La derrota del enemigo, POR SEBASTIAN URBINA


la-civilizacion-occidental-y-cristiana-1965-plastico-oleo-y-yeso-200-x-120-x-60cm1Posted by Liberalismoonline on 29/08/2012 in Ideas

Debemos saber que la cultura progresista, con sus acomplejados compañeros de viaje, representa una moderna versión del Caballo de Troya. Con otras palabras, la cultura progresista (en buena parte antisistema) facilita que nuestros enemigos se instalen en nuestra casa.

Decía von Clausewitz, uno de los más influyentes teóricos de la ciencia militar: ‘’Como es natural, las gentes de buen corazón piensan que hay algún medio ingenioso de desarmar o derrotar al enemigo sin excesivo derramamiento de sangre, y quizá imaginen que ésta es la verdadera finalidad del arte de la guerra”.

Pensé en este militar prusiano (s. XVIII-XIX) cuando leí en la prensa que algunas personas se preguntaban porqué los países occidentales no intervenían en Siria. El gobierno de Bashar-Al-Assad lleva sobre sus espaldas la responsabilidad de más de once mil muertos. La gran mayoría civiles.

La respuesta a esta pregunta sobre la intervención, me parece relativamente sencilla. Si aceptamos que una intervención occidental en Siria, con diálogo y buenas intenciones no sería suficiente para amansar al dictador Bashar Al-Assad, habrá que convenir en que se necesitarán soldados y armas.

O sea, habrá que pegar tiros, y habrá heridos y muertos. Los periodistas filmarán escenas de horror. Cuanto más horror, mejor, periodísticamente hablando. Ya se sabe que la peor noticia es la mejor noticia. Pero la sensibilidad occidental no está para estas cosas. Quiere que se arregle todo sin dolor. Y rápido. Esta es la idea de Clausewitz, citada al inicio de este artículo.

Probablemente no es un problema de nuestro tiempo sino que afecta a la naturaleza humana. Sin embargo, nuestro tiempo tiene algunas características que refuerzan esta ingenua y humanitaria idea. Hedonismo, relativismo, pacifismo (la mayoría de pandereta) y ‘buenismo’, en general.

Si se diera la intervención armada en Siria, habría las consabidas manifestaciones anti-USA, en todos los países occidentales. Y algunos no occidentales. También habría muertos USA, pero esto tiene menos importancia para el progresismo occidental. Las televisiones mostrarían escenas en las que familiares de los muertos llorarían sobre el ataúd, y los políticos lo temen. Se acusaría a USA de buscar beneficios matando gente. Petróleo por sangre. Como siempre. Terror imperialista.

También habría manifestaciones en el interior de USA. Porque también ellos disfrutan de un vociferante progresismo antiamericano. Especialmente si están los conservadores en el poder. Se lo pasaron muy bien con Bush. En cambio, con Obama (teóricamente progre y con el Nobel de la Paz) la cosa no mola tanto. En resumen, ¿para qué complicarse la vida se podría preguntar un Presidente USA?

Intensifiquemos las conversaciones (o sea, más diálogo) y de este modo no tendremos que enviar tropas. No habrá muertos ni heridos, ni escenas de horror y dolor por televisión. No se pagará un precio político. Además, nos ahorraremos mucho dinero. O sea, a dialogar. Pero sólo tiene sentido dialogar con el que, realmente, quiere y acepta los compromisos de un diálogo sincero. Sólo hay un pequeño inconveniente con los falsos diálogos. .Que los dictadores seguirán asesinando a inocentes. Por otra parte, los occidentales progresistas seguirán protestando. Tanto si se interviene (porque se buscan beneficios y petróleo, lo que es propio de un Occidente sin escrúpulos) como si no se interviene (porque son insensibles al dolor ajeno). En estas circunstancias no tiene nada de extraño que USA se repliegue. Aunque sea relativamente. Haga lo que haga, las gentes progresistas le acusarán de actuar como ‘el gendarme del mundo’, protegiendo, exclusivamente, sus propios intereses. Al precio que sea.

Nada de lo comentado tiene carácter puntual. Al contrario, forma parte del ambiente cultural dominante en Occidente desde hace décadas. Recordemos, a tal efecto, unas palabras de Willi Müzenberger. Este dirigente de la Komintern, llamaba ‘El club de los inocentes’ a estos intelectuales y artistas embobados con la izquierda emancipadora y la revolución soviética. Mentían, y/o se auto engañaban. Entre ellos, Bretch, Sastre, Hemingway o Dos Passos. Ahora se les cae ( o caía) la baba a Saramago, García Márquez y otros muchos, cuando hablan de Fidel Castro y otros dictadores. Siempre que sean de izquierdas, por supuesto.

Veamos un ejemplo de lo que digo. Las declaraciones del Premio Príncipe de Asturias (en el año 2010), el escritor Amin Maalouf: ‘El problema es que Occidente ha convertido la conciencia moral en instrumento de dominación’.

Este es el problema, Occidente. Gracias a escritores como Maalouf nos enteramos de que somos los responsables de las desgracias del mundo porque ‘convertimos la conciencia moral en instrumento de dominación’. El siguiente paso es pedir perdón. Luego la Alianza de Civilizaciones. Luego mantener la guardia baja. No defender con orgullo nuestros valores occidentales. Nos han hecho creer que no tenemos, o que son de mentira. Y en parte es cierto. Pero sólo en parte, porque Occidente ha cometido abusos de todo tipo (como Oriente) pero, también, ha aportado al mundo, pintores, músicos, escritores, y descubrimientos científicos que han mejorado el bienestar y salvado la vida de millones de personas. Incluso la de los que nos quieren matar. La funesta influencia de muchos intelectuales (preferentemente de izquierdas) ha ayudado mucho. Con la colaboración acomplejada de muchos intelectuales de derechas. Aunque hablar de ‘derechas e izquierdas’ sea una simplificación de la compleja realidad. Pongamos un ejemplo. La editorial Akal, publicó un libro, ‘Educación para la Ciudadanía’ que decía, entre otras cosas, lo siguiente: ‘El capitalismo impone su orden totalitario con infinitamente mayor eficiencia que todos los campos de concentración nazis juntos’. (página 153).

En todo caso, para que vean que Amin Maalouf (premio Príncipe de Asturias) no está solo, recordemos estas palabras del conocido filósofo y sociólogo Jean Baudrillard (1929/2007): ‘Cuando la situación está monopolizada de tal modo por la potencia mundial, cuando hay que hacer frente a esta formidable concentración de todas las funciones por parte de la maquinaria tecnocrática y del pensamiento único ¿qué otra vía queda que un cambio terrorista de la situación?’.

La enorme importancia de estos ejemplos y de miles de ejemplos más, es que ayudan a la demolición moral de nuestras jóvenes generaciones. Y no sólo de ellas. Les ayudan a sentirse inseguros, culpables. Es decir, manipulan sus conciencias para convencerles de que pertenecen a un mundo explotador y violento. Añadamos que el hedonismo y el relativismo son unos valores de moda, y podremos darnos cuenta de la situación de debilidad moral en que se encuentra Occidente. Aunque no solamente moral. Ya es el momento de añadir otra frase de Karl von Clausewitz. Decía el militar prusiano, al hablar de la destrucción de fuerzas enemigas, que nada nos obliga a limitar este concepto simplemente a las fuerzas físicas, sino que por el contrario, deben comprenderse en ellas, necesariamente, las morales.

No es el único que piensa esto, pero me parece suficiente para tomarse en serio la importancia de la dimensión moral en la guerra, o en los conflictos armados de diverso tipo. Como español me interesa especialmente el terrorismo de ETA, aunque sus voceros (y progresistas de diversa laya) hablen de ‘conflicto político’.

No pretendo hacer un repaso de la sangrienta historia de ETA, que excedería el objetivo de este artículo. Sólo pretendo exponer el enorme daño que ha causado a nuestra libertad y a nuestra dignidad, el discurso ‘comprensivo’ y ‘dialogante’ de una parte significativa de nuestras fuerzas políticas y de nuestros intelectuales. Una sociedad que no sabe, ni quiere, distinguir entre el bien y el mal, porque es relativista, estará dispuesta a ‘dialogar’ con los asesinos si éstos le dicen que dejarán de asesinar. Siempre, claro está, que se produzcan determinadas concesiones. Hay que denunciar públicamente a todos los que, directa o indirectamente, han ayudado a caminar hacia la pestilente ciénaga de la ‘comprensión de los asesinos’ y el ‘diálogo político’ entre éstos y políticos (supuestamente) democráticos. A esta vileza se ha añadido una mentira. Es decir, no se ha hecho esto por una grandeza moral propia de santos, sino por miedo y sectarismo. Miedo a sufrir los ataques terroristas y sectarismo que distingue entre terrorismo de izquierdas (que hay que comprender, aunque los medios no sean los más adecuados) y terrorismo de derechas (que hay que combatir). O entre dictadores buenos (de izquierdas) y malos (de derechas).

Nuestros males no se limitan a ETA, aunque son los más próximos a nosotros y los más directamente dolorosos. Porque la cobardía y la miseria moral están bastante generalizadas. Veamos lo que decía (en Febrero de 2012), Mark Thompson, director general de la BBC: “Nos burlaremos de Jesús, pero no de Mahoma”. Les ayudan y les justifican. En algunos casos, les animan a matarnos, como Baudrillard. Tal es su odio a Occidente. Tal es su odio a las bases en las que se asienta Occidente. El cristianismo, la economía de mercado, la propiedad privada, la libertad…. Usted decide.

Sebastián Urbina.

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