La biblioteca de Maquiavelo


“Llegada la noche, vuelvo a casa y entro en mi escritorio; en su puerta me despojo de la ropa cotidiana, llena de barro y mugre, y me visto con paños reales y curiales; así, decentemente vestido, entro en las viejas cortes de los hombres antiguos, donde acogido con gentileza, me sirvo de aquellos manjares que son sólo míos y para los cuales he nacido. Estando allí no me avergüenzo de hablar con tales hombres, interrogarles sobre las razones de sus hechos, y esos hombres por su humanidad me responden. Durante cuatro horas no siento fastidio alguno; me olvido de todos los contratiempos; no temo a la pobreza ni me asusta la muerte. De tal manera quedo identificado con ellos.” (Nicolás Maquiavelo, 1469-1527)

dublin biblioteca

Muchos son los que sueñan con el día en que el hombre consiga por fin desarrollar una máquina que le permita viajar en el tiempo. Pero casi nadie se percata de que esa máquina ya fue inventada hace muchos siglos: se llama libro. La literatura es una suerte de agujero de gusano, una arruga en el espacio y el tiempo que nos permite arribar sin dificultad a otras épocas, yendo hacia atrás (biografías) o hacia adelante (ciencia ficción), caminando por lugares inhóspitos que jamás imaginamos que podríamos pisar, contrayendo el tiempo de vida de una persona hasta conseguir que quepa en el rato que tardamos en leer una de sus novelas o ensayos, libando en tan solo unas pocas jornadas de lectura el pensamiento y la sabiduría que a un hombre le llevaron toda una vida de decantaciones y reposo, o expandiendo ese mismo tiempo sobre un tamiz casi infinito, regresando a los anaqueles de nuestra librería cada vez que las circunstancias nos obliguen, y encontrando en ellos los mismos argumentos de antaño, como si nada hubiese cambiado, como si el tiempo, de repente, se hubiese detenido sobre cada uno de los momentos que configuran el pasado de los autores, en definitiva, como si no existiese tiempo, o como si no existiesen límites para aquellos que se proponen recorrerlo. La literatura y la imaginación no entienden de fronteras, hace mucho que dejaron de ser un recurso limitado. Hace varios siglos que se inventó y se popularizó la imprenta, y más tiempo ha que la naturaleza nos regaló la capacidad de pensar y de soñar.

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