Los impuestos de Frédéric Bastiat


“El gobierno no debe intervenir en este proceso ya que cualquiera sea la riqueza de un país no puede estimular actividades de una mayor sofisticación a través de los impuestos ya que esto implica el dañar actividades más esenciales y, por lo tanto, se revierte el avance de la civilización… Se dice que si el estado no interviene a través de impuestos para destinar recursos a las actividades religiosas es que se es ateo. Si no interviene a través de impuestos para las escuelas, se está en contra de la educación. Si el estado no entrega recursos a través de impuestos para establecer un valor artificial a la tierra o para subsidiar alguna rama de la industria, esto quiere decir que se es enemigo de la agricultura y del trabajo. Por último, se piensa que si el estado no subsidia a los artistas quiere decir que se patrocina la barbarie. Protesto con toda mi fuerza contra estas interferencias. Muy lejos está de mi ánimo el proponer la abolición de la religión, la educación, la agricultura, la industria, el trabajo o las artes. Por el contrario sostenemos que la libertad en todas estas áreas, sin que se opere a costa del fruto del trabajo de otros, fortalecerá el desarrollo armónico y el progreso de estas áreas. Nuestros adversarios creen ingenuamente que la actividad que no está subsidiada será abolida. Nosotros creemos lo contrario. Ellos tienen fe en el legislador no en el ser humano. Nosotros tenemos fe en el ser humano, no en el legislador” (Frédéric Bastiat, 1801-1850).

bastiat

El mundo en el que vivimos se ha convertido en los últimos tiempos en un hábitat intelectual difícil y farragoso. Las nuevas tecnologías han multiplicado por mil la información que nos entra por los sentidos. Ahora recibimos la ideología a borbotones, somos las víctimas propiciatorias de una comunicación atropellada, nos comportamos como los recipientes de las hijas de Dánao, que no tenían fondo. Por eso es importante que sepamos discernir la esencia de los problemas a los que nos enfrentamos. Sobre todo, donde más importante resulta esto es a la hora de abordar las ciencias complejas, las humanidades, la sociología, la economía. Estas disciplinas tienen por objeto el estudio de sistemas sumamente complejos. Pero no debemos entender con esto que están exentas de principios sencillos. Nada carece de principios. Por definición, los principios se aplican a todo. En materia de política, todos parecen opinar cosas radicalmente distintas, y todos creen tener fuertes y sólidos argumentos. Por eso es en este ámbito donde más hay que partirse el cobre, donde más hay que dar la batalla y reivindicar los principios que consagran una sociedad verdaderamente libre, exenta de intervencionismo y maniqueísmo político. El objetivo es reducir el poder de los gobernantes. Para ello es necesario emprender dos acciones muy sencillas: cortar el suministro que les abastece (reducir los impuestos) e impedir que ese suministro se pierda y se despilfarre en tareas vanas (impedir por ley que los políticos puedan incurrir en déficit). Estas dos acciones son las únicas que debe contemplar cualquier liberal. Ellas son el lugar de encuentro donde debemos coincidir todos. No puede haber discusión en esto. Las rencillas intestinas que se dan incluso dentro del ámbito de los liberales (entre anarcocapitalistas y minarquistas) deberían aquí quedar aparcadas. La empresa se enfrenta a unos enemigos peligrosos y correosos (los políticos corruptos). Por ello, el cometido debe ser diáfano. Hagamos de estas dos acciones una bandera de un solo palo, con la que poder enfrentarnos al postureo y la insensatez de aquellos que nos gobiernan. Fijemos nuestra atención en los impuestos y el déficit, nada más. Cualquier otra aspiración es secundaria, un movimiento de distracción poco recomendable. Como decía Bastiat, centrémonos en el legislador, deshagámonos de sus tasas, sus gravámenes y sus ordenanzas (sus impuestos). Y tapemos también el agujero de sus despilfarros (su déficit público), que no es otra cosa que el resultado de un abastecimiento incontrolado e irresponsable, de unos impuestos cada vez mas altos y ominosos. No hace falta nada más. Solo estas dos acciones. No es poco. Un objetivo sencillo siempre reúne más adeptos y sufre menos trabas. Hagamos que la sencillez y la claridad sean nuestras mejores armas. No en vano, la defensa de la libertad es la defensa de unos principios inalterables, y los principios siempre son premisas básicas y sencillas.

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