complejas formas que tienen los genes de expresarse. Un gen puede dar lugar a varias proteínas distintas. Por tanto, pequeñísimas diferencias en los genes se traducen en grandes diferencias fenotípicas.

La existencia de clases sociales se basa en la división del trabajo y ésta a su vez es una de las bases más importantes de la evolución natural. La división del trabajo es también lo que propicia la aparición de nuevas especies y el aumento de la diversidad biológica. La raza (desideologizada) tendría el mismo origen y la misma función general.

La moda que ahora viene a negar las razas es una de las mayores estupideces que ha parido la mente humana, propias de sociólogos y culturetas con escasa formación en biología. Casi en todas las especies existen razas. Las razas responden a una adaptación lógica, que permite sobrevivir a determinadas condiciones ambientales. Queda por tanto suficientemente demostrado lo absurdo que resulta negar estas adaptaciones. Pero todavía tenemos que comprender por qué el hombre se presta tanto a este tipo de memeces. ¿Por qué hay tanta gente que es incapaz de distinguir el racismo: la aniquilación y exterminio del diferente, con el racialismo: la aceptación y estudio de las diferencias raciales?

El concepto de raza hace referencia a una noción absolutamente necesaria, que identifica y describe un hecho biológico irrefutable. Su negación no tiene ningún sentido. Y además entraña muchos peligros. Negar la realidad conduce siempre a muchas confusiones. Pero si además negamos también la diversidad, el efecto puede ser catastrófico. Cuando Marx negó la legitimidad de la categoría de clase, la sociedad se deslizó hacia un precipicio por el que acabaron precipitándose millones de personas. La igualdad de todos los seres humanos solo se consigue por la vía del asesinato y el genocidio. Si no matas a millones de personas lo natural es que haya diversas clases y razas. La única diferencia entre unas y otras políticas igualitarias es el grupo de población que se decide perseguir, o el rasgo (genético o cultural) que se busca eliminar. Esa igualdad sólo se justifica desde el buenismo y la corrección política que tienden a practicar todos los partidos. Tal vez tenga algunos fundamentos electoralistas. Pero no tiene en absoluto ningún fundamento racional.

Los biólogos somos los que más razones podemos enarbolar para estar cabreados. Nosotros hemos hecho de la diversidad natural nuestra forma de trabajo. Y ahora resulta que nos la quieren quitar. Normalmente, el comunismo siempre ha ninguneado la influencia de nuestra disciplina y la importancia que tiene para el comportamiento del hombre. Existe la idea generalizada de que los genes solo son un factor decisivo en los animales inferiores. La falta de conocimientos biológicos, que evidencian un gran número de personas, se traduce a la larga en una serie de teorías absurdas que acaban obviando algunos de los aspectos más importantes de la vida, tales como la distribución de los roles productivos entre las distintas clases sociales,  la importancia de las diferencias sexuales en el ámbito de la familia, o el papel que juegan las razas en el conjunto del paisaje adaptativo. El consecuente peligro que todo esto trae aparejado acaba manifestándose a través de un propósito imposible (igualitario) que, en el mejor de los casos, impide que la sociedad se diversifique y acumule todas las capacidades y especialidades que son necesarias para salir adelante como conjunto, y en el peor, termina con una matanza desenfrenada que aspira a eliminar por la fuerza esas diferencias naturales y culturales, imposibles de ocultar.

Nuestra especie muestra una gran diversidad genética y una adaptación a todos los ambientes planetarios. Es lógico que se subdivida en diferentes razas. Podemos buscar otros nombres distintos, pero nunca vamos a poder obviar esas diferencias. Además, la búsqueda desesperada por encontrar otros nombres para referirnos a lo que siempre ha sido conocido como raza puede suponer añadidos y complicaciones innecesarias. Algunos piensan que la definición de población puede ser uno de tales sustitutos. Pero la palabra población solo apela al lugar geográfico que ocupa un grupo determinado de individuos, no al cluster genético adaptado a toda una unidad morfoclimática. Hay que insistir que nos estamos refiriendo a las adaptaciones biológicas, las cuales acarrean necesariamente un cambio genético. Los cambios culturales son un segundo tipo de adaptación. Cabría diferenciar como mínimo los distintos tipos de cambios que experimenta un organismo.

Por otra parte, tenemos que insistir también en que el concepto de raza no viene a negar la complejidad que existe dentro de cada grupo taxonómico. Nadie está afirmando que una raza se compone de un cluster exclusivo de genes. Lo único que se dice es que hay grupos de clusters que contienen algunos genes, característicos de ese grupo, que han evolucionado para adaptarse a una extensa región climática. Una población no puede sustituir el concepto de raza sencillamente porque una población es cualquier grupo de individuos habitantes de un lugar determinado. Mi pueblo tiene una población de 80 habitantes y el pueblo más cercano tiene otra de 70. Ambas están dentro del mismo valle y sus diferencias no corresponden a ninguna región climática particular. Por tanto, es necesario usar otra denominación para designar aquellos grupos de seres vivos adaptados a una gran región morfoclimática, lo que siempre se ha conocido como raza. En este sentido, la genética de poblaciones estudia la variación de las frecuencias alélicas en un grupo de organismos que comparte el mismo hábitat.

En otros casos, los negacionistas pretenden derribar la noción de raza a base de confundir los niveles jerárquicos de análisis. Para renunciar al concepto más restringido de raza, apelan a aquellas familias de genes que están extendidas por todo el mundo, y que se salen sin duda del círculo que marca el taxón de la raza. Hay que recordarles que estamos utilizando una taxonomía que aplica solo en el nivel del organismo (igual que la especie o el género), y no en el de los genes. De la misma manera que hay genes idénticos repartidos por todo el mundo, sin que ello suponga que debamos replantearnos la existencia de las especies, también los hay que se ciñen a un lugar morfoclimático concreto, y que identifican a una raza. Todo requiere un nombre. Que existan familias de genes dispersos por toda la Tierra no anula el hecho de que también hay familias de genes que permiten la adaptación a una vasta región climática. Ningún taxón es un compartimento estanco. Los géneros, las especies, los órdenes, todos tienen genes o familias de genes comunes, y no por eso dejan de ser especies, géneros u órdenes. Tampoco la raza se ha planteado nunca como algo totalmente aislado.

Al usar el concepto de raza no se está diciendo que las razas sean compartimentos estancos. Solo se señala un subconjunto de organismos, con características similares, de todos los que tienen capacidad para reproducirse entre sí. Es un hecho que la división intraespecífica en distintos grupos biológicos ocurre dentro de la especie humana y que a eso le damos el nombre coloquial de raza. La ciencia académica puede llamarlo subespecie, pero eso ya es una cuestión aparte; terminológica. Lo que no se puede decir de ninguna manera es que la raza no existe. También hoy usamos una clasificación binomial para designar a las especies que antes conocíamos solo por su nombre vulgar. Cuando se puso el nombre de Lucanus cervus al ciervo volador nadie pensó que esa especie era una invención. Que a la raza se le llame ahora con el nombre de subespecie no pone en cuestión la existencia de la raza, tan solo modifica su designación. Y de todos modos, tampoco queda claro que subespecie y raza sean la misma cosa. Es posible que debamos usar a la vez los dos términos. Como ya hemos dicho más arriba, la naturaleza es sumamente diversa, y se apresta a muchos tipos de clasificaciones.

La explicación para todos estos despropósitos nominales hay que buscarla en la creencia que algunos han asumido como verdad. Muchos piensan que están luchando contra el racismo cuando afirman negar la realidad de las razas. Se comportan igual que los que quieren curarse del cáncer pensando en positivo.

Voy a terminar este artículo con alguna de las reflexiones que el premio Nobel de medicina y codescubridor de la estructura en doble hélice del ADN, el biólogo estadounidense James Watson, utiliza para acallar a los lacayos del “conservadurismo progre”, los cuales abogan por reducir la diversidad evolutiva y el impacto del progreso a través de la negación de lo que solo es una de sus consecuencias lógicas, las razas: “Me gustaría haber cambiado, que hubiese habido nuevos descubrimientos científicos que mostrasen que lo adquirido es mucho más importante que lo innato, pero no los he visto… Di la espalda a la izquierda porque no les gusta la genética. La genética implica que a veces en la vida fracasamos porque tenemos malos genes. [Las personas de izquierdas] quieren que todo fracaso en la vida sea culpa del malvado sistema” (Articulo https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4756148/).

Demos la espalda a la izquierda retrograda. Abracemos de una vez la verdad de los hechos, aunque eso implique aceptar que a veces portamos malos genes (o que algunos de nuestros congéneres los portan). Las diferencias raciales siempre estarán ahí para recordarnos que tenemos un pasado evolutivo y un futuro distinto, aunque algunos curillas desearían no haber tenido nunca nada que ver con el mono rhesus.

Sin pasado no hay futuro. Sin futuro no hay progreso. Y sin cambio no hay progreso ni futuro. Admitamos pues que somos hijos de múltiples cambios (también raciales) que ameritan para conseguir una mayor supervivencia y desarrollo. Esto implica que somos diferentes, que pudimos haber sido superados por otras razas, y que también podemos ser inferiores o superiores en el plano intelectual. Nada de esto debe quedar al margen de la suposición. Nada debe quedar fuera de la teoría. Tampoco la inteligencia, que no es más que otro órgano del cuerpo. Descartes quiso hacer una distinción clara para así poder explicar el mundo de las almas. Cientos de años después, los laicos (socialistas) siguen abrazando esa diferenciación etérea, aunque ya no crean en animas. Esto da fe del poder que tiene esta visión trascendental de la mente, que unida al concepto de igualdad, lleva a los bienpensantes y democraticistas a imaginar que los hombres tenemos todos las mismas oportunidades y la misma inteligencia de base. Sin embargo, solo hay algo que enriquece nuestra vida. Ese algo es la diferencia y la diversidad extendidas a todos los planos, lo cual implica necesariamente que es posible que seamos también más tontos y más pobres que otras personas (o que otras razas). Y esto no gusta a envidiosos y vagos. Como además la diversidad es algo natural (por necesario), a los vagos se suman los idealistas del socialismo que acuerdan la imposición cultural como solución única, buscando con ello una justicia igualitaria (espuria) contraria a la naturaleza del hombre. Y a los socialistas idealistas se suman los socialistas aviesos, interesados exclusivamente en obtener dinero fácil (robado o expropiado mediante impuestos y corruptelas). Vagos, tontos, socialistas, y ladrones, ya tenemos a todos los integrantes de esta sopa o ensalada social que ha venido a llamarse izquierda revolucionaria, pero que solo tiene un nombre propio: marxismo cultural, y un color político: comunismo. Para todos ellos, la raza es otra forma de desigualdad que hay que superar. Los vagos y los tontos no quieren ser identificados como una raza inferior. Los socialistas no quieren renunciar a las ideas de Marx que abogan por una única clase de trabajadores con las mismas oportunidades. Y los ladrones no quieren que los vagos y los socialistas cierren el chiringuito de las subvenciones y las prebendas, que todos ellos usan para ocultar su auténtica naturaleza y que queda a disposición de todo aquel que esté dispuesto a justificar la apropiación y el uso del dinero ajeno con la excusa de mejorar la vida de sus conciudadanos.

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Mis comentarios en Facebook – Año 2015

Año 2015: parerga y miscelánea

Viernes, 25 de diciembre de 2015 a las 09:08 UTC+01

Admiro a Rand. Pero reniego de ese maximalismo que adoptan muchos objetivistas. Da la impresión de que la filosofia de Rand sirve hasta para cocinar unas lentejas. No es ese el absolutismo que yo defiendo. El absolutismo no significa una comprensión absoluta de todo sino la comprensión de algunos principios simples absolutos. 

Viernes, 25 de diciembre de 2015 a las 08:33 UTC+01

Si existen diferencias exteriores entre negros y blancos (la piel) cual es el motivo para negar rotundamente que pueden existir también diferencias interiores (estructura cerebral). No es cuestión de decir qué cerebro es mejor. Seguramente cada uno puede ser mejor en determinada tarea. Pero si existen diferencias dentro de la misma especie (unos son más inteligentes que otros) por qué no van a existir diferencias entre especies. Esa igualdad sólo se justifica desde el buenismo y la corrección política. Pero no tiene fundamento racional.

Jueves, 24 de diciembre de 2015 a las 17:33 UTC+01

Alguno critican el viaje espacial porque se desvía dinero para fines que no son la cura del cáncer o la erradicación del hambre. Su postura no tiene el menor sentido. No solo porque hay miles de razones técnicas en tu contra: cualquier desarrollo es transversalmente beneficioso; somos incapaces de saber qué tecnología será útil en el futuro para qué problema… Además de todas esas razones técnicas, su defensa es completamente absurda e inviable. Qué hacemos? Impedimos que la gente estudie física y se dedique al desarrollo de nuevos satélites? Implantamos solo una carrera de medicina y una especialidad en oncología? Dejamos de descansar los domingos y de tomar cervezas para enfocar todo nuestro esfuerzo y energía en un único objetivo? El topicazo que abanderan es tan absurdo que no se cómo un adulto sensato puede abocarse a esa defensa, va en contra de la libertad y la diversidad de caracteres y habilidades, que es la seña de identidad de las sociedades abiertas y lo que tiene que primar por encima de todo. Y lo que permite en último lugar curar el cáncer.

Martes, 22 de diciembre de 2015 a las 23:05 UTC+01

Felicidades a todos los tontos. Hoy es el día internacional de la estupidez y la tontuna. Mi enhorabuena a todos aquellos que creen que les va a tocar la lotería porque acabe en determinado número o porque se haya comprado en determinada administración. Y felicidades también a todos aquellos que les ha tocado el gordo y que, al no saber generar ni administrar el dinero que les ha caído del cielo, lo dilapidarán en dos o tres años y luego a seguir siendo pobres. Felicidades tontos del bote!!

Martes, 22 de diciembre de 2015 a las 00:03 UTC+01

Y qué decir de todos esos que ahora estan encantadisimos con el nuevo panorama político que se avecina porque, según ellos, éste va a forzar a todas las partes a dialogar y entenderse entre ellas. Que forma de pensar más tonta es esa que antepone el refrito de ideas, el relativismo de las opiniones y el conchabeo de los pactos con los principios objetivos. Lo importante no es encontrar y defender la verdad. Lo importante es hablar, dialogar, entenderse. Los asesinos y los terroristas dialogan entre ellos muy a menudo y se entienden a las mil maravillas ¿Se alegrarán también estos pazguatos porque los delincuentes se lleven bien entre ellos? Seguro que si.

Sábado, 19 de diciembre de 2015 a las 16:55 UTC+01

La libertad es una lucha permanente a lo largo de la historia. Muchas veces la libertad ha requerido la guerra. Lo que tenemos hoy se lo debemos a millones de soldados que dieron su vida para que hoy disfrutemos de libertad. No hay nada más antiliberal que defender la libertad negando la guerra.

Sábado, 12 de diciembre de 2015 a las 22:30 UTC+01

Con un mazazo verde, entre vítores, aplausos sonrisas y selfies, Laurent Fabius finalmente dio por aprobado el Acuerdo de París. Ver a todos esos monigotes políticos clausurar la cumbre del cambio climático entre risas, festejando con alborozo la inminente lapidación de miles de millones de euros, el secuestro de la economía mundial y el futuro de las siguientes generaciones me produce la misma sensación que me daría ver a un tonto caminar hacia un desfiladero tocando las maracas. ¿Que festejan estos pazguatos? Incluso en el caso de que eso del cambio fuera tal y como dicen (que no lo es) lo que están firmando hoy allí es un acuerdo que va a sacrificar una gran cantidad de recursos en el altar de las ideologías, recursos que, de no ser infrautilizados por el estadista, habrían contribuido al bienestar del hombre mucho más de lo que algunos imaginan. En cambio ahora serán destinados a un fondo perdido (una buena parte vuelve a destinarse al desarrollo de los países de África, donde seguirá siendo utilizado por muchos de los sátrapas que hoy en día tiranizan esas regiones del mundo para continuar aferrándose al poder). El luto y no la fiesta es lo que tienen que celebrar todos esos senadores y dirigentes del mundo, junto con todos sus adláteres ciudadanos. Todos ellos nos van a conducir a una muerte segura. Nos asfixiarán lentamente. Seremos más pobres, tendremos menos recursos para combatir las adversidades naturales, entre ellas la que ocasiona el supuesto cambio climático (si lo hubiera), menos medicamentos, menos longevidad, menos puestos de trabajo, menos tecnología, etc… Pero al menos queda el consuelo de saber que moriremos con una sonrisa en la boca, como mueren todos los tontos. ¡Maldito consuelo!

Viernes, 11 de diciembre de 2015 a las 07:42 UTC+01

Cada vez me produce más repugnancia ese espectáculo que dan los políticos al acercarse las elecciones, sacando de dentro todo lo malo que tienen escondido. Ciudadanos propuso ayer una medida judicial coherente, que las mujeres paguen lo mismo que los hombres por el mismo delito. Y todos los partidos se han echado sobre ellos como perros sarnosos y se han dado a la tarea, vil y repugnante, de tergiversar completamente el mensaje. O no lo entienden, que sería de estúpidos, o no lo quieren entender, que sería de abyectos, o una mezcla de ambas cosas.

Jueves, 10 de diciembre de 2015 a las 20:52 UTC+01

Ojo, ni en Venezuela ni en Argentina ni en Grecia se ha acabado derrotando al populismo porque la gente se haya caído de repente de la parra y se haya dando cuenta de que el socialismo una falacia que no puede tener mucho recorrido. Se ha vencido al populismo precisamente porque este no tiene mucho recorrido. En cuanto se han manifestado los graves problemas a los que aboca esa ideología la gente no ha tenido más remedio que votar al partido de la oposición. Pero no han sido convencidos con las ideas. Simplemente se han estrellado contra el muro de la realidad y en consecuencia se volverán a chocar una y otra vez.

Miércoles, 9 de diciembre de 2015 a las 15:25 UTC+01

Imaginad que el día después de la presentación de la teoría de la relatividad, todos los periodistas y científicos se dedicasen a analizar los gestos y la pose de Einstein. Resulta absurdo verdad? Pues en política es exactamente eso lo que pasa. La política está a años luz de ser un oficio serio. Es más bien una parafernalia. Y los ciudadanos que se dejan encandilar con esos fuegos de artificios son todo menos sensatos.

Martes, 8 de diciembre de 2015 a las 18:51 UTC+01

Lo que los políticos dicen de los ciudadanos que les votan en todas las elecciones: “Si Dios no los quisiera trasquilados, no los habría hecho borregos”

Lunes, 7 de diciembre de 2015 a las 22:38 UTC+01

Los pases de campaña, la pegada de carteles, las estrategias de comunicación, el análisis gestual, la pose ante las cámaras, las veladas televisivas, la ausencia de autocrítica, la negación sistemática de la realidad, la contumacia, las frases vacías, el blindaje de las ideas, la escenografía, el ritual mediático, todas estas manifestaciones de la política actual revelan una completa indiferencia y desatención de los principios y valores del conocimiento social. A día de hoy, la política se parece más a una final de la champion que a una ciencia seria. Los científicos aspiran a publicar en Nature, y buscan el contraste y la demostración de sus hipótesis y artículos. En cambio, los políticos aspiran a convencer a esa parte de la población que decide su voto en el último instante, en virtud de la pose y las promesas que hace el estadista unos días antes de las elecciones, o que no lo decide jamás, por estar sometida a prejuicios y creencias recalcitrantes, irracionales.

Lunes, 30 de noviembre de 2015 a las 23:08 UTC+01

Hace tiempo cometí un grave error, del cual todavía me estoy arrepintiendo. Voté a un partido y a un liderazgo que aún no se había estrenado en el gobierno. Nunca más. Esa es una de las razones por las que seguramente no vaya a votar. Los que están no me gustan y los que vienen no los conozco. Las campañas electorales no son garantía de nada, más bien sirven de tapadera, para mentir y prometer. Si algún día un partido se hace con la presidencia y aplica todas las medidas que yo defiendo, cuando vea con mis propios ojos que ha hecho eso, me pensaré si vuelvo a introducir mi papeleta en las urnas. Mientras tanto, renuncio a este juego de trileros que se llama democracia.

Miércoles, 25 de noviembre de 2015 a las 21:32 UTC+01

Tanto los científicos como los objetivistas suelen caer en el cientismo más radical. Los científicos opinan que su ciencia está en disposición de alcanzar un conocimiento completo. Los objetivistas aplican sus principio a las cosas y las situaciones más banales y también creen que en un conocimiento completo, más allá de las verdaderas limitaciones.

Sábado, 21 de noviembre de 2015 a las 16:46 UTC+01

Os habéis dado cuenta que ahora hablamos en general menos de política cuando nos reunimos con la familia y los amigos. Antes apenas nos conocían y debíamos de explicarles cuál era nuestra postura y nuestros motivos. Ahora nos conocen de sobra. Nos escuchan todos los días en las redes. Antes las comidas familiares eran un polvorín ideológico. Ahora ya no tanto. Descargamos nuestros fusiles a cuentagotas, desde la distancia, a través de las redes, y las balas ya no hacen el mismo daño. Eso es algo más que tenemos que agradecer al Facebook o al Twitter.

Viernes, 20 de noviembre de 2015 a las 21:38 UTC+01

Nunca me ha gustado demasiado la deriva o tendencia ideológica que ha demostrado tener desde su nacimiento el Mises hispano. En sus artículos de análisis hay mucho más espacio para las ideas anarquista que para el liberalismo canónico. Es una visión claramente fomentada por sus directores y encargados editoriales. Nunca he dicho nada. Cada cual puede hacer lo que quiera con sus proyectos intelectuales. Pero lo de este artículo supera todos los límites. Los anarquistas, en su afán por relativizar las leyes, por apoyar el nacionalismo y la segregación, o por criticar los estados consolidados, llegan al punto de equiparar la sociedad Occidental con el Estado Islámico. Este artículos es buena muestra de ello. Execrable.

Jueves, 19 de noviembre de 2015 a las 17:01 UTC+01

El objetivo del minarquismo es conseguir que haya más países que adopten el liberalismo. El objetivo del anarcocapitalismo es conseguir que los países ahonden en sus diferencias, su autonomía y su identidad. Los minarqistas quieren un estado fuerte en la defensa de la libertad. El anarquismo quiere que los Estados sean fuertes para competir y no les importa el tipo de defensa que hagan. Este segundo objetivo es contrario al propósito del liberalismo, que busca una sociedad cada vez más abierta, libre y carente de fronteras. Los anarquistas y secesionistas justifican su sistema alegando que en éste siempre habrá países libres a donde poder escapar. Pero no creo que una sociedad mundial libre no obtenga gran resistencia si sufre una degeneración. Minarquismo es simplemente luchar para que mas paises sean libres, y no favorecer lo contrario, la segregación, el relativismo y la division.

Jueves, 19 de noviembre de 2015 a las 12:23 UTC+01

Yo estoy tranquilo (dentro de lo que cabe). Afortunadamente en el mundo los malos son minoría. Hay dos minorías execrables. Los yihadistas satánicos del Isis son minoría (aunque el islamismo sea un caldo de cultivo mayoritario en muchos países). Y los progres y analfabetos que acusan a Occidente de ser el principal responsable de las masacres también son minoría (aunque muchos políticos y ciudadanos les bailen el agua). Son minoría unos y otros. Y juntos (que es como tienen que estar) también son minoría.

Martes, 17 de noviembre de 2015 a las 22:53 UTC+01

Yo creo en todas las libertades económicas, la propiedad privada, la ausencia de subvenciones, la eliminación de aranceles, el emprendimiento empresarial, la bajada sistemática de los impuestos… Pero porque creo en todo eso también creo en una unidad pública y estatal frente a los terroristas. Creo en un Estado mínimo, concentrado únicamente en proteger las libertades que requiere la libertad económica.

Lunes, 16 de noviembre de 2015 a las 11:46 UTC+01

Francia está bombardeando. Me voy a la cama con la certeza de que hoy el Estado Islámico es un poco menos fuerte. Pienso en esos estúpidos pacifistas que critican cualquier acto de defensa. En esos relativistas que equiparan los valores occidentales con la bazofia islamista. En esos adocenados que afirman que la respuesta occidental es un acto de venganza. En esos que dicen que el culpable último de la masacre de París es Hollande. En esos cobardes que indican que el ataque va a remover el avispero yihadista y acabará trayéndonos peores consecuencias. En esos libertarios que por criticar al estado caen en la generalización de reprobar cualquier acción gubernamental. Pienso en todos ellos y poco a poco los bostezos van quedando entreverados con las arcadas, y casi no se distinguen. Me voy a la cama. Ánimo Francia.

Domingo, 15 de noviembre de 2015 a las 13:22 UTC+01

Entre aquellos que dicen que hay que expulsar a todos los musulmanes, y aquellos que afirman que todas las culturas son iguales, existe una tierra media en donde unos pocos nos desgañitamos y nos esforzamos para rebajar la histeria que exudan esos dos extremos. Una sociedad libre, que defienda al individuo como tal, no puede basar sus argumentos tomando en consideración a un colectivo determinado, como un tótum revolútum. Ahora bien, tampoco debemos olvidar que la cultura islámica adolece por término general de aquellos derechos individuales que han hecho de Occidente un mundo mejor, y en consecuencia es el caldo de cultivo en el que se fragua el terrorismo que golpea hoy nuestras vidas. Solución: 1. Combatir internamente a los terroristas, con inteligencia, policía y ley. 2. Combatir externamente a los terroristas, con ejército, guerra y armas, hasta eliminar al Estado Islámico. 3. Asumir las bajas y los atentados terroristas como parte de la vida, sin complacencia y sin dramatismos.

Sábado, 14 de noviembre de 2015 a las 10:12 UTC+01

Vamos a ver, en qué cabeza cabe que se prohíba aparcar en una ciudad como Madrid. Hasta qué punto llega la ingenuidad de este gobierno de ineptos, incapaz de darse cuenta de que la paralización del tráfico supone un problema mucho peor que la contaminación. Si a un organismo le bloqueamos todas las vías de comunicación acabamos por colapsarlo. Eso es lo que han hecho hoy con Madrid. Han llenado la ciudad de trombos y de trampas, y encima han multado a las víctimas inocentes que caían sin remedio en esas celadas estatales. Un despropósito sin precedentes. Mi enhorabuena a todos los votantes de Carmena. La torpeza y la incultura que demuestra la alcaldesa es también la vuestra.

Viernes, 13 de noviembre de 2015 a las 16:04 UTC+01

Los luditas (una variante del socialismo), además de defender una payasada irracional, no sé cómo quieren invertir la situación. Ir en contra del progreso es de las cosas más estúpidas que puede haber.

Miércoles, 21 de octubre de 2015 a las 08:33 UTC+02

Miguel, precisamente porque me ajusto a los hechos, no obvio deliberadamente la historia y los experimentos. El debate entre Bohm-Einstein (defensores de la onda piloto y las constantes ocultas) y la visión de Copenhague (mecánica cuántica) se zanjó en los años 60 del pasado siglo a favor de los segundos. Las evidencias experimentales vinieron a confirmar que la no localidad es un hecho a nivel subatómico. Otra cosa es que el futuro nos depare una teoría que unifique la mecánica de Newton y Einstein con la mecánica cuántica probabilística y que elimine esas propiedad estadísticas de las partículas. Pero lo que no se puede hacer es decir que ha triunfado la mecánica de Borh, porque lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario. Adrian, esa pregunta es muy conveniente y yo también me la hago muchas veces. Pero hay que ser sincero a la hora de reconocer que el mundo microscópico tiene unas particularidades que no se reflejan en el macrocosmos. En primer lugar, hay que admitir que la mecánica cuántica es una teoría incompleta. Falta la unificación con la teoría determinista de Einstein. Podría ser que nunca consigamos esa unión. En segundo lugar las ondas de probabilidad sufren siempre un colapso y en el macrocosmos desaparece siempre ese indeterminismo. En tercer lugar decir que una onda de probabilidad no deja de ser algo que tiene también una identidad y una concreción, que no negaría la teoría de Aristóteles.

Sábado, 10 de octubre de 2015 a las 13:31 UTC+02

Es inconcebible que la gente no entienda que todas las subvenciones vienen a poner de manifiesto un problema grave en los recursos y las destrezas de las empresas o instituciones que son ayudadas, las cuales solo pueden subsistir de la forma que lo hacen si son privilegiadas de ésta manera, contribuyendo a consolidar un proyecto que se separa cada vez más de esa otra subsistencia que debería ser la única a tener en cuenta: el beneficio económico que deriva de la venta voluntaria. Cuanto más subvenciones se conceden a una empresa, menos se preocupa está por ofrecer un servicio social real, a través de la oferta de productos en el mercado y la satisfacción de los compradores. Esta es una regla de oro que muchos economistas y políticos, que se dicen inteligentes, obvian deliberadamente

Martes, 6 de octubre de 2015 a las 21:29 UTC+02

Nunca seré un hombre rico. Incluso debo estar dispuesto a llevar una vida bastante austera. La razón es simple de entender: no generó un alto valor social. Me gusta la filosofía. Invierto mucho tiempo en su producción. Pero la filosofia tiene una demanda escasa. Además, las ideas no cuestan dinero; se divulgan gratis. Así que no puedo esperar ganar mucho dinero con este oficio. Pero la filosofía también me ha dado la ataraxia. El estudio del hombre me ha llevado a comprender las causas que están detrás de la riqueza y la evolución. Acepto mi condición porque entiendo que es justa. Solo podemos acumular riquezas si ofrecemos valor. Lo contrario se llama robo. En definitiva, la filosofia me hunde en la miseria pero también me saca de ella. Al final, todo queda en tablas.

Domingo, 20 de septiembre de 2015 a las 19:15 UTC+02

Las máquinas artificiales no son mas que un nuevo estadio de la evolución biológica. Un nuevo paradigma de la complejidad. Esa idea de que lo creado no puede ser superior al creador es absurda. Si eso fuera cierto, la evolución no podría darse, porque todo en ella consiste en el surgimiento de algo más complejo a partir de algo menos complejo.

Sábado, 19 de septiembre de 2015 a las 22:06 UTC+02

Axioma. Pero esa no es su esencia. Si es aceptado en el proceso de negarlo es simple y llanamente porque es algo universal. Y ese algo universal no es la consciencia. Cargas demasiado la prueba sobre lo que le ocurre al hombre cuando intenta conocer (epistemología) y una teoría es ante todo una descripción de la realidad (metafísica). Cuando se describe la gravedad no se insiste en la dificultad que tuvo Newton para definirla. Simplemente se presenta una fórmula que refiere la fuerza. Pues lo mismo con los axiomas. La definición del hecho no puede apelar a la manera de conocerlo. Son cosas distintas.

Viernes, 18 de septiembre de 2015 a las 21:07 UTC+02

Si el tiempo fuera ilimitado, pasaría días jugando a los videojuegos. Y si tuviera vidas eternas, me enrolaría en aventuras extremas. Como la vida es corta, pocas veces he jugado con la consola. Y como solo tengo una vida, procuro no meterme en problemas.

Miércoles, 16 de septiembre de 2015 a las 19:41 UTC+02

La modificación genética es el fenómeno biológico más esencial. Lo que provoca la evolución. No entiendo cómo hay gente que está en contra de los transgénicos

Sábado, 12 de septiembre de 2015 a las 20:30 UTC+02

A un monista: tu error es que piensas que la experiencia a la que yo me refiero es todo lo que hacemos. La experiencia de la que yo hablo es el proceso fáctico que llevan a cabo los científicos en un laboratorio. Y eso no lo hacen todos. No conviene confundir experiencia con experimentación. Precisamente lo que hago es diferenciarlos. Todo conocimiento procede de la experiencia. Pero solo la ciencia hace experimentación. Y eso es lo que yo llamo inducción. También hay que definir y diferenciar lo concreto de lo necesario.

Viernes, 11 de septiembre de 2015 a las 18:40 UTC+02

Hay un tipo de personas que no aguanto: todas aquellas que creen tener una misión moralizadora. No las que discuten sobre ética o normas, sino las que te dicen de qué color deberían ser los cordones de tus zapatos o en que tendrías que emplear tu tiempo libre.

Jueves, 10 de septiembre de 2015 a las 20:33 UTC+02

A ver si os enterais. No solo existen hombres más salvajes que otros. También hay sociedades más insensibilizadas y envilecidas. La generalización es una obligación moral si queremos describir el mundo correctamente, y contribuir a conservarlo. Debemos dejar clara la separación que distingue a la civilización occidental de la barbarie oriental del islamismo. De ello depende el progreso y el futuro, y seguramente también la existencia de la raza humana.

Jueves, 10 de septiembre de 2015 a las 20:14 UTC+02

El anarquismo y el relativismo son la misma cosa. Por eso ahora hay ciertos anarquistas de mercado que van diciendo por ahí que cualquier proceso de inmigración es bueno, venga de donde venga, sea como sea. El típico liberal que clama para que desaparezcan todas las fronteras y para que aceptemos al inmigrante sin condiciones y al mismo tiempo aboga por la segregación nacional y el consecuente aumento del número de fronteras. El típico liberal que piensa que cualquier mínima objeción a su idea de perfección proviene necesariamente de un comunista recalcitrante.

Domingo, 6 de septiembre de 2015 a las 10:15 UTC+02

* Los liberales suelen cometer un pequeño error de cálculo. Ponen el arado antes que los bueyes. Defienden per se la apertura incondicional de las fronteras, la segregación nacional, o incluso la eliminación completa del estado. Pero no se dan cuenta que estas medidas, que pueden ser muy positivas en una sociedad madura también se pueden volver en contra del liberal si pretende instaurarlas en una población completamente intervenida y estatalizada, sin asegurarse previamente de que existen las condiciones generales que permitirían un funcionamiento correcto de esas medidas. Por ejemplo, si por defender la segregación individual de repente permitimos que todos los nacionalistas se salgan con la suya no estaríamos defendiendo la libre adscripción a un territorio determinado, estaremos fomentando la creación de decenas de pequeños regímenes autoritarios. Si por defender la libertad para que cualquier territorio se segregue y lo hacemos en un país como España, profundamente socialista con miles de caciques locales lo que conseguiremos es promover la tiranía y no la libertad. Lo mismo pasa con la apertura de fronteras. Si decidimos que cualquier persona que decida venir a europa pueda hacerlo, siendo Europa como es, un erial de subvenciones cuotas y aranceles, no estaremos fomentando la libertad, estaremos creando una red social estatalizada todavía más grande, con muchos más mantenidos. El liberal debería percatarse que sus medidas, aunque sean positivas, o porque lo son, funcionan solo si existen unas condiciones previas acorde con las mismas.

Viernes, 4 de septiembre de 2015 a las 21:53 UTC+02

La producción de petróleo es superior a la de cualquier otro combustible o fuente energética. No tiene parangón. Los recursos que ha invertido la naturaleza en dicha producción superan con mucho los que el hombre invierte en cualquier elaboración artificial. La naturaleza ha empleado millones de años para obtener ese residuo natural. Ha desplegado miles de millones de células fotovoltaicas a lo largo de toda la superficie marítima (algas y fitoplancton). Luego ha compactado esa materia orgánica usando prensas que propiciaban presiones increíblemente elevadas, de millones de toneladas,las cuales han operado durante millones de años. Todo lo cual ha permitido que la materia orgánica se compactara hasta niveles insuperables, y concentrarse de ese modo el poder energético. Los molinos de viento, las placas solares y los biocombustibles que fabrica el hombre hoy en dia son meros juegos de niños al lado de la producción que ha llevado a cabo la naturaleza. Con estos datos ya nadie debería dudar que las energías renovables nunca podrán ser una alternativa a los combustibles tradicionales y que la fama les viene porque la gente ha querido creer que si lo podrian serlo. Después de haber sido embaucados por ese canto de sirena son una patraña del ecologismo sin ningún fundamento.

Jueves, 3 de septiembre de 2015 a las 23:44 UTC+02

La libertad individual es la condición de posibilidad del capitalismo, la diversidad, la pluralidad, la versatilidad y el progreso continuo de las sociedades. Por tanto, por un lado es una condición irrenunciable, y por el otro es una posibilidad diversa. Las posibilidades las ofrecen los distintos empresarios, cuando actúan independientemente para mejorar sus propias vidas y, como consecuencia de ello, producen múltiples soluciones que acaban resolviendo los diversos problemas que enfrenta el mundo. Pero la condición que permite la expresión de todas esas posibilidades requiere de un marco legal común, un ente político único, una entidad estatal de mínimos, una minarquia. Los anarquistas de mercado creen en las posibilidades individuales pero paradójicamente no aceptan la condición general que es requisito para que éstas se den. Por su parte, los socialistas creen en la condición general pero no en las posibilidades individuales. Los únicos que defienden una condición general que favorezca la pluralidad individual son los minarquistas. Ellos son los únicos que atienden a esa doble característica de la libertad que conjuntamente promueve el desarrollo social. Dicha dualidad se compone de dos elementos complementarios, uno general y otro particular. Solo así se permite el establecimiento de una ley universal que vertebre la pluralidad de posibilidades y los intereses particulares de todos los ciudadanos. La defensa de la libertad individual es una égida absoluta, pero al mismo tiempo también es una égida dirigida a preservar todas las particularidades individuales. Cualquier teoría es una construcción intelectual que implica generalidad. Pero además, si esa teoría describe y define la importancia del hecho individual, también es una construcción que incluye la particularidad Por tanto, se hace evidente que dicha defensa requiere de un componente general y otro particular. Y el único sistema que entiende y aprecia esta doble condición es el minarquismo.

Jueves, 3 de septiembre de 2015 a las 21:11 UTC+02

Si una persona, por ejemplo un inmigrante, te quita el puesto de trabajo porque está dispuesto a producir algo a cambio de un salario más bajo, eso en términos generales acaba siendo mejor para la sociedad y por extension tambien para ti. Los bienes producidos se abaratan, las empresas ganan en eficacia. Los hombres son obligados a trabajar en aquellos empleos que tienen una demanda real. La mano de obra se diversifica. La economía florece. Y al final el número de parados se reduce y el desplazado tiene más oportunidades de encontrar otro trabajo. Así que deberíamos dar gracias a dios por todas esas olas de inmigración que vienen a nuestros países c9n la esperanza de mejorar su vida. No solo mejoraran la suya. También mejoraran la nuestra.

Jueves, 3 de septiembre de 2015 a las 20:23 UTC+02

Una esperanza deliciosa: me gustaría dedicarme en cuerpo y alma al pensamiento, la reflexión, la lectura y la escritura. Un problema angustioso: tengo que comer. Una solución definitiva: ¿alguien que se postule para ser mi mecenas? Acepto propuestas. También estoy abierto a otras soluciones. Sabré recompensar. Soy agradecido.

Jueves, 3 de septiembre de 2015 a las 07:45 UTC+02

Ya he dicho en más ocasiones que el principal error de Rand consistió en considerar la consciencia como un axioma. La afirmación de Descartes no pretende defender que la consciencia va antes de la existencia. Sería muy ingenuo por su parte. Descartes dice que el pensamiento y la duda presuponen la existencia. Pero no que la conciencia es anterior al existir.

Miércoles, 2 de septiembre de 2015 a las 07:43 UTC+02

Creo que se confunden algunas cosas. Yo tambien creo en dos métodos distintos. Pero de aquí no se puede deducir que existen dos tipos de materia distintas, la causada y la incausada. Son cosas distintas. No por usar dos métodos debemos creer que existe una materia que se comporta mecánicamente y otra que procede de forma indeterminista, como si estuviera al margen de las leyes más básicas de la naturaleza.

Martes, 1 de septiembre de 2015 a las 22:35 UTC+02

Capella no dice que la biología es un todo metafísico. Capella no cree en la metafísica. Yo defendí esa visión en mi charla. Capella la crítica. Yo intento basar la economía en la biología y esta en la filosofia. Capella solo hace lo primero.

Domingo, 30 de agosto de 2015 a las 17:39 UTC+02

La biología o la química te pone sobre aviso de que estás compuesto exclusivamente por moléculas que interactúan por medio de fuerzas físicas sujetas a leyes naturales inviolables. En general, esto se llama la teoría de la causalidad. El mundo funciona por medio de causas y efectos. Lo contrario sería imposible. Por eso es también una teoría metafísica. La metafísica nos habla de un mundo determinista que no tiene alternativa. Lo contrario es la nada, la aleatoriedad, y el irracionalismo. Todo esto no quiere decir que no tengamos voluntad sino que gracias a que el mundo es determinista, existimos y tenemos la capacidad de elegir y responder, causa y efecto.

Viernes, 28 de agosto de 2015 a las 20:30 UTC+02

Antes de que existiera Facebook, los curiosos teníamos los libros, las revistas, los documentales de la tele, o si habíamos sido muy afortunados, algunos referentes familiares próximos. Podíamos acudir de vez en cuando a esas fuentes para saciar nuestra sed de conocimientos, la lectura pausada, la tertulia entre amigos. La vida pasaba más despacio. Hoy en dia tenemos facebook. Esta nueva herramienta excita el ansia del curioso hasta unos extremos poco reconocibles en otra época. Los curiosos vivimos en la pura excitación, ahitos de información, hipersensibilizados. La vida ha cambiado para nosotros, para bien o para mal. Es difícil saber qué habría sido de nosotros si Facebook no hubiera hecho acto de presencia. ¿Habríamos tenido más tiempo para centrarnos en las cosas que nos interesan? ¿Habriamos dejado atrás esas ansias juveniles por conocer? ¿Seríamos ahora más felices? ¿O menos?. Todas estas preguntas carecen de importancia. Facebook ya forma parte de nosotros, igual que el hígado o el corazón.

Jueves, 27 de agosto de 2015 a las 16:54 UTC+02

Respuesta a una crítica del turismo de masas: yo adoro la libertad y sus consecuencias: el desarrollo. El tótem es un emblema tribal, precisamente eso que acabaríamos adorando todos si te hiciéramos caso y pusiéramos todo tipo de cortapisas al desarrollo, por respetar una estética bucólica. El turismo que criticas alimenta millones de bocas, impulsa la comunión de culturas, permite que la gente disfrute en paz del mundo y conozca a otras gentes. Vamos, lo mismito que una bomba atómica. Esa comparación es cuanto menos ridícula. Cual es tu propuesta: una ley que impida que la gente común se mueva por el mundo con libertad? Si está mal el turismo de masas, tal vez deberíamos imponer un turismo de elites? A quien impedirás que viaje? Que lo determinarás tú? Vamos ridículo. Afortunadamente el mundo camina por otro lado, más natural y lógico. El turismo de masas es fruto del aumento del poder adquisitivo de un mayor número de personas, del incremento de horas de ocio que ha aportado el desarrollo, y de la paz y la libertad que sin duda se necesita para viajar y compartir y para que más gente pueda tener acceso a más bienes. Afortunadamente es una deriva imparable que redunda en una mejora del patrimonio cultural y paisajístico, ya que si mas gente esta interesada en disfrutar de ese patrimonio, mas intereses existirán en cuidarlo y agrandarlo.

Miércoles, 26 de agosto de 2015 a las 15:48 UTC+02

Ayn Rand es la más filosófica de todos, más que Mises, Rothbard o Hayek. Los otros son liberales economistas que tocan de lejos la filosofia real. Lo mismo que la mayoría de austriacos. Por eso no entienden y desprecian a Rand, entre otras cosas. Les falta conocimiento filosófico.

Domingo, 23 de agosto de 2015 a las 14:40 UTC+02

Los austroliberales no son solo anarcocapitalistas. Los anarquistas intentan acaparar y apoderarse de forma artera de las ideas del austrianismo. Quieren que todos piensen que el liberalismo son ellos. Y lo están consiguiendo. Y con esta fama que dan al liberalismo acaban por impedir cualquier proyecto sensato, transitorio. Hay que destapar esta artería nefasta. Los austroliberales son sobre todo minarquistas. El liberalismo austriaco tiene referentes claros, casi todos minarquistas. Y también tiene fundamentos evidentes que beben del gobierno limitado. En una sociedad cívica y avanzada existen obligaciones y existen voluntades. Existe libertad, pero también existe necesidad. Sin embargo, los anarquistas de mercado no son capaces de apreciar la necesidad de combinar esas dos facetas, la voluntariedad y la coacción u obligación. Como son libertarios irrestrictos piensan que todo es voluntariedad y caen de nuevo en el utopismo de concebir la sociedad como si fuera un sistema que no requiere ningún retoque artificial o deliberado. No ven la diferencia entre un principio básico de necesario cumplimiento (imponible), y un acto libre y subjetivo (opcional). El anarquismo de mercado es un subjetivismo estricto, falaz, exagerado. Y es un subjetivismo que me preocupa. Porque está dentro de mi propia casa, completamente infiltrado, y cada vez más, en el pensamiento de algunos popes y de muchos pupilos de la escuela austriaca, en contradicción con las ideas que defendían los padres verdaderos, Mises y Hayek. El establecimiento de cualquier grupo social implica unos intereses comunes y generales. Ratificar esto con una institución creada ad hoc, que asegure el respeto de la propiedad y los acuerdos que sostienen y son la argamasa de cualquier agrupamiento, es una consecuencia lógica y necesaria para existir en comunidad. Posdata: El anarquismo de mercado es un oxímoron, una contradicción de términos. El mercado requiere de algunas reglas básicas y el anarquismo es la ausencia de reglas.

Sábado, 22 de agosto de 2015 a las 21:20 UTC+02

Siempre he pensado que si la prisión tiene la función de reinsertar y curar al delincuente, todas las penas deberían ser permanentes y revisables. El preso sólo podría salir de la cárcel cuando estuviera completamente reinsertado. Particularmente opino que la prisión tiene otra función más importante: castigar el delito y alejar a los delincuentes de las personas cívicas. Pero quiero enfatizar la reinserción porque esta es la función que más exalta el buenismo socialista. No entiendo como pueden estar en contra de la prisión permanente revisable si lo que quieren principalmente es curar al preso. Deberían privar al preso de libertad hasta confirmar que está totalmente curado. No tiene sentido que piensen que la condena no puede ser permanente y revisable, y que tiene que fijarse en una cantidad concreta de años, independientemente del estado moral del delincuente. Como en muchas otras cosas, en esto también son bastante incoherentes los socialistas.

Martes, 18 de agosto de 2015 a las 14:57 UTC+02

El desarrollo tecnológico y la libertad humana son dos facetas de la condición humana íntimamente relacionadas, que se retroalimentan y que evolucionan conjuntamente, en proporción directa. Popper decía que era una maravillosa casualidad que la libertad constituyese a la vez un valor ético y una valencia práctica. Pero lo realmente significativo es que no es una casualidad. La defensa de la libertad del individuo enfatiza y subraya una cualidad sustancial de la realidad, la individualidad. Y es esto lo que hace que también sea una egida útil. La fórmula empleada en esta combinación no es otra que aquella que hace también que el conocimiento de la fisiología de una enfermedad sirva para desarrollar un fármaco de nueva generación mejorando así nuestras vidas. El desarrollo y la libertad se retroalimentan. La libertad permite incrementar el número de acciones, se dispara el emprendimiento, se estimula la competitividad y se promueve el esfuerzo. Todo esto agiliza enormemente el desarrollo, y con el desarrollo aumentan también las capacidades y las acciones, y se vuelve a favorecer la libertad. Es lo que se llama un círculo virtuoso. Y precisamente la razón que hace que dicho círculo acabe cerrándose es que la libertad y el desarrollo son sin duda dos caras de una misma moneda, el resultado de adecuarse a la realidad y manipularla con conocimiento de causa. Pero la libertad y el desarrollo tecnológico tienen aún más correspondencias. La libertad de la que hablamos no es sólo una libertad para actuar, emprender, trabajar, competir y producir. También es una libertad hedonista. Y la tecnología también sirve para disfrutar. La tecnología que ha traído la revolución informática ha sido uno de los avances más importantes y propedeuticos de todos los que ha impulsado la raza humana a lo largo de la historia. Pero incluso esta revolución parecerá pequeña cuando consigamos transportar, ya no paquetes de información sino materia completamente ordenada. Y no me refiero al teletransporte, objetivo que tal vez nunca pueda ser una realidad. Me refiero al transporte real de materia a través de autopistas y redes semejantes a las que hoy en día transmiten la información por internet. Algún día podremos mover nuestros cuerpos y cualquier otro objeto de nuestro entorno a velocidades supersónicas, de forma automatizada, a través de cualquier terreno, por mar, aire y agua, teledirigidos o programados. Ningún punto del mundo estará a más de un par de horas de viaje. Podremos ir donde queramos, llevando los enseres que deseemos, sin esforzarnos en saber el camino que tenemos que seguir, simplemente metiendo la ruta en un ordenador programable, recargando la batería de nuestro exoesqueleto, prestos a contemplar el paisaje, soñaremos con mil destinos distintos. Internet ha revolucionado nuestra forma de interactuar con el mundo. Ahora lo hacemos de forma virtual y hemos perdido un cierto contacto con la realidad, más esencial y directo. El exoesqueleto recuperará ese contacto directo con la realidad y complementará el otro. Volveremos a mirar a la naturaleza como antes lo hacíamos, con el cuerpo físico. Esto también es libertad.

Martes, 18 de agosto de 2015 a las 14:22 UTC+02

El típico socialista que se pasa la vida criticando a las empresas y las grandes multinacionales y luego, cuando los más pobres venden copias de sus productos perfectamente reconocibles, permitiendo que dichos productos puedan ser accesibles a los compradores con menos recursos, va y dice que hay que proteger los intereses de las grandes corporaciones.

Jueves, 13 de agosto de 2015 a las 21:18 UTC+02

La astrología es a la astronomía lo que el keynesianismo es a la economía

Martes, 11 de agosto de 2015 a las 20:47 UTC+02

Dicen que uno no muere del todo mientras exista alguien en el mundo que le recuerde. En este sentido, la muerte se compondría de dos etapas, la primera acaecería al expirar tu, y la segunda cuando expira la última persona que recordaba algo de ti. Así, si consigues hacerte famoso y alguien escribe sobre tu vida, tu biografía se convierte de inmediato en una suerte de pasaporte hacia la inmortalidad, que te mantiene vivo en el recuerdo de los demás. Lo curioso de todo este asunto es que hoy en día todos gozamos de ese tipo de inmortalidad. La tecnología, y en concreto Facebook, es una especie de biografía general, donde quedarán para siempre grabadas a fuego (en la memoria de un cerebro planetario) las vivencias, los gustos, las fotos y las reflexiones que vamos haciendo a lo largo de nuestras vidas y que podrán consultar quienes vengan después, para rescatarnos de esa muerte definitiva que antes acaecía con el último recuerdo que de nosotros tenían nuestros hijos y nuestros amigos.

Martes, 4 de agosto de 2015 a las 21:00 UTC+02

Cuando uno se acerca a un nuevo filósofo, lo hace con ansias renovadas. Pero si en la primera página del libro este filósofo se dedica a escribir afirmaciones laudatorias de la figura de Kant, uno empieza a temerse lo peor. Las sospechas se van confirmando a medida que avanza el ensayo. Uno no saca nada en claro. Y comienza a plantearse el abandono de la lectura. Eso es lo que me está pasando con Eugenio Trías y su filosofía del límite. Cada vez tiene uno menos dudas de que la filosofia kantiana es una suerte de pseudociencia muy bien empaquetada. La gran aceptación que tiene esta filosofía solo viene a confirmar que mucha gente, académicos o no, se suelen dejar impresionar por el envoltorio del paquete mientras obvian o no quieren saber nada de su contenido. Las proposiciones científicas, sencillas y verosímiles, no son demasiado atractivas, tal vez porque no se prestan tanto al postureo de los popes de la academia, los cuales tienden a seleccionar sus teorías en función de lo raras que suenen y lo cultas y artificiosas que parezcan. Y tengo que admitir que, incluso la escuela austriaca de economía, con todo lo respetable y seria que me parece, se ha subido también a este carro. El propio Mises creía que sus ideas enraizaban en el kantianismo. Es preciso que derribemos ese mito de una vez por todas. La teoría austriaca es una teoría completamente racional, pero tiene esta pequeña mácula.

Jueves, 30 de julio de 2015 a las 21:06 UTC+02

El conservador se adscribe decididamente a todas aquellas opiniones que afirman que las cosas deben cambiar muy poco. En su visión del mundo, las tradiciones gozan de un valor intrínseco incuestionable. El progre socialista en cambio afirma abiertamente que él es el único que representa la defensa verdadera del progreso, pero socava esa determinación cuando dispone del poder que le otorgan los ciudadanos para mantener toda clase de privilegios antediluvianos, cuando busca una igualación humana que es sin duda el signo más destacado de la quietud y la falta de cambio, y cuando apuesta por rescatar un pasado más bucólico, sin humo, sin coches, sin petróleo, sin máquinas… sin desarrollo. Solo el liberal apuesta de verdad por el auténtico progreso.

Jueves, 30 de julio de 2015 a las 16:26 UTC+02

Al reflexionar sobre la democracia y la libertad he llegado a la conclusión de que, para que se constituya una sociedad libre, es necesario que una mayoría de personas apoyen y crean en esos principios de la libertad. La democracia radical es una contradicción de términos. Si todo fuera decidible, si solo importara la decisión mayoritaria, ni siquiera la democracia tendría sentido. No se puede defender algo y a continuación afirmar que se aceptará cualquier cosa que salga de las urnas. Por su parte, un liberalismo sin democracia tampoco tendría razón de ser. Ninguna norma se puede imponer por la fuerza si no tiene un respaldo mayoritario. La solución última, por tanto, no pasa por rechazar la democracia o el liberalismo, sino por entender que ambas opciones tienen cualidades imprescindibles, sin las cuales no tendrían sentido ninguna de ellas. De este modo, la democracia liberal, basada en leyes y rubricada por las mayorías, es una condición de posibilidad, y la única solución viable, necesaria en cualquiera de los casos. Sin una masa crítica de votantes y partidarios de un régimen, ningún sistema se puede sostener demasiado tiempo. Y sin unas pocas leyes claras e incuestionables, inmunes a cualquier plebiscito, toda democracia acaba degenerando en arbitrismo y totalitarismo. Por eso la democracia liberal, que toma lo mejor de ambas concepciones, es la única salida a todos los problemas que los liberales y los demócratas se vienen planteando en los últimos años. Este es el articulo: https://elreplicadorliberal.com/2015/07/29/el-totalitarismo-de-la-democracia-3/ Pero hace tiempo también escribí un artículo ratificándome en la idea de lo dificil e incluso imposible que es trasmitir el mensaje liberal. Uniendo esos dos opúsculos uno cae en el pesimismo más atroz. Quizás la sociedad liberal sea una quimera, como los viajes en el tiempo o la velocidad de la luz, una paradoja o un parámetro imposible de superar. Quizás el universo no permita ese tipo de situaciones. Luego, uno piensa que la voluntad humana no es exactamente lo mismo que una imposibilidad física, y alguna esperanza brota de nuevo.

Domingo, 26 de julio de 2015 a las 21:30 UTC+02

Apriori no significa que la información se obtiene sin el canal de los sentidos. Eso sería absurdo. Nadie en su sano juicio puede decir eso. Apriori significa que para elaborar ese concepto no requieres un probatorio experimental, no necesitas evidencias extraídas de los experimentos

Domingo, 26 de julio de 2015 a las 09:52 UTC+02

Cuando un democráticos asevera que todo debe quedar en manos de la decisión mayoritaria, tal y como se suele creer hoy en la mayoría de países occidentales, lo que esta haciendo en realidad es vulnerar dos condiciones del ser humano completamente legítimas: la que le da los derechos más fundamentales y la que le da los derechos más particulares. Las normas más fundamentales garantizan la libertad del individuo y no pueden ser cuestionadas de ninguna manera. Tampoco hay nada que decidir en cuanto a las reglas por las que cada persona se conduce en su vida diaria cuando hace suyas esas normas elementales que protegen su vida y su propiedad. Si lo analizamos detenidamente, la mayoría no debería tener poder de veto en ningún parlamento nacional. Dichas votaciones se deberían reservar para aquellos casos en los que una asociación privada debe decidir sobre una cuestión de su incumbencia que afecta a un bien comunal. A lo sumo, se podrían someter a votación algunas cuestiones nacionales suficientemente complejas, pero en ningún caso los principios más básicos (el derecho del individuo a actuar libremente) ni las medidas más particulares (el derecho del individuo a comer hamburguesas los domingos). Sin embargo hoy en día existe la creencia popular de que el sistema social fetén es uno que deja todo en manos de la decisión del pueblo. Esto no es de extrañar. Si es una creencia popular es normal que quiera reservar el poder para el pueblo. Pero los liberales estamos obligados a denunciar esta nueva mitificación del poder. El democraticismo actual no es más que una excusa de aquellos visajes que en otra época habrían defendido las medidas de Stalin pero que ahora deben mostrarse más moderados. El totalitarismo se puede ejercer de dos maneras. Puede tomar la iniciativa un grupo de tiranos aupados al poder por sus secuaces y sus incondicionales, o puede ser el pueblo el que de forma más discreta, en las urnas, acabe votando y decidiendo sobre todo y todos. El comunismo de principios del siglo veinte intento seguir el primer camino y tras después de millones de muertes y depauperaciones de los países se dieron cuenta de que esa era una vía muerta e iniciaron el segundo camino. Hoy en día nos encontramos en esa segunda vía. El totalitarismo ha conseguido prender en algunas sociedades después ponerse la careta de la democracia. Muchas personas creen que lo correcto es decidirlo todo en las urnas, en la calle, en los municipios, constituyendo asambleas interminables que se prolongan días enteros. De esa forma dan salida a sus ansias genéticas de dominio, en cierta medida frustrados por no poder implantar ya un comunismo puro y duro.

Sábado, 25 de julio de 2015 a las 13:40 UTC+02

En cualquier agrupación en la que estés tendrás que aportar algo a las arcas comunes, lo quieras o no lo quieras, si es que quieres pertenecer a esa agrupación. Y existe una agrupación fundamental: la sociedad libre, que ningún liberal puede escamotear. Negar eso es negar la realidad. El ancap tiene la falsa ilusión de pensar que no está constreñido a nada. Se parece al socialista En cualquier caso, necesitas un marco institucional basado en la ley, no en los hombres (dictadores, votantes, empresarios) Y quien crea la ley, dicen los ancap. La ley no se crea. Se descubre. Es objetiva. La ley no puede estar sometida al interés de nadie porque entonces ya no es una ley sino un mandato. La ley no es un bien mercadeable, que requiera competencia y que surja del interes propio como decía Adam Smith

Sábado, 25 de julio de 2015 a las 13:10 UTC+02

Ofrécele a un niño un helado de dos bolas y otro de una. Verás cómo nota la diferencia de tamaño. Sin embargo los ancap se empeñan en equiparar totalmente la minarquía con el estatismo, los que demuestra que ni siquiera pueden hacer el razonamiento que hace un simple niño.

Sábado, 25 de julio de 2015 a las 11:44 UTC+02

En Estados Unidos la gasolina es mucho más barata mientras que las copas (la otra gasolina) salen mucho mas caras que en España. Es decir, es más fácil producir y más caro despilfarrar. Independientemente de lo mucho o poco que nos guste el modelo hedonista que tenemos aquí, a nadie le debería extrañar que Estados Unidos sea un pais mucho mas rico.

Sábado, 25 de julio de 2015 a las 05:19 UTC+02

El típico forofo que va todos los domingos al estadio a ver el fútbol y a saciar sus apetitos más primitivos, contribuyendo a enriquecer a sus jugadores favoritos y a sus bonitas mujeres, y luego despotrica contra los ricos empresarios que le visten, le dan ordenadores, teléfonos… y le hacen un poco más humano y un poco menos animal.

Viernes, 24 de julio de 2015 a las 23:56 UTC+02

Me exasperan aquellas personas que pretenden demostrar la existencia de vida extraterrestre aludiendo exclusivamente al tamaño del universo. Si no existiera vida en otros planetas, ¡cuánto espacio desperdiciado! -suelen proclamar alegremente- A veces pienso que con esa exclamación se están refiriendo a sus propias cabezas. No distan mucho estos ayudantes de científico de aquellos esquizofrenicos que aseguran haber sido abducidos por una nave espacial llena de seres cabezones y alargados. La noticia no tiene relación directa con lo que acabo de decir. Pero me ha sugerido ese pensamiento. Cada vez que se descubre un nuevo planeta, los noticieros abren la sección de ciencia dando por hecho que pronto tendremos la confirmación de que existe vida fuera de la Tierra. La gente se emociona demasiado cada vez que la NASA anuncia el descubrimiento de un planeta habitable. Sin quitarle mérito al asunto debemos dejar claro que habitable no significa habitado. La vida es mucho más que un planeta habitable. Su aparición requiere más cosas que una simple roca bañada por los rayos de una estrella semejante al Sol

Domingo, 12 de julio de 2015 a las 20:59 UTC+02

Cuando Alemania fue rescatada después de la guerra, Hitler y todos sus compinches habían muerto o estaban siendo detenidos. Muerto el perro, muerta la rabia. Ahora se quiere rescatar a Grecia sin matar al perro. Es más, lo que se pretende es alimentarlo todavía más. Son dos casos completamente distintos y es absurdo buscar una comparación para justificar la quita de los griegos.

Domingo, 12 de julio de 2015 a las 20:41 UTC+02

Hoy en día, gracias a internet y a facebook, todos podemos gestionar un pequeño periódico, con sus suscriptores y sus seguidores, con sus artículos de opinión y sus noticias de actualidad. Y nos hemos convertido en lectores de cientos de otros pequeños periódicos, que visitamos en cualquier momento del dia. Somos editores, columnistas, lectores, publicistas. Somos todo eso sin necesidad de invertir un solo chelín. Hace unos años esto habría parecido imposible. Hoy es una realidad que pasa desapercibida. Y así tiene que ser. Cuando la tecnología madura lo suficiente, se vuelve completamente invisible, integrada en nuestras vidas. Ese es el signo más característico de su madurez. Lo que no quiere decir que de vez en cuando tengamos que recordar el maravilloso mundo que estamos contribuyendo a crear.

Sábado, 11 de julio de 2015 a las 21:22 UTC+02

Una de las cosas que más me han impactado, cuando he tenido la oportunidad de conocer de cerca el pensamiento de algunos liberales austriacos, es lo mucho que ha prendido en esta corriente de pensamiento el germen nefasto del relativismo. Yo pensaba que esta forma de irracionalismo había sido purgada del ideario liberal de la escuela austriaca, que yo entendía completamente racional. Para mí la escuela austriaca representa el mayor baluarte que existe para la defensa de unos principios generales y objetivos. Pero algunos parece que entienden el subjetivismo que pregonaba Menger, y que enfatiza el austrianismo en general, de un modo totalmente retorcido, como legitimador de una arbitrariedad y unas convenciones caprichosas y temporales. Cabría resaltar que el subjetivismo sólo cobra sentido cuando se interpreta como lo que es, como un principio gobernador del universo. Subjetivismo no quiere decir que todo sea subjetivo e interpretable, sino que todo proviene del sujeto y del individuo. Son dos cosas muy distintas que no se deberían confundir si queremos ofrecer un discurso coherente. Si todo proviene del individuo, no es posible relativizar esta afirmación, como vienen haciendo muchos diletantes y algunos expertos, sino afirmarla y defenderla de manera absoluta. Resulta irónico que la escuela austriaca, que ha sido y es bastión de las verdades más generales, albergue también el lupanar que más se ha empeñado en prostituir el concepto del individualismo, y el muladar que han elegido los relativistas de la nueva hornada para arrojar los residuos que producen diariamente.

Jueves, 9 de julio de 2015 a las 00:33 UTC+02

El problema no es que Grecia no admita las condiciones que impone Europa para su rescate. El problema es que Europa soluciona siempre las crisis internas con más rescates. Después de todo el sainete al que hemos asistido estas semanas a cuenta de los políticos y las políticas europeas, al final Grecia volverá a ser rescatada y volverá a incumplir las promesas, y dentro de un tiempo volveremos a empezar. El problema es que Grecia vive de los rescates, del dinero de los demás, y mientras pueda seguir viviendo así no cambiará. El rescate es el problema. Los griegos marean la perdiz, pero la perdiz se la ha dado Europa.

Domingo, 5 de julio de 2015 a las 21:44 UTC+02

Dado que Europa es tan palurda como los griegos, como la culpa del Estado obeso y del derroche griego la tiene también y sobre todo el ingenuo que le ceba y le da de comer, es probable que Europa y Grecia sigan marchando juntos de la mano, por el camino que les lleva directos al precipicio. Otra nueva quita, más ayudas, algunos rescates, y todo solucionado. Si no es así y Europa expulsa al chantajista del grupo, aún tendrá que hacer muchas reformas para evitar que vuelvan a salir otros timadores. Como es probable que esto no ocurra, el problema de Grecia no se quedará en una cuestión puntual de aquel país. Será un problema sistémico de todo el continente. Resulta ridículo observar como una serie de personas adultas, supuestamente educadas, crean una unión de países e imponen unas condiciones muy estrictas para que estos se incorporen al grupo, y posteriormente, una vez dentro del mismo, relajan esas condiciones y les permiten incumplirlas masivamente. Esa es la semilla de todos los problemas que tenemos ahora. Los que dicen que Grecia tiene la culpa de todo se olvidan que el principal responsable de la crianza del cerdo siempre es su dueño. Esperemos que la matanza del animal no termine también con la muerte de su amo.

Domingo, 28 de junio de 2015 a las 19:27 UTC+02

Si es que la cuestión es muy sencilla: es absurdo comparar la defensa del individuo, su cuerpo, su propiedad, su existencia pedánea, su libertad para pensar y hacer lo que quiera, y también su libertad de credo, con la defensa de una creencia etérea, mística, extracorpórea, doctrinaria, que requiere una fe ciega y un mantra único. Esa comparación es ridícula. No tiene nada que ver con el grado de gregarismo de una asociación. Todas las asociaciones son gregarias y creen en unos principios invulnerables, pero no todos los principios y apoyos incondicionales se hacen por fe al sistema general. Algunos se basan en la razón. Comparar estos con la religión solo porque son gregarios y defienden principios es faltar a la verdad, es una comparación irracional, eso si que es un acto de fe.

Domingo, 28 de junio de 2015 a las 05:08 UTC+02

Cuando el ser humano se pone a pensar sobre la vida después de de la muerte a menudo suele confundir los deseos y la realidad está convencido de que le espera el paraíso eterno. Eso es la religión. Cuando piensa sobre las cosas de este mundo tb se confunden deseos y realidad se cree que todos podemos ser iguales, cumplir nuestros deseos. Piensa que los bienes surgen de una chistera mágica que no hay que producir, solo consumir, repartir; eso es socialismo.

Sábado, 27 de junio de 2015 a las 08:27 UTC+02

El liberalismo es la antítesis de la religión. El primero se basa en las posibilidades y derechos de individuos finitos. El segundo en la totipotencia de un ser infinito. Y como eso muchas cosas mas Es absurda la comparación.

Viernes, 26 de junio de 2015 a las 23:31 UTC+02

La existencia humana tiene dos aspectos sagrados que deberían ser intocables, la propia vida y, por extensión, el fruto que resulta de esa vida. Un asesino atenta contra la vida misma, esto es, ignora la condición más sagrada del hombre. Casi todos coincidimos en condenar a una persona que dispone de la vida de los demás de esa manera. Pero lo irónico del asunto es que muchos de nosotros nos empeñamos en disculpar o incluso aplaudir la otra forma de violación, la disposición ajena del fruto y el trabajo de la vida de una persona. Un deudor que no quiere pagar al acreedor (Grecia), un hipotecado que aspira a conservar su casa pero no quiere pagar las letras, un político que incrementa la deuda pública y se niega a sanear las arcas del Estado, o un banco rescatado en medio de una crisis financiera, coinciden en una cosa, todos utilizan el dinero y el trabajo de los demás para obtener un beneficio fácil o para privilegiar a grupos de personas parasitarias, que hacen uso de unos bienes que no han producido. En todos estos casos se atenta contra la otra cosa sagrada de la vida, el resultado de esa vida, el esfuerzo del individuo, la utilización que cada uno hace de su existencia. La mayoría de la gente aprueba esta actitud mientras desprecia y condena el asesinato. No se dan cuenta de que arrebatarle la vida a una persona o arrebatarle el resultado de su trabajo son dos sacrilegios equivalentes, con una misma raíz, la existencia del ser humano.

Martes, 23 de junio de 2015 a las 22:08 UTC+02

El problema de kant no es que no crea en leyes universales sino que entiende estas como algo completamente opuesto a lo que realmente deberían ser. Como dice Miguel, si lees su fundamentación de la razón práctica te percatas que su supuesta universalidad consiste en establecer un principio del deber separado completamente de todo lo demás, o sea algo particular y no universal. Y así en todo. Kant busca universales que a fin de cuentas son particulares, relativismos… esa es la artimaña y el engaño de kantianismo que ha seducido a muchos filósofos posteriores y que ha derivado en el posmodernismo que infesta el conocimiento actual.

Lunes, 22 de junio de 2015 a las 00:04 UTC+02

Habría que fundar un partido cuyo programa se basara únicamente en tres reducciones y tres uniones: ■ Tres reducciones: – Reducir la deuda – Reducir los impuestos – Reducir la normativa legal ■ Tres uniones: – Unidad educativa – Unidad policial – Unidad normativa Aquí en España determinadas comunidades autónomas utilizan la educación para adoctrinar a los menores, radicalizarlos y estupudizarlos. A corto medio plazo no es viable un sistema privado de educación y por tanto la solución al adoctrinamiento pasa por recuperar ciertas competencias para el Estado central, evitando que las distintas comunidades secuestren la educación, enseñen una historia sesgada, impongan un lenguaje particular y condenen a sus hijos a una vida más limitada. A corto medio plazo no. Es más realista defender una recuperación de competencias. A largo plazo lo ideal serian los cheques y que la educación pública desapareciera. Pero de todas formas, aun sin colegios públicos, siempre creo que debería haber un consenso en cuanto a las competencias básicas del alumno

Viernes, 19 de junio de 2015 a las 21:43 UTC+02

Una idea no es nada. El esfuerzo para desarrollar una idea no es nada. Lo único que vale en el capitalismo es aquello que te da beneficio al ser consumido por otro, porque le beneficia a él. Si alguien copia mi idea y la desarrolla mejor que yo, él tendrá más derecho que yo a los beneficios que pueda obtener. Eso es lo que hay que fomentar y no el secretismo y la protección absurda de aquellas ideas que en manos de otras personas mas creativas podrian ser mas beneficiosas para todos. Lo que es marxista es la idea de que todo depende de la producción, que el valor de las cosas y por tanto su protección y su propiedad dependen del trabajo. Esa es la teoría del valor trabajo de Marx Mi defensa no se basa en la escasez de los bienes. Da igual como sean. Lo que tenemos que mirar es el valor que generan a los individuos. Esto puede llamarse utilitarismo. Esta palabra desata profundas iras en muchos austriacos. Pero el caso es que la utilidad es un hecho omnipresente. Estoy de acuerdo. Pero eso no se puede aplicar a los bienes cuya fabricación no implica robo material de ningún tipo. Una idea que se copia no se roba .

Viernes, 19 de junio de 2015 a las 16:59 UTC+02

En fin. El primer signo de un libertario estulto es su obsesión por llamar al otro colectivista a la primera de cambio. Si no entiendes que dentro del liberalismo hay varias corrientes y ciertos aspectos de discusión tal vez no merezcas que te llamen liberal.

Miércoles, 17 de junio de 2015 a las 21:54 UTC+02

La base de cualquier conocimiento es la objetividad, por mínimo que éste sea. Los subjetivistas se pasan el día perdidos en un mundo onírico. En cambio, nosotros construimos este mundo, producimos el progreso, y somos honestos con las consecuencias del mismo. No hace falta que ningún subjetivista radical me de su aprobación o me acabe dando la razón. No les odio. Forman parte del paisanaje habitual, constituyen un elemento más de la realidad. Les veo como puedo ver un átomo a través de un microscopio electrónico. No solo como una cosa insignificante e irrelevante para el avance humano, sino también como un fenómeno antropológico ciertamente habitual, que me hace amar aún más la excelencia y la exclusividad del pensamiento verdadero, mucho más difícil de aprehender. Las ambrosías siempre van asociadas a la condición de escasez. Si no fuera así no serían tales, serían cosas vulgares, poco valoradas. Me alegro de que haya muchos paralíticos intelectuales. Eso da más valor a los logros de todos aquellos que no lo son.

Martes, 16 de junio de 2015 a las 07:29 UTC+02

Los ocupas que, con Herrejon a la cabeza, han invadido un edificio propiedad de la familia Capriles, opositor maltratado del sátrapa de Venezuela, ya han pedido a Carmena y a su banda de cachorros comunistas que expropie el inmueble. La kale borroka española sigue su curso normal, después del apoyo que reciben estos energúmenos por parte de una buena parte de la población. Patulea humana que vota a unos ignorantes perroflautas, asaltacapillas, para que dirijan las instituciones. El ser humano puede alcanzar un grado de inmundicia intelectual increible. Zapata sigue de concejal, apoyado por los suyos. Se va del área de cultura, pero no abandona el ayuntamiento. Carmena ha mentido. Se demuestra lo que de otra forma era evidente, que es súbdita de Podemos. Resulta asqueroso ver como la mayoria de politicos y afectos a este régimen de incompetentes disculpan los chistes de Zapata en los que se mofa de las mujeres, hombres y niños gaseados en los campos de concentración de Hitler. Es increible como la gente se deja engañar una y otra vez solo porque los que mienten apoyan una marca y una ideología de izquierda extrema. El comunismo al poder, demostrando una vez más que el ser humano es estúpido, zafio, y aberrante.

Sábado, 13 de junio de 2015 a las 16:41 UTC+02

La ignorancia supina que manifiestan todos los que votan opciones socialistas, intervencionistas, políticas y populistas es siempre la misma. Las consecuencias también lo serán. Nos agarramos a cualquier pamema o promesa que diga cualquier nuevo político, y acabamos siempre igual. Nos importa un bledo que se autodenominen seguidores de Lenin, que hayan apoyado la revolución del gorila venezolano o que se subvencionen con dinero del sátrapa de Irán. Que hayan cometido corrupción incluso antes de acceder al poder. Nos importa un bledo que las medidas que quieren imponer violen la seguridad jurídica y la propiedad privada, que sean medidas que ignoran cualquier mínima regla económica y que se basen en fabulaciones pueriles que niegan la realidad. Todo eso nos importa un bledo. Les votamos porque hablan en los mismos términos que habla la izquierda más rancia. Porque siempre hemos creído en esas ilusiones socialistas tan agradables. Porque en el fondo seguimos siendo unos imberbes intelectuales o unos incapaces, que preferimos matar el rato viendo un culebrón televisivo, antes que coger un libro de economía. Por eso les votamos.

Martes, 9 de junio de 2015 a la 01:47 UTC+02

Mi historia de liberal: durante mi infancia siempre me atrajo la idea de abandonarlo todo e irme a la montaña a plantar tomates. Consumía y aceptaba diversos mitos del comunismo. Renegaba del dinero y del capitalismo. Pero por algún motivo empecé a darme cuenta de alguna falla en mi sistema. Me atraía la ciencia, el conocimiento y el desarrollo humano, y empecé a ver una contradicción interna en esas dos visiones, el rechazo del capitalismo y el amor por el progreso. Un buen día, el padre de mi ex novia (que no tenía estudios pero sí era bastante inteligente; un empresario exitoso) me sentó en la cocina de su casa y me invitó a escuchar a Jiménez Losantos. Hablaba éste sobre la filfa de las energías renovables que yo ya estaba empezando a rechazar, y enseguida me cautivaron sus argumentos. Años después, mientras escuchaba algún programa de Losantos, oí que alguien recomendaba un libro de Hayek y me animé a comprar sus estudios sobre economía, historia y filosofía. Desde entonces no he parado de leer a los economistas austriacos. Las ideas y las críticas periodísticas que escuchaba todos los días en Libertad Digital cobraban un nuevo sentido, quedaban confirmadas en el nivel académico. La teoría adquiría unas dimensiones universales y un marchamo racional. Las piezas sueltas del puzzle quedaban unidas. Hoy busco armar mi propio rompecabezas, dentro del paradigma de la escuela austriaca. Y me siento discretamente satisfecho con el camino que he recorrido y con las perspectivas que aún se abren ante mi. Y no me olvido de aquellas personas que tuve la suerte de conocer y que me guiaron por la senda correcta.

Lunes, 8 de junio de 2015 a las 21:47 UTC+02

El avance del capitalismo se ve impedido por las creencias imaginarias de las personas. El avance del comunismo, por las circunstancias de la realidad. Ficción frente a verdad. ¿Quién acabará venciendo? La historia lo dirá. Tal vez el hombre está condenado eternamente a tener que lidiar con este enfrentamiento. En ese caso, no existe salvación.

Lunes, 8 de junio de 2015 a las 16:11 UTC+02

Estos tíos creen que la sociedad se desarrolla a golpe de varita mágica. En vez de permitir que la gente produzca bienes y servicios mediante el uso de sus capacidades reales, devalúan la moneda, manipulan los precios, condicionan los acuerdos voluntarios y recaudan impuestos que luego vuelven a inyectar en la sociedad de la que los han extraido, y allí donde ellos piensan que van a ser más necesarios, en los sectores más improductivos. Estamos rodeados de estúpidos. El chamán de la tribu que antes prometía la sanción de un enfermo, hoy promete la recuperación de un país entero. Al menos, los antiguos adivinos gozaban de algunos conocimientos básicos. Algunas de las plantas que recetaban producían un efecto positivo en el paciente. Hoy en día los chamanes modernos proponen medidas que agravan la enfermedad todavía más y que afectan sin excepción a toda una nación. No hay duda. La estupidez también progresa.

Martes, 26 de mayo de 2015 a las 21:11 UTC+02

Como siempre he dicho, el socialismo no es un problema político. La política es un mero reflejo. El socialismo es una creencia mística, una religión, la creencia en el Dios político, que está inserta en el ADN del homo sapiens, un primate con cara de humano. La tribu socialista ha votado. Ha votado a su Dios, la mano intervencionista del Estado. Purgemos nuestros pecados. Preparémonos para la venida del Señor. Vuelven aquellos apóstoles que nos habrán de enseñar el camino de la salvación. La libertad individual se tiene que sacrificar en el altar que a tal efecto están preparando las masas, los colectivos, los estadistas, los políticos, el pueblo.

Domingo, 24 de mayo de 2015 a las 22:15 UTC+02

Finalmente, no fui a votar. La fiesta de la democracia me pareció un tostón. Llena de gamberros y gente que no me dice nada, que no tienen conversación o que solo dicen futilidades. Había alguna chica guapa (Esperanza Aguirre), pero vino acompañada por su hermano mayor (PP), un tipo zafio y mentiroso que no la dejaba ni a sol ni a sombra. De vez en cuando te encontrabas con algún chico sensato (P-LIB), pero su voz se perdía en el alboroto de la celebración. En general detesto este circo mediático, lleno de payasos políticos y niños intelectuales (votantes ignaros e ilusos)

Martes, 19 de mayo de 2015 a las 15:27 UTC+02

Muy interesante este debate de Manuel Llamas. Sorprende el contraste que se da entre la posición racional, seria, documentada, y verbalizada de Llamas y la ignorancia reconocida y escasez expresiva de su oponente en la tertulia. Una de las cosas que atrajeron mi atención cuando empezaba a flirtear con el liberalismo fue la superioridad intelectual que muestran todos los periodistas que defienden esa corriente minoritaria. No puedo presumir de tener una inteligencia desbordante pero creo que siempre he poseído la intuición necesaria para saber donde se hallaba ésta. Debates como éste sirven para encontrar ese grial.

Martes, 19 de mayo de 2015 a las 08:37 UTC+02

Resulta agradable compartir espacio con gente que ha experimentado idéntica peripecia intelectual, transitando desde una posición más visceral a otra más racional. Uno mira hacia atrás y se regodea contemplando el esfuerzo que ha supuesto esta cruzada. Luego lee las experiencias de personas como Yanire Guillen Rojas y se da cuenta de que somos muchos los que hemos sido compañeros de viaje sin saberlo. Antes de que existieran las redes sociales uno se encontraba en una isla perdida en el océano, nadie de tu entorno sentía la más mínima identificación cuando planteabas alguna idea de la escuela austriaca o del liberalismo en general. Hoy en día uno sabe que existen otros muchos como él, que existen y han existido otros peregrinos caminando por las mismas tierras extrañas. Hemos abandonado la isla y estamos constituyendo poco a poco un continente entero. La diáspora ha comenzado 🙂

Sábado, 9 de mayo de 2015 a las 18:41 UTC+02

En este post alguien afirma que, dado que la reintroducción del lobo ha beneficiado enormemente a la ecología de Yellowstone, es evidente que necesitamos más control sobre la naturaleza y la vida de los animales. De lo que no se percata el autor de estas palabras es de que es precisamente esa manipulación humana la que también ha provocado la desaparición de este carnívoro indispensable. Lo que demuestra este minidocumental no es que necesitamos más control sino todo lo contrario, a saber, que el orden espontáneo de la naturaleza y los procesos de autorregulación (la cadena espontánea de acontecimientos que el documental muestra) provocan más beneficios que la intervención deliberada, masiva y continua del hombre. Lo mismo sucede a nivel social. El mito del socialismo nos lleva a pensar que la intervención política en materia económica es algo necesario. Todos estos que hacen apología del Estado y que creen que es necesaria una regulación férrea y un control de los precios y salarios, o el mantenimiento de subsidios y subvenciones para beneficiar a ciertos sectores estratégicos, deberían leer algún libro de Hayek. Entonces se darían cuenta de que el orden espontáneo hace referencia a un principio general, social y natural, y que el socialismo y el comunismo no son otra cosa que la negación de ese principio básico, una estupidez que va en contra del orden más elemental de la naturaleza. Aquellos que niegan la evolución biológica lo hacen por las mismas razones que tienen otros para negar el capitalismo y el orden espontáneo en la sociedad. Los primeros rechazan esa idea porque creen en un ser superior que lo dispone todo: Dios. Y los segundos la rechazan porque de nuevo creen en otro ser superior: el Estado. Estos últimos suelen ufanarse presumiendo de que son ateos o agnósticos. Pero son tan crédulos e ingenuos como los primeros, y bastante más peligrosos, ya que están convencidos de que son ellos los que deben ejercer como divinidades, al haber suplantado la figura del Dios etéreo por uno más terrenal: papá Estado, su alter ego. Y como quiera que se creen dioses, van por ahí disponiendo de la vida de todos los ciudadanos. Se hacen llamar socialistas o demócratas (votantes), saben exactamente qué empresarios y economistas deben existir, te quitan tu propiedad, tu dinero, cada vez te cobran más impuestos porque cada vez se meten más en su papel de dioses. Eso es el socialismo y eso es la política en general: una panda de gurús y chamanes vestidos con taparrabos, que te dan lecciones y te adiestran para que adoptes buenas decisiones, mientras ellos permanecen bailando la danza de la lluvia, rodeados de desiertos y secarrales. El orden espontáneo nos enseña en cambio todo lo contrario, que son los individuos o empresarios, todos ellos, los que mejor saben qué les conviene, muy por encima de aquellos otros, los políticos, que en muchas ocasiones ni siquiera han visto hacer un balance de cuentas y que de todos modos están muy alejados de la realidad particular a la que asisten todos los empresarios a diario, políticos que están sentados en sus poltronas ministeriales, sobre sus culos olimpicos, dignos del dios en el que ellos creen que se han convertido.

Martes, 5 de mayo de 2015 a las 13:55 UTC+02

Hombres y mujeres somos diferentes. Nuestra carga hormonal es distinta. Nuestro comportamiento también. Y cuando surgen las obsesiones estas también son diferentes. Debemos hablar siempre de tendencias. Pero es cierto que las mujeres tienen tendencia a hacer unas cosas y los hombres otras. Y la mujer siempre ha estado, por sus características biológicas, más relacionada con el cuidado de la prole en el hogar y seguramente también tiene por eso una tendencia mayor hacia todo lo que tenga que ver con esto. Tal vez por eso a la mujer le dé por limpiar, y al hombre por salir a la calle coger el coche y desafiar las leyes de circulación. Tenemos distintas maneras de quitarnos el estrés. No sé por qué nos negamos a admitir algo tan evidente. Esto no es machismo. Yo creo en la igualdad legal de hombres y mujeres. Son personas y deben hacer lo que les dé la gana. Pero solemos confundir los condicionamientos sociales que imponen los machistas verdaderos con los condicionamientos biológicos que nada tienen que ver. Yo puedo defender la igualdad de derecho de hombres y mujeres y por eso mismo defender también que esta igualdad se base en la apreciación de sus cualidades distintivas y el respeto de las mismas. Y si describo un hecho biológico que diferencia a hombres y mujeres y que les hace parecerse menos no estoy renunciando a otorgar libertad a uno de los dos géneros. Todo lo contrario.

Domingo, 26 de abril de 2015 a las 18:19 UTC+02

Existe una descontextualización absoluta del concepto de egoísmo. El problema aquí es que quienes critican la filosofía de Ayn Rand no entienden que ella no está criticando el altruismo sino que asienta éste sobre la base más primordial del egoísmo. De hecho, cuando critica el altruismo se cuida mucho de decir altruismo puro, puro. Nadie niega el altruismo sino que lo que se niega es que este no tenga una base en el interés propio. Esto es algo que algunos no entienden y que les lleva a criticar una postura que Ayn Rand jamás defendió. Puede que no la hayan leído o que no la hayan entendido. Pero es curioso la cantidad de liberales que patinan en este punto. A mi Ayn Rand me parece fundamental para entender el liberalismo y nunca sospeché que podría despertar tanto rechazo.

Domingo, 26 de abril de 2015 a las 13:26 UTC+02

Precisamente la ley está implícita en la naturaleza humana, y como esto es así, y esa ley no garantiza el intercambio voluntario y la sociedad libre, y más bien se ha demostrado que hace lo contrario, llevando a las personas a matarse entre ellas y a crear grandes Estados, lo que debemos hacer es crear un estado mínimo que garantice en la medida de lo posible el cumplimiento de esta norma básica.

Sábado, 25 de abril de 2015 a las 23:30 UTC+02

Internet ha revolucionado nuestra forma de interactuar con el mundo. Ahora lo hacemos de forma virtual y hemos perdido un cierto contacto con la realidad, más esencial y directo. El exoesqueleto recuperará ese contacto directo con la realidad y complementará el otro. Volveremos a mirar a la naturaleza como antes lo hacíamos, con el cuerpo físico.

Martes, 21 de abril de 2015 a las 13:55 UTC+02

Hay dos maneras de afrontar o entender la corrupción. En una se define al corrupto como aquella persona física o entidad jurídica que evade al fisco depositando su dinero en bancos que operan fuera del país. En otra se define al corrupto como aquel político o empresario que utiliza el dinero público de forma fraudulenta para enriquecerse. La primera definición es falsa mientras que en la segunda es correcta. La razón es bien sencilla. La primera definición no está definiendo al corrupto, lo está propiciando. No describe la forma por la que se comete corrupción. Describe exactamente lo contrario, la manera de evitarla. Cuando evadimos al fisco estamos impidiendo que los gobernantes acaparen más dinero a través de los impuestos, y como es esto lo que al final propicia la corrupción (según la definición correcta), lo que estamos haciendo es reducir las corruptelas. La corrupción se debe a que muchas personas gestionan unos ingresos que no han obtenido ellos, que les es fácil obtenerlos y gastarlos, que no saben invertir ni producir. Y la corrupción se mitiga cuando las personas que si saben producir y gestionar sus bienes consiguen poner su dinero a buen recaudo, lejos de las manos de los políticos, evadiendo al fisco. (Visto)

Martes, 14 de abril de 2015 a las 09:07 UTC+02

Si crees que un sistema económico de propiedad privada es el objetivo a conseguir y al mismo tiempo crees que para lograr eso hay que abolir completamente el Estado, eres un anarcocapitalista. Y también eres totalmente contradictorio. Tu propuesta se basa en dos premisas que se anulan mutuamente. Cualquier objetivo incondicional que te propongas (por ejemplo, la propiedad privada) se diluye y pierde todo su sentido si no crees en un sistema de defensa también único (un Estado mínimo). No se puede defender un único sistema y al mismo tiempo querer eliminar el ente general que podría garantizar esta unidad. Fin de la historia.

Miércoles, 8 de abril de 2015 a las 21:31 UTC+02

Estoy de acuerdo con Miguel a la hora de defender la necesidad que existe de primar la razón por encima de todas las cosas, y comparto muchas de sus ideas en relación con las religiones y las creencias. Pero no puedo compartir su rechazo absoluto de la fe de los demás. ¿Tendríamos que prohibir que las ranas croasen en los estanques? Evidentemente no. Pues igual pasa con la religión. Tanto la fe como la razón son partes esenciales de la naturaleza humana. Intentar negarlas o rechazarlas es como rechazar la salida del sol. Antes bien, la actitud racional más acertada consiste en admitir, estudiar y comprender el fenómeno de la religiosidad, igual que comprendemos y aceptamos otros fenómenos de la naturaleza. Igual que estudiamos el infanticidio que cometen los leones con las crías de otros machos, sin implicarnos sentimentalmente, así deberíamos estudiar la religión, de forma objetiva. Todo lo cual lleva a que aceptemos y comprendamos a las personas que deciden creer en Dios, y que necesitan enfrentarse a ese sentimiento trágico de la vida, unamuniano, imaginando que son eternos. Deberíamos respetar ese sentimiento vital como respetamos a las especies que están apunto de extinguirse, como respetamos la propia vida, cómo nos respetamos a nosotros mismos. En el fondo, todos requerimos alguna forma de trascendencia. El respeto por la objetividad y la libertad exige que respetemos también al creyente, siempre y cuando éste haga lo mismo con nosotros, y sin que importe que sus ideas sean más o menos racionales.

Miércoles, 8 de abril de 2015 a las 12:51 UTC+02

Es tan absurdo, atemporal e irracional reclamar indemnizaciones al pasado como exigirle a tu abuelo muerto que te cuente una anécdota de las suyas. Ee otra forma de jugar a la güija

Lunes, 6 de abril de 2015 a las 22:09 UTC+02

El totalitarismo no es malo si por este se entiende la defensa absoluta de la libertad individual, ABSOLUTA.

Domingo, 5 de abril de 2015 a las 11:35 UTC+02

La mayoría borreguil del vodevil en que se ha convertido este país, clama al cielo exigiendo que se quite el poder y el patrimonio a las élites económicas, poder que según ellos está únicamente en manos de esos empresarios privilegiados y malvados. Su solución: darle ese poder a las elites políticas. Su arma: los impuestos. Es decir, lo que pretenden es trasvasar los bienes económicos desde el ámbito privado en el que se producen y donde se gestionan de forma óptima, al ámbito político en el que ellos medran y garrapatean y donde se despilfarra y se infrautiliza. En definitiva, quieren cambiar una crema saludable por otra corrompida. Y como afirman cínicamente que lo hacen en nombre de la igualdad y los derechos del pueblo, reciben la anuencia de la grey cuadrúpeda que llena el establo en el que se ha convertido este país, y ensucia con sus bostas y sus babas los pasillos y los corrillos a los que acuden las camarillas de facinerosos que medran al amparo de esta ideología parasitaria que es el socialismo.

Domingo, 5 de abril de 2015 a las 10:21 UTC+02

La mayoría borreguil del vodevil en que se ha convertido este país, clama al cielo exigiendo que se quite el poder y el patrimonio a las élites económicas, poder que según ellos está únicamente en manos de esos empresarios privilegiados y malvados. Su solución: darle ese poder a las elites políticas. Su arma: los impuestos. Es decir, lo que pretenden es trasvasar los bienes económicos desde el ámbito privado en el que se producen y donde se gestionan de forma óptima, al ámbito político en el que ellos medran y garrapatean y donde se despilfarra y se infrautiliza. En definitiva, quieren cambiar una crema saludable por otra corrompida. Y como afirman cínicamente que lo hacen en nombre de la igualdad y los derechos del pueblo, reciben la anuencia de la grey cuadrúpeda que llena el establo en el que se ha convertido este país, y ensucia con sus bostas y sus babas los pasillos y los corrillos a los que acuden las camarillas de facinerosos que medran al amparo de esta ideología parasitaria que es el socialismo.

Jueves, 2 de abril de 2015 a las 12:01 UTC+02

OJALÁ HUBIERA MÁS LACALLES Y MENOS LACAYOS, ojalá más liberales como Daniel Lacalle asesoraran a más políticos y gobiernos, y poco a poco fuéramos eliminando el problema social más grande y acuciante de todos, la existencia de esos Estados elefantiásicos. Los liberales o libertarios que dicen defender la libertad, pero que piensan que cualquier roce con los políticos es un paso atrás, no se dan cuenta que ese roce es lo único que puede acabar erosionando la montaña de estadistas que a día de hoy se interponen en esos objetivos libertarios. Estos liberales son tan ilusos como los propios políticos ¿acaso piensan que la reducción o eliminación del Estado se va a conseguir de un plumazo, que mañana nos levantaremos y veremos aquello que soñamos? Seamos sensatos. La guerra se compone siempre de pequeñas batallas. Y Lacalle puede que sea la primera de una serie de ellas. Que no nos ofusque el deseo y que no nos ciegue la precipitación. Ser liberal también significa ser realista, precisamente el liberalismo se basa en la observación de un mundo alejado de esas imágenes utópicas que pinta el socialismo y los estadistas. Ser liberal no significa romper con todo, no aceptar una transición. Seamos liberales de verdad. Admitamos que debemos caminar despacio hacia nuestros objetivos. De lo contrario seremos tan irreales como el gato de las botas de siete leguas. O como los anarquistas (y algunos anarcocapitalistas) que en su locura vienen a negar cualquier sistema.

Sábado, 21 de marzo de 2015 a las 16:34 UTC+01

Algunos liberales advenedizos todavía no se dan cuenta de la gran suerte que tenemos en España al tener entre nosotros a una persona que reúne ella sola todas las características necesarias para difundir las ideas que defienden la libertad individual. Jesús Huerta de Soto tiene amplios recursos económicos, conocimiento empresarial, y lustre académico. Es inteligentisimo, locuaz, rico, simpático, y no se muerde la lengua. En buena medida, le debemos a él que se haya creado en nuestro país un núcleo de liberales austriacos de reconocimiento internacional. Si a esto sumamos la figura de Juan Ramón Rallo, que cubre esa parte del espectro que Huerta no abarca, esto es, la prensa y los medios de comunicación, tenemos ya todos los flancos protegidos y bien amartillados. No se puede pedir más. Pese a todo, todavía hay liberales que critican a uno u otro. Desde luego están en su derecho de hacerlo. Pero lo que no se puede decir es que no tengamos suficientes armas. Visto.

Viernes, 13 de marzo de 2015 a las 12:19 UTC+01

Comentario de un liberal: “como liberal debo decir que estoy en contra de las leyes que prohíben el incesto. Ergo, dentro de los criterios de esta página, seguiría siendo correcto aún si el óvulo fuera de la madre.” La endogamia produce homocigosis. Todos tenemos dos copias de cada gen. Si se cruzan individuos emparentados sus descendientes tienen esas copias absolutamente iguales. Así que si hay una copia con una mutación deletérea que provoque una enfermedad mortal o una mutación que produzca discapacidad, en homocigosis esas mutaciones no quedan enmascaradas por la copia buena, porque las dos son iguales, y lo que se está concibiendo es una criatura que tendrá diversos problemas de salud o que se morirá a una temprana edad. Al defender el incesto estás condenando al recién nacido a una vida de sufrimiento y dolor. Este apoyo del incesto es un ejemplo bueno de esa actitud del anarcocapitalista que combina la ignorancia y la permisibilidad y que acaba promoviendo todo tipo de padecimientos.

Jueves, 12 de marzo de 2015 a las 15:43 UTC+01

El único derecho universal que existe es el derecho individual a buscar la propia felicidad, el cual debe ser amparado de forma general, sin secesiones. La secesión no es un derecho universal, depende de las circunstancias. Separarse de una tiranía es bueno. Separarse de una nación más libre para constituir o formar parte de otra más tiránica es malo. Como la secesión depende siempre de las circunstancias, no puede ser un derecho universal.

Jueves, 12 de marzo de 2015 a las 14:00 UTC+01

Orgulloso de que un anarcocapitalista me llame liberal clásico y me incluya en el grupo de Mises y Hayek. Orgulloso de que un cientista positivista afirme que pierdo el tiempo leyendo a los filósofos clásicos. Orgulloso de que un revolucionario progre socialistoide diga que soy un clasicista y un conservador. Orgulloso de creer en la verdadera evolución, la que se basa en el abolengo y las herencias, la que camina sobre hombros de gigantes, la que construye sobre cimientos sólidos, la que avanza con cierta modestia, sin arrogarse una independencia total, y sin promover una revolución completa, una secesión incondicional, una sedición absoluta, o una anarquía libertina.

Sábado, 28 de febrero de 2015 a las 17:21 UTC+01

Cuando comprenderá el ser humano algo tan simple como que el gasto y el déficit, sin ahorro previo, son malos compañeros, y constituyen atentados contra la lógica más básica. Cuando comprenderá que dos más dos son cuatro y no seis o siete o cien mil, o lo que le dé la gana al político de turno. Vean esta píldora de sabiduría, escrita en El País: “Grecia le ha hecho un favor al resto de Europa. Recuerden, en el telón de fondo del drama griego hay una economía europea que, a pesar de las cifras positivas que registra últimamente, todavía da la impresión de estar cayendo en una trampa deflacionista. Europa en su conjunto necesita desesperadamente acabar con la locura de la austeridad, y esta semana ha habido algunos indicios ligeramente positivos. En especial, que la Comisión Europea ha decidido no multar a Francia e Italia por sobrepasar sus objetivos de déficit.”

Viernes, 9 de enero de 2015 a las 20:36 UTC+01

Los hermanos Kouachi-humanos ya no existen. Hay hombres que no se merecen vivir y que es necesario que mueran para que todos vivamos. Hay vidas que no valen nada, precisamente porque no dan ningún valor a la vida.

Miércoles, 7 de enero de 2015 a las 19:40 UTC+01

¿Alguien cree que no hay opciones un poquito más higiénicas? Lo que pasa es que a la gente se le pone dura cada vez que escucha alguna monserga comunista o socialista, cada vez que un nuevo gurú les promete el paraíso y apela a su credulancia y su estupidez. Asi nos pasamos la vida, de una enfermedad venérea a otra. Primero con el zapaterismo, ahora con el rajoyismo, mañana con el pablismo, de mal en peor.

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Los argumentos de Margaret Thatcher

“Amo los argumentos, amo el debate y no espero que quien se siente frente a mí esté de acuerdo conmigo”.

thatcher

Hace unos días, en una clase, mientras explicaba el origen del hombre, un chico se levantó de su asiento y me pidió educadamente que no siguiera hablando, porque en aquella clase había muchas personas susceptibles que podían sentirse ofendidas. Tuve que parar la explicación para darle una lección de ética. El respeto no consiste en silenciar al disidente. Consiste en aceptar sus ideas con nobleza, por mucho daño que nos puedan hacer ¿Qué sentido tiene un respeto que no acata ni se enfrenta a ninguna opinión? En esta ocasión la admonición venía de un menor preadolescente. Pero el verdadero drama de nuestro tiempo es la existencia de un número considerable de adultos que piensan y razonan igual que ese niño. Se creen los adalides del respeto. Te piden con voz engolada que te calles. Aparentan tratarte con consideración y deferencia. Pero solo son un trasunto del tirano, una versión más hipócrita.

Es curioso la cantidad de veces que te dicen: para qué discutir si no vamos a llegar a ningún acuerdo. Enfrentar las ideas es lo único que lleva a cambiar de opinión y evolucionar, pero no es lo único para lo que sirve la controversia. Más tarde, las disputas dialécticas también permiten reforzar las opiniones cuando éstas ya han encontrado un asidero sólido y no necesitan modificarse más. Además, el debate es lo único que puede demostrar el respeto que se procesa hacia los demás. Y por si esto fuera poco, está el mero hecho de discutir por amor al arte, para satisfacer el placer estético que nace de admirar los buenos argumentos. Cuando te digan que no merece la pena discutir, diles que entonces tampoco merece la pena vivir. Solo los muertos han perdido definitivamente la capacidad de hablar. El habla es la característica evolutiva que más ha impulsado el progreso humano. Y la discusión es sin duda su expresión más elevada. Solo nos convertimos en verdaderos humanos cuando comenzamos a hablar y construimos un lenguaje complejo. Y solo alcanzamos la civilización cuando aprendimos a discutir y respetar las opiniones ajenas, sin acallar a nadie.

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La religión de Taleb

“Si algo lleva existiendo mucho tiempo (por ejemplo la religión) entonces, irracional o no, puede estar seguro de que continuara existiendo mucho tiempo más y que sobrevivirá a todos cuantos piden su desaparición.” (Nassim Taleb)

La idea de Dios es y será siempre el resultado lógico de un desconocimiento abismático, que ha de acompañar al hombre mientras éste exista, por los siglos de los siglos. Ningún conocimiento futuro podrá jamás ocupar el espacio que aprovecha la creencia para medrar, pues es imposible que desaparezca el más allá por muy allá que lleguemos en nuestros descubrimientos mañaneros. La eternidad que los creyentes atribuyen a Dios es un concepto oportunista, se alimenta de esa otra eternidad que asegura que nunca vamos a poder estar completamente convencidos de que ya no existe nada más que conocer. La idea de Dios, la muerte, o el desconocimiento de una parte de la realidad, son hechos consustanciales a la vida. Podemos vivir de espaldas a Dios. También podemos inventar el elixir de la eterna juventud. No obstante, la muerte no va a dejar de ser una posibilidad. Siempre habrá un cuarto oscuro al final del pasillo para aquellos que quieran dejar de existir. Y de igual manera, siempre habrá un más allá inhóspito para aquellos que deseen pensar que la vida no se acaba después de la muerte. Ni siquiera el conocimiento de todo el universo puede garantizar que conocemos todo lo que existe. Siempre habrá un agujero negro al final del pasillo; otros universos inaccesibles. Y siempre existirá la religión. La religión es la eternidad de lo inefable.

 

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Historia de la energía: una epopeya bíblica

Las revoluciones han venido siempre a rebufo de algún avance importante en materia energética. La primera de todas tuvo como protagonista a las bacterias, grupo de organismos que constituyen el reino Monera. Estos seres infinitesimales son los grandes inventores de la vida (han inventado todo el metabolismo). Entre sus más grandes hazañas también se cuenta la capacidad de producir energía a partir de la materia inorgánica, y almacenarla luego (para el transporte y la distribución) en unas moléculas que parecen hechas por un joyero para esa función: el ATP (adenosín trifosfato).

La segunda revolución es una de las más importantes, y también tiene como principal actor de reparto a las heroínas de la naturaleza: las bacterias. Las llamadas cianobacterias aprendieron a producir ATP rompiendo moléculas de agua mediante el uso de la luz (fotosíntesis oxigénica), generando como desecho oxígeno. Y ahí estuvo el quid de la cuestión. Las propias cianobacterias, y más tarde otro gran número de organismos, encontraron una solución todavía más maravillosa. Consiguieron reutilizar ese desecho, el oxígeno, para quemar moléculas orgánicas y lograr un rendimiento energético muy superior (por tanto, también son las inventoras del reciclaje). Hasta entonces solo se oxidaban hidratos de carbono de forma parcial, mediante fermentaciones anaeróbicas bastante precarias. Poco a poco la Tierra se fue inundando de oxígeno, pasando de tener trazas a constituir el 21% del total de gases que componen la atmósfera. Por encima de esa cantidad es probable que la situación se hubiera vuelto insostenible, ya que el oxígeno es altamente inflamable. Pero la proporción se equilibró mágicamente, como siempre se equilibra todo en la vida, en ese 21%, y los organismos supervivientes empezaron a copiar la estrategia de las cianobacterias. Los que no podían utilizar el oxígeno como oxidante para producir energía morían envenenados y tenían que retirarse a hábitats anoxigénicos. Quedaron, primero enterrados en el suelo y, más tarde, en el fondo de los estómagos de los herbívoros que acabarían poblando la Tierra.

La tercera revolución energética tuvo lugar cuando dos bacterias heterótrofas se fusionaron en un proceso llamado endosimbiosis. Una bacteria heterótrofa se comió a otra, y por alguna razón no la llegó a digerir. Se quedó en cambio flotando en su citoplasma para siempre y convirtiéndose en lo que hoy conocemos como mitocondrias. Los cloroplastos de las plantas tienen un origen similar. Con ello nacen las células eucariotas, ahítas de orgánulos, mucho más complejas que las bacterias. Esta complejidad es la base para la aparición de la pluricelularidad y los organismos de tamaño grande. Si las cianobacterias no hubieran descubierto las enormes posibilidades que tiene el empleo de oxígeno para obtener energía, probablemente nada de lo que vemos hoy sería realidad. Gracias a ese proceso de generación tan eficiente, es que ahora pueden existir grandes animales que corren por la sabana tirando de un consumo energético inimaginable para las bacterias procariotas de entonces.

La siguiente revolución tuvo lugar cuando algunos de esos animales de cuerpos grandes lograron una independencia energética todavía mucho mayor al conseguir utilizar parte de la energía para generar calor. Aparecen entonces los seres vivos endotermos, con movimientos mucho más ágiles y rápidos, que les proporcionan una adaptabilidad muy superior (pues no tenían que desperezarse cada mañana tomando largos baños de sol). Esto disparó todavía más la capacidad de movimiento de los organismos voluminosos y les permitió colonizar hábitats hasta entonces vetados para ellos. En el Mesozoico los reptiles se convirtieron en poderosísimas máquinas de matar, hecho principal que ha contribuido a la leyenda de los dinosaurios que hoy deja ojipláticos a niños y mayores.

La siguiente revolución tiene lugar ya en tiempos del hombre, cuando aparece el género humano. Algunos homínidos aprendieron a dominar el fuego y asar en la hoguera los trozos de carne que previamente habían despiezado. Esto abrió las puertas a una dieta mucho más rica y energética (el fuego permite una primera digestión externa de los alimentos, antes de ser consumidos, que facilita mucho la absorción de nutrientes). Hasta hoy todos los primates son básicamente herbívoros, aunque hagan de vez en cuando algunas incursiones para cazar (como los chimpancés). El hombre en cambio es la única especie de simio que cambió su dieta de forma radical, volviéndose principalmente carnívoro. Esto le aportó unos recursos extra, con un valor energético infinitamente superior, lo cual fue la base (entre otras cosas) para el desarrollo del cerebro, que pasó en poco tiempo de tener la dimensión de un chimpancé (400-500 cc) a la de un hombre actual (en torno a 1300 cc). No en vano, el cerebro es el órgano de nuestro cuerpo que más energía gasta.

Otra revolución posterior consistió en domesticar a los animales y las plantas. Con ello, aparecen las aldeas, el hombre abandona el nomadismo y se establece como agricultor y ganadero. Las fuentes de energía están ahora al alcance de la mano (en la cuadra y la vega). La civilización tal y como la conocemos está empezando a despuntar.

Pero habrá que esperar 10000 años para asistir a otro acontecimiento revolucionario, la revolución industrial. Las fuentes de carbón primero, y ya en el siglo XX los hidrocarburos extraídos a partir del petróleo, han permitido al ser humano pegar el acelerón definitivo, el último que hasta ahora podemos constatar en la carrera de la vida.

Por fin, la última revolución de todas se está fraguando ahora mismo. En vez de esperar a que la fotosíntesis haga crecer a los vegetales y que millones de masas arbóreas y trillones de toneladas de organismos planctónicos queden enterrados y comprimidos bajo tierra (empaquetados), el hombre está sustituyendo paulatinamente la extracción de carbón y petróleo por el uso directo de la energía del Sol (células fotovoltaicas), sin pasar por todos esos intermediarios naturales. Incluso se atreve a reproducir en el laboratorio pequeños esbozos de soles (fusión nuclear) ¿Cabe imaginar una revolución mayor? Pues sí.

Llegará el día en que nos enfrentemos a la colonización del Sistema Solar completo, para lo cual tendremos que usar toda la energía que produce nuestra estrella (de la cual hoy se desperdicia más del 99%), apoyándonos también en esas nuevas tecnologías que ya permiten fabricar algunos bocetos de soles. La esfera de Dyson es una megaestructura astronómica, propuesta en 1960 por el físico Freeman Dyson, que rodea completamente al Sol y aprovecha al máximo la energía lumínica y térmica del astro.

La última revolución energética será la antesala de una transformación sin precedentes. Cuando hayamos construido una esfera de Dyson, pasaremos de ser una civilización de tipo I en la escala de Kardashov, que sólo utiliza recursos de la Tierra, a una civilización de tipo II, que aprovecha todos los recursos del Sistema Solar. Y todo gracias a aquellas primeras criaturas, las cianobacterias, que un día, allá por el eón Arcaico, consiguieron un prodigio asombroso, casi a la altura del que ahora nosotros estamos a punto de alcanzar. Fabricaron ATP usando también la luz del Sol para romper el agua, y con los restos produjeron todavía mucho más ATP quemando hidratos de carbono. En un mundo de escasez, en el que la economía está obligada a basarse en esa condición para poner precio y trabajo a todos sus productos, la clave de la prosperidad consiste en encontrar recursos baratos y abundantes, y no hay nada más abundante y barato que el agua líquida y la luz del Sol.

Cuando la escasez energética deje de ser (en cierto modo) un factor limitante, y disminuya al mínimo la necesidad de trabajar –dicen algunos- habremos llegado al final del camino, ya no será necesario esforzarse. Otros en cambio ven la vida con un poco más de perspectiva, de forma menos ilusa. La epopeya de la energía es un camino que no tiene fin ni descanso. El tamaño es el propio universo. Las necesidades humanas se multiplican siguiendo el mismo ritmo que el abaratamiento de los recursos. No importa lo mucho que disminuya el precio de las energías. Las necesidades aumentan a la misma velocidad, y no se sacian nunca: tienen una capacidad infinita. Cuando hayamos colonizado toda la galaxia, nos quedará todavía la conquista del universo, y es muy probable que nos falten soles para tantos sueños.

 

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50 sistemas sociales en los que la razón objetiva y la libertad han quedado relegadas y suplantadas por el totalitarismo

Desde tiempo inmemorial, el hombre ha tenido solo una idea fija entre ceja y ceja: hacer que los demás se comporten como él cree que deben hacerlo. Esto se ha traducido en un sinnúmero de tiranías, tanto domesticas (familiares) como políticas. En ocasiones esas pretensiones llegan a ser patéticas, y se vuelven minuciosas y obsesivas. Todos los días nos enfrentamos a algún tipo de tirano, por la calle o en nuestra casa, que nos conmina a actuar de la forma que a él le place. La imposición moral es el enemigo público número uno de los librepensadores. La vida siempre ha sido mucho mejor sin esos moralistas quisquillosos y entrometidos. He aquí algunos de los resultados que ha tenido esa política de esclavos:

– Nazismo: la condición de rubio te da la razón
– Comunismo: la condición de obrero te da la razón
– Socialismo: la condición de progre te da la razón
– Keynesianismo: la condición de moroso te da la razón
– Democraticismo: la condición de mayoría te da la razón
– Mesianismo: la condición de iluminado te da la razón
– Supremacismo: la condición de blanco te da la razón
– Africanismo: la condición de negrata te da la razón
– Integrismo: la condición de salvaje te da la razón
– Igualitarismo: la condición de semejante te da la razón
– Feminismo: la condición de fea te da la razón
– Multiculturalismo: la condición de emigrante te da la razón
– Indigenismo: la condición de nativo te da la razón
– Servilismo: la condición de pope te da la razón
– Pobrismo: la condición de marginado te da la razón
– Relativismo: la condición de ignorante te da la razón
– Pedagogismo: la condición de alumno te da la razón
– Academicismo: la condición de colegiado te da la razón
– Esnobismo: la condición de innovador te da la razón
– Buenismo: la condición de mártir te da la razón
– Optimismo: la condición de ingenuo te da la razón
– Anarcocapitalismo: la condición de propietario te da la razón
– Evolucionismo: la condición de superviviente te da la razón
– Sindicalismo: la condición de liberado te da la razón
– Infantilismo: la condición de llorica te da la razón
– Nacionalismo: la condición de patriota te da la razón
– Conservadurismo: la condición de antigualla te da la razón
– Moralismo: la condición de pesado te da la razón
– Mercantilismo: la condición de agricultor te da la razón
– Ludismo: la condición de retrasado te da la razón
– Nudismo: la condición de despojado te da la razón
– Vegetarianismo: la condición de herbívoro te da la razón
– Animalismo: la condición de bestia te da la razón
– Corporativismo: la condición de oveja te da la razón
– Culturismo: la condición de quebrantahuesos te da la razón
– Culturalismo: la condición de cultureta te da la razón
– Holismo: la condición de irreductible te da la razón
– Hegelianismo: la condición de ininteligible te da la razón
– Esoterismo: la condición de alienado te da la razón
– Edonismo: la condición de vago te da la razón
– Pensionismo: la condición de jubilado te da la razón
– Mercachiflismo: la condición de charlatán te da la razón
– Sectarismo: la condición de elegido te da la razón
– Maniqueismo: la condición de miope te da la razón
– Altruismo: la condición de desprendido te da la razón
– Paletismo: la condición de pueblerino te da la razón
– Ecologismo: la condición de ciclista te da la razón
– Naturalismo: la condición de romántico te da la razón
– Intervencionismo: la condición de político te da la razón
– Fusionismo: la condición de chef te da la razón

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Los versos de Richard Dawkins

Un gen egoísta muy andarín dijo:
«Tantísimos cuerpos ya ví.
Se creen muy despiertos
pero yo soy eterno.
No son más que mis máquinas 
de sobrevivir».” (Richard Dawkins)

Leer a Dawkins es un ejercicio de humildad sin precedentes. Si acaso, solo puede compararse con aquella otra humillación que aconteció tras los descubrimientos de Galileo. La sensación que uno tiene es la de estar leyendo una novela de ciencia ficción, salvo por el hecho de que en ella no se describe un futuro lejano, sino toda la historia de la Tierra. Tampoco estamos ante una utopía, más bien asistimos a una distopía indeseable. El hombre queda empequeñecido cuando se compara con el propósito ciego de la naturaleza. Su desaparición no significa nada. Ya sabíamos que no habitamos el centro del universo. Pero gracias a Dawkins también conocemos la ridícula función que nos ha sido asignada en esta esquina del cosmos: servir de carcasa para un gen. Nuestro ego se ve rebajado sustancialmente cuando comprendemos que estamos siendo (todo el tiempo) utilizados y despreciados por una simple molécula apenas perceptible.

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Mis amigos los conservadores: carta de un liberal

Ya es hora de que los liberales empecemos a preguntarnos por qué congeniamos más con el conservador tradicional que con el revolucionario sedicioso, y por qué tendemos a asociar a la izquierda con las revoluciones y las convulsiones sociales más que con las tradiciones antiguas. Las leyes no son correctas porque sean vetustas, y tampoco porque sean modernas. Hasta ahí estamos de acuerdo. Las ideologías sólo son buenas porque, quienes las proclaman y las imparten, se atienen escrupulosamente a la verdad de los hechos. Sin embargo, esta afirmación no es del todo simétrica. Hay en las cosas antiguas una cualidad que supone una ventaja sobre las modernas, y que hace que la balanza se incline hacia estas últimas, haciendo también que los liberales se acerquen a los postulados que defienden los conservadores y que rechazan los revolucionarios. Las cosas antiguas, las que aún perduran hoy en día, han sido probadas a lo largo de millones de años de evolución, y han demostrado que pueden sobrevivir en las condiciones más adversas. Nadie puede decir lo mismo de una propuesta revolucionaria. Estamos de acuerdo en que los cambios son siempre necesarios, pero estos solo se podrán llevar a cabo sobre sistemas antiguos y robustos, de una solidez demostrada. Al fin y al cabo, las cosas antiguas están formadas también por miles de pequeños cambios y revoluciones pasadas, que en este caso ya han demostrado su utilidad práctica.

Por eso es que, de todas las revoluciones que puedan imaginarse, las más peligrosas son aquellas que quieren cargarse todo el pasado. La evolución progresa a través de pequeñas mutaciones graduales. Los saltos puntuados son hechos excepcionales. Los organismos están ajustados para funcionar de una manera precisa, han sido calibrados a lo largo de los eones. Es casi imposible que un golpe dado con fuerza en un reloj de cuerda pueda conllevar algún beneficio adicional para éste. Lo mismo ocurre con la sociedad. Las revoluciones que emprende la izquierda mediática siempre suelen salir mal. No solo quieren cambiar la sociedad, sino que lo quieren modificar todo (también la naturaleza), y además lo quieren hacer en países medianamente avanzados, con una solidez demostrada.

Por todo lo anterior, los liberales no congeniamos tanto con la izquierda como con los conservadores. El liberal parte de un principio natural absolutamente cierto: la existencia del individuo y la protección de todos aquellos incentivos y garantías que le permiten sobrevivir: la seguridad, la propiedad y la vida. Si el liberal defiende la vida tal y como ha funcionado a lo largo de millones de años, no le debería extrañar verse frecuentando los mismos lugares a los que acuden sus amigos los conservadores.

Es normal que un liberal afee el comportamiento de un conservador que, en el devenir de su ceguera, solo acierta a ver correctas aquellas tradiciones en las que se ha criado de pequeño. También está bien que el liberal inste al conservador a ser más crítico con aquellas visiones que le inculcan los mayores sin apelar a la razón, por pura convención moral, cuando todavía tiene la mente susceptible. Pero no haría bien si, por mor de esta censura, quisiera diferenciarse tanto del tradicionalismo que, viéndose rodeado de conservadores por un lado y revolucionarios izquierdistas por el otro, no supiera decidir cuáles son sus mejores amigos y sus compañeros de viaje.

No es extraño que el socialista no quiera aliarse con los conservadores. Su ideología está muy lejos de describir la realidad. Una realidad que, sin la menor de las dudas, es la que ha venido seleccionando aquellas cosas que mejor se conservaban.

No todo lo que se conserva es bueno. Pero sí es verdad que casi todo lo bueno tiende a conservarse. Hagamos de esta sociedad algo bueno, asociémonos con aquellos seres más moderados que quieren conservar el mundo tal y como funciona, y no con aquellos rebeldes que quieren que funcione tal y como ellos esperarían.

La Ilustración nos enseñó que el universo no está hecho a la medida del hombre. Los socialistas aprendieron muy bien esta lección al objeto de utilizarla contra la religión, que afirmaba que todos los astros giraban alrededor del cristiano o el devoto. Pero, paradójicamente, se les olvidó luego cuando, tras matar al demiurgo, quisieron ellos hacer de dioses y crear un mundo nuevo alrededor del falansterio.

Los idealistas pretenden mejorar la sociedad como si fueran ellos los primeros creadores. En cambio los conservadores, más realistas, solo esperan implementar aquellos cambios puntuales que mejoran lo que la naturaleza ya ha perfeccionado con anterioridad. Yo no tengo ninguna duda sobre cuál de las dos posturas es la que al final permite el desarrollo permanente y sostenido de los países, si aquella que observa el mundo con mirada de científico, modificando levemente las teorías previas para ampliar su marco de aplicación, manteniendo una atención escrupulosa y aviniéndose a la historia tradicional, el legado intelectual y las normas de la naturaleza, o aquella otra que quiere cambiar completamente el orden de las cosas, y que viene a enmendar la plana a la Diosa Razón y la Madre Tierra.

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¿Por qué soy un liberal conservador?

Un liberal sensu stricto cree unilateralmente en un único principio básico: el individuo, lo cual le convierte en el principal azote de totalitarios y sátrapas de toda laya. Pero muchas veces, tanta es su abstracción y su abnegación individualista, que tiende a olvidar todo el conjunto de marcos supraindividuales que limitan y definen a esos individuos: la idiosincrasia, el contexto, la geografía, la historia, la situación política, o la cultura tradicional, realidades todas ellas que pueden haber marcado la buena marcha de un determinado país o de una civilización, y de las que los individuos no pueden abstraerse.

Por el contrario, un conservador ortodoxo no suele referirse al individuo con tanta determinación, tiende más bien a exaltar la religión o cultura en la que le han educado, sin preguntarse si esa doctrina defiende o no una moral objetiva, paralizado por los primeros relatos que le han contado sus padres. No obstante, aquel conservador que ha tenido la suerte de nacer en una sociedad civilizada acaba protegiendo, aunque sea por casualidad (esto no importa), aquellos derechos humanos y aquellos contextos correctos en los que ha crecido, y lo hace con mucho más acierto y sensatez que el liberal individualista que solo repite maquinalmente frases y expresiones que priorizan al individuo y excluyen su entorno y su trama.

Cada uno de ellos, el liberal y el conservador, tiene sus propios sesgos de confirmación. Por eso, tal vez la decisión más sensata sea la que adopta el llamado “liberal conservador”, que coge lo bueno de ambas posturas y elabora con ellas una visión completa del mundo: con individuos, pero también con sociedades, contextos, ambientes. No hay nada peor que el maniqueísmo rampante que solo acierta a ver un nivel exclusivo de la realidad. Por eso no deberían asustarse, mis queridos amigos, cuando alguien añada a esa hermosa palabra que se escribe con L mayúscula: Liberal, otra que apele a la conservación de algunas tradiciones. Puede que el que les señale les esté acusando de beatería, patriotería, u homofobia. Pero ustedes saben que son auténticos liberales, y que su conservadurismo no tiene nada que ver con la pedantería religiosa, el chovinismo o la inclinación sexual, sino que apela a las tradiciones más importantes, la cultura y la naturaleza, que se han venido conservando (por algo) desde que el hombre apareció y fundó aldeas y familias, y desde el mismo momento en que surgió en Grecia la civilización que estaría llamada a formar el conjunto de costumbres e ideas más importante y avanzado de todos cuantos han existido: la civilización occidental.

No tengan miedo de que les llamen conservadores, pues la libertad es ante todo un principio que hay que conservar a toda costa. Es más, un principio solo cobra sentido si hace abstracción de la realidad pasajera del sujeto y consigue ser intemporal y aplicarse en todo momento y lugar, esto es, si se conserva. En un mundo lleno de peligros y agresiones, los conservantes evitan que las cosas se acaben pudriendo. El liberal debe ser, sobre todo y ante todo, una lata de conservas: un conservador ejemplar, una persona religiosa, un hombre de familia, un patriota convencido, y un occidental irrestricto. Y deberá ser todas esas cosas aunque no crea en Dios, ni tenga familia, ni defienda a su país, ni viva en Occidente. Será todo eso porque cree que la religión, la familia, el país o la cultura, son contextos en los que vive y se desarrolla el individuo, que solo puede vivir y desarrollarse dentro de ellos, que así ha sido siempre, y que por tanto solo se puede defender la libertad de esos individuos si se protegen al mismo tiempo los contextos tradicionales más adecuados en los que estos habitan. En definitiva, un liberal solo podrá defender sus valores si además es un conservador de pro; si es un liberal conservador.

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Rallo no es Dios: también se equivoca

Que lejos está Rallo, en la cuestión nacional, del genio y el sentido común que yo le atribuyo en muchas otras áreas del pensamiento. Para Rallo, derogar las autonomías setenteras, prohibir los partidos nacionalistas, controlar la inmigración ilegal, y promover el plan hidrológico nacional, es ir claramente en contra de la libertad individual. Lo dice en un artículo aparecido esta semana en El Confidencial (abajo tienen la fuente).

Al parecer son los sistemas autonómicos, que crean ciudadanos de primera y segunda clase, los partidos políticos, que quieren cargarse el marco general de convivencia que nos hemos dado todos los españoles de mutuo acuerdo, los inmigrantes, que en ocasiones vienen a España a delinquir, y los chovinistas que hace unos años boicotearon el trasvase del Ebro comprometiendo con ello la economía familiar de millones de individuos, los verdaderos puntos de referencia que hay que seguir si queremos expandir la libertad de esos individuos.

La manía persecutoria de ciertos liberales, que quieren negarle al Estado central cualquier papel importante, defendiendo cualquier expresión individual o minoritaria y cualquier cosa que suene a división, respeto de las minorías, o mercado privado, está cortocircuitando la mente de muchos librepensadores. Como decía Popper, la tolerancia a veces también es hija de la tiranía. Pues bien, en este caso constatamos de nuevo la misma paradoja. Hay ocasiones en las que el individualismo metodológico lleva a creer que toda división del Estado es buena, siendo que algunas veces esa segregación está alumbrando un abuso y un desorden mucho mayores.

Me dice un amigo que Rallo está a favor de la supresión de las autonomías si es para realizar una mayor descentralización, pero nunca si es para blindar esas nuevas regiones impidiendo que ellas mismas sean objeto de nuevas divisiones. Pero esa mayor descentralización a la que se refiere Rallo ya existe hoy en día: se llaman provincias. No hacen falta esas alforjas. Ya tenemos una división administrativa funcional operando a pleno rendimiento. Lo que hay que hacer es concretar sus competencias.

Como se puede ver, no estoy en contra de toda descentralización. De lo que estoy en contra es de todas las autonomías y todas las administraciones redundantes, estoy en contra de trocear un país hasta el infinito. No estoy de acuerdo con la segregación incondicional que plantea Rallo porque creo que algunas funciones importantes tienen que estar centralizadas y porque no creo que el futuro consista en volver a las taifas. Pero tampoco abogo por una centralización incondicional de todas las funciones. El problema es algo más complejo que todo eso.

La cuestión principal es que no pueden existir niveles superfluos de organización estatal sin dañar al sistema. Aquí hay dos problemas que se suelen mezclar. Uno es el problema de las duplicidades, que por si solo ya debería bastar para eliminar las autonomías. El otro es el que nos lleva a dirimir el tipo de autonomía que queremos dar a las unidades administrativas territoriales que constituyan finalmente un único nivel de ordenación infraestatal. En este caso se puede discutir más. Yo estoy a favor de conservar algunas competencias esenciales para el Estado, como por ejemplo el control del déficit, y descentralizar otras tales como la gestión de los recursos y las rentas que cada provincia genera de manera autónoma. Con lo que no estoy de acuerdo es con esa segregación multinivel que defiende Rallo, ni con la centralización exagerada que apoyan aquellos que reclaman a gritos una caja común y una solidaridad fiscal entre regiones.

El nudo gordiano del asunto consiste en discriminar (siempre consiste en eso) aquellas funciones básicas que comprometen el bienestar común de todos los ciudadanos y que por tanto deben quedar en las manos del Estado, de aquellas otras que fomentan una competencia sana y que dependen sobre todo del esfuerzo o mérito particular de una determinada zona del país. Toda solución que pase por plantear una ruptura o una unión incondicional o indiscriminada estará ninguneando alguno de estos dos aspectos. Rallo no contempla ningún fundamento esencial válido que deba quedar en manos del estado central, siempre y cuando el país se pueda disolver en un sinfín abigarrado de pequeñísimas regiones. Los unionistas más extremos, y la mayoría de socialistas, quieren que el Estado  asimile funciones que en realidad solo pueden pertenecer al mercado, distribuyendo las rentas sin atender al esfuerzo, entre aquellas comunidades más pobres. Yo lo que quiero es que se atienda correctamente a todas las necesidades, las que requiere el conjunto de la nación, y las que se pueden particularizar a nivel de provincia. Creo que esa visión es la que más se aproxima a un verdadero análisis integrador, que abarque todas las categorías administrativas, sin incurrir por ello en grandes costes o duplicidades inútiles.

Artículo de Rallo:

https://blogs.elconfidencial.com/economia/laissez-faire/2018-10-10/colectivismo-derechas-amenaza-libertad_1627735/?fbclid=IwAR2JCMfKGqPX1GFdLNrDsngNPLuA2iA4yKd1CxqkBSvLFs3f_4iT7VukIn4

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Religión y socialismo: dos necedades y un mismo error

¿Que hace el socialista para explicar la riqueza? Nada. El socialista coge la riqueza, se llena los bolsillos, la reparte entre sus amigotes, concede subvenciones, y con los restos hace cestos y se los da a los pobres. El socialista no sabe explicar la riqueza. Para el socialista la riqueza se genera cuando el político obliga a alguien, más rico, a ceder involuntariamente parte de sus emolumentos a alguien más pobre. Ahora bien, en esta aclaración queda sin explicar cómo se ha enriquecido el primer oferente.

¿Que hace la religión para explicar el mundo? Nada. El devoto tampoco explica cómo se ordenan las cosas, y no ofrece ninguna solución para entender por qué vivimos en un mundo tan complejo. Su única respuesta consiste en explicar la complejidad (la inteligencia humana) con una complejidad (o inteligencia) todavía mayor (Dios). Igual hace el socialista, que explica el enriquecimiento acudiendo a una riqueza de orden superior (robándole el dinero a los ricos), sin preocuparse por entender las causas originales que llevan a una persona a acumular bienes.

El socialista soluciona (o explica) la riqueza retrayendo dinero de las personas más ricas, pero deja sin explicar cómo ese primer rico ha llegado a tener tantos recursos. El religioso explica la inteligencia con más inteligencia, pero deja igualmente sin explicar cómo esa primera inteligencia ha llegado a tener tantas capacidades. En ambos casos no se aclara ni se dilucida nada, simplemente se utilizan los efectos para intentar explicar esos mismos efectos.

El socialismo y la religión tienen múltiples coincidencias. Pero quizás la más grave y representativa de todas sea esa similitud que nos encontramos cuando constatamos que ninguna de las dos visiones sabe explicar nada.

Cierto amigo me preguntaba un día si yo creía que sería posible que una inteligencia alienígena hubiera creado la vida en la Tierra. Esperaba de mí una respuesta afirmativa. Y cuando se la dí, pensó que había encontrado un agujero en mis argumentos por el que arrastrarse. Me dijo que esta creencia mía era indistinguible de aquella otra que afirma que somos una creación divina. Cabe señalar, sin embargo, que yo no busco con esa afirmación entender el origen último de la inteligencia y la complejidad, como sí pretende la religión. Es muy distinto creer en la remota posibilidad de que una inteligencia superior se haya preocupado en crear un espacio apropiado para que vivamos nosotros, que creer que lo ha hecho una divinidad abstrusa (religiosa). En primer lugar, la heurística de la religión y la de la ciencia son completamente opuestas. La religión dice que Dios existe porque sí, y le asigna unas cualidades humanas bastante sospechosas. La ciencia simplemente contempla la posibilidad real de que no seamos la primera inteligencia que contempla los astros, pero jamás cejará en su empeño por entender cómo ha podido evolucionar esa inteligencia, ya sea aquí en la Tierra, o allende las estrellas. La ciencia utiliza una forma de razonamiento mucho más avanzado (y coherente). La religión, en cambio, usa una lógica pobre y pueril. Aunque al final la conclusión de ambas se parezca en algunos puntos, en el fondo no tienen nada que ver ni en los contenidos ni en las formas.

La religión diría: ¡que sabio es Dios que nos ha colocado una nariz para poder sostener las gafas! En cambio, gracias a la ciencia y el descubrimiento de la evolución sabemos que ha sido al revés. Nosotros hemos adaptado las gafas a la forma de nuestra nariz. En ambos casos el resultado es un órgano perfectamente ajustado a las condiciones o necesidades de su entorno. Pero esto no quiere decir que el órgano en cuestión haya sido creado deliberadamente por alguien. Lo que quiero afirmar con esto es que la religión no entra a valorar las causas reales de los fenómenos, se limita a inventarse una historia perfecta. La ciencia, por el contrario, no se dedica a poner parches absurdos. Aunque existiera una raza superior de alienígenas que se hubiera entretenido en crearnos, las preguntas lógicas que nos hacemos sobre el origen de la vida seguirían siendo necesarias y seguirían teniendo sentido. ¿Cómo evolucionaron los propios alienígenas? La respuesta está en el propio mecanismo de la evolución, no en la idea de Dios.

El universo tiene las constantes cosmológicas ajustadas al milímetro para permitir que nosotros estemos ahora aquí hablando de él. Del mismo modo, nuestro planeta goza también de las condiciones necesarias para albergar vida. Todo parece indicar que existe un mecanismo oculto que ajusta la hora del reloj cada cierto tiempo. Pero no vale con decir que ese mecanismo está movido por Dios o por una raza de extraterrestres. Hay que saber cómo se creó el universo que pudo albergar a esos alienígenas. Las respuestas religiosas siguen siendo demasiado simples, y no responden absolutamente nada. Lo que debemos entender son los sistemas de autoorganización que permiten explicar la existencia de un universo habitable sin necesidad de que exista una inteligencia previa. El orden correcto que hay que respetar a la hora de relatar la historia del universo empieza analizando la materia inorgánica y continúa aclarando cómo surge la vida y la inteligencia compleja a partir de ésta. La religión altera ese orden coherente al intentar explicar la inteligencia humana a través de una inteligencia todavía mayor. La ciencia en cambio no comete el mismo error, aunque contemple la posibilidad alienígena de la panspermia.

Y el socialismo, ¿qué podemos decir del socialismo? El socialismo es un caso aparte. Los socialistas se las dan de científicos, quieren pasar por laicos, pero no hacen sino imitar los argumentos que utiliza la religión para defenderse. El socialista intenta explicar y solucionar la escasa riqueza que padecen los pobres recurriendo también a una riqueza de orden superior (con trasvases de dinero), y deja sin explicar de nuevo las causas originales que han llevado al rico a tener ese estatus. Se podría decir incluso que los socialistas superan en gravedad y necedad a la propia religión, pues al contrario que ésta, que adora y rinde pleitesía a sus demiurgos, el socialismo se lanza en masa sobre los acaudalados millonarios, para arrebatarles hasta la última gota de sangre, en una suerte de aquelarre colectivo que lleva a la gran pantalla el famoso cuento de la gallina de los huevos de oro.

Por favor, no vayan al cine. La película que ponen los socialistas es un completo fiasco. Siempre lo ha sido.

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El marxismo acaba de fichar a un nuevo integrante: el transhumanista

En Estados Unidos existe un nuevo partido que aspira a convertirse en el primer grupo político transhumanista de la historia. Al mando de la nave está el filósofo y escritor Zoltan Istvan. Su objetivo es superar las limitaciones humanas que minan nuestro espíritu soñador, para acabar algún día con el envejecimiento físico, el sufrimiento involuntario y el confinamiento planetario. En los últimos meses ha conseguido que se unan a su causa más de 25.000 simpatizantes, una cantidad ridícula si la comparamos con el resto de la población, pero que puede llegar a ser significativa en el futuro si sigue esta rápida evolución.

https://www.eldiario.es/hojaderouter/tecnologia/Partido_Transhumanista-politica-robots-ciborgs-tecnologia_0_394060592.html

A priori, todo tecnócrata amante de la ciencia y la técnica debería abrazar la causa de Zoltan sin pensárselo dos veces. Yo soy el primero. Pero no nos precipitemos. Los partidos políticos que defienden causas muy concretas no son buenos partidos, y eso que el transhumanismo es uno de los asuntos más importante y de mayor actualidad que pueden contemplarse a día de hoy. Desde luego, no es comparable al partido animalista, que poco o nada va a hacer por el ser humano. Pero en cualquier caso, lo que necesitamos para trascender al hombre son partidos minimalistas, y no animalistas o transhumanistas. Es decir, necesitamos nula intervención estatal para que las empresas tecnológicas se desarrollen rápidamente y nos lleven pronto a las estrellas.

El marxismo cultural se caracteriza siempre por favorecer en exclusiva a un grupo de población: obreros (comunistas), mujeres (feministas), animales (ecologistas), nacionales (mercantilistas), catalanes (nacionalistas), empresaurios (intervencionistas), pobres (socialistas), y ahora también a los transhumanos. Pero esto es un error desde cualquier punto de vista. No se debe legislar solo para un grupo de personas. Los principios del derecho, para ser justos, tienen que ser universales, y no se pueden vender al mejor postor. La sociedad está hecha de múltiples funciones. Gobernar solo para una de ellas es negarle a las demás su derecho a existir, y es poner en peligro el delicado equilibrio que resulta de la combinación de tantas facetas. El marxismo cultural solo puede traer pobreza. Su causa solo se centra en alimentar el ego de un pequeño grupúsculo social, lo cual conduce a todo tipo de disputas y enfrentamientos, y conlleva al final el empobrecimiento general de toda la sociedad. Y esto se puede aplicar también al partido transhumanista. Aunque en este caso se quieran ampliar las expectativas de toda la humanidad, lo que se consigue en realidad es apoyar la causa de un pequeño gremio que, en este caso, ni siquiera existe todavía. No dudo que los transhumanos vayan a ser una realidad en el futuro. Pero por el momento lo que tenemos son investigadores, y éstos trabajan mucho mejor sabiendo que van a poder tomar decisiones al margen de la política. 

Todas las reivindicaciones que pueda hacer el partido transhumanista están implícitas ya en el partido liberal y el liberalismo. Para avanzar hacia el futuro solo hay que dejar atrás el pasado ideológico que ha venido lastrando el progreso de una mayoría de naciones. Debemos permitir que los científicos trabajen en un ambiente de libertad y competencia, buscando en todo momento la satisfacción del cliente, y aplacando los deseos del consumidor, que siempre estarán enfocados a vivir más años y a colonizar otros espacios. Eso se llama mercado libre, y no requiere de más políticos. Las personas ya sabemos lo que queremos. Nadie nos tiene que decir a donde deseamos llegar. Todo lo contrario, para alcanzar la eterna juventud o salir del planeta solo hace falta que nos bajen los impuestos y nos dejen en paz.    

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Mis comentarios en Facebook – Año 2014

Año 2014: parerga y miscelánea

Martes, 30 de diciembre de 2014 a las 09:40 UTC+01

El beneficio de las empresas subvencionadas es el perjuicio de todas las demás, más el perjuicio de la mayoría de consumidores.

Viernes, 26 de diciembre de 2014 a las 15:05 UTC+01

La gente piensa que el trabajo es un derecho absoluto, y todos creen justo exigir al Estado o al empresario que haga lo imposible para garantizar por siempre ese empleo. Pero como quiera que el empleo y la producción dependen de las necesidades cambiantes del consumidor, y como quiera que todos somos consumidores efectivos o potenciales, aquel que reclama un puesto fijo para sí mismo y para los demás también está obligando a toda la sociedad a que compre y viva con los productos que él fabrica, y en este sentido se está comportando como un auténtico tirano. Muchos de los derechos humanos de los que hace gala el demócrata, son en realidad derechos que legitiman el abuso y la dominación. Y el trabajo es, de todos, el más dañino.

Lunes, 15 de diciembre de 2014 a las 21:37 UTC+01

Los ideólogos del estatismo no entienden que la tecnología y el desarrollo solo pueden sustentarse en un marco verdadero, y por tanto juegan en contra de los ideales falsos del socialismo. Por eso, a medida que progresen, los socialistas irán enfrentándose a un mayor número de contradicciones, y veremos como se ponen cada vez más nerviosos. Esta semana Google les ha dado la primera lección. Pero vendrán más. Viva el desarrollo que deja atrás a todos los estúpidos y los ignaros, la mayoría de ellos socialistas recalcitrantes. Viva la selección natural. El triunfo de la libertad vendrá de la mano de la verdad y del progreso, y será imparable. Los liberales estamos de enhorabuena.

Lunes, 8 de diciembre de 2014 a las 00:31 UTC+01

Si la gente cree que se puede curar una enfermedad bebiendo vasos de agua (porque eso es la homeopatía) por qué nos asombramos que también crea que podremos salir de la crisis gastando más dinero, aumentando la deuda, implementando políticas keynesianas y en general consumiendo recetas improductivas y hueras, tan vacías de medicinas como los remedios de los homeópatas.

Lunes, 8 de diciembre de 2014 a las 00:30 UTC+01

Ahora todos los progres se rasgan las vestiduras. Pero entonces ninguno de ellos vio que eso era una felonía. Recuerdo que algunos decían que Bankia era como un Frankenstein, hecho de pedazos muertos. Pero ningún progre reparaba en lo absurdo que era intentar solucionar 10 problemas reuniéndolos bajo un mismo nombre. En general, ahora todos los progres ven claramente el despilfarro que los políticos hicieron con el erario público. Pero entonces nadie criticaba esos gastos. El plan E de Zapatero era aclamado y recibido con ilusión. Hoy en día continuan aclamando lo que dentro de cinco o seis años criticarán. Así son los progres, estúpidos e hipócritas. Primero se confunden, y más tarde, lejos de reconocer su error, denuncian lo que antes alentaban, y alientan lo que mañana denunciarán.

Viernes, 28 de noviembre de 2014 a las 10:25 UTC+01

Sobre el programa económico de Pablo: Como no podía ser de otra manera, Pablo Iglesias se estrella contra el muro de la realidad. Su programa se parece a las cartas que yo escribía a los Reyes Magos cuando era un niño. ¿Cómo puede ser la gente tan estúpida e infantil? Si vivimos mal, nos inventamos un mundo de golosina y ya esta, todo solucionado. Dicen estos iluminados que España es un país rico y que lo único que hay que hacer es repartir el dinero. Si tenemos deuda la solución es más deuda. Si no tenemos crédito porque en el pasado nos excedimos solicitando esos créditos, la solución es crédito para todos. Si todos los bancos y cajas públicos quebraron por corruptos, la solución es crear más bancos públicos. Si no hay trabajo, estos payasos sacan su varita mágica y ya esta, trabajo para todos. Y digo yo, para qué hacen falta los empresarios si ya tenemos a estos políticos. Vaya montón de mierda.

Miércoles, 26 de noviembre de 2014 a las 03:14 UTC+01

La maravillosa idea de Pablo Iglesias, el ungido, consiste en impagar la deuda que España ha contraído en los últimos años. Si el problema de la crisis es la falta de recursos y la merma del poder adquisitivo, motivada por los políticos y los burócratas, que siempre suelen gastar más de lo que ingresan, el impago de la deuda viene sin duda a agravar esa situación. Los políticos pueden seguir gastando del erario público y endeudando al país, porque eso no va a tener ninguna consecuencia. Siempre pueden impagar la deuda. Conclusión: el impago de la deuda forma parte del mismo problema que ha conducido a la situación que se intenta remediar, constituye otra argucia de los políticos para malversar el dinero de los ciudadanos. Resulta curioso que esos ciudadanos aclamen y disculpen a los mismos que les roban. Ya no es solo que los inversores salgan huyendo del país, al percatarse de las irresponsabilidades en las que incurren aquellos que no pagan, es que además el impago estimula sobremanera todas esas morosidades. La gente se siente motivada, y aspira a seguir robando y despilfarrando, cuando todas esas acciones no tienen ninguna consecuencia.

Sábado, 22 de noviembre de 2014 a las 12:14 UTC+01

El problema de la corrupción y la política es sistémico, encuentra sus raíces en la naturaleza humana, todos somos potencialmente corrompibles. Por eso, la solución a la corrupción no es la alternancia democrática, ni el cambio de gobierno, ni el juego electoral. La solución es la reducción drástica del Estado. El día que la gente entienda esto, la sociedad en su conjunto habrá dado un paso de gigante. Ese día habremos evolucionado más que en todo el tiempo que llevamos caminando por este planeta.

Miércoles, 19 de noviembre de 2014 a las 13:57 UTC+01

Defensa del minarquismo. El que niega algo tan básico como el principio de identidad no puede ser otra cosa que un relativista, porque si niega o duda de esa base también duda de todo lo demás. Y el que niega la identidad de una persona, su libertad individual, también pone en cuestión una premisa muy valiosa. A mi por el contrario me parece que lo más coherente, si crees en la libertad, es que también quieras defenderla de manera incondicional, con una institución legal unívoca. Lo otro es querer defender una causa sin tener una defensa. Para mi lo contradictorio es defender algo sin defenderlo en absoluto, apoyar la libertad sin establecer una norma, hacer una afirmación teórica sin convenir una aplicación. Un anarcocap cree que la contradicción del minarquista reside en defender la propiedad privada y el impuesto público al mismo tiempo. Piensa que un hombre es dueño absoluto de todas sus decisiones y que no comparte el mundo con otras personas, que no hay tal cosa como la propiedad comunal que obliga a todas las partes a cumplir cierta normativa. Pues bien la propiedad comunal más importante de todas es la que se establece para garantizar la libertad en todo el territorio nacional, es decir, la que se genera como consecuencia de la minarquia. Yo no digo que los anarcocapitalistas no crean en normas, claro que creen, digo, y es aquí donde son verdaderamente contradictorios, que no las quieren aplicar con carácter general. Es que la única manera de aplicar una norma fundamental es hacerlo de manera general. Es que creer en unas normas básicas y pensar que se van a aplicar de forma espontánea en un mundo en el que se demuestra que lo que se suele imponer es todo lo contrario, es ser bastante ingenuo e irresponsable.

Domingo, 16 de noviembre de 2014 a las 10:37 UTC+01

El capitalismo es el único sistema que permite que florezca la paz. En el mercado libre las personas se relacionan mediante intercambios voluntarios y la propiedad privada ayuda a delimitar el territorio y los bienes que atesora cada individuo y le estimula para que lo haga. Las guerras advienen cuando se rompen esas reglas, cuando no se respeta la propiedad del otro y cuando los intercambios de bienes se efectúan por la fuerza.

Jueves, 13 de noviembre de 2014 a las 18:38 UTC+01

Tan ingenuo es el que cree que necesitamos un Estado elefantiásico, porque no somos capaces de progresar por nosotros mismos, como el que cree que no necesitamos ningún Estado en absoluto, porque somos plenamente capaces. El punto óptimo está en el estado mínimo: la minarquía.

Miércoles, 12 de noviembre de 2014 a las 14:59 UTC+01

La equiparación de los derechos del hombre con los derechos de los animales no nos hace más humanos, nos hace más animales.

Martes, 11 de noviembre de 2014 a las 23:12 UTC+01

Podemos no va en contra de la casta. Podemos es la casta. Dice el diccionario que casta significa ascendencia y linaje. Y si nos vamos a lo básico, a las ideas, qué mayor linaje que ese que traspasa toda la historia del hombre, que se origina en Esparta, de la mano de adalides tan insignes y eruditos como Sócrates o Platón, que se moderniza y se vuelve académico con el mercantilismo y el marxismo, que se pone en práctica bajo el yugo de los totalitarismos y los fanatismos que asolaron y llenaron de muertos el siglo XX, y que se intenta reciclar y reinventar con ese socialismo refrito y esas democracias bananeras que proliferan en el mundo en este último siglo. La mayor casta de todas es la que lleva toda la historia ejerciendo el dominio, sodomizando y ultrajando a los individuos, mediante el uso injusto de la fuerza del Estado. Me refiero a la ideología comunista y socialista. Esa es la única casta que existe, la única que puede perdurar siglos, la única que sabe cómo apoltronarse y encastillarse en el poder, al objeto de limitar nuestras libertades más básicas, la única que defiende abiertamente un régimen hegemónico de mil años, el fin de la historia y el paraíso perpetuo. Y Podemos solo es la última entrega de este culebrón que se antoja eterno. Díganme ahora si no es una casta. La segunda acepción que tendría que contemplar el diccionario debería hacer referencia a este partido de nueva creación que, en el fondo, es tan antiguo como los átomos.

Domingo, 9 de noviembre de 2014 a las 14:05 UTC+01

El nacionalismo catalán no es más que otra forma de estatismo, uno tan rancio, tan primitivo y tan especioso que está inserto incluso en aquellas mentes que dicen ir en contra de cualquier forma de colectivismo.

Domingo, 9 de noviembre de 2014 a las 12:15 UTC+01

Cuanto más lo pienso, más me asombra. Cómo es posible que tanta gente se deje embaucar por el keynesianismo. Incluso antes de tener algún conocimiento y alguna noción sobre economía, yo ya intuía que las políticas de gasto que no tienen en cuenta la productividad son el cuento de la lechera. Cómo es posible que tantos adultos sigan creyendo en esas políticas. Cómo es posible que sigan creyendo en los Reyes Magos. Cómo pueden obviar algo tan básico. Cómo pueden estar tan ciegos como para no ver que la condición necesaria para usar un bien es la de producirlo previamente. Es tan ridícula la creencia keynesiana que no comprendo cómo puede primar en las academias y las universidades de todo el mundo. Bueno, en realidad sí lo entiendo. La mayoría de los adultos padecen toda su vida un síndrome conocido con el nombre de neotenia. Son niños encerrados en el cuerpo de un adulto. Los Reyes Magos son los padres. Pero muchas veces los padres también son los destinatarios de los juguetes. La mayoría de la gente ansía aferrarse a una creencia que le promete el paraíso y que no reclama ningún esfuerzo. Todos quieren creer en un mundo en el que no sea necesario trabajar, y donde todo te lo den hecho. Y en economía pasa lo mismo. La gente prefiere obviar la productividad, porque eso les permite imaginar un mundo de golosina, en el que lo único que tienen que hacer es recoger el maná que les va cayendo del cielo. No obstante, por más que lo pienso me sigue pareciendo inverosímil que tantos adultos puedan creer que la realidad está compuesta por este tipo de milagros. Al fin y al cabo, la mayoría de ellos siguen acudiendo a sus trabajos para poder subsistir, y jamás verán nada parecido a un alimento gratuito y abundante.

Martes, 28 de octubre de 2014 a las 16:24 UTC+01

La desigualdad es consustancial a la naturaleza. Lo importante es que esa desigualdad no se deba a las prebendas políticas basadas en la iniquidad y el expolio, sino a la capacidad y la habilidad privada de algunas personas para cubrir las necesidades de los demás ofreciéndoles un servicio o un bien voluntario y enriqueciéndose en el proceso. Eso es el capitalismo, no es más que el resultado de la libertad, que solo puede evidenciar diferencias, porque estas forman parte de la vida y pretender cambiar eso implica tener que imponer a los demás la voluntad de uno, para que no se diferencien de él.

Lunes, 27 de octubre de 2014 a las 17:58 UTC+01

Ningún tirano ha persistido en el poder sin el respaldo o la indiferencia irresponsable de una buena parte de la sociedad. Cuando acusamos con el dedo a un político, cuando le criminalizamos y le hacemos partícipe de todos nuestros problemas, estamos en realidad denunciando la ignominia y la estulticia de la condición humana, aquella que nos compete a todos. El político solo es el brazo ejecutor. El cuerpo y el cerebro que mueven ese brazo están formados por personas anónimas y aparentemente inocentes. El político es el chivo expiatorio. Su muerte y su defenestración nos redime a todos. Y por eso, una vez que nos vemos eximidos de cualquier responsabilidad y liberados de todo pecado, volvemos a depositar nuestra confianza en otro político y todo vuelve a comenzar.

Lunes, 27 de octubre de 2014 a las 02:03 UTC+01

Así ha sido siempre. El socialismo jamás funciona, y sus adeptos se dividen, crean facciones, fundan nuevos organismos, inventan una disculpa tras otra, y vuelven a desmoronarse, se parecen a esos insectos que se golpean continuamente contra el cristal de la ventana buscando la salida.

Domingo, 26 de octubre de 2014 a las 12:54 UTC+01

El poder corrompe… y qué hacemos? Cambiemos el poder, pongamos otros políticos (solución de un socialista). Las termitas se comen la madera… y qué hacemos? Cambiemos las termitas, pongamos otras termitas (solución de un controlador de plagas bien estúpido). Si el poder corrompe solo existe una solución: eliminar ese poder abusivo. ¡¡Hay que eliminar las termitas y sanear el edificio!! Hay que abolir la profesión del político.

Sábado, 18 de octubre de 2014 a las 18:16 UTC+02

La mujer y el hombre juegan roles reproductivos distintos, por lo que sus organismos, incluyendo su cerebro y sus comportamientos son diferentes. El hombre está enfocado a la defensa física de la prole y la mujer al cuidado energético, alimenticio etc. del bebé. Hasta aquí no creo que haya dicho nada que no sepa la mayoría de la gente y que no sea evidente. En definitiva, el hombre está más enfocado hacia la lucha, la conquista, el descubrimiento, facetas más relacionadas con la política, la economía y el conocimiento en general. No obstante, estoy hablando de determinismos genéticos. A nivel cultural hombre y mujer deben poder ejercer la función que voluntariamente quieran. Digo esto para ahorrarme la típica crítica que te tacha de machista y sexista por defender la verdad, las diferencias sexuales.

Jueves, 16 de octubre de 2014 a las 15:29 UTC+02

Hoy, que se anuncia una nueva recesión en Europa, que algunos venimos prediciendo desde hace tiempo, conviene ver este video de tres minutos, dirigido a todos aquellos ignorantes que siguen empeñados en criticar el capitalismo, los pablemos, los colectivistas, y los socialistas de todos los partidos. El día que la gente entienda estos conceptos simples, la evolución del mundo y el bienestar general se incrementarán considerablemente. Mientras tanto seguiremos padeciendo la estupidez del pueblo y los intereses de los políticos.

Domingo, 12 de octubre de 2014 a las 14:14 UTC+02

Vivimos en un mundo en el que los pobres votan para seguir siendo pobres y los ricos votan para seguir siendo ricos, y todos votan lo mismo: socialismo. La explicación de esto es simple. El intervencionismo político permite que unos pocos, siempre los mismos, mantengan sus cargos y sus poltronas a costa del resto, sin ofrecerles nada y sin permitirles nada. La antítesis de este sistema se llama capitalismo. Sin políticos y sin intervención económica, los ricos sólo son ricos si ofrecen algo a los pobres. Y los pobres solo son pobres si no tienen nada que ofrecer. La relación más importante de una sociedad es la relación de intercambio que se produce en el mercado libre, la cual solo se basa en la voluntad y la capacidad real de las personas. Cualquier intervención sobre esta relación reduce la libertad de las personas y empobrece sus vidas. Y esto es todo. No hay nada más que saber sobre política. Basta con entender que es la propia política la que genera todos los problemas, y que los políticos son los únicos individuos que tendrían que desaparecer.

Miércoles, 8 de octubre de 2014 a las 13:36 UTC+02

La religión de los animalistas modernos es una nueva versión de esa tendencia antropomórfica que ya existía en las creencias animistas y politeístas de las primeras tribus de Homo sapiens. En este sentido, no es más que una vuelta a los orígenes, un primitivismo y un atavismo sentimental. El problema actual es que se equipara a los animales con las personas, con lo cual los segundos pierden importancia con respecto a los primeros, se antepone la vida y la salud de los bichos y se aniquilan los derechos del hombre. La religión animalista también realiza sacrificios humanos.

Martes, 7 de octubre de 2014 a las 14:19 UTC+02

Leo algunos comentarios de Innisfree, para entretenerme. Más allá del contenido que vierte esta institución en las redes (apoyando a Podemos), que ya he dejado claro lo ingenuo y absurdo que me parece, quiero decir ahora simplemente lo desagradable que resulta hablar con una persona que cada dos frases está metiendo una apostilla del tipo: “tienes que leer más, eres un conservador, voy a hacer lo que me da la puta gana” Hay gente que, al debatir sobre un tema determinado, no deja de hacer demagogia, le basta el tiempo para referirse a la persona con la que está discutiendo y para distraer el debate con etiquetas y suposiciones infundadas que nada tienen que ver con los argumentos que se proponen. Estas personas intentan dejar al otro como un imbécil, no por lo que dice sino por lo que se supone que ha leído o experimentado, y realizan todo tipo de afirmaciones gratuitas. Esas personas no merecen ninguna respuesta. A mí me gusta discutir y me encanta enfrentarme a cualquiera que me lleve la contraria. Solo existe una excepción: estas personas que no saben discutir y que meten en la conversación todo tipo de apelaciones y suposiciones personales. Más de una vez me he encontrado de frente con estas actitudes, y siempre me han suscitado las mismas reflexiones.

Sábado, 27 de septiembre de 2014 a la 01:49 UTC+02

Siempre me ha repudiado profundamente el comunismo, sobre todo porque nunca ha valorado la vida de nadie, ni siquiera la de los más inocentes, los menores. Pero ahora estoy empezando a repudiar también algunas derivas libertarias, que vienen a concluir lo mismo. Algunos libertarios afirman que el niño no tiene derecho a reclamar su manutención, ni siquiera en los casos más extremos. Ningún adulto puede ser obligado a salvar la vida de un niño o un feto, si no es esa su intención. Incluso llegan a justificar la muerte del menor si el adulto no quiere protegerlo. Por tanto, la vida del menor no importaría tanto como la voluntad o la propiedad privada del adulto. Igual que hacían los comunistas, que anteponían su visión delirante y su proyecto megalómano a la vida de cualquier niño inocente, algunos libertarios ponen también la propiedad privada y la voluntad individual por delante de esas mismas vidas. En esto no se diferencian nada. Unos los matan. Y otros los dejan morir.

Jueves, 25 de septiembre de 2014 a las 00:41 UTC+02

Los grupos pro-vida se parecen a los lobbies abortistas en una cosa. Ambos creen en los milagros. Los primeros piensan que la vida aparece de repente, en el momento de la concepción. Y los segundos creen que aparece espontáneamente cuando el feto rompe la placenta. Ahora no tiene vida, y un instante después es un ser humano con todos los derechos, ¡milagro!

Martes, 23 de septiembre de 2014 a las 15:47 UTC+02

Hace veinte años que dejé de creer en Dios. Ahora soy ateo. Pero eso no quita para que aprecie la maravillosa labor que hace la iglesia a través de sus misioneros, o la paz espiritual que ofrece a decenas de miles de feligreses. Nunca se me ocurriría jactarme de mi condición de ateo. Tampoco votaré al partido de la libertad individual, porque lleva en su programa el derecho a la secesión, y yo estoy frontalmente en contra del nacionalismo. Pero esto no quita para que admire la función de divulgación de las ideas libertarias que lleva a cabo este partido, y para que le ofrezca todo mi apoyo y mi mejor deseos. El Instituto Juan de Mariana es una institución compuesta por miembros muy diversos, unidos en torno a algunas ideas principales. Tampoco coincido al cien por cien con algunos de sus miembros más insignes. Pero jamás repudiaré a una institución única en su género, que promueve las ideas de la escuela austriaca como nadie lo ha hecho nunca en nuestro país. Finalmente, tampoco voy jamás a rebajar la enorme importancia que tiene la figura del profesor Jesús Huerta de Soto, como hacen algunos miembros del Instituto Juan de Mariana. Señores, estamos todos en el mismo barco. Déjense de tonterías y apoyen a todas estas instituciones, sin menoscabar la importancia de ninguna de ellas. Todas desempeñan una función importante, y todas contribuyen a conseguir el objetivo que todos anhelamos, más allá de las diferencias inevitables e insignificantes que siempre surgen en el seno de cualquier proyecto común.

Martes, 16 de septiembre de 2014 a las 10:05 UTC+02

Un chamán y un oncólogo pueden coincidir a la hora de afirmar que el enfermo esta grave, pero las medicinas que aplicarán cada uno de ellos para curarle son muy diferentes y tienen consecuencias muy distintas. Igualmente, el diagnóstico de Podemos puede ser acertado, pero el tratamiento que propone llevará al enfermo a la tumba mucho antes de lo que lo hará la propia naturaleza. Son dos cosas distintas y hay que saber reconocerlas.

Lunes, 11 de agosto de 2014 a las 20:09 UTC+02

Hay dos formas de matar. Una es quitándote físicamente la vida. La otra es usar los impuestos para eliminar esa vida evitando que prosperes y seas feliz. Que nadie dude que Podemos practicará alguna de estas dos formas de eliminación.

Martes, 29 de julio de 2014 a la 01:38 UTC+02

Muy bien, Puyol es un corrupto. Pero, ¿qué pasa con todos los que han jaleado el nacionalismo estos lustros? ¿Qué pasa con los votantes del partido de Pujol? ¿Qué pasa con los políticos que han estado bailándole el agua? Ahora todos se quejan de la corrupción de Pujol. Pero olvidan que ellos han contribuido también a acrecentar esta situación, con su anuencia y su complacencia y su endiosamiento del político. Ellos son los que alimentan la arrogancia de los gobernantes, y les dan a entender que pueden excederse sin límite. Ahora se sorprenden, pero son ellos los que han contribuido más, animados por esa servidumbre voluntaria y estúpida, que les hace creer que el político siempre es un bien necesario.

Lunes, 24 de febrero de 2014 a las 10:55 UTC+01

Esto es un circo. Estamos rodeados de payasos. Unos tíos que cobran más de 700 euros por jornada se han encargado de verificar que ETA sigue teniendo armas. Maravilloso sainete. Los etarras les enseñaron el arsenal y luego se lo volvieron a llevar. Y han querido que todos pensásemos que era una entrega de armas. Y nuestros gobernantes les han dejado hacer. Toda esta farsa y esta humillación no se daría si los etarras fueran tratados como lo que son, una panda de delincuentes y asesinos.

 

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El problema de Dios: ciencia, religión y marxismo

1. Introducción

No hay un tema de conversación que despierte más animadversiones y que genere más controversias que aquel que acontece en torno a la religión y las creencias divinas. Ningún otro asunto humano tiene tantas repercusiones y aristas como éste. Ninguno tampoco ha propiciado tantas muertes y sufrimientos. Y al mismo tiempo, no existe otro motivo de polémica que haya procurado más felicidad y alegría. Por consiguiente, el problema de Dios no es algo baladí; no se resuelve dando un simple bandazo. No consiste únicamente en saber si creemos o dejamos de creer, o si queremos que la religión desaparezca para siempre o que persista por los siglos de los siglos. Tenemos que investigar todos los determinantes sociológicos (culturales y biológicos) del fenómeno en cuestión, todo el estroma de procesos numinosos que operan en nuestras cabezas, y todas las consecuencias morales y prácticas que ocasionan en la comunidad tales procesos. Solo así podremos opinar con conocimiento de causa sobre un asunto tan complicado y controvertido como éste.

El problema de Dios debe incluirse en cualquier caso dentro de un dilema epistémico de índole más general: el problema del conocimiento. Y éste a su vez debe atenerse a las distintas dimensiones de la realidad que aparecen ante nosotros, esto es, a las capacidades que tiene el observador para aprehender el mundo, y a los múltiples significados y funciones que juega la creencia en el ámbito de la cultura popular.

Según esto, debemos empezar dividiendo el mundo en tres partes distintas. Una parte es conocida, otra parte es conocible y una tercera resulta incognoscible. La ciencia y la razón pura se encargan de disponer el conocimiento que compete a las dos primeras secciones. En cambio, la fe se agarra desesperadamente a la última esfera de la realidad: el incognoscible, y a partir de ahí comienza a elaborar su propia narrativa del universo. Solo de ese modo puede concebir un mundo imaginario, irrefutable, e inmaterial. Pero esto no quiere decir que sus elucubraciones carezcan por completo de sentido lógico. El mundo inventado puede disponer también de un orden y unas reglas muy concisas. No obstante, esto no las hace reales.  

La epistemología, por tanto, se articula en torno a tres afirmaciones originales. Están aquellas hipótesis o preguntas que ya han sido demostradas utilizando la evidencia empírica (teorías científicas), aquellas otras que están en proceso de demostrarse (nuevas hipótesis científicas), y unas terceras que no necesitan ningún tipo de probatorio. Dentro de estas últimas tenemos a su vez dos clases más. Están aquellas aserciones que no necesitan demostración alguna, pues apelan a condiciones de posibilidad de la realidad que son de suyo indiscutibles, sin las cuales no existiría nada (filosofía). Y luego están aquellas últimas cuya indemostrabilidad no se debe a que sean proposiciones seguras, más bien al contrario, se debe a que están tan desapegadas del mundo y son tan irreales y ficticias que solo se puede decir de ellas que han sido reveladas por inspiración divina (religión).

Así las cosas, podemos decir que existen tres mundos distintos. El mundo conocido está compuesto de leyes y teorías lo suficientemente demostradas como para poder asegurar que son reales. Dentro del mundo conocible tenemos aquellas otras teorías científicas que aún están por descubrir, y aquellas implicaciones lógicas de la filosofía que todavía no se han desarrollado lo suficiente.

Finalmente, en el mundo incognoscible tenemos dos tipos de posiciones distintas. Están aquellos que inventan todo un universo de ilusiones y fantasmas (teología) y están aquellos otros que simplemente asumen la existencia de un mundo en parte imposible de conocer (agnosticismo o ateísmo). Los primeros se caracterizan por negar el incognoscible, y los segundos por asumirlo. Aunque las religiones se refieran al Misterio cuando hablan de Dios, en realidad poco misterio hay en unas afirmaciones que describen con tanto lujo de detalles lo que les ocurre a las almas cuando abandonan los cuerpos.

En el fondo todos somos creyentes, en el sentido de que todos creemos en la existencia del más allá. La prudencia y honestidad científicas nos impide a algunos imaginar y describir ese mundo inalcanzable, y nos obliga a aceptar unos límites a la razón y una cierta contención gnoseológica. Pero, en cualquier caso, compartimos con la religión el mismo misterio. No obstante, esa misma lógica nos lleva a asumir también la imposibilidad de describir la idiosincrasia concreta que caracteriza a ese universo oculto, lo cual nos hace reacios a aceptar cualquier opinión religiosa. No se puede describir aquello que no se puede conocer. La religión intenta justificarse diciendo que nadie puede demostrar que Dios no existe. Pero la verdad es que la religión nunca se ha contentado con decir que existe un mundo profundamente desconocido. Su razón de ser y su principal reivindicación siempre ha consistido en afirmar que ella es la única que sabe en detalle cómo es ese mundo oculto a los ojos del resto. El primer error lo comete la propia religión al asegurar que sabe tanto. La carga de la prueba entonces siempre recae sobre aquel que realiza una afirmación tan rotunda.

En un acto de estiramiento extremo, podemos aceptar incluso que la revelación divina puede constituir un tipo legítimo de conocimiento. En realidad, la palabra de Dios es indistinguible del sermón que pudiera ofrecernos una comunidad de extraterrestres que llegase a la Tierra. Serían entonces la religión y la ciencia totalmente compatibles. La una nos aportaría un conocimiento revelado por alguna civilización superior, y la otra uno obtenido por nosotros mismos. Pero esta no es la cuestión. De todas formas, cualquier civilización extraterrestre debería asumir también que hay una parte del universo que siempre será imposible de conocer. Dicha imposibilidad es un imperativo categórico que afecta a todos los existentes. La cuestión principal es que la ciencia admite siempre la incapacidad de conocerlo todo, y la religión en cambio asegura que ella (y su dios) ofrece un conocimiento definitivo. En ese sentido, son dos visiones totalmente irreconciliables. Si mañana descubrimos que existe Dios, de nuevo seríamos incapaces de asegurar al cien por cien que ese Ser que ha decidido revelarnos sus conocimientos, no pueda tener por encima otra criatura más omnisciente que él. Aquí la ciencia siempre tendrá razón al mostrarse prudente, y la religión siempre se equivocará. El misterio es inerradicable a la par que indecidible. Nunca podremos saber si no existe algo distinto más allá de lo que en realidad conocemos, ya sea por revelación o por experimentación. Por definición, lo desconocido no se presta a ningún tipo de elucubración.  

La cuestión central no es que los ateos no puedan demostrar la inexistencia de Dios, sino que los devotos no pueden consignar su existencia. Si el conocimiento de la realidad se basara en pruebas de autoridad o afirmaciones arbitrarias relativas al incognoscible, nunca habríamos podido salir del cerco de ignorancia en el que hemos vivido durante tanto tiempo. El valor de la ciencia reside precisamente en esa ética procedimental que busca respuestas claras a preguntas solubles. Y por oposición, el error deontológico de la religión se debe a su empeño por conocer una realidad completamente irresoluble.

2. Incompatibilidades gnoseológicas

De la clasificación anterior podemos extraer tres tipos de cosmovisiones distintas: la científica, la filosófica y la religiosa, todas ellas enfrentadas en mayor o menor medida. El problema de Dios es al fin y al cabo un problema de demarcación: se manifiesta en las fronteras que quedan establecidas con estas tres cosmovisiones.

La ciencia niega cualquier conocimiento que no pueda ser demostrado por medio de evidencias empíricas. Por tanto, sólo admite aquel conocimiento hipotético que puede ser sometido a prueba, y aquellas teorías que ya han sido demostradas con estas herramientas. Por consiguiente, se opone tanto a la filosofía como a la religión.

La filosofía se apoya en aquel conocimiento axiomático que no requiere demostraciones (ficticias o no), pero que tampoco realiza ningún tipo de elucubración religiosa. Se limita a contemplar aquellos principios apodícticos que describen condiciones de posibilidad de la existencia material. La filosofía tiende a aceptar sin problemas a la ciencia como método alternativo (aunque no necesariamente siempre), ya que es fácil darse cuenta de que existen a su vez un gran número de cualidades contingentes que no son de suyo necesarias. La ciencia en cambio es más recelosa, incapaz de comprender que existen algunas pocas propiedades del mundo que no requieren demostración al no tener alternativa.

La religión, aun admitiendo la posibilidad de la ciencia y la filosofía, se aventura a describir aquellas áreas del conocimiento que son de suyo incomprensibles. Y ese es su principal falla: la negación del incognoscible, el tercer tipo de esfera gnoseológica.

Por consiguiente, existirán dos clases principales de enfrentamientos: el enfrentamiento que mantienen la ciencia actual con la filosofía, y aquel otro que se establece con la religión. El problema de Dios se enmarcaría dentro de este segundo choque.

No puede haber compatibilidad entre dos visiones radicalmente opuestas, que se niegan mutuamente. No podemos afirmar al mismo tiempo una cosa y su contraria. O existe el incognoscible, como admite la ciencia, o no existe, como viene a decir la religión. O bien podemos conocer sólo una parte del universo, aquello que demostramos nosotros de forma fehaciente, o bien podemos conocerlo todo, también aquello que se nos revela por obra y gracia del Padre. En este sentido, ciencia y religión son irreconciliables.

Ciencia y religión son como dos púgiles, pueden verse, saludarse, hablar, incluso pueden convivir juntos (en la misma mente), pero arriba del ring solo puede quedar uno. O existe el incognoscible, o no existe. O bien creemos que a la verdad se accede a través de la razón, con análisis tediosos, o bien pensamos que podemos conocerlo todo con simples actos de fe. Las dos cosas son imposibles.

Algunos pensamos que hablar de cuestiones que no tienen sustento en el mundo real es peor que hacerse trampas al solitario. Es inventar un juego nuevo y un paquete completo de reglas, consistente en afirmar que el ganador tiene una escalera de color que nadie puede ver. Es imposible refrendar una jugada con una baza de cartas invisible. No obstante, el incognoscible permanece siempre ahí, dispuesto para todos aquellos que no tengan ningún escrúpulo a la hora de afirmar algo de lo que nunca tendrán constatación firme.

Se puede incluso ser agnóstico manteniendo al mismo tiempo una cierta dignidad. Al fin y al cabo, siempre existirá una parte del orbe de la que nunca tendremos noticia alguna. Pero no es eso lo que hacen todas las religiones. Estas se inventan un mundo paralelo lleno de detalles, escriben libros enteros donde reflejan las características de dicho mundo, y se matan por ver cuál de ellos impone sus reglas a los demás.

La ciencia en cambio dialoga sobre cosas mensurables. La religión aborda cuestiones del incognoscible que jamás podrán ser aprehendidas pero que sin embargo se quieren imponer con la mayor de las contundencias. Apelar a la materia o la energía que permanece desconocida, es igual que no decir nada. Y todavía es más grave querer aportar algo al conocimiento utilizando esa retórica imposible que acostumbra a gastar la teodicea, la cual siempre ha buscado un entendimiento imposible entre la ciencia y la religión.

Podemos hacer una clasificación general de las distintas posturas a las que da lugar la consideración de la religión. Por un lado están los ateos, que no creen. Luego tenemos a los agnósticos, que no se lo plantean. Y finalmente tendríamos a los devotos.

En cierto sentido, el problema de los ateos es parecido al de los creyentes. Ambos niegan un hecho que pertenece al incognoscible y que por tanto no se podría negar ni afirmar. Ahora bien, los ateos juegan con una ventaja que no tienen los crédulos. Como dijo Hume, las grandes afirmaciones requieren siempre de grandes demostraciones. Son los religiosos los que deben justificar sus afirmaciones. Y como no pueden, son ellos los primeros que deben callarse.

La posición agnóstica parece a todas luces la más prudente. Resulta imposible dirimir un problema irresoluble. No obstante, el agnosticismo a veces pone en igualdad de condiciones a ateos y creyentes, lo cual tampoco es demasiado justo. Como acabamos de ver, no es lo mismo afirmar a ciegas que existe un duende debajo de la cama que afirmar en cambio que no existen tales seres. Evidentemente, aunque no podamos comprobar qué es lo que se mueve ahí abajo, está claro a quién tendríamos que dar la razón para no acabar en un manicomio.

Con todo, tal vez la mejor postura sea la que toman los ateos agnósticos, que no creen en Dios pero coinciden con los agnósticos a la hora de afirmar que existe una cierta incertidumbre inerradicable.

En cualquier caso, lo que desde luego hay que rechazar con todas las fuerzas es esa adscripción militante del ateísmo más radical que ve a la religión sólo como un peligro. La religión es un fenómeno demasiado complejo como para querer ver en ella solamente cosas malas. No en vano, la religión desempeña una función adaptativa insustituible. Reviste a las acciones del ser humano de una fortaleza y un tesón que es difícil obtener de otra manera. Amalgama y une a la sociedad para que vaya al unísono cuando debe hacerlo. Y en muchos casos mueve a la caridad y a la compasión más que cualquier otra motivación. Políticas de tierra quemada, como las que quiere utilizar Richard Dawkins, que aboga por eliminar toda forma de religión, aparte de ser completamente inviables, demuestran un discernimiento bastante mejorable.

La religión es un apéndice más de nuestro cuerpo, literalmente. Su supresión eliminaría una parte importante de nuestra fisiología. Es como si intentásemos extirpar las emociones. Tendríamos que arrasar el sistema límbico. Incluso para un ateo sería complicado. Habría que extirparle todos aquellos recuerdos de fraternidad que hubiera dejado la huella religiosa. Y si nunca fue religioso, no obstante todavía habría que eliminar la impronta genética que heredó de sus ancestros.  

3. Compatibilidades mentales

Hasta aquí hemos visto todo el rango de incompatibilidades (gnoseológicas) que se generan cuando enfrentamos la ciencia con la religión. Pero también hemos adelantado algunas compatibilidades. Sin duda, ciencia y religión pueden coexistir pacíficamente en la mente de una única persona. Y también pueden coexistir como fenómenos sociales.

Dentro de los propios creyentes hay a su vez varias especies. Los hay que creen en un dios personificado (estos son los más primitivos). Los hay que quieren usar la física para demostrar a Dios. Los que apelan a un teísmo reformador. Y los que confían en la infinitud del cosmos y en el inerradicable misterio de la vida.

También existen físicos profesionales que han intentado probar la inmortalidad del alma haciendo uso de complicadas fórmulas matemáticas. Tipler, en “La física de la inmortalidad”, trata este tema haciendo uso de lo que él llama el Punto Omega, aquel momento del futuro en el que será posible reproducir todas las circunstancias anteriores y resucitar por tanto a los muertos, por mor de la tecnología y el poder de la ciencia. Pero estas afirmaciones obvian los límites últimos del conocimiento. Es imposible alcanzar un futuro en el que la ciencia haya conseguido superar todos los límites que impone el universo a la propia acción de los hombres. Más coherente me parece esa eternidad a la que se refiere Alex Vilenkin en su libro “Muchos mundos en uno: la búsqueda de otros universos” y que se consigue diciendo simplemente que hay infinitos mundos e infinitas formas de vivir, y que eso hace que de alguna manera sigamos existiendo en alguna parte.

La inmortalidad de Alex no es la de Tipler. La de Alex es espontánea y no implica consciencia por parte del hombre. Viviremos un número infinito de veces, en un número infinito de universos, pero no vamos a tener un registro continuo de nuestras vivencias, y por tanto tampoco vamos a ser conscientes de nuestra inmortalidad, lo cual es como si no la tuviéramos.

Pero el intento más científico y sólido de demostrar la existencia de la vida eterna es quizás el que viene a realizar Ray Kurzweil en su libro La singularidad está cerca, donde anuncia un futuro sin enfermedades, sin vejez, y con unas capacidades humanas aumentadas o sustituidas por la tecnología y la inteligencia artificial. No obstante, para ser justos hay que decir que la inmortalidad de Kurzweil es una inmortalidad de tipo biológico (rejuvenecedora), y por tanto no impide que desaparezcamos también cuando queramos hacerlo (mediante el suicidio), o cuando el universo entero colapse finalmente por efecto de la gravedad, o cuando acabe disuelto en un mar de polvo y átomos dispersos como consecuencia de una expansión infinita.

Hawkins por su parte dice haber demostrado la inexistencia de dios de manera definitiva, lo cual también prueba que los teóricos de la iglesia no son los únicos que confunden ciencia y religión.

El problema científico atiende a una cuestión mensurable, localizada, y previsible. El problema de la religión es que no se ciñe a un análisis comprobable. En cambio, trata de resolver una regresión infinita: ¿que hay más allá de lo más allá que podemos llegar? Para la religión sólo existe su dios. Pero uno siempre se puede imaginar un espacio y un tiempo anteriores o ulteriores a aquellos que tomamos como referencia. La regresión es interminable. La eternidad y el infinito son consideraciones necesarias en cualquier sistema coherente. Si pudiéramos demostrar definitivamente que el universo es finito, el problema podría tener visos de solucionarse. Pero esto es imposible: siempre quedará un halo de misterio que nos llevará a preguntarnos si existe algo más que desconocemos. No hay nada que podamos hacer.

La ciencia siempre busca causas. Pero el infinito por definición no requiere de ninguna causa original. El infinito también es la única forma lógica que podría permitirnos explicar el origen de todo sin tener que acudir a esa otra explicación peregrina que requiere un origen incausado (Big bang). ¿Por qué existe el mundo en lugar de nada? ¿Por qué deberíamos existir nosotros si al principio no había nada? Sin embargo, la eternidad es también bastante incomprensible. Todas las teorías científicas tratan de buscar una solución matemática para que los resultados de sus ecuaciones no adquieran valores infinitos (la mecánica cuántica es una de tales). Así, llegamos a la conclusión de que, tanto la concepción del infinito, como la idea de finitud, se enfrentan a algún tipo de problema insalvable. Y lo paradójico de todo es que solo existen estas dos soluciones. No hay más alternativas.

Al final la ciencia se ve abocada a responder a preguntas parecidas a las que se ha hecho siempre la religión, lo cual no quiere decir que tenga que contestar de la misma manera, pero sí puede llevarnos a pensar que existe una cierta compatibilidad o entendimiento entre ambas.

Al fin y al cabo, cualquier nuevo principio siempre debe dar por hecho ciertas condiciones iniciales, un punto de partida imposible de demostrar mediante otra teoría. Esta es la única manera que tenemos de superar esa recursividad infinita que nos dejaría sin principio. Los axiomas últimos resuelven esto de manera bastante acertada. Algunos creen que siempre vamos a poder cuestionar los axiomas. Pero, ¿por qué hay que dar por hecho que podemos hallar causas más profundas? Más bien es exactamente al contrario: no pueden existir causas más profundas en serie infinita. La existencia misma está condicionada por algunas cualidades de suyo necesarias, que hacen imposible cualquier otra realidad.

No podemos retrotraernos infinitamente. Las causas de los fenómenos no pueden ser siempre efectos de otras causas más básicas. Tenemos que establecer un principio lógico en algún punto. Esto es sin duda una obligación epistemológica, que nos viene impuesta junto con nuestro carácter de seres finitos. Pero puede que no sea un requisito de la naturaleza. Si los fenómenos dependieran de otros que a su vez dependieran de otros y así sucesivamente, nunca llegaríamos a conocer el origen de todo, pero no podríamos dejar de establecer algún principio de entendimiento. Así, el hecho de que podamos establecer principios prácticos que nos sirven a nosotros no significa que esos principios sean los últimos, y por supuesto tampoco significa que hayamos resuelto todos los problemas. Nada nos libra del incognoscible.  

Nietzsche decía que “no existe nada parecido a una ciencia carente de presuposiciones.. una ciencia exige una filosofía, una fe previas, para cobrar dirección, significado, límite, método, y derecho a existir… lo que subyace a nuestra fe en la ciencia sigue siendo una fe metafísica.” Tal vez Nietzsche confunda la fe religiosa con la filosofía y con la ciencia. Pero en parte tenía razón. Toda proposición requiere un punto de partida indemostrable, que no se puede arreglar por el método científico y que por tanto se debe presuponer siempre.

Lo importante aquí no es rechazar o aprobar los axiomas de la lógica, sino saber qué principios últimos son los que ya no podemos demostrar empíricamente. Si recurrimos a algunas cuestiones esenciales de la vida y la existencia de las cosas, podemos tomar algunas condiciones de la realidad absolutamente necesarias y verdaderas, y a partir de ahí utilizar las mismas para sustentar toda la teoría científica, sin necesidad de que debamos someterlas a prueba. Por ejemplo, cualquier científico asume el principio de causalidad sin necesidad de comprobarlo empíricamente.

Pero si lo que hacemos es utilizar como axiomas algunos presupuestos extraídos de la fe y la cultura, transmitidos de forma arbitraria de generación en generación, no estaremos utilizando la razón. Estaremos abrazando la fe. Los axiomas que utilizamos no pueden apelar en ningún caso a descripciones muy detalladas de la realidad. Para ser ciertos, deben basarse en cualidades muy fundamentales, tan simples y necesarias que no requieran demostración alguna, y que no tengan alternativas. Pero es evidente que cualquier historia religiosa tienen millones de alternativas que quedan de manifiesto con el gran número de creencias que existen. Dichas historias no pueden constituir nunca axiomas reales.

Hasta hace poco, el físico más famoso del planeta, Stephen Hawking, afirmaba que el universo había nacido sin ayuda de Dios. En su best-seller de 1998, Breve Historia del Tiempo, Hawking dejó claro que la idea de Dios le parecía un concepto superfluo para explicar el origen del Universo.

Sin embargo, ahora el famoso científico espera ir un paso más allá. Según declaraciones citadas por The Sunday Times, va a anunciar que por fin ha logrado completar «una teoría sobre el origen del Universo que no necesita la participación de Dios». Su muerte nos ha dejado con las ganas de saber hasta dónde podría haber llegado.

Como nos explica Pablo Jáuregui en un artículo reciente: ”Al parecer, sus últimas investigaciones le han llevado a concluir que el big bang, el Universo y el tiempo físico están inmersos en una quinta dimensión diferente a las tres dimensiones del espacio que percibimos y la cuarta dimensión en la que vivimos: el tiempo. Según el científico, las condiciones de esta quinta dimensión desencadenaron el estallido cósmico que dio origen al Universo hace unos 15.000 millones de años. Este descubrimiento confirma que «no es necesario apelar a algo que esté fuera del Universo para explicar su origen.”

La primera postura de Hawking es perfectamente válida. La ciencia no necesita a la religión para explicar el universo visible. No obstante, la ciencia nunca podrá hacer una afirmación como la que Hawking pretendía realizar en esa nueva visión del asunto a la que se intentaba acoger al final de su vida. La ciencia no puede demostrar la inexistencia de Dios sencillamente porque tal demostración requeriría una prueba de que el incognoscible no existe. Siempre podemos pensar que hay algo que se nos escapa. Esa duda nunca desaparecerá. Y nunca jamás vamos a poder conocer algo que, por su naturaleza y por la nuestra, no es posible alcanzar. El incognoscible es inerradicable. Si hay algo de lo que podemos estar seguros es de nuestra falta de seguridad absoluta en algunas cuestiones.

Parece que el mundo nos presenta un acertijo irresoluble. Pero tampoco podemos eludir la pregunta. Existe un vacío de desconocimiento imposible de rellenar. Y al mismo tiempo existe también una necesidad imperiosa por conocer. Somos seres limitados que ansiamos la inmortalidad. Somos criaturas finitas que existimos precisamente porque somos individuos (entidades concretas). A su vez, existimos también porque hemos sido creados para sobrevivir y perdurar el máximo tiempo posible. Y como somos finitos, no podemos dilucidar todos los problemas. Pero también somos supervivientes que han evolucionado y sobrevivido gracias al conocimiento, y deseamos saber cuál va a ser nuestro destino final; queremos resolver el futuro. De este nudo gordiano de paradojas surge toda la zozobra que aqueja y mortifica al ser humano, pero también todas las fruiciones que le vinculan con la vida y le hacen desear las cosas.

Como dice Richard Dawkins, todos somos ateos con respecto al 99,9 % de las religiones. No puede existir un enfrentamiento mayor que aquel que nace del desprecio hacia esas otras ideas que contravienen la creencia más sagrada de todas, y que intentan cuestionar la propia inmortalidad de uno. Si la vida es el valor más sagrado que existe, la vida indefinida es la máxima expresión de dicho valor, y la muerte eterna (o el infierno) es el precio más alto que tenemos que pagar por no seguir las indicaciones que nos hacen los popes desde sus cenáculos.

El ateísmo es la única forma que tiene el hombre de renunciar a todas esas importancias. Parece increíble que lo pueda hacer. El ateísmo es mucho peor que un suicidio. No se renuncia a la vida terrenal, se renuncia a la vida eterna, infinitamente más larga. Y sin embargo, algunos son capaces de vivir sin esa esperanza. Es muy difícil procesar la propia desaparición de uno sin volverse un poco loco, o sin abrazar alguna forma de religión. Muy bien lo ha tenido que hacer la naturaleza, es decir, muchas ganas de vivir ha tenido que infundir en los organismos, para que el cerebro no acabe colapsando como un castillo de naipes bajo el peso del sinsentido de la vida.

Precisamente, estoy seguro de que la evolución biológica nos ha dotado de unas estructuras cerebrales que eluden, la mayoría de las veces, todos esos problemas psicológicos que resultan de las múltiples contradicciones a las que continuamente nos estamos enfrentando. Y son precisamente esos mecanismos de refuerzo los que nos llevan a analizar la compatibilidad que puede existir entre ciencia y religión.

Para empezar, debemos diferenciar dos tipos de compatibilidades. La religión y la ciencia son perfectamente compatibles en la mente de una persona. Eso está más que demostrado. Pero no son compatibles si de lo que se trata es de evaluar sus planteamientos de partida y sus métodos de estudio. Algunos intentan demostrar que ciencia y religión son compatibles también en este sentido, y para ello ponen ejemplos de pensadores que han combinado ambas instituciones. Pero esto solo demuestra que el ser humano puede creer en las dos (puede ir un dia a misa y al siguiente acudir al laboratorio), no que sean compatibles en el plano racional.

De nuevo, acudo al más que recomendable artículo de Pablo Jáuregui (http://www.elmundo.es/cronica/2002/351/1026115676.html), para rescatar algunos párrafos del mismo:  “No todos los científicos comparten la visión atea de Hawking.Es falso creer que la ciencia y la religión son enemigas irreconciliables; algunos científicos no ven ninguna incompatibilidad entre la investigación y la fe. Un ejemplo es Charles Townes, el físico que inventó el láser, quien considera que la regularidad de la naturaleza refleja la existencia de un «diseño inteligente.”

“Francis Collins, el prestigioso investigador que encabeza el Proyecto Genoma en Estados Unidos, también cree que no existe ningún conflicto lógico entre la Teoría de la Evolución y el concepto de un Dios Creador. Y uno de los cosmólogos más prestigiosos del mundo, Allan Sandage, afirma que es perfectamente compatible ser científico y creyente.”

“De hecho, una encuesta publicada por la revista Nature en abril de 1998 reveló que un 40% de los científicos sigue creyendo en Dios. El otro 60% se divide entre un 45% que se define ateo y un 15% que se mantiene en la frontera escéptica del agnosticismo.”

“Al mismo tiempo, la Iglesia también ha empezado a dar pasos para crear un nuevo clima de paz y entendimiento con los científicos. El Vaticano ya ha pedido perdón formalmente por su intolerancia persecución de Galileo Galilei, y en 1996 el Papa Juan Pablo II reconoció que las ideas de Darwin «son más que una mera hipótesis.”

“En medio de este clima, prestigiosas universidades como Cambridge o Princeton han creado cátedras dedicadas exclusivamente a la reconciliación entre la religión y la ciencia. En Estados Unidos se han creado varias instituciones con este objetivo. Estos gestos son sorprendentes, si tenemos en cuenta que, en 1981, la Academia Nacional de las Ciencias en EEUU declaraba oficialmente que «la religión y la ciencia son esferas desligadas e incompatibles del pensamiento humano.”

“Cuando al propio Hawking se le preguntó si consideraba que la ciencia y la religión eran incompatibles, contestó que «si eso fuera cierto, entonces Newton no hubiera descubierto la Ley de la Gravedad». En efecto, Newton, el predecesor de Hawking en la Cátedra de Matemáticas de Cambridge, siempre fue un hombre muy religioso y llegó a afirmar que el movimiento uniforme de los planetas «reflejaba el sentido estético del Creador.» De hecho, Hawking siempre ha rechazado la etiqueta de «ateo» para definirse. En todo caso, considera que la idea de Dios es «necesaria» para explicar el origen del Universo. Aunque esto no implica que sea falsa.”

Sin duda, lo que acabamos de leer deja claro que la religión y la ciencia son compatibles en la mente de muchas personas. De lo contrario, no podrían aguantar el peso de la existencia. Esa compatibilidad puede catalogarse nuevamente como uno de los rasgos adaptativos que más han hecho por nuestra especie. Aquellos individuos que son capaces de combinar la ciencia y la religión, también son los que a la larga más probabilidades tienen de sobrevivir y reproducirse, ya que solo ellos pueden obrar con la fuerza y el convencimiento que insufla en los corazones la creencia en Dios, sin descuidar tampoco la obra material, el estudio de las cosas mundanas, y el apego a la tierra que se precisa para vivir aquí abajo.

Además, esta compatibilidad entre ciencia y religión, basada en la adaptación biológica de la mente, también se puede aplicar al nivel de toda la sociedad, como vamos a ver a continuación.

4. Compatibilidades sociales

La religión es un movimiento social adaptativo de la máxima importancia, y como tal debemos entenderlo. Otra forma de defender la compatibilidad entre ciencia y religión es la de enfrentarse al problema de Dios desde el estudio escrupuloso de la ciencia, comprendiendo que las creencias son un rasgo particular de nuestra especie, como la masa encefálica o el pulgar oponible. Ir en contra de la religión sería, entonces, igual que ir en contra del bipedalismo o de la habilidad para cazar en grupo. Se hace evidente por tanto que el rechazo absoluto de la religión no tiene el menor sentido, y la mayoría de las veces provoca graves daños a toda la comunidad.

A los creyentes no les gusta que se les compare con otros rasgos adaptativos, pues estamos en cierta medida menospreciando el valor numinoso que ellos le dan a sus creencias. Pero es indudable que esa visión científica contribuye también a entender la religión y hace que la relación con ella sea más amigable.

El hombre es un ser vivo eminentemente gregario. Representamos al mamífero más exitoso de todos, y ello es debido en gran parte a que también somos el vertebrado más social de todos los que existen. Nuestra sociedad es infinitamente más compleja que la de cualquier insecto social.

Dentro de este escenario evolutivo, es importante tener en cuenta el papel crucial que juega la formación y consolidación de grupos. La defensa de las libertades individuales es una de las reivindicaciones máximas de la sociedad occidental. Sin embargo, no podemos obviar que estamos determinados, en la mayoría de los casos, por un comportamiento voluntario que nos lleva a buscar continuamente la compañía y la ayuda de los demás. Por eso es importante saber también por qué se constituyen los grupos y qué respaldo de legitimidad tienen.

Los grupos se caracterizan principalmente por dos cosas, por aquello que aspiran a ofrecer, y por aquellos a los que quieren implicar. Así, un grupo se puede basar en el ofrecimiento de un principio doctrinal que atienda a cierto aspecto importante de la realidad, o puede en cambio ofrecer un principio espurio, sustentado en una capacidad contingente apenas importante. A su vez, los grupos pueden querer imponer ese principio a todas las personas, o solo a una parte de ellas.

De todas las clases de movimientos sociales, la más peligrosa es el marxismo. La ideología de Marx se basaba en una cualidad de la persona ciertamente particular (contingente): su condición de obrero. A esto se unía su intención de extender esa condición a cualquier ser humano. El peligro viene precisamente cuando pretendemos imponer una cualidad particular de manera general, como si fuera un principio absoluto. Y el peligro del marxismo vino cuando se quiso hacer del trabajador obrero una suerte de ejemplo para todos los ciudadanos, convirtiendo la sociedad entera en un campo de concentración y exterminio donde solo era posible existir si demostrabas afinidad con el tirano o si eras un jornalero harapiento.

En el otro lado del espectro tenemos al liberalismo clásico, el cual se basa en un principio de suyo universal: la individualidad y la acción libre de las personas, que también se trata de imponer a todos los niveles, para asegurar el respeto de tales libertades, y cumplir con ese precepto ecuménico. Pero ahora, como el principio es absolutamente cierto, y como la consigna que defiende no acarrea ningún tipo de caudillaje, su aplicación en este caso no puede ser más correcta.

Soy consciente de que muchos grupos sociales emergentes (casi todos) tienen en realidad un abolengo marxista claro, y buscan hacerse con el poder del Estado para dictaminar normas que obliguen a todos a seguir sus preceptos y sus leyes. Pero ello no quita para que existan algunos pocos grupos que no tengan esa intención.

Con la religión ocurre algo parecido. Si es el movimiento de un grupo de personas que meramente se limitan a adorar a determinado dios, sin pretensiones de otro tipo, no puede ser en absoluto perseguible, ni se debe querer que desaparezca. Ahora bien, si ese grupo de fieles aspira a tomar el Estado por asalto e implantar sus ideas en todo el territorio, se convierte sin duda en una nueva clase de marxismo cultural, y desde ese mismo momento debe ser perseguido y denunciado.

Por eso es que la religión como tal no puede ser nunca rechazada apelando exclusivamente a su condición de creencia, e incluso tiene que contemplarse con agrado y admiración, como una forma mas de adaptación biológica, y como aquel comportamiento que ha llevado a nuestro linaje a ser la especie más exitosa de todo el planeta. Si creemos en la prosperidad, el desarrollo, el futuro, la expansión y la existencia del individuo humano, tenemos a su vez que creer, no solo en la razón, sino también en los sentimientos, la religión y las creencias divinas. A algunos esto les parecerá un contrasentido. Pero eso es porque no entienden la etología del ser humano, siendo por ello incapaces de apreciar el papel evolutivo que desempeña la idea de Dios en el proceso general de la vida. La fe es sin duda uno de los rasgos que mejor definen el poder de abstracción, el carácter perseverante y la posición de dominio del que ya es por méritos propios el chimpancé más exitoso sobre la Tierra.

En definitiva, hay movimientos que luchan por un principio correcto y que buscan hacerlo extensible al mayor número de ciudadanos posible (por ejemplo, el liberalismo aspira a defender la individualidad y la acción libre de todas las personas). Otros en cambio elevan a la categoría de principio universal una causa particular suya, un falso principio, que carece de la suficiente importancia (por ejemplo, los animalistas). Los más peligrosos quieren imponernos esa banalidad a través de la política (por ejemplo, el marxismo cultural). Y hay un cuarto grupo de individuos que se unen para luchar por un principio que, aunque falso, tiene sin embargo una importancia social considerable. Este es el caso de la religión, que puede actuar como amalgama social, como núcleo de identificación, y como catalizador de los sentimientos y la ética de toda una colectividad.

Resumiendo mucho, tendríamos por tanto un solo principio correcto (universal) y muchos principios falsos (como dice Carlos Rodríguez Braun, solo hay una forma de hacer el bien pero muchas de hacer el mal). Y dentro de los principios falsos existirían aquellos que son realmente intrascendentes y aquellos que, aunque falsos, pueden jugar un importante papel social. Finalmente dentro de los principios intrascendentes debemos incluir también a los más peligrosos de todos, que son los que aspiran a imponer esa banalidad a través de la política y el Estado, haciendo que toda la sociedad se guíe por los remedios que propone una pandilla de inútiles (marxistas).

La religión no es peligrosa por sí misma. Igualmente, la ciencia no es siempre un pozo de sabiduría. No en vano, la ciencia (el cientismo y el exceso de la razón) le tomó el relevo al acabar la Edad Media y la superó con creces. Los crímenes que se cometieron en nombre de la fatal arrogancia (que exacerbaba la razón), no tienen parangón con las cacerías de brujas de los siglos previos. Ciencia y religión pueden derivar ambas en movimientos totalitarios, y lo que determina esa desvío no son las características implícitas en estas dos instituciones sociales, sino su radicalización y su convergencia con el ideario marxista y el totalitarismo de Estado.

Por tanto, la religión solo puede ser peligrosa en tanto en cuanto se convierta en una corriente de índole marxista. En cambio, si es un movimiento apolítico, personal, o privado, puede suponer una de las instituciones más importantes de la sociedad, sirviendo como rasgo adaptativo de nuestra especie, canalizando un sin fin de sueños y anhelos humanos, ofreciendo un sentido a la vida, y haciendo que las personas se esfuercen por mejorar y por vivir en paz con los demás.

Ha quedado demostrado por tanto que la religión puede y debe convivir con la ciencia, en las sociedades y en la mente de las personas. Y esto se puede afirmar aunque a continuación digamos que ambas son incompatibles cuando de lo que se trata es de determinar su lógica y su coherencia internas. Incompatibilidad y compatibilidad tienen distintos tratamientos dependiendo de a qué nos refiramos. El problema de la religión no se puede resolver con un simple bandazo.

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Filosofía, ciencia, evolución, economía: mis trabajos más académicos

Agrupo en esta entrada todas aquellas conferencias, entrevistas y artículos que giran en torno al concepto de transversalidad de la ciencia, y que son el resultado de una profunda convicción personal, la de que el conocimiento humano tiene una razón de ser principal: el ecumenismo filosófico y la integración de saberes, convencimiento que me ha llevado a emprender un camino en solitario que espero me conduzca a entender y sistematizar todas esas conexiones, con el máximo grado de coherencia posible.


1. CONFERENCIAS Y ENTREVISTAS

1.1. Principios científicos y filosóficos de la libertad humana

Entrevista previa:

Conferencia:

1.2. La Teoría del Todo de las ciencias humanas

Entrevista previa:

Conferencia:

1.3. Introducción a la sociobiología y la bioeconomía



2. ARTÍCULOS CIENTÍFICOS

2.1. La libertad individual: objetivo y metodología de la Escuela Austriaca

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camino-soledad

Filosofía política: el camino metodológico que atraviesa todo el conocimiento

 

 

 

 

 

 

 

 

2.2. Sociobiología: una aproximación desde la Escuela Austriaca

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Biología política: la naturaleza como fundamento de la organización humana

 

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La vida de Brian: un clásico liberal

La vida de Brian (Life Of Brian, 1979) es el tercer largometraje del grupo de comedia inglés Monty Python. La vida de Brian fue un éxito de taquilla, logrando la cuarta mayor recaudación de cualquier película en el Reino Unido en 1979, y la más alta de cualquier película británica en los Estados Unidos ese mismo año. Trata la historia de un judío que nace el mismo día que Jesucristo y ya de adulto es varias veces confundido con él. Ficha técnica: Dirección de Terry Jones. Producción de John Goldstone George Harrison (productor ejecutivo). Guión de Graham Chapman John Cleese Terry Gilliam Eric Idle Terry Jones Michael Palin. Música de Geoffrey Burgon. Fotografía de Peter Biziou. Montaje de Julian Doyle. Protagonistas: John Cleese Graham Chapman Terry Gilliam Terry Jones Michael Palin Eric Idle Terence Bayley Sue Jones-Davies. Ver todos los créditos (IMDb). Datos y cifras País Reino Unido Año 1978. Género Comedia. Duración 94 minutos.

La vida de Brian es la única película de contenido sarcástico que gusta por igual a gente de derechas e izquierdas. Lo que no sabe ninguno de estos dos grupos es que ese gusto que comparten se debe a que el film critica en parte a ambos dos. Por un lado es una critica ácida a la religión tradicional. Pero también es una denuncia de esa otra forma de creencia (laica) que viene siempre a sustituir a la primera. A la derecha conservadora le gusta la crítica que hace de los abusos de la razón que comete la izquierda comunista. Y a la izquierda le agrada que se metan con la religión católica. Ninguno de ellos sabe que la película es en realidad una réplica liberal en toda regla. Los liberales somos los únicos críticos que denunciamos por igual todos los sofismas antirracionalistas, aquellos que campan a sus anchas tanto en la izquierda (cientista) como en la derecha (religiosa).

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La dictadura de Hayek

“…estoy totalmente en contra de las dictaduras, como instituciones a largo plazo. Pero una dictadura puede ser un sistema necesario para un período de transición. A veces es necesario que un país tenga, por un tiempo, una u otra forma de poder dictatorial. Como usted comprenderá, es posible que un dictador pueda gobernar de manera liberal. Y también es posible para una democracia el gobernar con una total falta de liberalismo. Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un Gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente… Desafortunadamente, en estos tiempos las democracias están concediendo demasiado poder al Estado. Esta es la razón por la cual soy muy cuidadoso de distinguir entre ‘democracias limitadas’ y ‘democracias ilimitadas’. Y obviamente mi elección es por las democracias limitadas. En algunos países, las mayorías son capaces de convertirse en grupos discriminatorias que favorecen a ciertas personas en detrimento de otras. Para mí se trata de democracias ilimitadas. Por otro lado, la democracia limitada debe ser capaz de dar a los propios grupos de contribuyentes las mismas posibilidades que al resto” Friedrich Hayek, El Mercurio (12-4-1981).

El sistema óptimo de organización social solo puede ser una mezcla de dictadura y democracia (por ejemplo, una democracia liberal). Tiene que ser una dictadura respecto de aquellas normas básicas sin las cuales no se podría garantizar la permanencia en el tiempo de un sistema suficientemente libre y democrático, y tiene que ser una democracia respecto de aquellas otras cuestiones menores que afectan a la vida colectiva, las preferencias, y las decisiones mayoritarias que tienen que ser acordadas en común, mediante plebiscito, por el conjunto de los ciudadanos. En consecuencia, existen dictaduras (de libre mercado) que, por basarse en principios verdaderos, quedan más legitimadas que algunas democracias parlamentarias que optan por conculcar esos principios de rigor. Y por lo mismo, es indudable que también debe haber dictadores mejores y peores. La gradación existe a todos los niveles. Aquellos que dicen que todas las dictaduras son malas, porque solo las democracias son buenas, indirectamente también están asumiendo que todos los principios son iguales, y, en consecuencia, tienden a ningunear dichos principios e introducir todo tipo de arbitrismos legales, basándose en la decisión mayoritaria. En un sentido lato, la dictadura es un sistema que impide a una mayoría acceder al gobierno y cambiar las normas que establece de antemano una minoría. Eso, por sí mismo, no nos habla de la calidad de las leyes, sino solo de su mecanismo de implementación. Si esas normas son esencialmente correctas, la dictadura es el sistema que mejor puede garantizar esos aciertos a medio y largo plazo, y en circunstancias convulsas. En estos casos, el cómo importa menos que el qué. Cuando hablamos de cuestiones esenciales, es preferible fijarse en la certitud de la norma que intentar modificarla o corregirla mediante votación. Nunca nadie ha dado a elegir al pueblo las leyes de la física. Y lo mismo deberíamos hacer con algunas normas de la democracia. Lógicamente, no queremos decir que el cómo no importe nada: las dictaduras conllevan otros problemas de ordenación que concitan su condena inmediata y que tienen su raíz en el cómo y no en el qué. Y luego también hay dictaduras horrendas basadas en principios equivocados. Pero eso no quiere decir que tengamos que manifestar un rechazo absoluto hacia toda forma de poder autoritario. En términos relativos, una dictadura normativa puede ser incluso mejor que una democracia de mayorías. Esto es así porque al final es la calidad de las leyes, y no la forma de elegirlas, lo que más importa a la hora de crear un sistema social adecuado. Y no hay que tener miedo a decir esto: es la verdad, y la verdad no suele ser patrimonio de las mayorías. Cuando dices que todas las dictaduras son iguales, de inmediato recibes el aplauso cálido y complaciente que te brinda una masa ingente de opinadores. Queda muy bien, es un eslogan fácil. Pero hay que atreverse a decir la verdad.

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El Juez Ricardo González: un llamamiento a la razón en medio del desierto

La sentencia particular con la que se ha desmarcado el Juez Ricardo González en el caso de La Manada, contradiciendo a las otras partes intervinientes, es un ejercicio jurídico impecable, pero también un grito en el desierto. Contrasta con el testimonio contradictorio de la víctima, con los malabares de la sentencia del tribunal, y por supuesto también con el sentir mayoritario que manifiesta la turba de feligreses que han asaltado las calles de las principales ciudades de España.

La sentencia judicial que han emitido los otros dos jueces es en sí misma un atentado contra la razón más básica, alentado desde las calles por una jauría compuesta por millones de personas disminuidas psíquicas, llevadas por la fe, que son incapaces de seguir una simple cadena lógica de razonamientos, reflejo de una sociedad irracional, beoda y desenfrenada. Al lado de esta masa amorfa de gente enloquecida y sedienta de sangre, el hecho sexual que se juzga en la sentencia parece más bien un acto cometido por una carmelita mojigata que lo que verdaderamente ha sido. La condena se ha basado en el único testimonio de la víctima, el cual se contradice desde el primer momento, cuando la afectada declara ante la policía que había sido obligada a caminar con los condenados, viéndose luego en las imágenes que no fue así. La parte mayoritaria del tribunal (que ha condenado a los acusados) hace verdaderas cabriolas para justificar sus argumentos, como cuando dice que la chica agarró el miembro de uno de los denunciados para no desequilibrarse. En los vídeos no se aprecia forzamiento alguno, todo lo contrario. Parece que la mujer se aferra a los acusados mientras les besa las partes pudendas, por atrás y por delante. Además, hay motivos sobrados para pensar que la víctima denunció la supuesta agresión impulsada por un prurito que no era el de hacer trascender la verdad, porque le robaron el móvil, porque podía verse expuesta al escarnio público cuando todos viesen las imágenes, porque la dejaron tirada en el portal, porque se le pasó el efecto del alcohol. Lógicamente, todas estas suposiciones tampoco prueban la inocencia de los acusados, pero valen por sí mismas para dudar de la narración de la denunciante y absolverlos de inmediato.

Pero no podemos pedir peras al Olmo. España es un erial de victimismo feminista y una pocilga de irracionalidad. La sociedad española es el vivo reflejo del mundo que nos ha tocado vivir, un mundo que solo ha podido avanzar en el último medio siglo a fuerza del trabajo acumulado que ha ido decantando un mínimo porcentaje de individuos ilustrados. La mayoría está tan alejada de la ciencia, la modernidad, la razón, y la coherencia como lo puede estar una lamprea.

Quienes denunciamos esta situación somos acusados de colaborar con los violadores. Mientras, aquellos que nos querrían quemar en la pira, se permiten el lujo de mirar para otro lado cada vez que sale de la cárcel un violador confeso, que al poco vuelve a cometer delito. Los que pedimos la prisión permanente revisable para estos casos extremos de violencia, somos a la vez condenados por aquellos mismos que dejan libres en las calles a auténticos criminales. Estas son las paradojas que tiene la vida. No es algo novedoso. Viene siendo así desde siempre.

Miguel Servet murió quemado en la hoguera a manos de una turba de ignorantes.  Uno tiene la impresión de que no han cambiado muchas cosas desde entonces. Los acusados de La Manada son unos imbéciles mayúsculos si los comparamos con el bueno de Miguel. Pero la parte acusatoria sigue siendo la misma: una manada de fieras apenas más inteligentes que una piedra, que conciben el linchamiento como la única forma legítima de impartir justicia, y que se creen más capacitados que los propios profesionales y testigos. Hoy en día, víctimas y victimarios se han igualado en una suerte de aquelarre general. Existe la sensación de que el mundo avanza cada vez mas rápido, pero parece que eso no es incompatible con el retroceso que sufre el común de los mortales dentro de su cabeza.

No entiendo qué diferencia fundamental hay entre una violación con violencia física y otra con prevalimiento. Lo esencial es el consentimiento y la penetración. Lo que se haga para acceder al cuerpo del otro es secundario. Y la diferencia de tantos años en la pena que se impone en unos y otros casos me parece una abominación. Si se demuestra que has violado a una mujer sin recurrir a la violencia física, la pena se reduce a la mitad. Y sin embargo, a la gente le basta con que la chica diga que la penetraron sin su consentimiento para exigir que la pena se duplique.

Hay algunas cosas en las leyes que me chirrían un poco. Pero no voy a pedir la cabeza de los jueces. Esa es la diferencia que me separa del estado medieval en el que ha caído media España.

No todas las violaciones utilizan la fuerza física como medio de coacción. Pero todas las sentencias tienen que demostrar que ha existido resistencia y forzamiento. Ahora bien, cualquier acceso carnal que no implique forzamiento físico es siempre muy difícil de demostrar. A una mujer le puede interesar practicar sexo con un hombre por muchos motivos, para conseguir otras cosas, y no sería la primera vez que ocurre. Entonces, podemos alegar que el hombre se prevale de esa situación de necesidad y ya tenemos la monstruosidad jurídica: nueve años de condena.

Si no se puede informar de la víctima, tampoco se puede saber si es o no una víctima real. Si la justicia no puede juzgar a las supuestas víctimas, estas dejan de ser supuestas y los juicios se convierten en una suerte de aquelarre moderno en el que solo cabe linchar de antemano a los acusados. El argumento principal que escucho estos días en muchos medios de comunicación afirma que no se puede juzgar el comportamiento o la psicología de la víctima en cuestión, y que esta no tiene necesidad de manifestar su negativa a mantener relaciones sexuales con un varón. Ahora bien, dado que la definición de violación implica necesariamente la falta de consentimiento expreso por parte de la víctima, lo que estos medios nos vienen a sugerir es que no podemos medir ese consentimiento, teniendo entonces que admitir cualquier acusación sobre violación que efectúe una mujer. En definitiva, tenemos que aceptar que todas las mujeres dicen la verdad sin poner en duda su palabra. Hemos llegado al núcleo central del feminismo hodierno: la mujer se ha convertido en la nueva vaca sagrada del hinduismo vaginal, un ser divino al que hay que adorar cada vez que un hombre necesite expiar sus pecados naturales, un demiurgo incuestionable con forma de víctima.

Pero la cosa no se queda aquí. A partir de la sentencia de La Manada, en España se puede condenar a un sospechoso con la única carga de prueba que ofrece el testimonio de la víctima, contradictorio, basado exclusivamente en una percepción subjetiva eventual, la cual, ya no es que no tenga que ser analizada, es que ni siquiera tiene que ser exteriorizada por la propia denunciante en el momento de cometerse el acto delictivo. No se juzgan pues los hechos materiales, se juzga el mundo interior de una persona, su percepción mutable, el abismo de su pensamiento, la emoción intangible. La mujer puede mantener relaciones normales con un hombre y al cabo de un rato sentir en su fuero interno que ha sido violada por él, y correr a la comandancia a presentar una denuncia. No hay hechos. No hay violación. Pero da igual. Todo depende del estado anímico y cambiante de una persona en particular. El relativismo y la irracionalidad acaban de entrar por la puerta grande en el atrio de la justicia.

La vara de medir subjetiva también hace su acto de presencia cuando se trata de juzgar un hecho moralmente repudiable. Me da la impresión de que los acusados no están siendo condenados por violar a una chica. A falta de pruebas, se apela principalmente a su carácter de depravados, a la banalización que hacen del sexo, o a su machismo aprendido. Se mezcla el acto a enjuiciar, objeto de delito, con todo tipo de consideraciones éticas, volviendo a los tiempos en los que el Estado español (franquista) publicaba bandos moralizadores al acercarse el verano, para conservar las buenas costumbres, propiciar la decencia, y prohibir los baños indecorosos.

En un juicio (científico) la deontología investigativa prima siempre sobre cualquier sentimiento particular. Para esa deontología solo cuentan los hechos probados. Se ha señalado que la mujer estaba atemorizada, con los ojos cerrados. Pero ella misma reconoce que no manifestó otra actitud que no fuera esa. Ahora bien, una mujer con los ojos cerrados no es una prueba legal (y tampoco legítima). No se puede juzgar la vida interior de una persona. Si los ojos cerrado valieran por si solos como indicio probatorio en un caso de violación, todos los varones adultos tendríamos que estar encarcelados mañana mismo.

Resulta asombrosa la falta de discernimiento que manifiesta la mayoría de la gente en este punto. Parecen mentes preformadas de adolescentes, incapaces de inducir un simple hecho a partir de otro. Es asombrosa la estampida de irracionalidad que ha desencadenado el proceso de La Manada. Nos ha devuelto a la realidad. Uno es más o menos consciente. Pero cuando se manifiesta con tanta claridad y en un número tan elevado parece que despiertas todavía más. De repente, te das cuenta que vives en una isla rodeada por un océano de amebas y tiburones. Y te invade una cierta sensación de vértigo, una duda existencial que crece dentro de ti devorándote las entrañas. El hombre no tiene salvación. Estamos condenados para toda la eternidad. Pero el infierno no es una catacumba de fuego. Es un pozo de estupidez sin fondo.

La justicia no es una ciencia exacta. Cualquier análisis social conlleva cierta incertidumbre inerradicable. Además, los hombres que se ponen las togas son seres humanos de carne y hueso que cometen errores. Existen imprecisiones, ambivalencias, zonas grises, hechos inverificables. Pero lo que si es completamente seguro es que, si dejamos la justicia en manos del populacho y la gente no profesional, todos esos errores e incertidumbres se van a multiplicar por un factor de mil. De hecho, millones de personas, periodistas, políticos, e incluso algunos abogados, ya están clamando para cambiar la legislación, introducir la perspectiva de género, y de ese modo dejar de juzgar las actitudes de la víctima y centrarse exclusivamente en el comportamiento de los agresores. Es decir, quieren dar la espalda a la realidad, al análisis de todas las partes, a la investigación científica. Quieren que una violación deje de depender del consentimiento y se juzgue en función de la visión sesgada que se tenga de una de las partes implicadas. Si la actitud de las mujeres no importa para determinar si un acto sexual es una violación, cualquier acto sexual puede considerarse una violación. Solo tiene que haber una denuncia.

La jauría feminazi que ha actuado de comparsa en el juicio de la Manada exige como primera medida para cambiar las leyes que se vulnere el que sin duda es el principio más fundamental del derecho: el onus probandi. No quieren que se valore el comportamiento de la víctima. Ahora bien,  si no se puede poner en duda la declaración de la parte acusatoria, no existe presunción de inocencia. Y si no existe presunción de inocencia tampoco hay juicio: no tiene sentido encausar a alguien que ya de antemano se considera culpable. ¿Cómo es posible que millones de personas en todo el país no vean este error fundamental y en cambio se alcen al unísono para exigir la supresión inmediata de una ley jurídica tan importante, origen de todas las demás? Pues es posible: vivimos una Edad Media permanente. A veces se cuestiona la forma que tiene la Tierra o el movimiento que realiza alrededor del Sol. Otras lo que se pone en duda es la presunción de inocencia de todos los ciudadanos. Ahora le ha tocado a las ciencias jurídicas. La inquisición no admite excepciones.

Enlace a un resumen de la sentencia del Juez Ricardo González:

Ver en Medium.com

 

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El caso de La Manada: una oportunidad para analizar la irracionalidad con la que piensa la mayoría de la gente

Los hechos acaecidos con motivo de la sentencia que dictaminó ayer el tribunal de Navarra que juzgaba a los miembros de La Manada por la supuesta violación múltiple de una mujer durante las fiestas de San Fermín de 2016, han levantado polvaredas de indignación a lo largo y ancho de todo el país. Pero el caso también levanta una larga sombra de sospecha que pone en duda las capacidades reales que tendría la mayoría de la gente para razonar con coherencia y hacer juicios de valor sin involucrar a los sentimientos y atendiendo única y exclusivamente a la realidad.

Los hechos son los hechos y el caso en cuestión no tiene vuelta de hoja. Desde un punto de vista estrictamente científico, está bastante claro. Esto nos permite analizar también las torpezas que comete el ser humano cuando se dispone a valorar un acontecimiento sin asegurarse antes las herramientas necesarias. En aras de alcanzar una mayor objetividad, sugiero que nos detengamos a analizar los siguientes puntos:

1. La diferenciación clave entre una violación condenable y una relación sexual normal debería ser el grado de consentimiento que evidencian todos sus participantes. Una violación o un abuso requieren para darse de la inexistencia de consentimiento.

2. Si no hay consentimiento, la diferenciación entre una violación y un abuso sexual debería centrar la atención en el grado de daño o forzamiento que se utiliza contra la víctima. Un acto consumado es violación. Un simple tocamiento es abuso.

3. La víctima ha declarado en todo momento que no sintió dolor alguno y que lo único que manifestaba era el sentimiento profundo que le llevaba a desear que todo acabara rápido. Por eso mantuvo los ojos cerrados. Desgraciadamente, los sentimientos internos de la victima no son susceptibles de ser analizados en un juicio. Una mujer con los ojos cerrados y rodeada de hombres no es un hecho demostrativo que valga para probar la falta de consentimiento. Por tanto no se puede demostrar ni la violación ni el abuso. La mujer puede estar paralizada por el miedo o puede estar disfrutando de la relación. No hay manera de saberlo.

4. Las dudas razonables que plantea la sentencia contra La Manada son completamente legítimas. Por supuesto, dicha sentencia no es indicativo de una actitud machista por parte del tribunal. El órgano decisor se limita a poner en duda las pruebas que se le han presentado, pero lo que no hace en ningún caso es apoyar el sometimiento de las mujeres hacia los hombres. Por tanto no estamos hablando de machismo, como dicen muchos.

5. No se puede afear la actitud del tribunal cuando ni siquiera se ha leído la sentencia, y sobre todo si no se ha podido ver el vídeo de los hechos.

6. Es una posibilidad real que la mujer, temiendo la difusión que se pudiera hacer de las imágenes grabadas durante el acto, o por simple arrepentimiento, o por lucro, decidiera conscientemente o a través del autoengaño, denunciar a los chicos para aparecer como víctima.

7. Se debe admitir una cierta incapacidad real para determinar si un acto es o no violación, lo cual va a provocar sin duda una grave injusticia en aquellos casos en los que una mujer violada queda paralizada y no puede demostrar que no había consentimiento, ni condenar a sus agresores directos. Pero esta injusticia insalvable no puede justificar a su vez la introducción en las leyes de otra injusticia mucho mayor: la condena de personas inocentes que, ante la acusación falsa de violación, no puedan demostrar tampoco que la mujer estaba disfrutando y no se encontraba paralizada. En ciencia hay que admitir los límites cognoscitivos y las ambigüedades reales, a pesar de las injusticias constitutivas o los conflictos de conciencia que puedan traer aparejadas dichas limitaciones, y no se deben intentar reparar con afirmaciones teológicas que lo único que hacen es poner parches y proponer soluciones falsas mucho peores.

8. Si la sentencia llega a la conclusión de que no se puede demostrar si hubo falta de consentimiento y tampoco agresión, y si eso es lo que tira abajo la acusación de violación, por lógica pura la misma imposibilidad de demostrar tales comportamientos debería tumbar también la acusación de abuso, por mucho prevalimiento que se pueda suponer. Por tanto, bajo este prisma sentencia se queda sin fundamento alguno, y lo correcto sería absolver a los acusados. Ese es el único camino razonable cuando no hay forma de demostrar la falta de consentimiento.

La dama de la Justicia ha sido a menudo dibujada y esculpida con los ojos vendados. La venda en los ojos representa la fe en una justicia impuesta objetivamente, sin miedo ni favoritismos, independientemente de la identidad, el dinero, el poder o la debilidad de las partes. La justicia es ciega y se presupone imparcial. Pero para las masas aborregadas que hoy salen a las calles a vociferar en contra de la sentencia, y para muchos medios de comunicación y periodistas a sueldo, la demostración objetiva de un hecho consiste en interpelar al abogado de la defensa exigiendo que les diga si tiene hijas, y cuando reciben una contestación afirmativa preguntarle si actuaría igual en el caso de que su hija fuera la víctima. Está claro que algunos no entienden eso de que la justicia tiene que ser imparcial y por tanto tampoco puede ponerse en el lugar de un padre o una madre desolados. ¿Cabe mayor demostración de irracionalidad? No lo creo. Los maestros de ceremonias en estos aquelarres públicos son los mismos que antiguamente quemaban a niñas en la plaza del pueblo bajo la acusación de brujería. Hoy en día se han intercambiado los roles, y son las brujas las que querrían ahorcar a cualquier hombre que reciba una denuncia de una mujer, sin importarles la presunción de inocencia, la justicia, la objetividad o la verdad.

En definitiva, hay muchos puntos de irracionalidad en este caso:

Por parte del populacho: no fijarse en el hecho diferenciador, el consentimiento; no distinguir el abuso de la violación; no distinguir la certeza absoluta de la incapacidad para probar un hecho determinado; hacer valoraciones despreciando al mismo tiempo las pruebas más importantes, el vídeo, la sentencia, los testimonios.

Por parte del tribunal: tirar por el camino de en medio y dejarse influenciar por la opinión pública. O es violación o no lo es. Lo que no puede ser es un abuso. Si hay penetración múltiple y no hay consentimiento es violación. Si hay penetración múltiple y hay consentimiento no es violación. Si no se puede dirimir el consentimiento, ante la duda, los acusados tienen que quedar absueltos.

Por parte de la ley: no identificar el hecho diferenciador más importante en estos casos, que no es otro que el consentimiento de la supuesta víctima, tratando la penetración unas veces como violación y otras como delito de abuso. Si no hay consentimiento, la penetración siempre debería ser violación.

Si el derecho fuera tratado con el mismo rigor y escrúpulo que utilizan los científicos para valorar sus investigaciones académicas, el caso estaría listo para sentencia, y la polémica social no tendría sentido. Como la sociedad es un saco de nervios y de tripas, y la razón campa siempre por su ausencia, la polémica está a la orden del día. Vienen malos tiempos para la justicia.

Millones de personas, periodistas, políticos, e incluso algunos abogados, están aprovechando esta causa para proponer un  cambio aberrante en la legislación española: dicen que quieren introducir “la perspectiva de genero” ¿En que se traduce esto? Según nos cuentan, lo que hay que hacer es dejar de juzgar las actitudes de la victima y centrarse exclusivamente en el comportamiento de los agresores. Es decir, quieren dar la espalda a la realidad, al análisis de todas las partes, a la investigación científica. Quieren que una violación deje de depender del consentimiento y se juzgue en función de la visión sesgada que se tenga de una de las partes implicadas. Si la actitud de las mujeres no importa para determinar si un acto sexual es violación, cualquier acto sexual puede considerarse una violación ¿Cómo es posible que millones de personas no se percaten de esta falacia? El mundo es un erial baldío lleno de cerebros atrofiados.

El voto particular (absolutorio) de uno de los magistrados es el único ejercicio de derecho impecable que podemos rescatar. Lo único que merece la pena de todo el juicio. Su declaración se centra en la importancia del consentimiento y no en lo reprobables que son las prácticas sexuales. Garantiza la presunción de inocencia. No condena a los sospechosos por unos hechos que la parte acusatoria jamás ha tenido en cuenta. No basa la sentencia en el único testimonio de la víctima (que además es contradictorio). Imaginen si todos los juicios dependieran solo del testimonio de la víctima. Cualquiera podría acusar a cualquiera y salir airoso. Esto sería la selva (tal vez ya lo sea). Lo que debería producirnos repugnancia no es una relación sexual múltiple con una mujer joven. Lo verdaderamente asqueroso es la mentalidad anticientífica que padece el español medio, su incapacidad para hacer un juicio racional con un mínimo de coherencia, su falta de seriedad y madurez intelectual, su animalidad. Vemos el pasado salvaje como algo que es mejor olvidar. Pero continuamos haciendo sacrificios a nuestra manera. Reclamamos una justicia popular, queremos volver a linchar a los sospechosos en las calles y las plazas, como hacían antaño los hombres, y como hacen ahora los bárbaros islamistas del ISIS. Queremos arrebatar las togas a los verdaderos profesionales, para dárselas a la verdadera manada, el populacho imberbe y amateur. Queremos anteponer la ignorancia al estudio meticuloso, las prisas mediáticas a la reflexión meditada. Pero lo peor de todo es que, de los tres jueces, dos de ellos hayan cedido al chantaje que le ha tendido la masa aborregada de gente incultura. El resultado es una sentencia construida ad hoc  para aplacar la ira de los manifestantes y condenar a los acusados al máximo número de años sin poner en grave riesgo el prestigio de la magistratura, una sentencia que no se sostiene por ningún lado, que tira por el camino de en medio (el abuso sexual), y para la que preveo una muerte rápida, si la justicia acaba funcionando de verdad.

Postdata: durante todo el artículo hemos supuesto que la victima permanecía pasiva con los ojos cerrados. Esta actitud ya vale para absolver a los acusados. No obstante, existen indicios de un comportamiento proactivo que inclinaría todavía más la balanza en favor de dicha absolución. Vayamos a las fuentes:

Página 63 de la sentencia: “En el intervalo comprendido entre los segundos 00:16 a 00:22, se continúan escuchando gemidos y jadeos , de origen y contenido inespecífico así como un registro de voz de un varón que mantiene un breve dialogo, de un contenido semejante a : “¿Quieres que te la meta?, – “Sí”. – “pal fondo, vale.”

Página 246 de la sentencia: “Por el contrario, a mi juicio, en las imágenes quedan evidenciados movimientos proactivos incompatibles con la “noreacción” que se afirma y que sugieren una participación voluntaria por su parte. Ello resulta especialmente gráfico en el vídeo IMG7408 que recoge claramente el gesto de la mujer tomando en su mano el pene de uno de los varones y realizando movimientos masturbatorios sobre el mismo y esto, no durante los dos segundos que se afirman por la sala mayoritaria, sino durante toda la secuencia que recoge el vídeo y prácticamente desde el inicio de la grabación; en el vídeo IMG7409 es claramente perceptible el movimiento de ella al acomodar su postura cuando uno de los varones se acerca por detrás en lo que parece el inicio de una posible penetración; el movimiento sincrónico entre varón y mujer en el vídeo IMG7410 resulta de igual modo evidente. La imagen, coincidente en ambas, que recogen las fotografías IMG7413 e IMG7414, es inconcebible sin una aceptación y “proacción” de la mujer. En varios momentos, además, se escuchan sonidos de voz femenina que pueden describirse como gemidos o jadeos de carácter sexual. A este respecto y considerando que, de forma reiterada, firme y persistente a lo largo de todo su relato, tanto en comisaría, como en su declaración judicial y repetidamente en su declaración en juicio, se ha mantenido por la denunciante que no sintió ningún dolor en ningún momento, han de atribuirse a los sonidos propios de la relación sexual que se mantenía cuando se escuchan, y que, por otro lado, es lo que sugieren cuando se oyen.”

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Sociobiología: una aproximación desde la Escuela Austriaca

“Sociobiología: una aproximacion desde la Escuela Austriaca” es un artículo publicado por Eladio García García en el vol. 14, No. 2 (2017), artículo 3, de la revista Procesos de Mercado, co-editada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Unión Editorial.

PDF: http://www.procesosdemercado.com/pdf/2015-1/011%20NOTA%205%20primavera%202015.pdf

Revista: http://www.procesosdemercado.com/vol-xiv-no2-2017/


La revista Procesos de Mercado publica en su último número un artículo mío titulado “Sociobiología, una aproximación desde la escuela austriaca”. Dicho opúsculo viene a cubrir un campo del conocimiento que creo no  ha tenido la suficiente repercusión ni la atención que se merece. La escuela austriaca es una corriente económica interdisciplinar, que se caracteriza por abordar, con una perspectiva global, todos aquellos asuntos que están relacionados con la organización política y económica de una sociedad compleja. Por ende, es la única agencia que se encuentra capacitada para construir un proyecto académico sólido, de grandes proporciones, que sistematice todo el conocimiento que tenemos del hombre y que lo fundamente en principios de la naturaleza mucho más generales. Diversos han sido los éxitos que ya ha cosechado esta escuela en el ámbito de la filosofía política y la metodología económica, pero queda todavía un largo camino que recorrer para hacer lo mismo con el segundo paradigma multidisciplinar más importante: la biología política y la bioeconomía.

Hace años conocí de casualidad (a una edad en la que todavía uno puede permitirse el lujo de planificar y reconducir su vida) el engranaje principal del cual brotan todas las respuestas honestas que el hombre es capaz de darse cuando indaga en la realidad que le rodea. Aquella integridad de pensamiento me cambió la vida. El estatuto de la ciencia solo tiene un sentido normativo práctico, coordinar y dirigir las acciones de las personas para que estas consigan unir de forma coherente todo el conocimiento acumulado a lo largo de los siglos. Apreciamos la verdad en la medida en que logramos unificar dos hechos fraccionados que, a priori, no parecen tener ninguna relación razonable. La ciencia es generalización y la generalización encuentra su máxima expresión en esa cualidad de ser interdisciplinario que involucra a tantas asignaturas intelectuales como sea posible. De este modo, cuanto más generales son esas disciplinas, y más alejados están sus campos de acción, más general será también el resultado que obtenemos al tratar de combinarlas. En este sentido, podemos decir que solo existen tres materias troncales que vienen a cubrir todo el espectro de conocimientos: la filosofía general, las ciencias naturales y las ciencias sociales. Esto me ha llevado a considerar también dos ámbitos interdisciplinarios principales, la filosofía política, que intenta integrar la metafísica y las ciencias sociales (uniendo los dos extremos mas alejados del conocimiento), y la biología política o bioeconomía, que hace lo propio con las ciencias naturales y las ciencias humanas.

En 2015 la Revista Procesos de Mercado tuvo la consideración de publicar un artículo mío que giraba en torno a esa primera relación fundamental, el vínculo que se crea entre la filosofía y la sociología o la economía (https://elreplicadorliberal.com/2017/07/17/la-libertad-individual-objetivo-y-metodologia-de-la-escuela-austriaca-de-economia-2/). Ahora, en el último número, publica lo que yo considero que es la segunda parte de mi proyecto (vital): un estudio propedéutico que aspira a reformular la sociobiología tradicional por medio del análisis de algunas cuestiones relativas a la otra asociación importante que aquí hemos mencionado, aquella que trata de unir las ciencias naturales con las ciencias sociales, y, en particular, las dos ramas más significativas que destacan dentro de cada una de ellas: la biología y la economía. En ambos casos mi guía principal siempre ha sido la escuela austriaca. No he encontrado otro marco más apropiado.

Solo quiero mostrar mi agradecimiento a la revista, a sus directores y revisores, así como también a todas aquellas personas que a lo largo de estos años me han animado y han permitido que me expresara y que intentara, con menor o mayor fortuna, aportar mi pequeño granito de arena a la que sin duda es la obra más importante que acomete el hombre como individuo y como especie, una obra que si tuviéramos que definir diríamos que busca conocer la verdad por medio del apoyo que supone el principio de honradez que marca las decisiones que llevan a los seres humanos a abrazar la ciencia y el progreso, y abandonar definitivamente las comodidades que ofrecen las mentiras agradables, los lugares comunes, y la indiferencia ante la vida.


Fecha de recepción: 8 de junio de 2017.

Fecha de aceptación: 7 de octubre de 2017.

Resumen: En este trabajo se aborda el estudio de la economía desde el punto de vista de sus fundamentos básicos, tratando algunos aspectos de especial importancia, con independencia del contexto social, y con la intención clara de establecer un armazón interdisciplinar suficientemente fuerte, que utilice la analogía biológica y la metodología científica como principales herramientas de investigación, para tratar los asuntos sociales. Concretamente, se valoran dos predicados teóricos: la función empresarial (perteneciente al ámbito de la microeconomía) y la ley de la ventaja comparativa (relacionada en mayor medida con la teoría macroeconómica), y se intentan relacionar, respectiva- mente, con la función enzimática y la teoría simpátrica de la evolución, ambas pertenecientes en este caso al ámbito más extenso de las ciencias naturales. Para ello, se realiza una clasificación gnoseológica nueva, que pretende ordenar las distintas disciplinas dentro de unos márgenes lógicos apropiados, los cuales habrán de servirnos como nexo de unión y eje vertebrador de todo el discurso, favoreciendo su segmentación y fundamentación, y permitiendo al mismo tiempo la articulación de un estudio comparativo que tenga como finalidad cotejar algunas teorías y enunciados de la biología con aquellos correlatos sociológicos que gobiernan las relaciones humanas, el mercado libre y las disciplinas económicas. Finalmente, también se utilizan las leyes de la eficiencia dinámica y de la división del trabajo como principales constructos económicos, con la intención de demostrar el fuerte arraigo que tienen éstas teorías en la biología y la metodología más básicas, y con el objetivo último de entender la importancia que ambas adquieren en el contexto de una sociedad moderna, para impulsar la generación de bienes económicos, y para promover la creatividad empresarial, la especialización laboral y la expansión del conocimiento.

Abstract: This paper deals with the study of economics from the point of view of its basic foundations, analyzing some aspects of special importance, inde- pendently of the social context, and with the clear intention of establishing a suf- ficiently strong interdisciplinary framework, using the biological analogy and scientific methodology as main research tools, to address social issues. Specifi- cally, two theoretical predicates are valued: the business function (belonging to the field of microeconomics) and the law of comparative advantage (more closely related to macroeconomic theory), and they try to relate, respectively, to enzymatic function and sympatric theory of evolution, both belonging in this case to the most extensive field of natural sciences. For this, a new gnoseologi- cal classification is made, which intends to order the different disciplines within appropriate logical margins, which will serve as a union link and the backbone of the whole discourse, favoring its segmentation and foundation, and allowing it time the articulation of a comparative study whose purpose is to compare some theories and statements of biology with those sociological correlates that govern human relations, the free market and economic disciplines. Finally, the laws of dynamic efficiency and the division of labor are also used as main eco- nomic constructs, with the intention of demonstrating the strong roots of these theories in the most basic biology and methodology, and with the ultimate goal of understanding the importance that both acquire in the context of a modern society, to promote the generation of economic goods, and to promote business creativity, labor specialization and the expansion of knowledge.

Keywords: systems theory, sociobiology, economics, business function, enzy- matic function, comparative advantage, sympatry.

Clasificación JEL: A-12, A-13, B-52, B-53, D-21, D-51, E-23, F-43, L-26.


I OBJETIVOS BÁSICOS

1.    La función de la ciencia

El objetivo principal de este trabajo de investigación aspira a desarrollar una fundamentación económica basada en el uso y manejo de algunas nociones y teorías pertenecientes al ámbito de la biología. La convicción que sustenta este proyecto se basa en un hecho gnoseológico que viene avalado por la propia historia. Las ciencias básicas, y los conocimientos que de ellas se derivan, siempre progresan ampliando su campo de comprensión a través de dos procesos inversos (aunque claramente complementarios): una fragmentación o especialización, y una unificación o generalización. Todas las ciencias se construyen atendiendo en mayor o menor medida a estas dos maneras principales de tratar la información. A medida que se analiza un mayor número de fenómenos, los investigadores tienden a especializarse en algún campo en particular, de los muchos que van emergiendo del proceso intelectivo. Pero, por otra parte, también se ven obligados a reparar en aquellas cuestiones de orden superior que aglutinan sus conclusiones y que se inscriben necesariamente dentro de una teoría más general (con mayor grado de universalidad), la cual, a medida que crece, está obligada a ampliar su marco de explicación para integrar un número cada vez más grande de disciplinas y contenidos.

En este sentido, la fundamentación económica que se lleva a cabo aquí utiliza algunos conceptos básicos extraídos de la biología mole- cular o la genética de poblaciones, con la intención firme de dirigir sus propias investigaciones en el ámbito de la sociedad, para decan- tar y asentar un conocimiento más general, todo lo cual supone un paso muy importante en ese camino de integración que acabamos de subrayar. No en vano, la ciencia económica tiene por objeto estu- diar unos fenómenos sociales que son, en última instancia, una pequeña porción del abanico de hechos naturales que estudia la ciencia biológica. Por tanto, los principios de ésta última no pueden entrar nunca en contradicción con los postulados de aquella, e incluso, la mayoría de las veces deberían servir para explicarlos.

Por consiguiente, el proyecto investigativo que aquí se expone responde a la más elevada de todas las ortodoxias intelectuales, la cual forma parte del carácter esencial y el objeto programático y metodológico que tiene cualquier disciplina científica, que no es otro que el de aspirar a encontrar soluciones que ayuden a elaborar un conocimiento más general, el cual con toda seguridad tendrá que acabar rebasando el borde de la materia concreta, y derra- marse por las que estén en su base.

2.    La teoría general de sistemas

La tesis que vamos a defender en este trabajo queda suficiente- mente legitimada gracias a todos aquellos antecedentes históricos y al estado actual que ostentan dos de los principales constructos teóricos del siglo XX: la teoría general de sistemas y la disciplina de la sociobiología. Analizaremos ahora la primera de estas teorías, y dejaremos para más adelante (en el siguiente epígrafe) el estudio de la segunda.

La teoría general de sistemas fue inicialmente propuesta y desa- rrollada por Ludwig von Bertalanffy, y expuesta en su libro del mismo título. En palabras del propio autor:

«…hoy en día estos problemas (y otros) los están resolviendo la teoría diná- mica de los sistemas y la teoría del control. El isomorfismo entre leyes es presentado mediante ejemplos elegidos con ilustraciones intencionalmente sencillas, pero otro tanto es aplicable a casos más enrevesados, que andan lejos de ser matemáticamente triviales. Es así un hecho notable que sistemas biológicos tan diversos como el sistema nervioso central y la trama de regu- lación bioquímica en la célula resulten estrictamente análogos, lo cual se hace aún más significativo cuando se aprecia que esta analogía entre dife- rentes sistemas en diferentes niveles de organización biológica no es sino un miembro de una vasta clase de analogías» (Bertalanffy, 1976: XII).

Actualmente, la teoría general de sistemas se ha convertido, en opinión de Bertalanffy, en una disciplina madura:

«…una disciplina reconocida, objeto de cursos universitarios, textos, com- pilaciones, revistas, reuniones, grupos de trabajo, centros y demás accou- trements de un campo de enseñanza e investigación universitarias» (Bertalanffy, 1976: XI).

Creemos por tanto que ya ha llegado el momento de aplicar dicha teoría al objeto de comprender también las principales cues- tiones económicas que afectan al hombre, esto es, sus relaciones de intercambio, sus modos de producción, o su sistema político. De este debate deberán surgir las claves que permitan explicar la pros- peridad y la capacidad de innovación de una sociedad moderna en permanente cambio.

La función principal de la teoría de sistemas es analizar las fuerzas físicas y los procesos estructurales que están en el origen de cualquier organización natural, e ir identificando las leyes gene- rales que gobiernan esas estructuras complejas a distintos niveles, del mismo modo por ejemplo que Newton utiliza la fuerza de la gravedad para describir la caída de las manzanas o el movimiento de los planetas, entendiendo de ese modo el principio de ordena- ción que rige en toda la organización jerárquica.

Corresponde por tanto a la teoría de sistemas favorecer, en la medida de lo posible, la articulación de todas aquellas operaciones de transposición que permitan aplicar los conceptos tratados en distintas áreas del pensamiento, exactamente como hacen todos los científicos cuando buscan comparar y relacionar dos hechos aparentemente inconexos, al objeto de ampliar el marco de genera- lización de sus hipótesis de partida. Bertalanffy emplea la palabra isomorfismo para designar este tipo de operaciones. El neologismo se ajusta bastante bien a ese nuevo ámbito de estudio que son los sistemas. Pero en cualquier caso, el método que utiliza no se dife- rencia en lo esencial de aquellos otros que emplea la ciencia en todas sus investigaciones.

Por transposición isomórfica entendemos la comparación de dos hechos naturales al objeto de hallar un principio de ordena- ción subyacente, y la correspondiente relación que queda expre- sada en la forma de una teoría nueva más general. En nuestro caso vamos a utilizar el concepto de isomorfismo que propone Bertalanffy, suficientemente acreditado a lo largo de todos estos años, para parangonar algunas teorías de la biología y la econo- mía, siendo una de tales comparaciones aquella que haremos entre la función enzimática de una célula y la función empresarial del mercado.

La transposición isomórfica es también la principal operación gnoseológica que lleva a cabo la sociobiología. No en vano, su función consiste en relacionar todos los sistemas biológicos, con  el objetivo último de compararlos y asimilarlos a los sistemas sociales.

En este sentido, la propuesta principal que plantea este trabajo consiste en tomar al proceso biológico de la replicación como el isomorfismo más fundamental de todos, aquel mecanismo físico de organización que permite entender las causas básicas que están detrás del origen y evolución de toda la vida, y también de la cul- tura humana. Sobre todo, intentaremos aclarar las relaciones que existen entre la función enzimática de la biología y la función empresarial de la economía, y cómo estos dos procesos constitu- yen en último lugar dos claros ejemplos de replicación. Ya nos dice Bertalanffy que el sistema nervioso central y la trama de regula- ción bioquímica de la célula son sistemas estrictamente análogos. Pero en lo que nunca reparó fue en esa comparativa entre el cere- bro y los genes que ofrece la posibilidad de analizar el isomor- fismo más trascendental de todos: el proceso replicativo.

Una vez que entendamos y caractericemos este isomorfismo principal: la replicación, habremos conseguido identificar las cau- sas últimas que dan origen a toda la vida y la evolución. En gene- ral, podremos hallar las claves que determinan la producción o generación de complejidad. Y lo que es más interesante, seremos capaces de comprender los principales aspectos que impulsan la generación de bienes económicos y culturales cada vez más abundantes y diversos.

Posteriormente, este trabajo también se podrá extender al resto de analogías o isomorfismos naturales, aquellos que se requieren para completar la comparativa que relaciona todos los procesos de producción, económicos y biológicos. Precisamente, ese análisis completo de la naturaleza es lo que nos va a permitir abarcar el estudio de todos los mecanismos de homeostasis que aportan esta- bilidad a la mayoría de sistemas cibernéticos que integran la vida. El estudio de cualquier proceso físico debe empezar por analizar su modo particular de organización. Y esto es más cierto cuanto más complejo es el sistema en cuestión. La complejidad de la materia empieza a incrementarse (y adquiere mayores dimensiones) con el origen de la vida. Ese origen solo tiene una causa principal: la replicación molecular. Por tanto, la teoría general de sistemas, o teoría de la complejidad, deberá empezar resolviendo un problema cardinal: el criterio de demarcación que permite conocer los meca- nismos que dan origen a los seres vivos y que ponen en marcha el proceso de multiplicación genética. La solución a este problema nos tendrá que conducir a conocer también la causa general que está detrás del funcionamiento y evolución de todos los sistemas complejos, incluidas las sociedades humanas.

3.    La sociobiología a revisión

La economía es con seguridad una de las ramas del conocimiento que más corrientes de pensamiento y más especialidades ha gene- rado a lo largo de la historia moderna. Puede que esto se deba en parte al interés real que suscita dicha disciplina, unido también a su enorme complejidad. Para empezar, existen dos tipos de econo- mía básicos: economía ortodoxa o neoclásica (basada en la raciona- lidad, el equilibrio, el keynesianismo y el empirismo científico) y economía heterodoxa, dentro de la cual podemos distinguir a su vez otras dos clases: economía especialista, que concentra su aten- ción en el análisis de algún tema o aspecto económico muy con- creto (por ejemplo Neuroeconomía, Socioeconomía, Economía Institucional), y economía generalista, que busca por el contrario una aplicación más interdisciplinar. Aquí tenemos por un lado a la Escuela austriaca, que aplica la filosofía y la metodología al estu- dio de la economía; por otro a la Termoeconomía, que aplica la física a los mismos asuntos; y finalmente a la Bioeconomía, que uti- liza la biología. El programa de investigación de este artículo se enmarca dentro de esta última rama.

Por consiguiente, corresponde a este trabajo restringir el uso de la teoría general de sistemas a aquellas áreas de investigación que aspiren a cimentar la economía en algunos principios más esencia- les relativos a la biología. Para ello, es preciso que acudamos al encuentro de una nueva disciplina científica: la sociobiología. Por suerte, también constatamos aquí un importante desarrollo en los últimos años, crecimiento que ha permitido a la sociobiología ele- varse a la categoría de ciencia académica en solo unas décadas.

La sociobiología es la rama de la biología que aborda el estu- dio de las sociedades animales, y dado que el hombre es el animal que ha dado lugar a la sociedad más compleja y exitosa de todas, la sociobiología ha jugado tradicionalmente el papel de nexo de unión entre las ciencias biológicas y las ciencias humanas. Concretamente, supone un intento de aplicar los conceptos de la selección natural, la biología evolutiva o la ecología de poblaciones, al estudio de la conducta social de los homínidos actuales. En realidad, puede considerarse una forma correcta de darwinismo social.

La definición tradicional que se suele atribuir a la sociobiología ubica a esta disciplina dentro de aquella parte de la sociología que aborda el análisis de los aspectos biológicos que afectan o determi- nan el comportamiento social. Habitualmente, se han venido estu- diando solo algunas características de la conducta humana, relacionándolas con el comportamiento general que los etólogos observan en ciertos animales gregarios. Pero en sentido amplio, podemos considerar que la sociobiología estudia cualquier aspecto biológico (función, estructura, mecanismo) que nos sirva para analizar el comportamiento humano en sociedad.

Dentro de la sociobiología podemos distinguir a su vez varias áreas diferentes. Pero quizás, la más importante sea la que aquí designamos como bioeconomía. Veamos más en detalle cómo se define y cómo se articula esta nueva rama del conocimiento.

El objetivo principal de la sociobiología es el estudio de la organización social. Y el fenómeno clave en toda organización social es la relación de interacción que establecen los distintos elementos que componen el sistema, sin la cual éste no podría existir. De igual modo, el principal motivo de estudio de la quí- mica es el enlace químico que mantiene unidas a las moléculas, sin el cual tampoco ésta ciencia tendría el menor sentido. En el caso de las sociedades humanas, ese enlace o relación fundamental queda constituido por el proceso de producción y el intercambio económico. Ese es el principal motivo de que la economía sea considerada por muchos como la reina indiscutible de las ciencias sociales (no en vano, su análisis aborda el fenómeno que determina la unión y agregación de todas las partes del sistema). Y también es el motivo que nos lleva a proponer aquí a la bioeconomía como su más digna representante, ya que gracias a ella podemos estudiar el proceso de la producción y el intercambio utilizando un enfoque todavía más fundamental, basado en la biología.

Uno de los principales padres fundadores y exponentes de la sociobiología es el entomólogo estadounidense Edward O. Wilson. Acudamos por tanto a las explicaciones que nos ofrece este autor, relativas a las cuestiones que aquí incluimos dentro de la bioecono- mía. Wilson empieza planteando un defecto básico de las econo- mías tradicionales:

«En la ciencia económica…, la traducción del comportamiento individual al colectivo es el problema analítico clave. Pero en estas disciplinas rara- mente se considera la naturaleza exacta y las fuentes del comportamiento individual… Los modelos más avanzados de micro y macroeconomía están en el buen camino. Pero los teóricos se han puesto a sí mismos impe- dimentos innecesarios al cerrar su teoría a la biología y a la psicología serias, que comprenden principios obtenidos de la descripción atenta, de la experimentación y del análisis estadístico. Lo han hecho, según creo, para evitar quedar enmarañados en las formidables complejidades de estas ciencias fundamentales… Las teorías económicas pretenden asimismo crear modelos que tengan una aplicación lo más general posible, con los que suelen pergeñar abstracciones tan extremas que representan poco más que ejercicios de matemática aplicada… sus modelos contienen elegantes representaciones gráficas y soluciones analíticas a problemas teóricos de equilibrios. Pero, visto a través de los principios establecidos de las ciencias del comportamiento, son simplistas y con frecuencia engañosos» (Wilson, 1999: p. 297).

La solución que Wilson propone a continuación es la siguiente:

«Instilar psicología y biología en la teoría económica y demás teorías sociales, lo que sólo puede suponer ventajas para ellas, significa desmenu- zar y examinar microscópicamente los delicados conceptos de utilidad, preguntando por qué la gente se inclina en último término hacia determi- nadas elecciones y, al hallarse así predispuesta, por qué y bajo qué cir- cunstancias actúa sobre ellas. Más allá de esta tarea se encuentra el problema de la micro a la macroeconomía, el conjunto de procesos por los que la masa de decisiones individuales se traducen en pautas sociales» (Wilson, 1999: p. 300).

Con todo, podemos decir que Wilson acierta de pleno a la hora de plantear el problema básico, pero se equivoca en las soluciones que propone. Un poco más adelante insiste:

«En la actualidad el modelo de explicación dominante es la ya mencionada teoría de la elección racional… su concepto fundamental es que, por encima de todo, los seres humanos son racionales en sus acciones. Exami- nan tan bien como pueden todos los factores pertinentes, y ponderan el resultado probable de seguir cada una de las elecciones potenciales. Aña- den los costes y beneficios (inversión riesgo y retorno emocional y material) antes de decidirse. La opción preferida es la que maximiza la utilidad. No es esta una imagen adecuada de cómo piensa la gente. La mente humana no es una calculadora muy veloz, y la mayoría de decisiones han de tomarse con bastante rapidez, en escenas complejas y con información incompleta. De manera que la pregunta importante en la elección racional es: ¿cuánta información es suficiente? En otras palabras: ¿en qué momento la gente deja de reflexionar y se decide?» (Wilson, 1999: p. 303).

Wilson se percata de un problema verdadero en economía: la falta de fundamentos básicos que estén apoyados en la biología. También considera por un momento la importancia que ostenta la acción individual, así como la necesidad de partir siempre de dicha acción para elaborar una teoría social más sólida. Igualmente, se da cuenta de que los equilibrios y modelos matemáticos que anali- zan los economistas dejan fuera de la ecuación algo tan importante como el comportamiento humano. Sin embargo, incurre en el mismo error que caracteriza a todos los positivistas y a la mayoría de científicos. Al igual que ellos, Wilson también pretende reparar estos problemas insistiendo todavía más en el análisis empírico, la psicología, y la metodología científica, con la intención clara de buscar algún patrón o modelo de intervención sostenible que le permita reconducir o enmendar las acciones humanas. Así, consi- dera que el problema primordial que hay que analizar debe cen- trarse en resolver «cómo piensa la gente». Wilson no repara en ningún momento en la importancia intrínseca de la acción o libertad indi- vidual, aquella que resulta de dejar que sea la propia acción del individuo la que finalmente decida. Lo que pretende más bien es analizar en profundidad esas acciones, con el fulcro de la biología, para así poder determinar «cuánta información es suficiente o en qué momento se toman las decisiones».

Estas afirmaciones dejan al descubierto las verdaderas intencio- nes de Wilson. No le interesa lo más mínimo valorar el hecho en sí de la acción, la necesidad de que la acción emerja del propio indi- viduo, de forma independiente, dando salida a todos sus gustos y preferencias. Lo que Wilson pretende es diseccionar y analizar esas decisiones, y utilizar ecuaciones y medidas agregadas para elaborar a posteriori unos patrones de conducta que puedan imple- mentarse en el estudio de todas las sociedades. Wilson cae de nuevo en el error que había denunciado él mismo al inicio de sus reflexiones: «el intento por parte de los economistas de crear modelos estadísticos que tengan una aplicación lo más general posible, pergeñando abstracciones tan extremas que representan poco más que ejercicios de matemática aplicada». En realidad, Wilson pretende hacer algo muy parecido. Lo único que varía en su planteamiento es el cimiento biológico en el que dice apoyarse, pero no así la intención general de crear un modelo económico que pueda determinar qué acciones son mejores, con independencia de aquellas que toma el ciudadano de forma libre, a título personal.

Este objetivo positivista queda de manifiesto, si cabe todavía más, con el reconocimiento sincero que el autor realiza al final del capítulo que dedica a la bioeconomía:

«La magnitud de los problemas técnicos con los que se enfrentan los teó- ricos sociales en particular, no me importa admitirlo, intimida en extremo» (Wilson, 1999: p. 307).

Si Wilson queda intimidado por el trabajo que avizora, es senci- llamente porque su visión de la economía aspira a estudiar al indi- viduo humano sin tener en cuenta su subjetividad y sus decisiones, como si fuera un objeto científico inerte. Si Wilson hubiera enten- dido que puede renunciar a tamaña manipulación, y que los hom- bres ya actúan de la mejor manera posible en su ámbito particular (de forma automática), si hubiera comprendido que el orden social es esencialmente un orden espontáneo, que procede de abajo a arriba, por medio de la adición de millones de voluntades priva- das, seguro que no se habría sentido tan intimidado ni se habría preocupado tanto al contemplar el enorme trabajo que le esperaba.

Murray Rothbard en El hombre, la economía y el Estado nos dice algo que puede ayudarnos a comprender estas diferencias de matices:

«La psicología contempla el problema de cómo y por qué el individuo forma escalas de valores, y para responder a esas preguntas es adecuado considerar la tendencia individual a decidirse por una alternativa… La praxeología sin embargo es una ciencia lógica basada en la existencia de la acción per se; está interesada en explicar e interpretar la acción en su sentido universal y no en un sentido particular o específico» (Rothbard, 2011: p. 309).

Una de las principales intenciones de mi estudio consiste en realizar una revisión de la sociobiología que parta de un enfoque más liberal, consciente de la necesidad que existe de emplear a la ciencia básica (la biología) para iluminar las ciencias sociales, pero consciente también de las particularidades que afectan a esas cien- cias sociales, que impiden que éstas se puedan abordar con las mismas herramientas que usa a menudo el científico para desen- trañar los detalles de sus investigaciones. En estos casos, estamos hablando de sistemas muy complejos, con una información inabar- cable, que además están constituidos por personas, las cuales tam- poco son susceptibles de ser utilizadas como cobayas. La mejor solución en estos casos es dejar que el sistema se ordene solo, esto es, que los hombres actúen libremente en pos de aquellos objetivos que creen que les van a reportar mayor felicidad. No niego la vali- dez de los estudios estadísticos o psicológicos que buscan entender cómo realizamos nuestras elecciones y cómo podríamos manipu- lar a los agentes para instarlos a tomar mejores decisiones. Pero dudo de la importancia real que tengan todas esas pretensiones (me parecen más importantes sus peligros). Sobre todo, es necesa- rio comprender que muchas veces lo único que se debe hacer es permitir que el sistema se regule solo.

Con esto solucionamos el problema de la ordenación, ya que no necesitamos conocer y controlar toda la información psicológica que atesoran las personas; también optimizamos la función del sistema, cuyos resultados siempre estarán enfocados a satisfacer los deseos y objetivos particulares de cada uno de los ciudadanos (nadie mejor que ellos sabe cuáles son esos objetivos); y finalmente favorecemos también la sensación de libertad que invade a los individuos cuando se saben dueños de sí mismos, y cuando están más seguros de alcanzar las metas que se proponen y de sentir satisfacción por las cosas que hacen. Se trataría por tanto de rescatar la noción de acción individual que maneja la escuela austriaca de economía (una de las corrientes económicas que más han insistido en esa libertad individual) para el ámbito de la sociobiología.

Ya lo dijo el profesor Jesús Huerta de Soto en su libro Socialismo, cálculo económico y función empresarial, contraviniendo la afirma- ción que el propio Wilson realiza más arriba:

«La acción humana es por definición siempre racional, en el sentido de que ex ante, el actor siempre busca y selecciona los medios que cree más adecuados para alcanzar los fines que considera que le merecen la pena.» (Huerta de Soto, 2010: p. 49).

Esto no quiere decir que el actor acierte siempre. Simplemente, el profesor está apelando al hecho cierto de que la mejor manera de ordenar una sociedad, la más racional de todas, es aquella que comprende la importancia de permitir que los agentes actúen de forma libre e independiente, para acomodar las necesidades de todos los ciudadanos, y lo perjudicial que resulta hacer todo lo con- trario, a saber, intentar suplir esa subjetividad con mandatos que provengan de fuera, promovidos generalmente por alguna entidad ajena al individuo (por ejemplo, el Estado). Edward Wilson, en cambio, omite deliberadamente esa racionalidad implícita en la acción, y a partir de ahí elabora una teoría sociobiológica basada en una racionalidad opuesta, más acorde con el intervencionismo y las acciones colectivas de la política, dirigida a determinar cuál es la mejor manera que tienen todos los individuos de actuar, o cuándo cree él que deberían empezar a tomar decisiones.

Pero se puede construir también una sociobiología que se base en todo lo contrario, en la libertad de acción, el mercado libre, el emprendimiento privado, el orden espontáneo, o la función empre- sarial. Ese es sin duda el principal objetivo al que atiende este tra- bajo: unir la biología con la verdadera economía, haciendo que ésta última se articule en torno a un único motor o principio de compor- tamiento, el elemento más fundamental que gobierna el funciona- miento natural de cualquier sociedad moderna: la acción intencional del individuo, su deseo deliberado de prosperar y sobrevivir, y por extensión, el fin último que determina la existencia y continuidad de cualquier entidad o sistema material: la acción estabilizadora de todas sus unidades. En el fondo, no hay un principio natural más importante que ese.

La economía sólo podrá triunfar, y convertirse de ese modo en una ciencia respetable, si decide seguir los mismos pasos de las demás disciplinas, y se centra como ellas en comprender el princi- pal ingrediente del que está formada la sustancia que es su objeto de estudio (el individuo humano), como hace la física con los átomos, o la propia biología cuando analiza los genes y los alelos de un cariotipo en particular. Pero también si sabe diferenciar un átomo de una persona, entendiendo que la segunda no puede ser manipulada con las mismas herramientas que se usan para fisio- nar un núcleo o para reducir a la mitad una muestra de isótopos. Solo entonces la economía habrá conseguido alcanzar el estatus de ciencia real, y el lugar que se merece.

Existen ya algunas tentativas de generalizar la economía a tra- vés de su comparación con la biología. Concretamente, en España tenemos la tesis de bioeconomía del doctor Juan Carlos Martínez Coll. Pero estos intentos son bastante limitados e incompletos: solo abordan la competencia natural entre empresas. Otras veces, quienes intentan utilizar esa comparativa, suelen aportar unas soluciones harto equivocadas (es el caso de los positivistas).

En cambio, este trabajo acomete una comparativa que aspira a cubrir todo el proceso productivo, incluyendo a todos sus protago- nistas (no sólo la competencia entre empresarios, como hace Mar- tínez Coll). De ese modo, se pretende afianzar las ideas económicas en unos principios realmente fundamentales, que llegan incluso a considerar la metodología y la filosofía como una de las partes más esenciales del estudio, tal y como hace la escuela austriaca de eco- nomía en la mayoría de sus investigaciones.

Resumiendo, hasta ahora hemos acotado el cerco que delimita el objetivo principal de este trabajo. Para ello, hemos trazado nues- tro camino a través de cuatro niveles distintos de concreción. En primer lugar, este estudio se mueve en el ámbito de las ciencias básicas, que buscan siempre la mayor generalidad posible para todas sus teorías. Dentro de la ciencia, nos hemos apoyado en la teoría general de sistemas, que analiza la realidad de los sistemas complejos a través de las diversas analogías y similitudes que encuentra en la naturaleza. A su vez, dentro de los sistemas com- plejos, hemos reparado en aquellas organizaciones vivas que cons- tituyen la materia de estudio de la sociobiología y que, en último lugar, aspiran a describir el funcionamiento interno de las socieda- des y los colectivos humanos. Y finalmente, hemos elegido a la bioeconomía como la rama más importante de la sociobiología, aquella que trata el fenómeno que mejor explica la unión que acon- tece entre los individuos que forman una comunidad.

Es por ello que la sociobiología y la bioeconomía están obliga- das a afrontar un enfoque interdisciplinar completo, tienen que abordar una fundamentación biológica y metodológica suficien- temente amplia, que tenga en cuenta todas aquellas analogías que están implicadas en el proceso general de la producción y la gene- ración de bienes. En consecuencia, debemos empezar haciendo especial referencia a dos axiomas básicos de suyo incuestionables (que también utiliza la escuela austriaca): la acción y la individua- ción o individualidad humanas. En el siguiente epígrafe se des- criben las claves necesarias para llevar a cabo esta primera fundamentación.


II. MARCO METODOLÓGICO

1.    La clasificación gnoseológica

En primer lugar, corresponde a este trabajo establecer un criterio de clasificación de todas las ciencias, enumerando los distintos tipos de conocimiento que existen, resaltando aquellas materias que resultan más interesantes para el objetivo que se persigue, y delimitando el contexto y las circunstancias concretas que rodean las afirmaciones y demostraciones que aquí se van a realizar.

Sobre todo, nos interesa comparar la biología con la antropolo- gía (o economía), ya que de esa confrontación sale el principal refuerzo teórico que avala el modelo social de organización que aquí aspiramos a defender.

La clasificación que permita distinguir y comparar aquellas ciencias que se preocupan del estudio de la naturaleza (ciencias naturales), de aquellas otras que estudian exclusivamente al hom- bre (ciencias sociales) también permitirá diferenciar aquellas ramas del conocimiento que analizan la naturaleza básica de un fenómeno concreto (ciencias básicas), de aquellas otras que inten- tan extraer alguna aplicación práctica para el ser humano (ciencias aplicadas).

En cualquier caso, esta ordenación girará en torno a la impor- tancia que adquiere el hombre en todo el proceso investigativo, como agente generador de conocimientos y como principal benefi- ciario. En consecuencia, será también la clasificación que final- mente nos abra las puertas al análisis de las habilidades técnicas y los comportamientos éticos que motivan su progreso. A tenor de esto, propondremos unas aplicaciones prácticas, e intentaremos extraer algunas conclusiones deontológicas especialmente útiles.

2.    El aparato axiomático

Nuestro trabajo de investigación se formula a partir de dos impe- rativos naturales (o afirmaciones apodícticas) con una amplia rai- gambre en la filosofía clásica y el pensamiento general. No en vano, describen los dos atributos más esenciales de las cosas (del Ser). Escogemos por tanto estos principios porque consideramos, al igual que ya hiciera el propio Aristóteles, que no existen en el mundo otros elementos del conocimiento más generales que éstos. Para el estagirita, el análisis ontológico se descompone en dos axiomas principales. Por un lado está la individualidad o identidad de la cosa (el axioma de individuación):

 

«Es evidente pues que gracias a esta categoría, son también todas las demás, por lo tanto el Ser en su sentido primero, y no el ser algo, sino el Ser absoluto, ha de ser la sustancia [el individuo]» (Aristóteles, 2011, Libro VII: p. 208).

Y por el otro está la acción que emana de todo individuo, y que condiciona también su existencia particular (el axioma de la acción):

«De manera que, si hay un fin de todas las cosas propias de la acción, este sería el bien propio de la acción» (Aristóteles, 2012, Libro I: p. 28).

Aristóteles deja claro que estos dos principios son asiduos a la propia existencia de todas las entidades físicas, y posibilitan la misma en el plano más abstracto. Por tanto, son condiciones de posibilidad de la existencia, y constituyen requisitos fundamenta- les que no cabe demostrar en ningún caso.

3.    La reducción científica

Uniendo los marcos gnoseológicos y axiomáticos que acabamos de ver más arriba, concluimos ahora que el único método de investi- gación válido para la ciencia es el método reduccionista. La estra- tegia reduccionista reúne a un conjunto de tesis ontológicas y gnoseológicas basadas en la idea de que la realidad está consti- tuida por entidades individuales (principio de individuación) y que por tanto son estas unidades las que deben ser analizadas en primer lugar para entender cualquier fenómeno emergente que queramos explicar.

La reducción es una condición necesaria para comprender el mundo: estamos obligados a entender las causas últimas de los sis- temas físicos; el funcionamiento y la influencia (o acción) de sus elementos más básicos. Cualquier búsqueda intelectual debe con- sistir necesariamente en un proyecto de reducción.

Huelga decir que la generalización que plantea la sociobiología supera en ambición a la mayoría de generalizaciones que la ciencia lleva a cabo en áreas restrictivas. Pero en lo esencial no se diferen- cia en nada. La vocación de integración y las estrategias metodoló- gicas son idénticas.

Por consiguiente, será también esta estrategia la que usaremos y a la que nos adscribiremos en este artículo, conscientes de la importancia de combinar la reducción científica con la integración de sistemas, al objeto de describir aquellas partes fundamentales de las estructuras (biológicas o económicas) que constituyen la raíz que está detrás del surgimiento de cualquier fenómeno complejo.


III. MARCO TEÓRICO

1.    Marco interdisciplinar: la relación de disciplinas

La principal tesis gnoseológica que cimienta este trabajo tiene un neto carácter interdisciplinar: consiste en afirmar que las ciencias o materias de un orden inferior constituyen leyes y principios que deben cumplirse y aplicarse en los ordenamientos superiores, más complejos.

Comenzaremos señalando dos procesos o fenómenos económi- cos especialmente significativos, uno en el ámbito microscópico (el de los individuos) y otro en el plano macroscópico (el de las socie- dades). Estos procesos son, respectivamente, la función empresa- rial y la ventaja comparativa. Ambos servirán como cabecera para introducir el resto de leyes económicas. Posteriormente intentare- mos incardinar estas teorías económicas con algunos conceptos propios de la biología y la bioquímica. Concretamente, analizare- mos la función enzimática y la especiación simpátrica.

En conclusión, vamos a fijar nuestra atención en algunas leyes económicas de especial relevancia, y vamos a fundamentar sus postulados sobre bases científicas más sólidas, tomando en consi- deración algunos fenómenos generales de la naturaleza.

2.    Marco disciplinar: el proceso productivo

En general, queremos abordar el estudio del principal proceso que caracteriza a un sistema físico real, aquel que viene a determinar el funcionamiento y las acciones de todos los existentes (o partes) que lo componen, su homeostasis interna o equilibrio dinámico, esto es, la organización y distribución de su materia y energía, al objeto de asegurar su posición en el espacio y su continuidad en el tiempo.

Por su parte, el análisis de la homeostasis nos deberá llevar a estudiar varias cuestiones relacionadas. Veremos que el proceso económico de producción e intercambio es la actividad homeostática por excelencia, por cuanto que es la única que incardina el suministro de materias primas con la generación de nuevos bienes. En este sentido, la producción se encarga de orquestar y dirigir el funcionamiento general de todas las estructuras que constituyen el sistema en cuestión, relacionando el origen de cualquier generación de orden con el destino efectivo de un producto determinado. Para analizar dicho proceso tomaremos como referencia al productor (el productor es el actor principal del proceso de producción) y propondremos algunos ejemplos concretos relacionados con él (en futuros estudios esperamos analizar también el resto de factores que condicionan la producción: los recursos materiales, los destinatarios de la producción, los factores ambientales, y los otros productores).

El objetivo principal que se persigue con esta fundamentación aspira a describir algunos procesos biológicos de especial relevan- cia, cuyo entendimiento estoy seguro que puede contribuir a comprender mejor la importancia que se asigna a otros conceptos y nociones de la economía, la cataláctica, el mercado, o el comercio de bienes y servicios (su creación, distribución y consumo).

3.    Marco comparativo: las leyes bioeconómicas

Una vez aclarados los marcos (gnoseológicos y teóricos) que deli- mitan el escenario que precisa nuestra investigación, podemos pasar por fin a analizar el predicado de las leyes que protagonizan la obra.

Estudiaremos el proceso de producción en relación con dos hechos fundamentales: la acción y la individuación, y atendiendo también a cinco elementos básicos de dicho proceso: el productor, el sustrato, el consumidor, el medio y los otros productores.

A partir de ahora nos centraremos sobre todo en la parte más científica del trabajo, pero sin desdeñar tampoco las bases metodo- lógicas del mismo (los conceptos de acción e individuación). Para ello, abordaremos las principales leyes que conforman el núcleo teórico de la economía y la biología, a fin de poder compararlas y agruparlas en dos clases diferentes, dependiendo de si describen algún hecho relacionado con la acción productiva, o por el contrario atienden en mayor medida a la condición de individualidad que tie- nen que cumplir todas las entidades que participan en dicha pro- ducción (como ya hemos visto más arriba al abordar el pensamiento de Aristóteles, la acción y la individuación constituyen los dos determinantes básicos de toda la realidad).

Nuestra intención es estudiar el proceso de producción en rela- ción con cinco elementos esenciales presentes en toda generación de bienes: el productor (el actor principal del proceso de producción), el sustrato (los recursos materiales), el consumidor, el medio, y los otros productores. No obstante, este primer artículo tiene un carácter programático y se centrará sobre todo en el análisis de aquellas cuestiones que están relacionadas solo con el productor.

  • Cuadro general: estudio propedéutico

Al objeto de llevar a cabo un estudio comparativo suficientemente amplio, vamos a utilizar todos los aspectos que acabamos de expo- ner para construir una tabla de dos entradas, una superior para los dos hechos fundamentales, y otra lateral para los cinco elementos principales que participan en la producción. Al cruzar esos datos (los dos determinantes con los cinco elementos), aparecen de inme- diato las diez teorías más importantes de la economía, el núcleo proteico de cualquier estudio programático de la producción y el consumo de bienes y servicios. A continuación se exponen estos resultados en dos cuadros con distinto grado de detalle:

Cuadro 1

PRIMER NIVEL DE CONCRECIÓN PRINCIPALES TEORÍAS ECONÓMICAS

 

Acción Individuación
 

Productor

Teoría de la eficiencia dinámica Teoría de la división del trabajo
 

Sustrato

Teoría del capital Teoría del rendimiento decreciente
 

Consumidor

Teoría de costes Teoría de la determinación de precios
Medio Teoría de las instituciones Teoría monetaria
Otros productores Teoría de la competencia Teoría del monopolio

 

 

 

Cuadro 2

SEGUNDO NIVEL DE CONCRECIÓN PRINCIPALES TEORÍAS BIOECONÓMICAS

 

Filosofía Ciencia  

Acción

 

Individuación

Implicación científica Creatividad Desigualdad
Jerarquía científica Microciencia Macrociencia
Campo científico Microbiología Microeconomía Macrobiología Macroeconomía
 

 

 

 

 

Productor

Análisis de la acción en el proceso productivo y en relación con el productor.

Función enzimática Teoría de la catálisis enzimática

Análisis de la acción en el proceso productivo y en relación con el productor.

Función empresarial Teoría de la eficiencia dinámica

Análisis de la individuación en el proceso productivo y en relación con el productor.

Especialización animal

Teoría del simpatrismo

Análisis de la individuación en el proceso productivo y en relación con el productor.

Especialización humana

Teoría de la ventaja comparativa

 

Sustrato

Sustrato enzimático Teoría del ahorro y el capital  

Sustrato animal

Teoría del rendimiento decreciente
 

Consumidor

Producto enzimático  

Teoría de costes

Consumo animal Teoría de la determinación de precios
 

Medio

 

Medio enzimático

Teoría del Estado: medio institucional  

Medio animal

Teoría monetaria: medio de intercambio
Otros productores Competencia enzimática Teoría de la competencia Relaciones animales Teoría del monopolio

 

Los conceptos que están más directamente relacionados con la acción son el concepto de creación (creatividad en el caso del hom- bre) y el concepto de cambio. Y las cualidades más emparentadas con la individuación (o identidad) son la desigualdad y la diferencia.

La acción y la creación son conceptos íntimamente ligados (casi inse- parables). No puede haber creación sin que medie algún tipo de acción o cambio emergente (alguna generación). Y lo mismo ocurre con la otra pareja de cualidades: la individualidad y la desigualdad. Curiosamente, muchas corrientes políticas y económicas denuestan abiertamente estas propiedades básicas, e intentan ordenar la socie- dad en función de unos parámetros totalmente distintos, que favo- recen la igualación y castigan la creatividad. Uno de nuestros objetivos aquí pretende ofrecer un marco analítico alternativo, que esté acorde con esas cualidades esenciales de la naturaleza, y que por tanto se muestre a favor de restablecer aquellas baterías de medi- das que fomentan la creatividad, los cambios, la iniciativa privada, las diferencias positivas, la independencia de las personas, la liber- tad individual y, en definitiva, todo lo que está relacionado con la evolución y progreso de los sistemas naturales o sociales.

En todas las proposiciones y circunstancias que vamos a anali- zar intentaremos observar el fenómeno de la producción y la homeostasis interna de los sistemas implicados. El primer bloque de teorías se enmarcará dentro de la microeconomía y nos servirá para adentrarnos en el papel que juega la acción a lo largo de dicho proceso. Por su parte, las teorías que abordan la macroeconomía nos permitirán estudiar el carácter y papel de la individuación física en ese mismo proceso.

En último lugar, todos estos mecanismos biológicos y económi- cos vienen a confirmar una relación trascendental, la conexión íntima que existe entre los distintos niveles de organización, lo cual dice mucho a favor de la relevancia que tienen algunos fenómenos concretos. Su iteración en la naturaleza estaría poniendo de manifiesto unas causas particularmente profundas, unos motivos organizativos de necesario cumplimiento, y también una necesi- dad superior, de tipo político y humano. La observación de estos fenómenos resultaría fundamental para organizar correctamente la sociedad, y para contemplar un marco institucional y un régi- men legal acorde con esos principios, en conformidad con algunos modelos y teorías económicas, atinente a la probidad de ciertas acciones (públicas o privadas), y a tenor de la legitimidad ética, la autoridad moral, el éxito profesional y la relativa felicidad que aca- ban procurando a los ciudadanos todas estas consideraciones.

En este artículo nos limitaremos a señalar dos procesos o fenó- menos económicos especialmente significativos, uno en el ámbito microscópico (el de los individuos) y otro en el plano macroscópico (el de las sociedades). Estos procesos son, respectivamente, la fun- ción empresarial y la ventaja comparativa. Ambos nos servirán como cabecera para introducir el resto de leyes económicas. Poste- riormente intentaremos incardinar estas teorías económicas con algunos conceptos propios de la biología y la bioquímica. Concre- tamente, analizaremos la función enzimática y la especiación sim- pátrica. Por motivos de espacio no podemos abordar ahora (en este artículo) el análisis que afecta al resto de teorías que aparecen en las tablas, el cual quedará pendiente para futuros trabajos.

  • La acción productiva: función enzimática y función empresarial

En un sentido amplio, llamamos acción productiva a todas aque- llas intervenciones directas o indirectas que realiza el actor sobre su entorno más próximo, al objeto de procurarse algún bien econó- mico, biológico o físico. Definimos bienes como aquellos productos materiales o circunstanciales que resultan de las modificaciones que provoca el actor en su entorno y que le procuran algún tipo de bonanza o beneficio existencial concreto. A su vez, entendemos que una de las mejores maneras de que la acción del individuo con- cluya con éxito es incrementando la creatividad o capacidad para inventar nuevas formas de subsistencia (que le permitan conser- varse como tal).

  • Función empresarial

En el ámbito de la economía, la acción productiva adquiere máxima representatividad con la llamada función empresarial. Dicha fun- ción juega un papel crucial en el entramado evolutivo de todas las sociedades, y constituye un ejemplo de gran creatividad y eficien- cia dinámica. La acción productiva del empresario queda englo- bada dentro de un hecho mucho más general, que se predica en último lugar del axioma de la acción, pero que se manifiesta en lo concreto a través de las acciones innovadoras que nutren a la indus- tria de nuevos procesos de fabricación y relación. Como dice Jesús Huerta de Soto, la función empresarial:

«crea, descubre y transmite información sobre fines y medios, ajustando y coordinando de forma competitiva los planes contradictorios de los indivi- duos, y haciendo posible la vida en común de todos ellos con un número y una complejidad y riqueza de matices y elementos cada vez mayores» (Huerta de Soto, 2010: p. 85).

Y es de nuevo el propio Huerta de Soto quien se encarga de matizar, en otro trabajo suyo (en su Teoría de la eficiencia dinámica), esa característica principal de la acción, su dimensión creadora. Con esto y con todo, alcanzamos a ver por fin una definición de la función empresarial mucho más detallada y clarificadora:

«Todo acto empresarial descubre, coordina y elimina desajustes sociales… el proceso empresarial de coordinación social jamás se detiene ni agota… consiste básicamente en crear nueva información que por fuerza ha de modificar la percepción general de objetivos y medios de todos los actores implicados. Esto, a su vez, da lugar a la aparición sin límites de nuevos desajustes que supone nuevas oportunidades de ganancia empresarial, y así sucesivamente en un proceso dinámico que nunca termina y que cons- tantemente hace avanzar la civilización. es decir, la función empresarial no sólo hace posible la vida en sociedad, al coordinar el comportamiento desajustado de sus miembros, sino que también permite el desarrollo de la civilización al crear continuamente nuevos objetivos y conocimientos que se extienden en oleadas sucesivas por toda la sociedad; y además, y esto es muy importante, permite igualmente que este desarrollo sea tan armónico y ajustado como sea humanamente posible en cada circunstancia histó- rica» (Huerta de Soto, 2010: p. 78).

Huerta de Soto compara la función empresarial con una especie de Big Bang continuo que estaría permitiendo el crecimiento sin límites del conocimiento. Esta metáfora no sólo está muy bien traída, sino que además guarda una correspondencia exacta con la realidad. Propone una visión distinta de la economía, más diná- mica, que mantiene una fuerte relación con los procesos que ocu- rren habitualmente en la naturaleza, y que por tanto también tiene un gran valor para este trabajo, para toda la economía, y para la consideración general de la propia ciencia.

Centrémonos por tanto en ver qué dice el profesor Huerta de Soto en el artículo científico que expone su teoría dinámica, donde básicamente presenta un análisis que pasa por añadir, al tradicio- nal concepto de eficiencia, otro distinto que lo complementa y lo dinamiza:

«Esta idea de la eficiencia como la capacidad de «sacar algo de» aplicada al ámbito económico es anterior al mundo romano y puede remontarse incluso hasta la Grecia clásica en donde se utiliza por primera vez el término «eco- nomía» para referirse a la administración eficiente de la hacienda o casa familiar. Así, en el Económico, Jenofonte… se preocupa… de explicar cómo existen dos formas distintas de acrecentar la hacienda, equiparables en última instancia a dos dimensiones diferentes del concepto de eficiencia. Por un lado, la dimensión que podríamos calificar de «eficiencia estática» y que sería aquella que consiste en la buena gestión de los recursos dispo- nibles (o «dados») tendente a evitar su despilfarro… Pero junto a esta dimensión del concepto de eficiencia que hemos calificado de estática, Jeno- fonte da entrada también a una dimensión complementaria de carácter

«dinámico», que consiste en tratar de incrementar la hacienda actuando empresarialmente y comerciando con ella… Sin embargo, y a pesar de estos esperanzadores antecedentes, a partir del advenimiento de la Edad Moderna el concepto de eficiencia económica paulatinamente se estrecha y reduce, hasta llegar a referirse con carácter exclusivo a la dimensión está- tica, es decir, al actuar diligente tendente a evitar el despilfarro de los recur- sos dados» (Huerta de Soto, 2011: pp. 11-72).

En su artículo, Huerta de Soto recurre a la ciencia física, concre- tamente al concepto de energía, para buscar ejemplos que pongan de manifiesto los posibles errores en los que incurren los científi- cos e ingenieros al tratar con estos asuntos, dentro de sus respecti- vos campos. Su intención es comparar esta interpretación científica con la visión similar que se da entre los políticos y los economistas. Así nos dice:

«En esta evolución reduccionista, que empobrece notablemente el con- cepto de eficiencia con sus dos dimensiones distintas que ya había arti- culado Jenofonte, tiene una influencia determinante la forma en que el surgimiento y desarrollo de la física mecánica termina afectando a la evolución del pensamiento económico, especialmente a partir del siglo XIX… En este sentido la ley de la conservación de la energía, llega a adquirir un papel protagonista en el desenvolvimiento de la Física, y a nuestros efectos no debe pasar por alto su carácter esencialmente estático (la energía ni se crea ni se destruye tan sólo se transforma…). Posteriormente la segunda ley de la termodinámica enuncia que en todo proceso físico hay una parte de energía que se despilfarra, por ejemplo   en forma de calor que se disipa, por lo que los sistemas físicos no serían reversibles. Ambas leyes protagonizan el gran desenvolvimiento de la Física a lo largo del siglo XIX y explican por qué la mayoría de los científicos conciben los fenómenos físicos casi exclusivamente en términos  de energía. Además, la principal aplicación práctica de la ciencia física  se plasma en el desarrollo de la Ingeniería Mecánica, construida exclusivamente en base al concepto (estático) de eficiencia energética, que se define por los ingenieros como la minimización en el despilfarro de energía. Un ejemplo muy ilustrativo es el de la máquina de vapor, que se convierte en el bien de capital más típico en la Revolución Industrial. La máquina de vapor sirve para transformar calor en movimiento y levantamiento de pesos, siendo el objetivo de todo buen ingeniero mecánico el lograr el máximo de eficiencia (estática), entendida como el máximo de movimiento con el mínimo de consumo o despilfarro de energía» (Huerta de Soto, 2011: pp. 11-72).

No obstante, aunque Huerta de Soto recurra a ejemplos extraí- dos de la física para demostrar la forma en la que la concepción estática habría dominado al principio (en todas las investigaciones iniciales), considero oportuno que tomemos otros ejemplos toda- vía mejores, obtenidos esta vez del ámbito de la biología y la evolu- ción de la vida (que es también el ámbito en el que se enmarca este trabajo). Después de todo, la función empresarial, la competencia en materia de producción, o la generación de bienes económicos, responden a otro tipo de selección natural, una que da lugar a las mejores sociedades humanas que pueden existir. Es la biología básica, y no la física, la que utiliza algoritmos similares a la econo- mía, y la que analiza estructuras que presentan un nivel de com- plejidad parecido a aquel que se da en las sociedades que construyen los hombres.

Si bien es cierto que el concepto de conservación de la energía, o la noción de pérdida de calor, pueden contribuir a acrecentar esta visión estática que puebla y nubla el entendimiento de muchos científicos y economistas, también es verdad que esas mismas con- cepciones implican casi siempre un cierto dinamismo interno. La energía se transforma continuamente en materia, o en otras formas de energía, y el calor se pierde siempre como consecuencia de los cambios y las transmutaciones que operan en todos los sistemas físicos. No creo que estos ejemplos sean los más apropiados para entender por qué el hombre tiene tendencia a ver el mundo como si estuviese mirando una foto fija.

Sin embargo, la biología sí ofrece en este caso una explicación mucho mejor. Es en el ámbito de la biología donde más se ha ali- mentado el fijismo, y también donde se ha llevado a cabo una ver- dadera revolución en contra de esta visión inmovilista de la naturaleza. Las llamadas teorías fijistas, predecesoras y contrarias a la evolución por selección natural, llevaron a los zoólogos y botánicos del pasado a interpretar el mundo de una forma com- pletamente estática, y no fue hasta la introducción de la teoría darwiniana cuando los científicos comenzaron a tener algunas herramientas discursivas para combatir esta visión atrasada, y poder sustituirla por otra más dinámica.

Y esta realidad cronológica también se ha puesto de manifiesto en el ámbito de la biología molecular (microscópica). El hecho de que la enzimología haya propuesto en un principio una teoría que sólo atendía al mecanismo estático de la catálisis enzimática, no es más que la confirmación de esa tendencia natural del hombre a concebir el mundo como si fuese una foto fija, siendo el dinamismo y el cambio lo que resultaría en cualquier caso mucho más difícil de apreciar.

Esta torpeza inicial del hombre también vendría a demostrar la superioridad de algunos modelos económicos modernos que, esta vez sí, aspiran a introducir en sus ecuaciones unas variables diná- micas basadas en la función empresarial y la creatividad humana, en contraposición con aquellos otros más tradicionales que solo se fijan en el componente estático del problema, revelando con ello su incapacidad para profundizar en la esencia más básica de los fenó- menos sociales, y poniendo de relieve las carencias y defectos que caracterizan a estas teorías estáticas frente a aquellas otras que sí han adoptado una visión más activa.

  • Función enzimática

El mecanismo biológico que vamos a usar aquí para analizar la acción productiva, y para poner de manifiesto su dimensión más dinámica y creativa, es la función enzimática. Dicha función des- cribe la acción catalítica de moléculas proteicas dentro de un entorno celular homeostático. Durante este proceso las enzimas actúan como catalizadores de la conversión selectiva de un sus- trato concreto en una molécula diferente que se denomina pro- ducto, acelerando de ese modo la tasa de reacción en un orden de millones de veces. En relación con esto, consideramos que existen algunas similitudes con el proceso de producción que se lleva a cabo en un nivel superior, en el seno de las sociedades humanas, con la actividad propia de la función empresarial. Y afirmamos que estas sinergias pueden contribuir significativamente a aumentar la comprensión de todos esos fenómenos.

Se denomina función enzimática a la actividad catalizadora que llevan a cabo las enzimas que integran un sistema biológico dado. En términos generales, la catálisis enzimática mejora la eficacia de las interacciones que acontecen entre los elementos del sistema, aumentando de ese modo la velocidad de obtención del producto. Concretamente, la catálisis enzimática disminuye la energía que se necesita para lograr un choque efectivo entre las moléculas de sus- trato, lo que lleva a incrementar el número de choques que acaban generando el producto de la reacción.

Las enzimas son macromoléculas de naturaleza proteica que catalizan reacciones bioquímicas siempre y cuando éstas sean ter- modinámicamente posibles. Dichas enzimas son las proteínas más numerosas y específicas de la naturaleza. Se han descubierto alre- dedor de tres mil doscientos tipos, pero se calcula que existen muchos más. Esto pone de manifiesto el importante papel que jue- gan estos polímeros naturales en todos los organismos.

En la introducción que realiza Ignacio Núñez de Castro a su libro Enzimología, comenta el autor que:

«Ciertamente, el estudio de las enzimas (los agentes de la vida los llamaba el profesor Sols) nos pueden acercar, a pesar de la aspereza y sequedad del desarrollo matemático de la cinética enzimática, a entender un poco más los fenómenos vitales y, consecuentemente, a explicarnos qué es la vida, y por tanto a intentar responder algo de la gran pregunta: que es el hombre» (Núñez de Castro, 2012: p. 18).

De estas palabras del profesor Castro podemos extraer una pri- mera definición bastante elocuente. El principal motivo que mueve a los expertos del análisis enzimático es el estudio pormenorizado de «los agentes de la vida», indudables protagonistas de las transfor- maciones biofísicas que acontecen en los organismos biológicos. Con esto, queda clara la importancia capital que desempeña esta disciplina minoritaria en el ámbito de las ciencias básicas.

Toda definición debe ofrecer una aproximación general al tema implicado, exponiendo sus cualidades esenciales de la forma más concisa posible. Así, se puede decir que la enzimología es el estu- dio de las enzimas: los agentes de la vida. No obstante, también es necesario que insistamos en matizar un poco esta afirmación. ¿Qué son las enzimas?, ¿cuál es su papel en el organismo?, ¿y cómo desempeñan su función? Todas estas preguntas deberán ser acla- radas a continuación.

Las enzimas son agentes que participan en el metabolismo aumentando la velocidad de las reacciones químicas. Las enzimas actúan sobre reacciones que se dan a velocidades muy bajas (termodinámicamente favorables) y lo que hacen es incrementar considerablemente esa cinética de velocidad. La forma que tiene una enzima de aumentar la velocidad de una reacción química es disminuyendo la energía libre de activación (ΔG). La energía de activación es la energía térmica que se debe suministrar a las moléculas reaccionantes para obtener un choque eficaz. Cuando una enzima disminuye la energía de activación de los reactantes, provoca un aumento proporcional en el número de choques efec- tivos. Los choques efectivos son todos aquellos encuentros que ocurren entre los reactantes o sustratos y que llevan a la forma- ción del producto.

Existen varios mecanismos para aumentar el número de cho- ques efectivos. La energía libre de activación es la resultante de dos componentes: el componente entálpico (ΔH) y el componente entrópico (ΔS), de acuerdo con la siguiente fórmula: ΔG = ΔH – TΔS. Así que las enzimas disponen en principio de dos opciones para disminuir ΔG. Pueden reducir el valor de la entalpia de activación (ΔH) o pueden aumentar el valor de la entropía de activación (ΔS). Las enzimas disminuyen la entalpía de activación (ΔH), esto es, el calor de la reacción o cantidad de energía intercambiada con el entorno, rebajando la propia energía de estabilización del complejo activado en comparación con aquella que tendría en el seno del agua. Para ello se valen de las características químicas de su centro activo, compuesto por una bolsa apolar que envuelve a los sustra- tos por completo y que crea un microambiente en el que la cons- tante dieléctrica es mucho menor que la que existiría en el medio acuoso. Esto hace que se eleve el número de interacciones electros- táticas entre la enzima y el sustrato, propiciando la estabilización del estado de transición activado que, consecuentemente, al resol- verse, dará lugar al producto final de la reacción.

Además de rebajar la energía de activación a través de la reduc- ción del componente entálpico, las enzimas también rebajan esa energía aumentando el valor de la variación de entropía (el valor de ΔS) que podemos medir en el paso del complejo enzima-sus- trato a complejo enzima-sustrato activado. La entropía determina el grado de desorden de un sistema en concreto. Así, por ejemplo, la entropía de una molécula depende de sus grados de libertad. Cuanto mayores son estos, mayor es también el valor de la entro- pía. Los grados de libertad dependen de la traslación, de la rota- ción o de la vibración de una molécula. Las reacciones enzimáticas transcurren en el interior de las enzimas, donde los sustratos y los reactivos del centro activo forman parte del mismo complejo. Por tanto, actúan como si sólo fuesen una molécula, y esto reduce sig- nificativamente su movimiento (sus grados de libertad), lo cual lleva a que aumente la diferencia entre ésta entropía, la de las molé- culas insertas en el centro activo, y aquella que presentaban esas mismas moléculas en el seno del agua. Es decir, aumenta ΔS y dis- minuye ΔG (para que se cumpla la fórmula que hemos enunciado más arriba).

Un tercer mecanismo que reduce la energía de activación del complejo enzima-sustrato, y que aumenta el efecto multiplicador de la velocidad de reacción, viene determinado por la orientación que adquieren los orbitales de los reactantes al unirse a la proteína catalítica, lo cual permite que se favorezca la aproximación, el encuentro y el tiempo de residencia de los mismos en el interior del complejo enzimático, y, consecuentemente, también la creación de su forma activada.

Finalmente, en los últimos años se han descubierto otros meca- nismos de activación más sutiles, que estarían favoreciendo igual- mente el aumento de la velocidad de reacción, pero que responderían a una visión menos clásica del mundo, más relacionada con la física cuántica o el conocido efecto túnel. En su libro de enzimología, Igna- cio Núñez de Castro resume perfectamente este enfoque novedoso:

«No podemos ocultar que… después de cincuenta años de la aplicación por Pauling de la teoría del estado de transición a la catálisis enzimática, el paradigma se está cuestionando y aparece el efecto túnel de pequeñas partículas a través de la barrera energética de la coordenada de reacción, como teoría alternativa de explicación de la catálisis enzimática… La con- sideración de las enzimas como estructuras estáticas, no teniendo en cuenta su elastoplasticidad intrínseca y sus continuos pequeños cambios conformacionales… se adapta muy bien a la teoría del estado de transi- ción. La enzima es considerada como complementaria al estado activado del sustrato y, partiendo de esta hipótesis, se han construido la mayor parte de las teorías para explicar las interacciones electrostáticas, la for- mación de determinados enlaces o la acomodación de las moléculas al sitio activo… Sin embargo, la consideración dinámica de la proteína como una macromolécula sometida a continuos cambios conformacionales sugiere más bien que la barrera energética es fluctuante, y algunos efectos catalí- ticos pueden explicarse por el efecto túnel a través de la barrera energé- tica» (Núñez de Castro, 2012: p. 94).

En algunos casos partículas muy pequeñas pueden penetrar una barrera energética mayor que su propia energía cinética, eludiendo de ese modo las leyes de la mecánica clásica, y respondiendo mejor al carácter cuántico que detentan las ondas-corpúsculo que ya des- cribió Einstein en sus ecuaciones de principios del siglo XX.

Existen varias demostraciones empíricas que prueban la vali- dez de esta nueva interpretación de la eficiencia para el caso de algunas enzimas. La vibración molecular y el carácter cuántico de la materia estarían jugando también a favor de la disminución del valor de la energía de activación, lo que a su vez aumentaría toda- vía más la velocidad de la reacción.

Costó mucho que los investigadores comprendieran esta nueva faceta (más dinámica) de las enzimas. Hasta hace bien poco solo tenían una imagen cuadriculada de las mismas, un modelo de llave y cerradura en el que se representaba a los reactantes acoplándose a la perfección dentro del centro activo del catalizador, y a éste con la forma exacta para que se diera dicho ensamblaje. Es muy significativo que esto mismo haya pasado también en el campo de la economía y la política, donde la mayoría de investigadores defienden, todavía hoy, una visión cuadriculada de la realidad. Así, a muchos les cuesta comprender los aspectos más dinámicos del proceso productivo, y suelen apoyar medidas que tienden a fomentar la distribución de los recursos dados, sin apenas reparar en la producción de los mismos, como si la creatividad y el dinamismo no existiesen en absoluto, o como si todo lo que tuviéramos que hacer fuera sentarnos a pensar cómo vamos a repartir las ganancias y plusvalías que al parecer caen del cielo.

Pero, hete aquí que el progreso se basa sobre todo en el descu- brimiento y la innovación, en la creatividad del hombre, y en la función del empresario que genera nueva información. Si la vida fuese un juego de suma cero en el que todo estuviera dado, solo sería necesario pensar cómo vamos a distribuir los bienes, no habría nada que crear, y no existiría la evolución. Pero la realidad es muy distinta, y las evidencias del progreso y el dinamismo se manifiestan a todos los niveles. Dichas certitudes también se pueden comprobar, salvando las distancias, cuando analizamos la capacidad que tienen algunas enzimas para producir aleatoria- mente nuevas conformaciones espaciales, hasta dar con aquellas que permiten el cambio adecuado y la fabricación del producto (o bien).

La teoría de la eficiencia dinámica que desarrolla el profesor Jesús Huerta de Soto propone un concepto de eficiencia que, ahora sabemos, tiene reflejo también en el campo de la biología molecu- lar, pudiendo ser aplicado por tanto a todos los niveles (sociales o naturales). En relación con este asunto, el español Ignacio Núñez de Castro, a la sazón profesor emérito de enzimología, ya se expre- saba hace algunos años en los mismos términos (Núñez de Castro, 2012: p. 94), dividiendo la eficiencia de las enzimas en dos tipos distintos: estática y dinámica, y reivindicando la segunda como la más precisa de las dos, de forma bastante similar a como la pre- senta el propio Huerta de Soto.

A fin de cuentas, la creación es la principal característica que define a un actor o un productor; su leitmotiv. Podemos  actuar para modificar el entorno en nuestro propio beneficio, o podemos ser todavía más creativos y cambiar nosotros mismos para propiciar a su vez un cambio del entorno totalmente novedoso. Esto último es lo que ocurre cada vez que aparece una nueva mutación adaptativa en el acervo genético de una especie, o cada vez que surge una nueva idea en la cabeza de algún empresario, o cada vez que se genera una nueva conformación en el seno de una enzima. Y es de vital impor- tancia que entendamos esto, pues todos los actos que participan en el progreso de la vida tienen siempre algún componente creativo. Sobre todo, debemos atender a esa visión dinámica de la economía y del mundo en general, y soltar el lastre que supone seguir abra- zando una concepción fijista mucho más atrasada y empobrecedora.

En definitiva, lo que tenemos que hacer es ir todavía un paso más allá, y analizar las claves básicas que están detrás de la evolu- ción de toda la complejidad que observamos en la  naturaleza. Pero para ello, no podemos quedarnos en la comparación que acabamos de hacer (la que relaciona la función catalítica de las proteínas con la función empresarial del mercado). Tenemos que aludir a un caso especial de catálisis: la autocatálisis. A fin de cuentas, la acción habitual de una enzima siempre tiene una naturaleza operativa. Los catalizadores no suelen evolucionar. Los cambios conformacionales que adopta la proteína, ya sean éstos clásicos o cuánticos, siempre son iteraciones repetitivas de un mismo proceso, que busca una y otra vez idéntico objetivo: la transformación de un sustrato en producto. Sin embargo, los cambios a los que se refiere Huerta de Soto en su teoría de la eficiencia dinámica, apelan a la función creativa del empresario, y son cambios de tipo evolutivo, que disponen la estructura de un modo completamente distinto. En este sentido, el cerebro sí es una máquina evolutiva. Las ideas relacionales que surgen en la mente de aquellos empresarios que encuentran una nueva oportunidad de negocio se corresponden con una estructura sináptica que, hasta ese momento, no se había dado en la cabeza de los susodichos, y que acabará fijándose en sus memorias y transmitiéndose a las siguientes generaciones como lo hace cualquier información genética.

Por lo tanto, propongo que la analogía correcta que deberíamos contemplar consiste en comparar la función empresarial, no con la función enzimática típica (proteica) que interviene en el metabolismo general, sino con la función de unas pequeñas moléculas llamadas ribozimas, que son los antecesores más antiguos de los genes. Las ribozimas son estructuras moleculares muy sencillas que catalizan su propia replicación de manera autónoma. Gracias a esta función enzimática primigenia es por lo que surge la vida y se pone en marcha el proceso de la evolución (hipótesis del mundo de ARN). Y ahí radica también la enorme importancia que adquiere la función empresarial en el panorama social, algo que viene reivindicando la Escuela austriaca en un gran número de trabajos.

La función empresarial juega un papel indiscutible como prin- cipal fuente de descubrimiento y nuevas oportunidades, y es el equivalente cultural de esa otra función enzimática que algún día puso en marcha el proceso evolutivo y el surgimiento inicial de la complejidad y desarrollo de las estructuras biológicas (y que hoy sigue actuando para propiciar la replicación molecular en el seno de las células). Así, los cambios conformacionales que sufren las ribozimas (o los genes actuales) y los cambios de relación que asis- ten al cerebro humano durante el proceso de descubrimiento empresarial, constituyen dos mecanismos hermanos, y son la base de la evolución o la eficiencia dinámica evolutiva, uno en el ámbito de las adaptaciones biológicas y el otro en el ámbito de la evolución cultural. No en vano, Richard Dawkins utilizó el nombre de memes para designar a esos nuevos replicadores cerebrales. En este sen- tido, acabamos de describir el principal isomorfismo que debería tener en cuenta la teoría general de sistemas: el proceso de la repli- cación (uno de los propósitos programáticos de este artículo).

La capacidad creativa del empresario (o el productor) responde al mismo mecanismo evolutivo de cambio que opera a nivel mole- cular, pero representado esta vez en los replicadores meméticos del cerebro. El cambio de un replicador tiene siempre la posibili- dad de conservarse (de replicarse) y supone por esto una oportuni- dad para probar una nueva conformación estructural, que acaso sea más adaptativa que la anterior. Esa es la base de cualquier evo- lución natural, y también de la evolución cultural. La teoría de la eficiencia dinámica del profesor Huerta de Soto está apelando al mismo proceso que ha venido permitiendo y generando la evolu- ción de toda la vida. No es otra cosa que esa misma evolución en el ámbito de la cultura y la sociedad. En su caso, son los memes del empresario los que se someten a reproducción diferencial, compi- tiendo entre sí para favorecer al consumidor, cambiando la confor- mación relacional del cerebro, experimentando nuevas posiciones y alcanzando nuevas soluciones y estabilizaciones adaptativas (o económicas). Y no es sino la misma evolución elevada a la enésima potencia, pues de todos es sabido que los replicadores meméticos sufren variaciones adaptativas que acontecen todos los días (no solo con el paso de una generación a otra, como ocurre con la evolución  darwiniana), se reproducen continuamente con el intercambio de ideas y el lenguaje, y se dirigen a un fin intencional concreto (no son tan azarosos como las mutaciones de los genes), que preludia un éxito mucho más rápido.

Por todo, la evolución cultural sufre una aceleración nunca antes conocida en la historia de la vida (en la que el empresario es uno de sus principales protagonistas), y la eficiencia dinámica se dispara, en este caso, a unas tasas imposibles de alcanzar en el mundo de los genes. Todo ello hace que la teoría de la eficiencia dinámica y la función empresarial (que analiza el profesor Huerta de Soto en algunos de sus trabajos) adquiera tamaña importancia, reclame una atención prioritaria por parte de todos los economis- tas, y se convierta en la única responsable de aquellas explica- ciones que permiten comprender los verdaderos resortes que están detrás del progreso de los sistemas complejos y, en definitiva, del bienestar general que asiste a los individuos que componen las sociedades humanas más desarrolladas.

  • La individuación productiva: simpatrismo y ventaja comparativa

Llamamos individuación productiva al proceso de diversifica- ción y especialización que acontece en el seno de un sistema natu- ral de producción, y que lleva a los individuos que componen dicho sistema a centrarse en una actividad concreta o restringirse a un área de trabajo determinada. El proceso de especialización propicia las desigualdades de los distintos componentes del conjunto, acentuando sus diferencias y remarcando sus caracterís- ticas particulares. Dicho proceso constituye además una implica- ción lógica del principio axiomático de la individuación. La mera existencia de entidades individuales hace que esa individualidad (su insistencia o su amplificación) constituya por sí misma un valor ciertamente importante. Todas las cosas son entes individuales y actúan como tales; todas ellas funcionan por y para atender esa característica elemental. Por tanto, cualquier proceso que vaya en la línea de favorecer ésta individualidad primaria tendrá garanti- zado un plus de efectividad. Por consiguiente, no resulta muy difí- cil entender por qué la desigualdad constituye, junto con la creatividad que asociamos más arriba a la acción, el punto arqui- médico sobre el que debe pivotar cualquier teoría que quiera com- prender el funcionamiento interno y las causas de la evolución de un sistema o un conjunto social.

La ley económica más importante que vamos a estudiar aquí es la ley de la ventaja comparativa. En este caso lo que se analiza es el fenómeno de la diversificación, el intercambio de bienes y el comer- cio internacional, y se concluye con una defensa teórica de la divi- sión del trabajo y la especialización laboral. Y, del mismo modo que la principal teoría de la acción productiva (la teoría de la eficiencia dinámica) presentaba, como vimos más arriba, una clara correspondencia con el mundo de la biología, concretamente con la dimensión dinámica de la catálisis enzimática, ahora también podremos establecer otra equivalencia similar. Compararemos la ventaja comparativa con la teoría evolutiva de la especiación sim- pátrica, y seremos capaces de extraer de nuevo algunas claves importantes que permitan elaborar una analogía parecida y una fundamentación mayor.

No hay duda de que existe una fuerte relación entre la eficiencia de un sistema cualquiera y su grado de especialización, relación que se puede rastrear incluso más allá de la economía, si acudimos al estudio de las ciencias naturales. Jonathan Weiner, reconocido escritor especializado en temas científicos, nos ofrece un ejemplo muy significativo:

«Lo esencial es la eficiencia, o lo que los economistas de la época de Darwin ya denominaban la división del trabajo… La ventaja de la divergencia es, de hecho, la misma que la división fisiológica del trabajo en los órganos de un mismo individuo, escribe Darwin en el Origen. No es de extrañar que Darwin recuerde el resto de su vida el lugar exacto del camino donde concibió esa visión» (Weiner, 2002: p. 232).

A continuación repasaremos y abundaremos en estas ideas que esboza Weiner, al objeto de entender mejor cómo se vertebra todo el conocimiento en torno a estos conceptos fundamentales relati- vos a la individualidad o identidad de las cosas.

  • La ventaja comparativa

La teoría de la ventaja comparativa fue inicialmente propuesta para demostrar que los países tienden a especializarse en la pro- ducción y exportación de aquellos bienes que fabrican con un coste relativamente más bajo respecto al resto del mundo, y que de igual manera tenderán a importar los bienes en los que son más inefica- ces y que por tanto producen con unos costes comparativamente más altos que el resto de naciones.

Esta teoría fue desarrollada por David Ricardo a principios del siglo XIX, y su postulado básico dice que, aunque un país no tenga ventaja absoluta en la producción de ningún bien, es decir, aunque fabrique todos sus productos de forma más cara que en el resto del mundo, le convendrá especializarse en aquellas mercancías para las que su ventaja sea comparativamente mayor o su desventaja comparativamente menor.

No obstante, aunque inicialmente se aplicó a la economía, la ley de la ventaja comparativa se sustenta en unos principios más gene- rales, que pueden aplicarse casi a cualquier cosa. No en vano, la tendencia a la especialización es una propensión fundamental que dirige la evolución de cualquier cambio natural. Las especies bio- lógicas surgen gracias a una especialización que las dota de una característica corporal que las capacita para adaptarse a un entorno determinado. Y cuanto más se especializan, más eficacia alcanzan en el desempeño de sus funciones vitales. Obviamente, la especia- lización también puede traer consecuencias negativas, por la exce- siva dependencia que se crea hacia determinadas circunstancias, lo cual puede llevar a la extinción inmediata del especialista, en el caso de que falte esa coyuntura. Pero ese es un problema derivado. Lo que es innegable es que toda especie surge para acomodarse a unas circunstancias particulares, y eso es sin duda lo que significa la especialización. Adaptación y especialización son, bajo este punto de vista, dos efectos sinónimos. No es extraño por tanto que Ricardo decidiese utilizar la ley de la ventaja comparativa en el ámbito más general de todos: el comercio internacional, para resal- tar las particularidades que condicionan y permiten cualquier intercambio de bienes. No obstante, lo que debe quedar claro es que la norma en cuestión se cumple en todos los órdenes de la naturaleza, no solo cuando analizamos una sociedad, sino tam- bién cuando estudiamos la evolución de la vida y la adaptación biológica de cualquier especie.

  • La especiación simpátrica

El mecanismo biológico que vamos a usar aquí para ilustrar la importancia de la individuación y el alcance de la desigualdad es el que acontece con la especiación simpátrica. Este mecanismo con- siste en la formación de una nueva especie sin que se establezca una barrera geográfica entre poblaciones. Por tanto, dicho proceso estaría poniendo de manifiesto la tendencia espontánea que existe en la naturaleza a la diferenciación y diversificación de cualquier especie animal, y nos estaría hablando también del importante papel que juega en la sociedad ese mismo fenómeno, esto es, la especialización laboral y la ventaja comparativa.

Darwin entendió muy pronto, cuando recorría como natura- lista los islotes de las Galápagos, que el aislamiento de las poblacio- nes que habitaban esa región del mundo había provocado una divergencia natural que enseguida se tradujo en un número de especies distintas en cada una de las islas. Es fácil comprender que, cuando existen barreras físicas que impiden la mezcla genética, las poblaciones aisladas acaban presentando rasgos fenotípicos ligera- mente distintos que, con el paso del tiempo, van acrecentando sus diferencias. Pero esto no resolvía un problema que traía de cabeza a Darwin. Dentro de su propia isla, las diferentes especies de pinzones no se encuentran aisladas las unas de las otras, y sin embargo se ha visto que siguen sufriendo un proceso de especiación semejante al que ocurre entre pinzones que sí están separados por el agua que baña las distintas costas. ¿Qué mecanismo de la naturaleza podría haber obrado para forzar a las poblaciones a diferenciarse todavía más, aún en ausencia de barreras físicas?

En su delicioso libro, El Pico del Pinzón, Jonathan Weiner recoge un episodio autobiográfico de la vida de Darwin en el cual éste relata la manera en la que se le ocurrió la solución al dilema que hemos apuntado más arriba:

«…los pinzones de Darwin no están aislados, cada especie en su propia isla. Por término medio hay siete u ocho especies en cada isla del archipié- lago. Además, hay un constante tráfico de pinzones visitantes. Los pája- ros pueden haber divergido, pero ahora no están separados. ¿Qué sucede cuando las ramas de la vida que han empezado a bifurcarse en aislamiento se reúnen de nuevo? Darwin tenía una respuesta, y es uno de los momen- tos más originales de su argumentación. Puedo recordar el sitio exacto del camino, mientras viajaba en mi carruaje, donde, para alegría mía, se me ocurrió la solución, recuerda Darwin en sus memorias, y prosigue: y eso fue mucho tiempo después de llegar a Down… no fue hasta ese momento, viajando en coche, cuando Darwin sintió que realmente comprendía la ramificación del árbol de la vida. ¿Qué empujaba a las ramas a bifurcarse una y otra vez?… Súbitamente Darwin se dio cuenta de que la adaptación a aislados islotes no era toda la respuesta. Vio un modo en el que la selec- ción natural, al actuar sobre las variedades locales… metería una cuña entre esas variedades separándolas en todo el mundo» (Weiner,  2002:  p. 228).

Darwin llamó a este proceso principio de divergencia. Pero hoy en día se denomina especiación simpátrica, y es uno de los fenóme- nos evolutivos más significativos que podemos consignar dentro de la selección natural. Weiner dice: «Cualquier salida de esa apre- miante competencia —por muy parcial que sea— le supondrá una enorme liberación, casi como si encontrara una nueva isla». Y es que de hecho no hace falta ninguna separación geográfica para que la selección natural actúe presionando a las poblaciones y las obligue a adoptar estrategias de adaptación diferentes. En la medida en que se dife- rencian de sus congéneres, los individuos de una misma población aumentan su propia especialización, mejorando de ese modo sus capacidades para ex