La solución pasa por compartir el tiempo de trabajo, que los privilegiados que aún conservan su empleo por cuenta ajena cedan parte de su jornada para que ese hueco que dejan lo ocupen nuevos empleados rescatados del pozo del paro. Pongamos, por ejemplo, que se reduce la jornada laboral un 20%, de forma que se limite a 32 horas semanales (en vez de 40 horas) o, expresado de otra forma, que se trabajen cuatro días a la semana en vez de cinco. De adoptarse esta medida, se crearían inmediata y directamente cerca de 4 millones de puestos de trabajo en España sin que ello supusiera sobreproducción, puesto que el total de horas trabajadas serían las mismas. Se comparte el trabajo y se comparte la renta.
Ahora bien, ¿van a aceptar los empresarios una propuesta como ésta? Probablemente no, porque contratar a una persona más para obtener las mismas horas trabajadas le supone aumentar los costes laborales (nada menos que un 20 %) manteniendo los ingresos, lo que se traduce en menos beneficios.
¿Aceptarán los trabajadores? Probablemente la mayoría no la acepte porque pensará que la reducción de la jornada en un 20 % estará acompañada de una reducción proporcional de su salario. Puede que algunos estén dispuestos a decir que sí, los que valoren mucho su tiempo de ocio, pero presumiblemente la mayor parte pondrá reparos, puesto que solemos estar «atados» a un nivel de vida de tal manera que no podemos permitirnos el lujo de ver reducidos nuestros ingresos.
Entonces ¿esta propuesta de compartir el tiempo de trabajo está abocada al fracaso? Aparentemente sí, pero añádase el matiz siguiente: ¿y si la propuesta se pudiera realizar sin que aumentara el coste laboral en las empresas y sin que los trabajadores vieran reducido su salario? Si esto es posible, entonces nadie tiene por qué negarse, ni empresas ni trabajadores, habría consenso de los principales protagonistas y el resultado sería un mundo mucho mejor, donde se produce lo mismo aunque trabajando y obteniendo renta todos, con más tiempo de ocio para dedicar a actividades enriquecedoras (familia, amigos, deportes, facetas creativas…), donde ya las personas no tienen por qué dejarse seducir por la economía sumergida, donde aumenta el consumo interno porque ahora hay millones de familias que obtienen nuevos ingresos, y este aumento será muy beneficioso para la economía del país, donde habría menos violencia doméstica, menos ansiedad, menos stress, menos delincuencia… Si poner en marcha esta propuesta es posible, no cabe duda que debe ser un objetivo prioritario desde todos los puntos de vista.
Si se rescata del paro a un nuevo empleado por cada cuatro actualmente ocupados, estaríamos hablando de cerca de cuatro millones de empleos nuevos. ¿Quién soportaría el coste laboral -salarios y costes sociales- de estos nuevos empleados? Estamos hablando de miles de millones de euros…
Esta humilde propuesta sugiere que no sean ni los empresarios ni los trabajadores los que abonen esta factura ¿Quién entonces? La clave está en que las administraciones públicas recibirían tantos beneficios económicos por poner en práctica esta idea, que compensarían con creces el coste mencionado, y aún más si añadimos los inmensos beneficios sociales que se derivarían de la aplicación de esta propuesta. De alguna manera, las administraciones públicas deberían convertirse en canalizadores de esos fondos para hacer factible esta propuesta.
El autor de este blog no pretende ser exhaustivo en este espacio, para eso se ha realizado un trabajo de investigación y documentación que ha dado sus frutos en el libro «Eliminar el paro… ES POSIBLE… trabajando menos». Pero con ánimo de propiciar el debate a continuación se muestran algunos de esos beneficios económicos:
- Ahorro en prestaciones y subsidios por desempleo.
- Ahorro en recursos necesarios para la gestión del desempleo.
- Aumentan las cotizaciones a los fondos sociales.
- Disminuyen los gastos sanitarios de la Seguridad Social.
- Aumenta la demanda agregada (gracias al tirón del consumo interno).
- Aumentan los ingresos por impuestos indirectos.
- Aumentan los ingresos por impuestos directos.
- «Emerge» gran parte de la economía sumergida.
- Se reducen los gastos del Fondo de Garantía Salarial.
- Aumenta la inversión extranjera.
- Se evitan tentaciones de deslocalización de empresas.
- Disminuye el absentismo laboral.
- Disminuye la delincuencia.
- Aumenta la productividad.
- Se reduce la siniestralidad laboral.
- Se revaloriza la cultura del ocio.