La Teoría Sintética de la Libertad Individual: proyecto y deseos


 

todo

En alguna parte del espacio y del tiempo, en un futuro relativamente próximo –espero- existe un lugar reservado al tratado en ciernes que llevo escribiendo toda mi vida: un ensayo de filosofía política y económica, con el que espero sentar las bases de los principios naturales y sociales que precisa el estudio del hombre.

Hace ya un tiempo que terminé de escribir mi trabajo de fin de máster. En él hago una defensa cerrada del apriorismo extremo de Rothbard, e intento fundamentar y sustanciar mejor esa idea del autor. Para Rothbard, el apriorismo tiene un papel central en la economía y la política, a pesar de pertenecer a una categoría ciertamente distinta: filosófica. Mi estudio es el resultado de un año maravilloso de debates y convivencias, que deseo agradecer a todos los que lo han hecho posible. También es el fruto de dos décadas de búsqueda intelectual, que me han llevado de la ciencia a la filosofía, y de ésta a la economía. Dos décadas que he disfrutado como un niño chico, pero que también han supuesto un gran sacrificio (he tenido que renunciar a una vida material más abundante). Se abre a partir de ahora un camino que espero sea tan apasionante como el anterior. Mi intención es usar este trabajo para iniciar el doctorado, y en última instancia, para escribir el tratado de economía y filosofía que tengo en mente, una teoría general del conocimiento y la realidad. En éste nuevo proyecto me gustaría seguir contando con todos los que me han permitido llegar hasta aquí. Sobre todo quiero continuar teniendo a mi lado a esas personas que no han dudado nunca en llevarme la contraria (que son mayoría) y sin las cuales no habría podido elaborar mis ideas.

Siempre he considerado que la economía y la sociología son disciplinas esenciales, que pueden contribuir en gran medida a mejorar la calidad de vida de las personas, y que por tanto deben estar respaldadas por leyes que también tengan esa condición esencial, compuestas por normas jurídicas fundamentales, inspiradas en el iusnaturalismo, delimitadas por el derecho natural y afines a la condición humana. Mi línea de investigación se centra en buscar esas leyes y esas relaciones, haciendo partícipe a la economía de los avances que se han efectuado en otras ramas del conocimiento ajenas a ella, aunque no por esto menos importantes. Por ejemplo, uno de los objetivos de mi tesis aspira a fundamentar el pensamiento económico mediante el uso de un conocimiento más básico, de carácter ontológico, que recoja el legado de autores de reconocido prestigio y de mirada profunda, tales como el matemático y filósofo moravo Edmund Husserl, o el ensayista y pensador español José Ortega y Gasset.

En mi primera época, más o menos durante el periodo que va de los veinte a los treinta años, me interesaron exclusivamente las ciencias naturales. Posteriormente mi gusto viró hacia las humanidades, la economía, la ética, o la novela. De repente, descubrí que la ciencia natural no lo era todo en materia de conocimiento. Existía una búsqueda intelectual paralela; una filosofía integral. Desde entonces, me dedico con asiduidad a buscar principios filosóficos (axiomáticos) que me permitan obtener las bases necesarias para comprender el mundo con una visión más amplia, más ecuménica.

Con treinta y pocos años, me encontré de frente con las ideas de la Escuela Austriaca de Economía, y fue para mí un revulsivo y un golpe de aire fresco que nunca habría pensado que pudiera darse. En la escuela austriaca hallé los fundamentos que necesitaba. Los epígonos de esta corriente han aplicado a la economía, muchas veces sin saberlo, aquellos primeros principios de los que hablaban los filósofos presocráticos y los tótem del pensamiento antiguo, Aristóteles, Santo Tomas, o Descartes. Esto me hizo recapacitar, y empecé a pensar que debía luchar para que la gente comprendiese que la teoría austriaca es mucho más que una teoría económica. Esa es mi égida. Mi investigación consiste en hurgar en la historia primigenia del pensamiento humano, con la intención de recabar los apoyos que demuestran la enorme importancia que tienen y tendrán siempre las ideas que ha elaborado la Escuela Austriaca de Economía, al efecto de entender mejor el orden y el funcionamiento de la sociedad civil.

Para desarrollar una Teoría del Todo es preciso realizar un recorrido por todo el conocimiento (crear un sistema completo), lo cual obliga a fijar la atención en tres objetivos básicos:

  1. Identificar los fundamentos históricos (presocráticos) y teóricos (apodícticos) que sean constitutivos de una ciencia radical de evidencias absolutas.Es decir, elaborar una clasificación gnoseológica y un aparato axiomático.
  2. Aplicar esas evidencias a las ciencias naturales(física, biología, neurología), relacionando las mismas con los principios más básicos de la teoría darwiniana de la evolución.
  3. Aplicar esas evidencias a las ciencias sociales(ordenamiento social, jurisprudencia, deontología política), relacionando las mismas con los principios que defiende la teoría económica de la escuela austriaca.

El objetivo de esta presentación aspira a describir una teoría de tipo fundamental, bajo la cual tendrán cabida todos los fenómenos de la naturaleza, y especialmente aquellos procesos económicos que constituyen la base natural de las acciones humanas.

El hombre es un elemento más del universo. Si hablamos de fundamentos reales no podemos limitar el estudio a una mera interpretación de los hechos sociales. Tenemos que describir fenómenos que estén presentes en todas las estructuras del cosmos, y aplicar luego esas nociones en el marco concreto del ser humano.

Mi sistema axiomático opera a través de una reducción ontológica radical: la descomposición del concepto económico de la libertad individual en sus dos términos gramaticales: libertad e individual, y su posterior conversión en concepto metafísico: la identificación de las propiedades entitativas que competen a todos los existentes (individuación y acción). A continuación, mi sistema aspira a implementar esos principios en las ciencias naturales y en las ciencias sociales, aplicando la metafísica a la física, cumpliendo de ese modo con el sueño que siempre movió a Espinosa y a tantos otros filósofos.

La libertad individual es una locución que se compone de dos términos: individual y libertad. Lo individual es lo identitario, la esencia del ente, su ordenación interna, su naturaleza existente, su cosificación. Por su parte, la libertad alude directamente a la acción, es la facultad que tienen todos los seres para actuar según sus potencialidades.

Estas dos cualidades, la individuación y la acción, constituyen los dos fundamentos más básicos de la realidad, y dan a la libertad individual el carácter trascendental que ésta tiene luego en la economía.

Todas las cosas que existen en el universo son individuos, y también podemos decir que todas ellas tienen cierto grado de libertad. Todos los seres tienen una identidad particular. Su individualidad es lo que los convierte en entidades existentes y reconocibles. Sin esa propiedad no podrían existir, y tampoco podrían ser identificados como tales.

Además, la individualidad también supone una cierta independencia a la hora de actuar. Todas las cosas que existen provocan algún efecto en su entorno, que viene determinado en parte por la naturaleza concreta de la cosa. Todos los seres actúan con un cierto grado de independencia y libertad. La existencia individual siempre va seguida de acciones individuales. Estas acciones se consideran libres en tanto en cuanto sean generadas por el individuo, sin que intervengan factores externos.

Bajo estas premisas, resulta poco dudosa la importancia que tiene la Escuela Austriaca de Economía en el panorama general del pensamiento humano. No en vano, su principal valedor, Ludwig von Mises, ha sido el único economista que ha fundado su disciplina en el principio de la acción. Aunque tampoco él ha sabido ver la enorme trascendencia que tenía su teoría. Para Mises, la acción es una mera actuación intencional. Su tesis, como bien reconoce el propio autor, nunca pretendió ir más allá de la esfera económica, esto es, de la relación que se crea entre seres conscientes que buscan un beneficio particular de manera deliberada.

Mises sostenía por activa y por pasiva que la acción humana era fruto de un acto totalmente consciente e intencional. Pero muchos de los pupilos que han heredado esas ideas han acabado reconociendo que existen también muchas acciones económicas inconscientes (tácitas), con lo cual han extendido el significado del axioma de Mises mas allá de lo que él mismo pretendió en vida. Los más atrevidos aseguran incluso que los animales deben ser incluidos dentro de la misma categoría, como agentes actores. Con ello buscan dar una base más sólida a los principios económicos, que afecte también a la biología y la física. Sin desmerecer esta osadía, que para mi cobra un significado pleno, debo decir que todavía se queda corta. Considero que hay que ser más atrevidos. Si somos consecuentes con el sentido último de los axiomas, debemos reconocer en la acción un fundamento universal, que afecta a todas las cosas que existen, ya sean estas orgánicas o inorgánicas. Eso es, en términos generales, lo que intenté demostrar en la charla que impartí en el Instituto Juan de Mariana el pasado año, a modo de primera aproximación:

https://elreplicadorliberal.com/2015/06/30/la-teoria-del-todo-patrimonio-de-la-escuela-austriaca-de-economia/

Pero la escuela austriaca no solo tiene un fundamento teórico indiscutible. También goza de unas raíces históricas profundas, que pueden rastrearse hasta llegar a los primeros Presocráticos. Los fundamentos filosóficos que caracterizan el ideario y el objetivo de esta escuela son el dualismo metodológico, en el campo de la gnoseología, y el individualismo metodológico, en el campo de la metafísica. A tal efecto, he querido proponer un sistema axiomático inspirado en el concepto rothbardiano de la libertad individual, demostrando de ese modo que dicho concepto tiene su asiento en los abismos y las simas que albergan el pensamiento más radical de todos: el pensamiento ontológico, la fosa mariana de la filosofía. Para cubrir este viaje a las profundidades, se deben aclarar primero algunos aspectos teóricos especialmente relevantes. En primer lugar, es necesario demostrar que la filosofía es una disciplina legítima, indispensable y rigurosa. Y posteriormente, debemos utilizar esta herramienta gnoseológica para realizar también una fundamentación filosófica y una defensa metafísica de los principios que ensalza la Escuela Austriaca de Economía. Dicha escuela es la única que ha sido capaz de identificar correctamente los elementos más imprescindibles de la realidad (individuación y acción) y aplicarlos en el ámbito de la sociedad. Por tanto, también es la única que permite llevar a cabo un análisis filosófico adecuado, suficientemente profundo y extenso. A su vez, estas aserciones quedan más ratificadas si cabe cuando volvemos la cabeza hacia atrás y nos paramos a analizar la historia del pensamiento.

El análisis de la historia humana nos ofrece también una clara evidencia de la importancia que tiene el principio gnoseológico que contempla y da sentido a la escuela austriaca, el dualismo metodológico. Su razón y su necesidad han quedado patentes desde el momento en que aparece la figura del pensador. Cuando surge la razón, es decir, cuando el hombre racional se enajena de la mística y supera las creencias órficas, emergen también dos escuelas paralelas perfectamente distinguibles, en clara representación de los dos caminos que enfatiza el dualismo metodológico.

Por un lado aparece la escuela jónica de Tales, Anaximandro y Anaxímenes, ubicada en la Grecia oriental, conocida por llevar a cabo una aproximación física al mundo y un intento detallado por explicar aquellos aspectos de la realidad que pueden derivarse de la experiencia fáctica. Son los primeros científicos experimentales que intentan explicar los fenómenos meteorológicos, o la forma de los astros. Los jónicos tenían especial interés en demostrar que todas las sustancias se derivan de un único elemento, al modo en que los actuales físicos intentan unificar las fuerzas de la naturaleza y las partículas materiales. Tales de Mileto afirmaba que esa sustancia era el agua. Anaxímenes pensaba que era el aire. Y Anaximandro creía que era una mezcla de varios elementos primarios.

En cambio, la escuela itálica, situada en la parte occidental de Grecia, adoptó tempranamente una posición bien distinta, se preocupó por problemas nuevos concernientes a la teología, la unidad en la disposición de las cosas, la finitud y la infinitud. Esto dio inicio al diálogo que posteriormente se llevaría a cabo en torno al Ser y a la cosa.

Como intenta subrayar Kirk en su libro sobre la filosofía presocrática, «el segundo estadio importante en la historia de la especulación filosófica lo constituyen dos grandes escuelas itálicas: la pitagórica y la eleática. El carácter y el tema central de su pensamiento difiere profundamente del de los milesios… En palabras del propio Aristóteles, emplean principios y elementos más extraños que los físicos porque los tomaron del campo de los seres no sensibles. La cosmología pitagórica, al menos en un principio, se interesa más por la forma o estructura del mundo que por su mero principio material.»

Estos principios abstractos constituyen el origen de la filosofía, la especulación pura, y la metafísica. Sus divagaciones giran en torno a la naturaleza última del Ser, su finitud y su concreción, y no en torno a una materia concreta, al ser como cosa en sí, como individuo, y no como cosa formada por un elemento particular.

La dualidad metodológica también queda condensada y explicada en el poema que escribió Parménides por aquella época. Como también nos aclara Kirk: “Después de una introducción alegórica, el poema se divide en dos partes: la vía de la verdad y la vía de la opinión. La primera parte… ofrece una ejercicio sin precedentes de la deducción lógica: partiendo de la premisa existe de un modo similar a como Descartes partió de la premisa cogito, llega Parménides mediante el uso solo de la razón, y sin la ayuda de los sentidos, a deducir todo lo que podemos conocer sobre el Ser, acabando por negarle a los sentidos validez alguna de veracidad o ninguna realidad a lo que ellos parecen percibir. En la vía de la opinión…reintroduce el mundo de las apariencias que con tanta vehemencia había destruido. Aunque al principio Parménides parece decantarse por la vía de la verdad, al final parece aceptar la legitimidad de las dos vías. Parménides, a pesar de su énfasis teórico sobre la negación del mundo de los sentidos, adujo un número considerable de detalles respecto a su explicación.”

Esta apología del método constituye la primera ocasión en la historia en la que un hombre admite y describe de forma clara el dualismo metodológico, esto es, la aceptación conjunta de dos disciplinas básicas: la ciencia y la filosofía. Resulta sorprendente que dicha declaración ocurriese tan temprano. En general, toda la filosofía griega pone de manifiesto la necesidad de dividir el saber haciendo constar dos fuentes diferentes, lo que nosotros hemos venido a llamar dualismo metodológico.

De igual modo, el concepto metafísico de la individuación queda convenientemente descrito y enfatizado por los primeros pitagóricos, quienes decían que el primer principio es la unidad. Y posteriormente es aclarado y sistematizado por el más insigne de todos los filósofos: Aristóteles. Como dice el polímata griego: “…y esto es la sustancia o el individuo, que es precisamente lo que se manifiesta en una categoría tal; sin ello, no decimos nunca bueno o sentado, por ejemplo. Es evidente pues que gracias a esta categoría, son también todas las demás, por lo tanto el Ser en su sentido primero, y no el ser algo, sino el Ser absoluto, ha de ser la sustancia [el individuo]”

Y Aristóteles también se da cuenta de que la acción es el otro principio básico: “De manera que, si hay un fin de todas las cosas propias de la acción, este sería el bien propio de la acción” (Aristóteles, 2012, Libro I, p.28).

La causa que anima toda mi vida encuentra alimento en ese intento por crear una teoría verdaderamente general. Llevo pensándola y escribiéndola desde que tenía veinte años, y estaré retocándola y completándola toda mi vida. No encuentro otro motivo ni otra hazaña intelectual más noble e importante que esa.

En términos generales, mi propósito doctoral consiste en realizar un estudio teórico completo, así como también una retrospectiva histórica que me permita analizar en detalle los dos conceptos que más impacto e importancia han tenido en la filosofía: la individuación y la acción, rastreando estas nociones a lo largo y ancho del pensamiento metafísico, natural, político y económico de todas las épocas, y consignando el legado que nos han dejado los principales pensadores y catedráticos que han existido. El objetivo último es demostrar cuán esenciales son estos dos principios, su necesidad como objetos de descripción del mundo y como elementos de juicio en cualquier discurso o debate filosófico. La estructura de mi trabajo revela, mejor que ninguna otra cosa, esas intenciones mías. Tras una primera parte en la que expongo y desarrollo los principios básicos, en la segunda me encargo de analizar en profundidad el primero y más fundamental de ellos: la individuación, mientras que la última sección la dedico sobre todo a comprender el segundo axioma: la acción en el mundo. Finalizo pues con una teoría de la acción que pretende servir de complemento de aquellas otras que la han precedido (principalmente me fijo en la teoría económica que nos legó Mises en su obra más reconocible: La Acción Humana), agotando dicho concepto y llevándolo hasta sus últimas consecuencias, entendiendo la acción como una propiedad física y ecuménica, y aplicando dicho principio en todos los ámbitos del conocimiento humano (física, biología, sociología, tecnología).

Las propiedades de los elementos son función periódica de sus pesos atómicos. Dimitri Mendeléyev publicó en el año 1869 una tabla periódica en la que situó todos los elementos conocidos en aquella época, ordenándolos de forma tal que aparecieran distribuidos por familias, y ubicados en la misma línea horizontal. Debido a la universalidad de esta ley, Mendeléyev predijo el descubrimiento futuro de los elementos químicos con las características indicadas por el espacio que ocuparían en la tabla que él había creado a tal efecto. En consecuencia, dejó una serie de huecos en la misma que años después irían rellenándose con nuevos descubrimientos, confirmando de ese modo las sospechas y la teoría del autor de dicha tabla.

En mi vida aparecen también algunos espacios vacíos, a la espera de ser rellenados. Esta entrada en mi blog es un buen ejemplo de ello. Aquí va el trabajo que estoy escribiendo sobre filosofía, economía, ciencia, ética, y que todavía me demorará bastante tiempo (tal vez me lleve toda la vida). Mientras tanto, dejo la vacante vacía, y conservo la esperanza de que algún día pueda ver confirmados todos estos pronósticos y deseos. Espero que se acaben cumpliendo con la misma exactitud de aquellos que dieron fama y reconocimiento a Mendeléyev. En mi caso, eso significará que habré acabado de escribir el tratado que tengo entre manos, con el cual espero remedar el desierto intelectual que ahora se abre delante de mí, que hará valer por fin el vaticinio que ahora realizo. Con el objeto de promover y divulgar este proyecto vital, he creado una página en Facebook a la que todos ustedes están invitados:

https://www.facebook.com/Teor%C3%ADa-del-Todo-234956283530687/

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Esta entrada fue publicada en ENSAYO, OPUS MAGNUM I: LA TEORÍA DEL TODO, Resumen del libro. Guarda el enlace permanente.

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