El concepto de subsidio en Ayn Rand


“El beneficiario de una beca pública está moralmente justificado sólo en la medida en que él la considera como la restitución y se opone a cualquier forma del estatismo del subsidio. Los que abogan por becas públicas no tienen derecho a ellas; los que se oponen a ellas, sí lo tienen. Si esto parece una paradoja, el problema radica en las contradicciones morales del estatismo del subsidio, no en sus víctimas. Puesto que no existe el derecho de algunos hombres a quitarles por voto los derechos a los demás – ni el derecho del gobierno para apoderarse de la propiedad de algunos hombres para el beneficio inmerecido de otros – los defensores y partidarios del estado del subsidio son moralmente culpables de robarles a sus oponentes, y el hecho de que el robo esté legalizado hace que ello sea moralmente peor, no mejor. Las víctimas no tienen por qué añadir un martirio auto-impuesto al daño que otros ya les han hecho; no tienen por qué dejar que los saqueadores se beneficien por partida doble, dejándoles que les distribuyan el dinero exclusivamente a los parásitos que clamaban por él. En cada oportunidad que las leyes del estado del subsidio permitan alguna pequeña restitución, las víctimas deben tomarla.” (Ayn Rand, 1905-1982)             

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Resulta intelectualmente gratificante observar que el único recurso dialéctico que les queda a los intervencionistas consiste en acudir constantemente a los personalismos. Cada vez que critico alguna medida del partido comunista, quienes tienen la difícil y meritoria capacidad de combinar la idolatría hacia el Estado con la amistad y el conocimiento de mi persona, enseguida me despachan recalcando mi supuesta incoherencia por denunciar a aquellos gobiernos que luego admito implícitamente cuando acepto sus dispendios y me beneficio de sus subsidios. Así, intentan convencerme de que el paro que yo he percibido en algún momento de mi vida ha sido pagado por todos ellos, y que por tanto no tengo derecho a quejarme del estado del bienestar que ellos admiran. Yo les suelo responder diciendo que nadie ha pagado mi paro jamás. Yo pago mi propio paro al dar al Estado la mitad del dinero que gano durante un año, que se me devuelve en parte con ese reintegro. Además, si hablamos de ética, mi postura es más honesta que la suya. Si fuera por mi, no estarían gobernando aquellos que, como creen algunos, me nutren de regalos y de dádivas (subsidios). Es decir, yo soy capaz de votar a un partido (o no votar) para que desaparezcan esos que, según parece, me vienen muy bien para vivir. En cambio, ellos votan o defienden a todos aquellos que solo saben quitar el dinero a los demás y redistribuirlo luego entre los parásitos mas sórdidos de la sociedad. Yo estaría dispuesto a eliminar los parásitos, incluso si yo mismo fuera uno de ellos (aunque más arriba he demostrado que no lo soy). Ellos en cambio están dispuestos a seguir alimentando la envidia, la mediocridad, la morosidad, y la corruptela.

A mi no me gusta hablar de la vida particular de nadie. Hablo de medidas políticas y normas sociales. No obstante, también podría decir lo mismo de aquellos que me atacan. En una sociedad como ésta, todos estamos en cierta medida subvencionados de un modo o de otro; no hay forma humana de escapar y por tanto tampoco es achacable que no se haga. Lo que si es achacable es apoyar una opción política que favorece todo eso. Por tanto, no me parece correcto criticar a una persona por formar parte de un sistema social que se le impone y del que no puede huir, sobre todo si el que critica ese comportamiento es el mismo que promueve ese estado de cosas. La verdadera contradicción es esa. No es tanto la percepción de un subsidio eventual, sin estar de acuerdo con el mismo, como la percepción positiva de una realidad que en el fondo es falaz e inmoral, llena de justicieros injustos, parásitos exigentes, demandantes resentidos, e inútiles petulantes, que primero te cazan y te obligan a adoptar sus medidas, y después te acusan por hacer lo que ellos quieren.

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