La independencia financiada: JOSÉ T. RAGA


¿Qué tendrá Cataluña, o qué tendrá Mas –también lo tuvieron Pujol y Montilla–, para que algunos pierdan el buen tino? ¿Está el Gobierno español tan proclive a las finanzas de las demás autonomías como lo está a las de Cataluña, o es que la amenaza resulta eficaz?

España es un país de sobresaltos y de situaciones que generan alarma social: unas veces porque los delincuentes no cumplen las penas a las que se les sentenció –privación de libertad–, y otras porque los fundamentos económicos y el compromiso de equidad nacional se menoscaban por amenazas que, de cumplirse, nada alterarían, pues hay experiencias históricas, no lejanas en el tiempo, que así lo confirman.

El escenario se repite. El presidente Mas llega ante el Gobierno de la Nación revestido de arrogancia y alardeando de mala educación. Es una muestra de su incapacidad para distinguir lo que se puede y lo que no se puede hacer en un mundo que se pretende armónico. El tono es el de siempre: el del chantaje. Un chantaje materializado en el referéndum independentista, la agencia tributaria catalana y la amenaza de convocatoria electoral. Ah, y no está dispuesto a participar en la rueda de prensa informativa en Moncloa: seguramente, porque al estar en un país extranjero se siente demasiado presionado.

Reconozco que nunca he disfrutado de esas cualidades políticas que permiten a algunos comulgar con ruedas de molino, o aceptar, con la mejor de las sonrisas, los carros y carretas de los compañeros de viaje. Por ello, ante un hecho semejante, si yo fuera el presidente del Gobierno español no habría dudado en anular la cita, por causas de mala educación y falta de respeto a los modos y al protocolo.

Me preocupa, por ello, una información que preferiría no fuese cierta. Al decir de la nota informativa, el presidente del Gobierno estaría dispuesto a ofrecer a Mas financiación adicional, pero no pasaría por el independentismo ni por la agencia tributaria propia. Que ahora, ante el chantaje, el señor presidente ofrezca financiación adicional a la Generalidad es tanto como reconocer que la que ha manejado hasta el momento no era la que les correspondía; es abundar en el argumento malintencionado de la explotación abusiva que España hace de Cataluña. El Estado, sencillamente, no puede inclinar la cerviz ante uno de sus órganos territoriales. Esto provocaría fundada alarma social.

Cataluña no se saciará, cualquiera sea el obsequio que se le ofrezca. Ese fue el argumento perverso cuando Zapatero prometió a los catalanes que tendrían el estatuto que quisieran. Con eso quedarán contentos para siempre, pensó el necio estadista. Cuando el hijo pródigo se arrepiente de su vida dilapidadora acude, con humildad y sin exigencias, a la presencia del padre. El caso del pródigo Mas es muy distinto: la humildad y petición de clemencia las sustituye por la arrogancia y el chantaje. ¿Caben, pues, las contemplaciones?

La verdad es que no entiendo nada.

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