La guerra de Cicerón


“Si ha de hacerse la guerra, hágase únicamente con la mira de obtener la paz.” (Cicerón, 106 a. C. – 43 a. C.)

DiaD_Normandía_Ayer-y-hoy_11

La libertad es una lucha permanente a lo largo de la historia. Muchas veces la libertad ha requerido la guerra. Lo que tenemos actualmente se lo debemos a millones de soldados que dieron su vida para que hoy disfrutemos de libertad. No hay nada más antiliberal que defender la libertad negando la guerra.

No hay duda de que el capitalismo y el comercio se fundan en el respeto mutuo entre las personas, el libre intercambio y la paz mundial. En buena medida, el comercio sirve para endulzar las costumbres y a la vez está motivado por esa dulcificación constitutiva. Pero no hay que confundir la esencia del librecambismo con el carácter general de la sociedad. El mundo está gobernado y dirigido por el proteccionismo que impera en las altas instancias, y la lucha por el poder político se extiende más allá de cualquier concesión local que se haga a la libertad de las personas. El proteccionismo y el mercantilismo propugnan exactamente lo contrario. Para estas doctrinas, el flujo de mercancías no puede depender de las ventajas de cada país y de la calidad de los productos. El proteccionismo defiende “lo mío” de la misma manera que un bruto defiende su pequeña almena de locuras. No existen razones lógicas que le asistan. La única razón es que es “mío”. En consecuencia, su única defensa será la lucha permanente, la obligación y la fuerza (la guerra). En cambio, cuando la distribución de bienes depende de la calidad de los mismos, las personas acuden voluntariamente a comprarlos en el mercado, no existen fronteras, ni hay políticos que nos insten a adquirir los productos nacionales. Pero cuando dicha distribución depende de una necia idea chovinista, el tirano deberá imponer cualquier nueva adquisición bajo una fuerte amenaza, empleando las armas cuando sea necesario. La esencia del proteccionismo es la guerra, la del liberalismo es la paz. Ahora bien, el liberalismo no puede luchar contra el proteccionismo usando las mismas formas que emplea para comerciar con el artesano o el productor. Solo en este sentido, el liberalismo está obligado a hacer la guerra. No hace la guerra porque esa sea su esencia y su condición, sino justamente por todo lo contrario, porque no lo es, porque debe vencer a un enemigo que sí tiene como característica invariable esa de combatir con las armas. El liberalismo hace la guerra para buscar la paz. El proteccionismo la emprende para buscar su lugar en el mundo, porque no tiene otra forma de existir. Es imprescindible que no confundamos el sentido que anima estas dos búsquedas. En el primer caso la guerra es un medio. En el segundo es un fin.

No deberíamos denunciar ciegamente cualquier tipo de guerra, como si todos los contendientes fueran iguales, sin apreciar las razones que están detrás de cada uno de ellos. Esa confusión simplona es la semilla del pacifismo incondicional y melifluo que infesta hoy en día muchas conciencias nativas de occidente, y es también la sentencia de muerte de dicha civilización, a manos de aquellos que nunca quisieron ni querrán la paz.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en MIS AFORISMOS. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s