La dictadura de Hayek


“…estoy totalmente en contra de las dictaduras, como instituciones a largo plazo. Pero una dictadura puede ser un sistema necesario para un período de transición. A veces es necesario que un país tenga, por un tiempo, una u otra forma de poder dictatorial. Como usted comprenderá, es posible que un dictador pueda gobernar de manera liberal. Y también es posible para una democracia el gobernar con una total falta de liberalismo. Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un Gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente… Desafortunadamente, en estos tiempos las democracias están concediendo demasiado poder al Estado. Esta es la razón por la cual soy muy cuidadoso de distinguir entre ‘democracias limitadas’ y ‘democracias ilimitadas’. Y obviamente mi elección es por las democracias limitadas. En algunos países, las mayorías son capaces de convertirse en grupos discriminatorias que favorecen a ciertas personas en detrimento de otras. Para mí se trata de democracias ilimitadas. Por otro lado, la democracia limitada debe ser capaz de dar a los propios grupos de contribuyentes las mismas posibilidades que al resto” Friedrich Hayek, El Mercurio (12-4-1981).

El sistema óptimo de organización social solo puede ser una mezcla de dictadura y democracia (por ejemplo, una democracia liberal). Tiene que ser una dictadura respecto de aquellas normas básicas sin las cuales no se podría garantizar la permanencia en el tiempo de un sistema suficientemente libre y democrático, y tiene que ser una democracia respecto de aquellas otras cuestiones menores que afectan a la vida colectiva, las preferencias, y las decisiones mayoritarias que tienen que ser acordadas en común, mediante plebiscito, por el conjunto de los ciudadanos. En consecuencia, existen dictaduras (de libre mercado) que, por basarse en principios verdaderos, quedan más legitimadas que algunas democracias parlamentarias que optan por conculcar esos principios de rigor. Y por lo mismo, es indudable que también debe haber dictadores mejores y peores. La gradación existe a todos los niveles. Aquellos que dicen que todas las dictaduras son malas, porque solo las democracias son buenas, indirectamente también están asumiendo que todos los principios son iguales, y, en consecuencia, tienden a ningunear dichos principios e introducir todo tipo de arbitrismos legales, basándose en la decisión mayoritaria. En un sentido lato, la dictadura es un sistema que impide a una mayoría acceder al gobierno y cambiar las normas que establece de antemano una minoría. Eso, por sí mismo, no nos habla de la calidad de las leyes, sino solo de su mecanismo de implementación. Si esas normas son esencialmente correctas, la dictadura es el sistema que mejor puede garantizar esos aciertos a medio y largo plazo, y en circunstancias convulsas. En estos casos, el cómo importa menos que el qué. Cuando hablamos de cuestiones esenciales, es preferible fijarse en la certitud de la norma que intentar modificarla o corregirla mediante votación. Nunca nadie ha dado a elegir al pueblo las leyes de la física. Y lo mismo deberíamos hacer con algunas normas de la democracia. Lógicamente, no queremos decir que el cómo no importe nada: las dictaduras conllevan otros problemas de ordenación que concitan su condena inmediata y que tienen su raíz en el cómo y no en el qué. Y luego también hay dictaduras horrendas basadas en principios equivocados. Pero eso no quiere decir que tengamos que manifestar un rechazo absoluto hacia toda forma de poder autoritario. En términos relativos, una dictadura normativa puede ser incluso mejor que una democracia de mayorías. Esto es así porque al final es la calidad de las leyes, y no la forma de elegirlas, lo que más importa a la hora de crear un sistema social adecuado. Y no hay que tener miedo a decir esto: es la verdad, y la verdad no suele ser patrimonio de las mayorías. Cuando dices que todas las dictaduras son iguales, de inmediato recibes el aplauso cálido y complaciente que te brinda una masa ingente de opinadores. Queda muy bien, es un eslogan fácil. Pero hay que atreverse a decir la verdad.

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